Feliz lunes y feliz semana. El mensaje de Dios es que la salvación es para todo aquel que practica la justicia y cree en Cristo. Por eso, volvemos a leer hoy el mismo evangelio que ayer: Jesús es el único Pastor de los hombres y quiere que escuchemos su voz para que tengamos vida abundante. Así hoy la primera comunidad cristiana ha recibido la misión de que el Evangelio (Cristo mismo) llegue a todo el mundo entero, declarando que la creación entera es obra de un Dios trinitario que ha enviado su Espíritu Santo para dar vida abundante a todo aquel que abre su corazón. Hoy debemos ser conscientes de que a veces podemos tener actitudes que excluyen a los demás, y deberíamos alegrarnos porque el mismo Dios quiere que la salvación llegue al mundo entero. Seamos buenos, confiemos en Dios y proclamemos al mundo entero el Evangelio sin excluir a nadie.
Texto del Evangelio (Jn 10, 11-18): En aquel tiempo, Jesús habló así: «Yo soy el buen pastor. El buen pastor da su vida por las ovejas. Pero el asalariado, que no es pastor, a quien no pertenecen las ovejas, ve venir al lobo, abandona las ovejas y huye, y el lobo hace presa en ellas y las dispersa, porque es asalariado y no le importan nada las ovejas. Yo soy el buen pastor; y conozco mis ovejas y las mías me conocen a mí, como me conoce el Padre y yo conozco a mi Padre y doy mi vida por las ovejas. También tengo otras ovejas, que no son de este redil; también a ésas las tengo que conducir y escucharán mi voz; y habrá un solo rebaño, un solo pastor. Por eso me ama el Padre, porque doy mi vida, para recobrarla de nuevo. Nadie me la quita; yo la doy voluntariamente. Tengo poder para darla y poder para recobrarla de nuevo; esa es la orden que he recibido de mi Padre».
El Señor es mi pastor, nada me falta. En verdes prados me apacienta, me conduce hacia fuentes de descanso y repara mis fuerzas.
Conoce mi corazón y mis entrañas, mis proyectos e ilusiones, me guía por caminos de justicia, me enseña los tesoros de la vida y silba canciones de alegría, por el amor de su nombre.
Aunque pase por cañadas oscuras no tengo miedo a nada, pues Él está junto a mí, protegiéndome de ideologías y huecas promesas, de trampas y enemigos. Su vara y su cayado me dan seguridad.
Aunque mis trabajos sean duros y urgentes no me agobio ni pierdo la paz, pues su compañía procura serenidad a mi obrar, plenifica mis anhelos y mi ser, y hace inútil todo activismo.
Cada día, con gracia renovada, pronuncia mi nombre con ternura y me llama junto a Él. Cada mañana me unge con perfume; y me permite brindar, cada anochecer, con la copa rebosante de paz.
El Señor es mi pastor. Él busca a las que están perdidas, sana a las enfermas, enseña a las equivocadas, cura a las heridas, carga con las cansadas, alimenta a las hambrientas, mima a las preñadas y da vida a todas.
¡El Señor es el único líder que no avasalla! Él hace honor a su nombre dando a nuestras vidas dignidad y talla. Nada temo a los profetas de calamidades, ni a la tiranía de los poderosos, ni al susurro de los mediocres, ¡porque tú vas conmigo!
Has preparado un banquete de amor fraterno para celebrar mi caminar por el mundo. En él me revelas quiénes son tus preferidos y cuáles han de ser mis sendas del futuro.
¡Gracias Señor porque me creas, sostienes y guías con tu presencia cargada de vida y amor por mí! ¡Gracias Señor, mi Buen Pastor!
















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