Es martes y la Palabra de Dios quiere ayudarnos a confiar en Dios y no en nuestras propias fuerzas. El profeta señala hoy que a pesar del pecado del pueblo, que ha causado enormes heridas que siguen abiertas, Él se compadece de su pueblo y los invita a confiar en que reconstruirá de nuevo al pueblo.
En el evangelio Jesús denuncia la actitud hipócrita de los fariseos, que dicen creer en Dios y lo único que les preocupa es cumplir ritos externos, mientras que sus corazones están heridos por el pecado y no quieren verlo y dejarse curar por Dios; piensan que con su voluntarismo Dios los salvará y lo único que Dios quiere de nosotros es misericordia y fidelidad a su plan de salvación. Tengamos cuidado porque no hay peor ciego que el que no quiere ver. Seamos buenos y confiemos en Dios, que mira desde el Cielo para curar nuestras heridas si lo dejamos.
1ª Lectura (Jer 30, 1-2.12-15.18-22): Palabra que Jeremías recibió del Señor: «Así dice el Señor, Dios de Israel: Escribe en un libro todas las palabras que he dicho. Porque así dice el Señor: ‘Tu fractura es incurable, tu herida está enconada; no hay remedio para tu llaga, no hay medicinas que te cierren la herida. Tus amigos te olvidaron, ya no te buscan, porque te alcanzó el golpe enemigo, un cruel escarmiento, por el número de tus crímenes, por la muchedumbre de tus pecados. ¿Por qué gritas por tu herida? Tu llaga es incurable; por el número de tus crímenes, por la muchedumbre de tus pecados, te he tratado así’. Así dice el Señor: ‘Yo cambiaré la suerte de las tiendas de Jacob, me compadeceré de sus moradas; sobre sus ruinas será reconstruida la ciudad, su palacio se asentará en su puesto. De ella saldrán alabanzas y gritos de alegría. Los multiplicaré, y no disminuirán; los honraré, y no serán despreciados. Serán sus hijos como en otro tiempo, la asamblea será estable en mi presencia. Castigaré a sus opresores. Saldrá de ella un príncipe, su señor saldrá de en medio de ella; me lo acercaré y se llegará a mí, pues, ¿quién, si no, se atrevería a acercarse a mí? —oráculo del Señor—. Vosotros seréis mi pueblo, y yo seré vuestro Dios’».
Salmo responsorial: 101
R/. El Señor reconstruyó Sión, y apareció en su gloria.
Los gentiles temerán tu nombre, los reyes del mundo, tu gloria. Cuando el Señor reconstruya Sión, y aparezca su gloria, y se vuelva a las súplicas de los indefensos, y no desprecie sus peticiones.
Quede esto escrito para la generación futura, y el pueblo que será creado alabará al Señor. Que el Señor ha mirado desde su excelso santuario, desde el cielo se ha fijado en la tierra, para escuchar los gemidos de los cautivos y librar a los condenados a muerte.
Los hijos de tus siervos vivirán seguros, su linaje durará en tu presencia, para anunciar en Sión el nombre del Señor, y su alabanza en Jerusalén, cuando se reúnan unánimes los pueblos y los reyes para dar culto al Señor.
Versículo antes del Evangelio (Jn 1, 49): Aleluya. Maestro, tú eres el Hijo de Dios, tú eres el Rey de Israel. Aleluya.












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