Buenos días. Es jueves después de Ceniza. Y las lecturas nos hablan de vida y muerte. Parece que es fácil la decisión y en la primera lectura el pueblo de Israel es puesto en aviso, de lo que significa escoger a Dios o rechazarlo. Pero la decisión se complica en el evangelio, Jesús anuncia su muerte que le llevará a la resurrección. Y nos hace una propuesta: si escogemos seguirlo hay que pasar por la muerte, cargarnos con nuestra cruz y entonces llegaremos a la vida. Aunque también podemos escoger el camino que el mundo nos ofrece de aparente tranquilidad y bienestar pero que nos lleva al egoísmo y la muerte. La decisión parece sencilla pero ¿qué vamos a escoger? Seamos buenos y confiemos en Dios, porque quien permanece en Él será como un árbol al borde de la acequia que nunca perderá sus hojas.
Lectura del libro del Deuteronomio 30, 15-20
Moisés habló al pueblo, diciendo:
«Mira: hoy pongo delante de ti la vida y el bien, la muerte y el mal. Pues yo te mando hoy amar al Señor, tu Dios, seguir sus caminos, observar sus preceptos, mandatos y decretos, y así vivirás y crecerás y el Señor, tu Dios, te bendecirá en la tierra donde vas a entrar para poseerla.
Pero, si tu corazón se aparta y no escuchas, si te dejas arrastrar y te postras ante otros dioses y les sirves, yo os declaro hoy que moriréis sin remedio; no duraréis mucho en la tierra adonde tú vas a entrar para tomarla en posesión una vez pasado el Jordán.
Hoy cito como testigos contra vosotros al cielo y a la tierra. Pongo delante de ti la vida y muerte, la bendición y la maldición. Elige la vida, para que viváis tú y tu descendencia, amando al Señor, tu Dios, escuchando su voz, adhiriéndote a él, pues él es tu vida y tus muchos años en la tierra que juró dar a tus padres Abrahán, Isaac y Jacob».
Salmo 1, 1-2. 3. 4 y 6 R/. Dichoso el hombre que ha puesto su confianza en el Señor.
Dichoso el hombre
que no sigue el consejo de los impíos,
ni entra por la senda de los pecadores,
ni se sienta en la reunión de los cínicos;
sino que su gozo es la ley del Señor,
y medita su ley día y noche. R/.
Será como un árbol
plantado al borde de la acequia:
da fruto en su sazón
y no se marchitan sus hojas;
y cuanto emprende tiene buen fin. R/.
No así los impíos, no así;
serán paja que arrebata el viento.
Porque el Señor protege el camino de los justos,
pero el camino de los impíos acaba mal. R/.
Lectura del santo evangelio según san Lucas 9, 22-25
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«El Hijo del hombre tiene que padecer mucho, ser desechado por los ancianos, sumos sacerdotes y escribas, ser ejecutado y resucitar al tercer día».
Entonces decía a todos:
«Si alguno quiere venir en pos de mí, que se niegue a sí mismo, tome su cruz cada día y me siga. Pues el que quiera salvar su vida la perderá; pero el que pierda su vida por mi causa la salvará. ¿De qué le sirve a uno ganar el mundo entero si se pierde o se arruina a sí mismo?».
Buenos días. Comenzamos la Cuaresma, tiempo de espera y profundización que nos lleva a la Resurrección. Hoy, Miércoles de Ceniza, las lecturas nos muestran que estamos en un tiempo de salvación, por eso el profeta Joel habla de la conversión del corazón. Lo mismo que el evangelio de Mateo: hagamos oración, ayuno y limosna pero desde el corazón, para que busquemos la misericordia de Dios. Cristo, como nos explica san Pablo, se ha convertido en pecado para llevarnos al mismo corazón de Dios. Practiquemos esta cuaresma la oración, el ayuno y la limosna, no para que nos vean los hombres sino Dios. Seamos buenos y confiemos en Dios, que su misericordia lava nuestros delitos y limpia nuestros pecados.
1ª Lectura (Jl 2, 12-18): Ahora —dice el Señor— convertíos a mí de todo corazón, con ayunos, llantos y lamentos; rasgad vuestros corazones, no vuestros vestidos, y convertíos al Señor vuestro Dios, un Dios compasivo y misericordioso, lento a la cólera y rico en amor, que se arrepiente del castigo. ¡Quién sabe si cambiará y se arrepentirá dejando tras de sí la bendición, ofrenda y libación para el Señor, vuestro Dios! Tocad la trompeta en Sion, proclamad un ayuno santo, convocad a la asamblea, reunid a la gente, santificad a la comunidad, llamad a los ancianos; congregad a los muchachos y a los niños de pecho; salga el esposo de la alcoba y la esposa del tálamo. Entre el atrio y el altar lloren los sacerdotes, servidores del Señor, y digan: «Ten compasión de tu pueblo, Señor; no entregues tu heredad al oprobio ni a las burlas de los pueblos». ¿Por qué van a decir las gentes: «Dónde está su Dios»? Entonces se encendió el celo de Dios por su tierra y perdonó a su pueblo.
Salmo responsorial: 50
R/. Misericordia, Señor: hemos pecado.
Misericordia, Dios mío, por tu bondad, por tu inmensa compasión borra mi culpa; lava del todo mi delito, limpia mi pecado.
Pues yo reconozco mi culpa, tengo siempre presente mi pecado. Contra ti, contra ti sólo pequé, cometí la maldad en tu presencia.
Oh, Dios, crea en mí un corazón puro, renuévame por dentro con espíritu firme. No me arrojes lejos de tu rostro, no me quites tu santo espíritu.
Devuélveme la alegría de tu salvación, afiánzame con espíritu generoso. Señor, me abrirás los labios, y mi boca proclamará tu alabanza.
2ª Lectura (2Cor 5, 20–6,2): Hermanos: Actuamos como enviados de Cristo, y es como si Dios mismo exhortara por medio de nosotros. En nombre de Cristo os pedimos que os reconciliéis con Dios. Al que no conocía el pecado, lo hizo pecado en favor nuestro, para que nosotros llegáramos a ser justicia de Dios en él. Y como cooperadores suyos, os exhortamos a no echar en saco roto la gracia de Dios. Pues dice: «En el tiempo favorable te escuché, en el día de la salvación te ayudé». Pues mirad: ahora es el tiempo favorable, ahora es el día de la salvación.
Versículo antes del Evangelio (Sal 94, 8): Hoy, no queráis endurecer vuestros corazones, sino oíd la voz del Señor.
Texto del Evangelio (Mt 6, 1-6.16-18): En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «Cuidad de no practicar vuestra justicia delante de los hombres para ser vistos por ellos; de lo contrario no tendréis recompensa de vuestro Padre celestial. Por tanto, cuando hagas limosna, no lo vayas trompeteando por delante como hacen los hipócritas en las sinagogas y por las calles, con el fin de ser honrados por los hombres; en verdad os digo que ya reciben su paga. Tú, en cambio, cuando hagas limosna, que no sepa tu mano izquierda lo que hace tu derecha; así tu limosna quedará en secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará.
Y cuando oréis, no seáis como los hipócritas, que gustan de orar en las sinagogas y en las esquinas de las plazas bien plantados para ser vistos de los hombres; en verdad os digo que ya reciben su paga. Tú, en cambio, cuando vayas a orar, entra en tu aposento y, después de cerrar la puerta, ora a tu Padre, que está allí, en lo secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará. Cuando ayunéis, no pongáis cara triste, como los hipócritas, que desfiguran su rostro para que los hombres vean que ayunan; en verdad os digo que ya reciben su paga. Tú, en cambio, cuando ayunes, perfuma tu cabeza y lava tu rostro, para que tu ayuno sea visto, no por los hombres, sino por tu Padre que está allí, en lo secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará».
Después de días de tormentas llenos te vi en misa rezar con santa calma, y dije para mí: -¡Del mal el menos: da el cuerpo al diablo, pero a Dios el alma!
Buenos días. Hoy es martes y mañana comenzamos el tiempo de Cuaresma, que nos ayuda a buscar mas profundamente a Dios. Hoy las lecturas nos hacen una propuesta invitándonos a cuidar qué deseamos. La primera lectura advierte de que si nuestro corazón desea cosas materiales al final sufre y se aparta de Dios, porque Él siempre quiere darnos vida. Y el evangelio señala a los apóstoles preocupados por el pan y a Jesús que les advierte de la levadura de los fariseos, que buscan crear miedo y desconfianza; por eso recuerda los milagros de la multiplicación. Debemos confiar en la providencia amorosa de Dios, que nunca en la dificultad nos abandona, y aunque tengamos que pasar por oscuridades deseemos sólo a Dios. Seamos buenos y confiemos en Dios, que nos sostiene para que no tropecemos.
1ª Lectura (Sant 1, 12-18): Dichoso el hombre que soporta la prueba, porque, una vez aquilatado, recibirá la corona de la vida que el Señor ha prometido a los que lo aman. Cuando alguien se ve tentado, no diga que Dios lo tienta; Dios no conoce la tentación al mal y él no tienta a nadie. A cada uno le viene la tentación cuando su propio deseo lo arrastra y seduce; el deseo concibe y da a luz el pecado, y el pecado, cuando se comete, engendra muerte. Mis queridos hermanos, no os engañéis. Todo beneficio y todo don perfecto viene de arriba, del Padre de los astros, en el cual no hay fases ni periodos de sombra. Por propia iniciativa, con la palabra de la verdad, nos engendró, para que seamos como la primicia de sus criaturas.
Salmo responsorial: 93
R/. Dichoso el hombre a quien tú educas, Señor.
Dichoso el hombre a quien tú educas, al que enseñas tu ley, dándole descanso tras los años duros.
Porque el Señor no rechaza a su pueblo, ni abandona su heredad: el justo obtendrá su derecho, y un porvenir los rectos de corazón.
Cuando me parece que voy a tropezar, tu misericordia, Señor, me sostiene; cuando se multiplican mis preocupaciones, tus consuelos son mi delicia.
Versículo antes del Evangelio (Jn 14, 23): Aleluya. Si alguno me ama, guardará mi palabra y mi Padre le amará, y vendremos a él. Aleluya.
Texto del Evangelio (Mc 8, 14-21): En aquel tiempo, los discípulos se habían olvidado de tomar panes, y no llevaban consigo en la barca más que un pan. Jesús les hacía esta advertencia: «Abrid los ojos y guardaos de la levadura de los fariseos y de la levadura de Herodes». Ellos hablaban entre sí que no tenían panes. Dándose cuenta, les dice: «¿Por qué estáis hablando de que no tenéis panes? ¿Aún no comprendéis ni entendéis? ¿Es que tenéis la mente embotada? ¿Teniendo ojos no veis y teniendo oídos no oís? ¿No os acordáis de cuando partí los cinco panes para los cinco mil? ¿Cuántos canastos llenos de trozos recogisteis?». «Doce», le dicen. «Y cuando partí los siete entre los cuatro mil, ¿cuántas espuertas llenas de trozos recogisteis?» Le dicen: «Siete». Y continuó: «¿Aún no entendéis?».
Hoy lunes las lecturas nos quieren preparar para el tiempo de Cuaresma. Por eso hoy aparece una importante reflexión en la carta de Santiago: si tenemos fe, seremos capaces de entender que el dolor es parte del misterio de la vida y será signo que nos ayudará a creer con más fuerza y claridad. Y es que verdaderamente cuanto más dificultades experimentamos más oportunidades de crecer y de creer tenemos. Los fariseos piden otro signo, Jesús en esta ocasión no responde, ya he realizado signos y prodigios y a quien no quiere creer nunca le serán suficientes. Por eso la sabiduría de Dios se manifiesta en lo más profundo y doloroso, ayudándonos a ser firmes en la fe, aun en medio de la las dificultades y el dolor. Seamos buenos y confiemos en Dios, que nos da fe cuando se la pedimos de verdad.
Padre bueno, el beato José Allamano ha constatado que tu bondad es sobreabundante y nos asegura que "a Ti te gusta que creamos en tu bondad, ofreciéndote hasta las pequeñas cosas y confiando en Ti solo, cualquiera sea el camino de los acontecimientos".
Seguros de tu generosidad nos presentamos a Ti que eres infinitamente bueno, y por la intercesión de tu fiel siervo, te pedimos la gracia de... (pedir la gracia deseada).
A imitación de tu Hijo que, "siendo de naturaleza divina se despojó de sí mismo, asumiendo la condición de siervo y se hizo obediente hasta la muerte y muerte de cruz", (Fil.2, 7-8) la Iglesia sepa empeñarse cada vez más en favorecer a los que sufren la pobreza, la guerra y toda clase de injusticias.
Buenos días. Feliz domingo, día de la Resurrección y del Amor de Dios. Hoy Cristo sigue explicando, en el evangelio de Mateo, las bienaventuranzas (cómo ser felices) y sus palabras son profundas porque no ha venido a acabar con la tradición judía sino que ha venido a explicarnos la verdad y el sentido profundo y radical del amor de Dios. Pero para que podamos entenderlo necesitamos vivir con la sabiduría divina y no la mundana. La primera lectura es clara: Dios nos ha regalado la libertad para escoger el bien o el mal, la vida o la muerte. ¿Qué elegiremos? Seamos buenos y confiemos en Dios, porque será feliz el que lo busca de corazón y guarda sus mandamientos.
1ª Lectura (Eclo 15, 16-21): Si quieres, guardarás los mandamientos y permanecerás fiel a su voluntad. Él te ha puesto delante fuego y agua, extiende tu mano a lo que quieras. Ante los hombres está la vida y la muerte, y a cada uno se le dará lo que prefiera. Porque grande es la sabiduría del Señor, fuerte es su poder y lo ve todo. Sus ojos miran a los que le temen, y conoce todas las obras del hombre. A nadie obligó a ser impío, y a nadie dio permiso para pecar.
Salmo responsorial: 118
R/. Dichoso el que camina en la voluntad del Señor.
Dichoso el que, con vida intachable, camina en la voluntad del Señor; dichoso el que, guardando sus preceptos, lo busca de todo corazón.
Tú promulgas tus mandatos para que se observen exactamente. Ojalá esté firme mi camino, para cumplir tus decretos.
Haz bien a tu siervo: viviré y cumpliré tus palabras; ábreme los ojos, y contemplaré las maravillas de tu ley.
Muéstrame, Señor, el camino de tus decretos, y lo seguiré puntualmente; enséñame a cumplir tu ley y a guardarla de todo corazón.
2ª Lectura (1Cor 2, 6-10): Hermanos: Hablamos de sabiduría entre los perfectos; pero una sabiduría que no es de este mundo ni de los príncipes de este mundo, condenados a perecer, sino que enseñamos una sabiduría divina, misteriosa, escondida, predestinada por Dios antes de los siglos para nuestra gloria. Ninguno de los príncipes de este mundo la ha conocido, pues, si la hubiesen conocido, nunca hubieran crucificado al Señor de la gloria. Sino que, como está escrito: «Ni el ojo vio, ni el oído oyó, ni el hombre puede pensar lo que Dios ha preparado para los que lo aman». Y Dios nos lo ha revelado por el Espíritu; pues el Espíritu lo sondea todo, incluso lo profundo de Dios.
Versículo antes del Evangelio (Cf. Mt 11, 25): Aleluya. Bendito eres, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque revelaste los misterios del Reino a los niños. Aleluya.
Texto del Evangelio (Mt 5, 17-37): En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «No penséis que he venido a abolir la Ley y los Profetas. No he venido a abolir, sino a dar cumplimiento. Sí, os lo aseguro: el cielo y la tierra pasarán antes que pase una i o una tilde de la Ley sin que todo suceda. Por tanto, el que traspase uno de estos mandamientos más pequeños y así lo enseñe a los hombres, será el más pequeño en el Reino de los Cielos; en cambio, el que los observe y los enseñe, ése será grande en el Reino de los Cielos. Porque os digo que, si vuestra justicia no es mayor que la de los escribas y fariseos, no entraréis en el Reino de los Cielos.
»Habéis oído que se dijo a los antepasados: 'No matarás; y aquel que mate será reo ante el tribunal'. Pues yo os digo: Todo aquel que se encolerice contra su hermano, será reo ante el tribunal; pero el que llame a su hermano "imbécil", será reo ante el Sanedrín; y el que le llame "renegado", será reo de la gehenna de fuego. Si, pues, al presentar tu ofrenda en el altar te acuerdas entonces de que un hermano tuyo tiene algo contra ti, deja tu ofrenda allí, delante del altar, y vete primero a reconciliarte con tu hermano; luego vuelves y presentas tu ofrenda. Ponte enseguida a buenas con tu adversario mientras vas con él por el camino; no sea que tu adversario te entregue al juez y el juez al guardia, y te metan en la cárcel. Yo te aseguro: no saldrás de allí hasta que no hayas pagado el último céntimo.
»Habéis oído que se dijo: 'No cometerás adulterio'. Pues yo os digo: Todo el que mira a una mujer deseándola, ya cometió adulterio con ella en su corazón. Si, pues, tu ojo derecho te es ocasión de pecado, sácatelo y arrójalo de ti; más te conviene que se pierda uno de tus miembros, que no que todo tu cuerpo sea arrojado a la gehenna. Y si tu mano derecha te es ocasión de pecado, córtatela y arrójala de ti; más te conviene que se pierda uno de tus miembros, que no que todo tu cuerpo vaya a la gehenna. También se dijo: 'El que repudie a su mujer, que le dé acta de divorcio'. Pues yo os digo: Todo el que repudia a su mujer, excepto el caso de fornicación, la hace ser adúltera; y el que se case con una repudiada, comete adulterio.
»Habéis oído también que se dijo a los antepasados: 'No perjurarás, sino que cumplirás al Señor tus juramentos'. Pues yo digo que no juréis en modo alguno: ni por el Cielo, porque es el trono de Dios, ni por la Tierra, porque es el escabel de sus pies; ni por Jerusalén, porque es la ciudad del gran rey. Ni tampoco jures por tu cabeza, porque ni a uno solo de tus cabellos puedes hacerlo blanco o negro. Sea vuestro lenguaje: "Sí, sí"; "no, no": que lo que pasa de aquí viene del Maligno».
Miguel fue un sacerdote polaco, nacido cerca de Ashmiany (Bielarusia), el 1 de noviembre de 1888. Estudió en Vilna y en Varsovia, recibió el doctorado en 1926 y se hizo sacerdote en 1914. Fue padre espiritual en el seminario de Vilna, profesor de teología en la Universidad de Vilna y el capellán castrense en Varsovia y en Vilna. Fue el confesor de santa Faustina Kowalska. Escribió varios libros, entre ellos 'Misericordia de Dios'.
ORACIÓN
Señor Misericordioso, Tú hiciste del beato Miguel Sopoćko un apóstol de tu infinita Misericordia y un adorador ferviente de María, Madre de Misericordia. Haz que, para glorificar tu Misericordia y despertar la confianza en tu bondad paternal, por su intercesión reciba la gracia de [mencionar la gracia que se desea pedir]. Te lo ruego por Cristo, nuestro Señor. Amén.