sábado, 28 de septiembre de 2019

UNA SUICIDA SALVADA POR EL ESCAPULARIO DEL CARMEN

Una Hermanita de los Pobres, que murió en Francia siendo Superiora, contaba lo que le había sucedido a ella misma:
«Muerto mi padre, nos fuimos a vivir a París, mi madre, que ya era anciana, y yo. En mi casa había dinero para abrir un modesto taller; y como yo sabía, gracias a Dios, ganarme la vida con mi trabajo, logré ir haciendo un pequeño capital. Pero después mi pobre madre cayó enferma de muerte, aunque la enfermedad había de ser muy larga...
Cerré mi taller y mi tienda y, dejándolo todo, solamente me desvelaba por aliviar los padecimientos de mi madre (a quien yo amaba de todo corazón) y de ir alargando su vida minada por un cáncer, que no tenía cura.
Al cabo de dos años murió mi querida enferma, y yo quedé sola en el mundo; y no solamente quedé huérfana, sino también arruinada, porque todos mis ahorros y ganancias se habían consumido en la enfermedad.
Aquella muerte, aquella soledad, aquella ruina, fueron mi perdición. Perdí en efecto la esperanza en Dios nuestro Señor, me desesperé, y, finalmente, para suicidarme, hice lo que vais a leer:
“Entré una noche del mes de julio en mi aposento; cogí un gran brasero, lo llené de carbones y lo encendí, habiendo cerrado la puerta y la ventana, me acosté para morir dulcemente por asfixia. Serían como las cinco de la mañana cuando casualmente, es decir, providencialmente, vino a visitarme una antigua amiga mía que terminaba de llegar a París a esas horas. Llamó a mi cuarto; y como nadie contestase, preguntó por mí a los vecinos; y sospechando todos alguna desgracia, descerrajaron la puerta de mi cuarto y quedaron espantados al verme muerta.
Casualmente también, es decir, providencialmente, entraba entonces en la casa el famoso Doctor Recamier a visitar a un enfermo, y, habiéndole rogado los vecinos que pasase a verme, el doctor me examinó muy despacio, y declaró a todos los circunstantes que yo estaba muerta y bien muerta. Pero casualmente, es decir, providencialmente, vio el doctor que yo llevaba el Escapulario del Carmen, y entonces exclamó:
- No señores, no; no debe estar muerta esta mujer; lleva el Santo Escapulario; y ningún suicida logra morir, aunque en ello se empeñe, cuando lleva consigo este talismán.
Tomó, pues, en sus manos el doctor mi Escapulario, volvió a ponérmelo bien, tornó a mirar, a remirar, a palpar mi cuerpo yerto y a examinarme más despacio. ¡Inútil empeño! No lograba encontrar en mí ninguna señal de vida. Mas no por eso se daba por vencido el cristianísimo doctor, en cuyo rostro, muy a las claras, se leían el dolor, la pena, el asombro y la profunda meditación que le embargaban.
- Traed -dijo de repente-, traedme dos mazos de madera, y vamos a golpear todo el cuerpo, particularmente por la región del estómago. No puede ser que haya muerto en medio de la desesperación quien lleva puesto el Escapulario del Carmen.
Comenzaron a menudear suaves golpes de mazo sobre mi cuerpo frío; y el sabio y piadoso doctor examinaba atentamente, a cada minuto, mis yertos despojos, sin descubrir ni atisbar ninguna señal cierta de vida. Y así se pasó una hora mortal: ellos dándome golpes con los mazos, y el doctor observando con mucha atención y vigilancia mi cadáver. Pero de repente se ilumina la cara del doctor Recamier, el cual, con lágrimas en los ojos, comenzó a gritar:
- Ya, ya vuelve a la vida este cuerpo. Bien lo decía yo: Nuestra Señora del Carmen no podía dejar morir así a quien llevaba puesto su Santo Escapulario.
Confusos, atónitos y espantados quedaron los circunstantes, que, después de aquella larga brega, casi fúnebre, habían perdido ya toda esperanza. Pero todos se desvivían después por cuidar amorosamente de esta infeliz pecadora.
Finalmente logré la más cabal salud; lloré mi pecado, pedí perdón a Dios y a los hombres y entré en religión. Yo deberé, pues, mi salvación eterna al bendito Escapulario de la Santísima Virgen del Carmen.»

Del libro "Prodigios del Escapulario del Carmen" de Rafael López-Melús.



martes, 24 de septiembre de 2019

MILAGRO DE UN CABALLERO DEVOTÍSIMO

Había un caballero devotísimo de la divina Madre, quien se había hecho construir en su palacio un devoto oratorio en el cual delante de una hermosa imagen de María solía orar a menudo, no solamente de día, sino también de noche, interrumpiendo el descanso para ir a honrar a su amada Señora.
Ahora, pues, su mujer, aunque era muy piadosa, como observase que su marido en el mayor silencio de la noche se levantaba de la cama, salía del cuarto y no volvía hasta después de mucho tiempo, entró la miserable en celos y sospecha de cosa mala. Por lo cual un día, para librarse de esta espina que la atormentaba, se animó a preguntarle si amaba a otra mujer a más de ella. El caballero, sonriéndose, le respondió:
- Sí, has de saber que yo amo a una Señora la más amable del mundo, le he entregado todo mi corazón, y antes moriré que deje de amarla; y si vos la conocieseis, vos misma me diríais que la amase más de lo que ahora la amo.
Lo decía de la Virgen santísima, a quien tan tiernamente amaba; pero la mujer, entrando entonces en mayor sospecha, para mejor certificarse de la verdad, le preguntó de nuevo si por ventura se levantaba todas las noches y salía del cuarto por hablar a aquella señora. El caballero, que ignoraba la gran agitación de su mujer, le respondió que sí. La señora, asegurada ya de esto, bien que falsamente, ciega de pasión, ¿qué hizo? Una noche que el marido, como acostumbraba, se salió del aposento, tomó desesperada un cuchillo, se cortó la garganta y murió brevemente.
El caballero, cumplidas sus devociones, vuelve a su habitación, va a entrarse en la cama y la halla toda mojada; llama a su mujer, no responde; la sacude, no se despierta; toma en fin una luz, halla su cama llena de sangre y a su mujer muerta con la garganta cortada. Entonces, echando de ver que se había degollado por celos que tenía, cerró el aposento con llave, volvió al oratorio, se postró delante de la santísima imagen, y llorando amargamente le habló así:
- Madre mía, mirad en qué aflicción me hallo. ¿A quién he de acudir si Vos no me consoláis? Considerad que por venir a honraros me hallo en esta desgracia de ver a mi mujer muerta y condenada. Madre mía, Vos bien podéis remediarnos; remediadnos pues. ¡Ah! que el que ruega a esta Madre de misericordia con fe y confianza, alcanza lo que quiere.
Concluida esta súplica, he aquí que oye la voz de una criada que le decía:
- Señor, id al cuarto, que la señora os llama.
No acabando de creerlo el caballero de pura alegría:
- Ea, vuelve -dijo a la criada-, y repara bien si es ella realmente la que me llama.
- Sí, señor -volvió respondiendo la criada-; sí, vaya usted pronto, que la señora le está esperando.
Fue el caballero, abre el aposento, y encuentra viva a su mujer, la cual, arrojándose a los pies, y rogándole con muchas lágrimas que la perdonase, le dijo:
- ¡Ah, esposo mío!, la Madre de Dios por tus ruegos me ha librado del infierno.
Y así llorando entrambos de alegría se fueron al oratorio a dar gracias a la Virgen santísima.
Al día siguiente hizo el caballero un convite general de todos sus parientes, a quienes después hizo que su misma mujer les contase todo lo sucedido; y ella les enseñó la señal que le quedó aún de la herida, con lo cual todos se encendieron más y más en el amor de la divina Madre.

Del libro "Las glorias de María" de san Alfonso María de Liguori.

lunes, 23 de septiembre de 2019

ORACIÓN A LA VIRGEN MARÍA NIÑA (1)

¡Oh querida de Dios, amabilísima niña María! Si así como te presentaste en el templo y te consagraste pronta y toda la gloria y al amor de tu Dios, así pudiese yo ofrecerte hoy los primeros años de mi vida, para dedicarme enteramente a servirte, santa y dulcísima Señora mía. Mas ya no estoy a tiempo, porque, infeliz, he perdido muchos años en servir al mundo y a mis caprichos, casi olvidado en todo de Ti y de Dios. Pero más vale comenzar tarde que nunca.
He aquí, oh María, que hoy me presento ante Ti y me ofrezco por completo a tu servicio en aquel poco o mucho tiempo que me queda de vivir en este mundo, y juntamente contigo renuncio de todas las criaturas, y por entero me dedico al amor de mi Creador.
Te consagro, pues, oh Reina, mi entendimiento para que piense siempre en el amor que Tú mereces, mi lengua para alabarte y mi corazón para amarte.
Acepta, oh santísima Virgen, la ofrenda que te presenta este miserable pecador; acéptala, te ruego, por aquel consuelo que sintió tu corazón cuando en el templo te consagraste a Dios. Y si yo me pongo tarde a servirte, razón es que recompense el tiempo perdido doblándote los obsequios y el amor.
Ayuda con tu poderosa intercesión, oh Madre de misericordia, mi flaqueza, alcanzándome de tu Jesús la perseverancia y la fortaleza para serte fiel hasta la muerte; para que sirviéndote siempre en esta vida, pueda llegar a alabarte por una eternidad en el cielo. Amén.

VISIÓN DE SOR DOMINICA DEL PARAÍSO

Se lee en la vida de Sor Dominica del Paraíso, escrita por el padre Ignacio del Niente, dominico, que en una aldea llamada Paraíso cerca de Florencia nació esta doncellita de padres pobres. Desde niña empezó a servir a la divina Madre. Ayunaba a honra suya todos los días de la semana, y después en el sábado repartía a los pobres aquella comida que se había quitado de la boca, y cada sábado iba al huerto de su casa o a los campos vecinos donde recogía todas las flores que podía, y las presentaba delante de una imagen de la santísima Virgen con el niño en los brazos, Pero volvámonos ahora a ver con cuantos favores la agradecidísima Señora compensaba los obsequios que esta su sierva le ofrecía. Estando una vez Dominica a la ventana, y era entonces de diez años, vio en la calle una mujer de hermoso aspecto y consigo un niño, que entrambos alargaban la mano en acción de pedir limosna. Va ella a tomar el pan, y he aquí que sin abrir la puerta se los ve delante, y advierte que el niño tenía heridas las manos, los pies y el pecho. Por lo cual preguntó a la mujer: — ¿Quién ha herido a este niño?—. Respondió la mujer: — Le ha herido el amor —. Dominica, enamorada de la modestia y hermosura de aquel niño, le preguntó si le dolían aquellas heridas. Más él no respondió sino con una sonrisa. Entre tanto, estando ya todos cerca de las imágenes de Jesús y de María, dijo la mujer a Dominica: — Dime, hija, ¿quién te mueve a coronar a estas imágenes de flores? —. Ella respondió: — Me mueve el amor que tengo a Jesús y María. — ¿Y cuánto les amas?— Los amo cuanto puedo. — ¿Y cuánto puedes? — Cuanto ellos me ayudan. — Prosigue, dijo entonces la mujer, prosigue en amarlos, que bien te lo pagarán ellos en el cielo.
Luego, la doncella, percibiendo que salía de aquellas llagas un olor celestial, preguntó a la Madre con qué ungüento las ungía, y si aquel ungüento se podía comprar. Respondió la mujer: — Se compra con la fe y con las obras —. Dominica les ofreció el pan. La Madre dijo: — ¡La comida de este mi Hijo es el amor, dile que amas a Jesús y le alegrarás —. El niño apenas oyó este nombre de amor empezó a regocijarse, y vuelto a la doncellita le preguntó cuánto amaba a Jesús. Y respondiendo ella que le amaba tanto que día y noche siempre pensaba en él, ni buscaba otra cosa más que el darle gusto cuanto podía : — Ahora bien, añadió él, ámale, que el amor te enseñará qué debes hacer para darle gusto —. Creciendo después el olor que exhalaba de aquellas llagas, exclamó Dominica: — ¡Oh Dios! esta fragancia me hace morir de amor. Si el olor de un niño es tan suave, ¿qué será el olor del paraíso? —. Mas he aquí entonces ve mudarse la escena. La Madre apareció vestida de reina y cercada de luz, y el niño hermoso resplandeciente como el sol, que tomando aquellas mismas flores las esparció sobre la cabeza de Dominica, la cual reconociendo ya en aquellos personajes a María y a Jesús, se había postrado para adorarlos. Y así dio fin la visión.
Dominica tomó después el hábito de santo Domingo, y murió en opinión de santa en al año 1553.
Del libro "Las glorias de María" de san Alfonso María de Liguori. 

sábado, 21 de septiembre de 2019

LLÉVAME PRONTO CONTIGO, MADRE (Gonzalo Mazarrasa)

Llévame pronto contigo, Madre,
que ya no puedo vivir
con el corazón partido
por no estar ya junto a Ti.

Llévame pronto contigo, Madre,
que me es duro caminar,
y se me hace cuesta arriba
ganarme la eternidad.

Quiero vivir a tu lado, Madre,
sin separarme de Ti,
quiero sentir tus caricias,
quiero parecerme a Ti.

Sentir que te pertenezco, Madre,
que soy todo para Ti,
esta es mi gran alegría
y mi razón de vivir.

No le temo al sufrimiento, Madre,
quiero subir a la cruz,
quiero entregarte mi vida
para que la guardes Tú.

El corazón se me escapa, Madre,
para volar tras de Ti,
y es que si no estoy contigo
me es imposible vivir.

Pensar en Ti me consuela, Madre,
y yo quisiera morir
cuando pienso que me espera
la eternidad junto a Ti.

EL ÁNGEL DISFRAZADO

A Dios se le contempla con los ojos del corazón.

La niñita estaba sentada en el parque. Todo el mundo pasaba junto a ella y nadie se paraba a ver por qué parecía tan triste. Vestida con un raído vestido rosa, con los pies descalzos y sucia, la niña simplemente estaba sentada mirando a la gente pasar. Nunca trataba de hablar, nunca decía una sola palabra. Mucha gente pasaba pero nadie se paraba.
Al día siguiente decidí volver al parque con la curiosidad de ver si la niña seguiría allí. Sí, lo estaba, justo en el mismo sitio que el día anterior. Un parque lleno de gente extraña no es lugar para que una niña pequeña juegue sola.
Mientras me acercaba pude ver que la espalda del vestido de la niña estaba terriblemente deformado. Me imaginé que esa era la razón por la cual la gente tan solo pasaba junto a ella sin hacer ningún esfuerzo por ayudarla.
Las deformidades son una profunda desgracia para nuestra sociedad, y el cielo te asista si das un paso para ayudar a alguien que es diferente.
Conforme me acercaba aún más, la niñita bajó ligeramente sus ojos para rehuir mi mirada directa. Mientras me aproximaba pude ver la deformidad de su espalda con más claridad. Tenía una grotesca joroba. Le sonreí para hacerle saber que todo estaba bien, que estaba allí para ayudar, para hablar. Me senté a su lado e inicié la conversación con un simple ¡hola! La pequeña pareció sorprendida y balbuceó un ¡hola! después de mirarme largamente a los ojos. Sonreí y ella sonrió a su vez tímidamente. 
Hablamos hasta que cayó la oscuridad y el parque se quedó completamente vacío. Le pregunté por qué estaba tan triste. La pequeña me miró y con lágrimas en los ojos me dijo:
- Porque soy diferente.
Yo respondí con una sonrisa:
- Lo eres.
Y ella, aún más triste:
- Lo sé.
- Pequeña, ser diferente no es malo. Tú me recuerdas a un ángel, dulce e inocente.
Me miró, sonrió y por primera vez sus ojos brillaron con la luz de la alegría. Se levantó despacio y dijo:
- ¿Es cierto lo que acabas de decir?
- Sí -le respondí-, eres como un pequeño ángel guardián enviado para proteger a todos los que caminan por aquí.
Movió su cabeza afirmativamente y sonrió. Ante mis ojos algo maravilloso ocurrió. Su joroba se abrió y dos hermosas alas salieron de ahí. Me miró sonriente y dijo:
- Soy tu ángel guardián.
Yo no sabía qué decir. Entonces me dijo:
- Por primera vez pensaste en alguien más.
Mi misión estaba cumplida. Me levanté y pregunté por qué nadie le había ayudado. Me miró y sonriendo dijo:
- Tú eres la única persona que podía verme.
Y ante mis ojos desapareció. Después de ese encuentro mi vida cambió por completo.

Cuando pienses que solo te tienes a ti mismo, recuerda que tu ángel guardián está siempre pendiente de ti.


jueves, 19 de septiembre de 2019

ORACIÓN A LA VIRGEN DE LOS DOLORES

Virgen Santísima de los Dolores, míranos cargando nuestra cruz de cada día.
Compadécete de nuestros dolores, como nosotros nos compadecemos de los tuyos, y acompáñanos como acompañaste a tu Hijo Jesucristo, nuestro Señor, en el camino doloroso del Calvario.
Eres nuestra Madre y te necesitamos. Ayúdanos a sufrir con amor y esperanza, con paciencia y aceptación, para que nuestro dolor, asociado al tuyo y al de tu Hijo, tenga valor redentor y en las manos de Dios, nuestro Padre, se transforme en gracia para la salvación del mundo. Amén.

MI AMADO JESÚS (Jacinto Verdaguer)

Mi amado Jesús
se marcha a la viña.
¿Qué me traerá?
¿Qué me traería?
Me trae un racimo
aún con sangre viva.

Mi amado Jesús
se va a la alquería.
¿Qué me cogerá?
¿Qué me cogería?
Mientras siega trigo
me coge una espiga.

Junto a Nazaret
lo encuentra María.
- ¿Qué traes, Amor,
hijo de mi vida?
- Mi amor no conserva
prenda más divina:
traigo el pan y el vino
de la Eucaristía.

TE DAMOS GRACIAS, SEÑOR (José Luis Blanco Vega)

Te damos gracias, Señor,
porque has depuesto la ira
y has detenido ante el pueblo
la mano que lo castiga.

Tú eres el Dios que nos salva,
la luz que nos ilumina,
la mano que nos sostiene
y el techo que nos cobija.

Y sacaremos con gozo
del manantial de la Vida
las aguas que dan al hombre
la fuerza que resucita.

Entonces proclamaremos:
"¡Cantadle con alegría!

¡El nombre de Dios es grande;
su caridad, infinita!

¡Que alabe al Señor la tierra!
Contadle sus maravillas.
¡Qué grande, en medio del pueblo,
el Dios que nos justifica!".

martes, 17 de septiembre de 2019

UN CUENTO ENIGMÁTICO (Hermanos Grimm)

Tres mujeres fueron convertidas en flores y colocadas en el campo del jardín, pero a una de ellas le fue permitido que durante las noches podía estar en su casa como humana. Entonces, una noche, cuando ya se acercaba el día y tendría que volver a ser flor otra vez, ella le dijo a su esposo: "Si cuando vuelves más tarde vienes al jardín y me arrancas, quedaré libre y podré estar siempre contigo." Y él así lo hizo. Ahora, la pregunta es: ¿Cómo supo el esposo cuál era la flor correcta, si todas se veían exactamente igual, sin ninguna diferencia en su forma?

Respuesta: "Como ella pasaba la noche en su casa y no en el jardín, no había entonces rocío sobre ella como sí lo había sobre las otras, y así el esposo supo cuál era la que debía tomar."

domingo, 15 de septiembre de 2019

LA LECHUZA Y LA TÓRTOLA


Una lechuza y una tórtola se habían hecho buenas amigas, pero un día la tórtola vio como su compañera se preparaba para marcharse, por lo que le preguntó:
- ¿Te vas de viaje?
- Sí, muy lejos de aquí -contestó apenada la lechuza.
- Pero ¿por qué? -se extrañó la tórtola.
- Porque a la gente de este lugar no le gusta mi graznido, se ríen de mí, se burlan y me humillan -dijo la lechuza suspirando.
Después de escuchar a su amiga, la sabía tórtola se quedó pensando unos instantes. Al fin dijo:
- Si puedes cambiar tu graznido, es buena idea que te marches, aunque a decir verdad, ya no necesitarías hacerlo pues nadie se burlaría. Si por el contrario no puedes cambiarlo, ¿qué objeto tiene que te mudes? Allí donde acudas encontrarás también gente a la que no le guste tu graznido y te tratarán igual que aquí. Entonces ¿qué harás?,¿volver a huir de nuevo?

viernes, 13 de septiembre de 2019

EL CHIQUILLO TESTARUDO (Hermanos Grimm)

Era un chiquillo en extremo obstinado, que jamás hacía lo que le mandaba su madre. Por eso, Dios Nuestro Señor no estaba contento con él y permitió que cayese enfermo. Y como ningún médico supo acertar el remedio a su dolencia, al poco tiempo estaba tendido sobre el lecho de muerte. Cuando lo bajaron a la sepultura, y lo cubrieron de tierra, volvió a salir su bracito, y aunque lo doblaron poniendo más y más tierra encima, de nada sirvió: siempre volvía a asomar el bracito. Fue preciso que la propia madre fuese a la tumba y le diese unos golpes con su vara; solo entonces se dobló, y el niño pudo descansar bajo la tierra.

jueves, 12 de septiembre de 2019

CUANDO ME ACOSE EL HASTÍO (José Luis Carreño)

Cuando me acose el hastío,
cuando el corazón me duela,
me acogeré a Ti, Dios mío,
solo tu amor me consuela.

Cuando me hiera el zarpazo
de la ingratitud, Señor,
me refugiaré en tu abrazo,
que no hay refugio mejor.

Cuando me dejen a un lado
como a un viejo trasto más,
Tú, Señor, tan olvidado,
sé que no me olvidarás.

Cuando vacile mi paso
tras el último arrebol,
sé que detrás de mi ocaso
me estará esperando el Sol.

Y sé que allí en la frontera
del último más allá
donde nadie nos espera,
aunque nadie me quisiera,
tu Amor me recibirá.

SAN JOSÉ EN EL BOSQUE (Hermanos Grimm)

Érase una vez una madre que tenía tres hijas; la mayor era mala y displicente; la segunda, pese a sus defectos, era ya mucho mejor, y la tercera, un dechado de piedad y de bondad. La madre, cosa extraña, prefería a la mayor, y, en cambio, no podía sufrir a la pequeña, por lo cual solía mandarla a un bosque con objeto de quitársela de encima, convencida de que un día u otro se extraviaría y nunca más volvería a casa. Pero el ángel de la guarda, que vela por los niños buenos, no la abandonaba, y siempre la conducía por el buen camino. Sin embargo, una vez el angelito hizo como que se distraía, y la niña no logró encontrar el sendero para regresar. Siguió caminando hasta el anochecer y, viendo a lo lejos una lucecita, dirigióse a ella a toda prisa y llegó ante una pequeña choza. Llamó, abrióse la puerta y, al franquearla, se encontró ante una segunda puerta, a la cual llamó también. Acudió a abrirla un hombre anciano, de aspecto venerable y blanquísima barba. Era el propio San José, que le dijo, cariñoso:
- Entra, pequeña, siéntate junto al fuego en mi sillita y caliéntate; iré a buscarte agua límpida si tienes sed; pero, en cuanto a comida, aquí en el bosque no tengo nada para ofrecerte, como no sean unas raicillas que habrás de pelar y cocer.
Dióle San José las raíces; la muchachita las raspó cuidadosamente y, sacando luego el trocito de tortilla y el pan que le había dado su madre, lo puso todo al fuego en un pucherito y lo coció en un puré.
Cuando estuvo preparado, díjole San José:
- ¡Tengo tanta hambre! ¿No me darías un poco de tu comida?
La niña le sirvió de buen grado una porción mayor de la que se quedó para sí misma; pero Dios bendijo su cena, y la muchachita quedó saciada. Luego dijo el santo:
- Ahora, a dormir; pero sólo tengo una cama. Tú te acuestas en ella, y yo me echaré en el suelo, sobre la paja.
- No - respondió la niña -, tú te quedas con la cama; a mí me basta con la paja.
Pero San José la cogió en brazos y la llevó a la camita, donde la chiquilla se durmió después de haber rezado sus oraciones. Al despertarse a la mañana siguiente, quiso dar los buenos días al viejo, mas no lo vio. Lo buscó por todas partes sin lograr encontrarlo, hasta que, finalmente, detrás de la puerta, descubrió un saco con dinero, tan pesado, que apenas podía llevarlo; y encima estaba escrito que era para la niña que había dormido allí aquella noche. Cargando con el saco, emprendió el camino de vuelta a su casa, a la que llegó sin contratiempo. Y como entregó todo el dinero a su madre, la mujer no pudo por menos que darse por satisfecha. Al otro día entráronle ganas a la hermana segunda de ir al bosque, y la madre le dio bastante más tortilla y pan que a su hermanita la víspera. Discurrieron las cosas como con la pequeña. Llegó al anochecer a la cabaña de San José, quien le dio raíces para cocerlas, y, cuando ya estuvieron preparadas, le dijo igualmente:
- ¡Tengo hambre! Dame un poco de tu cena.
Respondióle la muchacha:
- Haremos partes iguales.
Y cuando el santo le ofreció la cama, diciéndole que dormiría él sobre la paja, respondió la niña:
- No, duerme en la cama conmigo; hay sitio para los dos.
Pero San José la cogió en brazos, la acostó en la camita, y él se echó sobre la paja. Por la mañana, al despertarse la niña, San José había desaparecido, y la muchacha, detrás de la puerta, encontró un saquito, de un palmo de largo, con dinero, y encima llevaba también escrito que era para la niña que había pasado la noche en la casita. La chiquilla se marchó con el saquito y, al llegar a su casa, lo entregó a su madre; pero antes se había guardado, en secreto, dos o tres monedas.
Picóse con todo esto la mayor, y se propuso ir también al bosque al día siguiente. La madre le puso toda la tortilla y todo el pan que quiso la muchacha, y, además, queso. Al atardecer encontróse con San José en la choza, igual que sus hermanas. Cocidas las raíces, al decirle San José:
- ¡Tengo hambre! Dame un poco de tu comida - replicó la muchacha.
- Espera a que yo esté harta; te daré lo que me haya sobrado.
Y se lo comió casi todo, y San José hubo de limitarse a rebañar el plato.
El buen anciano le ofreció entonces su cama, brindándose él a dormir en el suelo, y la muchacha aceptó sin remilgos, acostándose en el lecho y dejando que el viejo durmiese en la dura paja. Al despertarse por la mañana, no vio a San José en ninguna parte; mas no se preocupó por ello, sino que fue directamente a buscar el saco de dinero detrás de la puerta. Pareciéndole que había algo en el suelo y no pudiendo distinguir lo que era, se agachó y dio de narices contra el objeto, el cual se le quedó adherido a la nariz. Al levantarse se dio cuenta, con horror, de que era una segunda nariz, pegada a la primera. Púsose a llorar y chillar, pero de nada le sirvió; siempre veía aquellas narices de palmo que tanto la afeaban. Salió corriendo y gritando hasta que alcanzó a San José, y, cayendo de rodillas a sus pies, púsose a rogarle y suplicarle con tanto ahínco, que el buen santo, compadecido, le quitó la nueva nariz y le dio dos reales.
Al llegar a la casa, recibióla en la puerta la madre y le preguntó:
- ¿Qué regalo traes?
Y ella, mintiendo, dijo:
- Un gran saco de dinero; pero lo he perdido en el camino. ¡Perdido! - exclamó la mujer -. Entonces tenemos que ir a buscarlo - y, cogiéndola de la mano, quiso llevársela al bosque.
Al principio, la muchacha lloró y se resistió a acompañarla; pero, al fin, se fue con ella; mas por el camino las acometieron un sinfín de lagartos y serpientes, de las que no pudieron escapar. A mordiscos mataron a la niña mala; y, en cuanto a la madre, le picaron en un pie, en castigo por no haber educado mejor a su hija.

miércoles, 11 de septiembre de 2019

ORACIÓN DE LA NOCHE (14)

Buenas noches, Señor. Te doy las gracias por darme la oportunidad de terminar un día más de vida. Gracias por todas las bendiciones que derramaste sobre mi vida el día de hoy. 
Bajo tu Gracia divina y de manera perfecta, en el poderoso nombre de Nuestro Señor Jesucristo y por obra y gracia del Espíritu santo, te pido que envíes al arcángel san Miguel para que venga con sus legiones de ángeles y permanezcan siempre en la puerta de nuestro hogar y lo rodee con su luz infinita y su amor incondicional, y nos cuiden y nos protejan de todo mal y peligro a todos mis seres queridos y amigos y no permitan que nada ni nadie nos haga daño ni nos lastime. Si hay alguien que nos hace daño perdónale porque no sabe lo que hace.
Señor, envía cuatro ángeles para que se queden en las esquinas de mi cama y me ayuden a descansar entre los brazos de Jesús. Yo les entrego todas mis preocupaciones, enfermedades, angustias, cansancio y tristezas.
Lléname con tu esencia y gracia divina, tu sabiduría y luz infinita y tu amor incondicional. Bendice mi sueño, bendice mi descanso, bendice mi cama.
Envía, Señor, a los ángeles del Amor divino incondicional, a los ángeles de la paz, la tranquilidad, la serenidad y la armonía para que vengan con sus legiones de ángeles y nos acompañen y nos ayuden a tener un sueño reparador y tranquilo y nos ayuden a tener un hermoso despertar.
Señor, en tus manos pongo mi vida, mi familia, mi hogar, mi trabajo y mi salud. Que en mí se cumpla tu perfecta voluntad y no la mía.
Que la presencia y la bendición de Dios Padre, Dios Hijo y Dios Espíritu Santo nos acompañe siempre. Amén.

Rezar un Padrenuestro

ORACIÓN DE LA MAÑANA (17)

Amado Dios, me acerco hasta Ti en esta mañana, lleno de devoción y respeto, para darte gracias desde lo más profundo de mi corazón, porque Tú eres un Dios bueno y bondadoso que día tras día y de mil maneras demuestra su inmenso amor por mi. ¡Qué bello es poder despertar cada mañana y sentirse rodeado por tus sublimes bendiciones!

APRENDER A PERDONAR

¿Quieres aprender a perdonar? Pues pide a Dios que llene de bendición la vida de quien te lastimó o te hizo daño. Cierra tus ojos y dile a Dios: "Señor, bendice ricamente su vida. Que todos sus planes sean prosperados por Ti. Cuida de esta persona y de su familia. Que todo le salga bien".
Al principio será difícil, casi imposible. Con los días será una oración de tu corazón. Y se irá tu enojo con tu deseo de venganza. Habrás aprendido a perdonar y podrás liberarte de la amargura o el rencor.

LE HIBOU ET LA TOURTERELLE (EL BÚHO Y LA TÓRTOLA)

Un hibou, parfait égoïste,
de tous les oiseaux était fui:
tous prenaient un air froid et triste
s'ils se rencontraient avec lui.
À la sensible tourterelle
sa surprise, un jour, il conta.
"C'est votre faute, lui dit-elle,
aimez et l'on vous aimera".

De un búho, perfecto egoísta,
todos los pájaros huían:
todos se ponían fríos y tristes
si se encontraban con él.
A la sensible tórtola
su sorpresa, un día, contó.
"Usted tiene la culpa, le dijo,
ame y le darán amor".

EL CONEJITO DESOBEDIENTE (François Fénelon)

Un joven conejo, escapado de su madriguera a pesar de los consejos y de las órdenes de su madre, jugaba al sol de la mañana sobre la tierna hierba y el tomillo oloroso; estaba completamente complacido mientras que su madre, preocupada por su suerte, lo buscaba y lo llamaba por todas partes.
- ¡Ay! -decía ella-, si el zorro lo encuentra está perdido; no sabrá evitar y huir de este animal malo.
En efecto, el zorro lo encontró.
- ¡Bien, amiguito mío, bien! -le gritó tan pronto como le vio-. Lo mejor que ha podido hacer hoy es dejar su terreno para disfrutar de esta bella mañana; sin usted, estaría expuesto a no desayunar hoy.
Y diciendo esto, el zorro saltó sobre el conejito, que se zampó en tres bocados.
La desobediencia ha conducido a más de un niño a su pérdida.   

martes, 10 de septiembre de 2019

MADRE MÍA, QUE ESTÁS EN LOS CIELOS

Madre mía, que estás en los cielos,
envía consuelo a mi corazón,
y cuando triste llorando te llame
tu mano derrame feliz bendición.

Luna bella de eternos fulgores,
manojo de flores de aroma inmortal,
embalsame mi pecho tu ambiente,
y alumbre mi mente tu luz celestial.

Madre mía, que estás en los cielos,
envía consuelo a mi corazón,
y cuando triste llorando te llame
tu mano derrame feliz bendición.

En Ti sola abrigué confianza,
toda mi esperanza la puse yo en Ti,
siempre, oh María, tu amparo reciba 
en tanto que viva amándote a Ti.

Madre mía, que estás en los cielos,
envía consuelo a mi corazón,
y cuando triste llorando te llame
tu mano derrame feliz bendición.

A tus manos, oh Madre, me llego,
recógeme luego contigo a vivir,
que del mundo la gloria he dejado,
y estoy empeñado a Cristo seguir.

Madre mía, que estás en los cielos,
envía consuelo a mi corazón,
y cuando triste llorando te llame
tu mano derrame feliz bendición

Mientras dure en el mundo mi vida,
Tú, Madre querida, mi vida serás,
y olvidando del mundo las glorias,
tus duces memorias querré nada más.

Madre mía, que estás en los cielos,
envía consuelo a mi corazón,
y cuando triste llorando te llame
tu mano derrame feliz bendición.

ORACIÓN DE LA NOCHE (13)

Señor, gracias por hacerme consciente de tu presencia en mi vida. Ahora, cuando termino de trabajar, hago silencio para revisar todo lo que vivido, para pedirte que me ayudes a recomponer lo que he echado a perder y me ayudes a potenciar aquello que está funcionando bien.
Quiero ser una buena persona, que cada una de mis acciones expresen los valores en los que creo y los comparta con las personas con las que vivo. Por eso, quiero que me ayudes a ser fuerte y a vencer todas las tentaciones que el medio propone.
Te suplico que toques mi corazón y lo hagas arder de pasión por Ti.
Bendice a todas las personas que amo, dales la oportunidad de seguir creciendo y ser felices. Bendice también a los que no me quieren y buscan dañarme; sé Tú quien me proteja y ampare de todo lo malo. Amén.

ORACIÓN DEL HOGAR (1)

Señor, llena de tu amor mi hogar y cuando estemos en él permítenos sentir que nos envuelve con tu regazo de amor, con tu calor y con tu santa presencia.
Bendice las puestas de mi casa, para que por ella entre la prosperidad y la felicidad.
Bendice cada rincón de mi hogar y que a través de las ventanas tu luz ilumine nuestra vida.

lunes, 9 de septiembre de 2019

DIEZ CONSEJOS PARA COMBATIR LA SOLEDAD

1. Acérquese a Dios a través de los Sacramentos.
2. Busque a un sacerdote para tener acompañamiento espiritual.
3. Colabore como voluntario en alguna ONG de la Iglesia, o forme grupos de amigos interesados en estos temas,
4. Acuda con asiduidad a la oración.
5. Únase a algún grupo parroquial o movimiento de la Iglesia con el deseo de evangelizar.
6. Ofrezca los momentos de dolor y soledad para unirse a Jesucristo en su Pasión.
7. Lea libros de espiritualidad o vidas de santos.
8. Acuda a medios de comunicación católicos (TRECE TV, Radio María, Revista Misión...) donde se destacan las cosas hermosas de la vida.
9. Venza la pereza y evite encerrarse en sí mismo; salga a pasear y caminar.
10. Busque cada día un motivo para darle gracias a Dios por algo bueno que ha pasado o pasa en su vida.

¡OH SALVACIÓN ETERNA DEL ALMA!

Del libro "Imitación del Corazón de Jesús" del Rdo. P. J. Arnoldo. Madrid, 1881. 

¡Oh salvación eterna del alma! ¡Negocio de tanto interés y tan necesario para mí! ¿Pues para qué me tiene Dios en el mundo sino para salvar mi alma? ¿Y para qué fui redimido, instruido por tantos medios, enriquecido de tantos beneficios divinos, sino para que con más facilidad y con menos violencia salve mi alma?
Pero ¡ah! no he empezado todavía a pensar seriamente en el fin para el que Dios me tiene en el mundo. Una vez redimido, me esclavicé otra vez y con mayor viveza, y perecí por el abuso de los medios y beneficios mismos que facilísimamente hubieran podido hacerme feliz y salvarme.
¡Oh Dios y señor! Justísimamente pudieras permitir que yo pereciera eternamente y sufriera tormentos infinitos, merecidos por el abuso que de tus dones hizo mi malicia.
Pero ya que por la bondad infinita de tu Corazón no lo has permitido, antes bien con un nuevo y más señalado beneficio has hecho que yo aprecie y desee la salvación eterna de mi alma, no volveré a ser ingrato, no permaneceré más en la desdicha del mal, no expondré mi alma en lo sucesivo a su eterna perdición.
Resuelvo y ofrezco desde ahora cooperar a la salvación y bienaventuranza de mi alma, siguiendo los consejos suavísimos de tu Corazón. 

LA MAMAN (LA MAMÁ) (Madame Amable Testu)

Qui nous aime dès la naissance?
Qui donne à notre frêle enfance
son doux, son premier aliment?
C'est la Maman.

Bien avant nous qui donc s'éveille?
Bien après nous quel ange veille,
penché sur notre front dormant?
C'est la Maman.

À nous rendre sages, qui pense?
Qui jouit de la récompense
et s'afflige du châtiment?
C'est la Maman.

Aussi, qui devons-nous sans cesse
bénir pendant notre jeunesse,
chérir jusqu'au dernier moment?
C'est la Maman.


¿Quién nos ama desde que nacemos?
¿Quién da en nuestra frágil infancia
su dulce, su primer alimento?
Es la Mamá.

¿Quién se despierta mucho antes que nosotros?
¿Qué ángel vela después de nosotros,
inclinado sobre nuestra frente durmiente?
Es la Mamá.

En convertirnos en sabios, ¿quién piensa?
¿Quién disfruta de la recompensa
y se aflige del castigo?
Es la Mamá.

También, ¿a quién debemos sin cesar
bendecir durante nuestra juventud,
cuidar hasta el último momento?
Es la Mamá.

sábado, 7 de septiembre de 2019

UN PLATO DE BIZCOCHOS

Rosa y Julio jugaban en el comedor. Su madre acababa de dejar unos bonitos bizcochos en un plato. Julio los vio:
- ¡Mira, Rosita, qué apetitosos! -dijo adelantando la mano-, y este plato grande, ¡qué lleno está! Supongo que mamá no los ha contado; podemos comernos dos o tres, no se va a dar cuenta.
- Pero puede que Dios los haya contado -dijo Rosa.
Y Rosa tenía razón; Dios lo cuenta todo. Podéis engañar a la madre que os quiere; podéis conseguir engañaros a vosotros mismos, haciendo callar la voz que os habla muy bajo, pero a Dios no lo podéis engañar. 

martes, 3 de septiembre de 2019

YA NO SÉ DETENERME, SEÑOR (Héctor Bonilla)

Ya no sé detenerme, Señor, me he olvidado de rezar, cierro ahora mis ojos, quiero hablar contigo; pero mis ojos se resisten a permanecer cerrados. Siento que una agitación frenética invade todo mi cuerpo, que va y viene, se agita, esclavo de la prisa.
Yo no puedo salvar al mundo, soy apenas una gota de agua en el océano inmenso de tu maravillosa creación.
Lo verdaderamente importante es buscar tu rostro bendito, y proclamar que Tú eres la grandeza, la hermosura, la magnificencia, que Tú eres el amor.
Lo urgente es dejar que Tú hables dentro de mí, y buscarte en el silencio de tu misterio.
Mi corazón continúa latiendo, Señor, pero de una manera diferente: simplemente estoy ante Ti, y qué bueno es estar delante de Ti, Señor.

JESÚS, QUE EN MI ALMA ESTÁS (José Julio Martínez)

Jesús, que en mi alma estás,
enciende en ella tu vida,
y esta lámpara encendida
que no se apague jamás.

Yo quiero que Tú me lleves
por los caminos que sabes,
caminos duros y suaves,
de calores y de nieves.

Quiero que seas mi luz
y el guardián de mi pureza,
mi alegría y fortaleza,
y mi sagrario y mi cruz.

ORACIÓN DE SAN AGUSTÍN PARA REZAR CUANDO TE SIENTES PECADOR

Concédeme conocerme a mí mismo y conocerte a Ti, Señor Jesús; olvidarme a mí mismo y amarte a Ti. Que no piense sino en Ti. Que sepa mortificarme y vivir en Ti. Que todo cuanto me suceda lo reciba como tuyo. Que siempre escoja ir detrás de Ti. Que aprenda a huirme a mí mismo y a refugiarme junto a Ti, para que sea defendido por Ti. Que nada me atraiga sino Tú, y que me haga pobre por Ti. Mírame para que yo te ame. Llámame para que yo te vea, para que goce por toda la eternidad de Ti. Amén.

lunes, 2 de septiembre de 2019

PARA HOY DAME, SEÑOR (Ana María Rabatté)

Para hoy dame, Señor, entusiasmo para actuar en cada momento del día, con una entrega total.
Para hoy dame, Señor, paciencia y fortaleza para aceptar los detalles que Tú me vas a mandar.
Para hoy dame, Señor, capacidad para amar cuanto cruce mi camino, captando todo lo bello que me das.
Para hoy dame, Señor, el don de aceptar a las personas como son y disfrutar de mi vida como es hoy.
Para hoy dame, Señor, tiempo para rezar, para llenarme de tu amor, olvidarme de mis penas y entregarme al servicio de los demás.

PADRE NUESTRO, QUE ESTÁS EN TODO Y SOBRE TODO (Miguel Aparicio)

Padre nuestro, que estás en todo y sobre todo. Bendito seas en tu inmensidad por todo lo bueno que hay en el universo.
Alabados sean tu Nombre y tu voluntad en la Tierra como en el Cielo.
Ya que nos pusiste en tu Reino, haz que nuestra estancia en él sea buena.
Muchas gracias por todo, por todo lo bueno que nos das y por evitarnos tantas cosas malas.
Perdónanos, enséñanos y ayúdanos a perdonar y a perdonarnos.
Haznos ver tu camino.
Y Tú, que eres el Bien Supremo, líbranos del mal. Amén.

PRIÈRE DE L'ENFANT (ORACIÓN DEL NIÑO) (Madame Amable Tastu)

Notre Père des cieux, Père de tout le monde,              
de vos petits enfants c'est vous qui prenez soin.
Vous m'avez tout donné, la vie et la lumière,
le blé qui fait le pain, les fleurs qu'on aime à voir,
et mon père et ma mère et ma famille entière.
Moi, je n'ai rien pour vous, mon Dieu, que la prière
que je vous dis matin et soir.
                                      

Padre nuestro que estás en los cielos, Padre de todos,  

eres Tú quien cuida de tus niños pequeños.
Tú me has dado todo, la vida y la luz,
el trigo que hace el pan, las flores que nos gusta ver,
y mi padre y mi madre y mi familia entera.
Yo solo tengo para Ti, Dios mío, mi oración
que te digo mañana y noche.