domingo, 17 de junio de 2018

GRATIA PLENA (Amado Nervo)

Todo en ella encantaba, todo en ella atraía:
su mirada, su gesto, su sonrisa, su andar...
El ingenio de Francia de su boca fluía.
Era llena de gracia, como el Avemaría;
¡quien la vio no la pudo ya jamás olvidar!

Ingenua como el agua, diáfana como el día,
rubia y nevada como margarita sin par,
al influjo de su alma celeste amanecía...
era llena de gracia, como el Avemaría;
¡quien la vio no la pudo ya jamás olvidar!

Cierta dulce y amable dignidad la investía
de no sé qué prestigio lejano y singular.
Más que muchas princesas, princesa parecía:
era llena de gracia, como el Avemaría;
¡quien la vio no la pudo ya jamás olvidar!

Yo gocé el privilegio de encontrarla en mi vía
dolorosa; por ella tuvo fin mi anhelar,
y cadencias arcanas halló mi poesía.
Era llena de gracia, como el Avemaría;
¡quien la vio no la pudo ya jamás olvidar!

¡Cuánto, cuánto la quise! ¡Por diez años fue mía;
pero flores tan bellas nunca pueden durar!
Era llena de gracia, como el Avemaría,
y a la Fuente de gracia, de donde procedía,
se volvió... como gota que se vuelve a la mar.

LOS ÁRBOLES (Juan Ramón Jiménez)

Volvía yo con las nubes
que entraban bajo rosales,
grande ternura redonda,
entre los troncos constantes.  

La soledad era eterna
y el silencio inacabable.
Me detuve como un árbol
y oí hablar a los árboles.

El pájaro solo huía
de tan secreto paraje,
sólo yo podía estar
entre las rosas finales.

Yo no quería volver
en mí, por miedo de darles
disgusto de árbol distinto
a los árboles iguales.

Los árboles se olvidaron
de mi forma de hombre errante,
y, con mi forma olvidada,
oí hablar a los árboles.

Me retardé hasta la estrella.
En vuelo de luz suave,
fui saliéndome a la orilla
con la luna ya en el aire.

Cuando yo ya me salía,
vi a los árboles mirarme.
Se daban cuenta de todo
y me apenaba dejarles.

Y yo los oía hablar,
entre el nublado de nácares,
con blando rumor, de mí.
Y ¿cómo desengañarles?

¿Cómo decirles que no,
que yo era sólo el pasante,
que no me hablaran a mí?
No quería traicionarles.

Y ya muy tarde, ayer tarde,
oí hablarme a los árboles.


jueves, 14 de junio de 2018

ORACIÓN DE CONSAGRACIÓN AL SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS

Señor Jesucristo, arrodillados a tus pies renovamos alegremente la Consagración de nuestra familia a tu Divino Corazón.
Sé, hoy y siempre, nuestro guía, el jefe protector de nuestro hogar, el Rey y centro de nuestros corazones.
Bendice a nuestra familia, nuestra casa, a nuestros vecinos, parientes y amigos.
Ayúdanos a cumplir fielmente nuestros deberes y participa de nuestras alegrías y angustias, de nuestras esperanzas y dudas, de nuestro trabajo y de nuestras diversiones.
Danos fuerza, Señor, para que carguemos nuestra cruz de cada día y sepamos ofrecer todos nuestros actos, junto con tu sacrificio, al Padre.
Que la justicia, la fraternidad, el perdón y la misericordia estén presentes en nuestro hogar y en nuestras comunidades. Queremos ser instrumentos de paz y de vida.
Que nuestro amor a tu Corazón compense, de alguna manera, la frialdad y la indiferencia, la ingratitud y la falta de amor de quienes no te conocen, te desprecian o rechazan.
Sagrado Corazón de Jesús, tenemos confianza en Ti. Confianza profunda, ilimitada.

domingo, 10 de junio de 2018

ORACIÓN DEL PAPA FRANCISCO A LA VIRGEN DE FÁTIMA

PEREGRINACIÓN DEL PAPA FRANCISCO
AL SANTUARIO DE NUESTRA SEÑORA DE FÁTIMA
 
con ocasión del centenario de las apariciones de la Virgen María en la Cova de Iria
(12-13 de mayo de 2017)
ORACIÓN DEL SANTO PADRE FRANCISCO
A LA VIRGEN DE FÁTIMA
Capilla de las Apariciones, Fátima
Viernes 12 de mayo de 2017


El Santo Padre:

Salve Reina,
Bienaventurada Virgen de Fátima,
Señora del Corazón Inmaculado,
refugio y camino que conduce a Dios.
Peregrino de la Luz que procede de tus manos,
doy gracias a Dios Padre que, siempre y en todo lugar, interviene en la historia del hombre;
peregrino de la Paz que tú anuncias en este lugar,
alabo a Cristo, nuestra paz, y le imploro para el mundo la concordia entre todos los pueblos;
peregrino de la Esperanza que el Espíritu anima,
vengo como profeta y mensajero para lavar los pies a todos, en torno a la misma mesa que nos une.

Estribillo cantado por la asamblea
Ave o clemens, ave o pia!
Salve Regina Rosarii Fatimæ.
Ave o clemens, ave o pia!
Ave o dulcis Virgo Maria.

El Santo Padre:

¡Salve, Madre de Misericordia,
Señora de la blanca túnica!
En este lugar, desde el que hace cien años
manifestaste a todo el mundo los designios de la misericordia de nuestro Dios,
miro tu túnica de luz
y, como obispo vestido de blanco,
tengo presente a todos aquellos que,
vestidos con la blancura bautismal,
quieren vivir en Dios
y recitan los misterios de Cristo para obtener la paz.

Estribillo…

El Santo Padre:

¡Salve, vida y dulzura,
salve, esperanza nuestra,
Oh Virgen Peregrina, oh Reina Universal!
Desde lo más profundo de tu ser,
desde tu Inmaculado Corazón,
mira los gozos del ser humano
cuando peregrina hacia la Patria Celeste.
Desde lo más profundo de tu ser,
desde tu Inmaculado Corazón,
mira los dolores de la familia humana
que gime y llora en este valle de lágrimas.
Desde lo más íntimo de tu ser,
desde tu Inmaculado Corazón,
adórnanos con el fulgor de las joyas de tu corona
y haznos peregrinos como tú fuiste peregrina.
Con tu sonrisa virginal,
acrecienta la alegría de la Iglesia de Cristo.
Con tu mirada de dulzura,
fortalece la esperanza de los hijos de Dios.
Con tus manos orantes que elevas al Señor,
une a todos en una única familia humana.

Estribillo ...

El Santo Padre:

¡Oh clemente, oh piadosa,
Oh dulce Virgen María,
Reina del Rosario de Fátima!
Haz que sigamos el ejemplo de los beatos Francisco y Jacinta,
y de todos los que se entregan al anuncio del Evangelio.
Recorreremos, así, todas las rutas,
seremos peregrinos de todos los caminos,
derribaremos todos los muros
y superaremos todas las fronteras,
yendo a todas las periferias,
para revelar allí la justicia y la paz de Dios.
Seremos, con la alegría del Evangelio, la Iglesia vestida de blanco,
de un candor blanqueado en la sangre del Cordero
derramada también hoy en todas las guerras que destruyen el mundo en que vivimos.
Y así seremos, como tú, imagen de la columna refulgente
que ilumina los caminos del mundo,
manifestando a todos que Dios existe,
que Dios está,
que Dios habita en medio de su pueblo,
ayer, hoy y por toda la eternidad.

Estribillo...

El Santo Padre junto con todos los fieles:

¡Salve, Madre del Señor,
Virgen María, Reina del Rosario de Fátima!
Bendita entre todas las mujeres,
eres la imagen de la Iglesia vestida de luz pascual,
eres el orgullo de nuestro pueblo,
eres el triunfo frente a los ataques del mal.
Profecía del Amor misericordioso del Padre,
Maestra del Anuncio de la Buena Noticia del Hijo,
Signo del Fuego ardiente del Espíritu Santo,
enséñanos, en este valle de alegrías y de dolores,
las verdades eternas que el Padre revela a los pequeños.
Muéstranos la fuerza de tu manto protector.
En tu Corazón Inmaculado,
sé el refugio de los pecadores
y el camino que conduce a Dios.
Unido a mis hermanos,
en la Fe, la Esperanza y el Amor,
me entrego a Ti.
Unido a mis hermanos, por ti, me consagro a Dios,
Oh Virgen del Rosario de Fátima.
Y cuando al final me veré envuelto por la Luz que nos viene de tus manos,
daré gloria al Señor por los siglos de los siglos.

Amén.


Estribillo

AVE CLEMENS, AVE PIA

Ave clemens, ave pia, ave dulcis o Maria Ave, ave plena gratia o Maria.

Salve Regina Rosarii Fatimae
Ave o dulcis Virgo Maria. Ave mane sonet pie, ave medio sub die Ave sonet vespere, ave, ave Maria.

sábado, 9 de junio de 2018

LOS TRES ANCIANOS


Una cálida tarde de verano, cuando estaba a punto de ponerse el sol, una mujer salió al jardín de su casa con una gran jarra de agua entre las manos para regar las flores ¡Adoraba las plantas y nada le gustaba más que cuidarlas con esmero!
Mientras contemplaba sus hermosas begonias observó que tres ancianos de barba blanca  como la nieve traspasaban la valla de su propiedad y se sentaban sobre la hierba. Extrañada, dejó la jarra sobre el banco de piedra que tenía en la entrada y se acercó a hablar con ellos.
– Buenas tardes, caballeros. No les conozco… ¿Son nuestros nuevos vecinos?
Uno de los ancianos, el que estaba sentado a su derecha, se apresuró a responder:
– No, señora, no somos de por aquí.
La mujer se dio cuenta de que eran muy viejos y que además parecían cansados y hambrientos. Generosamente, les animó a entrar.
– Me da la sensación de que tienen apetito y me gustaría invitarles a probar el estofado que acabo de preparar. Mi marido y yo estaremos encantados de compartir nuestra humilde mesa con ustedes.
Los ancianos se miraron y el que estaba sentado a la izquierda tomó la palabra.
– Es usted muy amable pero no podemos ser invitados a una casa los tres juntos.
La mujer se quedó estupefacta.
– Perdone pero no entiendo lo que me dice ¿Qué quieren decir con que no pueden entrar los tres juntos? Mi casa no es muy grande pero hay sitio para todos.
El tercer anciano, situado en medio de los otros dos, sonrió y se lo explicó todo.
– Mi nombre es Riqueza y vengo a traerles toda la fortuna que se pueda imaginar. Mi compañero de la derecha se llama Éxito y viene cargado de fama y honores. El que está sentado a mi izquierda se llama Amor y quiere regalarles afecto y ternura a raudales.
Por un momento la mujer pensó que esos tipos tan extraños le estaban tomando el pelo pero antes de que pudiera decir nada, Riqueza siguió hablando.
– Solo uno de nosotros podrá cenar con ustedes, pues debe elegir entre la riqueza, el éxito o el amor. No se preocupe, esperaremos aquí mientras lo decide con su familia.
La mujer asintió con la cabeza y entró corriendo en la casa. Su esposo estaba tumbado en la cama, muy concentrado en la lectura del libro que tenía entre las manos; su hija, una linda niña de diez años, sentadita sobre el suelo de madera peinaba a su muñeca favorita.
– ¡Escuchadme, por favor, tengo algo urgente que contaros!
Los dos la miraron intrigados y ella relató palabra por palabra la conversación que acababa de tener con los ancianos de barba blanca. Cuando terminó, su marido  pensó que todo era muy raro.
– ¡Tranquilízate, cariño! ¿No se tratará de una broma?
– No, no, te aseguro que dicen la verdad ¡Sé reconocer cuando alguien miente descaradamente y estos tres caballeros parecen muy sinceros!
– Bueno, vamos a suponer que tienes razón. Si es cierto lo que cuentan ¡estamos ante una oportunidad increíble que no podemos desaprovechar!
– Sí, sí que lo es ¡pero tenemos que darnos prisa y decidir ya a cuál de los tres invitamos a cenar!
El hombre empezó a pasear de un lado a otro más nervioso que una lagartija dentro de una caja de zapatos.
– Creo que debemos elegir a Riqueza… ¿Te imaginas lo que sería ser ricos para siempre? ¡Tendríamos de todo y viviríamos como reyes!
La esposa negó con la cabeza.
– ¡Uy, no sé, no sé!…  No lo tengo nada claro ¿No sería mejor invitar a Éxito? Seríamos admirados por todo el mundo y la gente nos trataría de manera especial ¡Siempre he deseado ser una persona famosa e importante!
La niña, que escuchaba atentamente la conversación, los miró con incredulidad y expresó su más sincera opinión.
–          ¡Papá, mamá, no os entiendo! Lo más importante de la vida es el amor y es a Amor a quien debemos invitar a cenar.
Los padres se quedaron callados y se sintieron profundamente avergonzados. La madre se agachó y acariciándole la carita, le dijo:
– Tienes razón, cariño mío, el amor es lo que tiene más valor.
El padre también se puso a su altura y reconoció su equivocación.
–          ¡Ay, hija mía, qué bien hablas y qué bien razonas! ¡Ahora mismo salgo a comunicarles nuestra decisión!
Descalzo como estaba salió al jardín y vio a los tres ancianos esperando en silencio, tal y como habían prometido.
– Señores, nos gustaría muchísimo que pasaran los tres, pero como solo podemos escoger a uno hemos decidido que con mucho gusto invitamos a Amor. Si es tan amable, acompáñeme, por favor.
Amor, el anciano con más cara de bonachón, se acercó a él y juntos caminaron sobre la hierba. Entraron en la casa y la mujer le indicó que se sentara a la mesa.
– Es un placer tenerle con nosotros, señor Amor.
El anciano sonrió y tomó asiento. En ese mismo instante, los otros dos se presentaron en el comedor. La familia se miró desconcertada y la mujer se acercó a ellos con amabilidad.
  
  – Pasen, por favor, están en su casa. Estamos felices de que también se unan a la cena pero me gustaría saber por qué al final los tres aceptan nuestra invitación. Nos hicieron escoger a uno y decidimos que fuera Amor… ¡Perdonen, pero la verdad es que no entiendo nada!
El señor Amor miró a la niña que estaba sentada a su lado, le guiñó un ojo, y resolvió el misterio.
– Verá, buena mujer, todo tiene una fácil explicación: si hubiera escogido el éxito o la riqueza los otros dos nos habríamos quedado afuera, pero me han elegido a mí, y a donde yo voy ellos van, pues donde hay amor, siempre hay éxito y riqueza.
¡Ahora todo estaba aclarado! El matrimonio entendió que vivir rodeados de amor es lo que realmente da la felicidad completa. Gracias a su maravillosa hija habían elegido bien, pues el amor les traería también éxito y riqueza en la vida.
Los seis se dieron un cálido abrazo y después compartieron el aromático estofado casero, que por cierto, estaba para chuparse los dedos.

viernes, 8 de junio de 2018

OBJETOS SAGRADOS DE LA CELEBRACIÓN EUCARÍSTICA

En el presbiterio, o sea, en el área del altar mayor, que normalmente está más elevada que el resto de la iglesia está el altar o mesa del Señor, que es el centro de toda la liturgia eucarística y representa a Cristo, por eso el sacerdote lo reverencia y besa antes y después de la celebración. Se debe cubrir el altar al menos con un mantel de color blanco.
Sobre el altar, o cerca de él, como símbolo de Cristo resucitado, se colocan un mínimo de dos candeleros (puede haber hasta siete) con sus velas (blancas o color crema) encendidas. También sobre el altar o cerca de él ha de haber una cruz con la imagen de Cristo crucificado.
El empleo de las flores como adorno para el altar ha de ser siempre moderado y se colocarán, más que sobre la mesa del altar, en torno a él, y está prohibido durante la Cuaresma (excepto el IV Domingo y en solemnidades y fiestas).
Mirando hacia el altar, a su izquierda, está el ambón, un atril sobre el que está el Leccionario, que debe usarse solo para proclamar la Palabra de Dios, predicar y leer las preces y el Pregón Pascual. Cualquier otra intervención debe hacerse desde el atril o facistol que hay en el lado opuesto del presbiterio.
Cerca y a la izquierda del ambón vemos, desde la Vigilia de Pascua, el cirio pascual, que sigue encendiéndose para la Santa Misa hasta el día de Pentecostés, además de en ciertas solemnidades y durante la celebración del Bautismo para de él encender la vela del niño.
Detrás del altar y en el centro (o a un lado si allí está el sagrario) está la sede del presidente, que debe evitar toda apariencia de trono. Si no preside toda la celebración desde el altar mismo (excepto para sentarse durante las lecturas y después de la Comunión), puede hacerlo desde la sede (si allí tiene, en otro atril, el Libro de la Sede, que es optativo) hasta antes de la presentación de las ofrendas, predicando (si no lo hace desde el ambón) y otra vez sentado tras la Comunión. Si hay sacerdotes concelebrantes, también tienen sus sedes.
Junto al altar, o separada, se encuentra la mesita llamada credencia, con varios objetos, algunos de los cuales el mismo presidente, otro ministro o un concelebrante, pasará al altar al terminar la oración de los fieles: el cáliz (generalmente de metal precioso), y sobre él el corporal, paño de lino blanco que se desdobla en el centro del altar para poner sobre él los vasos sagrados (cáliz, copón y patena); la patena, platito redondo también de metal precioso, que se deja junto al cáliz y que contiene una forma u hostia de pan ázimo (que, al consagrar el sacerdote, será la Sagrada Hostia, con la que hace las ostensiones y comulga), y a veces otras formas pequeñas; la patena está tapada con la palia, pañito cuadrado de lino blanco almidonado que desde el Ofertorio tapará el cáliz, que ya contiene el vino (a no ser que la patena la cubra hasta el Ofertorio su propio pañito de lino blanco redondo, llamado hijuela); sobre el cáliz, bajo la patena, está el purificador, pañito de lino blanco alargado en varios dobleces, que también se deja cerca del cáliz y que sirve para limpiar este antes de poner en él el vino y el agua y para limpiarlo bien después de la Comunión.
También en la credencia está el Misal, que se lleva al altar y se pone sobre un atril o un cojín y se queda allí hasta el final de la Misa.
En la credencia, hasta la preparación de las ofrendas, están las vinajeras, recipientes para el vino y el agua de consagrar; y, para el lavabo, una pequeña jofaina o aguamanil, una pequeña jarra y, doblada sobre ella, una toallita de lino llamada manutergio.
También en la credencia puede haber una pequeña bandeja (también de metal noble) que en la Comunión el acólito mantiene bajo la barbilla de los comulgantes que reciben la hostia en la boca por si se cae, y siempre necesaria si se lleva a cabo la intinción (mojar la hostia en el vino para comulgar también la Sangre de Cristo, lo que no les está permitido hacer a los fieles).
Puede haber también en la credencia alguna patena más o copón (vacío) si hay más ministros de Comunión; el acetre, recipiente con agua bendita si se hace la aspersión al principio de la celebración, y dentro de él el hisopo para asperjar; la píxide, cajita redonda de metal noble para llevar hostias consagradas a los enfermos; la campanilla o gong, para que un acólito la haga sonar para realzar los momentos solemnes de la ostensión del Cuerpo y la Sangre de Cristo.
Aparte está el incensario o turíbulo, que cuelga de cuatro cadenas de un metro para poder balancearlo de un lado a otro al incensar el altar, el leccionario o evangeliario, al sacerdote y a la asamblea. El que lleva el incensario se llama turiferario y él mismo, en ocasiones especiales, inciensa al sacerdote y luego, con tres movimientos dobles del turíbulo, a los fieles, que deben hacer una inclinación. El incienso puede usarse libremente en cualquier forma: a) durante la procesión de entrada; b) al comienzo de la misa, para incensar la cruz y el altar; c) para la procesión y proclamación del Evangelio; d) cuando ya están colocados sobre el altar el pan y el cáliz, para incensar las ofrendas, la cruz y el altar, el sacerdote y el pueblo; e) en la ostensión de la hostia y del cáliz después de la consagración.
Dentro del sagrario se guarda el copón o ciborio (con tapa rematada por una cruz y preferentemente cubierto con un velo) con hostias consagradas anteriormente, como reserva para llevar la Comunión a los enfermos y, si es preciso, para complementar las recién consagradas para la Comunión en la Misa; también puede estar la cajita dorada que contiene el viril, formado por dos cristales transparentes montados en un borde de oro o dorado para encerrar entre ellos la Sagrada Hostia que se coloca en la custodia u ostensorio para la exposición del Santísimo o para la bendición con Él.  

jueves, 7 de junio de 2018

ORACIÓN AL CORAZÓN DE JESÚS

Oh, Corazón de Jesús, Dios y Hombre verdadero, delicia de los Santos, refugio de los pecadores y esperanza de los que en Ti confían, Tú nos dices amablemente: "Vengan a Mí", y nos repites las palabras que dijiste al paralítico: "Confía, hijo mío, tus pecados te son perdonados", y a la mujer enferma: "Confía, hija, tu fe te ha salvado", y a los Apóstoles: "Confíen, Yo soy, no teman".
Animado con estas palabras acudo a Ti con el corazón lleno de confianza para decirte sinceramente y desde lo más íntimo de mi alma: "Corazón de Jesús, en Ti confío".
Sí, Corazón de mi amable Jesús, confío y confiaré siempre en tu bondad y, por el Corazón de tu Madre, te pido que no desfallezca nunca esta confianza en Ti para que, habiendo sido mi consuelo en vida, seas mi refugio en la hora de la muerte y mi gloria por toda la eternidad. Amén.

lunes, 4 de junio de 2018

ORACIÓN PARA LA PROTECCIÓN DE LA FAMILIA

Señor, ruego tu protección emocional, física y espiritual sobre mi familia. Mantén el mal lejos de ellos y ayúdales a confiar en Ti como su refugio y fortaleza. Te ruego que mantengas alejadas sus mentes de cosas dañinas y les concedas la capacidad para distinguir lo bueno de lo malo.
Te ruego que los hagas fuertes y valientes en la presencia del peligro, y que se den cuenta de que un día vencerás y enderezarás toda injusticia.
Ayúdales a encontrar descanso en tu sombra, mientras viven en el refugio espiritual que Tú les provees. Hazles saber que el único lugar seguro está en tu camino, Jesús, y que su hogar en la Tierra es solo temporal. Te lo pido por favor. Amén.

ORACIÓN PARA LA PROTECCIÓN PERSONAL

Oh Padre Celestial, vengo a Ti hoy, inclinando mi cabeza y abriendo mi corazón, pidiendo protección contra todo el mal que tiene este mundo. Señor, somos asaltados continuamente cada día con imágenes en la televisión, Internet, libros, revistas y periódicos que nos dejan vulnerables a todo tipo de pecado.
Protégeme con tu divino manto de protección irrompible. Dame la voluntad necesaria para afrontar este mal a través de tu gloriosa fuerza. Consigue que todos los que se refugien en Ti sean felices y se sientan seguros.
Protégeme, Padre Celestial, para que aquellos que aman tu nombre puedan exaltarse aún más contigo. Tú que eres quien bendice al justo y a los que te dan su vida, te ruego que me des tu protección contra todo mal. Amén.

martes, 22 de mayo de 2018

ORACIÓN DEL PADRE PÍO PARA DESPUÉS DE LA COMUNIÓN

Quédate conmigo, Señor, porque es necesario que estés presente para que no te olvide. Ya sabes lo fácil que te abandono.
Quédate conmigo, Señor, porque soy débil y necesito tu fuerza para no caer tan a menudo.
Quédate conmigo, Señor, porque Tú eres mi vida y sin Ti no tengo fervor.
Quédate conmigo, Señor, porque Tú eres mi luz y sin Ti estoy en tinieblas.
Quédate conmigo, Señor, para mostrarme tu voluntad.
Quédate conmigo, Señor, para que escuche tu voz y te siga.
Quédate conmigo, Señor, porque deseo amarte mucho y estar siempre en tu compañía.
Quédate conmigo, Señor, si deseas que te sea fiel.
Quédate conmigo, Señor, porque por pobre que sea mi alma quiero que sea un lugar de consuelo para Ti, un nido de amor.
Amén.

lunes, 21 de mayo de 2018

CONTRATO CON LA VIRGEN MARÍA

Oh Madre, único deseo de mi corazón después de Dios, si lo permitiera mi condición mortal, nunca querría apartarme de tu lado; pero ya que no me es dado gozar continuamente de esta dicha, quiero disfrutarla lo más frecuentemente que pueda. Ve aquí el pacto irrevocable que intento hacer hoy contigo para ese objeto, ya que con tu clarísimo entendimiento previenes los movimientos de nuestro corazón.

                                                   Yo te amo

Siempre que levante mi alma a Ti, oh Virgen santísima, y te diga solamente "te amo, mi querida Madre", quiero y entiendo que sea como si dijera "te amo con todo mi corazón, con toda mi alma, con todas mis fuerzas, con todas mis potencias; te amo más que a todas las criaturas; te amo más que a mi cuerpo, más que a mi alma, más que a mi honor, más que a mi contento, más que a mi salud, más que a mi vida, más que a mi salvación eterna".

                                                     Te ofrezco

Cuando yo diga "te ofrezco, oh reina de las grandezas", sea lo mismo que si te dijera "te ofrezco mi corazón, mi salud, mi honor, mi contento y mi vida; te ofrezco todo el honor que hasta ahora se te ha tributado en el cielo y en la tierra; te ofrezco todos los buenos deseos que he tenido de honrarte y servirte, todos los deseos de los santos, todas las bendiciones que se te han de dar durante la eternidad; te ofrezco todo lo creado con la misma buena voluntad con que te lo ofrecería si fuese mío".

                                                    Me congratulo

Cuantas veces pase por mi corazón o salga de mis labios esta expresión: "Me congratulo", te sea tan agradable como si yo dijera: "Me congratulo de tus grandezas y excelencias; me congratulo de que eres la maravilla de las criaturas, la obra acabada y perfectísima de naturaleza, de gracia y de gloria; me congratulo de la felicidad de que gozas, del poder que tienes y del dominio que posees; me congratulo del honor que se te tributa, y especialmente de verte tan encumbrada y ensalzada, que ninguna criatura puede igualar tus méritos por ningún servicio u honor".

                                                 Quisiera

Si alguna vez te dice mi espíritu "yo quisiera, Madre mía", estas pocas sílabas equivalgan a decirte "quisiera tener el medio de honrarte yo solo tanto como las demás criaturas; quisiera tener un corazón capaz de amarte como deseas; quisiera poseer toda la grandeza y gloria del mundo solamente para ponerla a tus pies; quisiera que todos los sentidos y miembros de mi cuerpo y todas las potencias de mi alma se convirtiesen en lenguas para bendecirte y hacerte amar de todos".

                                                  Tú eres

Cuando yo te diga "Tú eres", has de entender lo siguiente: "Tú eres la honra del cielo y de la tierra; Tú eres la Madre incomparable, la protección de los justos y el refugio de los pecadores; Tú eres mi contento y mi alegría, mi fortaleza, mi valor, mi esperanza, mi dulzura, mi todo; Tú eres el blanco de mis deseos, el deseo de mi alma, el alma de mis designios, el designio de mi vida, la vida de mi espíritu, el espíritu de mis afectos".

                                                     Yo soy

Si mi corazón llega a articular estas dos palabras: "Yo soy", sea como si dijese: "Yo soy, oh Madre admirable, tu siervo humildísimo y obligadísimo, aunque indigno, y el hijo de tu pobre sierva; yo soy el menor de los tuyos y el último de los que tienen la confianza de llamarte Madre y acordarse de Ti; yo estoy enteramente a tu disposición y resuelto a seguir todos los impulsos de tu voluntad. Haz conmigo lo que te parezca, y dispón de mi vida y de todo lo que me toca, como de cosa totalmente tuya". 


                           

STABAT MATER

Ea, fuente de amor y madre pura,
sienta mi corazón pena tan dura:
haz que contigo llore, gima y pene.

Haz que mi corazón se abrase vivo
en el amor de Cristo más activo
para lograr con él gozo perenne.

Oh madre la más santa, hazme esta gracia.
Fija en mi corazón con eficacia
las llagas de Jesús crucificado.

Divide pues conmigo las heridas,
los dolores y penas tan crecidas,
que se dignó sufrir por mi pecado.

Haz que contigo llore enternecido
de su pasión y muerte condolido
hasta el último aliento de mi vida.

Junto a la cruz deseo, Virgen santa,
estar y acompañarte en pena tanta,
en llanto y aflicción tan sin medida.

Oh Virgen entre todas generosa,
sé benigna a mis ruegos y amorosa:
haz que contigo llore amargamente.

Que la muerte de Cristo fiel padezca,
consorte de sus penas ser merezca
y sus llagas medite atentamente.

Haz que con ellas sea yo llagado,
con su cruz y dolores inebriado
por amor de su hijo tan precioso.

(Del Ejercicio cotidiano y novísimo devocionario escrito en verso y en variedad de metros por D. Miguel Agustín Príncipe).

ORACIÓN AL ESPÍRITU SANTO PARA LOS MOMENTOS DIFÍCILES

Espíritu Santo, Dios de amor, mírame en esta circunstancia difícil en que se encuentra mi vida y ten compasión de mí.
Confiadamente acudo a Ti, pues sé que eres Dios de bondad y manantial de amor.
Vengo a Ti, pues sé que no hay nada que no lo pueda lograr tu misericordia infinita.
Acepto tus insondables designios, aunque no los comprenda. Me abrazo a ellos con aquel fervor y generosidad con que Cristo aceptó el Misterio del dolor en su vida.
Humildemente te pido me des la gracia de superar esta situación difícil en este momento de mi existencia, y que esta prueba, lejos de separarme de Ti, me haga experimentar con mayor plenitud la omnipotencia de tu amor que limpia, santifica y salva.
Hágase en mí tu divina voluntad. Amén.