Hoy lunes la Palabra de Dios nos quiere mostrar que la sabiduría de Dios se hace presente de manera sencilla y humilde; nos dice san Pablo que la sabiduría de Dios se manifiesta en la Cruz de Cristo y no en las palabras bonitas que adornan nuestros oídos. Y esto muestra Jesús en el evangelio, proclama el pasaje de Isaías que será su propósito: evangelizar a los pobres, y para eso el Espíritu de Dios está sobre Él, para curar, cuidar y dar libertad. Y con sus palabras acaba escandalizando a sus paisanos, que están dispuestos a despeñarlo, pero la sabiduría de Dios se abre paso. Hoy nosotros deberíamos preguntarnos si cuando escuchamos la Palabra de Dios buscamos algo bonito para nuestros oídos o si nos dice que tenemos que comprometernos dándonos al servicio de los demás. Seamos buenos y confiemos en Dios, que vivir su voluntad nos hace sabios.
1ª Lectura (1Cor 2, 1-5): Yo, hermanos, cuando vine a vosotros a anunciaros el misterio de Dios, no lo hice con sublime elocuencia o sabiduría, pues nunca entre vosotros me precié de saber cosa alguna, sino a Jesucristo, y éste crucificado. Me presenté a vosotros débil y temblando de miedo; mi palabra y mi predicación no fue con persuasiva sabiduría humana, sino en la manifestación y el poder del Espíritu, para que vuestra fe no se apoye en la sabiduría de los hombres, sino en el poder de Dios.
Salmo responsorial: 118
R/. ¡Cuánto amo tu voluntad, Señor!
¡Cuánto amo tu voluntad!: todo el día estoy meditando.
Tu mandato me hace más sabio que mis enemigos, siempre me acompaña.
Soy más docto que todos mis maestros, porque medito tus preceptos.
Soy más sagaz que los ancianos, porque cumplo tus leyes.
Aparto mi pie de toda senda mala, para guardar tu palabra.
No me aparto de tus mandamientos, porque tú me has instruido.
Versículo antes del Evangelio (Cf. Lc 4, 18): Aleluya. El Espíritu del Señor está sobre mí; me ha enviado para anunciar el Evangelio a los pobres. Aleluya.
















































