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miércoles, 24 de junio de 2026
SOLEMNIDAD DE LA NATIVIDAD DE SAN JUAN BAUTISTA
Hoy miércoles celebramos a san Juan Bautista, el último profeta que prepara el camino al Señor. Las lecturas nos presentan que ha llegado la salvación. Solo celebra la Iglesia dos nacimientos: el de Cristo y el del Bautista, porque en los dos casos se manifiesta la acción salvadora de Dios, que interviene en la historia del hombre para traer esperanza, por eso el evangelio termina señalando que todos en el pueblo se quedaron sobrecogidos, porque la mano de Dios estaba con él.
La segunda lectura nos explica que Juan será la preparación para la venida del Mesías, la conversión que necesitamos, el cambio profundo de nuestra forma de entender a Dios que está en el Antiguo Testamento para abrir el camino al Nuevo Testamento y recibir un Don maravilloso. Hoy podemos mirar nuestra vida e intentar descubrir si nos hemos abierto al don maravilloso o si nuestro corazón todavía no ha llegado a convertirse.
Seamos buenos y confiemos en Dios, que nos ha escogido portentosamente.
1ª Lectura (Is 49, 1-6): Escuchadme, islas; atended, pueblos lejanos: Estaba yo en el vientre, y el Señor me llamó; en las entrañas maternas, y pronunció mi nombre. Hizo de mi boca una espada afilada, me escondió en la sombra de su mano; me hizo flecha bruñida, me guardó en su aljaba y me dijo: «Tú eres mi siervo, de quien estoy orgulloso». Mientras yo pensaba: «En vano me he cansado, en viento y en nada he gastado mis fuerzas», en realidad mi derecho lo llevaba el Señor, mi salario lo tenía mi Dios. Y ahora habla el Señor, que desde el vientre me formó siervo suyo, para que le trajese a Jacob, para que le reuniese a Israel —tanto me honró el Señor, y mi Dios fue mi fuerza—: «Es poco que seas mi siervo y restablezcas las tribus de Jacob y conviertas a los supervivientes de Israel; te hago luz de las naciones, para que mi salvación alcance hasta el confín de la Tierra».
Salmo responsorial: 138
R/. Te doy gracias, porque me has escogido portentosamente.
Señor, tú me sondeas y me conoces; me conoces cuando me siento o me levanto, de lejos penetras mis pensamientos; distingues mi camino y mi descanso, todas mis sendas te son familiares.
Tú has creado mis entrañas, me has tejido en el seno materno. Te doy gracias, porque me has escogido portentosamente, porque son admirables tus obras; conocías hasta el fondo de mi alma.
No desconocías mis huesos, cuando, en lo oculto, me iba formando, y entretejiendo en lo profundo de la tierra.
2ª Lectura (Hch 13, 22-26): En aquellos días, dijo Pablo: «Dios nombró rey a David, de quien hizo esta alabanza: ‘Encontré a David, hijo de Jesé, hombre conforme a mi corazón, que cumplirá todos mis preceptos’. Según lo prometido, Dios sacó de su descendencia un salvador para Israel: Jesús. Antes de que llegara, Juan predicó a todo Israel un bautismo de conversión; y, cuando estaba para acabar su vida, decía: ‘Yo no soy quien pensáis; viene uno detrás de mí a quien no merezco desatarle las sandalias’. Hermanos, descendientes de Abrahán y todos los que teméis a Dios: A vosotros se os ha enviado este mensaje de salvación».
Versículo antes del Evangelio (Lc 1, 76): Aleluya. Tú, niño, serás llamado profeta del Altísimo; irás delante del Señor para preparar sus caminos. Aleluya.
martes, 23 de junio de 2026
MARTES XII TIEMPO ORDINARIO A
Hoy martes las lecturas que la Iglesia nos propone invitan a meditar cuál es el camino de la vida y la salvación. En el evangelio dice que lo primero es cuidar las cosas de Dios y no darlas como si no tuviesen valor. Y lo segundo que nos enseña es que ante un mundo que nos busca avasallar, como el rey asirio, nosotros debemos orar con confianza y fe al Dios vivo y verdadero que nos enseña que aunque el camino de la salvación sea estrecho sólo así llegaremos a la felicidad, porque sólo amando a los demás como deseamos que nos amen llegaremos a Dios. Seamos buenos y cconfiemos en Dios, que su mano está llena de justicia y amor.
1ª Lectura (2Re 19, 9b-11.14-21.31-35.36): En aquellos días, Senaquerib, rey de Asiria, envió mensajeros a Ezequías, para decirle: «Decid a Ezequias, rey de Judá: ‘Que no te engañe tu Dios en quien confías, pensando que Jerusalén no caerá en manos del rey de Asiria. Tú mismo has oído hablar cómo han tratado los reyes de Asiria a todos los países, exterminándolos, ¿y tú te vas a librar?’». Ezequías tomó la carta de mano de los mensajeros y la leyó; después subió al templo, la desplegó ante el Señor y oró: «Señor, Dios de Israel, sentado sobre querubines; tú solo eres el Dios de todos los reinos del mundo. Tú hiciste el cielo y la tierra. Inclina tu oído, Señor, y escucha; abre tus ojos, Señor, y mira. Escucha el mensaje que ha enviado Senaquerib para ultrajar al Dios vivo. Es verdad, Señor: los reyes de Asiria han asolado todos los países y su territorio, han quemado todos sus dioses, porque no son dioses, sino hechura de manos humanas, leño y piedra, y los han destruido. Ahora, Señor, Dios nuestro, sálvanos de su mano, para que sepan todos los reinos del mundo que tú solo, Señor, eres Dios».
Isaías, hijo de Amós, mandó a decir a Ezequías: «Así dice el Señor, Dios de Israel: He oído lo que me pides acerca de Senaquerib, rey de Asiria. Ésta es la palabra que el Señor pronuncia contra él: Te desprecia y se burla de ti la doncella, la ciudad de Sión; menea la cabeza a tu espalda la ciudad de Jerusalén. Pues de Jerusalén saldrá un resto, del monte Sión los supervivientes. ¡El celo del Señor lo cumplirá! Por eso, así dice el Señor acerca del rey de Asiria: No entrará en esta ciudad, no disparará contra ella su flecha, no se acercará con escudo ni levantará contra ella un talud; por el camino por donde vino se volverá, pero no entrará en esta ciudad —oráculo del Señor—. Yo escucharé a esta ciudad para salvarla, por mi honor y el de David, mi siervo». Aquella misma noche salió el ángel del Señor e hirió en el campamento asirio a ciento ochenta y cinco mil hombres. Senaquerib, rey de Asiria, levantó el campamento, se volvió a Nínive y se quedó allí.
Salmo responsorial: 47
R/. Dios ha fundado su ciudad para siempre.
Grande es el Señor y muy digno de alabanza en la ciudad de nuestro Dios. Su monte santo, altura hermosa, alegría de toda la Tierra.
El monte Sión, vértice del cielo, ciudad del gran rey. Entre sus palacios, Dios descuella como un alcázar.
Oh Dios, meditamos tu misericordia en medio de tu templo: como tu renombre, oh Dios, tu alabanza llega al confín de la tierra; tu diestra está llena de justicia.
Versículo antes del Evangelio (Jn 8, 12): Aleluya. Yo soy la luz del mundo, dice el Señor; el que me sigue tendrá la luz de la vida. Aleluya.
Texto del Evangelio (Mt 7, 6.12-14): En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «No deis a los perros lo que es santo, ni echéis vuestras perlas delante de los puercos, no sea que las pisoteen con sus patas, y después, volviéndose, os despedacen. Por tanto, todo cuanto queráis que os hagan los hombres, hacédselo también vosotros a ellos; porque esta es la Ley y los Profetas. Entrad por la entrada estrecha; porque ancha es la entrada y espacioso el camino que lleva a la perdición, y son muchos los que entran por ella; mas ¡qué estrecha la entrada y qué angosto el camino que lleva a la Vida!; y pocos son los que lo encuentran».
lunes, 22 de junio de 2026
LUNES XII TIEMPO ORDINARIO A
Hoy lunes las lecturas nos muestran una realidad muy importante: somos poco conscientes de las maravillas que hace el Señor en nuestras vidas y por eso creemos siempre que la vida de los demás es más interesante. Juzgamos a los demás y nos sentimos superiores, pero en el fondo sabemos que eso nos hace sentir mal porque nos convierte en seres menores. Por eso, Cristo advierte que debemos descubrir nuestras fortalezas y debilidades para que así podamos ser felices, y con humildad podremos ayudar al prójimo. Seamos buenos y confiemos en Dios, que con su ayuda haremos proezas.
1ª Lectura (2Re 17, 5-8.13-15a.18): En aquellos días, Salmanasar, rey de Asiria, invadió el país y asedió a Samaria durante tres años. El año noveno de Oseas, el rey de Asiria conquistó Samaria, deportó a los israelitas a Asiria y los instaló en Jelaj, junto al Jabor, río de Gozán, y en las poblaciones de Media. Eso sucedió porque, sirviendo a otros dioses, los israelitas habían pecado contra el Señor, su Dios, que los había sacado de Egipto, del poder del Faraón, rey de Egipto; procedieron según las costumbres de las naciones que el Señor había expulsado ante ellos y que introdujeron los reyes nombrados por ellos mismos.
El Señor había advertido a Israel y Judá por medio de los profetas y videntes: «Volveos de vuestro mal camino, guardad mis mandatos y preceptos, siguiendo la ley que di a vuestros padres, que les comuniqué por medio de mis siervos, los profetas». Pero no hicieron caso, sino que se pusieron tercos, como sus padres, que no confiaron en el Señor, su Dios. Rechazaron sus mandatos y el pacto que había hecho el Señor con sus padres, y las advertencias que les hizo. El Señor se irritó tanto contra Israel que los arrojó de su presencia. Sólo quedó la tribu de Judá.
Salmo responsorial: 59
R/. Que tu mano salvadora, Señor, nos responda.
Oh Dios, nos rechazaste y rompiste nuestras filas; estabas airado, pero restáuranos.
Has sacudido y agrietado el país: repara sus grietas, que se desmorona. Hiciste sufrir un desastre a tu pueblo, dándole a beber un vino de vértigo.
Tú, oh Dios, nos has rechazado y no sales ya con nuestras tropas. Auxílianos contra el enemigo, que la ayuda del hombre es inútil. Con Dios haremos proezas, él pisoteará a nuestros enemigos.
Versículo antes del Evangelio (Heb 4, 12): Aleluya. La palabra de Dios es viva y eficaz, y discierne los pensamientos e intenciones del corazón. Aleluya.
Texto del Evangelio (Mt 7, 1-5): En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «No juzguéis, para que no seáis juzgados. Porque con el juicio con que juzguéis seréis juzgados, y con la medida con que midáis se os medirá. ¿Cómo es que miras la brizna que hay en el ojo de tu hermano, y no reparas en la viga que hay en tu ojo? ¿O cómo vas a decir a tu hermano: ‘Deja que te saque la brizna del ojo’, teniendo la viga en el tuyo? Hipócrita, saca primero la viga de tu ojo, y entonces podrás ver para sacar la brizna del ojo de tu hermano».
domingo, 21 de junio de 2026
ORACIÓN A SAN LUIS GONZAGA (2)
DOMINGO XII TIEMPO ORDINARIO A
Hoy las lecturas quieren que seamos auténticos testigos del evangelio. Cristo nos llama a que todo lo que nos dice al oído lo pregonemos desde las azoteas. Nos llama a no tener miedo, como Jeremías, que a pesar de que no querían escucharlo él proclamaba el mensaje de Dios sin temor a los hombres. Hoy los cristianos debemos descubrir que nuestro mundo necesita un buen alimento nutritivo (evangelio) y dejar de lado las comidas basura. Y debemos confiar que Dios siempre está a nuestro lado; como señala san Pablo, Jesús ha muerto por nuestros pecados desbordándonos de gracias. Seamos testigos valientes que confían en Dios y proclamemos el evangelio a un mundo desnutrido. Seamos buenos, confiemos en Dios y revivirá nuestra corazón.
Lectura del libro de Jeremías 20, 10-13
Salmo 68 R/. Señor, que me escuche tu gran bondad.
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos 5, 12-15
Lectura del santo Evangelio según san Mateo 10, 26-33
sábado, 20 de junio de 2026
SÁBADO XI TIEMPO ORDINARIO A
Hoy sábado por la mañana las lecturas nos recuerdan que cuando nuestra vida se separa de Dios, sentimos el peso de cargar con todo sobre nuestras cabezas, y es cuando nos sobrevienen los obstáculos y dificultades y llegamos a decir que Dios nos abandona, pero lo cierto es que Dios siempre está a nuestro lado, somos nosotros los que escogemos servir al dios Mammon (dinero) en vez de confiar en el Dios vivo que nos dice que somos sus hijos creados para vivir en la felicidad, pero que la felicidad no es la que nos da el mundo sino una vida que sigue los caminos de Cristo. Seamos buenos y confiemos en Dios, que no nos abandona ni nos trata como merecerían nuestros pecados.
Lectura del segundo libro de las Crónicas 24, 17-25
Después de la muerte de Joadá, los jefes de Judá fueron a rendir homenaje al rey, que les hizo caso. Abandonaron el templo del Señor, Dios de sus padres, y sirvieron a los cipos y a los ídolos. Por este pecado la cólera estalló contra Judá y Jerusalén. Les envió profetas para convertirlos al Señor, pero no hicieron caso de sus amonestaciones.
Al cabo de un año, un ejército de Siria se dirigió contra Joás, invadió Judá y Jerusalén, mató a todos los jefes del pueblo y envió todo el botín al rey de Damasco. El ejército de Siria contaba con poca gente, el Señor le entregó un ejército enorme, por haber abandonado al Señor, Dios de sus padres. Así se hizo justicia con Joás.
Al marcharse los sirios, dejándolo con múltiples dolencias, sus servidores conspiraron contra él para vengar al hijo del sacerdote Joadá.
Hirieron a Joás en la cama y murió. Fue sepultado en la Ciudad de David, pero no en el panteón real.
Salmo 88, 4-5. 29-30. 31-32. 33-34 R/. Le mantendré eternamente mi favor.
Lectura del santo evangelio según san Mateo 6, 24-34
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«Nadie puede servir a dos señores. Porque despreciará a uno y amará al otro; o, al contrario, se dedicará al primero y no hará caso del segundo. No podéis servir a Dios y al dinero. Por eso os digo: no estéis agobiados por vuestra vida pensando qué vais a comer, ni por vuestro cuerpo pensando con qué os vais a vestir. ¿No vale más la vida que el alimento, y el cuerpo que el vestido? Mirad los pájaros del cielo: no siembran ni siegan, ni almacenan y, sin embargo, vuestro Padre celestial los alimenta. ¿No valéis vosotros más que ellos? ¿Quién de vosotros, a fuerza de agobiarse, podrá añadir una hora al tiempo de su vida? ¿Por qué os agobiáis por el vestido? Fijaos cómo crecen los lirios del campo: ni trabajan ni hilan. Y os digo que ni Salomón, en todo su fasto, estaba vestido como uno de ellos. Pues si a la hierba, que hoy está en el campo y mañana se arroja al horno, Dios la viste así, ¿no hará mucho más por vosotros, gente de poca fe? No andéis agobiados pensando qué vais a comer, o qué vais a beber, o con qué os vais a vestir. Los paganos se afanan por esas cosas. Ya sabe vuestro Padre celestial que tenéis necesidad de todo eso. Buscad sobre todo el reino de Dios y su justicia; y todo esto se os dará por añadidura. Por tanto, no os agobiéis por el mañana, porque el mañana traerá su propio agobio. A cada día le basta su desgracia».
viernes, 19 de junio de 2026
ORACIÓN A LOS SANTOS GERVASIO Y PROTASIO
VIERNES XI TIEMPO ORDINARIO A
Hoy viernes la Iglesia nos invita a reflexionar para que descubramos dónde está puesto nuestro corazón, nuestra alma: en Dios o en los ídolos. Jesús advierte de que si la única luz que entra en nuestro corazón es la de la avaricia, vivimos en la oscuridad y todo acaba siendo tristeza y miedo. Pero si confiamos en Dios llegaremos a la felicidad. Estos días hemos leído en la palabra de Dios que para ser felices debemos romper con los preceptos mundanos y confiar en Dios y no en los hombres. ¿Dónde está nuestro corazón? Seamos buenos y confiemos en Dios, que ha venido al mundo para ser nuestra auténtica riqueza.
1ª Lectura (1Re 11, 1-4.9-18.20): En aquellos días, cuando Atalía, madre del rey Ocozías, vio que su hijo había muerto, empezó a exterminar a toda la familia real. Pero cuando los hijos del rey estaban siendo asesinados, Josebá, hija del rey Jorán y hermana de Ocozías, raptó a Joás, hijo de Ocozías, y lo escondió con su nodriza en el dormitorio; así, se lo ocultó a Atalía y lo libró de la muerte. El niño estuvo escondido con ella en el templo durante seis años, mientras en el país reinaba Atalía.
El año séptimo, Yehoyadá mandó a buscar a los centuriones de cien de los carios y de la escolta; los llamó a su presencia, en el templo, se juramentó con ellos y les presentó al hijo del rey. Los centuriones hicieron lo que les mandó el sacerdote Yehoyadá; cada uno reunió a sus hombres, los que estaban de servicio el sábado y los que estaban libres, y se presentaron al sacerdote Yehoyadá. El sacerdote entregó a los centuriones las lanzas y los escudos del rey David, que se guardaban en el templo. Los de la escolta empuñaron las armas y se colocaron entre el altar y el templo, desde el ángulo sur hasta el ángulo norte del templo, para proteger al rey. Entonces Yehoyadá sacó al hijo del rey, le colocó la diadema y las insignias, lo ungió rey, y todos aplaudieron, aclamando: «¡Viva el rey!».
Atalía oyó el clamor de la tropa y se fue hacia la gente, al templo. Pero, cuando vio al rey en pie sobre el estrado, como es costumbre, y a los oficiales y la banda cerca del rey, toda la población en fiesta y las trompetas tocando, se rasgó las vestiduras y gritó: «¡Traición, traición!». El sacerdote Yehoyadá ordenó a los centuriones que mandaban las fuerzas: «Sacadla del atrio. Al que la siga lo matáis». Pues no quería que la matasen en el templo. La fueron empujando con las manos y, cuando llegaba a palacio por la puerta de las caballerizas, allí la mataron.

Yehoyadá selló el pacto entre el Señor y el rey y el pueblo, para que éste fuera el pueblo del Señor. Toda la población se dirigió luego al templo de Baal; lo destruyeron, derribaron sus altares, trituraron las imágenes, y a Matán, sacerdote de Baal, lo degollaron ante el altar. El sacerdote Yehoyadá puso guardias en el templo. Toda la población hizo fiesta, y la ciudad quedó tranquila pues a Atalía la habían matado en el palacio.
Salmo responsorial: 131
R/. El Señor ha elegido a Sión, ha deseado vivir en ella.
El Señor ha jurado a David una promesa que no retractará: «A uno de tu linaje pondré sobre tu trono».
«Si tus hijos guardan mi alianza y los mandatos que les enseño, también sus hijos, por siempre, se sentarán sobre tu trono».
Porque el Señor ha elegido a Sión, ha deseado vivir en ella: «Ésta es mi mansión por siempre, aquí viviré porque la deseo».
«Haré germinar el vigor de David, enciendo una lámpara para mi Ungido. A sus enemigos los vestiré de ignominia, sobre él brillará mi diadema».
Versículo antes del Evangelio (Mt 5, 3): Aleluya. Bienaventurados los pobres de espíritu porque de ellos es el Reino de los cielos. Aleluya.

































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