viernes, 7 de agosto de 2026

ORACIÓN A SAN CAYETANO (3)

 



VIERNES XVIII T.O. A

 

Es viernes y las lecturas hoy nos invitan a reflexionar qué estamos haciendo con nuestra vida. La primera lectura presenta la decadencia de una ciudad, Nínive,  que será destruida, y la promesa de que el pueblo de Israel y Judá volverán a encontrar la paz. En el evangelio Cristo avisa sobre el valor de vivir el evangelio, frente al mundo que sólo busca su propio interés y bienestar. El cristiano sabe que la paz está en dar su vida, tiempo y amor por los demás, es lo que nos llena de esperanza y sentido, todo lo demás lleva a la destrucción; porque de qué nos sirve ganar el mundo si hemos perdido la paz del alma. Seamos buenos y confiemos en Dios, que da la muerte y la vida.








ORACIÓN A SANTA AFRA (1)


Oh gloriosa santa Afra, que pasaste de una vida mundana a ser valiente testigo del amor de Cristo, tú que, tocada por la gracia divina, abandonaste el pecado y ofreciste tu vida en holocausto de fe, enséñanos a confiar en la misericordia de Dios y a caminar por la senda de la conversión sincera. Alcánzanos la gracia de un corazón arrepentido, firme en la fe, y ardiente en caridad. Ruega por los que aún dudan de su valor ante Dios, por los que se sienten indignos de su perdón, y por todos los que anhelan una nueva vida en Cristo. Que tu ejemplo nos inspire a no temer al pasado, sino a abrazar con esperanza el poder redentor del Evangelio. Santa Afra, mártir de la misericordia, ruega por nosotros. Amén. 

jueves, 6 de agosto de 2026

FIESTA DE LA TRANSFIGURACIÓN DEL SEÑOR



Hoy celebramos la Transfiguración del Señor. Esta fiesta nos invita a reflexionar acerca de la presencia de Dios en medio del mundo y si somos capaces de reconocer la Gloria de Dios. Los discípulos nos cuentan su historia, que no es una fábula o un cuento, sino su experiencia cercana. Han escuchado la voz de Dios: “Este es mi hijo amado” y el Hijo de Dios les ha manifestado su resplandor con ternura y preocupación ante el miedo que sienten, Él les dice: “No temáis“. Hoy nosotros tenemos que abrir nuestros corazones y almas para dejar que la Gloria de Cristo nos acompañe y transforme, porque siempre está a nuestro lado diciéndonos: "No temáis". Seamos buenos y confiemos en Dios, que manifiesta su Gloria para el bien de todos.

 


1ª Lectura (Dan 7, 9-10.13-14): Durante la visión, vi que colocaban unos tronos, y un anciano se sentó; su vestido era blanco como nieve, su cabellera como lana limpísima; su trono, llamas de fuego; sus ruedas, llamaradas. Un río impetuoso de fuego brotaba delante de él. Miles y miles le servían, millones estaban a sus órdenes. Comenzó la sesión y se abrieron los libros. Mientras miraba, en la visión nocturna vi venir en las nubes del cielo como un hijo de hombre, que se acercó al anciano y se presentó ante él. Le dieron poder real y dominio; todos los pueblos, naciones y lenguas lo respetarán. Su dominio es eterno y no pasa, su reino no tendrá fin.


Salmo responsorial: 96

R/. El Señor reina altísimo sobre toda la Tierra.

El Señor reina, la Tierra goza, se alegran las islas innumerables. Tiniebla y nube lo rodean, justicia y derecho sostienen su trono.

Los montes se derriten como cera ante el dueño de toda la tierra; los cielos pregonan su justicia, y todos los pueblos contemplan su gloria.

Porque tú eres, Señor, altísimo sobre toda la Tierra, encumbrado sobre todos los dioses.


2ª Lectura (2Pe 1, 16-19): Cuando os dimos a conocer el poder y la última venida de nuestro Señor Jesucristo, no nos fundábamos en fábulas fantásticas, sino que habíamos sido testigos oculares de su grandeza. Él recibió de Dios Padre honra y gloria, cuando la Sublime Gloria le trajo aquella voz: «Éste es mi Hijo amado, mi predilecto». Esta voz, traída del cielo, la oímos nosotros, estando con él en la montaña sagrada. Esto nos confirma la palabra de los profetas, y hacéis muy bien en prestarle atención, como a una lámpara que brilla en un lugar oscuro, hasta que despunte el día, y el lucero nazca en vuestros corazones.


Versículo antes del Evangelio (Mt 17, 5): Aleluya. Este es mi Hijo muy amado, dice el Señor, en quien tengo puestas todas mis complacencias; escuchadlo. Aleluya.



Texto del Evangelio (Mt 17, 1-9): En aquel tiempo, Jesús toma consigo a Pedro, a Santiago y a su hermano Juan, y los lleva aparte, a un monte alto. Y se transfiguró delante de ellos: su rostro se puso brillante como el sol y sus vestidos se volvieron blancos como la luz. En esto, se les aparecieron Moisés y Elías que conversaban con Él. Tomando Pedro la palabra, dijo a Jesús: «Señor, bueno es estarnos aquí. Si quieres, haré aquí tres tiendas, una para ti, otra para Moisés y otra para Elías».
Todavía estaba hablando, cuando una nube luminosa los cubrió con su sombra y de la nube salía una voz que decía: «Este es mi Hijo amado, en quien me complazco; escuchadle». Al oír esto los discípulos cayeron rostro en tierra llenos de miedo. Mas Jesús, acercándose a ellos, los tocó y dijo: «Levantaos, no tengáis miedo». Ellos alzaron sus ojos y ya no vieron a nadie más que a Jesús solo. Y cuando bajaban del monte, Jesús les ordenó: «No contéis a nadie la visión hasta que el Hijo del hombre haya resucitado de entre los muertos».




















FRUTOS DEL ESPÍRITU SANTO


 

miércoles, 5 de agosto de 2026

MIÉRCOLES XVIII T.O. A



Hoy miércoles las lecturas nos muestran la misericordia de Dios, que no quiere que ninguno de sus hijos sufran. Pero respeta la libertad del hombre para creer en Él o rechazarlo. El evangelio nos presenta a Jesús en una región pagana que no cree en el Dios de Israel, pero que también tienen fe. Y nos muestra a una mujer que siendo pagana ha sido capaz de descubrir a través del dolor y la impotencia que hay alguien por encima de todos que puede hacer lo imposible, y lo reconoce en sus palabras de manera humilde: "También los perros se comen las migajas que caen de la mesa de los amos". Estas palabras muestran la fe de la mujer y devuelven la salud a su hija. Debemos reconocer que Dios es Padre misericordioso, y que invita a todos a ser sus hijos, pero no obliga a nadie a seguirlo, Él quiere que con libertad confiemos en su palabra y la vivamos. Seamos buenos y confiemos en Dios, que quiere alegrarnos y aliviar nuestras penas. 



1ª Lectura (Jer 31, 1-7): En aquel tiempo —oráculo del Señor—, seré el Dios de todas las tribus de Israel, y ellas serán mi pueblo. Así dice el Señor: Halló gracia en el desierto el pueblo escapado de la espada; camina Israel a su descanso, el Señor se le apareció de lejos. Con amor eterno te amé, por eso prolongue mi misericordia. Todavía te construiré y serás reconstruida, Doncella de Israel; todavía te adornarás y saldrás con panderos a bailar en corros; todavía plantarás viñas en los montes de Samaría, y los que plantan cosecharán. «Es de día» gritarán los centinelas en la montaña de Efraín: «Levantaos y marchemos a Sión, al Señor nuestro Dios». Porque así dice el Señor: «Gritad de alegría por Jacob, regocijaos por el amor de los pueblos; proclamad, alabad y decid: ‘El Señor ha salvado a su pueblo, al resto de Israel’».


Salmo responsorial: Jer 31

R/. El Señor nos guardará como pastor a su rebaño.

Escuchad, pueblos, la palabra del Señor, anunciadla en las islas remotas: «El que dispersó a Israel lo reunirá, lo guardará como pastor a su rebaño».

Porque el Señor redimió a Jacob, lo rescató de una mano más fuerte. Vendrán con aclamaciones a la altura de Sión, afluirán hacia los bienes del Señor.

Entonces se alegrará la doncella en la danza, gozarán los jóvenes y los viejos; convertiré su tristeza en gozo, los alegraré y aliviaré sus penas.


Versículo antes del Evangelio (Lc 7, 16): Aleluya. Un gran profeta ha surgido entre nosotros. Dios ha visitado a su pueblo. Aleluya.



Texto del Evangelio (Mt 15, 21-28): En aquel tiempo, Jesús se retiró hacia la región de Tiro y de Sidón. En esto, una mujer cananea, que había salido de aquel territorio, gritaba diciendo: «¡Ten piedad de mí, Señor, hijo de David! Mi hija está malamente endemoniada». Pero Él no le respondió palabra. Sus discípulos, acercándose, le rogaban: «Concédeselo, que viene gritando detrás de nosotros». Respondió Él: «No he sido enviado más que a las ovejas perdidas de la casa de Israel». Ella, no obstante, vino a postrarse ante Él y le dijo: «¡Señor, socórreme!». Él respondió: «No está bien tomar el pan de los hijos y echárselo a los perritos». «Sí, Señor -repuso ella-, pero también los perritos comen de las migajas que caen de la mesa de sus amos». Entonces Jesús le respondió: «Mujer, grande es tu fe; que te suceda como deseas». Y desde aquel momento quedó curada su hija.










LOS PECADOS DE OMISIÓN



 

martes, 4 de agosto de 2026

ORACIÓN A SAN JUAN MARÍA VIANNEY (2)

San Juan María Bautista Vianney, tu fuiste tan inflexible contra el pecado, y sin embargo, tan amable y dispuesto a acoger al pecador. Acudo a ti hoy como si aún estuvieras vivo, como si estuviera arrodillado ante tus pies y pudieras oírme. Inclínate hacia mí, escucha al confidente arrepentido por las debilidades y acciones miserables. 

Cura del Señor, infatigable confesor, obtén para mí el horror al pecado. Tú quisiste sobre todo que evitáramos la ocasión de pecar. Quiero tomar tu consejo y hacer la resolución de romper con los malos hábitos y evitar las ocasiones peligrosas de pecar. Ayúdame hoy a examinar mi conciencia. 

Santo Cura de Ars, tengo confianza en tu intercesión. Ruega por mí y especialmente por... (mencione aquí en silencio sus especiales intenciones). 

Padrenuestro, Avemaría y Gloria

MARTES XVIII T.O. A



Es martes y la Palabra de Dios quiere ayudarnos a confiar en Dios y no en nuestras propias fuerzas. El profeta señala hoy que a pesar del pecado del pueblo, que ha causado enormes heridas que siguen abiertas, Él se compadece de su pueblo y los invita a confiar en que reconstruirá de nuevo al pueblo. 

En el evangelio Jesús denuncia la actitud hipócrita de los fariseos, que dicen creer en Dios y lo único que les preocupa es cumplir ritos externos, mientras que sus corazones están heridos por el pecado y no quieren verlo y dejarse curar por Dios; piensan que con su voluntarismo Dios los salvará y lo único que Dios quiere de nosotros es misericordia y fidelidad a su plan de salvación. Tengamos cuidado porque no hay peor ciego que el que no quiere ver. Seamos buenos y confiemos en Dios, que mira desde el Cielo para curar nuestras heridas si lo dejamos.



 1ª Lectura (Jer 30, 1-2.12-15.18-22): Palabra que Jeremías recibió del Señor: «Así dice el Señor, Dios de Israel: Escribe en un libro todas las palabras que he dicho. Porque así dice el Señor: ‘Tu fractura es incurable, tu herida está enconada; no hay remedio para tu llaga, no hay medicinas que te cierren la herida. Tus amigos te olvidaron, ya no te buscan, porque te alcanzó el golpe enemigo, un cruel escarmiento, por el número de tus crímenes, por la muchedumbre de tus pecados. ¿Por qué gritas por tu herida? Tu llaga es incurable; por el número de tus crímenes, por la muchedumbre de tus pecados, te he tratado así’. Así dice el Señor: ‘Yo cambiaré la suerte de las tiendas de Jacob, me compadeceré de sus moradas; sobre sus ruinas será reconstruida la ciudad, su palacio se asentará en su puesto. De ella saldrán alabanzas y gritos de alegría. Los multiplicaré, y no disminuirán; los honraré, y no serán despreciados. Serán sus hijos como en otro tiempo, la asamblea será estable en mi presencia. Castigaré a sus opresores. Saldrá de ella un príncipe, su señor saldrá de en medio de ella; me lo acercaré y se llegará a mí, pues, ¿quién, si no, se atrevería a acercarse a mí? —oráculo del Señor—. Vosotros seréis mi pueblo, y yo seré vuestro Dios’».


Salmo responsorial: 101

R/. El Señor reconstruyó Sión, y apareció en su gloria.

Los gentiles temerán tu nombre, los reyes del mundo, tu gloria. Cuando el Señor reconstruya Sión, y aparezca su gloria, y se vuelva a las súplicas de los indefensos, y no desprecie sus peticiones.

Quede esto escrito para la generación futura, y el pueblo que será creado alabará al Señor. Que el Señor ha mirado desde su excelso santuario, desde el cielo se ha fijado en la tierra, para escuchar los gemidos de los cautivos y librar a los condenados a muerte.

Los hijos de tus siervos vivirán seguros, su linaje durará en tu presencia, para anunciar en Sión el nombre del Señor, y su alabanza en Jerusalén, cuando se reúnan unánimes los pueblos y los reyes para dar culto al Señor.


Versículo antes del Evangelio (Jn 1, 49): Aleluya. Maestro, tú eres el Hijo de Dios, tú eres el Rey de Israel. Aleluya.




Texto del Evangelio (Mt 15, 1-2.10-14): Entonces se acercaron a Jesús unos fariseos y escribas de Jerusalén y le preguntaron: «¿Por qué tus discípulos quebrantan la tradición de nuestros mayores y no se lavan las manos antes de comer?».
Y, llamando a la gente, les dijo: «Escuchad y entended: no mancha al hombre lo que entra por la boca, sino lo que sale de la boca, eso es lo que mancha al hombre». Se acercaron los discípulos y le dijeron: «¿Sabes que los fariseos se han escandalizado al oírte?». Respondió él: «La planta que no haya plantado mi Padre celestial, será arrancada de raíz. Dejadlos, son ciegos, guías de ciegos. Y si un ciego guía a otro ciego, los dos caerán en el hoyo».



















lunes, 3 de agosto de 2026

LUNES XVIII T.O. A


Hoy lunes la Palabra de Dios quiere mostrar que la fe auténtica es fiarse de Dios en la tempestad. 

En la primera lectura el profeta falso Jananías quiere hacer creer al pueblo que Dios ha perdonado sus pecados a pesar de que no se han convertido a Él y el profeta Jeremías, que sí que tiene fe en Dios y espera su respuesta, recibe el oráculo de Dios para que haga comprender al pueblo que sin conversión no hay perdón. 

En el evangelio vemos que los discípulos tienen miedo porque no pueden comprender lo que ocurre. Pedro toma la iniciativa ante Jesús, que lo invita a tener fe y no miedo, pero al ir hacia Él; se hunde porque no acaba de confiar en Dios. 

Ante las dificultades debemos confiar en Dios, que está a nuestro lado y que viene en nuestra ayuda, pero debemos convertirnos de corazón, confiar en su voluntad y esperar su salvación con fe y no con miedo que nos paraliza. Seamos buenos y confiemos en Dios, que sus mandamientos alegran el corazón. 



1ª Lectura (Jer 30, 1-2.12-15.18-22): Palabra que Jeremías recibió del Señor: «Así dice el Señor, Dios de Israel: Escribe en un libro todas las palabras que he dicho. Porque así dice el Señor: ‘Tu fractura es incurable, tu herida está enconada; no hay remedio para tu llaga, no hay medicinas que te cierren la herida. Tus amigos te olvidaron, ya no te buscan, porque te alcanzó el golpe enemigo, un cruel escarmiento, por el número de tus crímenes, por la muchedumbre de tus pecados. ¿Por qué gritas por tu herida? Tu llaga es incurable; por el número de tus crímenes, por la muchedumbre de tus pecados, te he tratado así’. Así dice el Señor: ‘Yo cambiaré la suerte de las tiendas de Jacob, me compadeceré de sus moradas; sobre sus ruinas será reconstruida la ciudad, su palacio se asentará en su puesto. De ella saldrán alabanzas y gritos de alegría. Los multiplicaré, y no disminuirán; los honraré, y no serán despreciados. Serán sus hijos como en otro tiempo, la asamblea será estable en mi presencia. Castigaré a sus opresores. Saldrá de ella un príncipe, su señor saldrá de en medio de ella; me lo acercaré y se llegará a mí, pues, ¿quién, si no, se atrevería a acercarse a mí? —oráculo del Señor—. Vosotros seréis mi pueblo, y yo seré vuestro Dios’».


Salmo responsorial: 101

R/. El Señor reconstruyó Sión, y apareció en su gloria.

Los gentiles temerán tu nombre, los reyes del mundo, tu gloria. Cuando el Señor reconstruya Sión, y aparezca su gloria, y se vuelva a las súplicas de los indefensos, y no desprecie sus peticiones.

Quede esto escrito para la generación futura, y el pueblo que será creado alabará al Señor. Que el Señor ha mirado desde su excelso santuario, desde el Cielo se ha fijado en la Tierra, para escuchar los gemidos de los cautivos y librar a los condenados a muerte.

Los hijos de tus siervos vivirán seguros, su linaje durará en tu presencia, para anunciar en Sión el nombre del Señor, y su alabanza en Jerusalén, cuando se reúnan unánimes los pueblos y los reyes para dar culto al Señor.


Versículo antes del Evangelio (Jn 1, 49): Aleluya. Maestro, tú eres el Hijo de Dios, tú eres el Rey de Israel. Aleluya.




Texto del Evangelio (Mt 14, 22-36): En aquellos días, cuando la gente hubo comido, Jesús obligó a los discípulos a subir a la barca y a ir por delante de Él a la otra orilla, mientras Él despedía a la gente. Después de despedir a la gente, subió al monte a solas para orar; al atardecer estaba solo allí.
La barca se hallaba ya distante de la tierra muchos estadios, zarandeada por las olas, pues el viento era contrario. Y a la cuarta vigilia de la noche vino Él hacia ellos, caminando sobre el mar. Los discípulos, viéndole caminar sobre el mar, se turbaron y decían: «Es un fantasma», y de miedo se pusieron a gritar. Pero al instante les habló Jesús diciendo: «¡Ánimo!, que soy yo; no temáis». Pedro le respondió: «Señor, si eres tú, mándame ir donde tú sobre las aguas». «¡Ven!», le dijo. Bajó Pedro de la barca y se puso a caminar sobre las aguas, yendo hacia Jesús. Pero, viendo la violencia del viento, le entró miedo y, como comenzara a hundirse, gritó: «¡Señor, sálvame!». Al punto Jesús, tendiendo la mano, le agarró y le dice: «Hombre de poca fe, ¿por qué dudaste?». Subieron a la barca y amainó el viento. Y los que estaban en la barca se postraron ante él diciendo: «Verdaderamente eres Hijo de Dios».
Terminada la travesía, llegaron a tierra en Genesaret. Los hombres de aquel lugar, apenas le reconocieron, pregonaron la noticia por toda aquella comarca y le presentaron todos los enfermos. Le pedían que tocaran siquiera la orla de su manto; y cuantos la tocaron quedaron salvados.












ORACIÓN A SANTA LIDIA DE TIATIRA


Oh santa Lidia, mujer de fe y de corazón generoso, tú que escuchaste la voz del Señor y abriste tu corazón a su gracia, enséñanos a estar atentos a su Palabra y a responder con amor y entrega a su llamada.

Tú que recibiste el bautismo con gozo y acogiste a los discípulos en tu hogar, danos un espíritu de hospitalidad y servicio, para que sepamos compartir nuestra fe con los demás y construir comunidades de amor y fraternidad.

Intercede por todos aquellos que buscan a Dios, para que sus corazones se abran a la verdad del Evangelio. Protege a las mujeres trabajadoras y emprendedoras, para que encuentren en su labor un medio de santificación y testimonio cristiano.

Oh santa Lidia, fortalece nuestra fe, danos un corazón generoso y abierto, y ayúdanos a ser luz en medio del mundo, para gloria de Dios y salvación de nuestras almas. Amén.

 

domingo, 2 de agosto de 2026

DOMINGO XVIII T.O. A


Hoy las lecturas nos quieren ayudar a entender que Dios siempre va a estar a nuestro lado. San Pablo lo expresa de manera muy bella: Si Dios está con nosotros, quién podrá nada contra nosotros. El profeta Isaías también lo señala: Dios no es como los demás ídolos, Él ofrece su amor de manera gratuita, sólo quiere que el pueblo le corresponda con amor. Y el evangelio nos vuelve a contar un milagro eucarístico. Jesús se compadece de la multitud que necesitan amor, consuelo y tienen hambre de Dios y les da el pan bendecido y lo da a los apóstoles para que lo repartan. Nos invita a comer su carne y beber su sangre para la vida eterna y nos lo regala en la Eucaristía. Ojalá que descubramos algún día el amor que nos da y seamos capaces de darnos nosotros mismos para que otros también se puedan alimentar de Él. Seamos buenos y confiemos en Dios, que nos sacia de favores.

 


Lectura del libro de Isaías 55, 1-3

Esto dice el Señor:
«Oíd, sedientos todos, acudid por agua; venid, también los que no tenéis dinero:
comprad trigo y comed, venid y comprad, sin dinero y de balde, vino y leche.
¿Por qué gastar dinero en lo que no alimenta y el salario en lo que no da hartura? Escuchadme atentos y comeréis bien, saborearéis platos sustanciosos.
Inclinad vuestro oído, venid a mí: escuchadme y viviréis.
Sellaré con vosotros una alianza perpetua, las misericordias firmes hechas a David».


Salmo 144, 8-9. 15-16. 17-18 R/. Abres tú la mano, Señor, y nos sacias.

El Señor es clemente y misericordioso,
lento a la cólera y rico en piedad;
el Señor es bueno con todos,
es cariñoso con todas sus criaturas. R/.

Los ojos de todos te están aguardando,
tú les das la comida a su tiempo;
abres tú la mano,
y sacias de favores a todo viviente. R/.

El Señor es justo en todos sus caminos,
es bondadoso en todas sus acciones;
cerca está el Señor de los que lo invocan,
de los que lo invocan sinceramente. R/.


Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos 8, 35. 37-39

Hermanos:
¿Quién nos separará del amor de Cristo?, ¿la tribulación?, ¿la angustia?, ¿la persecución?, ¿el hambre?, ¿la desnudez?, ¿el peligro?, ¿la espada?
Pero en todo esto vencemos de sobra gracias a aquel que nos ha amado. Pues estoy convencido de que ni muerte, ni vida, ni ángeles, ni principados, ni presente, ni futuro, ni potencias, ni altura, ni profundidad, ni ninguna otra criatura podrá separarnos del amor de Dios manifestado en Cristo Jesús, nuestro Señor.


Lectura del santo evangelio según san Mateo 14, 13-21

En aquel tiempo, al enterarse Jesús de la muerte de Juan Bautista se marchó de allí en barca, a solas, a un lugar desierto.
Cuando la gente lo supo, lo siguió por tierra desde los poblados.
Al desembarcar vio Jesús una multitud, se compadeció de ella y curó a los enfermos. Como se hizo tarde, se acercaron los discípulos a decirle:
«Estamos en despoblado y es muy tarde, despide a la multitud para que vayan a las aldeas y se compren comida».
Jesús les replicó:
«No hace falta que vayan, dadles vosotros de comer».
Ellos le replicaron:
«Si aquí no tenemos más que cinco panes y dos peces».
Les dijo:
«Traédmelos».
Mandó a la gente que se recostara en la hierba y tomando los cinco panes y los dos peces, alzando la mirada al cielo, pronunció la bendición, partió los panes y se los dio a los discípulos; los discípulos se los dieron a la gente. Comieron todos y se saciaron y recogieron doce cestos llenos de sobras. Comieron unos cinco mil hombres, sin contar mujeres y niños.








RIMA LXI (Gustavo Adolfo Bécquer)


Al ver mis horas de fiebre
e insomnio lentas pasar,
a la orilla de mi lecho,
¿quién se sentará?

Cuando la trémula mano
tienda, próximo a expirar,
buscando una mano amiga,
¿quién la estrechará?

Cuando la muerte vidríe
de mis ojos el cristal,
mis párpados aún abiertos,
¿quién los cerrará?

Cuando la campana suene
(si suena en mi funeral)
una oración, al oírla,
¿quién murmurará?

Cuando mis pálidos restos
oprima la tierra ya,
sobre la olvidada fosa,
¿quién vendrá a llorar?

¿Quién en fin, al otro día,
cuando el sol vuelva a brillar,
de que pasé por el mundo,
quién se acordará?

 

sábado, 1 de agosto de 2026

SÁBADO XVII T.O. A

Este sábado por la mañana las lecturas nos muestran a dos profetas: Jeremías y Juan el Bautista. Y los dos profetas son incómodos, pero Jeremías acaba siendo respetado y protegido por un soldado del Rey, que reconoce que habla en nombre de Dios. Sin embargo, Juan es temido por Herodes, y querido y respetado por el pueblo. Es ese rechazo al plan de Dios  lo que llevará a matar a Juan. Pero el mensaje de Dios no se detiene y la sangre de los inocentes se convierte en vida nueva que anima a no rendirse en este mundo. Es lo que expresa el profeta Jeremías: Yo estoy en vuestras manos, pero el que se convierta a Dios se salvará. Seamos buenos y confiemos en Dios, que los que son fieles a su Palabra y la transmiten todo lo que viven les sirve para el bien.



Lectura de la profecía de Jeremías 26, 11-16. 24

En aquellos días, los sacerdotes y los profetas dijeron a los magistrados y a la gente: «Este hombre es reo de muerte, pues ha profetizado contra esta ciudad, como lo habéis podido oír vosotros mismos».

Jeremías respondió a los magistrados y a todos los presentes: «El Señor me ha enviado a profetizar contra este templo y esta ciudad todo lo que acabáis de oír.

Ahora bien, si enmendáis vuestra conducta y vuestras acciones y escucháis la voz del Señor vuestro Dios, el Señor se arrepentirá de la amenaza que ha pronunciado contra vosotros. Yo, por mi parte, estoy en vuestras manos: haced de mí lo que mejor os parezca.

Pero sabedlo bien: si me matáis, os haréis responsables de sangre inocente, que caerá sobre vosotros, sobre esta ciudad y sobre sus habitantes. Porque es cierto que el Señor me ha enviado para que os comunique personalmente estas palabras».

Los magistrados del pueblo dijeron a los sacerdotes y a los profetas: «Este hombre no es reo de muerte, pues nos ha hablado en nombre del Señor nuestro Dios».

Entonces Ajicán, hijo de Safán, se hizo cargo de Jeremías para que no lo entregaran al pueblo y le dieran muerte.


Salmo 68, 15-16. 30-31. 33-34 R/. En el día de la gracia, escúchame, Señor.

Arráncame del cieno, que no me hunda;
líbrame de los que me aborrecen,
y de las aguas sin fondo.
Que no me arrastre la corriente,
que no me trague el torbellino,
que no se cierre la poza sobre mi. R/.

Yo soy un pobre malherido;
Dios mío, tu salvación me levante.
Alabaré el nombre de Dios con cantos,
proclamaré su grandeza con acción de gracias. R/.

Miradlo, los humildes, y alegraos;
buscad al Señor, y revivirá vuestro corazón.
Que el Señor escucha a sus pobres,
no desprecia a sus cautivos. R/.


Lectura del santo evangelio según san Mateo 14, 1-12

En aquel tiempo, oyó el tetrarca Herodes lo que se contaba de Jesús y dijo a sus cortesanos: «Ese es Juan el Bautista, que ha resucitado de entre los muertos, y por eso las fuerzas milagrosas actúan en él».

Es que Herodes había mandado prender a Juan y lo había metido en la cárcel encadenado, por motivo de Herodías, mujer de su hermano Filipo; porque Juan le decía que no le era lícito vivir con ella. Quería mandarlo matar, pero tuvo miedo de la gente, que lo tenía por profeta.

El día del cumpleaños de Herodes, la hija de Herodías danzó delante de todos y le gustó tanto a Herodes, que juró darle lo que pidiera.

Ella, instigada por su madre, le dijo: «Dame ahora mismo en una bandeja la cabeza de Juan el Bautista».

El rey lo sintió, pero, por el juramento y los invitados, ordenó que se la dieran, y mandó decapitar a Juan en la cárcel. Trajeron la cabeza en una bandeja, se la entregaron a la joven y ella se la llevó a su madre. Sus discípulos recogieron el cadáver, lo enterraron, y fueron a contárselo a Jesús.