viernes, 4 de septiembre de 2026

HIMNO A SANTA ROSA DE VITERBO

 


Santa Rosa de Viterbo,
con un mensaje a la Iglesia
fuiste enviada del cielo;
venciste niña al gigante
y liberaste a tu pueblo.

Los milagros te acompañan
desde tus años primeros;
pero mayor maravilla
obra la gracia en tu pecho,
la oración, la penitencia,
la caridad y el silencio.

Llegó la hora señera
de seguir el llamamiento;
predicaste por las plazas,
con la cruz y el Evangelio,
la conversión, la obediencia…

Sólo el Señor pudo hacerlo.
Se convierten muchedumbres
ante Rosa de Viterbo.
Es Dios quien toca las almas:
una niña es su instrumento;
resuena la profecía
vencido el tirano muerto.

La hija de san Francisco,
desterrada de su pueblo,
aguanta persecuciones
y calumnias y desprecios;
en las sombras resplandece
la santidad de su ejemplo.

Gloria al Padre omnipotente,
gloria al Hijo, que es su Verbo, 
gloria al Espíritu Santo,
Amor que procede de ellos,
por los siglos de los siglos,
en la tierra y en el cielo. Amén


Esta virgen desde la infancia se preocupó de los asuntos del Señor, consagrándose a ellos en cuerpo y alma.

GOZOS DE SANTA ROSALÍA

 


Siendo de Dios tan amada,
¡Oh gloriosa Rosalía!,
Pídele al Señor que nos libre
De la peste y la herejía.
    
Un ángel esplendoroso
Tu nombre trajo del Cielo,
Dando a tu madre el consuelo
De mensaje tan dichoso,
Mandando con grande gozo
Te llamasen Rosalía.
Pídele al Señor que nos libre
De la peste y la herejía.
     
En tu patria de Palermo
Hermosa rosa naciste,
Y del palacio saliste
Para vivir en el yermo,
En virtudes floreciste
Cual tu Jesús lo quería.
Pídele al Señor que nos libre
De la peste y la herejía.
     
Dispuso Dios que nacieras
De condes nobles, piadosos,
Y que de reyes famosos
La descendencia tuvieras,
Para que hasta de ellos fueras
Tan venerada en el día.
Pídele al Señor que nos libre
De la peste y la herejía.
     
Sin haber aun entrado
En la juvenil edad,
Tratabas con gran crueldad
Tu cuerpo tan delicado,
Que hasta el suelo era bañado
Con la sangre que vertía.
Pídele al Señor que nos libre
De la peste y la herejía.
     
A Jesús crucificado
Contemplaste en el espejo
De su Pasión en reflejo
Lo viste en Sangre bañado:
Tu corazón agobiado
De dolor desfallecía.
Pídele al Señor que nos libre
De la peste y la herejía.
     
De Jesús la invitación
Atendiste presurosa,
Cambiando la corte hermosa
Por lóbrega habitación;
Penitencia y oración
Te ocupaban noche y día.
Pídele al Señor que nos libre
De la peste y la herejía.
     
Con satánica insistencia
En tu albergue perseguida,
Prefieres perder la vida
A mancillar tu inocencia;
Por el triunfo que obtuviste
Con singular bizarría.
Pídele al Señor que nos libre
De la peste y la herejía.
     
Rota ya la ligadura
Que impedía tu fácil vuelo,
A las mansiones del Cielo
Volaste con vida y pura;
Pues fue tu nombre dichosa
Con Jesús, José y María.
Pídele al Señor que nos libre
De la peste y la herejía.
     
Siendo de Dios tan amada,
¡Oh gloriosa Rosalía!:
Pídele al Señor que nos libre
De la peste y la herejía.



DEPRECACIÓN

Oh Dios, autor y conservador de nuestra vida, dignaos oír nuestras súplicas y guardad a vuestro pueblo según vuestra misericordia. Por los méritos de la bienaventurada Rosalía, libradnos de todo contagio de alma y cuerpo, para que regocijados por la memoria de tu portentosa vida sepamos crecer en virtud y sincera devoción.

VIERNES XXII T.O. A



Es viernes y las lecturas nos invitan hoy a descubrir la misericordia de Dios. San Pablo muestra a los Corintios que sólo somos intermediarios de la gracia de Dios y quien nos va a pedir cuentas de lo que digamos y hagamos con esa gracia siempre será Dios, que nos mira con misericordia. Por eso Jesús hoy en el evangelio, ante la discusión con los fariseos sobre las normas y leyes que se suponen que vienen de Dios, les hace reflexionar acerca de qué es lo primero, las normas o el amor al prójimo. No queramos hacer encajar piezas que no tienen nada en común porque se romperán. Dios es mucho más viejo que las normas y su voluntad es ayudar al hombre a vivir la alegría del banquete de bodas (la unión de Dios con el hombre).  Seamos buenos y confiemos en Dios, que ama la justicia y no abandona a sus fieles.



1ª Lectura (1Cor 4, 1-5): Que la gente sólo vea en nosotros servidores de Cristo y administradores de los misterios de Dios. Ahora, en un administrador, lo que se busca es que sea fiel. Para mí, lo de menos es que me pidáis cuentas vosotros o un tribunal humano; ni siquiera yo me pido cuentas. La conciencia, es verdad, no me remuerde; pero tampoco por eso quedo absuelto: mi juez es el Señor. Así, pues, no juzguéis antes de tiempo: dejad que venga el Señor. Él iluminará lo que esconden las tinieblas y pondrá al descubierto los designios del corazón; entonces cada uno recibirá la alabanza de Dios.


Salmo responsorial: 36

R/. El Señor es quien salva a los justos.

Confía en el Señor y haz el bien, habita tu tierra y practica la lealtad; sea el Señor tu delicia, y él te dará lo que pide tu corazón.

Encomienda tu camino al Señor, confía en él, y él actuará: hará tu justicia como el amanecer, tu derecho como el mediodía.

Apártate del mal y haz el bien, y siempre tendrás una casa; porque el Señor ama la justicia y no abandona a sus fieles.

El Señor es quien salva a los justos, él es su alcázar en el peligro; el Señor los protege y los libra, los libra de los malvados y los salva porque se acogen a él.


Versículo antes del Evangelio (Jn 8, 12): Aleluya. Yo soy la luz del mundo, dice el Señor; el que me sigue tendrá la luz de la vida. Aleluya.


Texto del Evangelio (Lc 5, 33-39): En aquel tiempo, los fariseos y los maestros de la Ley dijeron a Jesús: «Los discípulos de Juan ayunan frecuentemente y recitan oraciones, igual que los de los fariseos, pero los tuyos comen y beben». Jesús les dijo: «¿Podéis acaso hacer ayunar a los invitados a la boda mientras el novio está con ellos? Días vendrán en que les será arrebatado el novio; entonces ayunarán en aquellos días».
Les dijo también una parábola: «Nadie rompe un vestido nuevo para echar un remiendo a uno viejo; de otro modo, desgarraría el nuevo, y al viejo no le iría el remiendo del nuevo. Nadie echa tampoco vino nuevo en pellejos viejos; de otro modo, el vino nuevo reventaría los pellejos, el vino se derramaría, y los pellejos se echarían a perder; sino que el vino nuevo debe echarse en pellejos nuevos. Nadie, después de beber el vino añejo, quiere del nuevo porque dice: ‘El añejo es el bueno’».

















jueves, 3 de septiembre de 2026

JUEVES XXII T.O. A



Las lecturas hoy nos quieren mostrar quién nos ha llamado a vivir cerca de Dios, a ser santos: Cristo con su entrega total en manos del Padre. Por eso hoy san Pablo quiere ayudar a los cristianos de Corinto a descubrir que todo es nuestro, nosotros de Cristo; que nos ha liberado con su entrega y Cristo de Dios; que ha cumplido con la voluntad del Padre: que es Amor puro. Y para comprender esto Pablo nos muestra que debemos parecer tontos para las cosas del mundo, es lo que tantas veces sentimos cuando hacemos el bien y el mundo nos devuelve un “tortazo”, es aquí cuando debemos escuchar la Palabra de Dios que nos invita a remar mar adentro confiando no en la lógica humana, sino en la sabiduría de Dios. Seamos buenos y confiemos en Dios, que recibiremos la bendición del Señor.



1ª Lectura (1Cor 3, 18-23): Que nadie se engañe. Si alguno de vosotros se cree sabio en este mundo, que se haga necio para llegar a ser sabio. Porque la sabiduría de este mundo es necedad ante Dios, como está escrito: «Él caza a los sabios en su astucia.» Y también: «El Señor penetra los pensamientos de los sabios y conoce que son vanos.» Así, pues, que nadie se gloríe en los hombres, pues todo es vuestro: Pablo, Apolo, Cefas, el mundo, la vida, la muerte, lo presente, lo futuro. Todo es vuestro, vosotros de Cristo, y Cristo de Dios.


Salmo responsorial: 23

R/. Del Señor es la Tierra y cuanto la llena.

Del Señor es la Tierra y cuanto la llena, el orbe y todos sus habitantes: él la fundó sobre los mares, él la afianzó sobre los ríos.

¿Quién puede subir al monte del Señor? ¿Quién puede estar en el recinto sacro? El hombre de manos inocentes y puro corazón, que no confía en los ídolos.

Ese recibirá la bendición del Señor, le hará justicia el Dios de salvación. Este es el grupo que busca al Señor, que viene a tu presencia, Dios de Jacob.


Versículo antes del Evangelio (Mt 4, 19): Aleluya. Venid en pos de mí, dice el Señor, y haré que vosotros seáis pescadores de hombres. Aleluya.


Texto del Evangelio (Lc 5, 1-11): En aquel tiempo, estaba Jesús a la orilla del lago Genesaret y la gente se agolpaba sobre él para oír la Palabra de Dios, cuando vio dos barcas que estaban a la orilla del lago. Los pescadores habían bajado de ellas, y lavaban las redes. Subiendo a una de las barcas, que era de Simón, le rogó que se alejara un poco de tierra; y, sentándose, enseñaba desde la barca a la muchedumbre.
Cuando acabó de hablar, dijo a Simón: «Boga mar adentro, y echad vuestras redes para pescar». Simón le respondió: «Maestro, hemos estado bregando toda la noche y no hemos pescado nada; pero, en tu palabra, echaré las redes». Y, haciéndolo así, pescaron gran cantidad de peces, de modo que las redes amenazaban romperse. Hicieron señas a los compañeros de la otra barca para que vinieran en su ayuda. Vinieron, pues, y llenaron tanto las dos barcas que casi se hundían. Al verlo Simón Pedro, cayó a las rodillas de Jesús, diciendo: «Aléjate de mí, Señor, que soy un hombre pecador». Pues el asombro se había apoderado de él y de cuantos con él estaban, a causa de los peces que habían pescado. Y lo mismo de Santiago y Juan, hijos de Zebedeo, que eran compañeros de Simón. Jesús dijo a Simón: «No temas. Desde ahora serás pescador de hombres». Llevaron a tierra las barcas y, dejándolo todo, le siguieron.












miércoles, 2 de septiembre de 2026

MIÉRCOLES XXII T.O. A


Hoy miércoles las lecturas nos quieren mostrar que el camino de la santidad es el del servicio con amor. La primera lectura nos enseña que debemos buscar hacer el bien sin mirar a quién, porque nuestra misión como cristianos es dejar que la Luz de Dios brille a través de nuestras vidas. Y en el Evangelio también nos muestra que Dios, el todopoderoso, ha escogido cuidar de los hombres, para eso ha venido, para darnos vida en plenitud. Seamos buenos y confiemos en Dios, que con Él se alegra nuestro corazón.



1ª Lectura (1Cor 3, 1-9): Hermanos, no pude hablaros como a hombres de espíritu, sino como a gente carnal, como a niños en Cristo. Por eso os alimenté con leche, no con comida, porque no estabais para más. Por supuesto, tampoco ahora, que seguís los instintos carnales. Mientras haya entre vosotros envidias y contiendas, es que os guían los instintos carnales y que procedéis según lo humano. Cuando uno dice «yo soy de Pablo» y otro, «yo de Apolo», ¿no estáis procediendo según lo humano? En fin de cuentas, ¿qué es Apolo y qué es Pablo? Ministros que os llevaron a la fe, cada uno como le encargó el Señor. Yo planté, Apolo regó, pero fue Dios quien hizo crecer; por tanto, el que planta no significa nada ni el que riega tampoco; cuenta el que hace crecer, o sea, Dios. El que planta y el que riega son una misma cosa; si bien cada uno recibirá el salario según lo que haya trabajado. Nosotros somos colaboradores de Dios, y vosotros campo de Dios, edificio de Dios.


Salmo responsorial: 32

R/. Dichoso el pueblo que el Señor se escogió como heredad.

Dichosa la nación cuyo Dios es el Señor, el pueblo que él se escogió como heredad. El Señor mira desde el cielo, se fija en todos los hombres.

Desde su morada observa a todos los habitantes de la tierra: él modeló cada corazón, y comprende todas sus acciones.

Nosotros aguardamos al Señor: él es nuestro auxilio y escudo; con él se alegra nuestro corazón, en su santo nombre confiamos.


Versículo antes del Evangelio (Lc 4, 18-19): Aleluya. El Señor me ha enviado para evangelizar a los pobres, para anunciar a los cautivos la redención. Aleluya.


Texto del Evangelio (Lc 4, 38-44): En aquel tiempo, saliendo de la sinagoga, Jesús entró en la casa de Simón. La suegra de Simón estaba con mucha fiebre, y le rogaron por ella. Inclinándose sobre ella, conminó a la fiebre, y la fiebre la dejó; ella, levantándose al punto, se puso a servirles. A la puesta del sol, todos cuantos tenían enfermos de diversas dolencias se los llevaban; y, poniendo Él las manos sobre cada uno de ellos, los curaba. Salían también demonios de muchos, gritando y diciendo: «Tú eres el Hijo de Dios». Pero Él, conminaba y no les permitía hablar, porque sabían que Él era el Cristo.
Al hacerse de día, salió y se fue a un lugar solitario. La gente le andaba buscando y, llegando donde Él, trataban de retenerle para que no les dejara. Pero Él les dijo: «También a otras ciudades tengo que anunciar la Buena Nueva del Reino de Dios, porque a esto he sido enviado». E iba predicando por las sinagogas de Judea.
















ESTAMPA XXV ANIVERSARIO DEL PADRE DAMIÁN RAMÍREZ LOZANO EN SU XXVI ANIVERSARIO





 

martes, 1 de septiembre de 2026

ORACIÓN A SAN GIL (1)

Glorioso san Gil, dechado perfecto de virtudes, que fuiste sacado por Dios de la masa de los demás hombres, y durante muchos años te ocultó por una gracia especial en el secreto de su rostro para salvarte de la malicia del siglo y dejar a la posteridad el ejemplo de una inocencia penitente, que, cual casta paloma sostenida en alas de una fe viva y de una caridad ardiente, huiste del mundo para ir a buscar una tierra nueva y otros nuevos cielos, anduviste por los ásperos caminos del desierto, y gemiste delante de Dios en la soledad, que protegiste los imperios con tus oraciones, ilustraste la Iglesia con la pureza de tu fe, confesaste el nombre de Jesucristo con las austeridades y trabajos de tu vida, confundiste la prudencia y orgullo de los grandes con tu simplicidad y modestia, hiciste callar a los demonios y conseguiste domar el ímpetu de los elementos. Alcánzame del Todopoderoso que yo te siga por las sendas de la virtud, y al presente obtenga por tu intercesión la gracia particular que deseo alcanzar en este día consagrado a tu culto, si es para mayor gloria suya, honra tuya y bien de mi alma; y si no, tal resignación con su divina voluntad, que por medio de ella logre las felicidades de la Gloria. Amén.

MARTES XXII T.O. A

 


Hoy martes  leemos el Evangelio de Lucas, que lo llaman el evangelio del Espíritu. Y hoy es precisamente el protagonista porque la primera lectura y el evangelio nos muestran que quien es de Dios el Espíritu actúa en él y a través de él. Así nos lo presenta Lucas: Cristo habla con autoridad, porque sus palabras se convierten en gracia y salvación reales. Los cristianos hemos recibido el Espíritu Santo en el bautismo y, como dice san Pablo, tenemos la mente de Cristo para iluminarnos en el día a día y poder actuar con autoridad frente al mundo. Seamos buenos y confiemos en Dios, que es fiel en todas sus palabras y bondadoso en todos sus caminos.



Lectura (1Cor 2, 10b-16): El Espíritu lo sondea todo, incluso lo profundo de Dios. ¿Quién conoce lo íntimo del hombre, sino el espíritu del hombre, que está dentro de él? Pues, lo mismo, lo íntimo de Dios lo conoce sólo el Espíritu de Dios. Y nosotros hemos recibido un Espíritu que no es del mundo, es el Espíritu que viene de Dios, para que tomemos conciencia de los dones que de Dios recibimos. Cuando explicamos verdades espirituales a hombres de espíritu, no las exponemos en el lenguaje que enseña el saber humano, sino en el que enseña el Espíritu, expresando realidades espirituales en términos espirituales.

A nivel humano, uno no capta lo que es propio del Espíritu de Dios, le parece una necedad; no es capaz de percibirlo, porque sólo se puede juzgar con el criterio del Espíritu. En cambio, el hombre de espíritu tiene un criterio para juzgarlo todo, mientras él no está sujeto al juicio de nadie. «¿Quién conoce la mente del Señor para poder instruirlo?». Pues bien, nosotros tenemos la mente de Cristo.


Salmo responsorial: 144

R/. El Señor es justo en todos sus caminos.

El Señor es clemente y misericordioso, lento a la cólera y rico en piedad; el Señor es bueno con todos, es cariñoso con todas sus criaturas.

Que todas tus criaturas te den gracias, Señor, que te bendigan tus fieles; que proclamen la gloria de tu reinado, que hablen de tus hazañas.

Explicando tus hazañas a los hombres, la gloria y majestad de tu reinado. Tu reinado es un reinado perpetuo, tu gobierno va de edad en edad.

El Señor es fiel a sus palabras, bondadoso en todas sus acciones. El Señor sostiene a los que van a caer, endereza a los que ya se doblan.


Versículo antes del Evangelio (Lc 7, 16): Aleluya. Un gran profeta ha surgido entre nosotros, y Dios ha visitado a su pueblo. Aleluya.


Texto del Evangelio (Lc 4, 31-37): En aquel tiempo, Jesús bajó a Cafarnaúm, ciudad de Galilea, y los sábados les enseñaba. Quedaban asombrados de su doctrina, porque hablaba con autoridad. Había en la sinagoga un hombre que tenía el espíritu de un demonio inmundo, y se puso a gritar a grandes voces: «¡Ah! ¿Qué tenemos nosotros contigo, Jesús de Nazaret? ¿Has venido a destruirnos? Sé quién eres tú: el Santo de Dios». Jesús entonces le conminó diciendo: «Cállate, y sal de él». Y el demonio, arrojándole en medio, salió de él sin hacerle ningún daño. Quedaron todos pasmados, y se decían unos a otros: «¡Qué palabra ésta! Manda con autoridad y poder a los espíritus inmundos y salen». Y su fama se extendió por todos los lugares de la región.












lunes, 31 de agosto de 2026

ORACIÓN SAN JOSÉ DE ARIMATEA (2)




 

LUNES XXII T.O. A

 


Hoy lunes la Palabra de Dios nos quiere mostrar que la sabiduría de Dios se hace presente de manera sencilla y humilde; nos dice san Pablo que la sabiduría de Dios se manifiesta en la Cruz de Cristo y no en las palabras bonitas que adornan nuestros oídos. Y esto muestra Jesús en el evangelio, proclama el pasaje de Isaías que será su propósito: evangelizar a los pobres, y para eso el Espíritu de Dios está sobre Él, para curar, cuidar y dar libertad. Y con sus palabras acaba escandalizando a sus paisanos, que están dispuestos a despeñarlo, pero la sabiduría de Dios se abre paso. Hoy nosotros deberíamos preguntarnos si cuando escuchamos la Palabra de Dios buscamos algo bonito para nuestros oídos o si nos dice que tenemos que comprometernos dándonos al servicio de los demás. Seamos buenos y confiemos en Dios, que vivir su voluntad nos hace sabios.



1ª Lectura (1Cor 2, 1-5): Yo, hermanos, cuando vine a vosotros a anunciaros el misterio de Dios, no lo hice con sublime elocuencia o sabiduría, pues nunca entre vosotros me precié de saber cosa alguna, sino a Jesucristo, y éste crucificado. Me presenté a vosotros débil y temblando de miedo; mi palabra y mi predicación no fue con persuasiva sabiduría humana, sino en la manifestación y el poder del Espíritu, para que vuestra fe no se apoye en la sabiduría de los hombres, sino en el poder de Dios.


Salmo responsorial: 118

R/. ¡Cuánto amo tu voluntad, Señor!

¡Cuánto amo tu voluntad!: todo el día estoy meditando.

Tu mandato me hace más sabio que mis enemigos, siempre me acompaña.

Soy más docto que todos mis maestros, porque medito tus preceptos.

Soy más sagaz que los ancianos, porque cumplo tus leyes.

Aparto mi pie de toda senda mala, para guardar tu palabra.

No me aparto de tus mandamientos, porque tú me has instruido.


Versículo antes del Evangelio (Cf. Lc 4, 18): Aleluya. El Espíritu del Señor está sobre mí; me ha enviado para anunciar el Evangelio a los pobres. Aleluya.


Texto del Evangelio (Lc 4, 16-30): En aquel tiempo, Jesús se fue a Nazaret, donde se había criado y, según su costumbre, entró en la sinagoga el día de sábado, y se levantó para hacer la lectura. Le entregaron el volumen del profeta Isaías y desenrollando el volumen, halló el pasaje donde estaba escrito: «El Espíritu del Señor está sobre mí, porque me ha ungido para anunciar a los pobres la Buena Nueva, me ha enviado a proclamar la liberación a los cautivos y la vista a los ciegos, para dar la libertad a los oprimidos y proclamar un año de gracia del Señor».
Enrollando el volumen lo devolvió al ministro, y se sentó. En la sinagoga todos los ojos estaban fijos en Él. Comenzó, pues, a decirles: «Hoy se cumple esta escritura que acabáis de oír». Y todos daban testimonio de Él y estaban admirados de las palabras llenas de gracia que salían de su boca. Y decían: «¿No es éste el hijo de José?». Él les dijo: «Seguramente me vais a decir el refrán: ‘Médico, cúrate a ti mismo’. Todo lo que hemos oído que ha sucedido en Cafarnaúm, hazlo también aquí en tu patria». Y añadió: «En verdad os digo que ningún profeta es bien recibido en su patria. Os digo de verdad: muchas viudas había en Israel en los días de Elías, cuando se cerró el cielo por tres años y seis meses, y hubo gran hambre en todo el país; y a ninguna de ellas fue enviado Elías, sino a una mujer viuda de Sarepta de Sidón. Y muchos leprosos había en Israel en tiempos del profeta Eliseo, y ninguno de ellos fue purificado sino Naamán, el sirio».
Oyendo estas cosas, todos los de la sinagoga se llenaron de ira; y, levantándose, le arrojaron fuera de la ciudad, y le llevaron a una altura escarpada del monte sobre el cual estaba edificada su ciudad, para despeñarle. Pero Él, pasando por medio de ellos, se marchó.











domingo, 30 de agosto de 2026

DOMINGO XXII T.O. A


Las lecturas de hoy domingo nos presentan de nuevo a los discípulos aprendiendo de Cristo cómo acercarse a Dios. Pedro es de nuevo el que toma la palabra y habla en nombre de los apóstoles, pero Cristo le reprocha que piensa como los hombres. Si confesamos que Dios es el Mesías, el Hijo de Dios, y nos hemos dejado cautivar por su mensaje, debemos comprender que llegar a Dios significa cargar con la cruz de cada día con amor, sin reproches, porque la diestra del Señor nos sostiene y nos guía a la vida verdadera. Pidamos al Señor la capacidad de servirle y no dejar que el mundo nos desvíe del Amor verdadero. Seamos buenos y confiemos siempre en Dios.


 

Lectura del libro de Jeremías 20, 7-9

Me sedujiste, Señor, y me dejé seducir;
has sido más fuerte que yo y me has podido.
He sido a diario el hazmerreír,
todo el mundo se burlaba de mí.
Cuando hablo, tengo que gritar,
proclamar violencia y destrucción.
La palabra del Señor me ha servido
de oprobio y desprecio a diario.
Pensé en olvidarme del asunto y dije:
«No lo recordaré; no volveré a hablar en su nombre»;
pero había en mis entrañas como fuego,
algo ardiente encerrado en mis huesos.
Yo intentaba sofocarlo, y no podía.


Salmo 62, 2. 3-4. 5-6. 8-9 R/. Mi alma está sedienta de ti, Señor, Dios mío.

Oh, Dios, tú eres mi Dios,
por ti madrugo,
mi alma está sedienta de ti;
mi carne tiene ansia de ti,
como tierra reseca, agostada, sin agua. R/.

¡Cómo te contemplaba en el santuario
viendo tu fuerza y tu gloria!
Tu gracia vale más que la vida,
te alabarán mis labios. R/.

Toda mi vida te bendeciré
y alzaré las manos invocándote.
Me saciaré como de enjundia y de manteca,
y mis labios te alabarán jubilosos. R/.

Porque fuiste mi auxilio,
y a la sombra de tus alas canto con júbilo;
mi alma está unida a ti,
y tu diestra me sostiene. R/.


Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos 12, 1-2

Os exhorto, hermanos, por la misericordia de Dios, a que presentéis vuestros cuerpos como sacrificio vivo, santo, agradable a Dios; este es vuestro culto espiritual.
Y no os amoldéis a este mundo, sino transformaos por la renovación de la mente, para que sepáis discernir cuál es la voluntad de Dios, qué es lo bueno, lo que le agrada, lo perfecto.


Lectura del santo evangelio según san Mateo 16, 21-27

En aquel tiempo, comenzó Jesús a manifestar a sus discípulos que tenía que ir a Jerusalén y padecer allí mucho por parte de los ancianos, sumos sacerdotes y escribas, y que tenía que ser ejecutado y resucitar al tercer día. Pedro se lo llevó aparte y se puso a increparlo: «¡Lejos de ti tal cosa, Señor! Eso no puede pasarte». Jesús se volvió y dijo a Pedro: «Ponte detrás de mí, Satanás! Eres para mí piedra de tropiezo, porque tú piensas como los hombres, no como Dios». Entonces dijo a los discípulos: «Si alguno quiere venir en pos de mí, que se niegue a sí mismo, tome su cruz y me siga. Porque quien quiera salvar su vida, la perderá; pero el que la pierda por mí, la encontrará. ¿Pues de qué le servirá a un hombre ganar el mundo entero, si pierde su alma? ¿O qué podrá dar para recobrarla? Porque el Hijo del hombre vendrá, con la gloria de su Padre, entre sus ángeles, y entonces pagará a cada uno según su conducta.»