Las lecturas de hoy jueves nos muestran una importante lección sobre la relación con Dios. Para la primera lectura los profetas Elías y luego Eliseo son grandes maestros de cercanía con Dios: ambos realizan portentos porque Dios está con ellos, porque es su Espíritu el que actúa a través de ellos y no tienen miedo de los hombres, sino que quieren cumplir con la voluntad de Dios. Y Jesús en el evangelio nos enseña cómo debemos hablar con Dios: como un Padre que nos quiere como hijos amados, que está atento a nuestras vidas para ayudarnos a ser felices y auténticos. ¿Confiamos plenamente en Dios, o tenemos que rezar como los paganos, que utilizaban muchas palabras para convencer a los dioses? Nuestro Padre sabe lo que necesitamos y quiere que sintamos la libertad de Ser hijos amados que no tienen miedo de lo mundano, sino que aman y perdonan para ser libres y felices. Seamos buenos, confiemos en Dios y alegrémonos por Ser hijos amados.
1ª Lectura (Eclo 48, 1-15): Surgió Elías, un profeta como un fuego, cuyas palabras eran horno encendido. Les quitó el sustento del pan, con su celo los diezmó; con el oráculo divino sujetó el cielo e hizo bajar tres veces el fuego. ¡Qué terrible eras, Elías!; ¿quién se te compara en gloria? Tú resucitaste un muerto, sacándolo del abismo por voluntad del Señor; hiciste bajar reyes a la tumba y nobles desde sus lechos. Escuchaste amenazas en el Sinaí; y sentencias de castigo en el Horeb. Ungiste reyes vengadores y nombraste un profeta como sucesor. Tú fuiste arrebatado en un torbellino de llamas, en un carro tirado por caballos de fuego. Está escrito que te reservan para el momento de aplacar la ira antes de que estalle, para reconciliar a padres con hijos, para restablecer las tribus de Israel. Dichoso quien te vea antes de morir, y más dichoso tú que vives. Elías fue arrebatado en el torbellino, y Eliseo recibió dos tercios de su espíritu. En vida hizo múltiples milagros y prodigios, con sólo decirlo; en vida no temió a ninguno, nadie pudo sujetar su espíritu; no hubo milagro que lo excediera: bajo él revivió la carne; en vida hizo maravillas y en muerte obras asombrosas.
Salmo responsorial: 96
R/. Alegraos, justos, con el Señor.
El Señor reina, la tierra goza, se alegran las islas innumerables. Tiniebla y nube lo rodean, justicia y derecho sostienen su trono.
Delante de él avanza fuego, abrasando en torno a los enemigos; sus relámpagos deslumbran el orbe, y, viéndolos, la tierra se estremece.
Los montes se derriten como cera ante el dueño de toda la tierra; los cielos pregonan su justicia, y todos los pueblos contemplan su gloria.
Los que adoran estatuas se sonrojan, los que ponen su orgullo en los ídolos; ante él se postran todos los dioses.
Versículo antes del Evangelio (Rom 8, 15): Aleluya. Habéis recibido el Espíritu de adopción de hijos en el que clamamos: Abba, Padre. Aleluya.
















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