Hoy las lecturas quieren ayudarnos a vivir la alegría de ser cristianos que se sienten libres de las pasiones, y que por nuestras propias acciones animamos a otros a llevar una vida que se aleje del mundo y se acerque a Dios. Por eso Jesús advierte a fariseos y maestros de la ley, que practican externamente un culto a Dios pero que su corazón no siente. San Pablo lo explica con las obras del Espíritu, que nacen de seguir el ejemplo de Cristo. Vivamos la novedad del Evangelio y pongamos el corazón y la fe en Dios y todo lo que hagamos será obra del Espíritu. Seamos buenos y confiemos en Dios, que quien sigue buen camino verá la Salvación de Dios.
1ª Lectura (Gál 5, 18-25): Si os guía el Espíritu, no estáis bajo el dominio de la ley. Las obras de la carne están patentes: fornicación, impureza, libertinaje, idolatría, hechicería, enemistades, contiendas, envidias, rencores, rivalidades, partidismo, sectarismo, discordias, borracheras, orgías y cosas por el estilo. Y os prevengo, como ya os previne, que los que así obran no heredarán el reino de Dios. En cambio, el fruto del Espíritu es: amor, alegría, paz, comprensión, servicio, bondad, lealtad, amabilidad, dominio de sí. Contra esto no va la ley. Y los que son de Cristo Jesús han crucificado su carne con sus pasiones y sus deseos. Si vivimos por el Espíritu, marchemos tras el Espíritu.
Salmo responsorial: 1
R/. El que te sigue, Señor, tendrá la luz de la vida.
Dichoso el hombre que no sigue el consejo de los impíos, ni entra por la senda de los pecadores, ni se sienta en la reunión de los cínicos; sino que su gozo es la ley del Señor, y medita su ley día y noche.
Será como un árbol plantado al borde de la acequia: da fruto en su sazón y no se marchitan sus hojas; y cuanto emprende tiene buen fin.
No así los impíos, no así; serán paja que arrebata el viento. Porque el Señor protege el camino de los justos, pero el camino de los impíos acaba mal.
Versículo antes del Evangelio (Jn 10, 27): Aleluya. Mis ovejas escuchan mi voz, dice el Señor; yo las conozco y ellas me siguen. Aleluya.
Texto del Evangelio (Lc 11, 42-46):En aquel tiempo, el Señor dijo: «¡Ay de vosotros, los fariseos, que pagáis el diezmo de la menta, de la ruda y de toda hortaliza, y dejáis a un lado la justicia y el amor a Dios! Esto es lo que había que practicar aunque sin omitir aquello. ¡Ay de vosotros, los fariseos, que amáis el primer asiento en las sinagogas y que se os salude en las plazas! ¡Ay de vosotros, pues sois como los sepulcros que no se ven, sobre los que andan los hombres sin saberlo!». Uno de los legistas le respondió: «¡Maestro, diciendo estas cosas, también nos injurias a nosotros!». Pero Él dijo: «¡Ay también de vosotros, los legistas, que imponéis a los hombres cargas intolerables, y vosotros no las tocáis ni con uno de vuestros dedos!».
“¡Ay de vosotros, que pagáis el diezmo mientras pasáis por alto el derecho y el amor de Dios!” (Lc 11, 42-46)
Señor Jesús, en esta semana de la campaña del Domund, en sus 100 años de historia, ¡qué bien nos viene que nos recuerdes algunas cosas! ¡Qué bien recordar que hay que cumplir la ley pero nunca olvidando el principal mandamiento!
Estamos rodeados de normas, indicaciones, restricciones, prohibiciones, leyes, cláusulas y mandamientos. Parece que si no fuese así seríamos incapaces de vivir junto a otros y, aun así, cómo nos cuesta cumplir con lo que debemos: darnos y hacerlo en el amor. A veces vivimos como si preguntáramos si es o no precepto amar a los demás sin condiciones.
Estamos demasiado acostumbrados a ver que muchos líderes, dirigentes y responsables incumplen las leyes, ajustan los mandatos a las propias necesidades y son capaces de gobernar obviando las leyes y las condiciones de vida que imponen a los demás. Enséñanos a vivir conforme a la ley, siempre desde el amor.
Señor Jesús, esos "vosotros" de los que habla el Evangelio de hoy somos también nosotros cada vez que pasamos por alto el amor de Dios. Cada vez que olvidamos que las normas y los mandamientos son, en primer lugar, para nosotros.
Señor Jesús, haz que cumplamos la ley y lo hagamos en el amor. Haz que hagamos vida tus mandamientos, en el amor. Hazme discípulo y servidor, en el amor.
Así te lo pido. Así sea.


























