Oh Dios, que por tu Hijo Jesucristo enviaste a tus apóstoles a todas las gentes, concédenos tu Santo Espíritu para que nos reúna a todos en tu Iglesia, a fin de que, imitando el celo apostólico y el amor incondicional de Santa Rafaela María, trabajemos incansablemente por la extensión de tu Reino. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.
Hoy lunes las lecturas nos quieren hacer comprender que los cristianos tenemos que pasar de una fe adolescente, o incluso infantil, a una fe de adultos. Cristo anuncia las dificultades que vivirán los apóstoles, pero también los anima: "No tengáis miedo, yo he vencido al mundo". Es el momento en el que nos enfrentamos con el mundo y debemos pasar del bautismo de conversión de Juan al bautismo del Espíritu Santo que nos lleva a la vida. La gracia del Espíritu nos conduce y fortalece ante las circunstancias y dificultades, no nos evita el sufrimiento, pero nos ayuda a aprender y vencerlo como Cristo. Seamos buenos y confiemos en Dios, que ha preparado casa a los desvalidos.
1ª Lectura (Hch 19, 1-8): Mientras Apolo estaba en Corinto, Pablo atravesó la meseta y llegó a Éfeso. Allí encontró unos discípulos y les preguntó: «¿Recibisteis el Espíritu Santo al aceptar la fe?». Contestaron: «Ni siquiera hemos oído hablar de un Espíritu Santo». Él les dijo: «Entonces, ¿qué bautismo habéis recibido?». Respondieron: «El bautismo de Juan». Pablo les dijo: «Juan bautizó con un bautismo de conversión, diciendo al pueblo que creyesen en el que iba a venir después de él, es decir, en Jesús». Al oír esto, se bautizaron en el nombre del Señor Jesús; cuando Pablo les impuso las manos, vino sobre ellos el Espíritu Santo, y se pusieron a hablar en lenguas extrañas y a profetizar. Eran en total unos doce hombres. Pablo fue a la sinagoga y durante tres meses hablaba con toda libertad del reino de Dios, dialogando con ellos y tratando de persuadirlos.
Salmo responsorial: 67
R/. Reyes de la Tierra, cantad a Dios.
Se levanta Dios, y se dispersan sus enemigos, huyen de su presencia los que lo odian; como el humo se disipa, se disipan ellos; como se derrite la cera ante el fuego, así perecen los impíos ante Dios.
En cambio, los justos se alegran, gozan en la presencia de Dios, rebosando de alegría. Cantad a Dios, tocad a su nombre; su nombre es el Señor.
Padre de huérfanos, protector de viudas, Dios vive en su santa morada. Dios prepara casa a los desvalidos, libera a los cautivos y los enriquece.
Versículo antes del Evangelio (Col 3, 1): Aleluya. Si han resucitado con Cristo, busquen las cosas del cielo, donde está Cristo, sentado a la derecha de Dios. Aleluya.
Texto del Evangelio (Jn 16, 29-33): En aquel tiempo, los discípulos dijeron a Jesús: «Ahora sí que hablas claro, y no dices ninguna parábola. Sabemos ahora que lo sabes todo y no necesitas que nadie te pregunte. Por esto creemos que has salido de Dios». Jesús les respondió: «¿Ahora creéis? Mirad que llega la hora (y ha llegado ya) en que os dispersaréis cada uno por vuestro lado y me dejaréis solo. Pero no estoy solo, porque el Padre está conmigo. Os he dicho estas cosas para que tengáis paz en mí. En el mundo tendréis tribulación. Pero ¡ánimo!: yo he vencido al mundo».
Oh Bienaventurada Trinidad, te rogamos por la intercesión de san Saturnino de Toulouse, que por imitación de su ardiente testimonio disipando las tinieblas del paganismo por el Evangelio de la Verdad, nuestros corazones se inflamen del deseo de acoger tu Palabra que sana y transforma, con el fin de empezar una vida nueva, siguiendo tu amantísima Voluntad. Amén.
SAN SATURNINO, OBISPO Y MÁRTIR EN TOULOUSE, EN 250
Feliz domingo, día del Señor Resucitado. Hoy celebramos que Cristo ha ascendido al Cielo, esta es una realidad de fe. Dios ha Resucitado a Jesús y ha ascendido a la derecha del Padre para seguir adelante con su misión que es abrirnos las puertas del Cielo. Hoy nosotros, como los apóstoles, hemos sido encomendados a continuar extendiendo la vida eterna. Pero para hacerlo tenemos que dejar que la esperanza a la que hemos sido llamados (el Cielo) ilumine los ojos de nuestro corazón y esto lo conseguiremos viviendo como Cristo nos enseña. Seamos buenos y confiemos en Dios, que asciende al Cielo para cuidarnos.
Texto del Evangelio (Mt 28, 16-20): En aquel tiempo, los once discípulos marcharon a Galilea, al monte que Jesús les había indicado. Y al verle le adoraron; algunos sin embargo dudaron. Jesús se acercó a ellos y les habló así: «Me ha sido dado todo poder en el cielo y en la tierra. Id, pues, y haced discípulos a todas las gentes bautizándolas en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, y enseñándoles a guardar todo lo que yo os he mandado. Y he aquí que yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo».
Cuando una persona querida se marcha para no volver sentimos el desgarro y la tristeza que provoca la despedida.Sin embargo, cuando esa "despedida" no es definitva surge la Esperanza de volverse a encontrar más tarde o más temprano.Jesús se despide pero quiere dejar bien claro que no nos abandona.Y es que nos pasa muchas veces que sentimos más la cercanía de la gente en la distancia, porque quizás las echamos de menos...
Hoy es un día para que nos preguntemos: ¿ Echamos de menos a Jesús?Seguro que es eso lo que producirá que sintamos cada vez más cerca su presencia.El Señor hoy se vuelve a hacer presente en medio de nosotros y nos susurra al oído:
" Yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo."
- "Yo estoy en el enfermo que acompañas y que espera tu atención."
- "Yo estoy en una esquina o tirado en el suelo, aunque no te guste y me mires con desprecio."
- "Yo estoy junto a ti, en el ascensor, mientras lees el correo y haces como que no me ves."
- "Yo estoy dentro de ti, volviendo tu corazón universal."
Tú eres de los míos, haz discípulos míos, haced personas, no esclavos, haced caminantes, no gente instalada y acomodada, haced servidores y no jefes, haced gente inquieta y no satisfecha...
"Tú ya sabes cómo he actuado, ahora te toca a ti... no temas... confía... no te dejaré... volveré...".
Oh Dios, te pedimos con insistencia que nos ayudes por tu misericordia y, del mismo modo que con ella llevaste al bienaventurado Gil al camino de una vida santa, así también nos saques a nosotros de la servidumbre de la muerte en el pecado para conducirnos a la libertad y a la vida verdaderas. Por nuestro Señor Jesucristo. Amén.
Bienaventurado Andrés, invicto mártir y perfecto imitador de nuestro Redentor Jesucristo, que asistido de la divina gracia conseguiste de los cismáticos tantas victorias como heridas recibiste; dígnate ahora interceder por mí con el Todopoderoso que, además de coronarte de gloria en el cielo, conserva todavía incorrupto tu sagrado cuerpo. Alégale, pues, en mi favor aquella santa libertad e intrepidez apostólica con que, afrentado y azotado por los enemigos de su santísimo Nombre, confesaste claramente que eras sacerdote católico, y miembro de la Compañía de Jesús, y que así nunca jamás te separarías de la comunión con la Santa Sede, ni abrazarías las doctrinas condenadas por ella. Como no dudo que lo harás así, poderosísimo abogado y protector mío, espero que su Divina Majestad me dé por tus méritos y ruegos igual firmeza en la santa fe católica que profesé en el Bautismo, para que confesando siempre a Jesucristo en presencia de los hombres, por mi Dios, merezca que el mismo Señor me reconozca por siervo y discípulo suyo delante de nuestro Padre celestial. Amén.
Hoy sábado por la mañana las lecturas nos enseñan cómo de grande es el Amor de Dios, que nos invita a rezar pidiendo lo que necesitamos con fe. Dios nos ama y quiere nuestra felicidad, pero necesitamos tener un verdadero encuentro con Dios y amar de verdad a Jesucristo y su camino, para entender a Dios. En la primera lectura aparece un personaje llamado Apolo, que no conoce mucho a Jesús pero que lo anuncia con todo el corazón, y otros cristianos, Priscila y Áquila, lo ayudan a descubrir el mensaje de Cristo. Los cristianos que rezamos y pedimos a Dios deberíamos ser capaces de comunicar todo lo que nos regala y ayudar a otros a vivir la alegría del Evangelio. Seamos buenos, confiemos en Dios y recemos con júbilo al Dios que nos ama.
1ª Lectura (Hch 18, 23-28): Pasado algún tiempo en Antioquía, Pablo marchó y recorrió sucesivamente Galacia y Frigia, animando a los discípulos. Llegó a Éfeso un judío llamado Apolo, natural de Alejandría, hombre elocuente y muy versado en las Escrituras. Lo habían instruido en el camino del Señor y exponía con entusiasmo y exactitud lo referente a Jesús, aunque no conocía más que el bautismo de Juan.
Apolo, pues, se puso a hablar públicamente en la sinagoga. Cuando lo oyeron Priscila y Áquila, lo tomaron por su cuenta y le explicaron con más detalle el camino de Dios. Decidió pasar a Acaya, y los hermanos lo animaron y escribieron a los discípulos de allí que lo recibieran bien. Una vez llegado, con la ayuda de la gracia, contribuyó mucho al provecho de los creyentes, pues rebatía vigorosamente en público a los judíos, demostrando con la Escritura que Jesús es el Mesías.
Salmo responsorial: 46
R/. Dios es el rey del mundo.
Pueblos todos, batid palmas, aclamad a Dios con gritos de júbilo; porque el Señor altísimo es terrible, emperador de toda la tierra.
Porque Dios es el rey del mundo: tocad con maestría. Dios reina sobre las naciones, Dios se sienta en su trono sagrado.
Los príncipes de los gentiles se reúnen con el pueblo del Dios de Abrahán; porque de Dios son los grandes de la tierra, y él es excelso.
Versículo antes del Evangelio (Jn 16, 28): Aleluya. Salí del Padre y vine al mundo; otra vez dejo el mundo y voy al Padre. Aleluya.
Texto del Evangelio (Jn 16, 23-28): En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «En verdad, en verdad os digo: lo que pidáis al Padre os lo dará en mi nombre. Hasta ahora nada le habéis pedido en mi nombre. Pedid y recibiréis, para que vuestro gozo sea colmado. Os he dicho todo esto en parábolas. Se acerca la hora en que ya no os hablaré en parábolas, sino que con toda claridad os hablaré acerca del Padre. Aquel día pediréis en mi nombre y no os digo que yo rogaré al Padre por vosotros, pues el Padre mismo os quiere, porque me queréis a mí y creéis que salí de Dios. Salí del Padre y he venido al mundo. Ahora dejo otra vez el mundo y voy al Padre».
Hoy viernes las lecturas nos invitan a profundizar en una realidad: el sentido de la tristeza y el sufrimiento, como realidades que son inevitables pero que siempre nos llevan a crecer. Esta es la experiencia de Pablo, el Señor le revela que estará a su lado a pesar de las dificultades y que la Palabra de Dios se abrirá paso y llevará a la vida y a descubrir al Señor Resucitado. El mundo intentará distraernos para que no busquemos a Dios ni seamos constantes en nuestra misión, y unas veces intenta seducirnos con placeres pasajeros y otras veces nos tocará vivir dolor y sufrimiento, pero no olvidemos que Dios está con nosotros y todo lo que merece la pena conseguir es trabajoso y tarda en llegar, pero cuando llega la alegría nos inunda, Cristo nos inunda. Seamos buenos y confiemos en Dios, que nos escogió como su heredad.
Texto del Evangelio (Jn 16, 20-23a): En aquel tiempo, Jesús habló así a sus discípulos: «En verdad, en verdad os digo que lloraréis y os lamentaréis, y el mundo se alegrará. Estaréis tristes, pero vuestra tristeza se convertirá en gozo. La mujer, cuando va a dar a luz, está triste, porque le ha llegado su hora; pero cuando ha dado a luz al niño, ya no se acuerda del aprieto por el gozo de que ha nacido un hombre en el mundo. También vosotros estáis tristes ahora, pero volveré a veros y se alegrará vuestro corazón y vuestra alegría nadie os la podrá quitar. Aquel día no me preguntaréis nada».
Oh, gloriosas santas Justa y Enedina, que en la isla de Cerdeña supisteis dar testimonio de vuestra fe en Jesucristo, prefiriendo la corona del martirio antes que negar al Señor.
Vosotras, que enfrentasteis la persecución con valentía y fortaleza, os pido que intercedáis ante Dios por mí, para que nunca desmaye en mis tribulaciones y mantenga firme mi fe.
Os ruego (hacer la petición personal) y que, por su intercesión, pueda alcanzar la gracia de la perseverancia final y la vida eterna.
Las lecturas hoy nos ayudan a comprender que para ser discípulos del Señor tenemos que ser testigos de su amor y permanecer unidos a Él por el Amor. Por eso los apóstoles escogen a un nuevo apóstol: Matías. Es escogido no por sus capacidades, sino por ser testigo de la Resurrección, porque quiere ser fiel a Cristo, ser testigo del Evangelio. Hoy nosotros deberíamos alegrarnos de que el Señor nos haya regalado su Amor por elegirnos como amigos suyos, y nos haya convertido en hijos de Dios por el bautismo, de forma gratuita, sólo porque nos ama. Seamos buenos y confiemos en Dios, que no mira nuestras capacidades sino nuestra voluntad de permanecer unidos a su Amor, sentándonos como príncipes de su Reino.
1ª Lectura (Hch 1, 15-17.20-26): Uno de aquellos días, Pedro se puso en pie en medio de los hermanos y dijo (había reunidas unas ciento veinte personas): «Hermanos, tenía que cumplirse lo que el Espíritu Santo, por boca de David, había predicho en la Escritura acerca de Judas, que hizo de guía a los que arrestaron a Jesús. Era uno de nuestro grupo y compartía el mismo ministerio. En el libro de los Salmos está escrito: ‘Que su morada quede desierta, y que nadie habite en ella’, y también: ‘Que su cargo lo ocupe otro’. Hace falta, por tanto, que uno se asocie a nosotros como testigo de la resurrección de Jesús, uno de los que nos acompañaron mientras convivió con nosotros el Señor Jesús, desde que Juan bautizaba, hasta el día de su ascensión»
Propusieron dos nombres: José, apellidado Barsabás, de sobrenombre Justo, y Matías. Y rezaron así: «Señor, tú penetras el corazón de todos; muéstranos a cuál de los dos has elegido para que, en este ministerio apostólico, ocupe el puesto que dejó Judas para marcharse al suyo propio.» Echaron suertes, le tocó a Matías, y lo asociaron a los once apóstoles.
Salmo responsorial: 112
R/. El Señor lo sentó con los príncipes de su pueblo.
Alabad, siervos del Señor, alabad el nombre del Señor. Bendito sea el nombre del Señor, ahora y por siempre.
De la salida del sol hasta su ocaso, alabado sea el nombre del Señor. El Señor se eleva sobre todos los pueblos, su gloria sobre los cielos.
¿Quién como el Señor, Dios nuestro, que se eleva en su trono y se abaja para mirar al cielo y a la tierra?
Levanta del polvo al desvalido, alza de la basura al pobre, para sentarlo con los príncipes, los príncipes de su pueblo.
Versículo antes del Evangelio (Jn 15, 16): Yo os he elegido a vosotros, para que vayáis y deis fruto, y vuestro fruto permanezca, dice el Señor.
Texto del Evangelio (Jn 15, 9-17): En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «Como el Padre me amó, yo también os he amado a vosotros; permaneced en mi amor. Si guardáis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor, como yo he guardado los mandamientos de mi Padre, y permanezco en su amor.
Os he dicho esto, para que mi gozo esté en vosotros, y vuestro gozo sea colmado. Este es el mandamiento mío: que os améis los unos a los otros como yo os he amado. Nadie tiene mayor amor que el que da su vida por sus amigos. Vosotros sois mis amigos, si hacéis lo que yo os mando. No os llamo ya siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su amo; a vosotros os he llamado amigos, porque todo lo que he oído a mi Padre os lo he dado a conocer.
No me habéis elegido vosotros a mí, sino que yo os he elegido a vosotros, y os he destinado para que vayáis y deis fruto, y que vuestro fruto permanezca; de modo que todo lo que pidáis al Padre en mi nombre os lo conceda. Lo que os mando es que os améis los unos a los otros».
Alcanzadme, gloriosa Inés, que me conserve puro y limpio en medio de los escándalos del mundo; tú que viste arder el fuego santo, ayúdanos a seguir tus pasos.
Dios omnipotente y misericordioso, escucha las súplicas de tu sierva Inés, que intercede por nosotros, para que quienes celebramos la solemnidad de tu santa virgen, merezcamos llegar hacia Ti, a quien reconocemos como Dios verdadero. Amén.
Hoy miércoles las lecturas quieren guiarnos al conocimiento del Dios vivo y verdadero. El Dios que, como dirá Pablo en medio del Areópago, es el Creador de todo y nosotros somos estirpe suya. Ese Dios es el que resucitó a Jesús y esta es la realidad más importante y el motivo para seguir creyendo, o también el motivo para que algunos se escandalicen y no crean. Y aquí es donde viene en nuestra ayuda el Espíritu que nos guía a la Verdad plena y nos ayuda a descubrir lo maravilloso y verdadero que hay en el misterio de la fe: en Él vivimos, nos movemos y existimos. Hoy debemos pedir a Dios que nos aumente la fe para descubrirlo día a día en nuestra vida. Seamos buenos y confiemos en Dios, que llena con su Gloria la Tierra entera.
1ª Lectura (Hch 17, 15.22–18, 1): En aquellos días, los que conducían a Pablo lo llevaron hasta Atenas, y se volvieron con el encargo de que Silas y Timoteo se reuniesen con él cuánto antes. Pablo, de pie en medio del Areópago, dijo: «Atenienses, veo que sois en todo extremadamente religiosos. Porque, paseando y contemplando vuestros monumentos sagrados, encontré incluso un altar con esta inscripción: “Al Dios desconocido”. Pues eso que veneráis sin conocerlo os lo anuncio yo. ‘El Dios que hizo el mundo y todo lo que contiene’, siendo como es Señor de cielo y tierra, no habita en templos construidos por manos humanas, ni lo sirven manos humanas, como si necesitara de alguien, él que a todos da la vida y el aliento, y todo. De uno solo creó el género humano para que habitara la tierra entera, determinando fijamente los tiempos y las fronteras de los lugares que habían de habitar, con el fin de que lo buscasen a él, a ver si, al menos a tientas, lo encontraban; aunque no está lejos de ninguno de nosotros, pues en él vivimos, nos movemos y existimos; así lo han dicho incluso algunos de vuestros poetas: ‘Somos estirpe suya’. Por tanto, si somos estirpe de Dios, no debemos pensar que la divinidad se parezca a imágenes de oro o de plata o de piedra, esculpidas por la destreza y la fantasía de un hombre. Así pues, pasando por alto aquellos tiempos de ignorancia, Dios anuncia ahora en todas partes a todos los humanos que se conviertan. Porque tiene señalado un día en que juzgará el universo con justicia, por medio del hombre a quien él ha designado; y ha dado a todos la garantía de esto, resucitándolo de entre los muertos». Al oír «resurrección de entre los muertos», unos lo tomaban a broma, otros dijeron: «De esto te oiremos hablar en otra ocasión». Así salió Pablo de en medio de ellos. Algunos se le juntaron y creyeron, entre ellos Dionisio el areopagita, una mujer llamada Dámaris y algunos más con ellos. Después de esto, dejó Atenas y se fue a Corinto.
Salmo responsorial: 148
R/. Llenos están el Cielo y la Tierra de tu gloria.
Alabad al Señor en el Cielo, alabad al Señor en lo alto. Alabadlo todos sus ángeles; alabadlo todos sus ejércitos.
Reyes del orbe y todos los pueblos, príncipes y jueces del mundo, los jóvenes y también las doncellas, los ancianos junto con los niños.
Alaben el nombre del Señor, el único nombre sublime. Su majestad sobre el Cielo y la Tierra.
Él acrece el vigor de su pueblo. Alabanza de todos sus fieles, de Israel, su pueblo escogido.
Versículo antes del Evangelio (Jn 14, 16): Aleluya. Rogaré al Padre y os dará otro Consolador, para que more siempre con vosotros. Aleluya.
Texto del Evangelio (Jn 16, 12-15): En aquel tiempo, Jesús habló así a sus discípulos: «Mucho tengo todavía que deciros, pero ahora no podéis con ello. Cuando venga Él, el Espíritu de la verdad, os guiará hasta la verdad completa; pues no hablará por su cuenta, sino que hablará lo que oiga, y os anunciará lo que ha de venir. Él me dará gloria, porque recibirá de lo mío y os lo anunciará a vosotros. Todo lo que tiene el Padre es mío. Por eso he dicho: Recibirá de lo mío y os lo anunciará a vosotros».
Hoy martes las lecturas nos muestran el poder de Dios, que se manifiesta en la debilidad. Pablo y Silas han sido apaleados y encarcelados por dar testimonio del Nombre que nos salva. Y en la cárcel lo único que hacen es rezar con himnos que llegan al corazón de los presos y del propio carcelero, y en medio del terremoto ocurre el milagro, que no será simplemente que los presos estén en sus celdas sino que esa oración, como la suave brisa, ha convertido a los que la oían. Cristo nos ha regalado la presencia del Espíritu, suave brisa que transforma los corazones hacia Dios, y por eso en el evangelio anuncia la venida del Espíritu que nos protege. Preparemos nuestra alma para recibir su consuelo con himnos y oraciones, para que nos ayude en los terremotos de la vida y podamos ser testigos de Cristo Resucitado. Seamos buenos y confiemos en Dios, que no abandona la obra de sus manos.
1ª Lectura (Hch 16, 22-34): En aquellos días, la plebe de Filipos se amotinó contra Pablo y Silas, y los magistrados ordenaron que les arrancaran y que los azotaran con varas; después de molerlos a palos, los metieron en la cárcel, encargando al carcelero que los vigilara bien; según la orden recibida, él los cogió, los metió en la mazmorra y les sujetó los pies en el cepo.
A eso de media noche, Pablo y Silas oraban cantando himnos a Dios. Los presos los escuchaban. De repente, vino un terremoto tan violento que temblaron los cimientos de la cárcel. Al momento se abrieron todas las puertas, y a todos se les soltaron las cadenas. El carcelero se despertó y, al ver las puertas de la cárcel de par en par, sacó la espada para suicidarse, imaginando que los presos se habían fugado. Pero Pablo lo llamó a gritos, diciendo: «No te hagas daño alguno, que estamos todos aquí».
El carcelero pidió una lámpara, saltó dentro, y se echó temblando a los pies de Pablo y Silas; los sacó fuera y les preguntó: «Señores, ¿qué tengo que hacer para salvarme?». Le contestaron: «Cree en el Señor Jesús y te salvarás tú y tu familia». Y le explicaron la palabra del Señor, a él y a todos los de su casa. A aquellas horas de la noche, el carcelero los tomó consigo, les lavó las heridas, y se bautizó en seguida con todos los suyos; los subió a su casa, les preparó la mesa, y celebraron una fiesta de familia por haber creído en Dios.
Salmo responsorial: 137
R/. Señor, tu derecha me salva.
Te doy gracias, Señor, de todo corazón, porque escuchaste las palabras de mi boca; delante de los ángeles tañeré para ti; me postraré hacia tu santuario.
Daré gracias a tu nombre por tu misericordia y tu lealtad. Cuando te invoqué, me escuchaste, acreciste el valor en mi alma.
Tu derecha me salva. El Señor completará sus favores conmigo. Señor, tu misericordia es eterna, no abandones la obra de tus manos.
Versículo antes del Evangelio (Jn 16, 7.13): Aleluya. Os enviaré el Espíritu de verdad, dice el Señor; Él os enseñará toda la verdad. Aleluya.
Texto del Evangelio (Jn 16, 5-11): En aquel tiempo, Jesús habló así a sus discípulos: «Pero ahora me voy a Aquel que me ha enviado, y ninguno de vosotros me pregunta: ‘¿Adónde vas?’. Sino que por haberos dicho esto vuestros corazones se han llenado de tristeza. Pero yo os digo la verdad: Os conviene que yo me vaya; porque si no me voy, no vendrá a vosotros el Paráclito; pero si me voy, os lo enviaré, y cuando Él venga, convencerá al mundo en lo referente al pecado, en lo referente a la justicia y en lo referente al juicio; en lo referente al pecado, porque no creen en mí; en lo referente a la justicia porque me voy al Padre, y ya no me veréis; en lo referente al juicio, porque el Príncipe de este mundo está juzgado».