Hoy lunes la Palabra de Dios quiere mostrar que la fe auténtica es fiarse de Dios en la tempestad.
En la primera lectura el profeta falso Jananías quiere hacer creer al pueblo que Dios ha perdonado sus pecados a pesar de que no se han convertido a Él y el profeta Jeremías, que sí que tiene fe en Dios y espera su respuesta, recibe el oráculo de Dios para que haga comprender al pueblo que sin conversión no hay perdón.
En el evangelio vemos que los discípulos tienen miedo porque no pueden comprender lo que ocurre. Pedro toma la iniciativa ante Jesús, que lo invita a tener fe y no miedo, pero al ir hacia Él; se hunde porque no acaba de confiar en Dios.
Ante las dificultades debemos confiar en Dios, que está a nuestro lado y que viene en nuestra ayuda, pero debemos convertirnos de corazón, confiar en su voluntad y esperar su salvación con fe y no con miedo que nos paraliza. Seamos buenos y confiemos en Dios, que sus mandamientos alegran el corazón.
1ª Lectura (Jer 30, 1-2.12-15.18-22): Palabra que Jeremías recibió del Señor: «Así dice el Señor, Dios de Israel: Escribe en un libro todas las palabras que he dicho. Porque así dice el Señor: ‘Tu fractura es incurable, tu herida está enconada; no hay remedio para tu llaga, no hay medicinas que te cierren la herida. Tus amigos te olvidaron, ya no te buscan, porque te alcanzó el golpe enemigo, un cruel escarmiento, por el número de tus crímenes, por la muchedumbre de tus pecados. ¿Por qué gritas por tu herida? Tu llaga es incurable; por el número de tus crímenes, por la muchedumbre de tus pecados, te he tratado así’. Así dice el Señor: ‘Yo cambiaré la suerte de las tiendas de Jacob, me compadeceré de sus moradas; sobre sus ruinas será reconstruida la ciudad, su palacio se asentará en su puesto. De ella saldrán alabanzas y gritos de alegría. Los multiplicaré, y no disminuirán; los honraré, y no serán despreciados. Serán sus hijos como en otro tiempo, la asamblea será estable en mi presencia. Castigaré a sus opresores. Saldrá de ella un príncipe, su señor saldrá de en medio de ella; me lo acercaré y se llegará a mí, pues, ¿quién, si no, se atrevería a acercarse a mí? —oráculo del Señor—. Vosotros seréis mi pueblo, y yo seré vuestro Dios’».
Salmo responsorial: 101
R/. El Señor reconstruyó Sión, y apareció en su gloria.
Los gentiles temerán tu nombre, los reyes del mundo, tu gloria. Cuando el Señor reconstruya Sión, y aparezca su gloria, y se vuelva a las súplicas de los indefensos, y no desprecie sus peticiones.
Quede esto escrito para la generación futura, y el pueblo que será creado alabará al Señor. Que el Señor ha mirado desde su excelso santuario, desde el Cielo se ha fijado en la Tierra, para escuchar los gemidos de los cautivos y librar a los condenados a muerte.
Los hijos de tus siervos vivirán seguros, su linaje durará en tu presencia, para anunciar en Sión el nombre del Señor, y su alabanza en Jerusalén, cuando se reúnan unánimes los pueblos y los reyes para dar culto al Señor.
Versículo antes del Evangelio (Jn 1, 49): Aleluya. Maestro, tú eres el Hijo de Dios, tú eres el Rey de Israel. Aleluya.


















































