Hoy miércoles celebramos la memoria de los santos Cipriano y Cornelio. Y las lecturas nos muestran cómo es el Amor de Dios: no es envidioso, no se irrita, espera sin limitaciones y disculpa siempre, no se acaba. Este es el amor con que Cristo se entrega a la cruz, siempre dispuesto para enseñar a los hombres cómo poder llegar a Dios. Por eso en el evangelio Jesús critica la actitud del pueblo judío, que miran a Juan y a Él mismo y los critican por las formas en que quieren expresar la misericordia y el amor de Dios, pero por encima de todo está el Amor, el único camino que lleva a la Sabiduría de Dios. Seamos buenos y confiemos en Dios, que es fiel y misericordioso.
1ª Lectura (1Cor 12, 31—13,13): Ambicionad los carismas mejores. Y aún os voy a mostrar un camino excepcional. Ya podría yo hablar las lenguas de los hombres y de los ángeles; si no tengo amor, no soy más que un metal que resuena o unos platillos que aturden. Ya podría tener el don de profecía y conocer todos los secretos y todo el saber, podría tener fe como para mover montañas; si no tengo amor, no soy nada. Podría repartir en limosnas todo lo que tengo y aun dejarme quemar vivo; si no tengo amor, de nada me sirve. El amor es paciente, afable; no tiene envidia; no presume ni se engríe; no es mal educado ni egoísta; no se irrita; no lleva cuentas del mal; no se alegra de la injusticia, sino que goza con la verdad. Disculpa sin límites, cree sin límites, espera sin límites, aguanta sin límites. El amor no pasa nunca. ¿El don de profecía?, se acabará. ¿El don de lenguas?, enmudecerá. ¿El saber?, se acabará. Porque limitado es nuestro saber y limitada es nuestra profecía; pero, cuando venga lo perfecto, lo limitado se acabará. Cuando yo era niño, hablaba como un niño, sentía como un niño, razonaba como un niño. Cuando me hice un hombre acabé con las cosas de niño. Ahora vemos confusamente en un espejo; entonces veremos cara a cara. Mi conocer es por ahora limitado; entonces podré conocer como Dios me conoce. En una palabra: quedan la fe, la esperanza, el amor: estas tres. La más grande es el amor.
Texto del Evangelio (Lc 7, 31-35): En aquel tiempo, el Señor dijo: «¿Con quién, pues, compararé a los hombres de esta generación? Y ¿a quién se parecen? Se parecen a los chiquillos que están sentados en la plaza y se gritan unos a otros diciendo: ‘Os hemos tocado la flauta, y no habéis bailado, os hemos entonado endechas, y no habéis llorado’. Porque ha venido Juan el Bautista, que no comía pan ni bebía vino, y decís: ‘Demonio tiene’. Ha venido el Hijo del hombre, que come y bebe, y decís: ‘Ahí tenéis un comilón y un borracho, amigo de publicanos y pecadores’. Y la Sabiduría se ha acreditado por todos sus hijos».
“¿A quién compararé a los hombres de esta generación?” (Lc 7, 31-35)
Señor Jesús, ¿a quién nos parecemos? ¿Somos como tantos hombres y mujeres de todos los tiempos que no creyeron en Ti, que sospecharon de que lo tuyo era demasiado bueno, demasiado regalo, que sorprendidos por tu misericordia y ternura pensaron que te escondías un as bajo la manga?
Señor Jesús, ¿qué generación es esta en la que vivimos? ¿Somos capaces de ser lo que somos, de sacar de nosotros mismos la mejor versión, de creer que se puede ser feliz siendo buenos, somos hombres y mujeres que buscan y viven en verdad?
Señor Jesús, hoy que la Tierra llora y se preocupa por lo que ocurre en Irán, en Yemen, en Ucrania, en Ceuta… y en tantos lugares en los que el sinsentido, el hambre y la guerra no cesan, hoy que miles de hombres y mujeres se ven obligados a dejar su tierra y volver a empezar, hoy que la economía amenaza nuestra propia supervivencia… hoy te pedimos que acompañes los pasos de nuestra generación, que no nos dejes solos, que nos des la fuerza, la fe, la capacidad de amar y ayudar necesarias como para dignificar a aquellos hermanos nuestros que sobreviven o que lo han perdido todo, incluso la vida de los suyos.
Señor Jesús, haz que discernamos los signos de los tiempos. Mueve nuestro corazón y ponnos en marcha. Que nadie diga que nuestra generación no ha hecho todo lo que estaba en su mano para que todo vaya siempre a mejor. Oremos juntos por la vida y la esperanza de todos. Sin límite. Hazte cargo de nuestras heridas, de modo especial aquellas que habitan en nuestro corazón. Solos no podemos.
Así te lo pido. Así sea.







































-2.jpg)





