Hoy miércoles el evangelio nos muestra la oración de Jesús: “Te doy gracias Padre, Señor de cielo y tierra”. Dios, el omnipotente creador de todo, se fija en lo sencillo y humilde para manifestar su grandeza. En la primera lectura leemos que el profeta recrimina la soberbia de Asiria, que cree que conquista por su propia fuerza, pero el hacha no puede hacer nada sin aquel que la utiliza. Dios se hace presente en medio del mundo y utiliza las circunstancias de la vida para ayudarnos a vivir con autenticidad y sinceridad. Pero hay que discernir los signos de Dios porque, como decía santa Teresa, a Dios también lo encontramos entre los pucheros. ¿Dónde buscamos nosotros a Dios? Seamos buenos y confiemos en Dios, que no rechaza a los sencillos de corazón.
1ª Lectura (Is 10, 5-7.13-16): Así dice el Señor: «¡Ay Asur, vara de mi ira, bastón de mi furor! Contra una nación impía lo envié, lo mandé contra el pueblo de mi cólera, para entrarle a saco y despojarlo, para hollarlo como barro de las calles. Pero él no pensaba así, no eran éstos los planes de su corazón; su propósito era aniquilar, exterminar naciones numerosas. Él decía: ‘Con la fuerza de mi mano lo he hecho, con mi saber, porque soy inteligente. Cambié las fronteras de las naciones, saqueé sus tesoros y derribé como un héroe a sus jefes. Mi mano cogió, como un nido, las riquezas de los pueblos; como quien recoge huevos abandonados, cogí toda su tierra, y no hubo quien batiese las alas, quien abriese el pico para piar’. ¿Se envanece el hacha contra quien la blande? ¿Se gloría la sierra contra quien la maneja? Como si el bastón manejase a quien lo levanta, como si la vara alzase a quien no es leño. Por eso, el Señor de los ejércitos meterá enfermedad en su gordura y debajo del hígado le encenderá una fiebre, como incendio de fuego».
Salmo responsorial: 93
R/. El Señor no rechaza a su pueblo.
Trituran, Señor, a tu pueblo, oprimen a tu heredad; asesinan a viudas y forasteros, degüellan a los huérfanos.
Y comentan: «Dios no lo ve, el Dios de Jacob no se entera». Enteraos, los más necios del pueblo, ignorantes, ¿cuándo discurriréis?
El que plantó el oído ¿no va a oír?; el que formó el ojo ¿no va a ver?; el que educa a los pueblos ¿no va a castigar?; el que instruye al hombre ¿no va a saber?
Porque el Señor no rechaza a su pueblo, ni abandona su heredad: el justo obtendrá su derecho, y un porvenir los rectos de corazón.
Versículo antes del Evangelio (Cf. Mt 11, 25): Aleluya. Bendito eres, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has descubierto a los niños los misterios del Reino. Aleluya.
Texto del Evangelio (Mt 11, 25-27): En aquel tiempo, Jesús dijo: «Yo te bendigo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has ocultado estas cosas a sabios e inteligentes, y se las has revelado a pequeños. Sí, Padre, pues tal ha sido tu beneplácito. Todo me ha sido entregado por mi Padre, y nadie conoce bien al Hijo sino el Padre, ni al Padre le conoce bien nadie sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar».



















































