Hoy la iglesia nos invita a descubrir que debemos ser valientes para anunciar el evangelio. Cristo es avisado de que Herodes quiere matarlo, pero no tiene miedo, espera en Dios Padre para cumplir su voluntad y ser instrumento que traiga salvación, por eso sus palabras son de tristeza: cuantas veces he querido reunir a mis hijos como polluelos bajo mis alas, pero el hombre desde su libertad rechaza la salvación. San Pablo hoy nos invita a armarnos con las armas de Dios (verdad, justicia, paz, fe y el evangelio) para vencer el combate y vivir la alegría de la salvación. Seamos buenos y confiemos en Dios que nos dará la salvación y nos protege del mal.
1ª Lectura (Ef 6, 10-20): Hermanos: Buscad vuestra fuerza en el Señor y en su invencible poder. Poneos las armas que Dios os da, para poder resistir a las estratagemas del diablo, porque nuestra lucha no es contra hombres de carne y hueso, sino contra los principados, autoridades y poderes que dominan este mundo de tinieblas, contra las fuerzas sobrehumanas y supremas del mal. Por eso, tomad las armas de Dios, para poder resistir en el día fatal y, después de actuar a fondo, mantener las posiciones.
Estad firmes, repito: abrochaos el cinturón de la verdad, por coraza poneos la justicia; bien calzados para estar dispuestos a anunciar el Evangelio de la paz. Y, por supuesto, tened embrazado el escudo de la fe, donde se apagarán las flechas incendiarias del malo. Tomad por casco la salvación y por espada la del Espíritu, es decir, la palabra de Dios, insistiendo y pidiendo en la oración. Orad en toda ocasión con la ayuda del Espíritu. Tened vigilias en que oréis con constancia por todos los santos.
Pedid también por mí, para que Dios abra mi boca y me conceda palabras que anuncien sin temor el misterio contenido en el Evangelio, del que soy embajador en cadenas. Pedid que tenga valor para hablar de él como debo.
Salmo responsorial: 143
R/. Bendito el Señor, mi Roca.
Bendito el Señor, mi Roca, que adiestra mis manos para el combate, mis dedos para la pelea.
Mi bienhechor, mi alcázar, baluarte donde me pongo a salvo, mi escudo y mi refugio, que me somete los pueblos.
Dios mío, te cantaré un cántico nuevo, tocaré para ti el arpa de diez cuerdas: para ti que das la victoria a los reyes, y salvas a David, tu siervo.
Versículo antes del Evangelio (Cf. Lc 19, 38; 2,14): Aleluya. ¡Bendito el rey que viene en el nombre del Señor! ¡Paz en el cielo y gloria en las alturas! Aleluya.


















.jpg)
