Glorioso san Cristóbal, tú que llevaste al Niño Jesús sobre tus hombros, líbranos de todo mal y peligro en nuestros caminos. Dame, Señor, mano firme y mirada vigilante para que mientras conduzca no cause daño a nadie.
A Ti, Señor, que das la vida y la conservas, te suplico humildemente que guardes hoy la mía. Libra, Señor, a quienes me acompañan de todo choque, enfermedad o accidente. Enséñame a hacer uso de mi vehículo para remedio de las necesidades ajenas y haz que, admirando la belleza de este mundo, logre llegar felizmente a mi destino. Amén.
Hoy viernes las lecturas nos presentan la dificultad de seguir el camino de la fe, que conlleva la persecución por ser fiel al mensaje del Evangelio, y el camino que nos lleva a apartarnos de Dios es el camino que en la primera lectura había escogido el pueblo de Israel, adorando a los ídolos y poniendo su confianza en las potencias políticas de Egipto y Asiria. Por eso Jesús en el evangelio nos presenta que seguir el camino de la fe es difícil, pero con perseverancia y humildad de corazón siempre tendremos palabras para proclamar la grandeza de Dios. El mundo es duro y reacio a escuchar a Dios, pero nosotros debemos ser inteligentes para aprender a vivir en el mundo sin renunciar a Él. Seamos buenos y confiemos en Dios, que nos renueva por dentro para proclamar su misericordia.
1ª Lectura (Os 14, 2-10): Así dice el Señor: «Israel, conviértete al Señor Dios tuyo, porque tropezaste por tu pecado. Preparad vuestro discurso, volved al Señor y decidle: ‘Perdona del todo la iniquidad, recibe benévolo el sacrificio de nuestros labios. No nos salvará Asiria, no montaremos a caballo, no volveremos a llamar Dios a la obra de nuestras manos. En ti encuentra piedad el huérfano’. Yo curaré sus extravíos, los amaré sin que lo merezcan, mi cólera se apartará de ellos. Seré para Israel como rocío, florecerá como azucena, arraigará como el Líbano. Brotarán sus vástagos, será su esplendor como un olivo, su aroma como el Líbano. Vuelven a descansar a su sombra: harán brotar el trigo, florecerán como la viña; será su fama como la del vino del Líbano. Efraín, ¿qué te importan los ídolos? Yo le respondo y le miro: yo soy como un ciprés frondoso: de mí proceden tus frutos. ¿Quién es el sabio que lo comprenda, el prudente que lo entienda? Rectos son los caminos del Señor: los justos andan por ellos, los pecadores tropiezan en ellos».
Salmo responsorial: 50
R/. Mi boca proclamará tu alabanza, Señor.
Misericordia, Dios mío, por tu bondad, por tu inmensa compasión borra mi culpa; lava del todo mi delito, limpia mi pecado.
Te gusta un corazón sincero, y en mi interior me inculcas sabiduría. Rocíame con el hisopo: quedaré limpio; lávame: quedaré más blanco que la nieve.
Oh Dios, crea en mí un corazón puro, renuévame por dentro con espíritu firme; no me arrojes lejos de tu rostro, no me quites tu santo espíritu.
Devuélveme la alegría de tu salvación, afiánzame con espíritu generoso. Señor, me abrirás los labios, y mi boca proclamará tu alabanza.
Versículo antes del Evangelio (Jn 16, 3; 14,26): Aleluya. Cuando venga el Espíritu de la verdad, os enseñará toda la verdad; y os recordará todo aquello que yo os he dicho. Aleluya.
Texto del Evangelio (Mt 10, 16-23): En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «Mirad que yo os envío como ovejas en medio de lobos. Sed, pues, prudentes como las serpientes, y sencillos como las palomas. Guardaos de los hombres, porque os entregarán a los tribunales y os azotarán en sus sinagogas; y por mi causa seréis llevados ante gobernadores y reyes, para que deis testimonio ante ellos y ante los gentiles. Mas cuando os entreguen, no os preocupéis de cómo o qué vais a hablar. Lo que tengáis que hablar se os comunicará en aquel momento. Porque no seréis vosotros los que hablaréis, sino el Espíritu de vuestro Padre el que hablará en vosotros.
Entregará a la muerte hermano a hermano y padre a hijo; se levantarán hijos contra padres y los matarán. Y seréis odiados de todos por causa de mi nombre; pero el que persevere hasta el fin, ese se salvará. Cuando os persigan en una ciudad huid a otra, y si también en esta os persiguen, marchaos a otra. Yo os aseguro: no acabaréis de recorrer las ciudades de Israel antes de que venga el Hijo del hombre».
Oh, Dios omnipotente, que diste fortaleza a las santas mártires Rufina y Segunda para confesar tu santo nombre con valentía. Te rogamos que, por su piadosa intercesión, nos ayudes a experimentar los frutos de su protección y a mantenernos firmes en la fe durante nuestras dificultades. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.
Todos los días Dios nos muestra su amor y cercanía con su palabra y poniendo a nuestro lado lo que necesitamos, por eso hoy en el evangelio leemos que nos deja instrucciones para que confiemos en su presencia y amor. Es cierto que cuando llegan los momentos de dificultad nos cuesta descubrir que Dios nos ama, y a pesar de que nosotros nos apartamos de Él, Dios es como un padre-madre que con ternura cuida y alimenta a su hijo. Así es el Dios que Cristo nos manifiesta, y que nos pide que también nosotros lo manifestemos al mundo con nuestras vidas. Seamos buenos y confiemos en Dios, que se fija en el hombre para darle su amor incondicional.
1ª Lectura (Os 11, 1-4.8c-9): Así dice el Señor: «Cuando Israel era joven, lo amé, desde Egipto llamé a mi hijo. Cuando lo llamaba, él se alejaba, sacrificaba a los Baales, ofrecía incienso a los ídolos. Yo enseñé a andar a Efraín, lo alzaba en brazos; y él no comprendía que yo lo curaba. Con cuerdas humanas, con correas de amor lo atraía; era para ellos como el que levanta el yugo de la cerviz, me inclinaba y le daba de comer. Se me revuelve el corazón, se me conmueven las entrañas. No cederé al ardor de mi cólera, no volveré a destruir a Efraín; que soy Dios, y no hombre; santo en medio de ti, y no enemigo a la puerta».
Salmo responsorial: 79
R/. Que brille tu rostro, Señor, y nos salve.
Pastor de Israel, escucha, tú que te sientas sobre querubines, resplandece; despierta tu poder y ven a salvarnos.
Dios de los ejércitos, vuélvete: mira desde el cielo, fíjate, ven a visitar tu viña, la cepa que tu diestra plantó, y que tú hiciste vigorosa.
Versículo antes del Evangelio (Mc 1, 15): Aleluya. Se ha acercado el Reino de Dios, haced penitencia y creed en el Evangelio. Aleluya.
Texto del Evangelio (Mt 10, 7-15): En aquel tiempo, Jesús dijo a sus Apóstoles: «Id proclamando que el Reino de los Cielos está cerca. Curad enfermos, resucitad muertos, purificad leprosos, expulsad demonios. Gratis lo recibisteis; dadlo gratis. No os procuréis oro, ni plata, ni calderilla en vuestras fajas; ni alforja para el camino, ni dos túnicas, ni sandalias, ni bastón; porque el obrero merece su sustento. En la ciudad o pueblo en que entréis, informaos de quién hay en él digno, y quedaos allí hasta que salgáis. Al entrar en la casa, saludadla. Si la casa es digna, llegue a ella vuestra paz; mas si no es digna, vuestra paz se vuelva a vosotros. Y si no se os recibe ni se escuchan vuestras palabras, salid de la casa o de la ciudad aquella sacudiendo el polvo de vuestros pies. Yo os aseguro: el día del Juicio habrá menos rigor para la tierra de Sodoma y Gomorra que para aquella ciudad».
Hoy miércoles podemos aprender de la palabra de Dios que ha escogido de entre los discípulos a doce para que sean el comienzo del nuevo pueblo de Dios. Les da su poder de curar y expulsar el mal. Signos de que Dios ha venido al mundo para acabar con lo que nos divide, que normalmente suele ser la separación entre cuerpo mortal y alma inmortal.
Esta separación la vemos en la primera lectura, que denuncia la separación que Israel vive porque sus muchas riquezas le llevan a abandonar al Dios vivo para servir al dios de la opulencia que se olvida de los demás.
Cristo en el evangelio ha dado la orden a los apóstoles de curar y expulsar el mal, pero primero a las ovejas descarriadas para que sirvan de ayuda y ejemplo.
Miremos nuestra vida y descubramos la llamada de Dios a unirnos a los apóstoles y dejarnos curar de nuestras enfermedades, y expulsemos el mal que nos separa de Dios y seamos ejemplos para que convirtamos a otros muchos al pueblo nuevo de Dios. Seamos buenos, confiemos siempre en Dios y mostremos a todos sus maravillas.
1ª Lectura (Os 10, 1-3. 7-8. 12): Israel era una viña frondosa que daba abundante fruto. Pero cuanto más se multiplicaban sus frutos, más se multiplicaban sus altares paganos; cuanto más rico era el país, más ricos fueron sus monumentos a los ídolos. Su corazón está dividido y van a pagar sus culpas. El Señor derribará sus altares y demolerá sus monumentos. Pero ellos dicen: «No tenemos rey». Pero si no temen al Señor, ¿qué podrá hacer por ellos el rey? Samaria y su becerro desaparecerán como espuma sobre el agua. Todos los santuarios de los ídolos serán destruidos y sobre sus altares crecerán espinas y cardos, porque la idolatría ha sido el pecado de Israel. Entonces gritarán a los montes: «¡Cubridnos!», y a las colinas: «¡Sepultadnos!». Sembrad justicia y cosechareis misericordia; preparad vuestras tierras para la siembra, pues ya es tiempo de buscar al Señor, para que venga y llueva la salvación sobre vosotros.
Salmo responsorial: 104
R/. Buscad siempre el rostro del Señor.
Cantadle y tañed salmos; contad todas sus maravillas. Gloriaos en su santo nombre; alégrese el corazón de los que buscan al Señor.
Buscad al Señor y fortificaos, buscad siempre su rostro. Acordaos de las maravillas que hizo, de sus prodigios y de los juicios de su boca.
Linaje de Abraham, siervos suyos; hijos de Jacob, elegidos suyos. Él es el Señor Dios nuestro: sus juicios tienen vigor en toda la Tierra.
Versículo antes del Evangelio (Mc 1, 15): Aleluya. Se ha acercado el Reino de Dios; haced penitencia y creed en el Evangelio. Aleluya.
Texto del Evangelio (Mt 10, 1-7): En aquel tiempo, llamando a sus doce discípulos, les dio poder sobre los espíritus inmundos para expulsarlos, y para curar toda enfermedad y toda dolencia. Los nombres de los doce Apóstoles son éstos: primero Simón, llamado Pedro, y su hermano Andrés; Santiago el de Zebedeo y su hermano Juan; Felipe y Bartolomé; Tomás y Mateo el publicano; Santiago el de Alfeo y Tadeo; Simón el Cananeo y Judas el Iscariote, el mismo que le entregó. A éstos doce envió Jesús, después de darles estas instrucciones: «No toméis camino de gentiles ni entréis en ciudad de samaritanos; dirigíos más bien a las ovejas perdidas de la casa de Israel. Id proclamando que el Reino de los Cielos está cerca».
Hoy martes la palabra de Dios nos quiere enseñar que necesitamos pedir a Dios que nos mande vocaciones. El pueblo de Israel se ha apartado de Dios y sigue a ídolos que no pueden salvar, son hechura de manos humanas. Y leemos cómo en la primera lectura el profeta denuncia y avisa del enfado y dolor que Dios tiene porque no responden a su Amor.
Jesús en el evangelio demuestra la misericordia de Dios, curando y predicando el Reino de Dios, que ha llegado al mundo, pero hay muchos que tienen el corazón endurecido y por eso nos enseña a pedir trabajadores que den testimonio de la fe. Hoy nosotros deberíamos descubrir si tenemos presente que Dios nos llama a trabajar en el mundo para que se conozca al Dios vivo y verdadero y ayudemos a rechazar a los ídolos que no salvan. Seamos buenos y confiemos en Dios, que es nuestro auxilio y escudo.
1ª Lectura (Os 8, 4-7.11.13): Así dice el Señor: «Se nombraron reyes en Israel sin contar conmigo, se nombraron príncipes sin mi aprobación. Con su plata y su oro se hicieron ídolos para su perdición. Hiede tu novillo, Samaria, ardo de ira contra él. ¿Cuándo lograréis la inocencia? Un escultor lo hizo, no es dios, se hace añicos el novillo de Samaria. Siembran viento y cosechan tempestades; las mieses no echan espiga ni dan grano, y, si lo dieran, extraños lo devorarían. Porque Efraín multiplicó sus altares para pecar, para pecar le sirvieron sus altares. Aunque les dé multitud de leyes, las consideran como de un extraño. Aunque inmolen víctimas en mi honor y coman la carne, al Señor no le agradan. Tiene presente sus culpas y castigará sus pecados: tendrán que volver a Egipto».
Salmo responsorial: 113
R/. Israel confía en el Señor.
Nuestro Dios está en el cielo, lo que quiere lo hace. Sus ídolos, en cambio, son plata y oro, hechura de manos humanas.
Tienen boca, y no hablan; tienen ojos, y no ven; tienen orejas, y no oyen; tienen nariz, y no huelen.
Tienen manos, y no tocan; tienen pies, y no andan. Que sean igual los que los hacen, cuantos confían en ellos.
Israel confía en el Señor: él es su auxilio y su escudo. La casa de Aarón confía en el Señor: él es su auxilio y su escudo.
Versículo antes del Evangelio (Jn 10, 14): Aleluya. Yo soy el Buen Pastor, dice el Señor, y conozco a mis ovejas y las mías me conocen. Aleluya.
Texto del Evangelio (Mt 9, 32-38): En aquel tiempo, le presentaron un mudo endemoniado. Y expulsado el demonio, rompió a hablar el mudo. Y la gente, admirada, decía: «Jamás se vio cosa igual en Israel». Pero los fariseos decían: «Por el Príncipe de los demonios expulsa a los demonios».
Jesús recorría todas las ciudades y aldeas, enseñando en sus sinagogas, proclamando la Buena Nueva del Reino y sanando toda enfermedad y toda dolencia. Y al ver a la muchedumbre, sintió compasión de ella, porque estaban vejados y abatidos como ovejas que no tienen pastor. Entonces dice a sus discípulos: «La mies es mucha y los obreros pocos. Rogad, pues, al Dueño de la mies que envíe obreros a su mies».
La palabra de Dios hoy nos presenta hoy lunes su divina misericordia. En la primera lectura Dios utiliza al profeta para que nos transmita que, aunque el pueblo de Dios se aparte de Él, siempre estará dispuesto a hablarle al corazón y atraerlo con palabras de ternura y misericordia. Es la expresión que también utiliza el salmista: "El Señor es lento a la cólera y rico en clemencia". Así actúa Cristo en el evangelio. El número 12 de los años que la mujer lleva enferma, y 12 la edad de la niña, significan que Dios interviene y no abandona al pueblo escogido, sino que está siempre dispuesto a tomarlo de la mano y levantarlo con palabras de amor. Escuchemos hoy las palabras que nos dice Jesús: "A ti te lo digo, levántate". Seamos buenos y confiemos en Dios, que es cariñoso con todas sus criaturas.
1ª Lectura (Os 2, 16.17b-18.21-22): Así dice el Señor: «Yo la cortejaré, me la llevaré al desierto, le hablaré al corazón. Y me responderá allí como en los días de su juventud, como el día en que la saqué de Egipto. Aquel día —oráculo del Señor—, me llamará Esposo mío, no me llamará ídolo mío. Me casaré contigo en matrimonio perpetuo, me casaré contigo en derecho y justicia, en misericordia y compasión, me casaré contigo en fidelidad, y te penetrarás del Señor».
Salmo responsorial: 144
R/. El Señor es clemente y misericordioso.
Día tras día, te bendeciré y alabaré tu nombre por siempre jamás. Grande es el Señor, merece toda alabanza, es incalculable su grandeza.
Una generación pondera tus obras a la otra, y le cuenta tus hazañas. Alaban ellos la gloria de tu majestad, y yo repito tus maravillas.
Encarecen ellos tus temibles proezas, y yo narro tus grandes acciones; difunden la memoria de tu inmensa bondad, y aclaman tus victorias.
El Señor es clemente y misericordioso, lento a la cólera y rico en piedad; el Señor es bueno con todos, es cariñoso con todas sus criaturas.
Versículo antes del Evangelio (2Tim 1, 10): Aleluya. Nuestro Salvador Jesucristo destruyó la muerte y sacó a la luz la vida por el Evangelio. Aleluya.
Texto del Evangelio (Mt 9, 18-26): En aquel tiempo, Jesús les estaba hablando, cuando se acercó un magistrado y se postró ante Él diciendo: «Mi hija acaba de morir, pero ven, impón tu mano sobre ella y vivirá». Jesús se levantó y le siguió junto con sus discípulos. En esto, una mujer que padecía flujo de sangre desde hacía doce años se acercó por detrás y tocó la orla de su manto. Pues se decía para sí: «Con sólo tocar su manto, me salvaré». Jesús se volvió, y al verla le dijo: «¡Ánimo!, hija, tu fe te ha salvado». Y se salvó la mujer desde aquel momento.
Al llegar Jesús a casa del magistrado y ver a los flautistas y la gente alborotando, decía: «¡Retiraos! La muchacha no ha muerto; está dormida». Y se burlaban de Él. Mas, echada fuera la gente, entró Él, la tomó de la mano, y la muchacha se levantó. Y la noticia del suceso se divulgó por toda aquella comarca.
Buenos días. Feliz domingo. Día del Señor resucitado. Hoy las lecturas son claras, para encontrar la salvación hay que vivir según el Espíritu y dejar lo mundano, para descubrir que Dios se fija en los sencillos y humildes. El mismo Mesías esperado ya fue anunciado que llegaría en un pollino y no en un caballo como conquistador. Aprendamos de la entrega y amor de Cristo y seamos como Él, mansos y humildes de corazón. Seamos buenos y confiemos en Dios, que sostiene a los débiles que confían en Él.
1ª Lectura (Zac 9, 9-10): Así dice el Señor: «Alégrate, hija de Sión; canta, hija de Jerusalén; mira a tu rey que viene a ti justo y victorioso; modesto y cabalgando en un asno, en un pollino de borrica. Destruirá los carros de Efraín, los caballos de Jerusalén, romperá los arcos guerreros, dictará la paz a las naciones; dominará de mar a mar, del Gran Río al confín de la tierra».
Salmo responsorial: 144
R/. Bendeciré tu nombre por siempre, Dios mío, mi rey.
Te ensalzaré, Dios mío, mi rey; bendeciré tu nombre por siempre jamás. Día tras día, te bendeciré y alabaré tu nombre por siempre jamás.
El Señor es clemente y misericordioso, lento a la cólera y rico en piedad; el Señor es bueno con todos, es cariñoso con todas sus criaturas.
Que todas tus criaturas te den gracias, Señor, que te bendigan tus fieles; que proclamen la gloria de tu reinado, que hablen de tus hazañas.
El Señor es fiel a sus palabras, bondadoso en todas sus acciones. El Señor sostiene a los que van a caer, endereza a los que ya se doblan.
2ª Lectura (Rom 8, 9.11-13): Vosotros no estáis sujetos a la carne, sino al espíritu, ya que el Espíritu de Dios habita en vosotros. El que no tiene el Espíritu de Cristo no es de Cristo. Si el Espíritu del que resucitó a Jesús de entre los muertos habita en vosotros, el que resucitó de entre los muertos a Cristo Jesús vivificará también vuestros cuerpos mortales, por el mismo Espíritu que habita en vosotros. Así, pues, hermanos, estamos en deuda, pero no con la carne para vivir carnalmente. Pues si vivís según la carne, vais a la muerte; pero si con el Espíritu dais muerte a las obras del cuerpo, viviréis.
Versículo antes del Evangelio (Cf. Mt 11, 25): Aleluya. Te doy gracias, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has revelado los misterios del Reino a la gente sencilla. Aleluya.
Texto del Evangelio (Mt 11, 25-30): En aquel tiempo, tomando Jesús la palabra, dijo: «Yo te bendigo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has ocultado estas cosas a sabios e inteligentes, y se las has revelado a pequeños. Sí, Padre, pues tal ha sido tu beneplácito. Todo me ha sido entregado por mi Padre, y nadie conoce bien al Hijo sino el Padre, ni al Padre le conoce bien nadie sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar.
Venid a mí todos los que estáis fatigados y sobrecargados, y yo os daré descanso. Tomad sobre vosotros mi yugo, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas. Porque mi yugo es suave y mi carga ligera».
Las lecturas de hoy sábado por la mañana nos quieren mostrar que el amor y misericordia que Dios trae al mundo es una novedad. Dios no quiere el sufrimiento y el dolor, pero si nuestro corazón está lejos de Dios, sufre porque necesita del único Amor que enciende la esperanza y da vida nueva. San Pablo recuerda que hemos muerto al pecado para vivir una vida nueva, es lo que Jesús nos enseña hoy en el evangelio, nos trae con su muerte el vino nuevo, debemos dejar atrás la vida sin Dios para vivir la novedad del Reino de Dios, que es fraternidad, justicia reparadora y caridad. Seamos buenos y confiemos en Dios, que anuncia la paz a su pueblo.
1ª Lectura (Am 9, 11-15): Así dice el Señor: «Aquel día, levantaré la tienda caída de David, taparé sus brechas, levantaré sus ruinas como en otros tiempos. Para que posean las primicias de Edom, y de todas las naciones, donde se invocó mi nombre —oráculo del Señor—. Mirad que llegan días —oráculo del Señor— en que el que ara sigue de cerca al segador; el que pisa las uvas, al sembrador; los montes manarán vino, y fluirán los collados. Haré volver los cautivos de Israel, edificarán ciudades destruidas y las habitarán, plantarán viñas y beberán de su vino, cultivarán huertos y comerán de sus frutos. Los plantaré en su campo, y no serán arrancados del campo que yo les di, dice el Señor, tu Dios».
Salmo responsorial: 84
R/. Dios anuncia la paz a su pueblo.
Voy a escuchar lo que dice el Señor: «Dios anuncia la paz a su pueblo y a sus amigos y a los que se convierten de corazón».
La misericordia y la fidelidad se encuentran, la justicia y la paz se besan; la fidelidad brota de la tierra, y la justicia mira desde el cielo.
El Señor nos dará la lluvia, y nuestra tierra dará su fruto. La justicia marchará ante él, la salvación seguirá sus pasos.
Versículo antes del Evangelio (Jn 10, 27): Aleluya. Las ovejas oyen mi voz, dice el Señor; y yo las conozco y me siguen. Aleluya.
Texto del Evangelio (Mt 9, 14-17): En aquel tiempo, se le acercan los discípulos de Juan y le dicen: «¿Por qué nosotros y los fariseos ayunamos, y tus discípulos no ayunan?». Jesús les dijo: «¿Pueden acaso los invitados a la boda ponerse tristes mientras el novio está con ellos? Días vendrán en que les será arrebatado el novio; entonces ayunarán. Nadie echa un remiendo de paño sin tundir en un vestido viejo, porque lo añadido tira del vestido, y se produce un desgarrón peor. Ni tampoco se echa vino nuevo en pellejos viejos; pues de otro modo, los pellejos revientan, el vino se derrama, y los pellejos se echan a perder; sino que el vino nuevo se echa en pellejos nuevos, y así ambos se conservan».