lunes, 9 de marzo de 2026

LUNES 3º DE CUARESMA A


Buenos días. Las lecturas hoy nos invitan a descubrir la acción de Dios en la vida de los que aceptan creer y confiar en su palabra. Por eso hoy las lecturas nos permiten descubrir dos actitudes: la de Naamán (extranjero) que sale de su tierra y consigue descubrir en su camino al Dios vivo; y la actitud de los paisanos de Jesús (judíos) que no han salido de su tierra ni han conseguido cambiar su interior y aún así se molestan cuando Jesús les recuerda que Dios actúa incluso en la vida de los extranjeros si hay un camino de conversión en el corazón. Que la Cuaresma nos sirva para caminar hacia nuestro crecimiento interior y descubramos al Dios vivo. Seamos buenos y confiemos en Dios, que nos quiere conducir hasta su monte santo.




1ª Lectura (2Re 5, 1-15): En aquellos días, Naamán, jefe del ejército del rey de Siria, era hombre notable y muy estimado por su señor, pues por su medio el Señor había concedido la victoria a Siria. Pero, siendo un gran militar, era leproso. Unas bandas de arameos habían hecho una incursión trayendo de la tierra de Israel a una muchacha, que pasó al servicio de la mujer de Naamán. Dijo ella a su señora: «Ah, si mi señor pudiera presentarse ante el profeta que hay en Samaría. Él lo curaría de su lepra». Fue (Naamán) y se lo comunicó a su señor diciendo: «Esto y esto ha dicho la muchacha de la tierra de Israel». Y el rey de Siria contestó: «Vete, que yo enviaré una carta al rey de Israel».

Entonces tomó en su mano diez talentos de plata, seis mil siclos de oro, diez vestidos nuevos y una carta al rey de Israel que decía: «Al llegarte esta carta, sabrás que te envío a mi siervo Naamán para que lo cures de su lepra». Cuando el rey de Israel leyó la carta, rasgó sus vestiduras, diciendo: «¿Soy yo Dios para repartir vida y muerte? Pues me encarga nada menos que curar a un hombre de su lepra. Daos cuenta y veréis que está buscando querella contra mí». Eliseo, el hombre de Dios, oyó que el rey de Israel había rasgado sus vestiduras y mandó a que le dijeran: «Por qué has rasgado tus vestiduras? Que venga a mí y sabrá que hay un profeta en Israel».

Llegó Naamán con sus carros y caballos y se detuvo a la entrada de la casa de Eliseo. Envió este un mensajero a decirle: «Ve y lávate siete veces en el Jordán. Tu carne renacerá y quedarás limpio». Naamán se puso furioso y se marchó diciendo: «Yo me había dicho: ‘Saldrá seguramente a mi encuentro, se detendrá, invocará el nombre de su Dios, frotará con su mano mi parte enferma y sanaré de la lepra’. El Abaná y el Farfar, los ríos de Damasco, ¿no son mejores que todas las aguas de Israel? Podría bañarme en ellos y quedar limpio». Dándose la vuelta, se marchó furioso.

Sus servidores se le acercaron para decirle: «Padre mío, si el profeta te hubiese mandado una cosa difícil, ¿no lo habrías hecho? ¡Cuánto más si te ha dicho: ‘Lávate y quedarás limpio’!». Bajó, pues, y se bañó en el Jordán siete veces, conforme a la palabra del hombre de Dios. Y su carne volvió a ser como la de un niño pequeño: quedó limpio. Naamán y toda su comitiva regresaron al lugar donde se encontraba el hombre de Dios. Al llegar, se detuvo ante él exclamando: «Ahora conozco que no hay en toda la tierra otro Dios que el de Israel».


Salmo responsorial: 41

R/. Mi alma tiene sed del Dios vivo: ¿cuándo veré el rostro de Dios?

Como busca la cierva corrientes de agua, así mi alma te busca a ti, Dios mío.

Mi alma tiene sed de Dios, del Dios vivo: ¿cuándo entraré a ver el rostro de Dios?

Envía tu luz y tu verdad: que ellas me guíen y me conduzcan hasta tu monte santo, hasta tu morada.

Me acercaré al altar de Dios, al Dios de mi alegría; y te daré gracias al son de la cítara, Dios, Dios mío.


Versículo antes del Evangelio (Sal 129, 5.7): Espero en el Señor, espero en sus palabras; porque en Él hay misericordia y abundante redención.




Texto del Evangelio (Lc 4, 24-30): En aquel tiempo, Jesús dijo a la gente reunida en la sinagoga de Nazaret: «En verdad os digo que ningún profeta es bien recibido en su patria. Os digo de verdad: muchas viudas había en Israel en los días de Elías, cuando se cerró el cielo por tres años y seis meses, y hubo gran hambre en todo el país; y a ninguna de ellas fue enviado Elías, sino a una mujer viuda de Sarepta de Sidón. Y muchos leprosos había en Israel en tiempos del profeta Eliseo, y ninguno de ellos fue purificado sino Naamán, el sirio».
Oyendo estas cosas, todos los de la sinagoga se llenaron de ira; y, levantándose, le arrojaron fuera de la ciudad, y le llevaron a una altura escarpada del monte sobre el cual estaba edificada su ciudad, para despeñarle. Pero Él, pasando por medio de ellos, se marchó.

 














ORACIÓN A SANTA FRANCISCA ROMANA (1)

¡Oh loable santa Francisca! Qué bien supiste no solo superar los respetos humanos, sino buscar cada oportunidad para despreciarlos y demostrar que solo tú estabas presionando el servicio a Dios y la gloria que le llega. Sin embargo, nosotros, tibios y negligentes en el servicio al Señor, por temor a los juicios falaces de los hombres, a menudo no lo hacemos bien, descuidamos nuestros propios deberes por un respeto humano básico, y poco o nada tememos a los poderosos juicios de Dios. Oigamos y busquemos una llama viva y una gracia eficaz para que no tengamos otro ámbito que Dios, que será nuestro juez y en manos de quien está nuestro destino. Por Cristo, nuestro Señor. Amén.  

AMOR Y CELOS (DOLORA CLXXXV DE RAMÓN DE CAMPOAMOR)


Faltando de los cielos
a la equidad divina,
decía la imperiosa Catalina
hablando de su amor y de sus celos:
- Para ellos los castigos más veniales,
para ellas las venganzas más crueles;
porque aunque son los crímenes iguales,
la mujer que perdona a sus infieles
no perdona jamás a sus rivales.





 

domingo, 8 de marzo de 2026

SAN AMBROSIO DE MILÁN, SOBRE LA LIMOSNA

 

No le das al pobre de lo tuyo, sino que le devuelves lo suyo. Pues lo que es común y ha sido dado para el uso de todos, lo usurpas tú solo. La tierra es de todos, no sólo de los ricos; pero son muchos menos los que no gozan de ella que los que gozan. Pagas, pues, un débito, no das gratuitamente lo que no debes. «Presta atención, sin enojarte, al pobre, y paga tu deuda, y respóndele con benignidad y mansedumbre».

DOMINGO 3º DE CUARESMA A


Buenos días. Feliz domingo, día del Señor Resucitado. Las lecturas de hoy son una catequesis que nos enseña a descubrir que la vida del hombre sin el agua viva es una vida que siempre buscará pozos en los que calmar la sed, pero ninguno lo conseguirá. San Pablo lo tiene claro: la fe es una esperanza que no defrauda porque es el Espíritu Santo quien ha entrado en nuestros corazones inundándonos de amor. Seamos buenos, confiemos en Dios y escuchemos su voz que nos cambia el corazón. 



1ª Lectura (Éx 17, 3-7): En aquellos días, el pueblo, torturado por la sed, murmuró contra Moisés: «¿Nos has hecho salir de Egipto para hacernos morir de sed a nosotros, a nuestros hijos y a nuestros ganados?». Clamó Moisés al Señor y dijo: «¿Qué puedo hacer con este pueblo? Poco falta para que me apedreen». Respondió el Señor a Moisés. «Preséntate al pueblo llevando contigo algunos de los ancianos de Israel; lleva también en tu mano el cayado con que golpeaste el río, y vete, que allí estaré yo ante ti, sobre la peña, en Horeb; golpearás la peña, y saldrá de ella agua para que beba el pueblo». Moisés lo hizo así a la vista de los ancianos de Israel. Y puso por nombre a aquel lugar Masá y Meribá, por la reyerta de los hijos Israel y porque habían tentado al Señor, diciendo: «¿Está o no está el Señor en medio de nosotros?».


Salmo responsorial: 94

R/. Ojalá escuchéis hoy la voz del Señor: «No endurezcáis vuestro corazón».

Venid, aclamemos al Señor, demos vítores a la Roca que nos salva; entremos a su presencia dándole gracias, aclamándolo con cantos.

Entrad, postrémonos por tierra, bendiciendo al Señor, creador nuestro. Porque él es nuestro Dios, y nosotros su pueblo, el rebaño que él guía.

Ojalá escuchéis hoy su voz: «No endurezcáis el corazón como en Meribá, como el día de Masá en el desierto; cuando vuestros padres me pusieron a prueba y me tentaron, aunque habían visto mis obras».


2ª Lectura (Rom 5, 1-2.5-8): Ya que hemos recibido la justificación por la fe, estamos en paz con Dios, por medio de nuestro Señor Jesucristo. Por él hemos obtenido con la fe el acceso a esta gracia en que estamos: y nos gloriamos, apoyados en la esperanza de alcanzar la gloria de Dios. Y la esperanza no defrauda, porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones con el Espíritu Santo que se nos ha dado. En efecto, cuando nosotros todavía estábamos sin fuerza, en el tiempo señalado, Cristo murió por los impíos; en verdad, apenas habrá quien muera por un justo; por un hombre de bien tal vez se atrevería uno a morir; mas la prueba de que Dios nos ama es que Cristo, siendo nosotros todavía pecadores, murió por nosotros.


Versículo antes del Evangelio (Jn 4, 42.15): Señor, Tú eres verdaderamente el Salvador del mundo; dame agua viva para que no tenga sed.




Texto del Evangelio (Jn 4, 5-42): En aquel tiempo, Jesús llega, pues, a una ciudad de Samaria llamada Sicar, cerca de la heredad que Jacob dio a su hijo José. Allí estaba el pozo de Jacob. Jesús, como se había fatigado del camino, estaba sentado junto al pozo. Era alrededor de la hora sexta.

Llega una mujer de Samaría a sacar agua. Jesús le dice: «Dame de beber». Pues sus discípulos se habían ido a la ciudad a comprar comida. Le dice la mujer samaritana: «¿Cómo tú, siendo judío, me pides de beber a mí, que soy una mujer samaritana?» (Porque los judíos no se tratan con los samaritanos). Jesús le respondió: «Si conocieras el don de Dios, y quién es el que te dice: ‘Dame de beber’, tú le habrías pedido a él, y él te habría dado agua viva». Le dice la mujer: «Señor, no tienes con qué sacarla, y el pozo es hondo; ¿de dónde, pues, tienes esa agua viva? ¿Es que tú eres más que nuestro padre Jacob, que nos dio el pozo, y de él bebieron él y sus hijos y sus ganados?». Jesús le respondió: «Todo el que beba de esta agua, volverá a tener sed; pero el que beba del agua que yo le dé, no tendrá sed jamás, sino que el agua que yo le dé se convertirá en él en fuente de agua que brota para vida eterna».

Le dice la mujer: «Señor, dame de esa agua, para que no tenga más sed y no tenga que venir aquí a sacarla». El le dice: «Vete, llama a tu marido y vuelve acá». Respondió la mujer: «No tengo marido». Jesús le dice: «Bien has dicho que no tienes marido, porque has tenido cinco maridos y el que ahora tienes no es marido tuyo; en eso has dicho la verdad».

Le dice la mujer: «Señor, veo que eres un profeta. Nuestros padres adoraron en este monte y vosotros decís que en Jerusalén es el lugar donde se debe adorar». Jesús le dice: «Créeme, mujer, que llega la hora en que, ni en este monte, ni en Jerusalén adoraréis al Padre. Vosotros adoráis lo que no conocéis; nosotros adoramos lo que conocemos, porque la salvación viene de los judíos. Pero llega la hora (ya estamos en ella) en que los adoradores verdaderos adorarán al Padre en espíritu y en verdad, porque así quiere el Padre que sean los que le adoren. Dios es espíritu, y los que adoran, deben adorar en espíritu y verdad».

Le dice la mujer: «Sé que va a venir el Mesías, el llamado Cristo. Cuando venga, nos lo explicará todo». Jesús le dice: «Yo soy, el que te está hablando».

En esto llegaron sus discípulos y se sorprendían de que hablara con una mujer. Pero nadie le dijo: «¿Qué quieres?», o «¿Qué hablas con ella?». La mujer, dejando su cántaro, corrió a la ciudad y dijo a la gente: «Venid a ver a un hombre que me ha dicho todo lo que he hecho. ¿No será el Cristo?». Salieron de la ciudad e iban donde Él.

Entretanto, los discípulos le insistían diciendo: «Rabbí, come». Pero Él les dijo: «Yo tengo para comer un alimento que vosotros no sabéis». Los discípulos se decían unos a otros: «¿Le habrá traído alguien de comer?». Les dice Jesús: «Mi alimento es hacer la voluntad del que me ha enviado y llevar a cabo su obra. ¿No decís vosotros: Cuatro meses más y llega la siega? Pues bien, yo os digo: Alzad vuestros ojos y ved los campos, que blanquean ya para la siega. Ya el segador recibe el salario, y recoge fruto para la vida eterna, de modo que el sembrador se alegra igual que el segador. Porque en esto resulta verdadero el refrán de que uno es el sembrador y otro el segador: yo os he enviado a segar donde vosotros no os habéis fatigado. Otros se fatigaron y vosotros os aprovecháis de su fatiga».

Muchos samaritanos de aquella ciudad creyeron en Él por las palabras de la mujer que atestiguaba: «Me ha dicho todo lo que he hecho». Cuando llegaron donde Él los samaritanos, le rogaron que se quedara con ellos. Y se quedó allí dos días. Y fueron muchos más los que creyeron por sus palabras, y decían a la mujer: «Ya no creemos por tus palabras; que nosotros mismos hemos oído y sabemos que éste es verdaderamente el Salvador del mundo».













LAS LOCAS POR AMOR (DOLORA CLXXVII DE RAMÓN DE CAMPOAMOR)


-Te amaré, diosa Venus, si prefieres
que te ame mucho tiempo y con cordura-.
Y respondió la diosa de Citeres:
Prefiero, como todas las mujeres,
que me amen poco tiempo y con locura.



sábado, 7 de marzo de 2026

ORACIÓN POR EL DESARME Y LA PAZ



 

ORACIÓN A SANTA PERPETUA Y SANTA FELICIDAD


Santas Perpetua y Felicidad, mártires valientes y amigas inseparables, que compartisteis el sufrimiento y la gloria de Cristo, os suplico que intercedáis por mí. Con vuestro ejemplo de fidelidad y amor fraterno, ayudadme a vivir mi fe con valentía y a amar a mis hermanos con sinceridad. Amén.

Santa Perpetua y santa Felicidad, dos mujeres valientes que entregaron su vida por amor a Cristo, nos dejan un legado de fe y fortaleza que sigue inspirando a millones de personas en todo el mundo. Su historia, escrita en el “Diario de Santa Perpetua”, nos muestra la profundidad de su fe y la fuerza de su amistad.

En su onomástica, recordemos su ejemplo de fidelidad y valentía. Pidámosles que intercedan por nosotros ante Dios, para que nos conceda la gracia de mantener nuestra fe firme en medio de las pruebas y dificultades. Que su testimonio nos inspire a vivir nuestra vida con integridad y a amar a Dios sobre todas las cosas. 

SÁBADO 2º DE CUARESMA A


Hoy sábado por la mañana meditamos el evangelio de la parábola del hijo pródigo. Aunque lo que más destaca es la actitud de perdón y acogida incondicional del Padre. En la primera lectura el profeta nos da la clave: ¿qué Dios hay como Tú que perdonas y acoges y quieres eliminar el pecado y no al pecador? Esto señala la parábola: un padre que respeta la libertad de sus hijos a pesar de que ellos no se sienten hijos y se rebelan creyendo que la libertad está en los bienes materiales. El evangelista quiere que descubramos cómo actúa Dios-Padre, acoge a los publicanos y pecadores (hijo menor) y quiere que los fariseos y escribas (hijo mayor) descubran el amor que libera y acoge siempre. Y la pregunta que nos plantean las lecturas es si nosotros nos sentimos hijos amados y respetados capaces de amar o todavía buscamos otra libertad distinta de la que nos ofrece Dios a través del Amor. Seamos buenos y confiemos en Dios, que no nos trata como merecen nuestros pecados, sino con AMOR.



Lectura de la profecía de Miqueas 7, 14-15. 18-20

Pastorea a tu pueblo, Señor, con tu cayado, al rebaño de tu heredad, que anda solo en la espesura, en medio del bosque; que se apaciente como antes en Basán y Galaad.

Como cuando saliste de Egipto, les haré ver prodigios.

¿Qué Dios hay como tú, capaz de perdonar el pecado, de pasar por alto la falta del resto de tu heredad?

No conserva para siempre su cólera, pues le gusta la misericordia.

Volverá a compadecerse de nosotros, destrozará nuestras culpas, arrojará nuestros pecados a lo hondo del mar.

Concederás a Jacob tu fidelidad y a Abrahán tu bondad, como antaño prometiste a nuestros padres.


Salmo 102, 1-2. 3-4. 9-10. 11-12 R/. El Señor es compasivo y misericordioso

Bendice, alma mía, al Señor,
y todo mi ser a su santo nombre.
Bendice, alma mía, al Señor,
y no olvides sus beneficios. R/.

Él perdona todas tus culpas
y cura todas tus enfermedades;
él rescata tu vida de la fosa,
y te colma de gracia y de ternura. R/.

No está siempre acusando
ni guarda rencor perpetuo;
no nos trata como merecen nuestros pecados
ni nos paga según nuestras culpas. R/.

Como se levanta el cielo sobre la tierra,
se levanta su bondad sobre los que lo temen;
como dista el oriente del ocaso,
así aleja de nosotros nuestros delitos. R/.


Lectura del santo evangelio según san Lucas 15, 1-3. 11-32

En aquel tiempo, se acercaron a Jesús todos los publicanos y los pecadores a escucharlo. Y los fariseos y los escribas murmuraban diciendo:
«Ese acoge a los pecadores y come con ellos».

Jesús les dijo esta parábola:
«Un hombre tenía dos hijos; el menor de ellos dijo a su padre: “Padre, dame la parte que me toca de la fortuna”.

El padre les repartió los bienes.

No muchos días después, el hijo menor, juntando todo lo suyo, se marchó a un país lejano, y allí derrochó su fortuna viviendo perdidamente.

Cuando lo había gastado todo, vino por aquella tierra un hambre terrible, y empezó él a pasar necesidad.

Fue entonces y se contrató con uno de los ciudadanos de aquel país que lo mandó a sus campos a apacentar cerdos. Deseaba saciarse de las algarrobas que comían ¡os cerdos, pero nadie le daba nada.

Recapacitando entonces, se dijo:
“Cuántos jornaleros de mi padre tienen abundancia de pan, mientras yo aquí me muero de hambre. Me levantaré, me pondré en camino adonde está mi padre, y le diré: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti; ya no merezco llamarme hijo tuyo: trátame como a uno de tus jornaleros”.

Se levantó y vino adonde estaba su padre; cuando todavía estaba lejos, su padre lo vio y se le conmovieron las entrañas; y, echando a correr, se le echó al cuello y lo cubrió de besos.

Su hijo le dijo:
“Padre, he pecado contra el cielo y contra ti; ya no merezco llamarme hijo tuyo”.

Pero el padre dijo a sus criados:
“Sacad enseguida la mejor túnica y vestídsela; ponedle un anillo en la mano y sandalias en los pies; traed el ternero cebado y sacrificadlo; comamos y celebremos un banquete, porque este hijo mío estaba muerto y ha revivido; estaba perdido y lo hemos encontrado”.

Y empezaron a celebrar el banquete.

Su hijo mayor estaba en el campo. Cuando al volver se acercaba a la casa, oyó la música y la danza, y llamando a uno de los criados, le preguntó qué era aquello.

Este le contestó:
“Ha vuelto tu hermano; y tu padre ha sacrificado el ternero cebado, porque lo ha recobrado con salud”.

Él se indignó y no quería entrar, pero su padre salió e intentaba persuadirlo.

Entonces él respondió a su padre:
“Mira: en tantos años como te sirvo, sin desobedecer nunca una orden tuya, a mí nunca me has dado un cabrito para tener un banquete con mis amigos; en cambio, cuando ha venido ese hijo tuyo que se ha comido tus bienes con malas mujeres, le matas el ternero cebado”.

El padre le dijo:
“Hijo, tú estás siempre conmigo, y todo lo mío es tuyo; pero era preciso celebrar un banquete y alegrarse, porque este hermano tuyo estaba muerto y ha revivido; estaba perdido y lo hemos encontrado”».

 













CABEZA Y CORAZÓN (DOLORA CLXXV DE RAMÓN DE CAMPOAMOR)


                                      A Blanca Quiroga y Pardo Bazán


Un ángel y el demonio, a Eva un día
contemplan con amor.
-y ¿qué opináis, decid, de esa obra mía?-
les preguntó el Señor.
    
Mirando de Eva la gentil cabeza,
dijo el demonio así:
-¡La mujer! A pesar de su belleza
es inferior a mí.

¡Sentir sin comprender! ¡Perpetua ilusa
que goza en delirar!
¡Que tiene, sin razón, la ciencia infusa
del arte de engañar!

Uniendo la inconstancia a la hermosura
(el demonio añadió),
creedme, Señor, vuestra mejor hechura
vale menos que yo.


-La mujer (siguió el ángel) de tal modo
desafía al dolor,
que, aunque débil su fe, se arriesga a todo
por servir al amor.

De la santa piedad hija querida,
ni piensa, ni hace el mal,
y, próvida, transmite con la vida
la sed de lo ideal.

La mujer es tan buena (enardecido
el ángel concluyó),
que, aunque soy en el cielo un elegido,
ella es mejor que yo.

Tú, dotada de espíritu sublime
y de gran corazón,
Blanca, entre el ángel y el demonio, dime:
¿quién tiene más razón?




viernes, 6 de marzo de 2026

ORACIÓN A JESÚS DE MEDINACELI






 

VIERNES 2º DE CUARESMA A


Buenos días. Hoy viernes de penitencia, recemos para que el Señor nos ayude a convertir nuestro corazón. Las lecturas hoy nos muestran que Dios escribe derecho con renglones torcidos. La primera lectura cuenta la historia de una injusticia cometida por los propios hermanos. La envidia lleva a oscurecer el corazón y lo venden como esclavo, pero Dios conduce la historia y esa piedra desechada se convierte en salvación para el pueblo de Israel salvándolos del hambre. Y en el evangelio Jesús nos muestra con la parábola que Dios ha arrendado una viña al pueblo de Israel, pero los labradores no dan frutos y se quedan con la viña matando al heredero. Pero Dios utiliza esa muerte injusta para traer la salvación, Cristo será la piedra desechada. Y nosotros deberíamos reflexionar si descubrimos que a pesar de nuestro pecado Dios reescribe nuestras vidas y trata de llevarnos a la salvación. Pidamos hoy a Cristo que convierta nuestra miseria en vida. Seamos buenos y confiemos en Dios, que hace maravillas si le dejamos.



1ª Lectura (Gén 37, 3-4.12-13a.17b-28): Jacob amaba a José más que a todos los otros hijos, porque le había nacido en la vejez, y le hizo una túnica con mangas. Al ver sus hermanos que su padre lo prefería a los demás, empezaron a odiarlo y le negaban el saludo.

Sus hermanos trashumaron a Siquén con los rebaños de su padre. Israel dijo a José: «Tus hermanos deben de estar con los rebaños en Siquén; ven, que te voy a mandar donde están ellos». José fue tras sus hermanos y los encontró en Dotán. Ellos lo vieron desde lejos y, antes de que se acercara, maquinaron su muerte. Se decían unos a otros: «Ahí viene el soñador. Vamos a matarlo y a echarlo en un aljibe; luego diremos que una fiera lo ha devorado; veremos en qué paran sus sueños».

Oyó esto Rubén, e intentando salvarlo de sus manos, dijo: «No le quitemos la vida». Y añadió: «No derraméis sangre; echadlo en este aljibe, aquí en la estepa; pero no pongáis las manos en él». Lo decía para librarlo de sus manos y devolverlo a su padre. Cuando llegó José al lugar donde estaban sus hermanos, lo sujetaron, le quitaron la túnica, la túnica con mangas que llevaba puesta, lo cogieron y lo echaron en un pozo. El pozo estaba vacío, sin agua.

Luego se sentaron a comer y, al levantar la vista, vieron una caravana de ismaelitas que transportaban en camellos goma, bálsamo y resina de Galaad a Egipto. Judá propuso a sus hermanos: «¿Qué sacaremos con matar a nuestro hermano y con tapar su sangre? Vamos a venderlo a los ismaelitas y no pongamos nuestras manos en él, que al fin es hermano nuestro y carne nuestra». Los hermanos aceptaron. Al pasar unos mercaderes madianitas, tiraron de su hermano; y, sacando a José del pozo, lo vendieron a unos ismaelitas por veinte monedas de plata. Estos se llevaron a José a Egipto.


Salmo responsorial: 104

R/. Recordad las maravillas que hizo el Señor.

Llamó al hambre sobre aquella tierra: cortando el sustento de pan; por delante había enviado a un hombre, a José, vendido como esclavo.

Le trabaron los pies con grillos, le metieron el cuello en la argolla, hasta que se cumplió su predicción, y la palabra del Señor lo acreditó.

El rey lo mandó desatar, el señor de pueblos le abrió la prisión, lo nombró administrador de su casa, señor de todas sus posesiones.


Versículo antes del Evangelio (Jn 3, 16): De tal manera amó Dios al mundo, que dio a su Hijo Unigénito; todo aquel que cree en Él, tiene la vida eterna.




Texto del Evangelio (Mt 21, 33-43.45-46): En aquel tiempo, Jesús dijo a los grandes sacerdotes y a los notables del pueblo: «Escuchad otra parábola. Era un propietario que plantó una viña, la rodeó de una cerca, cavó en ella un lagar y edificó una torre; la arrendó a unos labradores y se ausentó. Cuando llegó el tiempo de los frutos, envió sus siervos a los labradores para recibir sus frutos. Pero los labradores agarraron a los siervos, y a uno lo golpearon, a otro lo mataron, a otro lo apedrearon. De nuevo envió otros siervos en mayor número que los primeros; pero los trataron de la misma manera. Finalmente les envió a su hijo, diciendo: ‘A mi hijo lo respetarán’. Pero los labradores, al ver al hijo, se dijeron entre sí: ‘Este es el heredero. Vamos, matémoslo y quedémonos con su herencia’. Y agarrándolo, lo echaron fuera de la viña y lo mataron. Cuando venga, pues, el dueño de la viña, ¿qué hará con aquellos labradores?».

Le dijeron: «A esos miserables les dará una muerte miserable y arrendará la viña a otros labradores, que le paguen los frutos a su tiempo». Y Jesús les dice: «¿No habéis leído nunca en las Escrituras: La piedra que los constructores desecharon, en piedra angular se ha convertido; fue el Señor quien hizo esto y es maravilloso a nuestros ojos? Por eso os digo: se os quitará el Reino de Dios para dárselo a un pueblo que rinda sus frutos».

Los sumos sacerdotes y los fariseos, al oír sus parábolas, comprendieron que estaba refiriéndose a ellos. Y trataban de detenerlo, pero tuvieron miedo a la gente porque lo tenían por profeta.

 






SAN MIGUEL Y EL DIABLO (DOLORA CLXXIV DE RAMÓN DE CAMPOAMOR)


Despertando en sus vecinas
la más piadosa ternura,
así les decía el cura
de San Miguel de Salinas:

-La que a Dios quiera ser fiel,
que ponga con gran cuidado
sus donativos al lado
del busto de san Miguel.

-Pues cuando el diablo el dinero
mira a su lado caer,
se llega él mismo a creer
tan santo como el primero.


Jamás olvidéis que Dios
os concede un solo amante,
y que el diablo os da, inconstante,
¡más de un novio....y más de dos!

¡Más de dos!... El día aquel
tan sólo al diablo se honró,
pues ni un céntimo cayó
del lado de San Miguel.

Y es que, sin duda, hay vecinas
que, en cuestiones de ternura,
creen más al diablo que al cura
de San Miguel de Salinas.



jueves, 5 de marzo de 2026

JUEVES 2º DE CUARESMA A


Buenos días. Es jueves y hoy rezamos por las vocaciones, especialmente al sacerdocio. Las lecturas nos lanzan una pregunta: ¿En quién está puesta nuestra confianza, en Dios o en el hombre y el mundo? La primera lectura y el salmo son claros, quien confía en Dios será como el árbol al lado del agua que siempre está verde y frondoso. Y el evangelio lo señala con la parábola del pobre Lázaro y el rico que banqueteaba. El rico puso la confianza en la riqueza y olvidó amar a Dios y al prójimo. Pongamos nuestro corazón, almas y entendimiento en buscar siempre a Dios y viviremos la felicidad auténtica. Seamos buenos y confiemos en Dios, el amigo fiel que nunca falla. 



1ª Lectura (Jer 17, 5-10): Esto dice el Señor: «Maldito quien confía en el hombre, y busca el apoyo de las criaturas, apartando su corazón del Señor. Será como cardo en la estepa, que nunca recibe la lluvia; habitará en un árido desierto, tierra salobre e inhóspita. Bendito quien confía en el Señor y pone en el Señor su confianza. Será un árbol plantado junto al agua, que alarga a la corriente sus raíces; no teme la llegada del estío, su follaje siempre está verde; en año de sequía no se inquieta, ni dejará por eso de dar fruto. Nada hay más falso y enfermo que el corazón: ¿quién lo conoce? Yo, el Señor, examino el corazón, sondeo el corazón de los hombres para pagar a cada cual su conducta según el fruto de sus obras».


Salmo responsorial: 1

R/. Dichoso el hombre que ha puesto su confianza en el Señor.

Dichoso el hombre que no sigue el consejo de los impíos ni entra por la senda de los pecadores, ni se sienta en la reunión de los cínicos; sino que su gozo es la ley del Señor, y medita su ley día y noche.

Será como un árbol plantado al borde de la acequia: da fruto en su sazón y no se marchitan sus hojas; y cuanto emprende tiene buen fin.

No así los impíos, no así; serán paja que arrebata el viento. Porque el Señor protege el camino de los justos, pero el camino de los impíos acaba mal.


Versículo antes del Evangelio (Lc Cf. 8, 15): Bienaventurados los que con corazón bueno y muy sano retienen la palabra de Dios y dan fruto por su paciencia.




Texto del Evangelio (Lc 16, 19-31): En aquel tiempo, Jesús dijo a los fariseos: «Era un hombre rico que vestía de púrpura y lino, y celebraba todos los días espléndidas fiestas. Y un pobre, llamado Lázaro, que, echado junto a su portal, cubierto de llagas, deseaba hartarse de lo que caía de la mesa del rico pero hasta los perros venían y le lamían las llagas.
Sucedió, pues, que murió el pobre y fue llevado por los ángeles al seno de Abraham. Murió también el rico y fue sepultado. Estando en el Hades entre tormentos, levantó los ojos y vio a lo lejos a Abraham, y a Lázaro en su seno. Y, gritando, dijo: ‘Padre Abraham, ten compasión de mí y envía a Lázaro a que moje en agua la punta de su dedo y refresque mi lengua, porque estoy atormentado en esta llama’. Pero Abraham le dijo: ‘Hijo, recuerda que recibiste tus bienes durante tu vida y Lázaro, al contrario, sus males; ahora, pues, él es aquí consolado y tú atormentado. Y además, entre nosotros y vosotros se interpone un gran abismo, de modo que los que quieran pasar de aquí a vosotros, no puedan; ni de ahí puedan pasar donde nosotros’.
Replicó: ‘Con todo, te ruego, padre, que le envíes a la casa de mi padre, porque tengo cinco hermanos, para que les dé testimonio, y no vengan también ellos a este lugar de tormento’. Díjole Abraham: ‘Tienen a Moisés y a los profetas; que les oigan’. Él dijo: ‘No, padre Abraham; sino que si alguno de entre los muertos va donde ellos, se convertirán’. Le contestó: ‘Si no oyen a Moisés y a los profetas, tampoco se convencerán, aunque un muerto resucite’».