viernes, 27 de marzo de 2026

VIERNES V DE CUARESMA (VIERNES DE DOLORES)


Buenos días. Hoy es Viernes de Dolores. Ya estamos a la entrada de la Semana Santa. Hoy es día de penitencia y las lecturas muestran al profeta Jeremías que sufre la persecución por ser coherente y predicar con sinceridad el mensaje de que el pueblo de Israel se ha apartado de Dios. En el evangelio vemos que Cristo, enviado de Dios, tiene que hacer comprender a los judíos que somos hijos de Dios, pero los fariseos y escribas están cerrados en su comprensión, siendo incapaces de aceptar las obras de Jesús que dan testimonio de la Verdad. Y hoy nosotros debemos pedir a Dios que nos ayude a convertir nuestro corazón y ser capaces de ver la Verdad y novedad del Evangelio en nuestro día a día y a través de las obras sencillas que Dios hace en nuestros corazones; sólo así podremos convertirnos y vivir la promesa de Dios. Seamos buenos y confiemos en Dios, que es nuestra fortaleza frente al enemigo.




1ª Lectura (Jer 20, 10-13): Oigo las calumnias de la gente: «Terror alrededor, delatadle, vamos a delatarlo». Mis amigos aguardan mi tropiezo: «A ver si, engañado, lo sometemos y podemos vengarnos de él». Pero el Señor es mi fuerte defensor: me persiguen, pero tropiezan impotentes. Acabarán avergonzados de su fracaso, con sonrojo eterno que no se olvidará. Señor del universo, que examinas al honrado y sondeas las entrañas y el corazón, ¡que yo vea tu venganza sobre ellos, pues te he encomendado mi causa! Cantad al Señor, alabad al Señor, que libera la vida del pobre de las manos de gente perversa.


Salmo responsorial: 17

R/. En el peligro invoqué al Señor, y me escuchó.

Yo te amo, Señor; tú eres mi fortaleza; Señor, mi roca, mi alcázar, mi libertador.

Dios mío, peña mía, refugio mío, escudo mío, mi fuerza salvadora, mi baluarte. Invoco al Señor de mi alabanza y quedo libre de mis enemigos.

Me cercaban olas mortales, torrentes destructores me aterraban, me envolvían las redes del abismo, me alcanzaban los lazos de la muerte.

En el peligro invoqué al Señor, grité a mi Dios: desde su templo Él escuchó mi voz, y mi grito llegó a sus oídos.


Versículo antes del Evangelio (Jn Cf. 6, 64-69): Tus palabras, Señor, son espíritu y vida; tú tienes palabras de vida eterna.



Texto del Evangelio (Jn 10, 31-42): En aquel tiempo, los judíos trajeron otra vez piedras para apedrearle. Jesús les dijo: «Muchas obras buenas que vienen del Padre os he mostrado. ¿Por cuál de esas obras queréis apedrearme?». Le respondieron los judíos: «No queremos apedrearte por ninguna obra buena, sino por una blasfemia y porque tú, siendo hombre, te haces a ti mismo Dios». Jesús les respondió: «¿No está escrito en vuestra Ley: ‘Yo he dicho: dioses sois’? Si llama dioses a aquellos a quienes se dirigió la Palabra de Dios —y no puede fallar la Escritura— a aquel a quien el Padre ha santificado y enviado al mundo, ¿cómo le decís que blasfema por haber dicho: ‘Yo soy Hijo de Dios’? Si no hago las obras de mi Padre, no me creáis; pero si las hago, aunque a mí no me creáis, creed por las obras, y así sabréis y conoceréis que el Padre está en mí y yo en el Padre». Querían de nuevo prenderle, pero se les escapó de las manos. Se marchó de nuevo al otro lado del Jordán, al lugar donde Juan había estado antes bautizando, y se quedó allí. Muchos fueron donde Él y decían: «Juan no realizó ninguna señal, pero todo lo que dijo Juan de éste, era verdad». Y muchos allí creyeron en Él.

 













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