lunes, 23 de marzo de 2026

ORACIÓN SANTA REBECA DE HIMLAYA (SANTA RAFKA)


Gloria a Dios, el Padre que llamó a Rafka a la santa vida monástica, y que fue para ella un padre y una madre. Adoración al Hijo, que la hizo discípula de sufrimientos y redenciones. Gracias al Espíritu Santo, que fortaleció su paciencia y perseverancia. Por su intercesión, Señor, responde a mi oración y concédeme la gracia que te pido (…) y te exaltaré, Padre e Hijo y Espíritu Santo con ella todos los días de mi vida, para siempre. Amén.

(Se reza un Padre Nuestro, Ave María y Gloria).

LUNES V DE CUARESMA A


Buenos días. Las lecturas de este lunes narran la historia de dos mujeres: una de ellas justa y piadosa que es condenada con un falso testimonio; la otra es pecadora y también ha sido condenada. Las dos mujeres confían en la misericordia de Dios y son salvadas. Nosotros deberíamos aprender a rezar con confianza en Dios y ser capaces de esperar su bendición y la gloria, que no tiene nada que ver con lo terrenal sino con lo espiritual. Porque si el afligido invoca al Señor, Él lo escucha y lo libra de todos los males. Seamos buenos y confiemos en Dios, que nos guía en los momentos más oscuros hacia fuentes tranquilas. 



1ª Lectura (Dan 13, 1-9.15-17.19-30.33-62): En aquellos días, vivía en Babilonia un hombre llamado Joaquín, casado con Susana, hija de Jelcías, mujer muy bella y temerosa del Señor. Sus padres eran justos y habían educado a su hija según la ley de Moisés. Joaquín era muy rico y tenía un jardín junto a su casa; y como era el más respetado de todos, los judíos solían reunirse allí.

Aquel año fueron designados jueces dos ancianos del pueblo, de esos que el Señor denuncia diciendo: «En Babilonia la maldad ha brotado de los viejos jueces, que pasan por guías del pueblo». Solían ir a casa de Joaquín, y los que tenían pleitos que resolver acudían a ellos. A mediodía, cuando la gente se marchaba, Susana salía a pasear por el jardín de su marido. Los dos ancianos la veían a diario, cuando salía a pasear, y sintieron deseos de ella. Pervirtieron sus pensamientos y desviaron los ojos para no mirar al cielo, ni acordarse de sus justas leyes.

Sucedió que, mientras aguardaban ellos el día conveniente, salió ella como los tres días anteriores sola con dos criadas, y tuvo ganas de bañarse en el jardín, porque hacía mucho calor. No había allí nadie, excepto los dos ancianos escondidos y acechándola. Susana dijo a las criadas: «Traedme el perfume y las cremas y cerrad la puerta del jardín mientras me baño». Apenas salieron las criadas, se levantaron los dos ancianos, corrieron hacia ella y le dijeron: «Las puertas del jardín están cerradas, nadie nos ve, y nosotros sentimos deseos de ti; así que consiente y acuéstate con nosotros. Si no, daremos testimonio contra ti diciendo que un joven estaba contigo y que por eso habías despachado a las criadas».

Susana lanzó un gemido y dijo: «No tengo salida: si hago eso, mereceré la muerte; si no lo hago, no escaparé de vuestras manos. Pero prefiero no hacerlo y caer en vuestras manos antes que pecar delante del Señor». Susana se puso a gritar, y los dos ancianos, por su parte, se pusieron también a gritar contra ella. Uno de ellos fue corriendo y abrió la puerta del jardín. Al oír los gritos en el jardín, la servidumbre vino corriendo por la puerta lateral a ver qué le había pasado. Cuando los ancianos contaron su historia, los criados quedaron abochornados, porque Susana nunca había dado que hablar.

Al día siguiente, cuando la gente vino a casa de Joaquín, su marido, vinieron también los dos ancianos con el propósito criminal de hacer morir a Susana. En presencia del pueblo ordenaron: «Id a buscar a Susana, hija de Jelcías, mujer de Joaquín». Fueron a buscarla, y vino ella con sus padres, hijos y parientes. Toda su familia y cuantos la veían lloraban. Entonces los dos ancianos se levantaron en medio de la asamblea y pusieron las manos sobre la cabeza de Susana. Ella, llorando, levantó la vista al cielo, porque su corazón confiaba en el Señor. Los ancianos declararon: «Mientras paseábamos nosotros solos por el jardín, salió esta con dos criadas, cerró la puerta del jardín y despidió a las criadas. Entonces se le acercó un joven que estaba escondido y se acostó con ella. Nosotros estábamos en un rincón del jardín y, al ver aquella maldad, corrimos hacia ellos. Los vimos abrazados, pero no pudimos sujetar al joven, porque era más fuerte que nosotros, y, abriendo la puerta, salió corriendo. En cambio, a esta le echamos mano y le preguntamos quién era el joven, pero no quiso decírnoslo. Damos testimonio de ello».

Como eran ancianos del pueblo y jueces, la asamblea los creyó y la condenó a muerte. Susana dijo gritando: «Dios eterno, que ves lo escondido, que lo sabes todo antes de que suceda, tú sabes que han dado falso testimonio contra mí, y ahora tengo que morir, siendo inocente de lo que su maldad ha inventado contra mí».

Y el Señor escuchó su voz. Mientras la llevaban para ejecutarla, Dios suscitó el espíritu santo en un muchacho llamado Daniel; y este dio una gran voz: «Yo soy inocente de la sangre de esta». Toda la gente se volvió a mirarlo, y le preguntaron: «Qué es lo que estás diciendo?». Él, plantado en medio de ellos, les contestó: «Pero ¿estáis locos, hijos de Israel? ¿Conque, sin discutir la causa ni conocer la verdad condenáis a una hija de Israel? Volved al tribunal, porque esos han dado falso testimonio contra ella». La gente volvió a toda prisa, y los ancianos le dijeron: «Ven, siéntate con nosotros e infórmanos, porque Dios mismo te ha dado la ancianidad». Daniel les dijo: «Separadlos lejos uno del otro, que los voy a interrogar».

Cuando estuvieron separados el uno del otro, él llamó a uno de ellos y le dijo: «¡Envejecido en días y en crímenes! Ahora vuelven tus pecados pasados, cuando dabas sentencias injustas condenando inocentes y absolviendo culpables, contra el mandato del Señor: ‘No matarás al inocente ni al justo’. Ahora, puesto que tú la viste, dime debajo de qué árbol los viste abrazados». Él contestó: «Debajo de una acacia». Respondió Daniel: «Tu calumnia se vuelve contra ti. Un ángel de Dios ha recibido ya la sentencia divina y te va a partir por medio».

Lo apartó, mandó traer al otro y le dijo: «Hijo de Canaán, y no de Judá! La belleza te sedujo y la pasión pervirtió tu corazón. Lo mismo hacíais con las mujeres israelitas, y ellas por miedo se acostaban con vosotros; pero una mujer judía no ha tolerado vuestra maldad. Ahora dime: ¿bajo qué árbol los sorprendiste abrazados?». Él contestó: «Debajo de una encina». Replicó Daniel: «Tu calumnia también se vuelve contra ti. el ángel de Dios aguarda con la espada para dividirte por medio. Y así acabará con vosotros».

Entonces toda la asamblea se puso a gritar bendiciendo a Dios, que salva a los que esperan en él. Se alzaron contra los dos ancianos, a quienes Daniel había dejado convictos de falso testimonio por su propia confesión, e hicieron con ellos lo mismo que ellos habían tramado contra el prójimo. Les aplicaron la ley de Moisés y los ajusticiaron. Aquel día se salvó una vida inocente.


Salmo responsorial: 23

R/. Aunque camine por cañadas oscuras, nada temo, porque tú vas conmigo.

El Señor es mi pastor, nada me falta: en verdes praderas me hace recostar; me conduce hacia fuentes tranquilas y repara mis fuerzas.

Me guía por el sendero justo, por el honor de su nombre. Aunque camine por cañadas oscuras, nada temo, porque tú vas conmigo: tu vara y tu cayado me sosiegan.

Preparas una mesa ante mí, enfrente de mis enemigos; me unges la cabeza con perfume, y mí copa rebosa.

Tu bondad y tu misericordia me acompañan todos los días de mi vida, y habitaré en la casa del Señor por años sin término.


Versículo antes del Evangelio (Ez 33, 11): Dice el Señor: «No me complace la muerte del pecador, sino que se convierta y que viva».




Texto del Evangelio (Jn 8, 1-11): En aquel tiempo, Jesús se fue al monte de los Olivos. Pero de madrugada se presentó otra vez en el Templo, y todo el pueblo acudía a Él. Entonces se sentó y se puso a enseñarles.

Los escribas y fariseos le llevan una mujer sorprendida en adulterio, la ponen en medio y le dicen: «Maestro, esta mujer ha sido sorprendida en flagrante adulterio. Moisés nos mandó en la Ley apedrear a estas mujeres. ¿Tú qué dices?». Esto lo decían para tentarle, para tener de qué acusarle. Pero Jesús, inclinándose, se puso a escribir con el dedo en la tierra. Pero, como ellos insistían en preguntarle, se incorporó y les dijo: «Aquel de vosotros que esté sin pecado, que le arroje la primera piedra». E inclinándose de nuevo, escribía en la tierra.

Ellos, al oír estas palabras, se iban retirando uno tras otro, comenzando por los más viejos; y se quedó solo Jesús con la mujer, que seguía en medio. Incorporándose Jesús le dijo: «Mujer, ¿dónde están? ¿Nadie te ha condenado?». Ella respondió: «Nadie, Señor». Jesús le dijo: «Tampoco yo te condeno. Vete, y en adelante no peques más».










EL GORRIÓN PEQUEÑO (Mariano Pardo de Figueroa "Doctor Thebussem")


A un gorrión pequeño 
le dieron de comer con tal empeño, 
que después de saciarle el apetito 
le daban más abriéndole el piquito; 
tanto que, sin el fin de hacerle mal, 
consiguieron muriese el animal. 

A veces porfiar con la comida 
es atentar contra la ajena vida. 

domingo, 22 de marzo de 2026

DOMINGO V DE CUARESMA A


Buenos días. Feliz domingo. Día de alegría porque celebramos la vida. Y este domingo rezamos por los seminarios donde se preparan los futuros sacerdotes. Hoy las lecturas nos invitan a descubrir la vida eterna. El mal y la muerte son realidades que nos inquietan, pero Cristo ha venido para que quien vive la vida del Espíritu, tenga vida eterna. Y es lo que le dice a Marta y María, si crees, verás la gloria de Dios. Pidamos al Señor fe, para creer y transformar nuestras vidas con la esperanza del Evangelio. Seamos buenos y confiemos en Dios, que nos saca del sepulcro. 



1ª Lectura (Ez 37, 12-14): Así dice el Señor: «Yo mismo abriré vuestros sepulcros, y os haré salir de vuestros sepulcros, pueblo mío, y os traeré a la tierra de Israel. Y, cuando abra vuestros sepulcros y os saque de vuestros sepulcros, pueblo mío, sabréis que soy el Señor. Os infundiré mi espíritu, y viviréis; os colocaré en vuestra tierra y sabréis que yo, el Señor, lo digo y lo hago». Oráculo del Señor.


Salmo responsorial: 129

R/. Del Señor viene la misericordia, la redención copiosa.

Desde lo hondo a ti grito, Señor; Señor, escucha mi voz, estén tus oídos atentos a la voz de mi súplica.

Si llevas cuentas de los delitos, Señor, ¿quién podrá resistir? Pero de ti procede el perdón, y así infundes respeto.

Mi alma espera en el Señor, espera en su palabra; mi alma aguarda al Señor, más que el centinela la aurora. Aguarde Israel al Señor, como el centinela la aurora.

Porque del Señor viene la misericordia, la redención copiosa; y él redimirá a Israel de todos sus delitos.


2ª Lectura (Rom 8, 8-11): Los que viven sujetos a la carne no pueden agradar a Dios. Pero vosotros no estáis sujetos a la carne, sino al espíritu, ya que el Espíritu de Dios habita en vosotros. El que no tiene el Espíritu de Cristo no es de Cristo. Pues bien, si Cristo está en vosotros, el cuerpo está muerto por el pecado, pero el espíritu vive por la justificación obtenida. Si el Espíritu del que resucitó a Jesús de entre los muertos habita en vosotros, el que resucitó de entre los muertos a Cristo Jesús vivificará también vuestros cuerpos mortales, por el mismo Espíritu que habita en vosotros.


Versículo antes del Evangelio (Jn 11, 25-26): Yo soy la resurrección y la vida, dice el Señor; el que cree en mí no morirá jamás.




Texto del Evangelio (Jn 11, 1-45): En aquel tiempo, había un cierto enfermo, Lázaro, de Betania, pueblo de María y de su hermana Marta. María era la que ungió al Señor con perfumes y le secó los pies con sus cabellos; su hermano Lázaro era el enfermo.

Las hermanas enviaron a decir a Jesús: «Señor, aquel a quien tú quieres, está enfermo». Al oírlo Jesús, dijo: «Esta enfermedad no es de muerte, es para la gloria de Dios, para que el Hijo de Dios sea glorificado por ella». Jesús amaba a Marta, a su hermana y a Lázaro. Cuando se enteró de que estaba enfermo, permaneció dos días más en el lugar donde se encontraba.

Al cabo de ellos, dice a sus discípulos: «Volvamos de nuevo a Judea». Le dicen los discípulos: «Rabbí, con que hace poco los judíos querían apedrearte, ¿y vuelves allí?». Jesús respondió: «¿No son doce las horas del día? Si uno anda de día, no tropieza, porque ve la luz de este mundo; pero si uno anda de noche, tropieza, porque no está la luz en él». Dijo esto y añadió: «Nuestro amigo Lázaro duerme; pero voy a despertarle». Le dijeron sus discípulos: «Señor, si duerme, se curará». Jesús lo había dicho de su muerte, pero ellos creyeron que hablaba del descanso del sueño. Entonces Jesús les dijo abiertamente: «Lázaro ha muerto, y me alegro por vosotros de no haber estado allí, para que creáis. Pero vayamos donde él». Entonces Tomás, llamado el Mellizo, dijo a los otros discípulos: «Vayamos también nosotros a morir con Él».

Cuando llegó Jesús, se encontró con que Lázaro llevaba ya cuatro días en el sepulcro. Betania estaba cerca de Jerusalén como a unos quince estadios, y muchos judíos habían venido a casa de Marta y María para consolarlas por su hermano. Cuando Marta supo que había venido Jesús, le salió al encuentro, mientras María permanecía en casa. Dijo Marta a Jesús: «Señor, si hubieras estado aquí, no habría muerto mi hermano. Pero aun ahora yo sé que cuanto pidas a Dios, Dios te lo concederá». Le dice Jesús: «Tu hermano resucitará». Le respondió Marta: «Ya sé que resucitará en la resurrección, el último día». Jesús le respondió: «Yo soy la resurrección. El que cree en mí, aunque muera, vivirá; y todo el que vive y cree en mí, no morirá jamás. ¿Crees esto?». Le dice ella: «Sí, Señor, yo creo que tú eres el Cristo, el Hijo de Dios, el que iba a venir al mundo».

Dicho esto, fue a llamar a su hermana María y le dijo al oído: «El Maestro está ahí y te llama». Ella, en cuanto lo oyó, se levantó rápidamente, y se fue donde Él. Jesús todavía no había llegado al pueblo; sino que seguía en el lugar donde Marta lo había encontrado. Los judíos que estaban con María en casa consolándola, al ver que se levantaba rápidamente y salía, la siguieron pensando que iba al sepulcro para llorar allí. Cuando María llegó donde estaba Jesús, al verle, cayó a sus pies y le dijo: «Señor, si hubieras estado aquí, mi hermano no habría muerto». Viéndola llorar Jesús y que también lloraban los judíos que la acompañaban, se conmovió interiormente, se turbó y dijo: «¿Dónde lo habéis puesto?». Le responden: «Señor, ven y lo verás». Jesús se echó a llorar. Los judíos entonces decían: «Mirad cómo le quería». Pero algunos de ellos dijeron: «Este, que abrió los ojos del ciego, ¿no podía haber hecho que este no muriera?».

Entonces Jesús se conmovió de nuevo en su interior y fue al sepulcro. Era una cueva, y tenía puesta encima una piedra. Dice Jesús: «Quitad la piedra». Le responde Marta, la hermana del muerto: «Señor, ya huele; es el cuarto día». Le dice Jesús: «¿No te he dicho que, si crees, verás la gloria de Dios?». Quitaron, pues, la piedra. Entonces Jesús levantó los ojos a lo alto y dijo: «Padre, te doy gracias por haberme escuchado. Ya sabía yo que tú siempre me escuchas; pero lo he dicho por estos que me rodean, para que crean que tú me has enviado». Dicho esto, gritó con fuerte voz: «¡Lázaro, sal fuera!». Y salió el muerto, atado de pies y manos con vendas y envuelto el rostro en un sudario. Jesús les dice: «Desatadlo y dejadle andar».

Muchos de los judíos que habían venido a casa de María, viendo lo que había hecho, creyeron en Él.























DURANTE UNA CENA (EPIGRAMA DE JUAN MARTÍNEZ VILLERGAS)


Varias personas cenaban
con afán desordenado,
y a una tajada miraban
que habiendo sola quedado
por cortedad respetaban.
Uno la luz apagó
para atraparla con modos:
su mano al plato llevó,
y halló... las manos de todos.
pero la tajada no. 

sábado, 21 de marzo de 2026

SÁBADO IV DE CUARESMA A


Buenos días. Hoy sábado por la mañana las lecturas nos enseñan que Jeremías es un profeta enviado por Dios, y está dispuesto a obedecer, pero también reza ante la injusticia que se le viene encima (“como cordero llevado al matadero”). Cristo en el evangelio habla las palabras de Dios, y su sabiduría convierte los corazones de muchos del pueblo, pero los fariseos no están preparados en su corazón para entender los signos de Dios y se agarran a la norma: sólo de la ciudad de David vendrá el Mesías. El hombre justo Nicodemo les recuerda que para condenar primero hay que escuchar. Todos vivimos la injusticia y el juicio del mundo, pero quien confía en Dios será auténticamente feliz. Seamos buenos y confiemos siempre en Dios, que salva a los rectos de corazón.



1ª Lectura (Jer 11, 18-20): El Señor me instruyó, y comprendí, me explicó todas sus intrigas. Yo, como manso cordero, era llevado al matadero; desconocía los planes que estaban urdiendo contra mí: «Talemos el árbol en su lozanía, arranquémoslo de la tierra de los vivos, que jamás se pronuncie su nombre». Señor del universo, que juzgas rectamente, que examinas las entrañas y el corazón, deja que yo pueda ver cómo te vengas de ellos, pues a ti he confiado mi causa.


Salmo responsorial: 7

R/. Señor, Dios mío, a ti me acojo.

Señor, Dios mío, a ti me acojo, líbrame de mis perseguidores y sálvame; que no me atrapen como leones y me desgarren sin remedio.

Júzgame, Señor, según mi justicia, según la inocencia que hay en mí. Cese la maldad de los culpables, y apoya tú al inocente, tú que sondeas el corazón y las entrañas, tú, el Dios justo.

Mi escudo es Dios, que salva a los rectos de corazón. Dios es un juez justo, Dios amenaza cada día.


Versículo antes del Evangelio (Jn 3, 16): De tal manera amó Dios al mundo, que dio a su Hijo Unigénito; todo aquel que cree en Él, tiene la vida eterna.




Texto del Evangelio (Jn 7, 40-53): En aquel tiempo, muchos entre la gente, que habían escuchado a Jesús, decían: «Este es verdaderamente el profeta». Otros decían: «Este es el Cristo». Pero otros replicaban: «¿Acaso va a venir de Galilea el Cristo? ¿No dice la Escritura que el Cristo vendrá de la descendencia de David y de Belén, el pueblo de donde era David?».

Se originó, pues, una disensión entre la gente por causa de Él. Algunos de ellos querían detenerle, pero nadie le echó mano. Los guardias volvieron donde los sumos sacerdotes y los fariseos. Estos les dijeron: «¿Por qué no le habéis traído?». Respondieron los guardias: «Jamás un hombre ha hablado como habla ese hombre». Los fariseos les respondieron: «¿Vosotros también os habéis dejado embaucar? ¿Acaso ha creído en Él algún magistrado o algún fariseo? Pero esa gente que no conoce la Ley son unos malditos».

Les dice Nicodemo, que era uno de ellos, el que había ido anteriormente donde Jesús: «¿Acaso nuestra Ley juzga a un hombre sin haberle antes oído y sin saber lo que hace?». Ellos le respondieron: «¿También tú eres de Galilea? Indaga y verás que de Galilea no sale ningún profeta». Y se volvieron cada uno a su casa.



Los cristianos seguimos teniendo delante de nosotros el reto de romper con la dinámica de condena y de autojustificación para entrar en la dinámica de amor y misericordia de Dios. Nicodemo se la juega por Jesús, por la verdad.

Señor, también a mí me indigna la mentira, la injusticia, la violencia, la miseria... Pero en demasiadas ocasiones soy miedoso y no me juego mi fama, no arriesgo mi comodidad, no comparto lo que debiera, para defender la verdad, la justicia y la paz, para luchar en favor de los más débiles.

Señor, aumenta mi confianza en Ti, dame una confianza más grande que mi miedo y mi egoísmo. Y concédeme valor para dar la cara por Ti, por tu Reino, por tus preferidos: los pobres y los que más sufren. 

 Así te lo pido. Así sea.







ORACIÓN A SAN JACOBO EL CONFESOR


Rey celestial san Jacobo, que preferiste la muerte antes que renegar de la fe, intercede por mí. Renueva mi mente y dame el coraje de amarte más que a mi vida terrena. Que la Cruz de Cristo vaya delante de mí para defenderme de todo mal y que la luz de la verdad guíe mis pasos. San Jacobo, ruega por mí, para que sea perseverante en la oración y firme en las pruebas. Amén. 

MELANCÓLICA ESTÁS, PUTIDONCELLA (Vicente Espinel)


Meláncolica estás, putidoncella,
solapo de la paz, buen gusto y rato,
rozada como empeine de zapato,
cuando, de muy traído, se desuella.
¡Quién te viese abierta como armella,
pasada con la broca de un mulato,
haciendo de tu carne franco plato!,
mas ¡lleve el diablo quien comiese della!
¡Válgate Barrabás!, ¿de qué te enfadas,
impertinente virgen del putaco,
atalaya que acechas carretillas?
Pues si tu ama tiende tus frazadas,
tiéndelas tu tambien, Marisobaco,
que no son para menos tus faldillas. 


viernes, 20 de marzo de 2026

GENEROSIDAD DE UN NIÑO (Padre Víctor Van Tricht, S. J.)




 

ORACIÓN A SAN JUAN NEPOMUCENO CONTRA INJURIAS Y CALUMNIAS




 

VIERNES IV DE CUARESMA A

 


Buenos días. Hoy es viernes y recordamos la cruz del Señor. Las lecturas hoy nos invitan a ser coherentes y llevar una vida justa (=santa). Es difícil mantenerse firmes en la fe, porque cuando nuestra vida quiere seguir las enseñanzas del evangelio, recibimos incomprensión y rechazo. La primera lectura nos muestra cómo ve el mundo al que siente a Dios cercano, Padre. El mundo quiere llevar la razón y lo maltrata para que por medio del dolor se convierta también en injusto, pero Cristo nos enseña que Él ha vencido al mundo, y que la muerte y el sufrimiento padecido los ha convertido en esperanza, y ha dado por medio de ellos Amor al mundo. Seamos buenos y confiemos en Dios, porque aunque el justo sufra muchos males de todos lo libra el Señor.



1ª Lectura (Sab 2, 1a.12-22): Se decían los impíos, razonando equivocadamente: «Acechemos al justo, que nos resulta fastidioso: se opone a nuestro modo de actuar, nos reprocha las faltas contra la ley y nos reprende contra la educación recibida; presume de conocer a Dios y se llama a sí mismo hijo de Dios. Es un reproche contra nuestros criterios, su sola presencia nos resulta insoportable. Lleva una vida distinta de todos los demás y va por caminos diferentes. Nos considera moneda falsa y nos esquiva como a impuros. Proclama dichoso el destino de los justos, y presume de tener por padre a Dios. Veamos si es verdad Jo que dice, comprobando cómo es su muerte. Si el justo es hijo de Dios, él lo auxiliará y lo librará de las manos de sus enemigos. Lo someteremos a ultrajes y torturas, para conocer su temple y comprobar su resistencia. Lo condenaremos a muerte ignominiosa, pues, según dice, Dios lo salvará». Así discurren, pero se equivocan, pues los ciega su maldad. Desconocen los misterios de Dios, no esperan el premio de la santidad, ni creen en la recompensa de una vida intachable.


Salmo responsorial: 33

R/. El Señor está cerca de los atribulados.

El Señor se enfrenta con los malhechores, para borrar de la tierra su memoria. Cuando uno grita, el Señor lo escucha y lo libra de sus angustias.

El Señor está cerca de los atribulados, salva a los abatidos. Aunque el justo sufra muchos males, de todos lo libra el Señor.

Él cuida de todos sus huesos, y ni uno solo se quebrará. El Señor redime a sus siervos, no será castigado quien se acoge a Él.


Versículo antes del Evangelio (Mt 4, 4): No sólo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios.



Texto del Evangelio (Jn 7, 1-2.10.14.25-30): En aquel tiempo, Jesús estaba en Galilea, y no podía andar por Judea, porque los judíos buscaban matarle. Se acercaba la fiesta judía de las Tiendas. Después que sus hermanos subieron a la fiesta, entonces Él también subió no manifiestamente, sino de incógnito.

Mediada ya la fiesta, subió Jesús al Templo y se puso a enseñar. Decían algunos de los de Jerusalén: «¿No es a ese a quien quieren matar? Mirad cómo habla con toda libertad y no le dicen nada. ¿Habrán reconocido de veras las autoridades que este es el Cristo? Pero este sabemos de dónde es, mientras que, cuando venga el Cristo, nadie sabrá de dónde es». Gritó, pues, Jesús, enseñando en el Templo y diciendo: «Me conocéis a mí y sabéis de dónde soy. Pero yo no he venido por mi cuenta; sino que me envió el que es veraz; pero vosotros no le conocéis. Yo le conozco, porque vengo de Él y Él es el que me ha enviado». Querían, pues, detenerle, pero nadie le echó mano, porque todavía no había llegado su hora.




“A mí me conocéis, y conocéis de dónde vengo.  Sin embargo, yo no vengo por mi cuenta,  sino enviado por el que es veraz” (Jn 7, 1-2.10.25-30)

A Ti te conocemos, Señor: en casa nos hablaron de Ti, en el colegio nos hablaron de Ti, en la catequesis nos hablaron de Ti, en las noticias a veces hablan de Ti, algunos personajes públicos a veces te citan o citan tus palabras, muchas personas, muchos templos y  algunas calles llevan tu nombre… a Ti te conocemos, Señor.

A Ti te conocemos, Señor, porque hay mucha gente que vive desde Ti,  porque hay muchas personas que te siguen,  que quieren vivir como Tú, que son lo que son por Ti, que dedican su vida entera a hablar de Ti desde su vida, porque hay muchas instituciones que cumplen con la misión que de Ti asumieron, porque hay ¡tantos signos de que tu proyecto no ha caído en el olvido y sigue siendo tan actual! 

A Ti te conocemos, Señor,  aunque deberíamos conocerte más,  ahondar siempre más en nuestra relación contigo, en tu amistad para con nosotros,  en este regalo que es tener fe en Ti. Haz que no nos olvidemos que vienes del Padre,  que cumples también tú su voluntad,  que somos hijos en el Hijo, pero hijos,  que no somos discípulos tuyos porque queremos sino porque nos elegiste, nos llamaste y nos acompañas porque el Padre te envió y por Él conocemos que Tú eres la Verdad, el Camino y la Vida verdaderas. 

A Ti te conocemos, Señor, haz que conozcamos por Ti al Padre que te envía. 

Así te lo pido. Así sea.














LA MALA LETRA (Mariano Pardo de Figueroa "Doctor Thebussem")


Ocurrió cierto día 
en una notaría, 
que un hombre distinguido y de cultura 
firmó en una escritura; 
y cuenta la experiencia 
que perdieron sus hijos pingüe herencia, 
pues puso el nombre en rasgos tan extraños, 
que sabios eruditos, en cien años 
descifrar no pudieron 
la firma que estampar allí quisieron. 
Si se inventó lo escrito
(y es un arte bendito) 
para que no se borren pensamientos 
y se conserven fieles documentos, 
de ciencias o de bienes de fortuna, 
¿a qué la algarabía inoportuna? 

Escríbase con letra clara, hermosa, 
pues por más que la moda caprichosa 
opine de otro modo, 
se ha de buscar la perfección en todo.  

jueves, 19 de marzo de 2026

ORACIÓN A SAN JOSÉ (77)


 

SOLEMNIDAD DE SAN JOSÉ, ESPOSO DE LA BIENAVENTURADA VIRGEN MARÍA


Buenos días. Feliz día de San José, patrón de la Iglesia. Hoy las lecturas nos intentan enseñar que la paternidad es un regalo de Dios. Por eso ser padre, como Abraham, es un regalo esperado y deseado. Pero Dios ha querido que en Abraham nos encontremos con un padre por la fe. Así ocurre en el evangelio con José, que Dios le pide formar parte de su plan y tomar a María y al niño como su familia. Y José demuestra su fe y acepta la voluntad de Dios . Las lecturas nos ayudan a confiar en el proyecto de Dios aunque el mundo nos invite a pensar distinto. Por eso José será nuestro maestro y modelo para confiar en las promesas de Dios. Frente al mundo que nos invita a pensar en nosotros y en nuestros intereses, José muestra que darse y amar con fe a Dios es tomar parte en su proyecto de salvación, por eso pondrá el nombre de Jesús, que significa Dios salva a su pueblo de los pecados. Seamos buenos y confiemos en Dios, que nos llama a ser miembros de su familia por la fe.



Lectura del segundo libro de Samuel 7, 4-5a. 12-14a. 16

En aquellos días, vino esta palabra del Señor a Natán:

«Ve y habla a mi siervo David:
“Así dice el Señor: Cuando se cumplan tus días y reposes con tus padres, yo suscitaré descendencia tuya después de ti. Al que salga de tus entrañas le afirmaré tu reino.

Será el quien construya una casa a mi nombre y yo consolidaré el trono de su realeza para siempre.

Yo seré para él un padre y él será para mí un hijo.

Tu casa y tu reino se mantendrán siempre firmes ante mí, tu trono durará para siempre”».


Salmo 88, 2-3. 4-5. 27 y 29 R/. Su linaje será perpetuo.

Cantaré eternamente las misericordias del Señor,
anunciaré tu fidelidad por todas las edades.
Porque dijiste: «La misericordia es un edificio eterno»,
más que el cielo has afianzado tu fidelidad. R/.

«Sellé una alianza con mi elegido,
jurando a David, mi siervo:
Te fundaré un linaje perpetuo,
edificaré tu trono para todas las edades». R/.

Él me invocará: “Tú eres mi padre,
mi Dios, mi Roca salvadora”.
Le mantendré eternamente mi favor,
y mi alianza con él será estable. R/.


Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos 4, 13. 16-18. 22

Hermanos:

No por la ley sino por la justicia de la fe recibieron Abrahán y su descendencia la promesa de que iba a ser heredero el mundo.

Por eso depende de la fe, para que sea según gracia; de este modo, la promesa está asegurada para toda la descendencia, no solamente para la que procede de la ley, sino también para la que procede de la fe de Abrahán, que es padre de todos nosotros.

Según está escrito: «Te he constituido padre de muchos pueblos»; la promesa está asegurada ante aquel en quien creyó, el Dios que da vida a los muertos y llama a la existencia lo que no existe.

Apoyado en la esperanza, creyó contra toda esperanza que llegaría a ser padre de muchos pueblos, de acuerdo con lo que se le había dicho: «Así será tu descendencia».

Por lo cual le fue contado como justificación.



Lectura del santo evangelio según san Mateo 1, 16. 18-21. 24a

Jacob engendró a José, el esposo de María, de la cual nació Jesús, llamado Cristo.

La generación de Jesucristo fue de esta manera:
María, su madre, estaba desposada con José y, antes de vivir juntos, resultó que ella esperaba un hijo por obra del Espíritu Santo.

José, su esposo, como era justo y no quería difamarla, decidió repudiarla en privado. Pero, apenas había tomado esta resolución, se le apareció en sueños un ángel del Señor que le dijo:
«José, hijo de David, no temas acoger a María, tu mujer, porque la criatura que hay en ella viene del Espíritu Santo. Dará a luz un hijo y tú le pondrás por nombre Jesús, porque él salvará a su pueblo de los pecados».

Cuando José se despertó, hizo lo que le había mandado el ángel del Señor.