lunes, 31 de enero de 2022

ORACIÓN A SAN JUAN BOSCO PARA OBTENER ALGUNA GRACIA ESPECIAL


A ti, bienaventurado san Juan Bosco, acudo lleno de confianza para rogarte que seas mi abogado delante de Dios.
Concédeme ante todo la gracia de evitar el pecado mortal y perseverar en el bien hasta la muerte.
Espero, además, que me alcances del Corazón de Jesús, por intercesión de María Santísima Auxiliadora, esta otra gracia de la que tengo gran necesidad (nombrar la que se desea).
Esto si ha de ser para bien de mi alma; consígueme si no una filial conformidad con la voluntad divina. Así sea.

Rezar un Padrenuestro, Ave María y Gloria. 

MEDITACIÓN LUNES IV TIEMPO ORDINARIO C (P. Damián Ramírez)

"Anúnciales lo que el Señor ha hecho contigo" (Mc 5,1-20) 

Señor Jesús, comenzamos una nueva, semana y tu evangelio nos narra este encuentro tuyo con aquel hombre. Y nos deja una pregunta y una exhortación. 
Como aquel, también nosotros nos preguntamos hoy qué tienes que ver con nosotros, por qué te has fijado en mí, qué tengo yo que a Ti te interesa, por qué yo y no otros, por qué ahora y para qué ahora. 
Señor Jesús, me gustaría contestar que tienes que ver conmigo porque me has pensado, elegido, llamado y enviado. 
Porque me quieres sin medida y me acoges y perdonas incondicionalmente. 
Porque tu evangelio es mi hoja de ruta y mi gps, aunque a veces no le haga caso y decida ir por mis caminos. 
Porque en Ti estoy en casa y quiero lo que Tú quieras. 
Señor Jesús, hoy me pides que anunciemos lo que haces en nuestra vida. 
Por eso intentaré hoy reservar un espacio para repasar mi historia contigo y dar gracias por cada momento, cada experiencia y cada episodio en el que he sentido tu presencia. 
Señor, aléjame del riesgo de acostumbrarme a Ti. 
Gracias, Señor, porque has estado grande conmigo y tengo mucho que contar de nuestra amistad. 
Gracias por estar en mi vida. Acompaña mi jornada…
Así te lo pido. Así sea.


 

Lectura del santo evangelio según san Marcos 5, 1-20

En aquel tiempo, Jesús y sus discípulos llegaron a la otra orilla del mar, a la región de los gerasenos.
Apenas desembarcó, le salió al encuentro, de entre los sepulcros, un hombre poseído de espíritu inmundo. Y es que vivía entre los sepulcros; ni con cadenas podía ya nadie sujetarlo; muchas veces lo habían sujetado con cepos y cadenas, pero él rompía las cadenas y destrozaba los cepos, y nadie tenía fuerza para dominarlo. Se pasaba el día y la noche en los sepulcros y en los montes, gritando e hiriéndose con piedras. Viendo de lejos a Jesús, echó a correr, se postró ante él y gritó con voz potente:
«¿Qué tienes que ver conmigo, Jesús, Hijo de Dios altísimo? Por Dios te lo pido, no me atormentes».
Porque Jesús le estaba diciendo:
«Espíritu inmundo, sal de este hombre».
Y le preguntó:
«¿Cómo te llamas?».
Él respondió:
«Me llamo Legión, porque somos muchos».
Y le rogaba con insistencia que no los expulsara de aquella comarca.
Había cerca una gran piara de cerdos paciendo en la falda del monte. Los espíritus le rogaron:
«Envíanos a los cerdos para que entremos en ellos».
Él se lo permitió. Los espíritus inmundos salieron del hombre y se metieron en los cerdos; y la piara, unos dos mil, se abalanzó acantilado abajo al mar y se ahogó en el mar. Los porquerizos huyeron y dieron la noticia en la ciudad y en los campos. Y la gente fue a ver qué había pasado. Se acercaron a Jesús y vieron al endemoniado que había tenido la legión, sentado, vestido y en su juicio. Y se asustaron. Los que lo habían visto les contaron lo que había pasado al endemoniado y a los cerdos. Ellos le rogaban que se marchase de su comarca. Mientras se embarcaba, el que había estado poseído por el demonio le pidió que le permitiese estar con él. Pero no se lo permitió, sino que le dijo:
«Vete a casa con los tuyos y anúnciales lo que el Señor ha hecho contigo y que ha tenido misericordia de ti».
El hombre se marchó y empezó a proclamar por la Decápolis lo que Jesús había hecho con él; todos se admiraban.


























MARTIRIO DE SAN METRANO

En Alejandría, el anciano Metrano, fue sometido a injurias por los perseguidores de los cristianos para lograr que apostatara, cosa que no funcionó. Viendo esto los maltratadores lo apalearon y luego le hirieron la cara con pinchos, siendo sus ojos perforados con cañas afiladas.​ Sus verdugos entonces procedieron a arrojarlo fuera de la ciudad para apedrearlo, hasta matarlo.

SAN METRANO: 31 DE ENERO

 

ORACIÓN A LOS SANTOS CIRO Y JUAN

Habiendo recibido el don de obrar milagros por la gracia divina, oh santos, realizáis milagros sin cesar, eliminando todas nuestras enfermedades y pasiones mediante una cirugía invisible, oh divinamente sabio Ciro y glorioso Juan; porque ustedes son sanadores divinos.
31 DE ENERO: SANTOS CIRO Y JUAN

domingo, 30 de enero de 2022

RETABLO (Luis Felipe Contardo)

Ya José, terminada del día la faena,
en el umbral enjuga de su frente el sudor;
y la Virgen María, para la parca cena,
las escudillas lava con sus manos de flor.

De la luna que nace, la claridad serena
envuelve la Casita, dulce nido de amor;
en el huerto inmediato hay olor de azucena
y aleteos de tórtolas y agua que hace rumor.

Y adentro, -cayó acaso de la altura un lucero?-
como una palomita que se acoge al alero
para esperar del día nuevo la nueva luz;

como un lirio que pliega, para soñar, su broche;
encanto de los cielos, sol que alumbra la noche,
en su pequeña cuna duerme el Niño Jesús... 

MARTIRIO DE LOS SANTOS CIRO Y JUAN

31 DE ENERO: SANTOS CIRO Y JUAN


Ciro era un médico de Alejandría a quien el ejercicio de su profesión había dado múltiples ocasiones de atraer a los paganos a la fe de Jesucristo. Juan, que era árabe, al saber que una dama llamada Anastasia y sus tres hijas eran torturadas en Canopo de Egipto, por el nombre de Cristo, fue a dicha ciudad para animarlas a sufrir, acompañado de Ciro. Ambos fueron aprehendidos y cruelmente golpeados; los verdugos les quemaron los costados con antorchas encendidas y echaron sal sobre sus heridas, en presencia de Anastasia y sus hijas, Teodosia de 15 años, Teoxtista, de 13 y Eudoxia, de 11, quienes fueron también torturadas. Finalmente, las cuatro mujeres fueron decapitadas, mientras que a Ciro y Juan se les cortó la cabeza algunos días más tarde, el 31 de enero.




 

MEDITACIÓN DOMINGO IV TIEMPO ORDINARIO C (P. Damián Ramírez)

Lectura del santo Evangelio según San Lucas 4, 21-30

En aquel tiempo, Jesús comenzó a decir en la sinagoga:
«Hoy se ha cumplido esta Escritura que acabáis de oír».
Y todos le expresaban su aprobación y se admiraban de las palabras de gracia que salían de su boca.
Y decían:
«¿No es este el hijo de José?».
Pero Jesús les dijo:
«Sin duda me diréis aquel refrán: “Médico, cúrate a ti mismo”, haz también aquí, en tu pueblo, lo que hemos oído que has hecho en Cafarnaún».
Y añadió:
«En verdad os digo que ningún profeta es aceptado en su pueblo. Puedo aseguraros que en Israel había muchas viudas en los días de Elías, cuando estuvo cerrado el cielo tres años y seis meses y hubo una gran hambre en todo el país; sin embargo, a ninguna de ellas fue enviado Elías sino a una viuda de Sarepta, en el territorio de Sidón. Y muchos leprosos había en Israel en tiempos del profeta Eliseo, sin embargo, ninguno de ellos fue curado sino Naamán, el sirio». 
Al oír esto, todos en la sinagoga se pusieron furiosos y, levantándose, lo echaron fuera del pueblo y lo llevaron hasta un precipicio del monte sobre el que estaba edificado su pueblo, con intención de despeñarlo. Pero Jesús se abrió paso entre ellos y seguía su camino.
 



ORACIÓN A SANTA MARTINA DE ROMA


Santa Martina, hoy te pido que intercedas ante nuestro Señor para que atienda mis súplicas y me conceda, si es para la salvación de mi alma. el favor que tanto necesito.
Tú que recibiste la gracia de resistir tantos martirios, te pido que me des la fuerza para ser fiel a Jesús en las pruebas, en todas las dificultades de mi vida.
Que persevere en la oración y ponga siempre mi confianza en el que es mi luz y mi salvación, en el que todo lo conoce y que todo lo puede.
Ayúdame a pasar triunfante las pruebas para que un día pueda alabar y glorificar en el Cielo a Jesucristo Nuestro Señor. Amén.

Santa Martina, ruega por nosotros.

MARTIRIO DE SANTA MARTINA DE ROMA



Santa Martina era de una familia distinguida. Su padre, elegido tres veces cónsul, poseía grandes virtudes.

Martina recibió una educación esmerada, basada en los principios del cristianismo, pero tuvo la desgracia de perder a sus padres muy temprano. Inflamada por el amor a Jesucristo, dio todos los bienes a los pobres e hizo voto de castidad.

El emperador Alejandro Severo (222-235) había concebido el plan para exterminar a los galileos (así llamó a los cristianos). Conociendo la belleza, nobleza y bondad de Martina, hizo todo lo posible para distanciarla de la religión cristiana e incluso le ofreció la dignidad de Emperatriz, en caso de que ella decidiera sacrificarse a Apolo. Martina respondió: “ Mi sacrificio pertenece a Dios inmaculado; le ofreceré sacrificios para que confunda y aniquile a Apolo y no pierda más almas ”.

Alejandro Severo, interpretando esta respuesta a su favor, organizó una gran fiesta en el templo de Apolo, a la que llevó a Martina, en presencia de sacerdotes y mucha gente. La mirada de todos se dirigió a la joven que, en medio del gran silencio que reinaba, hizo la señal de la cruz, alzó los ojos y los brazos al cielo y dijo en voz alta: “¡ Oh Dios y mi Señor! ¡Escucha esta oración mía y haz que este ídolo ciego y mudo se rompa, para que todos, emperador y pueblo, sepan que solo Tú eres el único Dios verdadero y que solo es lícito adorarte a Ti!”. En el mismo momento en que toda la ciudad fue sacudida por un fuerte terremoto, la imagen de Apolo cayó de su lugar; parte del templo cayó al suelo, enterrando a los sacerdotes y a muchas personas entre los escombros.

El emperador ordenó que Martina fuera desnudada, abofeteada, azotada y que le desgarraran la carne con torsiones. Los verdugos, sin embargo, no pudieron cumplir la orden, pues un ángel de Dios defendió a la doncella y ella, en medio de los abusos, cantó cánticos de alabanza a Jesucristo e invitó a los verdugos a convertirse a la religión de Jesús. Dios bendijo sus palabras: ocho verdugos cayeron de rodillas, pidieron perdón a la mártir y confesaron en voz alta su fe en Jesucristo. El emperador, aún más enfurecido por este incidente, ordenó que todos fueran encarcelados, para torturar salvajemente a los ocho verdugos, quienes, por una especial gracia divina, siendo fieles a la fe, recibieron la palma del martirio por decapitación. Al día siguiente la “bruja” fue convocada al palacio del emperador, quien la recibió con estas palabras: “Basta de estafas. Dime, así sabré con quién estoy tratando: ¿te sacrificas a los dioses o prefieres adherirte al hechicero, a Cristo? Con santa indignación, Martina respondió: “ ¡No admito que insultes a mi Dios! Si quieres aplicarme nuevas torturas, aquí estoy; no les temo; porque sé que Dios me da fuerzas ”. La respuesta del emperador fue la condena de la mártir a torturas crueles e inhumanas. Martina, en medio del dolor, glorificó a Dios y sus heridas despidieron un dulce perfume.

Alejandro Severo se asombró al escuchar, al día siguiente, la noticia de que Martina, que se hallaba en prisión, estaba perfectamente curada de sus heridas, y no solo eso: los guardias vieron, durante la noche, la prisión iluminada por una luz maravillosa y escucharon en éxtasis las canciones celestiales.

La rabia del emperador llegó a su extremo. Ya no dueño de su pasión, condenó a Martina a las bestias en el anfiteatro y se propuso encontrarse entre los espectadores.

Nuevo milagro. Martina, de una encantadora belleza sobrenatural, arrodillada en la “arena”, esperaba tranquilamente al león. Este último, poderoso y hermoso en su fuerza, se anuncia con un rugido aterrador y en dos saltos se encuentra al lado de la víctima. Como si, domesticado por una fuerza invisible, se arrojara a los pies de Martina, manso como un cordero. De repente se levanta, y de un salto espantoso gana la barrera, ingresando al recinto de espectadores, matando a algunos de ellos. El pánico era indescriptible.

El emperador, lejos de convencerse de la intervención divina en defensa del mártir, atribuye el hecho extraordinario a las fuerzas mágicas de Martina, que, según su opinión, tendrían su cuartel general en la rica cabellera de la santa. Ordenó que se cortara de una vez la rica melena de cabello, y que la doncella, así profanada, fuera encerrada en el templo de Júpiter. En los dos días siguientes, Alejandro Severo, acompañado de sacerdotes y mucha gente, fue al templo. Sin embargo, no entró porque creyó oír voces masculinas y pensó que eran los dioses, que se habían reunido para convertir a Martina. Al abrir el templo al tercer día, el emperador tuvo un extraño espectáculo: todas las imágenes de los dioses fueron arrojadas al suelo. Cuando se le preguntó dónde estaba la estatua de Júpiter, Martina respondió sonriendo: “Teniendo que dar satisfacción a Cristo, ¿por qué no salvó a estos doce ídolos? Mi Dios se lo entregó a los demonios, que hicieron lo que veis de él ”.

Enojado de rabia por esta burla, Severo ordenó que se vertiera manteca de cerdo hirviendo sobre el cuerpo de Martina y se entregara a las llamas. Sin embargo, vino una gran lluvia para apagar el fuego. Entonces solo quedó la muerte por la espada. Martina aceptó la sentencia, con toda sumisión y gratitud a Dios. Espontáneamente ofreció su cabeza al verdugo, quien la hizo entrar en las bodas eternas del Señor Jesús.





sábado, 29 de enero de 2022

LAS BODAS DE CANÁ (De "Parábolas y milagros de Jesús", Madrid 1920)

Al tercer día se celebraron unas bodas en Caná de Galilea... (San Juan, cap. 2)

Regresaba Jesús de Bethania, donde había sido bautizado por Juan.
La mañana era espléndida y calurosa. Únicamente, pegada a las turbulentas aguas del Jordán, temblaba, débil, la niebla matutina. En el valle, una paz de égloga latía feliz bajo la azulada sombra de los copudos morales y de las altas palmeras que tendían la remota caricia de sus brazos hacia las viñas ubérrimas. Por la alfombre verdinegra de los oteruelos resbalaban como copos de nieve los rebaños acoplándose al argentino tintineo de las esquilas. Y más allá, cortando el horizonte, los contrahechos olivos del monte Tabor ofrendaban a la luz el holocausto de sus óleos.
Jesús caminaba lentamente. Su túnica de lirios se rizaba en la brisa y sus mechones nazarenos se encrespaban sobre los hombros. Sus ojos cargados de ternura, de iluminación y de mansedumbre reflejaban lo zarco de los cielos en el fondo radiante de sus pupilas de color de acero. Sus manos en cruz, sobre el pecho armonioso y tranquilo, semejaban dos ambleos impregnados de especias y de sahumerio que guardasen el Arca de la Alianza.
Le seguían cinco de sus discípulos: Andrés y Santiago, a quienes vio a la orilla del río, Pedro, que por amarle dejó su choza de pescador junto al lago Genezareth, y Felipe y Nathanael, que abandonando sus casucas israelitas de Nazareth, corrieron tras el perfume divino que exhalaban las sandalias del Rabí...
De Caná vinieron emisarios a invitarle a una boda. El convite era cordial y sincero. Aún no había hecho ningún milagro y el esbozo de sus doctrinas había quedado atrás, en el valle aromado, bajo los copudos morales y las sombrosas palmeras judías.
- Tu madre está allí -le dijeron, y Jesús se encaminó hacia donde su madre estaba, lleno de piedad, de fervor y de alegría.
La casa de las bodas fue su jhan y el de sus discípulos, que con el Maestro se aposentaron. Lo recibieron los esposos con gran cariño, y los brazos de su madre rodearon amorosos el cristal de su garganta.
Sirvieron en la comida dorados panes leudos, tiernos cabritillos recentales, peces del lago, frutas del valle y vinos dulcísimos, de las blondas uvas de Canaán. Y era la mesa de madera de Sittim y los cálices y platos de oro puro y de lino finísimo los paños de enjugarse.
Mas he aquí que cuando más entretenida se mostraba la fiesta, avisó el maestresala al esposo de que el vino se había acabado.
Y sabiéndolo María lo comunicó a su Hijo.
María confiaba en su taumaturgia celestial. Nunca vio de sus manos un portento, y sin embargo sabía que aquellas manos blancas, puras y luengas como azucenas, podían curar ojos y oídos, alejar peligros y atraer bienes, dar vida al cuerpo y al alma...
- Haced cuanto Él os diga -recomendó, esperanzada.
 

Había en la estancia seis ánforas de piedra para la ablución, y Jesús mandó que las llenasen de agua. Así lo hicieron y extendió sobre ellas el espíritu blanco de sus manos. Enseguida se volvió al maestresala y le invitó a beber...
Los labios del servidor se tiñeron de oro, como si gustasen rubios gajos de naranja. Asombrado y contento, requirió al esposo.
- En toda fiesta -le dijo- el comensal manda servir primero los mejores vinos y cuando los convidados están satisfechos ordena que saquen los peores. Tú has hecho al contrario. Me aseguraste que no tenías vino y encuentro ahora este, que mejora al de Canaán, hecho de la púrpura de las viñas, de la nieve de la leche y del oro de la miel...
Gustaron también los esposos, y María, y los invitados y los discípulos de Jesús. Solo Este dejó de beber. Que a sus divinos labios no se acercaron nunca más que dos cálices: el Eucarístico de la última cena y el amarguísimo de la última noche. ¡Cálices sacrosantos de cuyos bordes se derraman gotas de sangre y a los que causa un miedo infinito aproximar la impureza de la boca humana, fétida y blasfema! Porque ¿quién puede sentirse digno de recoger la huella de los labios de rubí del Salvador? Tan grande es el milagro de su celeste esencia que solo de pensar en lo que significan, la gusanera viviente que llamamos mundo debiera temblar de espanto ante la augusta esperanza de que algún día -cuando los gusanos particulares bullan pudriendo las carnes respectivas- se nos invite, como al maestresala de las bodas de Caná, a probar el vino de la dicha eterna.

ORACIÓN POR LA PAZ DEL PAPA FRANCISCO

 

MEDITACIÓN SÁBADO III TIEMPO ORDINARIO C (P. Damián Ramírez)

Lectura del santo evangelio según san Marcos 4, 35-41

Aquel día, al atardecer, dice Jesús a sus discípulos:
«Vamos a la otra orilla».
Dejando a la gente, se lo llevaron en barca, como estaba; otras barcas lo acompañaban. Se levantó una fuerte tempestad y las olas rompían contra la barca hasta casi llenarla de agua. Él estaba en la popa, dormido sobre un cabezal. Lo despertaron, diciéndole:
«Maestro, ¿no te importa que perezcamos?».
Se puso en pie, increpó al viento y dijo al mar:
«¡Silencio, enmudece!».
El viento cesó y vino una gran calma.
Él les dijo:
«¿Por qué tenéis miedo? ¿Aún no tenéis fe?».
Se llenaron de miedo y se decían unos a otros: 
«¿Pero quién es este? ¡Hasta el viento y el mar lo obedecen!».






ORACIÓN DE PROTECCIÓN A JESUCRISTO Y LA VIRGEN MARÍA

Oración de protección a Jesucristo y la Virgen María

En el santo nombre del Señor Jesús, quien aceptamos como Dios y Señor nuestro, que se sacrificó por nuestra salvación. Hazte presente, Jesús, y protégenos a los aquí presentes.

María, nuestra santísima Madre, Reina de los cielos y Soberana de los Ángeles, envía a tus espíritus celestes en nuestra protección.
Jesucristo, protégenos; blíndanos con tu duro equipaje:
Un casco lleno de la salvación que nos concediste; la armadura justiciera de la justicia divina; la correa que es tu sinceridad, la que recibimos con brazos abiertos; el escudo de fe, que nos protege de todo ataque, como Tú lo haces; las sandalias de nuestra aceptación de una paz renovada en Ti; y la espada del Espíritu Santo, transmisor de la palabra de Dios.

Reina de los cielos y Comandante de la hermandad de los Ángeles, que recibiste el honor, la capacidad y la misión de aplastar la cabeza de Satanás, te imploramos por que nos envíes a la unión de los ángeles, con la finalidad de que todo enemigo que esté cerca sea expulsado lejos, sea enviado en la misma dirección de donde vino, y no pueda regresar jamás. Amén.





viernes, 28 de enero de 2022

LOS FAVORITOS DEL SULTÁN (Cuento de Calleja)

 








LA TUMBA DE LAS ONDAS (Luis Felipe Contardo)

LA TUMBA DE LAS ONDAS

"Ayer se ahogaron en el río... las
niñas... y... que hacia solo un mes
habían abandonado el colegio".

(Crónica de los diarios).


Desnudo el albo cuello, recogido el tesoro
de las trenzas, en medio del río soñoliento,
son dos lirios que yerguen su corona de oro
en la gloria del agua y del sol y del viento.

El eco de las risas juveniles se pierde,
vibrando, en el silencio de la inmóvil floresta,
donde, aún tibias, las ropas, bajo el follaje verde
blanquean, como garzas que adormeció la siesta.

Dos tórtolas se empinan sobre una seca rama
por oír la rapsodia que hasta el barranco sube...
Hay locos palmoteos: y el bosque desparrama
un bullicio de pájaros, y de hojas, una nube. 

-¡Más adentro! ¡Hacia adentro! ¡A alcanzar el remanso!
-¡No! ¡no! ¡que estas. corrientes son traidoras y malas!
-¡Sígueme!
-¡No! que hay riesgo.
-¿Te quedas?... ¡Yo me lanzo!
Y avanzó con los brazos abiertos, como alas...
Tras ella, la otra niña, tímida y anhelante,
repetía -"Detente! ¡Tengo miedo! ¡Detente!
-Adelante! 
-¡Hay peligro!
-¡Adelante! ¡Adelante!...
Después un ¡ay! unísono resonó. La corriente.

Asió los albos cuerpos con su garra implacable;
rápida más que el rayo, los arrastró, lo mismo
que dos flores tronchadas, al raudal insondable...
¡Y un trágico silencio flotó sobre el abismo!

¡Oh tumba misteriosa! ¡Oh fría y ancha tumba
de un poema de vida, de juventud, de ensueño!
¡Oh muerte, en cuyos antros lo mismo se derrumba
que el fruto ya podrido, el capullo risueño!...

Desventurado el hombre si ante el misterio grave
del sepulcro, no viese, para calmar su anhelo,
que al abrirse una fosa, el alma, como un ave,
tiende las blancas alas hacia el azul del cielo!...

SANTA ÁGUEDA LIN ZHAO, VIRGEN Y MÁRTIR


Ágata nació en 1817 en Ma-Trang, provincia de Guizhou, China, poco después de que su padre fuera arrestado por ser católico y fue bautizada tres años después cuando su padre fue liberado.

De niña aprendió a leer y escribir, algo raro en esos años. No solo era hermosa, sino también muy inteligente, y estas cualidades la hacían prometida estar casada con un miembro de la familia Li. Sin embargo, a los dieciocho años, hizo un voto privado de virginidad y, tan pronto como se enteró de la promesa, rogó a sus padres que anularan el matrimonio. Aunque la cancelación del matrimonio hubiera dañado la reputación de su familia en el distrito, fue otorgada. En ese mismo año, el padre franciscano Matteo Liu le sugirió que ingresara en la escuela de mujeres de Guiyang para mejorar su educación.

Apenas dos años más tarde tuvo que regresar a casa debido a una nueva persecución, su padre fue nuevamente arrestado y torturado. Además, la familia fue despojada de todos sus bienes y tierras. Cuando el padre fue liberado estaba tan enfermo que ya no podía trabajar, por lo que Ágata y su madre tenían que ganarse la vida. El padre Liu la visita, la alenta y le sugiere que enseñe catecismo a los niños en su tiempo libre.

Después de la muerte de su padre, su madre decidió irse a vivir con un hijo nacido de su matrimonio anterior, lo que le permitió a Ágata seguir su vocación. La joven se convirtió así en la directora de otra escuela femenina fundada por el padre Liu y, a los veinticinco años, profesó formalmente el voto de virginidad. Un año después, Monseñor Albrand, el nuevo Administrador Apostólico de la diócesis de Guizhou, le encargó que enseñara a las niñas cristianas en Guiyang.

Allí vivió austera, a cargo del profesor Girolamo Lu Tingmei. Cuando él y su amigo San Lorenzo Wang Bing fueron arrestados e interrogados y luego liberados para tener tiempo de reflexionar, fueron a ver a Ágata, que se alojó con un tal Lu Ting Chen, para alentarla. En el segundo interrogatorio al que fueron sometidos los dos catequistas, precisamente cuando fue el turno de Lorenzo, el magistrado acusó a Ágata de haber ido a la ciudad para colaborar en la presunta conspiración que los cristianos que creían que estaba teniendo lugar.

Poco después, fue el turno de la virgen, quien fue arrestada durante el interrogatorio de San Jerónimo Lu Tingmei o al final de la misma. Cuando los soldados, acompañados por algunos paganos, llegaron a la casa de Ting Chen, encontraron la habitación que servía como aula vacía porque los niños habían escapado. Solo Ágata se quedó arrodillada en oración, tal vez porque estaba al tanto de la inminente detención. Los Anales de las Misiones Extranjeras de París registran que llevaba un chaleco de cuero sobre un vestido largo azul oscuro acolchado con algodón, otros dos vestidos más cortos de algodón y pantalones morados. En su cabeza llevaba un paño blanco, como el velo de las monjas, que cubría su cabello. Después de haber entregado sus pertenencias a su casera, siguió a los soldados.

Cuando entró a la corte, dobló las rodillas muy cerca de Tai Lou Iche, el mandarín que servía de juez, y fue obligada a arrodillarse junto a Lorenzo Wang Bing. Cuando el funcionario terminó de interrogarlo, se volvió hacia la virgen y la interrogó sobre ella, su familia y el motivo de por qué no se casó; explicó que fue a educar a las niñas pequeñas y enseñarles su idioma. El mandarín no creyó y concluyó que ella y los otros dos estaban planeando algo sospechoso. Le preguntó si renunciaba a la fe cristiana y ella dijo que no. El mandarín los condenó a muerte y ellos exclamaron: "¡Jesús, sálvanos!".

El 28 de enero de 1858, consumó su martirio alrededor de las nueve de la mañana. Ágata siguió a los guardias sin estar atada y caminaba a paso ligero. Los tres catequistas fueron conducidos al campo de ejecución, en la orilla izquierda del río Ou. El verdugo le rasgó la ropa a Ágata, le ató los pies y, aunque pidió que la esposaran lentamente, no la escucharon. El primer golpe de la espada no la decapitó, sino que la golpeó en la cara y la tiró al suelo. Luego, el verdugo tomó un cuchillo y comenzó a cortar para quitarle la cabeza, pero no se sabe si por puro placer o por el mandato expreso del mandarín; se detuvo para quitarle el chaleco que llevaba puesto y la mártir, todavía viva, le digo que prefería que le cortara cien veces con el cuchillo en lugar de que le quitara la ropa. Enfurecido, el verdugo golpeó su cuello con su arma siete veces, para separar su cabeza de su cuello.

En el momento de la ejecución, tres rayos de luz roja y uno de luz blanca habían aparecido alrededor de ellos. Algunos paganos, después de su muerte, habían visto tres globos de luz elevarse en el cielo. Algunos de sus amigos se llevaron los cuerpos de los mártires de noche y los enterraron.



MEDITACIÓN VIERNES TIEMPO ORDINARIO C (P. Damián Ramírez)

"La semilla germina y va creciendo, sin que él sepa cómo" (Mc 4,26-34) 

Señor Jesús, buenos días. Llegamos, al viernes y se nos amontonan en la mente y en el corazón ¡tantas cosas! Te damos gracias por acompañar nuestros pasos y por poder sentir tu presencia bien cerca, por ti y por tantos. 

Señor Jesús, hoy nos preguntamos por qué nos cuesta tanto entender que eres Tú el motor de nuestra vida, que eres Tú el que nos habita y el que hace crecer todo cuanto somos, sin nosotros darnos cuenta, sin nosotros notarlo. Hoy te pedimos humildad para reconocer que lo mejor nuestro es tuyo, que nuestra vida está en tus manos y que te necesitamos cerca. 

Señor Jesús, al final de esta semana te pedimos que nos acompañes, que sigas haciéndonos crecer, que operes milagros en y por medio nuestro, que nos sigas dando vida y que nos enseñes a cuidarla, a multiplicarla y a darla sin medida. Gracias, Señor, por tanto. Sigue cerca, haz que notemos hoy que en ti somos esa semilla que germina y va creciendo. 

Así te lo pedimos. Así sea. 


Lectura del santo evangelio según san Marcos 4, 26-34

En aquel tiempo, Jesús decía al gentío:
«El reino de Dios se parece a un hombre que echa semilla en la tierra. Él duerme de noche y se levanta de mañana; la semilla germina y va creciendo, sin que él sepa cómo. La tierra va produciendo fruto sola: primero los tallos, luego la espiga, después el grano. Cuando el grano está a punto, se mete la hoz, porque ha llegado la siega».
Dijo también:
«¿Con qué podemos comparar el reino de Dios? ¿Qué parábola usaremos? Con un grano de mostaza: al sembrarlo en la tierra es la semilla más pequeña, pero después de sembrada crece, se hace más alta que las demás hortalizas y echa ramas tan grandes que los pájaros del cielo pueden anidar a su sombra».
Con muchas parábolas parecidas les exponía la palabra, acomodándose a su entender. Todo se lo exponía con parábolas, pero a sus discípulos se lo explicaba todo en privado.






jueves, 27 de enero de 2022

BAJO TU AMPARO (SUB TUUM PRAESIDIUM)

Bajo tu amparo nos acogemos, Santa Madre de Dios. No deseches las súplicas que te dirigimos en nuestras necesidades; antes bien, líbranos siempre de todo peligro, oh Virgen gloriosa y bendita. 

¿QUÉ ES LA VIRGEN PARA JESUCRISTO?

En todo momento, a lo largo de los 33 años de la vida de Cristo, la Virgen, María, lo es todo para Jesús.
Desde su "fiat voluntas tua", hágase tu voluntad, hasta el "Madre, he ahí a tu hijo" del Gólgota, María vive para Jesús.
Con el "hágase tu voluntad" inicia su maternidad... y ya no para. Desde aquel momento Jesús es su vida, por Él y para Él vive; lo alimenta a sus pechos, lo viste, lo cuida y defiende en su niñez; sigue paso a paso su pubertad, su juventud y su madurez. Nunca lo abandona.
Algunas que leéis esto sois madres, todos somos hijos. Pensad, vosotras madres, que sabéis lo que es querer a un hijo, cómo podría querer María a Jesús, sabiendo que su hijo era Dios encarnado, que aquella carne de su carne y sangre de su sangre era el Omnipotente.
Pensemos, como hijos, cómo podría Jesús querer a su madre, la bendita entre todas las mujeres.
¿Cómo harías tú a tu madre si pudieses fabricártela a la medida de tus deseos?¿Cómo, pues, la haría y elegiría Jesús-Cristo, Él que, por ser Dios, lo podía todo.
Así María es modelo de todas las virtudes. María fue sencillamente una mujer seglar, a la que el Señor hizo pasar por todas las etapas de la vida seglar: hija, esposa, madre, viuda, para que pudiera ser el modelo ejemplar y prototipo acabadísimo de todos.
Así María es modelo de fe vivísima, de esperanza inquebrantable, de caridad en su triple aspecto de amor a Dios, al prójimo y a sí misma por Dios. Es modelo de prudencia, de templanza y de justicia. Justicia para con Dios practicando la ley divina en grado máximo. Justicia para con el prójimo, en su obediencia y sumisión a San José como jefe de la Sagrada Familia.
Es modelo de fortaleza heroica en las incomodidades y privaciones de Belén, de Egipto y del Calvario.
Así es María, ejemplo y modelo de hija, de esposa, de madre y de viuda. Así pudo María, ante la salutación de Isabel, exclamar: "El Señor ha hecho en mí maravillas".
Sigamos nosotros sus hijos, en la medida de nuestras fuerzas, contando con nuestras flaquezas y debilidades humanas, el ejemplo de María. Pidámosle, como mediadora de todas las gracias, la gracia de la salvación eterna, que podamos al presentarnos ante su hijo al final de nuestra vida terrena, exclamar como Ella, aunque sea en voz bajita: "El Señor hizo en mí maravillas. Gloria al Señor".

ASÍ SEA

No hay otra mujer 

MEDITACIÓN JUEVES III TIEMPO ORDINARIO C (P. Damián Ramírez)

"La medida que uséis la usarán con vosotros, y con creces" (Mc 4,21-25) 

Señor Jesús, así es. Y lo sabemos. La medida que usamos con los otros la usarán con nosotros, porque quien siembra recoge y quien anda en amor, ni cansa ni se cansa. Y esa medida tuya queremos que también sea nuestra. Y esa medida habla de equidad, de justicia, de preferencia por los últimos, de calidez, de cuidado, de cariño. 

Señor Jesús, queremos usar tu medida, la del amor sin medida, la de la entrega incondicional, la del perdón reconstituyente, la de la cercanía humanizadora y la de la mirada acogedora. Enséñanos tu modo de hacer las cosas, comparte con nosotros tu estilo de relación, de servicio y de ser bendición para los demás. 

Señor Jesús, que cada uno de nosotros trate a los demás como tú nos tratas: con respeto, en libertad, con ternura y sabiéndonos en todo bendecidos por tu presencia. Cuida de nosotros. Cuida de los nuestros. 

Que donde nosotros no lleguemos siempre llegues tú. 

Así te lo pedimos. Así sea.


 

Lectura del santo evangelio según san Marcos 4, 21-25

En aquel tiempo, Jesús dijo al gentío:
«¿Se trae la lámpara para meterla debajo del celemín o debajo de la cama?, ¿no es para ponerla en el candelero? No hay nada escondido, sino para que sea descubierto; no hay nada oculto, sino para que salga a la luz. El que tenga oídos para oír, que oiga».
Les dijo también:
«Atención a lo que estáis oyendo: la medida que uséis la usarán con vosotros, y con creces. Porque al que tiene se le dará, y al que no tiene se le quitará hasta lo que tiene».