Buenos días. Feliz domingo día del Señor Resucitado. Hoy las lecturas nos enseñan que Dios es la luz del mundo que ilumina y da vista a los ciegos, para que puedan ver en el interior y no en las apariencias. Sed buenos y creed en Dios que nos guía incluso en la oscuridad.
1ª Lectura (1Sam 16, 1b.6-7.10-13a): En aquellos días, el Señor dijo a Samuel: «Llena la cuerna de aceite y vete, por encargo mío, a Jesé, el de Belén, porque entre sus hijos me he elegido un rey». Cuando llegó, vio a Eliab y pensó: «Seguro, el Señor tiene delante a su ungido». Pero el Señor le dijo: «No te fijes en las apariencias ni en su buena estatura. Lo rechazo. Porque Dios no ve como los hombres, que ven la apariencia; el Señor ve el corazón». Jesé hizo pasar a siete hijos suyos ante Samuel; y Samuel le dijo: «Tampoco a éstos los ha elegido el Señor».
Luego preguntó a Jesé: «¿Se acabaron los muchachos?». Jesé respondió: «Queda el pequeño, que precisamente está cuidando las ovejas». Samuel dijo: «Manda por él, que no nos sentaremos a la mesa mientras no llegue». Jesé mandó a por él y lo hizo entrar: era de buen color, de hermosos ojos y buen tipo. Entonces el Señor dijo a Samuel: «Anda, úngelo, porque es éste». Samuel tomó la cuerna de aceite y lo ungió en medio de sus hermanos. En aquel momento, invadió a David el espíritu del Señor, y estuvo con él en adelante.
Salmo responsorial: 22
R/. El Señor es mi pastor, nada me falta.
El Señor es mi pastor, nada me falta: en verdes praderas me hace recostar, me conduce hacia fuentes tranquilas y repara mis fuerzas.
Me guía por el sendero justo, por el honor de su nombre. Aunque camine por cañadas oscuras, nada temo, porque tú vas conmigo: tu vara y tu cayado me sosiegan.
Preparas una mesa ante mí, enfrente de mis enemigos; me unges la cabeza con perfume, y mi copa rebosa.
Tu bondad y tu misericordia me acompañan todos los días de mi vida, y habitaré en la casa del Señor por años sin término.
2ª Lectura (Ef 5, 8-14): En otro tiempo erais tinieblas, ahora sois luz en el Señor. Caminad como hijos de la luz —toda bondad, justicia y verdad son fruto de la luz—, buscando lo que agrada al Señor, sin tomar parte en las obras estériles de las tinieblas, sino más bien denunciadlas. Pues hasta da vergüenza mencionar las cosas que ellos hacen a escondidas. Pero la luz, denunciándolas, las pone al descubierto, y todo lo descubierto es luz. Por eso dice: «Despierta, tú que duermes, levántate de entre los muertos, y Cristo será tu luz».
Versículo antes del Evangelio (Jn 8, 12): Yo soy la luz del mundo, dice el Señor; el que me sigue tendrá la luz de la vida.
Texto del Evangelio (Jn 9, 1-41): En aquel tiempo, al pasar Jesús vio a un hombre ciego de nacimiento. Y le preguntaron sus discípulos: «Rabbí, ¿quién pecó, él o sus padres, para que haya nacido ciego?». Respondió Jesús: «Ni él pecó ni sus padres; es para que se manifiesten en él las obras de Dios. Tenemos que trabajar en las obras del que me ha enviado mientras es de día; llega la noche, cuando nadie puede trabajar. Mientras estoy en el mundo, soy luz del mundo». Dicho esto, escupió en tierra, hizo barro con la saliva, y untó con el barro los ojos del ciego y le dijo: «Vete, lávate en la piscina de Siloé» (que quiere decir Enviado). El fue, se lavó y volvió ya viendo.
Los vecinos y los que solían verle antes, pues era mendigo, decían: «¿No es éste el que se sentaba para mendigar?». Unos decían: «Es él». «No, decían otros, sino que es uno que se le parece». Pero él decía: «Soy yo». Le dijeron entonces: «¿Cómo, pues, se te han abierto los ojos?». Él respondió: «Ese hombre que se llama Jesús, hizo barro, me untó los ojos y me dijo: ‘Vete a Siloé y lávate’. Yo fui, me lavé y vi». Ellos le dijeron: «¿Dónde está ése?». El respondió: «No lo sé».
Lo llevan donde los fariseos al que antes era ciego. Pero era sábado el día en que Jesús hizo barro y le abrió los ojos. Los fariseos a su vez le preguntaron cómo había recobrado la vista. Él les dijo: «Me puso barro sobre los ojos, me lavé y veo». Algunos fariseos decían: «Este hombre no viene de Dios, porque no guarda el sábado». Otros decían: «Pero, ¿cómo puede un pecador realizar semejantes señales?». Y había disensión entre ellos. Entonces le dicen otra vez al ciego: «¿Y tú qué dices de Él, ya que te ha abierto los ojos?». Él respondió: «Que es un profeta».
No creyeron los judíos que aquel hombre hubiera sido ciego, hasta que llamaron a los padres del que había recobrado la vista y les preguntaron: «¿Es éste vuestro hijo, el que decís que nació ciego? ¿Cómo, pues, ve ahora?». Sus padres respondieron: «Nosotros sabemos que éste es nuestro hijo y que nació ciego. Pero, cómo ve ahora, no lo sabemos; ni quién le ha abierto los ojos, eso nosotros no lo sabemos. Preguntadle; edad tiene; puede hablar de sí mismo». Sus padres decían esto por miedo por los judíos, pues los judíos se habían puesto ya de acuerdo en que, si alguno le reconocía como Cristo, quedara excluido de la sinagoga. Por eso dijeron sus padres: «Edad tiene; preguntádselo a él».
Le llamaron por segunda vez al hombre que había sido ciego y le dijeron: «Da gloria a Dios. Nosotros sabemos que ese hombre es un pecador». Les respondió: «Si es un pecador, no lo sé. Sólo sé una cosa: que era ciego y ahora veo». Le dijeron entonces: «¿Qué hizo contigo? ¿Cómo te abrió los ojos?». Él replicó: «Os lo he dicho ya, y no me habéis escuchado. ¿Por qué queréis oírlo otra vez? ¿Es qué queréis también vosotros haceros discípulos suyos?». Ellos le llenaron de injurias y le dijeron: «Tú eres discípulo de ese hombre; nosotros somos discípulos de Moisés. Nosotros sabemos que a Moisés le habló Dios; pero ése no sabemos de dónde es». El hombre les respondió: «Eso es lo extraño: que vosotros no sepáis de dónde es y que me haya abierto a mí los ojos. Sabemos que Dios no escucha a los pecadores; mas, si uno es religioso y cumple su voluntad, a ése le escucha. Jamás se ha oído decir que alguien haya abierto los ojos de un ciego de nacimiento. Si éste no viniera de Dios, no podría hacer nada». Ellos le respondieron: «Has nacido todo entero en pecado ¿y nos das lecciones a nosotros?». Y le echaron fuera.
Jesús se enteró de que le habían echado fuera y, encontrándose con él, le dijo: «¿Tú crees en el Hijo del hombre?». El respondió: «¿Y quién es, Señor, para que crea en él?». Jesús le dijo: «Le has visto; el que está hablando contigo, ése es». Él entonces dijo: «Creo, Señor». Y se postró ante Él. Y dijo Jesús: «Para un juicio he venido a este mundo: para que los que no ven, vean; y los que ven, se vuelvan ciegos». Algunos fariseos que estaban con él oyeron esto y le dijeron: «Es que también nosotros somos ciegos?». Jesús les respondió: «Si fuerais ciegos, no tendríais pecado; pero, como decís: ‘Vemos’ vuestro pecado permanece».
Buenos días. Hoy sábado por la mañana las lecturas nos recuerdan que Dios pide un corazón humilde capaz de amar. Por eso las lecturas nos explican que hay que pedir a Dios la sabiduría para discernir lo bueno y lo justo. En la primera lectura el profeta pide al pueblo que mire al Señor con arrepentimiento y vuelvan a Él su corazón. En el evangelio Jesús nos explica que somos perdonados si reconocemos nuestro pecado. Tengamos cuidado porque todavía muchos cristianos no descubren su pecado y cuando se confiesan dicen: yo no tengo pecados. Y si miramos, esa misma actitud ya es un pecado de soberbia porque nos estamos ensalzando como auténticamente buenos, y sólo hay uno Bueno: Dios. Nosotros reconociendo que somos como el publicano y ofreciendo nuestro arrepentimiento seremos bendecidos con el perdón de Dios. Seamos buenos y confiemos en Dios, que limpia nuestros pecados.
1ª Lectura (Os 6,1-6): «Venid, volvamos al Señor. Porque Él ha desgarrado, y Él nos curará; Él nos ha golpeado, y Él nos vendará. En dos días nos volverá a la vida y al tercero nos hará resurgir; viviremos en su presencia y comprenderemos. Procuremos conocer al Señor. Su manifestación es segura como la aurora. Vendrá como la lluvia, como la lluvia de primavera que empapa la tierra». ¿Qué haré de ti, Efraín, qué haré de ti, Judá? Vuestro amor es como nube mañanera, como el rocío que al alba desaparece. Sobre una roca tallé mis mandamientos; los castigué por medio de los profetas con las palabras de mi boca. Mi juicio se manifestará como la luz. Quiero misericordia y no sacrificio, conocimiento de Dios, más que holocaustos.
Salmo responsorial: 50
R/. Quiero misericordia, y no sacrificios.
Misericordia, Dios mío, por tu bondad, por tu inmensa compasión borra mi culpa; lava del todo mi delito, limpia mi pecado.
Los sacrificios no te satisfacen: si te ofreciera un holocausto, no lo querrías. El sacrificio agradable a Dios es un espíritu quebrantado; un corazón quebrantado y humillado, tú, oh, Dios, tú no lo desprecias.
Señor, por tu bondad, favorece a Sión, reconstruye las murallas de Jerusalén: entonces aceptarás los sacrificios rituales, ofrendas y holocaustos.
Versículo antes del Evangelio (Sal 94, 8): Hoy, no endurezcáis vuestros corazones, y oíd la voz del Señor.
Texto del Evangelio (Lc 18, 9-14): En aquel tiempo, Jesús dijo también a algunos que se tenían por justos y despreciaban a los demás, esta parábola: «Dos hombres subieron al templo a orar; uno fariseo, otro publicano. El fariseo, de pie, oraba en su interior de esta manera: ‘¡Oh Dios! Te doy gracias porque no soy como los demás hombres, rapaces, injustos, adúlteros, ni tampoco como este publicano. Ayuno dos veces por semana, doy el diezmo de todas mis ganancias’. En cambio el publicano, manteniéndose a distancia, no se atrevía ni a alzar los ojos al cielo, sino que se golpeaba el pecho, diciendo: ‘¡Oh Dios! ¡Ten compasión de mí, que soy pecador!’. Os digo que éste bajó a su casa justificado y aquél no. Porque todo el que se ensalce será humillado; y el que se humille será ensalzado».
Dio el cielo a la mujer miles de encantos, y a pesar de ser tantos, son estos de un poder irresistible; además de lo buena y lo sensible, une al pudor, en cuya fuente pura todos beben su copa de locura, el dejo celestial de sus acentos y unos ojos que ven los pensamientos.
Leyendo esto, al gran Lope recordaba nuestra insigne escritora, y replicaba: - y ¿a qué olvidar nuestro mayor encanto? Para ablandar lo duro del destino ha dado Dios a la mujer el llanto, que es lo que hay en lo humano de divino.
Jesús Buen Pastor, Tú que nos diste a santa Eufrasia, mujer de un amor ardiente por la salvación de las almas, concédenos las gracias que por medio de ella te pedimos. Y ayúdanos a vivir el amor hecho misericordia para con cada uno de nuestros hermanos.
Prudente y caritativa santa Eufrasia, te confiamos nuestro caminar y te pedimos protejas contra todo mal nuestra alma y que no encontraremos por el camino motivos para perdernos en el pecado.
Obtennos sobre todo, por tu poderosa intersecion ante Dios, seguir siempre el camino que nos conduce a la dichosa felicidad, que es Cristo Nuestro Señor. Amén.
Buenos días. Hoy viernes es día de penitencia y ayuno. Las lecturas nos ayudan a descubrir que Dios actúa con misericordia y ternura, y nos invita a acercarnos a Él con un corazón humilde. Su amor es más fuerte que nuestras infidelidades. y Cristo en el evangelio nos muestra que la única ley que está por encima de todas es amar a Dios y amar al prójimo. En esto consiste la Ley y los profetas y Cristo ha venido para que redescubramos el sentido de la vida. Seamos buenos y confiemos en Dios, que nos habla con un lenguaje nuevo.
1ª Lectura (Os 14, 2-10): Esto dice el Señor: «Vuelve, Israel, al Señor tu Dios, porque tropezaste por tu falta. Tomad vuestras promesas con vosotros, y volved al Señor. Decidle: ‘Tú quitas toda falta, acepta el pacto. Pagaremos con nuestra confesión: Asiria no nos salvará, no volveremos a montar a caballo, y no llamaremos ya “nuestro Dios” a la obra de nuestras manos. En ti el huérfano encuentra compasión’. Curaré su deslealtad, los amaré generosamente, porque mi ira se apartó de ellos. Seré para Israel como el rocío, florecerá como el lirio, echará sus raíces como los cedros del Líbano. Brotarán sus retoños y será su esplendor como el olivo, y su perfume como el del Líbano. Regresarán los que habitaban a su sombra, revivirán como el trigo, florecerán como la viña, será su renombre como el del vino del Líbano. Efraín, ¿qué tengo que ver con los ídolos? Yo soy quien le responde y lo vigila. Yo soy como un abeto siempre verde, de mí procede tu fruto. ¿Quién será sabio, para comprender estas cosas, inteligente, para conocerlas? Porque los caminos del Señor son rectos: los justos los transitan, pero los traidores tropiezan en ellos».
Salmo responsorial: 80
R/. Yo soy el Señor, Dios tuyo: escucha mi voz.
Oigo un lenguaje desconocido: «Retiré sus hombros de la carga, y sus manos dejaron la espuerta. Clamaste en la aflicción, y te libré.
»Te respondí oculto entre los truenos, te puse a prueba junto a la fuente de Meribá. Escucha, pueblo mío, doy testimonio contra ti; ¡ojalá me escuchases, Israel!
»No tendrás un dios extraño, no adorarás un dios extranjero; yo soy el Señor, Dios tuyo, que te saqué del país de Egipto.
»¡Ojalá me escuchase mi pueblo y caminase Israel por mi camino! Los alimentaría con flor de harina, los saciaría con miel silvestre».
Versículo antes del Evangelio (Mt 4, 17): Haced penitencia, dice el Señor; se ha acercado el Reino de los cielos.
Texto del Evangelio (Mc 12, 28b-34): En aquel tiempo, uno de los maestros de la Ley se acercó a Jesús y le hizo esta pregunta: «¿Cuál es el primero de todos los mandamientos?». Jesús le contestó: «El primero es: ‘Escucha, Israel: El Señor, nuestro Dios, es el único Señor, y amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente y con todas tus fuerzas’. El segundo es: ‘Amarás a tu prójimo como a ti mismo’. No existe otro mandamiento mayor que éstos».
Le dijo el escriba: «Muy bien, Maestro; tienes razón al decir que Él es único y que no hay otro fuera de Él, y amarle con todo el corazón, con toda la inteligencia y con todas las fuerzas, y amar al prójimo como a si mismo vale más que todos los holocaustos y sacrificios». Y Jesús, viendo que le había contestado con sensatez, le dijo: «No estás lejos del Reino de Dios». Y nadie más se atrevía ya a hacerle preguntas.
Jugando al si tú quieres, yo no quiero, sube y baja el amor en dos casados, pues es ley que obedece el mundo entero el ser los que amen más, menos amados. Si el termómetro de ellos baja a cero, el de ellas, sin razón, sube a cien grados, y pasa esto así a esposos como a esposas, aunque tengan por sangre agua de rosas.
Buenos días. Ya es jueves, la semana está casi terminada. Hoy rezamos por las vocaciones, especialmente por la sacerdotal. Las lecturas nos quieren transmitir que en el Corazón de Dios todos tenemos un sitio. Pero, a veces, nos olvidamos de la historia de salvación que Dios hace en nuestras vidas y nos entregamos a nuestros egoísmos y pasiones. Cristo ha venido a vencer el mal, pero sus paisanos no quieren entender que Dios mismo hecho hombre esté delante de ellos, y prefieren atribuir los milagros al demonio. Y Jesús les advierte que quien no confía en Dios sino en sus propias fuerzas, será vencido por el hombre más fuerte (el maligno). Ojalá escuchemos la voz del Señor y no endurezcamos el corazón , porque no hay peor sordo que el que no quiere oír. Seamos buenos y confiemos en Dios, que nos ha llamado a entrar en su Corazón.
1ª Lectura (Lam 7, 23-28): Esto dice el Señor: «Esta fue la orden que di a mi pueblo: ‘Escuchad mi voz: Yo seré vuestro Dios y vosotros seréis mi pueblo. Seguid el camino que os señalo, y todo os irá bien’. Pero no escucharon ni hicieron caso. Al contrario, caminaron según sus ideas, según la maldad de su obstinado corazón. Me dieron la espalda y no la cara. Desde que salieron vuestros padres de Egipto hasta hoy, os envié a mis siervos, los profetas, un día tras otro; pero no me escucharon ni me hicieron caso. Al contrario, endurecieron la cerviz y fueron peores que sus padres. Ya puedes repetirles este discurso, seguro que no te escucharán; ya puedes gritarles, seguro que no te responderán. Aun así les dirás: ‘Esta es la gente que no escuchó la voz del Señor, su Dios, y no quiso escarmentar. Ha desaparecido la sinceridad, se la han arrancado de la boca’».
Salmo responsorial: 94
R/. Ojalá escuchéis hoy la voz del Señor: «No endurezcáis vuestro corazón».
Venid, aclamemos al Señor, demos vítores a la Roca que nos salva; entremos a su presencia dándole gracias, aclamándolo con cantos.
Entrad, postrémonos por tierra, bendiciendo al Señor, creador nuestro. Porque Él es nuestro Dios, y nosotros su pueblo, el rebaño que él guía.
Ojalá escuchéis hoy su voz: «No endurezcáis el corazón como en Meribá, como el día de Masá en el desierto; cuando vuestros padres me pusieron a prueba y me tentaron, aunque habían visto mis obras».
Versículo antes del Evangelio (Jl 2, 12-13): Ahora, pues, dice el Señor, convertíos a mí con todo vuestro corazón, pues soy benigno y clemente.
Texto del Evangelio (Lc 11, 14-23): En aquel tiempo, Jesús estaba expulsando un demonio que era mudo; sucedió que, cuando salió el demonio, rompió a hablar el mudo, y las gentes se admiraron. Pero algunos de ellos dijeron: «Por Beelzebul, Príncipe de los demonios, expulsa los demonios». Otros, para ponerle a prueba, le pedían una señal del cielo. Pero Él, conociendo sus pensamientos, les dijo: «Todo reino dividido contra sí mismo queda asolado, y casa contra casa, cae. Si, pues, también Satanás está dividido contra sí mismo, ¿cómo va a subsistir su reino?, porque decís que yo expulso los demonios por Beelzebul. Si yo expulso los demonios por Beelzebul, ¿por quién los expulsan vuestros hijos? Por eso, ellos serán vuestros jueces. Pero si por el dedo de Dios expulso yo los demonios, es que ha llegado a vosotros el Reino de Dios. Cuando uno fuerte y bien armado custodia su palacio, sus bienes están en seguro; pero si llega uno más fuerte que él y le vence, le quita las armas en las que estaba confiado y reparte sus despojos. El que no está conmigo, está contra mí, y el que no recoge conmigo, desparrama».
Oh san Luis Orione, apóstol de la caridad y padre de los pobres, que llevaste en tu corazón el amor ardiente a Jesús, a la Virgen María y al Papa, intercede por nosotros ante Dios. Enséñanos a amar como tú amaste, a servir a los más necesitados sin miedo ni medida, a confiar en la Divina Providencia en toda circunstancia. Obtén para nosotros la gracia que tanto necesitamos (pedir aquí la gracia deseada), y un corazón abierto a la voluntad de Dios, para que, como tú, seamos instrumentos de paz, consuelo y esperanza. San Luis Orione, ruega por nosotros. Amén.
A un alma en pena pregunté quién era, y el alma contestó de esta manera: -Son las almas en pena esos maridos que, muriendo engañados o aburridos, renunciaron al Cielo y a sus placeres por no encontrarse allí con sus mujeres. Y yo que te lo cuento y que he sido tostado a fuego lento, el Cielo abandoné cobardemente, por no hallarme algún día frente a frente de una mujer que, por la Gloria suelta, trae a la Corte celestial revuelta-. Dijo, y partiendo con pausado vuelo, cruzó la tierra sin mirar al Cielo.
Padre celestial: Mantén a tus hijos en Vietnam a salvo, provee para todas sus necesidades y abre oportunidades para la comunión con otros cristianos. a pesar de la tremenda presión que a menudo sufren, y usa su testimonio para inspirar a otros a entregar sus vidas a Jesús, siguiendo el ejemplo de testimonios como el de santo Domingo Câm. Trabaja en los corazones de los gobernantes locales, para que sus corazones se ablanden hacia los cristianos. Ayuda a los creyentes a mantenerse firmes en su fe e influyan en la forma en que otros tratan a los cristianos. Amén.
Buenos días. Feliz miércoles. Las lecturas nos muestran que las leyes de Dios son distintas a las humanas. Por eso Moisés pide al pueblo que no olvide nunca las acciones de Dios, que los acompañó en el desierto haciendo grandes obras para que llegasen a la tierra prometida y ahora les regala una ley que llevarán en el corazón, ley natural y divina que convierte a esta nación en sabia y grande entre todos los pueblos. Jesús no ha venido a derogar esta ley, sino a recordar al pueblo cuál es la ley divina y que podamos cribar las normas humanas que hemos querido hacer pasar por divinas. Seamos buenos y confiemos en Dios, que nos ha bendecido con una ley que nos permite llegar a la tierra definitiva.
1ª Lectura (Dt 4, 1.5-9): Moisés habló al pueblo, diciendo: «Ahora, Israel, escucha los mandatos y decretos que yo os enseño para que, cumpliéndolos, viváis y entréis a tomar posesión de la tierra que el Señor, Dios de vuestros padres, os va a dar. Mirad: yo os enseño los mandatos y decretos, como me mandó el Señor, mi Dios, para que los cumpláis en la tierra donde vais a entrar para tomar posesión de ella. Observadlos y cumplidlos, pues esa es vuestra sabiduría y vuestra inteligencia a los ojos de los pueblos, los cuales, cuando tengan noticia de todos estos mandatos, dirán: ‘Ciertamente es un pueblo sabio e inteligente esta gran nación’. Porque ¿dónde hay una nación tan grande que tenga unos dioses tan cercanos como el Señor, nuestro Dios, siempre que lo invocamos? Y ¿dónde hay otra nación tan grande que tenga unos mandatos y decretos tan justos como toda esta ley que yo os propongo hoy? Pero, ten cuidado y guárdate bien de olvidar las cosas que han visto tus ojos y que no se aparten de tu corazón mientras vivas; cuéntaselas a tus hijos y a tus nietos».
Salmo responsorial: 147
R/. Glorifica al Señor, Jerusalén.
Glorifica al Señor, Jerusalén; alaba a tu Dios, Sión. Que ha reforzado los cerrojos de tus puertas, y ha bendecido a tus hijos dentro de ti.
Él envía su mensaje a la tierra, y su palabra corre veloz; manda la nieve como lana, esparce la escarcha como ceniza.
Anuncia su palabra a Jacob, sus decretos y mandatos a Israel; con ninguna nación obró así, ni les dio a conocer sus mandatos.
Versículo antes del Evangelio (Jn 6, 64.69): Tus palabras, Señor, son espíritu y vida; tú tienes palabras de vida eterna.
Texto del Evangelio (Mt 5, 17-19): En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «No penséis que he venido a abolir la Ley y los Profetas. No he venido a abolir, sino a dar cumplimiento. Sí, os lo aseguro: el cielo y la tierra pasarán antes que pase una i o una tilde de la Ley sin que todo suceda. Por tanto, el que traspase uno de estos mandamientos más pequeños y así lo enseñe a los hombres, será el más pequeño en el Reino de los Cielos; en cambio, el que los observe y los enseñe, ese será grande en el Reino de los Cielos».
Buenos días. Hoy martes en las lecturas aparece destacada la palabra perdón. La primera implora misericordia y perdón porque el pueblo de Israel está en el destierro, y siente que lo único que tienen es su fe en Dios. En el evangelio Jesús responde a Pedro sobre el perdón: hay que perdonar hasta 70 veces 7 (=siempre). Y lo más importante es que no olvidemos que perdonar es una cualidad divina que nos recuerda que somos imagen de Dios. Seamos buenos, confiemos en Dios y perdonemos de corazón y nuestro Padre nos dará su perdón infinito.
1ª Lectura (Dan 3, 25.34-43): En aquellos días, Azarías, puesto en pie, oró de esta forma; alzó la voz en medio del fuego y dijo: «Por el honor de tu nombre, no nos desampares para siempre, no rompas tu alianza, no apartes de nosotros tu misericordia. Por Abrahán, tu amigo; por Isaac, tu siervo; por Israel, tu consagrado; a quienes prometiste multiplicar su descendencia como las estrellas del cielo, como la arena de las playas marinas. Pero ahora, Señor, somos el más pequeño de todos los pueblos; hoy estamos humillados por toda la tierra a causa de nuestros pecados. En este momento no tenemos príncipes, ni profetas, ni jefes; ni holocausto, ni sacrificios, ni ofrendas, ni incienso; ni un sitio donde ofrecerte primicias, para alcanzar misericordia. Por eso, acepta nuestro corazón contrito y nuestro espíritu humilde, como un holocausto de carneros y toros o una multitud de corderos cebados. Que este sea hoy nuestro sacrificio, y que sea agradable en tu presencia: porque los que en ti confían no quedan defraudados. Ahora te seguimos de todo corazón, te respetamos, y buscamos tu rostro; no nos defraudes, Señor; trátanos según tu piedad, según tu gran misericordia. Líbranos con tu poder maravilloso y da gloria a tu nombre, Señor».
Salmo responsorial: 24
R/. Recuerda, Señor, tu ternura.
Señor, enséñame tus caminos, instrúyeme en tus sendas: haz que camine con lealtad; enséñame, porque tú eres mi Dios y Salvador.
Recuerda, Señor, que tu ternura y tu misericordia son eternas; acuérdate de mí con misericordia, por tu bondad, Señor.
El Señor es bueno y es recto, y enseña el camino a los pecadores; hace caminar a los humildes con rectitud, enseña su camino a los humildes.
Versículo antes del Evangelio (Jl 2, 12-13): Ahora pues, dice el Señor, convertíos a mí con todo vuestro corazón, porque soy benigno y clemente.
Texto del Evangelio (Mt 18, 21-35): En aquel tiempo, Pedro se acercó entonces y le dijo: «Señor, ¿cuántas veces tengo que perdonar las ofensas que me haga mi hermano? ¿Hasta siete veces?». Dícele Jesús: «No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete.
»Por eso el Reino de los Cielos es semejante a un rey que quiso ajustar cuentas con sus siervos. Al empezar a ajustarlas, le fue presentado uno que le debía 10.000 talentos. Como no tenía con qué pagar, ordenó el señor que fuese vendido él, su mujer y sus hijos y todo cuanto tenía, y que se le pagase. Entonces el siervo se echó a sus pies, y postrado le decía: ‘Ten paciencia conmigo, que todo te lo pagaré’. Movido a compasión el señor de aquel siervo, le dejó en libertad y le perdonó la deuda.
»Al salir de allí aquel siervo se encontró con uno de sus compañeros, que le debía cien denarios; le agarró y, ahogándole, le decía: ‘Paga lo que debes’. Su compañero, cayendo a sus pies, le suplicaba: ‘Ten paciencia conmigo, que ya te pagaré’. Pero él no quiso, sino que fue y le echó en la cárcel, hasta que pagase lo que debía. Al ver sus compañeros lo ocurrido, se entristecieron mucho, y fueron a contar a su señor todo lo sucedido. Su señor entonces le mandó llamar y le dijo: ‘Siervo malvado, yo te perdoné a ti toda aquella deuda porque me lo suplicaste. ¿No debías tú también compadecerte de tu compañero, del mismo modo que yo me compadecí de ti?’. Y encolerizado su señor, le entregó a los verdugos hasta que pagase todo lo que le debía. Esto mismo hará con vosotros mi Padre celestial, si no perdonáis de corazón cada uno a vuestro hermano».