Hoy lunes celebramos la fiesta del apóstol Bartolomé (Natanael). Y las lecturas nos presentan por una parte la visión celestial de la Iglesia, que tiene una base en los doce apóstoles y nos muestra en el evangelio por qué estos apóstoles serán su base, por su fe firme. Bartolomé y Felipe son claros ejemplos de la profundidad que han descubierto en Jesús, el Mesías que los judíos esperaban con tanto deseo. Y para estos apóstoles el Mesías no puede ser cualquiera, sino alguien que de verdad sea bueno, por eso Bartolomé pregunta si de Nazaret puede salir algo bueno, a lo que Felipe simplemente le responde: Ven y verás. Y ese encuentro entre el apóstol y Jesús, que le conoce en su interior, hace que la fe se despierte en él. Hoy nosotros también podemos descubrir la bondad de Dios, que nos conoce mejor que nadie y responder como el apóstol: Tú eres el Hijo de Dios. Seamos buenos y confiemos en Dios, que está cerca de los que lo invocan sinceramente.
1ª Lectura (Ap 21, 9-14): El ángel me habló así: «Ven acá, voy a mostrarte a la novia, a la esposa del Cordero». Me transportó en éxtasis a un monte altísimo, y me enseñó la ciudad santa, Jerusalén, que bajaba del cielo, enviada por Dios, trayendo la gloria de Dios. Brillaba como una piedra preciosa, como jaspe traslúcido. Tenía una muralla grande y alta y doce puertas custodiadas por doce ángeles, con doce nombres grabados: los nombres de las tribus de Israel. A oriente tres puertas, al norte tres puertas, al sur tres puertas, y a occidente tres puertas. La muralla tenía doce basamentos que llevaban doce nombres: los nombres de los apóstoles del Cordero.
Salmo responsorial: 144
R/. Que tus fieles, Señor, proclamen la gloria de tu reinado.
Que todas tus criaturas te den gracias, Señor, que te bendigan tus fieles; que proclamen la gloria de tu reinado, que hablen de tus hazañas.
Explicando tus hazañas a los hombres, la gloria y la majestad de tu reinado. Tu reinado es un reinado perpetuo, tu gobierno va de edad en edad.
El Señor es justo en todos sus caminos, es bondadoso en todas sus acciones; cerca está el Señor de los que lo invocan, de los que lo invocan sinceramente.
Versículo antes del Evangelio (Jn 1, 49): Aleluya. Rabí, tú eres el Hijo de Dios, tú eres el Rey de Israel. Aleluya.
Texto del Evangelio (Jn 1, 45-51): En aquel tiempo, Felipe se encontró con Natanael y le dijo: «Ése del que escribió Moisés en la Ley, y también los profetas, lo hemos encontrado: Jesús el hijo de José, el de Nazaret». Le respondió Natanael: «¿De Nazaret puede haber cosa buena?». Le dice Felipe: «Ven y lo verás». Vio Jesús que se acercaba Natanael y dijo de él: «Ahí tenéis a un israelita de verdad, en quien no hay engaño». Le dice Natanael: «¿De qué me conoces?». Le respondió Jesús: «Antes de que Felipe te llamara, cuando estabas debajo de la higuera, te vi». Le respondió Natanael: «Rabbí, tú eres el Hijo de Dios, tú eres el Rey de Israel». Jesús le contestó: «¿Por haberte dicho que te vi debajo de la higuera, crees? Has de ver cosas mayores». Y le añadió: «En verdad, en verdad os digo: veréis el cielo abierto y a los ángeles de Dios subir y bajar sobre el Hijo del hombre».




































