Buenos días. Hoy es viernes de Cuaresma y las lecturas nos muestran lo que significa la justicia divina: amor que se compadece y perdona. Así el profeta Ezequiel explica que Dios no quiere la muerte de nadie sino la conversión de las malas obras. Y en el evangelio, Cristo nos pide que nuestra justicia sea mayor que la de los escribas y fariseos, es decir, que miremos al prójimo tratándolo como nos gustaría que nos tratasen a nosotros, especialmente cuando el prójimo está más necesitado de compasión; porque los mandamientos no son simples normas sino más bien una guía que nos enseña a crecer en santidad para poder ser auténticamente justos. Seamos buenos y confiemos en Dios, que infunde amor y respeto, porque su justicia es perdón y misericordia.
1ª Lectura (Ez 18, 21-28): Esto dice el Señor Dios: «Si el malvado se convierte de todos los pecados cometidos y observa todos mis preceptos, practica el derecho y la justicia, ciertamente vivirá y no morirá. No se tendrán en cuenta los delitos cometidos; por la justicia que ha practicado, vivirá. ¿Acaso quiero yo la muerte del malvado —oráculo del Señor Dios—, y no que se convierta de su conducta y viva? Si el inocente se aparta de su inocencia y comete maldades, como las acciones detestables del malvado, ¿acaso podrá vivir? No se tendrán en cuenta sus obras justas. Por el mal que hizo y por el pecado cometido, morirá. Y dijisteis: No es justo el proceder del Señor. Escuchad, casa de Israel: ¿Es injusto mi proceder? ¿No es más bien vuestro proceder el que es injusto? Cuando el inocente se aparta de su inocencia, comete la maldad y muere, muere por la maldad que cometió. Y cuando el malvado se convierte de la maldad que hizo y practica el derecho y la justicia, él salva su propia vida. Si recapacita y se convierte de los delitos cometidos, ciertamente vivirá y no morirá».
Salmo responsorial: 129
R/. Si llevas cuenta de los delitos, Señor, ¿quién podrá resistir?
Desde lo hondo a ti grito, Señor; Señor, escucha mi voz; estén tus oídos atentos a la voz de mi súplica.
Si llevas cuenta de los delitos, Señor, ¿quién podrá resistir? Pero de ti procede el perdón, y así infundes temor.
Mi alma espera en el Señor, espera en su palabra; mi alma aguarda al Señor, más que el centinela la aurora. Aguarde Israel al Señor, como el centinela la aurora.
Porque del Señor viene la misericordia, la redención copiosa; y el redimirá a Israel de todos sus delitos.
Versículo antes del Evangelio (Ez 18, 31): Echad lejos de vosotros todas vuestras prevaricaciones, dice el Señor, y haceos un corazón nuevo y un espíritu nuevo.











































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