en morir y en matarte.
-¡Morir! ¡Matar! ¡Doy gracias a los cielos!
¡Cuánto amor! ¡Aún hay arte!
-Voy a partir, mas fía en mi constancia,
que es eterna en amarte.
-¿Aún la fe vence al tiempo y la distancia?
¡Gloria a Dios! ¡Aún hay arte!
Buenos días. Hoy martes las lecturas nos quieren enseñar la virtud de la humildad. Dios quiere, en la primera lectura, que Sodoma se convierta de sus malas acciones, y serán perdonados todos los pecados. El salmo destaca que el único sacrificio que agrada a Dios es la acción de gracias de un corazón sincero y humilde. Y el evangelio destaca la hipocresía de los escribas y fariseos que sólo cumplen la ley esperando la recompensa de los hombres. Santa Teresa de Jesús decía que la verdad es andar en humildad y esto es cierto, pero cuidado, porque nos puede pasar como a los fariseos y tratemos de parecer tan humildes que seamos falsos. La humildad y la verdad van unidas y se muestran cuando nos implicamos trabajando con todo el corazón por convertirnos y transformar nuestro mundo. Seamos buenos y confiemos en Dios, que ve nuestro interior y conoce nuestras intenciones.
1ª Lectura (Is 1, 10.16-20): Oíd la palabra del Señor, príncipes de Sodoma, escucha la enseñanza de nuestro Dios, pueblo de Gomorra. «Lavaos, purificaos, apartad de mi vista vuestras malas acciones. Dejad de hacer el mal, aprended a hacer el bien. Buscad la justicia, socorred al oprimido, proteged el derecho del huérfano, defended a la viuda. Venid entonces, y discutiremos —dice el Señor—. Aunque vuestros pecados sean como escarlata, quedarán blancos como nieve; aunque sean rojos como la púrpura, quedarán como lana. Si sabéis obedecer, comeréis de los frutos de la tierra; si rehusáis y os rebeláis, os devorará la espada. Ha hablado la boca del Señor».
Salmo responsorial: 49
R/. Al que sigue buen camino le haré ver la salvación de Dios.
No te reprocho tus sacrificios, pues siempre están tus holocaustos ante mí. Pero no aceptaré un becerro de tu casa, ni un cabrito de tus rebaños.
¿Por qué recitas mis preceptos y tienes siempre en la boca mi alianza, tú que detestas mi enseñanza y te echas a la espalda mis mandatos?
Esto haces, ¿y me voy a callar? ¿Crees que soy como tú? Te acusaré, te lo echaré en cara. El que me ofrece acción de gracias, ése me honra; al que sigue buen camino le haré ver la salvación de Dios».
Versículo antes del Evangelio (Ez 18, 31): Echad lejos de vosotros todas vuestras prevaricaciones, dice el Señor, y haceos un corazón nuevo y un espíritu nuevo.
Buenos días. Es lunes y las lecturas son hoy muy claras: Dios es rico en misericordia y perdona nuestras faltas, siempre que nos volvamos hacia Él y nos mostremos arrepentidos y dispuestos a aceptar su amor. Por eso Jesús nos quiere enseñar a amar como ama Dios: no juzgar, no condenar, perdonar, y amar como Dios nos ama. Seamos buenos y confiemos en Dios, que nunca nos trata como merecerían nuestros pecados.
1ª Lectura (Dan 9, 4b-10): ¡Ay, mi Señor, Dios grande y terrible, que guarda la alianza y es leal con los que lo aman y cumplen sus mandamientos! Hemos pecado, hemos cometido crímenes y delitos, nos hemos rebelado apartándonos de tus mandatos y preceptos. No hicimos caso a tus siervos los profetas, que hablaban en tu nombre a nuestros reyes, a nuestros príncipes, a nuestros padres y a todo el pueblo de la tierra. Tú, mi Señor, tienes razón y a nosotros nos abruma la vergüenza, tal como sucede hoy a los hombres de Judá, a los habitantes de Jerusalén y a todo Israel, a los de cerca y a los de lejos, en todos los países por donde los dispersaste a causa de los delitos que cometieron contra ti. Señor, nos abruma la vergüenza: a nuestros reyes, príncipes y padres, porque hemos pecado contra ti. Pero, mi Señor, nuestro Dios, es compasivo y perdona, aunque nos hemos rebelado contra él. No obedecimos la voz del Señor, nuestro Dios, siguiendo las normas que nos daba por medio de sus siervos, los profetas.
Salmo responsorial: 78
R/. Señor, no nos trates como merecen nuestros pecados.
No recuerdes contra nosotros las culpas de nuestros padres; que tu compasión nos alcance pronto, pues estamos agotados.
Socórrenos, Dios, Salvador nuestro, por el honor de tu nombre; líbranos y perdona nuestros pecados a causa de tu nombre.
Nosotros, pueblo, ovejas de tu rebaño, te daremos gracias siempre, cantaremos tus alabanzas de generación en generación.
Versículo antes del Evangelio (Jn 6, 64.69): Tus palabras, Señor, son espíritu y vida. Tú tienes palabras de vida eterna.
Texto del Evangelio (Lc 6, 36-38): En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «Sed compasivos, como vuestro Padre es compasivo. No juzguéis y no seréis juzgados, no condenéis y no seréis condenados; perdonad y seréis perdonados. Dad y se os dará; una medida buena, apretada, remecida, rebosante pondrán en el halda de vuestros vestidos. Porque con la medida con que midáis se os medirá».
Buenos días. Feliz domingo 2º de Cuaresma. Día de la nueva creación. Hoy las lecturas señalan la gloria que esperamos alcanzar. En el evangelio de Mateo, Cristo se presenta como heredero de las promesas del Antiguo Testamento y abrirá el camino de la gloria. Pero este camino hay que vivirlo con fe, como Abraham, poniéndonos en camino, recorriendo la vida y tomando parte en los duros trabajos del evangelio. Por eso Jesús quiere mostrarnos que todo las dificultades que vivamos o la dureza del camino nos llevará a la gloria si tenemos fe. Seamos buenos y confiemos en Dios, que es nuestro auxilio y salvación.
1ª Lectura (Gén 12,1-4a): En aquellos días, el Señor dijo a Abrán: «Sal de tu tierra y de la casa de tu padre, hacia la tierra que te mostraré. Haré de ti un gran pueblo, te bendeciré, haré famoso tu nombre, y será una bendición. Bendeciré a los que te bendigan, maldeciré a los que te maldigan. Con tu nombre se bendecirán todas las familias del mundo». Abrán marchó, como le había dicho el Señor.
Salmo responsorial: 32
R/. Que tu misericordia, Señor, venga sobre nosotros, como lo esperamos de ti.
La palabra del Señor es sincera, y todas sus acciones son leales; él ama la justicia y el derecho, y su misericordia llena la tierra.
Los ojos del Señor están puestos en sus fieles, en los que esperan en su misericordia, para librar sus vidas de la muerte y reanimarlos en tiempo de hambre.
Nosotros aguardamos al Señor: él es nuestro auxilio y escudo. Que tu misericordia, Señor, venga sobre nosotros, como lo esperamos de ti.
2ª Lectura (2Tim 1, 8b-10): Toma parte en los duros trabajos del Evangelio, según la fuerza de Dios. Él nos salvó y nos llamó a una vida santa, no por nuestros méritos, sino porque, desde tiempo inmemorial, Dios dispuso darnos su gracia, por medio de Jesucristo; y ahora, esa gracia se ha manifestado al aparecer nuestro Salvador Jesucristo, que destruyó la muerte y sacó a la luz la vida inmortal, por medio del Evangelio.
Versículo antes del Evangelio (Cf. Mt 17, 5): En la nube resplandeciente se oyó la voz del Padre: «Éste es mi Hijo el amado; oídle».
No te ocupes en cosas ajenas ni te entrometas en las cosas de los mayores (KEMPIS, lib. XI, 1)
I. A LOS QUINCE AÑOS
San José, hombre de silencio, tú que en el Evangelio no has pronunciado ninguna palabra, enséñanos a ayunar de las palabras vanas, a redescubrir el valor de las palabras que edifican, animan, consuelan, sostienen. Hazte cercano a aquellos que sufren a causa de las palabras que hieren, como las calumnias y las maledicencias, y ayúdanos a unir siempre los hechos a las palabras. Amén.
Buenos días. Hoy sábado por la mañana las lecturas nos muestran la nueva ley: la del Amor. En la primera lectura Dios ha dado unos mandamientos a Moisés para que el pueblo comience a seguir a Dios y los cumpla de corazón. Y en el evangelio, Cristo, nuevo Moisés, nos trae unos mandamientos nuevos: las Bienaventuranzas que marcan una vida llena de amor, esperanza y fe. En este tiempo de Cuaresma Cristo nos enseña que la conversión significa amar incluso a los que no nos aman, y si no cambiamos nuestro corazón seguiremos viviendo los mandamientos como un cumplimiento pero no con todo el corazón y con toda el alma. Seamos buenos, confiemos en Dios y convirtamos nuestro corazón para ser perfectos como nuestro Padre es perfecto.
1ª Lectura (Dt 26, 16-19): Moisés habló al pueblo, diciendo: «Hoy el Señor, tu Dios, te manda que cumplas estos mandatos y decretos. Acátalos y cúmplelos con todo tu corazón y con toda tu alma. Hoy has elegido al Señor para que Él sea tu Dios y tú vayas por sus caminos, observes sus mandatos, preceptos y decretos, y escuches su voz. Y el Señor te ha elegido para que seas su propio pueblo, como te prometió, y observes todos sus preceptos. Él te elevará en gloria, nombre y esplendor, por encima de todas las naciones que ha hecho, y serás el pueblo santo del Señor, tu Dios, como prometió».
Salmo responsorial: 118
R/. Dichoso el que camina en la voluntad del Señor.
Dichoso el que, con vida intachable, camina en la ley del Señor; dichoso el que, guardando sus preceptos, lo busca de todo corazón.
Tú promulgas tus mandatos para que se observen exactamente. Ojalá esté firme mi camino, para cumplir tus decretos.
Te alabaré con sincero corazón cuando aprenda tus justos mandamientos. Quiero guardar tus decretos exactamente, tú no me abandones.
Versículo antes del Evangelio (2Cor 6, 2): He aquí ahora el tiempo favorable, he aquí ahora el día de la salvación.
Texto del Evangelio (Mt 5, 43-48): En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «Habéis oído que se dijo: ‘Amarás a tu prójimo y odiarás a tu enemigo’. Pues yo os digo: Amad a vuestros enemigos y rogad por los que os persigan, para que seáis hijos de vuestro Padre celestial, que hace salir su sol sobre malos y buenos, y llover sobre justos e injustos. Porque si amáis a los que os aman, ¿qué recompensa vais a tener? ¿No hacen eso mismo también los publicanos? Y si no saludáis más que a vuestros hermanos, ¿qué hacéis de particular? ¿No hacen eso mismo también los gentiles? Vosotros, pues, sed perfectos como es perfecto vuestro Padre celestial».
De un junco desprendido a una corriente
un gusano cayó,
y una trucha, saltando de repente,
voraz se lo tragó.
Un martín-pescador cogió a la trucha
con carnívoro afán,
y al pájaro después, tras fiera lucha,
lo apresó un gavilán.
Vengando esta cruel carnicería,
un diestro cazador
dio un tiro al gavilán, que se comía
al martín-pescador.
Pero ¡ay! al cazador desventurado
que al gavilán hirió,
por cazar sin licencia y en vedado,
un guarda lo mató.
A otros nuevos gusanos dará vida
del muerto la hediondez,
para volver, la rueda concluida,
a empezar otra vez.
¿Y el amor? ¿Y la dicha? Los nacidos
¿no han de tener más fin
que el de ser comedores y comidos
del universo en el atroz festín?...
Buenos días. Hoy es viernes de Cuaresma y las lecturas nos muestran lo que significa la justicia divina: amor que se compadece y perdona. Así el profeta Ezequiel explica que Dios no quiere la muerte de nadie sino la conversión de las malas obras. Y en el evangelio, Cristo nos pide que nuestra justicia sea mayor que la de los escribas y fariseos, es decir, que miremos al prójimo tratándolo como nos gustaría que nos tratasen a nosotros, especialmente cuando el prójimo está más necesitado de compasión; porque los mandamientos no son simples normas sino más bien una guía que nos enseña a crecer en santidad para poder ser auténticamente justos. Seamos buenos y confiemos en Dios, que infunde amor y respeto, porque su justicia es perdón y misericordia.
1ª Lectura (Ez 18, 21-28): Esto dice el Señor Dios: «Si el malvado se convierte de todos los pecados cometidos y observa todos mis preceptos, practica el derecho y la justicia, ciertamente vivirá y no morirá. No se tendrán en cuenta los delitos cometidos; por la justicia que ha practicado, vivirá. ¿Acaso quiero yo la muerte del malvado —oráculo del Señor Dios—, y no que se convierta de su conducta y viva? Si el inocente se aparta de su inocencia y comete maldades, como las acciones detestables del malvado, ¿acaso podrá vivir? No se tendrán en cuenta sus obras justas. Por el mal que hizo y por el pecado cometido, morirá. Y dijisteis: No es justo el proceder del Señor. Escuchad, casa de Israel: ¿Es injusto mi proceder? ¿No es más bien vuestro proceder el que es injusto? Cuando el inocente se aparta de su inocencia, comete la maldad y muere, muere por la maldad que cometió. Y cuando el malvado se convierte de la maldad que hizo y practica el derecho y la justicia, él salva su propia vida. Si recapacita y se convierte de los delitos cometidos, ciertamente vivirá y no morirá».
Salmo responsorial: 129
R/. Si llevas cuenta de los delitos, Señor, ¿quién podrá resistir?
Desde lo hondo a ti grito, Señor; Señor, escucha mi voz; estén tus oídos atentos a la voz de mi súplica.
Si llevas cuenta de los delitos, Señor, ¿quién podrá resistir? Pero de ti procede el perdón, y así infundes temor.
Mi alma espera en el Señor, espera en su palabra; mi alma aguarda al Señor, más que el centinela la aurora. Aguarde Israel al Señor, como el centinela la aurora.
Porque del Señor viene la misericordia, la redención copiosa; y el redimirá a Israel de todos sus delitos.
Versículo antes del Evangelio (Ez 18, 31): Echad lejos de vosotros todas vuestras prevaricaciones, dice el Señor, y haceos un corazón nuevo y un espíritu nuevo.
Oh Dios, que enseñaste a san Gabriel de la Dolorosa a meditar asiduamente los dolores de tu dulcísima Madre y le concediste alcanzar por ella las cumbres de la santidad, concédenos a nosotros, por su intercesión y ejemplo, vivir tan unidos a tu Madre Dolorosa que gocemos siempre de su maternal protección. Tú, que vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén.
Oh Dios, que has dado a santa Honorina la fortaleza para defender su fe y su pureza hasta el martirio, concédenos por su intercesión la gracia de vivir con firmeza en medio de las dificultades. Te pedimos, por los méritos de esta virgen y mártir, que nos protejas de todo mal, protejas a los viajeros y nos concedas la petición que hoy te hacemos (pedir la gracia). Te lo pedimos por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.
Buenos días. Las lecturas de hoy nos muestran la importancia de la oración de petición. Jesús nos enseña a pedir al Padre, siempre y sin cansarnos, como hace la reina Ester, sabiendo que Él es quien siempre está atento y nos ayuda. Pero también nos muestra que pedir a Dios no es escribir la carta a los Reyes Magos, sino pedir lo que necesitamos para nuestra salvación. Nuestra oración debe ser generosa y desprendida, teniendo siempre presente al prójimo. Seamos buenos y confiemos en Dios, que cuando le rezamos aumenta el valor en nuestras almas.
1ª Lectura (Est 14,1.3—5.12-14): En aquellos días, la reina Ester, presa de un temor mortal, se refugió en el Señor. Y se postró en tierra con sus doncellas desde la mañana a la tarde, diciendo: «¡Bendito seas, Dios de Abrahán, Dios de Isaac y Dios de Jacob! Ven en mi ayuda, que estoy sola y no tengo otro socorro fuera de ti, Señor, porque me acecha un gran peligro. Yo he escuchado en los libros de mis antepasados, Señor, que tú libras siempre a los que cumplen tu voluntad. Ahora, Señor, Dios mío, ayúdame, que estoy sola y no tengo a nadie fuera de ti. Ahora, ven en mi ayuda, pues estoy huérfana, y pon en mis labios una palabra oportuna delante del león, y hazme grata a sus ojos. Cambia su corazón para que aborrezca al que nos ataca, para su ruina y la de cuantos están de acuerdo con él. Líbranos de la mano de nuestros enemigos, cambia nuestro luto en gozo y nuestros sufrimientos en salvación».
Salmo responsorial: 137
R/. Cuando te invoqué, me escuchaste, Señor.
Te doy gracias, Señor, de todo corazón, porque escuchaste las palabras de mi boca; delante de los ángeles tañeré para ti, me postraré hacia tu santuario.
Daré gracias a tu nombre: por tu misericordia y tu lealtad, porque tu promesa supera tu fama. Cuando te invoqué, me escuchaste, acreciste el valor en mi alma.
Tu derecha me salva. El Señor completará sus favores conmigo. Señor, tu misericordia es eterna, no abandones la obra de tus manos.
Versículo antes del Evangelio (Sal 50, 12a.14a): Crea en mí, Señor, un corazón puro y devuélveme tu salvación, que regocija.
Texto del Evangelio (Mt 7, 7-12): En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «Pedid y se os dará; buscad y hallaréis; llamad y se os abrirá. Porque todo el que pide recibe; el que busca, halla; y al que llama, se le abrirá. ¿O hay acaso alguno entre vosotros que al hijo que le pide pan le dé una piedra; o si le pide un pez, le dé una culebra? Si, pues, vosotros, siendo malos, sabéis dar cosas buenas a vuestros hijos, ¡cuánto más vuestro Padre que está en los cielos dará cosas buenas a los que se las pidan! Por tanto, todo cuanto queráis que os hagan los hombres, hacédselo también vosotros a ellos; porque ésta es la Ley y los Profetas».