Buenos días. Hoy es viernes y recordamos la cruz del Señor. Las lecturas hoy nos invitan a ser coherentes y llevar una vida justa (=santa). Es difícil mantenerse firmes en la fe, porque cuando nuestra vida quiere seguir las enseñanzas del evangelio, recibimos incomprensión y rechazo. La primera lectura nos muestra cómo ve el mundo al que siente a Dios cercano, Padre. El mundo quiere llevar la razón y lo maltrata para que por medio del dolor se convierta también en injusto, pero Cristo nos enseña que Él ha vencido al mundo, y que la muerte y el sufrimiento padecido los ha convertido en esperanza, y ha dado por medio de ellos Amor al mundo. Seamos buenos y confiemos en Dios, porque aunque el justo sufra muchos males de todos lo libra el Señor.
1ª Lectura (Sab 2, 1a.12-22): Se decían los impíos, razonando equivocadamente: «Acechemos al justo, que nos resulta fastidioso: se opone a nuestro modo de actuar, nos reprocha las faltas contra la ley y nos reprende contra la educación recibida; presume de conocer a Dios y se llama a sí mismo hijo de Dios. Es un reproche contra nuestros criterios, su sola presencia nos resulta insoportable. Lleva una vida distinta de todos los demás y va por caminos diferentes. Nos considera moneda falsa y nos esquiva como a impuros. Proclama dichoso el destino de los justos, y presume de tener por padre a Dios. Veamos si es verdad Jo que dice, comprobando cómo es su muerte. Si el justo es hijo de Dios, él lo auxiliará y lo librará de las manos de sus enemigos. Lo someteremos a ultrajes y torturas, para conocer su temple y comprobar su resistencia. Lo condenaremos a muerte ignominiosa, pues, según dice, Dios lo salvará». Así discurren, pero se equivocan, pues los ciega su maldad. Desconocen los misterios de Dios, no esperan el premio de la santidad, ni creen en la recompensa de una vida intachable.
Salmo responsorial: 33
R/. El Señor está cerca de los atribulados.
El Señor se enfrenta con los malhechores, para borrar de la tierra su memoria. Cuando uno grita, el Señor lo escucha y lo libra de sus angustias.
El Señor está cerca de los atribulados, salva a los abatidos. Aunque el justo sufra muchos males, de todos lo libra el Señor.
Él cuida de todos sus huesos, y ni uno solo se quebrará. El Señor redime a sus siervos, no será castigado quien se acoge a Él.
Versículo antes del Evangelio (Mt 4, 4): No sólo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios.
Texto del Evangelio (Jn 7, 1-2.10.14.25-30): En aquel tiempo, Jesús estaba en Galilea, y no podía andar por Judea, porque los judíos buscaban matarle. Se acercaba la fiesta judía de las Tiendas. Después que sus hermanos subieron a la fiesta, entonces Él también subió no manifiestamente, sino de incógnito.
Mediada ya la fiesta, subió Jesús al Templo y se puso a enseñar. Decían algunos de los de Jerusalén: «¿No es a ese a quien quieren matar? Mirad cómo habla con toda libertad y no le dicen nada. ¿Habrán reconocido de veras las autoridades que este es el Cristo? Pero este sabemos de dónde es, mientras que, cuando venga el Cristo, nadie sabrá de dónde es». Gritó, pues, Jesús, enseñando en el Templo y diciendo: «Me conocéis a mí y sabéis de dónde soy. Pero yo no he venido por mi cuenta; sino que me envió el que es veraz; pero vosotros no le conocéis. Yo le conozco, porque vengo de Él y Él es el que me ha enviado». Querían, pues, detenerle, pero nadie le echó mano, porque todavía no había llegado su hora.
“A mí me conocéis, y conocéis de dónde vengo. Sin embargo, yo no vengo por mi cuenta, sino enviado por el que es veraz” (Jn 7, 1-2.10.25-30)
A Ti te conocemos, Señor: en casa nos hablaron de Ti, en el colegio nos hablaron de Ti, en la catequesis nos hablaron de Ti, en las noticias a veces hablan de Ti, algunos personajes públicos a veces te citan o citan tus palabras, muchas personas, muchos templos y algunas calles llevan tu nombre… a Ti te conocemos, Señor.
A Ti te conocemos, Señor, porque hay mucha gente que vive desde Ti, porque hay muchas personas que te siguen, que quieren vivir como Tú, que son lo que son por Ti, que dedican su vida entera a hablar de Ti desde su vida, porque hay muchas instituciones que cumplen con la misión que de Ti asumieron, porque hay ¡tantos signos de que tu proyecto no ha caído en el olvido y sigue siendo tan actual!
A Ti te conocemos, Señor, aunque deberíamos conocerte más, ahondar siempre más en nuestra relación contigo, en tu amistad para con nosotros, en este regalo que es tener fe en Ti. Haz que no nos olvidemos que vienes del Padre, que cumples también tú su voluntad, que somos hijos en el Hijo, pero hijos, que no somos discípulos tuyos porque queremos sino porque nos elegiste, nos llamaste y nos acompañas porque el Padre te envió y por Él conocemos que Tú eres la Verdad, el Camino y la Vida verdaderas.
A Ti te conocemos, Señor, haz que conozcamos por Ti al Padre que te envía.
Ocurrió cierto día en una notaría, que un hombre distinguido y de cultura firmó en una escritura; y cuenta la experiencia que perdieron sus hijos pingüe herencia, pues puso el nombre en rasgos tan extraños, que sabios eruditos, en cien años descifrar no pudieron la firma que estampar allí quisieron. Si se inventó lo escrito (y es un arte bendito) para que no se borren pensamientos y se conserven fieles documentos, de ciencias o de bienes de fortuna, ¿a qué la algarabía inoportuna?
Escríbase con letra clara, hermosa, pues por más que la moda caprichosa opine de otro modo, se ha de buscar la perfección en todo.
Buenos días. Feliz día de San José, patrón de la Iglesia. Hoy las lecturas nos intentan enseñar que la paternidad es un regalo de Dios. Por eso ser padre, como Abraham, es un regalo esperado y deseado. Pero Dios ha querido que en Abraham nos encontremos con un padre por la fe. Así ocurre en el evangelio con José, que Dios le pide formar parte de su plan y tomar a María y al niño como su familia. Y José demuestra su fe y acepta la voluntad de Dios . Las lecturas nos ayudan a confiar en el proyecto de Dios aunque el mundo nos invite a pensar distinto. Por eso José será nuestro maestro y modelo para confiar en las promesas de Dios. Frente al mundo que nos invita a pensar en nosotros y en nuestros intereses, José muestra que darse y amar con fe a Dios es tomar parte en su proyecto de salvación, por eso pondrá el nombre de Jesús, que significa Dios salva a su pueblo de los pecados. Seamos buenos y confiemos en Dios, que nos llama a ser miembros de su familia por la fe.
Lectura del segundo libro de Samuel 7, 4-5a. 12-14a. 16
En aquellos días, vino esta palabra del Señor a Natán:
«Ve y habla a mi siervo David:
“Así dice el Señor: Cuando se cumplan tus días y reposes con tus padres, yo suscitaré descendencia tuya después de ti. Al que salga de tus entrañas le afirmaré tu reino.
Será el quien construya una casa a mi nombre y yo consolidaré el trono de su realeza para siempre.
Yo seré para él un padre y él será para mí un hijo.
Tu casa y tu reino se mantendrán siempre firmes ante mí, tu trono durará para siempre”».
Salmo 88, 2-3. 4-5. 27 y 29 R/. Su linaje será perpetuo.
Cantaré eternamente las misericordias del Señor,
anunciaré tu fidelidad por todas las edades.
Porque dijiste: «La misericordia es un edificio eterno»,
más que el cielo has afianzado tu fidelidad. R/.
«Sellé una alianza con mi elegido,
jurando a David, mi siervo:
Te fundaré un linaje perpetuo,
edificaré tu trono para todas las edades». R/.
Él me invocará: “Tú eres mi padre,
mi Dios, mi Roca salvadora”.
Le mantendré eternamente mi favor,
y mi alianza con él será estable. R/.
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos 4, 13. 16-18. 22
Hermanos:
No por la ley sino por la justicia de la fe recibieron Abrahán y su descendencia la promesa de que iba a ser heredero el mundo.
Por eso depende de la fe, para que sea según gracia; de este modo, la promesa está asegurada para toda la descendencia, no solamente para la que procede de la ley, sino también para la que procede de la fe de Abrahán, que es padre de todos nosotros.
Según está escrito: «Te he constituido padre de muchos pueblos»; la promesa está asegurada ante aquel en quien creyó, el Dios que da vida a los muertos y llama a la existencia lo que no existe.
Apoyado en la esperanza, creyó contra toda esperanza que llegaría a ser padre de muchos pueblos, de acuerdo con lo que se le había dicho: «Así será tu descendencia».
Por lo cual le fue contado como justificación.
Lectura del santo evangelio según san Mateo 1, 16. 18-21. 24a
Jacob engendró a José, el esposo de María, de la cual nació Jesús, llamado Cristo.
La generación de Jesucristo fue de esta manera:
María, su madre, estaba desposada con José y, antes de vivir juntos, resultó que ella esperaba un hijo por obra del Espíritu Santo.
José, su esposo, como era justo y no quería difamarla, decidió repudiarla en privado. Pero, apenas había tomado esta resolución, se le apareció en sueños un ángel del Señor que le dijo:
«José, hijo de David, no temas acoger a María, tu mujer, porque la criatura que hay en ella viene del Espíritu Santo. Dará a luz un hijo y tú le pondrás por nombre Jesús, porque él salvará a su pueblo de los pecados».
Cuando José se despertó, hizo lo que le había mandado el ángel del Señor.
Oh, san Cirilo, ilustre doctor de la Iglesia y fiel catequista de los misterios divinos, escucha mi súplica en este día. Tú, que con sabiduría guiaste a las almas hacia el conocimiento profundo de Cristo y defendiste la fe con constancia, ayúdame a crecer en mi amor por Dios. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.
Buenos días. Hoy miércoles por la mañana las lecturas dan un mensaje de esperanza. El profeta nos dice que Dios no se olvida de su pueblo: “¿Puede una madre olvidar al niño que amamanta, puede no tener compasión del hijo de sus entrañas? Pues aunque ella se olvidase, yo no te olvidaré”. Cristo en el evangelio nos muestra que ha venido a dar la vida y los fariseos y escribas van buscando pruebas para darle muerte. Aunque nosotros traicionemos a Cristo Él ha venido a darnos vida. Seamos buenos y confiemos en Dios, que su misericordia es eterna y nos llama a vivir con Dios.
1ª Lectura (Is 49, 8-15): Esto dice el Señor: «En tiempo de gracia te he respondido, en día propicio te he auxiliado; te he defendido y constituido alianza del pueblo, para restaurar el país, para repartir heredades desoladas, para decir a los cautivos: ‘Salid’, a los que están en tinieblas: ‘Venid a la luz’. Aun por los caminos pastarán, tendrán praderas en todas las dunas; no pasarán hambre ni sed, no les hará daño el bochorno ni el sol; porque los conduce el compasivo y los guía a manantiales de agua. Convertiré mis montes en caminos, y mis senderos se nivelarán. Miradlos venir de lejos; miradlos, del Norte y del Poniente, y los otros de la tierra de Sin. Exulta, cielo; alégrate, tierra; romped a cantar, montañas, porque el Señor consuela a su pueblo y se compadece de los desamparados». Sion decía: «Me ha abandonado el Señor, mi dueño me ha olvidado». ¿Puede una madre olvidar al niño que amamanta, no tener compasión del hijo de sus entrañas? Pues, aunque ella se olvidara, yo no te olvidaré.
Salmo responsorial: 144
R/. El Señor es clemente y misericordioso.
El Señor es clemente y misericordioso, lento a la cólera y rico en piedad; el Señor es bueno con todos, es cariñoso con todas sus criaturas.
El Señor es fiel a sus palabras, bondadoso en todas sus acciones. El Señor sostiene a los que van a caer, endereza a los que ya se doblan.
El Señor es justo en todos sus caminos, es bondadoso en todas sus acciones. Cerca está el Señor de los que lo invocan, de los que lo invocan sinceramente.
Versículo antes del Evangelio (Jn 11, 25-26): Yo soy la resurrección y la vida, dice el Señor; el que cree en mí, no morirá jamás.
Texto del Evangelio (Jn 5, 17-30): En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Mi Padre trabaja hasta ahora, y yo también trabajo» Por eso los judíos trataban con mayor empeño de matarle, porque no sólo quebrantaba el sábado, sino que llamaba a Dios su propio Padre, haciéndose a sí mismo igual a Dios.
Jesús, pues, tomando la palabra, les decía: «En verdad, en verdad os digo: el Hijo no puede hacer nada por su cuenta, sino lo que ve hacer al Padre: lo que hace Él, eso también lo hace igualmente el Hijo. Porque el Padre quiere al Hijo y le muestra todo lo que Él hace. Y le mostrará obras aún mayores que estas, para que os asombréis. Porque, como el Padre resucita a los muertos y les da la vida, así también el Hijo da la vida a los que quiere. Porque el Padre no juzga a nadie; sino que todo juicio lo ha entregado al Hijo, para que todos honren al Hijo como honran al Padre. El que no honra al Hijo no honra al Padre que lo ha enviado. En verdad, en verdad os digo: el que escucha mi Palabra y cree en el que me ha enviado, tiene vida eterna y no incurre en juicio, sino que ha pasado de la muerte a la vida.
»En verdad, en verdad os digo: llega la hora (ya estamos en ella), en que los muertos oirán la voz del Hijo de Dios, y los que la oigan vivirán. Porque, como el Padre tiene vida en sí mismo, así también le ha dado al Hijo tener vida en sí mismo, y le ha dado poder para juzgar, porque es Hijo del hombre. No os extrañéis de esto: llega la hora en que todos los que estén en los sepulcros oirán su voz y saldrán los que hayan hecho el bien para una resurrección de vida, y los que hayan hecho el mal, para una resurrección de juicio. Y no puedo hacer nada por mi cuenta: juzgo según lo que oigo; y mi juicio es justo, porque no busco mi voluntad, sino la voluntad del que me ha enviado».
Oh bendito san Patricio, apóstol y protector de Irlanda, tú que trajiste la luz de Cristo a las tierras salvajes y misteriosas de la Isla Esmeralda, me dirijo a ti con confianza y humildad. Tú que fuiste arrancado de tu tierra natal en tu juventud, tú que conociste la esclavitud, la soledad y el exilio, no dejaste que el sufrimiento te endureciera. En los pastos silenciosos escuchaste la voz de Dios y respondiste a su llamada.
San Patricio, hombre de fe y de fuego, cruzaste las tierras de Irlanda con valentía, plantando las semillas del Evangelio en los corazones, haciendo retroceder la oscuridad, expulsando a los ídolos, e iluminando a los pueblos con una nueva esperanza.
Con el signo del trébol revelaste la grandeza del misterio de la Trinidad, un Dios en tres personas, presente en cada aliento, en cada latido de la vida. Que nunca pierda la fe en este misterio de amor, y que, como tú, encuentre palabras sencillas para hablar de Dios a los corazones cerrados.
San Patricio, misionero incansable, tú que construiste iglesias, formaste sacerdotes, y abriste caminos de fe donde sólo había piedras, inspírame en mis dudas, guíame en mis elecciones y enséñame a vivir según el Evangelio, con audacia y verdad.
Protege a todos los que hoy te rezan, en Irlanda, en todo el mundo, en las familias dispersas, en los corazones que buscan sentido, en los que sufren, en los que esperan, en los que aman. Escucha las oraciones de los que te confían sus cargas, e intercede por nosotros ante el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo.
Tú que eres el guardián de esta tierra verde y sagrada, vela por los pueblos, por la paz, por los emigrantes, los pobres, los olvidados. Tú que volviste a los que te habían encadenado, enseñanos el perdón y la misericordia.
San Patricio, dame la fuerza para amar a Dios con todo mi corazón, para seguir sus pasos sin miedo, y llevar su luz donde hay oscuridad. Haz de mí un testigo humilde y alegre, un peregrino de fe, esperanza y paz.
Por tu intercesión, que Dios bendiga mi camino, mi hogar, mi familia. Que me mantenga fiel, que me conceda su gracia, y que yo, en el último día, pueda alabarle a tu lado, en la eternidad bendita. Amén.
Buenos días. Hoy martes las lecturas nos presentan de nuevo la vida, la curación, la esperanza... frente a los que en el evangelio nos muestran la duda, el miedo, la desconfianza, la desesperación... Cristo nos pregunta a nosotros también: “¿Quieres quedar sano?”. ¿Que responderemos? ¿No, porque es sábado? ¿O dejaremos que la relación con Dios sea viva y nos dejaremos llevar por sus caminos? Seamos buenos y confiemos en Dios, que es nuestro roca firme a la que nos agarramos y no tememos aunque tiemble la tierra.
1ª Lectura (Ez 47, 1-9.12): En aquellos días, el ángel me hizo volver a la entrada del templo del Señor. De debajo del umbral del templo corría agua hacia el este —el templo miraba al este—. El agua bajaba por el lado derecho del templo, al sur del altar. Me hizo salir por el pórtico septentrional y me llevó por fuera hasta el pórtico exterior que mira al este. El agua corría por el lado derecho. El hombre que llevaba el cordel en la mano salió hacia el este, midió quinientos metros y me hizo atravesar el agua, que me llegaba hasta los tobillos. Midió otros quinientos metros y me hizo atravesar el agua, que me llegaba hasta las rodillas. Midió todavía otros quinientos metros y me hizo atravesar el agua, que me llegaba hasta la cintura. Midió otros quinientos metros: era ya un torrente que no se podía vadear, sino cruzar a nado. Entonces me dijo: «¿Has visto, hijo de hombre?». Después me condujo por la ribera del torrente. Al volver vi en ambas riberas del torrente una gran arboleda. Me dijo: «Estas aguas fluyen hacia la zona oriental, descienden hacia la estepa y desembocan en el mar de la Sal. Cuando hayan entrado en él, sus aguas serán saneadas. Todo ser viviente que se agita, allí donde desemboque la corriente, tendrá vida; y habrá peces en abundancia. Porque apenas estas aguas hayan llegado hasta allí, habrán saneado el mar y habrá vida allí donde llegue el torrente. En ambas riberas del torrente crecerá toda clase de árboles frutales; no se marchitarán sus hojas ni se acabarán sus frutos; darán nuevos frutos cada mes, porque las aguas del torrente fluyen del santuario; su fruto será comestible y sus hojas medicinales».
Salmo responsorial: 45
R/. El Señor de los ejércitos está con nosotros, nuestro alcázar es el Dios de Jacob.
Dios es nuestro refugio y nuestra fuerza, poderoso defensor en el peligro. Por eso no tememos aunque tiemble la tierra, y los montes se desplomen en el mar.
Un río y sus canales alegran la ciudad de Dios, el Altísimo consagra su morada. Teniendo a Dios en medio, no vacila; Dios la socorre al despuntar la aurora.
El Señor del Universo está con nosotros, nuestro alcázar es el Dios de Jacob. Venid a ver las obras del Señor, las maravillas que hace en la Tierra.
Versículo antes del Evangelio (Sal 50, 12a-14a): Crea en mí, ¡oh Señor, un corazón puro, y devuélveme la alegría de tu salvación.
Texto del Evangelio (Jn 5, 1-3.5-16): Era el día de fiesta de los judíos, y Jesús subió a Jerusalén. Hay en Jerusalén, junto a la Probática, una piscina que se llama en hebreo Betsaida, que tiene cinco pórticos. En ellos yacía una multitud de enfermos, ciegos, cojos, paralíticos, esperando la agitación del agua. Había allí un hombre que llevaba treinta y ocho años enfermo. Jesús, viéndole tendido y sabiendo que llevaba ya mucho tiempo, le dice: «¿Quieres curarte?». Le respondió el enfermo: «Señor, no tengo a nadie que me meta en la piscina cuando se agita el agua; y mientras yo voy, otro baja antes que yo». Jesús le dice: «Levántate, toma tu camilla y anda». Y al instante el hombre quedó curado, tomó su camilla y se puso a andar.
Pero era sábado aquel día. Por eso los judíos decían al que había sido curado: «Es sábado y no te está permitido llevar la camilla». Él le respondió: «El que me ha curado me ha dicho: ‘Toma tu camilla y anda’». Ellos le preguntaron: «¿Quién es el hombre que te ha dicho: ‘Tómala y anda?’». Pero el curado no sabía quién era, pues Jesús había desaparecido porque había mucha gente en aquel lugar. Más tarde Jesús le encuentra en el Templo y le dice: «Mira, estás curado; no peques más, para que no te suceda algo peor». El hombre se fue a decir a los judíos que era Jesús el que lo había curado. Por eso los judíos perseguían a Jesús, porque hacía estas cosas en sábado.
Oh Dios, que diste a san Juan Sarkander la gracia de preferir la muerte antes que traicionar el secreto de la confesión, concédenos, por su intercesión, la fortaleza para defender nuestra fe y la fidelidad a los sacramentos de tu Iglesia. Que su ejemplo de valentía nos inspire a vivir conforme a tu voluntad. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.