Las lecturas hoy nos quieren mostrar quién nos ha llamado a vivir cerca de Dios, a ser santos: Cristo con su entrega total en manos del Padre. Por eso hoy san Pablo quiere ayudar a los cristianos de Corinto a descubrir que todo es nuestro, nosotros de Cristo; que nos ha liberado con su entrega y Cristo de Dios; que ha cumplido con la voluntad del Padre: que es Amor puro. Y para comprender esto Pablo nos muestra que debemos parecer tontos para las cosas del mundo, es lo que tantas veces sentimos cuando hacemos el bien y el mundo nos devuelve un “tortazo”, es aquí cuando debemos escuchar la Palabra de Dios que nos invita a remar mar adentro confiando no en la lógica humana, sino en la sabiduría de Dios. Seamos buenos y confiemos en Dios, que recibiremos la bendición del Señor.
1ª Lectura (1Cor 3, 18-23): Que nadie se engañe. Si alguno de vosotros se cree sabio en este mundo, que se haga necio para llegar a ser sabio. Porque la sabiduría de este mundo es necedad ante Dios, como está escrito: «Él caza a los sabios en su astucia.» Y también: «El Señor penetra los pensamientos de los sabios y conoce que son vanos.» Así, pues, que nadie se gloríe en los hombres, pues todo es vuestro: Pablo, Apolo, Cefas, el mundo, la vida, la muerte, lo presente, lo futuro. Todo es vuestro, vosotros de Cristo, y Cristo de Dios.
Salmo responsorial: 23
R/. Del Señor es la Tierra y cuanto la llena.
Del Señor es la Tierra y cuanto la llena, el orbe y todos sus habitantes: él la fundó sobre los mares, él la afianzó sobre los ríos.
¿Quién puede subir al monte del Señor? ¿Quién puede estar en el recinto sacro? El hombre de manos inocentes y puro corazón, que no confía en los ídolos.
Ese recibirá la bendición del Señor, le hará justicia el Dios de salvación. Este es el grupo que busca al Señor, que viene a tu presencia, Dios de Jacob.
Versículo antes del Evangelio (Mt 4, 19): Aleluya. Venid en pos de mí, dice el Señor, y haré que vosotros seáis pescadores de hombres. Aleluya.
Texto del Evangelio (Lc 5, 1-11): En aquel tiempo, estaba Jesús a la orilla del lago Genesaret y la gente se agolpaba sobre él para oír la Palabra de Dios, cuando vio dos barcas que estaban a la orilla del lago. Los pescadores habían bajado de ellas, y lavaban las redes. Subiendo a una de las barcas, que era de Simón, le rogó que se alejara un poco de tierra; y, sentándose, enseñaba desde la barca a la muchedumbre.
Cuando acabó de hablar, dijo a Simón: «Boga mar adentro, y echad vuestras redes para pescar». Simón le respondió: «Maestro, hemos estado bregando toda la noche y no hemos pescado nada; pero, en tu palabra, echaré las redes». Y, haciéndolo así, pescaron gran cantidad de peces, de modo que las redes amenazaban romperse. Hicieron señas a los compañeros de la otra barca para que vinieran en su ayuda. Vinieron, pues, y llenaron tanto las dos barcas que casi se hundían. Al verlo Simón Pedro, cayó a las rodillas de Jesús, diciendo: «Aléjate de mí, Señor, que soy un hombre pecador». Pues el asombro se había apoderado de él y de cuantos con él estaban, a causa de los peces que habían pescado. Y lo mismo de Santiago y Juan, hijos de Zebedeo, que eran compañeros de Simón. Jesús dijo a Simón: «No temas. Desde ahora serás pescador de hombres». Llevaron a tierra las barcas y, dejándolo todo, le siguieron.
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