Hoy martes la palabra de Dios nos quiere enseñar que necesitamos pedir a Dios que nos mande vocaciones. El pueblo de Israel se ha apartado de Dios y sigue a ídolos que no pueden salvar, son hechura de manos humanas. Y leemos cómo en la primera lectura el profeta denuncia y avisa del enfado y dolor que Dios tiene porque no responden a su Amor.
Jesús en el evangelio demuestra la misericordia de Dios, curando y predicando el Reino de Dios, que ha llegado al mundo, pero hay muchos que tienen el corazón endurecido y por eso nos enseña a pedir trabajadores que den testimonio de la fe. Hoy nosotros deberíamos descubrir si tenemos presente que Dios nos llama a trabajar en el mundo para que se conozca al Dios vivo y verdadero y ayudemos a rechazar a los ídolos que no salvan. Seamos buenos y confiemos en Dios, que es nuestro auxilio y escudo.
1ª Lectura (Os 8, 4-7.11.13): Así dice el Señor: «Se nombraron reyes en Israel sin contar conmigo, se nombraron príncipes sin mi aprobación. Con su plata y su oro se hicieron ídolos para su perdición. Hiede tu novillo, Samaria, ardo de ira contra él. ¿Cuándo lograréis la inocencia? Un escultor lo hizo, no es dios, se hace añicos el novillo de Samaria. Siembran viento y cosechan tempestades; las mieses no echan espiga ni dan grano, y, si lo dieran, extraños lo devorarían. Porque Efraín multiplicó sus altares para pecar, para pecar le sirvieron sus altares. Aunque les dé multitud de leyes, las consideran como de un extraño. Aunque inmolen víctimas en mi honor y coman la carne, al Señor no le agradan. Tiene presente sus culpas y castigará sus pecados: tendrán que volver a Egipto».
Salmo responsorial: 113
R/. Israel confía en el Señor.
Nuestro Dios está en el cielo, lo que quiere lo hace. Sus ídolos, en cambio, son plata y oro, hechura de manos humanas.
Tienen boca, y no hablan; tienen ojos, y no ven; tienen orejas, y no oyen; tienen nariz, y no huelen.
Tienen manos, y no tocan; tienen pies, y no andan. Que sean igual los que los hacen, cuantos confían en ellos.
Israel confía en el Señor: él es su auxilio y su escudo. La casa de Aarón confía en el Señor: él es su auxilio y su escudo.
Versículo antes del Evangelio (Jn 10, 14): Aleluya. Yo soy el Buen Pastor, dice el Señor, y conozco a mis ovejas y las mías me conocen. Aleluya.











































