Hoy sábado por la mañana las lecturas nos muestran que la gloria de Dios quiere llenar el mundo, y la primera lectura es una visión del profeta que anuncia la reconstrucción del Templo, pero la gloria que el profeta ve sólo tiene los pies en ese nuevo trono porque sale de ahí para habitar de una forma nueva en los que han convertido su corazón de piedra en carne. Por eso Jesús en el evangelio advierte contra los fariseos y escribas que tienen que enseñar la Ley pero que en su interior no la viven y no están dispuestos a cumplir con lo que predican. Jesús propone un camino más profundo, somos todos hermanos que tenemos la obligación de ayudarnos y servirnos, no con superioridad moral, sino con humildad. Seamos buenos, confiemos en Dios y que Santa María Reina nos ayude a dejar que la gloria de Dios nos convierta en templos del Espíritu Santo.
1ª Lectura (Ez 43, 1-7): En aquellos días, el ángel me condujo a la puerta oriental: vi la gloria del Dios de Israel que venía de oriente, con estruendo de aguas caudalosas: la tierra reflejó su gloria. La visión que tuve era como la visión que había contemplado cuando vino a destruir la ciudad, como la visión que había contemplado a orillas del río Quebar. Y caí rostro en tierra. La gloria del Señor entró en el templo por la puerta oriental. Entonces me arrebató el espíritu y me llevó al atrio interior. La gloria del Señor llenaba el templo. Entonces oí a uno que me hablaba desde el templo —el hombre seguía a mi lado, y me decía: «Hijo de Adán, este es el sitio de mi trono, el sitio de las plantas de mis pies, donde voy a residir para siempre en medio de los hijos de Israel».
Salmo responsorial: 84
R/. La gloria del Señor habitará en nuestra tierra.
Voy a escuchar lo que dice el Señor: «Dios anuncia la paz a su pueblo y a sus amigos». La salvación está ya cerca de sus fieles, y la gloria habitará en nuestra tierra.
La misericordia y la fidelidad se encuentran, la justicia y la paz se besan; la fidelidad brota de la tierra, y la justicia mira desde el cielo.
El Señor nos dará la lluvia, y nuestra tierra dará su fruto. La justicia marchará ante él, la salvación seguirá sus pasos.
Versículo antes del Evangelio (Mt 23, 9.10): Aleluya. Uno solo es vuestro Padre, el del cielo, y uno solo es vuestro consejero, Cristo. Aleluya.















































