SEÑOR, ENSÉÑAME TUS CAMINOS
Lectura del santo evangelio según san Marcos 12, 28b-34
Y nadie se atrevió a hacerle más preguntas.
SEÑOR, ENSÉÑAME TUS CAMINOS
Y nadie se atrevió a hacerle más preguntas.
Te suplicamos, Dios omnipotente, que nos fortifiques en el amor de tu santo nombre, por la intercesión de tu bienaventurado mártir san Sancho, cuyo nacimiento a la gloria reverenciamos hoy solemnemente.
En aquel tiempo, se acercan a Jesús unos saduceos, los cuales dicen que no hay resurrección, y le preguntan:
Por ello y mediante tu siervo San Pedro de Verona, te rogamos nos concedas (mencionar la petición) y con ello una mayor correspondencia a tu amor.
Buenos días. Hoy el Señor nos recuerda que Él es nuestro refugio de generación en generación y que en Él tenemos que poner el corazón. A Dios lo que es de Dios, ¿de quién somos nosotros? Seamos buenos y confiemos siempre en Dios.
DIOS MÍO, CONFÍO EN TI
JOSÉ VERA BERROCAL. Párroco de Ardales. Ardales (Málaga), 27/06/1869 - Puerto Lucianes, Carratraca (Málaga), 03/08/1936.
Estudió en el Seminario de Sevilla, licenciándose en Teología. Su bondad y trato afable le habían granjeado el aprecio de muchos ardaleños. Fue detenido por los milicianos comunistas junto a otros vecinos el 22 de julio de 1936 y conducido a la cárcel del pueblo. Allí siguió ejerciendo su misión sacerdotal, lo que provocaba canciones alusivas a su muerte por parte de sus verdugos, a los que propuso que lo matasen a él sólo y que dejasen con vida a todos los demás detenidos. El 3 de agosto, en un lugar llamado “Puerto Lucianes”, en la carretera entre Carratraca y Álora fueron asesinados, siendo él el último. Estuvo rezando y exhortando a sus compañeros, bendiciendo a los que caían ante las balas. Como esto irritaba a los asesinos, uno de ellos le disparó sobre la mano derecha, pero él siguió bendiciendo con la izquierda hasta que fue asesinado. Murió perdonando a sus enemigos y ofreciendo su vida por Dios y por su Iglesia.
Oh Dios, concédenos a través de la intercesión de tu favorito obispo y mártir san Erasmo, que tan valientemente confesó su fe, que podemos aprender a practicar sus preceptos y, por lo tanto, ser dignos de cumplir sus promesas a través de Cristo, nuestro Señor.
Glorioso y santo mártir Erasmo, que soportaste voluntariamente y con valentía las pruebas y los sufrimientos de la vida, y por medio de tu caridad se consolaron muchos compañeros de sufrimiento, te suplico que recuerdes mis necesidades e intercedas por mí ante Dios.
Apoderado confesor de la fe, vencedor de todas las torturas, ora a Jesús por mí y pídele que me conceda la gracia de vivir y morir en la fe a través de la cual obtuviste la corona de la gloria. ¡Mi Señor y Dios! Te hago hoy mi petición con la intercesión del santo ayudante san Erasmo en cuyo honor realizo esta oración.
(Debes aprovechar este punto de la oración para hacer tu petición especial; por ejemplo, si se trata de un dolor esporádico o si es por una enfermedad que necesitas que sane, entre cualquier otro favor que desees solicitar). Amén.
¡Buenos días!
Amanece uno de los “tres días en el año que brillan más que el Sol”: Día del Corpus…
Hoy senos invita a Vivir eucarísticamente, tejiendo red de esperanza para todos y entre todos.
“Allí donde nos necesitas, abrimos camino a la esperanza”, nos dice el mensaje para esta fiesta (Cf. Mensaje para el Día de la Caridad, Conf. Episcopal Esp.).
¡Que disfrutemos de esta jornada de Caridad! ¡Y que sepamos ver a Cristo en los que nos necesitan y en el Sacramento Eucarístico!
Dios te bendiga.
Texto del Evangelio (Mc 14, 12-16.22-26): El primer día de los Ázimos, cuando se sacrificaba el cordero pascual, le dicen sus discípulos: «¿Dónde quieres que vayamos a hacer los preparativos para que comas el cordero de Pascua?». Entonces, envía a dos de sus discípulos y les dice: «Id a la ciudad; os saldrá al encuentro un hombre llevando un cántaro de agua; seguidle y allí donde entre, decid al dueño de la casa: ‘El Maestro dice: ¿Dónde está mi sala, donde pueda comer la Pascua con mis discípulos?’. Él os enseñará en el piso superior una sala grande, ya dispuesta y preparada; haced allí los preparativos para nosotros». Los discípulos salieron, llegaron a la ciudad, lo encontraron tal como les había dicho, y prepararon la Pascua. Y mientras estaban comiendo, tomó pan, lo bendijo, lo partió y se lo dio y dijo: «Tomad, éste es mi cuerpo». Tomó luego una copa y, dadas las gracias, se la dio, y bebieron todos de ella. Y les dijo: «Ésta es mi sangre de la Alianza, que es derramada por muchos. Yo os aseguro que ya no beberé del producto de la vid hasta el día en que lo beba de nuevo en el Reino de Dios». Y cantados los himnos, salieron hacia el monte de los Olivos.
La autoridad de Cristo para actuar viene de Dios. Y nos ha dado esa autoridad para que vayamos al mundo a ayudar a muchos a abrir su alma sedienta del Dios vivo. Seamos buenos y confiemos siempre en Dios.