Poesías, oraciones, cuentos...
domingo, 28 de junio de 2026
DOMINGO XIII TIEMPO ORDINARIO A
Hoy las lecturas muestran que para vivir como cristianos debemos escoger amar a Dios sobre todas las cosas y ponerlo en el centro de nuestras vidas. En la primera lectura nos encontramos con la mujer que con bondad y sin ningún interés acoge al profeta porque ve en él a un hombre de Dios y su amor por Dios es recompensado con un hijo.
Jesús en el evangelio nos muestra que amarlo y seguirlo con nuestras cruces de cada día nos llevará a la recompensa. El mismo Cristo ha muerto para que nosotros, uniéndonos a Él, tengamos vida eterna, lo único que hay que hacer es Amar a Dios, y amándolo descubriremos las maravillas que nos regala cada día. Seamos buenos y confiemos en Dios, nuestro escudo y fortaleza.
Lectura del segundo libro de los Reyes 4, 8-11. 14-16a
Pasó Eliseo un día por Sunén. Vivía allí una mujer principal que le insistió en que se quedase a comer; y, desde entonces, se detenía allí a comer cada vez que pasaba.
Llegó el día en que Eliseo se acercó por allí y se retiró a la habitación de arriba, donde se acostó.
Eliseo ordenó que la llamase. La llamó y ella se detuvo a la entrada.
Salmo 88, 2-3. 16-17. 18-19 R/. Cantaré eternamente las misericordias del Señor.
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos 6, 3-4. 8-11
Hermanos: Cuantos fuimos bautizados en Cristo Jesús fuimos bautizados en su muerte. Por el bautismo fuimos sepultados con él en la muerte, para que, lo mismo que Cristo resucitó de entre los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros andemos en una vida nueva. Si hemos muerto con Cristo, creemos que también viviremos con él; pues sabemos que Cristo, una vez resucitado de entre los muertos, ya no muere más; la muerte ya no tiene dominio sobre él. Porque quien ha muerto, ha muerto al pecado de una vez para siempre; y quien vive, vive para Dios. Lo mismo vosotros, consideraos muertos al pecado y vivos para Dios en Cristo Jesús.
Lectura del santo evangelio según san Mateo 10, 37-42
sábado, 27 de junio de 2026
ORACIÓN SAN ZOILO DE CÓRDOBA
Dios mío, Tú que penetras el fondo de los corazones y que escudriñas lo más íntimo de las entrañas, ves con toda claridad cuál es el motivo de la aflicción y amargura con que vengo a tu divina presencia a pedirte humildemente el remedio de todos mis males, tanto espirituales como temporales. Te lo ruego, por la intercesión de tu amado siervo san Zoilo, por sus virtudes, sus méritos, su espantoso suplicio, su sangre tan profusamente derramada y su preciosa muerte, con tanto valor sufrida en defensa de nuestra adorable religión. Bien puedes, Dios mío, desechar mis ruegos por indignos de ser elevados al augusto trono de tu grandeza y majestad; pero no despreciarás los que en favor mío te dirige el glorioso atleta. Él es mi protector, bajo su patrocinio me pongo y confiado en su valimiento, espero conseguir lo que te pido, y principalmente la gracia de perseverar en tu santo servicio hasta la muerte, para después gozarte por los siglos de los siglos. Amén.
SÁBADO XII TIEMPO ORDINARIO A
Hoy sábado por la mañana las lecturas presentan el dolor y el sufrimiento, y la única esperanza que nos queda es mirar con fe a Dios. La primera lectura ha señalado que el pueblo judío se ha apartado de Dios y ha escuchado a los falsos profetas y ahora está sufriendo las consecuencias. Y en el evangelio aparece un pagano, un centurión romano, que tiene un criado que sufre. Dios no quiere el sufrimiento de sus hijos, y el evangelio lo señala con las curaciones del criado, la suegra de Pedro, los endemoniados y enfermos agolpados a la puerta. Pero la clave está en que Cristo ha decidido cargar con nuestras dolencias y enfermedades. Él mismo pasa por ese momento y lo ofrece al Padre, y ese dolor y sufrimiento se convierten en fe viva, en esperanza eterna, en dar sentido profundo a la vida. El centurión ha descubierto la fe y confía en la Palabra de Cristo, que es vida. Seamos buenos y confiemos en Dios, que no se olvida de los pobres y se convierte en su mayor riqueza.
Lectura del libro de las Lamentaciones 2, 2. 10-14. 18-19
Salmo 73, 1b-2. 3-4. 5-7. 20-21 R/. No olvides sin remedio la vida de los pobres.
Lectura del santo evangelio según san Mateo 8, 5-17
viernes, 26 de junio de 2026
ORACIÓN A SAN PELAYO
Glorioso san Pelayo, joven mártir de Cristo y modelo de pureza, te pido que intercedas por mí ante el Señor. Concédele a mi corazón la valentía para defender mis valores y la fortaleza para mantenerme íntegro en medio de las dificultades. Ayúdame a guardar mi mente y mi corazón limpios de todo pecado, anteponiendo siempre el amor de Dios a las seducciones del mundo. Protégeme bajo tu amparo y guíame por el camino de la fidelidad. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.
VIERNES XII TIEMPO ORDINARIO A
Hoy viernes nos invita la Palabra a descubrir el sentido de la conversión. En la primera lectura, el pueblo de Israel sufre el destierro, la violencia y el abandono, pero todo porque se han apartado de Dios y han roto la Alianza, dejando al Dios vivo y adorando los ídolos. Sólo queda después del destierro un pequeño grupo de personas pobres y trabajadoras que siguen siendo fieles a Dios y que mantendrán la Alianza.
En el evangelio nos encontramos con el pobre leproso marginado que cree en Dios, se acerca con fe para pedir la purificación, y Cristo le ofrece la limpieza y la restauración. Hoy nosotros debemos aprender que si creemos y confiamos en Dios, Él siempre nos ayuda a vivir con esperanza y amor, pero si nos apartamos de Dios y no reconocemos nuestras impurezas experimentamos el abandono y la muerte. Seamos como los pobres viñadores y el marginado leproso, que confían en poder ser purificados por la gracia de Dios. Seamos buenos y confiemos en Dios, que nos llama a ponerlo como la cumbre de nuestras alegrías.
1ª Lectura (2Re 25, 1-12): El año noveno del reinado de Sedecías, el día diez del décimo mes, Nabucodonosor, rey de Babilonia, vino a Jerusalén con todo su ejército, acampó frente a ella y construyó torres de asalto alrededor. La ciudad quedó sitiada hasta el año once del reinado de Sedecías, el día noveno del mes cuarto. El hambre apretó en la ciudad, y no había pan para la población. Se abrió brecha en la ciudad, y los soldados huyeron de noche por la puerta entre las dos murallas, junto a los jardines reales, mientras los caldeos rodeaban la ciudad, y se marcharon por el camino de la estepa.
El ejército caldeo persiguió al rey; lo alcanzaron en la estepa de Jericó, mientras sus tropas se dispersaban abandonándolo. Apresaron al rey y se lo llevaron al rey de Babilonia, que estaba en Ribla, y lo procesó. A los hijos de Sedecías los hizo ajusticiar ante su vista; a Sedecias lo cegó, le echó cadenas de bronce y lo llevó a Babilonia.
El día primero del quinto mes, que corresponde al año diecinueve del reinado de Nabucodonosor en Babilonia, llegó a Jerusalén Nabusardán, jefe de la guardia, funcionario del rey de Babilonia. Incendió el templo, el palacio real y las casas de Jerusalén, y puso fuego a todos los palacios. El ejército caldeo, a las órdenes del jefe de la guardia, derribó las murallas que rodeaban a Jerusalén. Nabusardán, jefe de la guardia, se llevó cautivos al resto del pueblo que había quedado en la ciudad, a los que se habían pasado al rey de Babilonia y al resto de la plebe. De la clase baja dejó algunos como viñadores y hortelanos.
Salmo responsorial: 136
R/. Que se me pegue la lengua al paladar si no me acuerdo de ti.
Junto a los canales de Babilonia nos sentamos a llorar con nostalgia de Sión; en los sauces de sus orillas colgábamos nuestras cítaras.
Allí los que nos deportaron nos invitaban a cantar; nuestros opresores, a divertirlos: «Cantadnos un cantar de Sión».
¡Cómo cantar un cántico del Señor en tierra extranjera! Si me olvido de ti, Jerusalén, que se me paralice la mano derecha.
Que se me pegue la lengua al paladar si no me acuerdo de ti, si no pongo a Jerusalén en la cumbre de mis alegrías.
Versículo antes del Evangelio (Mt 8, 17): Aleluya. Cristo hizo suyas nuestras debilidades y cargó con nuestros dolores. Aleluya.
Texto del Evangelio (Mt 8, 1-4): En aquel tiempo, cuando Jesús bajó del monte, fue siguiéndole una gran muchedumbre. En esto, un leproso se acercó y se postró ante Él, diciendo: «Señor, si quieres puedes limpiarme». Él extendió la mano, le tocó y dijo: «Quiero, queda limpio». Y al instante quedó limpio de su lepra. Y Jesús le dice: «Mira, no se lo digas a nadie, sino vete, muéstrate al sacerdote y presenta la ofrenda que prescribió Moisés, para que les sirva de testimonio».
jueves, 25 de junio de 2026
ORACIÓN SAN GUILLERMO DE VERCELLI
JUEVES XII TIEMPO ORDINARIO A
Las lecturas de hoy jueves nos quieren mostrar que Dios no quiere la perdición de sus hijos, pero si no escuchamos su Palabra viva y la ponemos en práctica experimentamos la misma sensación de abandono y soledad que el pueblo de Israel, en la primera lectura. Todo ocurrió porque el rey se apartó de Dios. Pero quien escucha y pone en práctica la palabra de Dios encuentra en todo lo que vive (malo o bueno) que Dios está acompañándolo en todo momento y no siente el vacío sino la esperanza. Seamos buenos y confiemos en Dios, que nos ama perdidamente.
1ª Lectura (2Re 24, 8-17): Cuando Jeconías subió al trono tenía dieciocho años, y reinó tres meses en Jerusalén. Su madre se llamaba Nejustá, hija de Elnatán, natural de Jerusalén. Hizo lo que el Señor reprueba, igual que su padre. En aquel tiempo, los oficiales de Nabucodonosor, rey de Babilonia, subieron contra Jerusalén y la cercaron. Nabucodonosor, rey de Babilonia, llegó a Jerusalén cuando sus oficiales la tenían cercada. Jeconías de Judá se rindió al rey de Babilonia, con su madre, sus ministros, generales y funcionarios. El rey de Babilonia los apresó el año octavo de su reinado. Se llevó los tesoros del templo y del palacio y destrozó todos los utensilios de oro que Salomón, rey de Israel, había hecho para el templo según las órdenes del Señor. Deportó a todo Jerusalén, los generales, los ricos —diez mil deportados—, los herreros y cerrajeros; sólo quedó la plebe. Nabucodonosor deportó a Jeconías a Babilonia. Llevó deportados, de Jerusalén a Babilonia, al rey y sus mujeres, sus funcionarios y grandes del reino, todos los ricos —siete mil deportados—, los herreros y cerrajeros —mil deportados—, todos aptos para la guerra. En su lugar nombró rey a su tío Matanías, y le cambió el nombre en Sedecías.
Salmo responsorial: 78
R/. Líbranos, Señor, por el honor de tu nombre.
Dios mío, los gentiles han entrado en tu heredad, han profanado tu santo templo, han reducido Jerusalén a ruinas. Echaron los cadáveres de tus siervos en pasto a las aves del cielo, y la carne de tus fieles a las fieras de la tierra.
Derramaron su sangre como agua en torno a Jerusalén, y nadie la enterraba. Fuimos el escarnio de nuestros vecinos, la irrisión y la burla de los que nos rodean. ¿Hasta cuándo, Señor? ¿Vas a estar siempre enojado? ¿Arderá como fuego tu cólera?
No recuerdes contra nosotros las culpas de nuestros padres; que tu compasión nos alcance pronto, pues estamos agotados.
Socórrenos, Dios, salvador nuestro, por el honor de tu nombre; líbranos y perdona nuestros pecados a causa de tu nombre.
Versículo antes del Evangelio (Jn 14, 23): Aleluya. Si alguno me ama guardará mi palabra, dice el Señor; y mi Padre le amará y vendremos a él. Aleluya.
miércoles, 24 de junio de 2026
YA LLEGÓ NUESTRO VERANO (José Mª López Madroñero)
con el sol y con calor,
las muchachas veinteañeras
se destapan sin pudor.
Vamos todos a la playa
a bañarnos con sudor,
enseñando nuestros cuerpos
con bikini o bañador.
Y tumbados en la arena
damos gracias al Señor,
por poner en nuestras almas
las esencias del amor.
SOLEMNIDAD DE LA NATIVIDAD DE SAN JUAN BAUTISTA
Hoy miércoles celebramos a san Juan Bautista, el último profeta que prepara el camino al Señor. Las lecturas nos presentan que ha llegado la salvación. Solo celebra la Iglesia dos nacimientos: el de Cristo y el del Bautista, porque en los dos casos se manifiesta la acción salvadora de Dios, que interviene en la historia del hombre para traer esperanza, por eso el evangelio termina señalando que todos en el pueblo se quedaron sobrecogidos, porque la mano de Dios estaba con él.
La segunda lectura nos explica que Juan será la preparación para la venida del Mesías, la conversión que necesitamos, el cambio profundo de nuestra forma de entender a Dios que está en el Antiguo Testamento para abrir el camino al Nuevo Testamento y recibir un Don maravilloso. Hoy podemos mirar nuestra vida e intentar descubrir si nos hemos abierto al don maravilloso o si nuestro corazón todavía no ha llegado a convertirse.
Seamos buenos y confiemos en Dios, que nos ha escogido portentosamente.
1ª Lectura (Is 49, 1-6): Escuchadme, islas; atended, pueblos lejanos: Estaba yo en el vientre, y el Señor me llamó; en las entrañas maternas, y pronunció mi nombre. Hizo de mi boca una espada afilada, me escondió en la sombra de su mano; me hizo flecha bruñida, me guardó en su aljaba y me dijo: «Tú eres mi siervo, de quien estoy orgulloso». Mientras yo pensaba: «En vano me he cansado, en viento y en nada he gastado mis fuerzas», en realidad mi derecho lo llevaba el Señor, mi salario lo tenía mi Dios. Y ahora habla el Señor, que desde el vientre me formó siervo suyo, para que le trajese a Jacob, para que le reuniese a Israel —tanto me honró el Señor, y mi Dios fue mi fuerza—: «Es poco que seas mi siervo y restablezcas las tribus de Jacob y conviertas a los supervivientes de Israel; te hago luz de las naciones, para que mi salvación alcance hasta el confín de la Tierra».
Salmo responsorial: 138
R/. Te doy gracias, porque me has escogido portentosamente.
Señor, tú me sondeas y me conoces; me conoces cuando me siento o me levanto, de lejos penetras mis pensamientos; distingues mi camino y mi descanso, todas mis sendas te son familiares.
Tú has creado mis entrañas, me has tejido en el seno materno. Te doy gracias, porque me has escogido portentosamente, porque son admirables tus obras; conocías hasta el fondo de mi alma.
No desconocías mis huesos, cuando, en lo oculto, me iba formando, y entretejiendo en lo profundo de la tierra.
2ª Lectura (Hch 13, 22-26): En aquellos días, dijo Pablo: «Dios nombró rey a David, de quien hizo esta alabanza: ‘Encontré a David, hijo de Jesé, hombre conforme a mi corazón, que cumplirá todos mis preceptos’. Según lo prometido, Dios sacó de su descendencia un salvador para Israel: Jesús. Antes de que llegara, Juan predicó a todo Israel un bautismo de conversión; y, cuando estaba para acabar su vida, decía: ‘Yo no soy quien pensáis; viene uno detrás de mí a quien no merezco desatarle las sandalias’. Hermanos, descendientes de Abrahán y todos los que teméis a Dios: A vosotros se os ha enviado este mensaje de salvación».
Versículo antes del Evangelio (Lc 1, 76): Aleluya. Tú, niño, serás llamado profeta del Altísimo; irás delante del Señor para preparar sus caminos. Aleluya.
martes, 23 de junio de 2026
MARTES XII TIEMPO ORDINARIO A
Hoy martes las lecturas que la Iglesia nos propone invitan a meditar cuál es el camino de la vida y la salvación. En el evangelio dice que lo primero es cuidar las cosas de Dios y no darlas como si no tuviesen valor. Y lo segundo que nos enseña es que ante un mundo que nos busca avasallar, como el rey asirio, nosotros debemos orar con confianza y fe al Dios vivo y verdadero que nos enseña que aunque el camino de la salvación sea estrecho sólo así llegaremos a la felicidad, porque sólo amando a los demás como deseamos que nos amen llegaremos a Dios. Seamos buenos y cconfiemos en Dios, que su mano está llena de justicia y amor.
1ª Lectura (2Re 19, 9b-11.14-21.31-35.36): En aquellos días, Senaquerib, rey de Asiria, envió mensajeros a Ezequías, para decirle: «Decid a Ezequias, rey de Judá: ‘Que no te engañe tu Dios en quien confías, pensando que Jerusalén no caerá en manos del rey de Asiria. Tú mismo has oído hablar cómo han tratado los reyes de Asiria a todos los países, exterminándolos, ¿y tú te vas a librar?’». Ezequías tomó la carta de mano de los mensajeros y la leyó; después subió al templo, la desplegó ante el Señor y oró: «Señor, Dios de Israel, sentado sobre querubines; tú solo eres el Dios de todos los reinos del mundo. Tú hiciste el cielo y la tierra. Inclina tu oído, Señor, y escucha; abre tus ojos, Señor, y mira. Escucha el mensaje que ha enviado Senaquerib para ultrajar al Dios vivo. Es verdad, Señor: los reyes de Asiria han asolado todos los países y su territorio, han quemado todos sus dioses, porque no son dioses, sino hechura de manos humanas, leño y piedra, y los han destruido. Ahora, Señor, Dios nuestro, sálvanos de su mano, para que sepan todos los reinos del mundo que tú solo, Señor, eres Dios».
Isaías, hijo de Amós, mandó a decir a Ezequías: «Así dice el Señor, Dios de Israel: He oído lo que me pides acerca de Senaquerib, rey de Asiria. Ésta es la palabra que el Señor pronuncia contra él: Te desprecia y se burla de ti la doncella, la ciudad de Sión; menea la cabeza a tu espalda la ciudad de Jerusalén. Pues de Jerusalén saldrá un resto, del monte Sión los supervivientes. ¡El celo del Señor lo cumplirá! Por eso, así dice el Señor acerca del rey de Asiria: No entrará en esta ciudad, no disparará contra ella su flecha, no se acercará con escudo ni levantará contra ella un talud; por el camino por donde vino se volverá, pero no entrará en esta ciudad —oráculo del Señor—. Yo escucharé a esta ciudad para salvarla, por mi honor y el de David, mi siervo». Aquella misma noche salió el ángel del Señor e hirió en el campamento asirio a ciento ochenta y cinco mil hombres. Senaquerib, rey de Asiria, levantó el campamento, se volvió a Nínive y se quedó allí.
Salmo responsorial: 47
R/. Dios ha fundado su ciudad para siempre.
Grande es el Señor y muy digno de alabanza en la ciudad de nuestro Dios. Su monte santo, altura hermosa, alegría de toda la Tierra.
El monte Sión, vértice del cielo, ciudad del gran rey. Entre sus palacios, Dios descuella como un alcázar.
Oh Dios, meditamos tu misericordia en medio de tu templo: como tu renombre, oh Dios, tu alabanza llega al confín de la tierra; tu diestra está llena de justicia.
Versículo antes del Evangelio (Jn 8, 12): Aleluya. Yo soy la luz del mundo, dice el Señor; el que me sigue tendrá la luz de la vida. Aleluya.
Texto del Evangelio (Mt 7, 6.12-14): En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «No deis a los perros lo que es santo, ni echéis vuestras perlas delante de los puercos, no sea que las pisoteen con sus patas, y después, volviéndose, os despedacen. Por tanto, todo cuanto queráis que os hagan los hombres, hacédselo también vosotros a ellos; porque esta es la Ley y los Profetas. Entrad por la entrada estrecha; porque ancha es la entrada y espacioso el camino que lleva a la perdición, y son muchos los que entran por ella; mas ¡qué estrecha la entrada y qué angosto el camino que lleva a la Vida!; y pocos son los que lo encuentran».
















































