miércoles, 1 de julio de 2026

MIÉRCOLES XIII TIEMPO ORDINARIO A


Hoy miércoles las lecturas nos quieren mostrar que Dios ha venido al mundo para enseñarnos el camino que conduce a Él, el camino del bien y del amor verdadero, pero nunca nos va a imponer lo que debemos hacer. El salmo de hoy nos muestra la reacción de Dios ante el pueblo, que con palabras y rituales quiere comprar el amor de Dios; pero Dios ama la justicia y el derecho, por eso no hace esclavos sino amigos libres. 

En el evangelio aparece Jesús en tierra pagana y, aunque muestra el amor de Dios devolviendo la vida a los dos endemoniados, sin embargo los gerasenos no quieren que permanezca entre ellos, rechazan el camino de Dios. Meditemos nosotros si queremos vivir con Dios siguiendo su voluntad de justicia y amor o preferimos seguir la vida a nuestra manera. Seamos buenos y confiemos en Dios, que quien sigue buen camino verá la salvación de Dios.



1ª Lectura (Am 5, 14-15.21-24): Buscad el bien y no el mal, y viviréis, y así estará con vosotros el Señor Dios de los ejércitos, como deseáis. Odiad el mal, amad el bien, defended la justicia en el tribunal. Quizá se apiade el Señor, Dios de los ejércitos, del resto de José. «Detesto y rehúso vuestras fiestas —oráculo del Señor—, no quiero oler vuestras ofrendas. Aunque me ofrezcáis holocaustos y dones, no me agradarán; no aceptaré los terneros cebados que sacrificáis en acción de gracias. Retirad de mi presencia el estruendo del canto, no quiero escuchar el son de la cítara; fluya como el agua el juicio, la justicia como arroyo perenne».


Salmo responsorial: 49

R/. Al que sigue buen camino le haré ver la salvación de Dios.

«Escucha, pueblo mío, que voy a hablarte; Israel, voy a dar testimonio contra ti; “yo, Dios, tu Dios”».

«No te reprocho tus sacrificios, pues siempre están tus holocaustos ante mí. Pero no aceptaré un becerro de tu casa, ni un cabrito de tus rebaños».

«Pues las fieras de la selva son mías, y hay miles de bestias en mis montes; conozco todos los pájaros del cielo, tengo a mano cuanto se agita en los campos».

«Si tuviera hambre, no te lo diría: pues el orbe y cuanto lo llena es mío. ¿Comeré yo carne de toros, beberé sangre de cabritos?».

«¿Por qué recitas mis preceptos y tienes siempre en la boca mi alianza, tú que detestas mi enseñanza y te echas a la espalda mis mandatos?».


Versículo antes del Evangelio (Sant 1, 18): Aleluya. De su voluntad nos ha engendrado el Padre por la Palabra de la verdad, para que seamos como primicias de sus criaturas. Aleluya.



Texto del Evangelio (Mt 8, 28-34): En aquel tiempo, al llegar Jesús a la otra orilla, a la región de los gadarenos, vinieron a su encuentro dos endemoniados que salían de los sepulcros, y tan furiosos que nadie era capaz de pasar por aquel camino. Y se pusieron a gritar: «¿Qué tenemos nosotros contigo, Hijo de Dios? ¿Has venido aquí para atormentarnos antes de tiempo?». Había allí a cierta distancia una gran piara de puercos paciendo. Y le suplicaban los demonios: «Si nos echas, mándanos a esa piara de puercos». Él les dijo: «Id». Saliendo ellos, se fueron a los puercos, y de pronto toda la piara se arrojó al mar precipicio abajo, y perecieron en las aguas. Los porqueros huyeron, y al llegar a la ciudad lo contaron todo y también lo de los endemoniados. Y he aquí que toda la ciudad salió al encuentro de Jesús y, en viéndole, le rogaron que se retirase de su término.













ORACIÓN A SAN NICASIO


¡Oh, san Nicasio! Ilustre obispo, mártir y protector nuestro, te ruego que intercedas por mí ante el Señor. En el nombre de nuestro Señor Jesucristo, te pido que protejas mi salud, mitigues toda enfermedad y me defiendas de cualquier contagio o mal. Amén.

martes, 30 de junio de 2026

MARTES XIII TIEMPO ORDINARIO A


Buenos días. Feliz martes. Hoy podemos aprender de la Palabra de Dios que siempre está presente en nuestras vidas, especialmente en los momentos más duros y difíciles. Pero no nos evita vivir dificultades sino que nos ayuda a seguir adelante. Puede parecer que en esos momentos no está presente, pero solo tenemos que tener fe, porque nunca nos dejará solos. Pero acordémonos de que Dios no es un mago sino el Creador de cielo y tierra, y todo lo que vivimos sirve para acercarnos más a Él, desapegarnos de lo pasajero y caduco y descubrir su amor eterno. Seamos buenos y confiemos en Dios, que por bondad nos llama a vivir en su corazón.



Lectura de la profecía de Amós 3, 1-8; 4, 11-12

Escuchad la palabra que el Señor ha pronunciado contra vosotros, hijos de Israel, contra toda tu tribu que saqué de Egipto:

«Sólo a vosotros he escogido de entre todas las tribus de la Tierra.

Por eso les pediré cuentas de todas sus transgresiones».

¿Acaso dos caminan juntos sin haberse puesto de acuerdo?

¿Acaso ruge el león en la foresta si no tiene una presa?

¿Deja el cachorro oír su voz desde la guarida si no ha apresado nada?

¿Acaso cae el pájaro en la red, a tierra, si no hay un lazo?

¿Salta la trampa del suelo si no tiene una presa?

¿Se toca el cuerno en una ciudad sin que se estremezca la gente?

¿Sucede una desgracia en una ciudad sin que el Señor la haya causado?

Ciertamente, nada hace el Señor Dios sin haber revelado su designio a sus servidores los profetas. Ha rugido el león, ¿quién no temerá?

El Señor Dios ha hablado, ¿quién no profetizará?

Os trastorné como Dios trastornó a Sodoma y Gomorra, y quedasteis como tizón sacado del incendio.

Pero no os convertisteis a mi -oráculo del Señor-.

Por eso, así voy a tratarte, Israel.

Sí, así voy a tratarte: prepárate al encuentro con tu Dios.

Palabra de Dios.


Salmo 5, 5-6a. 6b-7. 8 R/. Señor, guíame con tu justicia

Tú no eres un Dios que ame la maldad,
ni el malvado es tu huésped,
ni el arrogante se mantiene en tu presencia. R/.

Detestas a los malhechores,
destruyes a los mentirosos;
al hombre sanguinario y traicionero
lo aborrece el Señor. R/.

Pero yo, por tu gran bondad,
entraré en tu casa,
me postraré ante tu templo santo
con toda temor. R/.



Lectura del santo evangelio según san Mateo 8, 23-27

En aquel tiempo, subió Jesús a la barca, y sus discípulos lo siguieron. En esto se produjo una tempestad tan fuerte, que la barca desaparecía entre las olas; él dormía. Se acercaron y lo despertaron gritándole: «¡Señor, sálvanos, que perecemos!». Él les dice: «¿Por qué tenéis miedo, hombres de poca fe?». Se puso en pie, increpó a los vientos y al mar y vino una gran calma. Los hombres se decían asombrados: «¿Quién es este, que hasta el viento y el mar lo obedecen?».






RIMA LVIII (Gustavo Adolfo Bécquer)


¿Quieres que de ese néctar delicioso
no te amargue la hez?
Pues aspírale, acércale a tus labios
y déjale después.

¿Quieres que conservemos una dulce
memoria de este amor?
Pues amémonos hoy mucho, y mañana
digámonos ¡adiós!

 

lunes, 29 de junio de 2026

ORACIÓN A SANTA EMMA DE GURK




 

ORACIÓN SAN SIRO DE GÉNOVA


Señor Dios todopoderoso, que concediste a san Siro de Génova la gracia de pastorear a tu pueblo con sabiduría, firmeza y un profundo amor, te pedimos que, por su intercesión, nos ayudes a mantenernos firmes en la fe y a buscar siempre tu voluntad en nuestra vida. 
Concédenos, oh Dios, el espíritu de discernimiento para reconocer tu presencia en la Eucaristía, al igual que lo hizo tu siervo san Siro. Protégenos en nuestras dificultades y guíanos por el camino de la paz y la caridad.
Te lo pedimos por Jesucristo, nuestro Señor. Amén. 

ORACIÓN A SAN PEDRO (1)


 

SOLEMNIDAD DE LOS APÓSTOLES SAN PEDRO Y SAN PABLO


Hoy lunes celebramos a san Pedro y san Pablo, las dos columnas que ayudan a que la Iglesia siga a Cristo. Dos apóstoles escogidos por Cristo para llevar el evangelio hasta el confín del mundo. Pedro es la roca sobre la que se construye la Iglesia. Pablo nos aporta un gran conocimiento sobre la fe, y cómo vivirla. 

Las lecturas nos presentan lo que los dos apóstoles tienen que vivir para llegar a la meta, y los dos son conscientes de su limitación y su pecado, pero saben que la gracia de Dios hace posible lo que nuestra naturaleza humana nos limita. Seamos buenos y confiemos en Dios, que se fija en nosotros, que somos pobres, para enriquecernos con su Espíritu, y que podamos llevar el Evangelio como estos dos apóstoles. 



1ª Lectura (Hch 12, 1-11): En aquellos días, el rey Herodes se puso a perseguir a algunos miembros de la Iglesia. Hizo pasar a cuchillo a Santiago, hermano de Juan. Al ver que esto agradaba a los judíos, decidió detener a Pedro. Era la semana de Pascua. Mandó prenderlo y meterlo en la cárcel, encargando su custodia a cuatro piquetes de cuatro soldados cada uno; tenía intención de presentarlo al pueblo pasadas las fiestas de Pascua. Mientras Pedro estaba en la cárcel bien custodiado, la Iglesia oraba insistentemente a Dios por él.

La noche antes de que lo sacara Herodes, estaba Pedro durmiendo entre dos soldados, atado con cadenas. Los centinelas hacían guardia a la puerta de la cárcel. De repente, se presentó el ángel del Señor y se iluminó la celda. Tocó a Pedro en el hombro, lo despertó y le dijo: «Date prisa, levántate». Las cadenas se le cayeron de las manos y el ángel añadió: «Ponte el cinturón y las sandalias». Obedeció y el ángel le dijo: «Échate el manto y sígueme». Pedro salió detrás, creyendo que lo que hacía el ángel era una visión y no realidad. Atravesaron la primera y la segunda guardia, llegaron al portón de hierro que daba a la calle, y se abrió solo. Salieron, y al final de la calle se marchó el ángel. Pedro recapacitó y dijo: «Pues era verdad: el Señor ha enviado a su ángel para librarme de las manos de Herodes y de la expectación de los judíos».


Salmo responsorial: 33

R/. El Señor me libró de todas mis ansias.

Bendigo al Señor en todo momento, su alabanza está siempre en mi boca; mi alma se gloría en el Señor: que los humildes lo escuchen y se alegren.

Proclamad conmigo la grandeza del Señor, ensalcemos juntos su nombre. Yo consulté al Señor, y me respondió, me libró de todas mis ansias.

Contempladlo, y quedaréis radiantes, vuestro rostro no se avergonzará. Si el afligido invoca al Señor, él lo escucha y lo salva de sus angustias.

El ángel del Señor acampa en torno a sus fieles y los protege. Gustad y ved qué bueno es el Señor, dichoso el que se acoge a él.


2ª Lectura (2Tim 4, 6-8.17-18): Querido hermano: Yo estoy a punto de ser sacrificado y el momento de mi partida es inminente. He combatido bien mi combate, he corrido hasta la meta, he mantenido la fe. Ahora me aguarda la corona merecida, con la que el Señor, juez justo, me premiará en aquel día; y no sólo a mí, sino a todos los que tienen amor a su venida. El Señor me ayudó y me dio fuerzas para anunciar íntegro el mensaje, de modo que lo oyeran todos los gentiles. Él me libró de la boca del león. El Señor seguirá librándome de todo mal, me salvará y me llevará a su reino del cielo. A él la gloria por los siglos de los siglos. Amén.


Versículo antes del Evangelio (Mt 16, 18): Aleluya. Tú eres Pedro y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia; y las puertas del infierno no prevalecerán contra ella. Aleluya.



Texto del Evangelio (Mt 16, 13-19): En aquel tiempo, llegado Jesús a la región de Cesarea de Filipo, hizo esta pregunta a sus discípulos: «¿Quién dicen los hombres que es el Hijo del hombre?». Ellos dijeron: «Unos, que Juan el Bautista; otros, que Elías, otros, que Jeremías o uno de los profetas». Díceles Él: «Y vosotros ¿quién decís que soy yo?». Simón Pedro contestó: «Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios vivo». Replicando Jesús le dijo: «Bienaventurado eres Simón, hijo de Jonás, porque no te ha revelado esto la carne ni la sangre, sino mi Padre que está en los cielos. Y yo a mi vez te digo que tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella. A ti te daré las llaves del Reino de los Cielos; y lo que ates en la tierra quedará atado en los cielos, y lo que desates en la tierra quedará desatado en los cielos».












domingo, 28 de junio de 2026

ORACIÓN SAN IRENEO DE LYON (2)

 





DOMINGO XIII TIEMPO ORDINARIO A

Hoy las lecturas muestran que para vivir como cristianos debemos escoger amar a Dios sobre todas las cosas y ponerlo en el centro de nuestras vidas. En la primera lectura nos encontramos con la mujer que con bondad y sin ningún interés acoge al profeta porque ve en él a un hombre de Dios y su amor por Dios es recompensado con un hijo. 

Jesús en el evangelio nos muestra que amarlo y seguirlo con nuestras cruces de cada día nos llevará a la recompensa. El mismo Cristo ha muerto para que nosotros, uniéndonos a Él, tengamos vida eterna, lo único que hay que hacer es Amar a Dios, y amándolo descubriremos las maravillas que nos regala cada día. Seamos buenos y confiemos en Dios, nuestro escudo y fortaleza.



Lectura del segundo libro de los Reyes 4, 8-11. 14-16a

Pasó Eliseo un día por Sunén. Vivía allí una mujer principal que le insistió en que se quedase a comer; y, desde entonces, se detenía allí a comer cada vez que pasaba.

Ella dijo a su marido:
«Estoy segura de que es un hombre santo de Dios el que viene siempre a vernos. Construyamos en la terraza una pequeña habitación y pongámosle arriba una cama, una mesa, una silla y una lámpara, para que cuando venga pueda retirarse».

Llegó el día en que Eliseo se acercó por allí y se retiró a la habitación de arriba, donde se acostó.

Entonces se preguntó Eliseo:
«¿Qué podemos hacer por ella?».

Respondió Guejazí, su criado:
«Por desgracia no tiene hijos y su marido es ya anciano».

Eliseo ordenó que la llamase. La llamó y ella se detuvo a la entrada.

Eliseo le dijo:
«El año próximo, por esta época, tú estarás abrazando un hijo».


Salmo 88, 2-3. 16-17. 18-19 R/. Cantaré eternamente las misericordias del Señor.

Cantaré eternamente las misericordias del Señor, anunciaré tu fidelidad por todas las edades.
Porque dijiste: «La misericordia es un edificio eterno»,
más que el cielo has afianzado tu fidelidad. R/.

Dichoso el pueblo que sabe aclamarte:
caminará, oh, Señor, a la luz de tu rostro;
tu nombre es su gozo cada día,
tu justicia es su orgullo. R/.

Porque tú eres su honor y su fuerza,
y con tu favor realzas nuestro poder.
Porque el Señor es nuestro escudo,
y el Santo de Israel nuestro rey. R/.


Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos 6, 3-4. 8-11

Hermanos: Cuantos fuimos bautizados en Cristo Jesús fuimos bautizados en su muerte. Por el bautismo fuimos sepultados con él en la muerte, para que, lo mismo que Cristo resucitó de entre los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros andemos en una vida nueva. Si hemos muerto con Cristo, creemos que también viviremos con él; pues sabemos que Cristo, una vez resucitado de entre los muertos, ya no muere más; la muerte ya no tiene dominio sobre él. Porque quien ha muerto, ha muerto al pecado de una vez para siempre; y quien vive, vive para Dios. Lo mismo vosotros, consideraos muertos al pecado y vivos para Dios en Cristo Jesús.



Lectura del santo evangelio según san Mateo 10, 37-42

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus apóstoles:
«El que quiere a su padre o a su madre más que a mí, no es digno de mí; el que quiere a su hijo o a su hija más que a mí, no es digno de mí; y el que no carga con su cruz y me sigue, no es digno de mí. El que encuentre su vida la perderá, y el que pierda su vida por mí, la encontrará. El que os recibe a vosotros, me recibe a mí, y el que me recibe, recibe al que me ha enviado; el que recibe a un profeta porque es profeta, tendrá recompensa de profeta; y el que recibe a un justo porque es justo, tendrá recompensa de justo. El que dé a beber, aunque no sea más que un vaso de agua fresca, a uno de estos pequeños, sólo porque es mi discípulo, en verdad os digo que no perderá su recompensa».






sábado, 27 de junio de 2026

ORACIÓN SAN ZOILO DE CÓRDOBA


Dios mío, Tú que penetras el fondo de los corazones y que escudriñas lo más íntimo de las entrañas, ves con toda claridad cuál es el motivo de la aflicción y amargura con que vengo a tu divina presencia a pedirte humildemente el remedio de todos mis males, tanto espirituales como temporales. Te lo ruego, por la intercesión de tu amado siervo san Zoilo, por sus virtudes, sus méritos, su espantoso suplicio, su sangre tan profusamente derramada y su preciosa muerte, con tanto valor sufrida en defensa de nuestra adorable religión. Bien puedes, Dios mío, desechar mis ruegos por indignos de ser elevados al augusto trono de tu grandeza y majestad; pero no despreciarás los que en favor mío te dirige el glorioso atleta. Él es mi protector, bajo su patrocinio me pongo y confiado en su valimiento, espero conseguir lo que te pido, y principalmente la gracia de perseverar en tu santo servicio hasta la muerte, para después gozarte por los siglos de los siglos. Amén.




ORACIÓN A NUESTRA SEÑORA DEL PERPETUO SOCORRO (4)


 

SÁBADO XII TIEMPO ORDINARIO A

Hoy sábado por la mañana las lecturas presentan el dolor y el sufrimiento, y la única esperanza que nos queda es mirar con fe a Dios. La primera lectura ha señalado que el pueblo judío se ha apartado de Dios y ha escuchado a los falsos profetas y ahora está sufriendo las consecuencias. Y en el evangelio aparece un pagano, un centurión romano, que tiene un criado que sufre. Dios no quiere el sufrimiento de sus hijos, y el evangelio lo señala con las curaciones del criado, la suegra de Pedro, los endemoniados y enfermos agolpados a la puerta. Pero la clave está en que Cristo ha decidido cargar con nuestras dolencias y enfermedades. Él mismo pasa por ese momento y lo ofrece al Padre, y ese dolor y sufrimiento se convierten en fe viva, en esperanza eterna, en dar sentido profundo a la vida. El centurión ha descubierto la fe y confía en la Palabra de Cristo, que es vida. Seamos buenos y confiemos en Dios, que no se olvida de los pobres y se convierte en su mayor riqueza.





Lectura del libro de las Lamentaciones 2, 2. 10-14. 18-19

Ha destruido el Señor, sin piedad,
todas las moradas de Jacob;
ha destrozado, lleno de cólera,
las fortalezas de la hija de Judá;
echó por tierra y profanó
el reino y a sus príncipes.
Se sientan silenciosos en el suelo
los ancianos de la hija de Sion;
cubren de polvo su cabeza
y se ciñen con saco;
humillan hasta el suelo su cabeza
las doncellas de Jerusalén.
Se consumen en lágrimas mis ojos,
se conmueven mis entrañas;
muy profundo es mi dolor
por la ruina de la hija de mi pueblo;
los niños y lactantes desfallecen
por las plazas de la ciudad.
Preguntan a sus madres:
«¿Dónde hay pan y vino?»,
mientras agonizan, como los heridos,
por las plazas de la ciudad,
exhalando su último aliento
en el regazo de sus madres.
¿A quién te compararé,
a quién te igualaré, hija de Jerusalén?;
¿con quién te equipararé para consolarte,
doncella, hija de Sion?;
pues es grande como el mar tu desgracia:
¿quién te podrá curar?
Tus profetas te ofrecieron
visiones falsas y vanas;
no denunciaron tu culpa
para que cambiara tu suerte,
sino que te anunciaron
oráculos falsos y seductores.
Sus corazones claman al Señor.
Muralla de la hija de Sion,
¡derrama como un torrente
tus lágrimas día y noche;
no te des tregua,
no descansen tus ojos!
Levántate, grita en la noche,
al relevo de la guardia;
derrama como agua tu corazón
en presencia del Señor;
levanta tus manos hacia él
por la vida de tus niños,
que desfallecen de hambre
por las esquinas de las calles.


Salmo 73, 1b-2. 3-4. 5-7. 20-21 R/. No olvides sin remedio la vida de los pobres.

¿Por qué, oh, Dios, nos rechazas para siempre
y está ardiendo tu cólera contra las ovejas de tu rebaño?
Acuérdate de la comunidad que adquiriste desde antiguo,
de la tribu que rescataste para posesión tuya,
del monte Sion donde pusiste tu morada. R/.

Dirige tus pasos a estas ruinas sin remedio;
el enemigo ha arrasado del todo el santuario.
Rugían los agresores en medio de tu asamblea,
levantaron sus propios estandartes. R/.

Como quien se abre paso
entre la espesa arboleda,
todos juntos derribaron sus puertas,
las abatieron con hachas y mazas.
Prendieron fuego a tu santuario,
derribaron y profanaron
la morada de tu nombre. R/.

Piensa en tu alianza: que los rincones del país
están llenos de violencias.
Que el humilde no se marche defraudado,
que pobres y afligidos alaben tu nombre. R/.


Lectura del santo evangelio según san Mateo 8, 5-17

En aquel tiempo, al entrar Jesús en Cafarnaún, un centurión se le acercó rogándole:
«Señor, tengo en casa un criado que está en cama paralítico y sufre mucho».
Le contestó:
«Voy yo a curarlo».
Pero el centurión le replicó:
«Señor, no soy digno de que entres bajo mi techo. Basta que lo digas de palabra, y mi criado quedará sano. Porque yo también vivo bajo disciplina y tengo soldados a mis órdenes; y le digo a uno: “Ve”, y va; al otro: “Ven”, y viene; a mi criado: “Haz esto”, y lo hace».
Al oírlo, Jesús quedó admirado y dijo a los que lo seguían:
«En verdad os digo que en Israel no he encontrado en nadie tanta fe. Os digo que vendrán muchos de oriente y occidente y se sentarán con Abrahán, Isaac y Jacob en el reino de los cielos; en cambio, a los hijos del reino los echarán fuera, a las tinieblas. Allí será el llanto y el rechinar de dientes».
Y dijo Jesús al centurión:
«Vete; que te suceda según has creído».
Y en aquel momento se puso bueno el criado.
Al llegar Jesús a la casa de Pedro, vio a su suegra en cama con fiebre; le tocó su mano y se le pasó la fiebre; se levantó y se puso a servirle.
Al anochecer, le llevaron muchos endemoniados; él, con su palabra, expulsó los espíritus y curó a todos los enfermos para que se cumpliera lo dicho por medio del profeta Isaías:
«Él tomó nuestras dolencias y cargó con nuestras enfermedades».

 











viernes, 26 de junio de 2026

ORACIÓN A SAN PELAYO


Glorioso san Pelayo, joven mártir de Cristo y modelo de pureza, te pido que intercedas por mí ante el Señor. Concédele a mi corazón la valentía para defender mis valores y la fortaleza para mantenerme íntegro en medio de las dificultades. Ayúdame a guardar mi mente y mi corazón limpios de todo pecado, anteponiendo siempre el amor de Dios a las seducciones del mundo. Protégeme bajo tu amparo y guíame por el camino de la fidelidad. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.




VIERNES XII TIEMPO ORDINARIO A


Hoy viernes nos invita la Palabra a descubrir el sentido de la conversión. En la primera lectura, el pueblo de Israel sufre el destierro, la violencia y el abandono, pero todo porque se han apartado de Dios y han roto la Alianza, dejando al Dios vivo y adorando los ídolos. Sólo queda después del destierro un pequeño grupo de personas pobres y trabajadoras que siguen siendo fieles a Dios y que mantendrán la Alianza. 

En el evangelio nos encontramos con el pobre leproso marginado que cree en Dios, se acerca con fe para pedir la purificación, y Cristo le ofrece la limpieza y la restauración. Hoy nosotros debemos aprender que si creemos y confiamos en Dios, Él siempre nos ayuda a vivir con esperanza y amor, pero si nos apartamos de Dios y no reconocemos nuestras impurezas experimentamos el abandono y la muerte. Seamos como los pobres viñadores y el marginado leproso, que confían en poder ser purificados por la gracia de Dios. Seamos buenos y confiemos en Dios, que nos llama a ponerlo como la cumbre de nuestras alegrías. 



1ª Lectura (2Re 25, 1-12): El año noveno del reinado de Sedecías, el día diez del décimo mes, Nabucodonosor, rey de Babilonia, vino a Jerusalén con todo su ejército, acampó frente a ella y construyó torres de asalto alrededor. La ciudad quedó sitiada hasta el año once del reinado de Sedecías, el día noveno del mes cuarto. El hambre apretó en la ciudad, y no había pan para la población. Se abrió brecha en la ciudad, y los soldados huyeron de noche por la puerta entre las dos murallas, junto a los jardines reales, mientras los caldeos rodeaban la ciudad, y se marcharon por el camino de la estepa.

El ejército caldeo persiguió al rey; lo alcanzaron en la estepa de Jericó, mientras sus tropas se dispersaban abandonándolo. Apresaron al rey y se lo llevaron al rey de Babilonia, que estaba en Ribla, y lo procesó. A los hijos de Sedecías los hizo ajusticiar ante su vista; a Sedecias lo cegó, le echó cadenas de bronce y lo llevó a Babilonia.

El día primero del quinto mes, que corresponde al año diecinueve del reinado de Nabucodonosor en Babilonia, llegó a Jerusalén Nabusardán, jefe de la guardia, funcionario del rey de Babilonia. Incendió el templo, el palacio real y las casas de Jerusalén, y puso fuego a todos los palacios. El ejército caldeo, a las órdenes del jefe de la guardia, derribó las murallas que rodeaban a Jerusalén. Nabusardán, jefe de la guardia, se llevó cautivos al resto del pueblo que había quedado en la ciudad, a los que se habían pasado al rey de Babilonia y al resto de la plebe. De la clase baja dejó algunos como viñadores y hortelanos.


Salmo responsorial: 136

R/. Que se me pegue la lengua al paladar si no me acuerdo de ti.

Junto a los canales de Babilonia nos sentamos a llorar con nostalgia de Sión; en los sauces de sus orillas colgábamos nuestras cítaras.

Allí los que nos deportaron nos invitaban a cantar; nuestros opresores, a divertirlos: «Cantadnos un cantar de Sión».

¡Cómo cantar un cántico del Señor en tierra extranjera! Si me olvido de ti, Jerusalén, que se me paralice la mano derecha.

Que se me pegue la lengua al paladar si no me acuerdo de ti, si no pongo a Jerusalén en la cumbre de mis alegrías.


Versículo antes del Evangelio (Mt 8, 17): Aleluya. Cristo hizo suyas nuestras debilidades y cargó con nuestros dolores. Aleluya.



Texto del Evangelio (Mt 8, 1-4): En aquel tiempo, cuando Jesús bajó del monte, fue siguiéndole una gran muchedumbre. En esto, un leproso se acercó y se postró ante Él, diciendo: «Señor, si quieres puedes limpiarme». Él extendió la mano, le tocó y dijo: «Quiero, queda limpio». Y al instante quedó limpio de su lepra. Y Jesús le dice: «Mira, no se lo digas a nadie, sino vete, muéstrate al sacerdote y presenta la ofrenda que prescribió Moisés, para que les sirva de testimonio».