lunes, 14 de septiembre de 2026

ORACIÓN A SANTA NOTBURGA EN CUALQUIER NECESIDAD


Aquí estoy, oh santa Notburga, que estoy afligido y turbado y debo exclamar con el profeta David: "Las tribulaciones y los problemas me han sorprendido". Tú misma también has experimentado las miserias de esta vida, cuando vivías como yo ahora en este valle de lágrimas. Pero todos los males y miserias humanas ya han pasado para ti. Gozas de la bienaventuranza eterna en el cielo y eres grandemente glorificada en la Tierra.

Dios te glorificó, porque lo honraste y glorificaste en vida. Dígnate escucharme, ¡oh virgen santa!, refugio de los atribulados, castillo de seguridad y salvación en cualquier mal y peligro, dígnate en devolver una mirada de piedad desde el Cielo sobre mí, tu siervo. Me dirijo a ti con todo mi cariño en esta aflicción en que me encuentro, en ti pongo mi confianza.

Ayúdame, intercede por mí ante Dios, que Él misericordiosamente quiera librarme de este mal, o concederme esta gracia. Sin embargo, que siempre se haga en mí su santísima voluntad y que Él por vuestra intercesión me conceda la gracia de la paciencia y la plena resignación en su santa voluntad. Amén. 

LUNES XXIV T.O. A

 


Hoy lunes celebramos la fiesta de la Exaltación de la Cruz. Fiesta que nos invita a mirar al Cristo que por amor se entregó a la muerte en cruz para que, como señala Él mismo en el evangelio de hoy, todos tengamos vida eterna. Por eso las lecturas nos dicen que la cruz se ha convertido en instrumento de amor, tanto amó Dios al mundo que nos ha entregado a su Hijo en nuestras manos, y de lo más profundo y difícil, del dolor y el sufrimiento por la muerte, Dios ha querido mostrarnos su amor invitándonos a mirar la cruz para seguir el ejemplo de Cristo y salvar nuestras vidas. Seamos buenos y confiemos en Dios, que siente lástima de nuestros pecados y nos da esperanza.



1ª Lectura (Núm 21, 4b-9): En aquellos días, el pueblo estaba extenuado del camino, y habló contra Dios y contra Moisés: «¿Por qué nos has sacado de Egipto para morir en el desierto? No tenemos ni pan ni agua, y nos da náusea ese pan sin cuerpo». El Señor envió contra el pueblo serpientes venenosas, que los mordían, y murieron muchos israelitas. Entonces el pueblo acudió a Moisés, diciendo: «Hemos pecado hablando contra el Señor y contra ti; reza al Señor para que aparte de nosotros las serpientes». Moisés rezó al Señor por el pueblo, y el Señor le respondió: «Haz una serpiente venenosa y colócala en un estandarte: los mordidos de serpientes quedarán sanos al mirarla». Moisés hizo una serpiente de bronce y la colocó en un estandarte. Cuando una serpiente mordía a uno, él miraba a la serpiente de bronce y quedaba curado.


Salmo responsorial: 77

R/. No olvidéis las acciones del Señor.

Escucha, pueblo mío, mi enseñanza, inclina el oído a las palabras de mi boca: que voy a abrir mi boca a las sentencias, para que broten los enigmas del pasado.

Cuando los hacía morir, lo buscaban, y madrugaban para volverse hacia Dios; se acordaban de que Dios era su roca, el Dios Altísimo su redentor.

Lo adulaban con sus bocas, pero sus lenguas mentían: su corazón no era sincero con él, ni eran fieles a su alianza.

Él, en cambio, sentía lástima, perdonaba la culpa y no los destruía: una y otra vez reprimió su cólera, y no despertaba todo su furor.


2ª Lectura (Flp 2, 6-11): Cristo, a pesar de su condición divina, no hizo alarde de su categoría de Dios; al contrario, se despojó de su rango y tomó la condición de esclavo, pasando por uno de tantos. Y así, actuando como un hombre cualquiera, se rebajó hasta someterse incluso a la muerte, y una muerte de cruz. Por eso Dios lo levantó sobre todo y le concedió el «Nombre-sobre-todo-nombre»; de modo que al nombre de Jesús toda rodilla se doble en el cielo, en la tierra, en el abismo, y toda lengua proclame: Jesucristo es Señor, para gloria de Dios Padre.


Versículo antes del Evangelio: Aleluya. Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos, porque con tu santa cruz redimiste al mundo. Aleluya.


nTexto del Evangelio (Jn 3, 13-17):En aquel tiempo, Jesús dijo a Nicodemo: «Nadie ha subido al cielo sino el que bajó del cielo, el Hijo del hombre. Y como Moisés levantó la serpiente en el desierto, así tiene que ser levantado el Hijo del hombre, para que todo el que crea en Él tenga vida eterna. Porque tanto amó Dios al mundo que dio a su Hijo único, para que todo el que crea en Él no perezca, sino que tenga vida eterna. Porque Dios no ha enviado a su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por Él».




















domingo, 13 de septiembre de 2026

DOMINGO XXIV T.O. A


Las lecturas de hoy nos invitan a descubrir que quien perdona vive con libertad. San Pablo nos muestra que somos de Cristo, que nos ha rescatado de la muerte con su sangre y nos ha dado la oportunidad de vivir la Gloria con Él. Pero si seguimos atados al rencor en nuestro corazón, nunca seremos libres. ¿Cuántas veces tengo que perdonar? Cristo nos dice que siempre. Si queremos ser hijos de Dios, amémonos como Cristo nos ama, con misericordia infinita. Seamos buenos y confiemos en Dios, que no nos trata como merecerían nuestros pecados. 



1ª Lectura (Eclo 27, 33—28,9): Furor y cólera son odiosos; el pecador los posee. Del vengativo se vengará el Señor y llevará estrecha cuenta de sus culpas. Perdona la ofensa a tu prójimo, y se te perdonarán los pecados cuando lo pidas. ¿Cómo puede un hombre guardar rencor a otro y pedir la salud al Señor? No tiene compasión de su semejante, ¿y pide perdón de sus pecados? Si él, que es carne, conserva la ira, ¿quién expiará por sus pecados? Piensa en tu fin, y cesa en tu enojo; en la muerte y corrupción, y guarda los mandamientos. Recuerda los mandamientos, y no te enojes con tu prójimo; la alianza del Señor, y perdona el error.


Salmo responsorial: 102

R/. El Señor es compasivo y misericordioso, lento a la ira y rico en clemencia.

Bendice, alma mía, al Señor, y todo mi ser a su santo nombre. Bendice, alma mía, al Señor, y no olvides sus beneficios.

Él perdona todas tus culpas y cura todas tus enfermedades; él rescata tu vida de la fosa y te colma de gracia y de ternura.

No está siempre acusando ni guarda rencor perpetuo; no nos trata como merecen nuestros pecados ni nos paga según nuestras culpas.

Como se levanta el cielo sobre la tierra, se levanta su bondad sobre sus fieles; como dista el oriente del ocaso, así aleja de nosotros nuestros delitos.


2ª Lectura (Rom 14, 7-9): Hermanos: Ninguno de nosotros vive para sí mismo y ninguno muere para sí mismo. Si vivimos, vivimos para el Señor; si morimos, morimos para el Señor; en la vida y en la muerte somos del Señor. Para esto murió y resucitó Cristo: para ser Señor de vivos y muertos.


Versículo antes del Evangelio (Jn 13, 34): Aleluya. Os doy un mandamiento nuevo, dice el Señor: que os améis los unos a los otros, como yo os he amado. Aleluya.


Texto del Evangelio (Mt 18,21-35): En aquel tiempo, Pedro preguntó a Jesús: «Señor, ¿cuántas veces tengo que perdonar las ofensas que me haga mi hermano? ¿Hasta siete veces?». Dícele Jesús: «No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete. Por eso el Reino de los Cielos es semejante a un rey que quiso ajustar cuentas con sus siervos. Al empezar a ajustarlas, le fue presentado uno que le debía 10.000 talentos. Como no tenía con qué pagar, ordenó el señor que fuese vendido él, su mujer y sus hijos y todo cuanto tenía, y que se le pagase. Entonces el siervo se echó a sus pies, y postrado le decía: ‘Ten paciencia conmigo, que todo te lo pagaré’. Movido a compasión el señor de aquel siervo, le dejó en libertad y le perdonó la deuda.
Al salir de allí aquel siervo se encontró con uno de sus compañeros, que le debía cien denarios; le agarró y, ahogándole, le decía: ‘Paga lo que debes’. Su compañero, cayendo a sus pies, le suplicaba: ‘Ten paciencia conmigo, que ya te pagaré’. Pero él no quiso, sino que fue y le echó en la cárcel, hasta que pagase lo que debía.
Al ver sus compañeros lo ocurrido, se entristecieron mucho, y fueron a contar a su señor todo lo sucedido. Su señor entonces le mandó llamar y le dijo: ‘Siervo malvado, yo te perdoné a ti toda aquella deuda porque me lo suplicaste. ¿No debías tú también compadecerte de tu compañero, del mismo modo que yo me compadecí de ti?’. Y encolerizado su señor, le entregó a los verdugos hasta que pagase todo lo que le debía. Esto mismo hará con vosotros mi Padre celestial, si no perdonáis de corazón cada uno a vuestro hermano».








DOS ORACIONES A LA VIRGEN DE VALVANERA



¡Hermosísima Virgen de Valvanera!, más dulce y suave que los paneles de miel, dulcifica, Señora, lo recio de nuestra condición, y haz que seamos fieles imitadores de tus virtudes, para que sepamos disimular las faltas de nuestros hermanos, o corregirlas con discreción y blandura; concédenos también que así en lo próspero como en lo adverso mostremos apacible carácter, para que, no ofendiendo a Dios, merezcamos por tu intercesión piadosa alabarte en la Patria Celestial. Amén.

¡Dios te salve, Reina y Madre de La Valvanera! Bendita y alabada seas desde el lugar en que presides piadosa para el alivio y protección de quienes presurosos invocan tu dulcísimo nombre. Tu misericordia compasiva libra del poder maligno a quien quiere venir a contemplarte. Animados por tu patrocinio, queremos que en vida y después de la muerte, al invocar tu nombre, merezcamos ser asistidos por tu graciosa belleza, para ser redimidos de nuestra culpa y besar tus pies en el trono de tu gloria. Amén.

sábado, 12 de septiembre de 2026

SÁBADO XXIII T.O. A

 


Hoy sábado por la mañana, celebramos la memoria del Dulce Nombre de María. Y las lecturas nos muestran que quien escucha la Palabra de Dios y la pone en práctica, edifica su vida de forma firme frente a las dificultades del mundo. Pero quien escucha la Palabra y no la pone en práctica, al final acaba poniendo su vida en lo pasajero, y como advierte San Pablo encenderemos la vela a Dios y al diablo, lo que significa que no tenemos fe. Seamos buenos, confiemos en Dios y ofrezcamos nuestras vidas a Él, que las transforma en vidas nuevas.



1ª Lectura (1Cor 10, 14-22): Muy amados míos, no tengáis que ver con la idolatría. Os hablo como a gente sensata, formaos vuestro juicio sobre lo que digo. El cáliz de la bendición que bendecimos, ¿no es comunión con la sangre de Cristo? Y el pan que partimos, ¿no es comunión con el cuerpo de Cristo? El pan es uno, y así nosotros, aunque somos muchos, formamos un solo cuerpo, porque comemos todos del mismo pan. Considerad a Israel según la carne: los que comen de las víctimas se unen al altar. ¿Qué quiero decir? ¿Que las víctimas son algo o que los ídolos son algo? No, sino que los gentiles ofrecen sus sacrificios a los demonios, no a Dios, y no quiero que os unáis a los demonios. No podéis beber de los dos cálices, del Señor y del de los demonios. No podéis participar de las dos mesas, de la del Señor y de la de los demonios. ¿Vamos a provocar al Señor? ¿Es que somos más fuertes que él?


Salmo responsorial: 115

R/. Te ofreceré, Señor, un sacrificio de alabanza.

¿Cómo pagaré al Señor todo el bien que me ha hecho? Alzaré la copa de la salvación, invocando su nombre.

Te ofreceré un sacrificio de alabanza, invocando tu nombre, Señor. Cumpliré al Señor mis votos en presencia de todo el pueblo.


Versículo antes del Evangelio (Jn 14, 23): Aleluya. Si alguno me ama, guardará mi palabra y mi Padre le amará y vendremos a él y haremos morada en él. Aleluya.


Texto del Evangelio (Lc 6, 43-49): En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «Porque no hay árbol bueno que dé fruto malo y, a la inversa, no hay árbol malo que dé fruto bueno. Cada árbol se conoce por su fruto. No se recogen higos de los espinos, ni de la zarza se vendimian uvas. El hombre bueno, del buen tesoro del corazón saca lo bueno, y el malo, del malo saca lo malo. Porque de lo que rebosa el corazón habla su boca.
¿Por qué me llamáis: ‘Señor, Señor’, y no hacéis lo que digo? Todo el que venga a mí y oiga mis palabras y las ponga en práctica, os voy a mostrar a quién es semejante: Es semejante a un hombre que, al edificar una casa, cavó profundamente y puso los cimientos sobre roca. Al sobrevenir una inundación, rompió el torrente contra aquella casa, pero no pudo destruirla por estar bien edificada. Pero el que haya oído y no haya puesto en práctica, es semejante a un hombre que edificó una casa sobre tierra, sin cimientos, contra la que rompió el torrente y al instante se desplomó y fue grande la ruina de aquella casa».









viernes, 11 de septiembre de 2026

VIERNES XXIII T.O. A


Hoy viernes la Palabra de Dios insiste en la importancia de ser coherentes con nuestra vida de cristianos. San Pablo explica que debemos preocuparnos por correr la carrera del evangelio que nos lleva a un premio que no se corrompe, por eso debemos vivir lo que predicamos. Jesús en el evangelio nos enseña que para ayudar al prójimo primero debemos vivir nosotros mismos el amor y la misericordia de Dios, para poder ayudar al hermano a orientar su camino hacia Dios. Sed buenos y creed en Dios que quien sigue sus caminos encontrará la felicidad. 



1ª Lectura (1Cor 9, 16-19.22b-27): Hermanos: El hecho de predicar no es para mí motivo de orgullo. No tengo más remedio y, ¡ay de mí si no anuncio el Evangelio! Si yo lo hiciera por mi propio gusto, eso mismo sería mi paga. Pero, si lo hago a pesar mío, es que me han encargado este oficio. Entonces, ¿cuál es la paga? Precisamente dar a conocer el Evangelio, anunciándolo de balde, sin usar el derecho que me da la predicación del Evangelio. Porque, siendo libre como soy, me he hecho esclavo de todos para ganar a los más posibles. Me he hecho todo a todos, para ganar, sea como sea, a algunos. Y hago todo esto por el Evangelio, para participar yo también de sus bienes. Ya sabéis que en el estadio todos los corredores cubren la carrera, aunque uno solo se lleva el premio. Corred así: para ganar. Pero un atleta se impone toda clase de privaciones. Ellos para ganar una corona que se marchita; nosotros, en cambio, una que no se marchita. Por eso corro yo, pero no al azar; boxeo, pero no contra el aire; mis golpes van a mi cuerpo y lo tengo a mi servicio, no sea que, después de predicar a los otros, me descalifiquen a mí.


Salmo responsorial: 83

R/. ¡Qué deseables son tus moradas, Señor de los ejércitos!

Mi alma se consume y anhela los atrios del Señor, mi corazón y mi carne retozan por el Dios vivo.

Hasta el gorrión ha encontrado una casa; la golondrina, un nido donde colocar sus polluelos: tus altares, Señor de los ejércitos, Rey mío y Dios mío.

Dichosos los que viven en tu casa, alabándote siempre. Dichosos los que encuentran en ti su fuerza al preparar su peregrinación.

Porque el Señor es sol y escudo, él da la gracia y la gloria; el Señor no niega sus bienes a los de conducta intachable.


Versículo antes del Evangelio (Jn 17, 17): Aleluya. Tu palabra, Señor, es la verdad; santifícanos en la verdad. Aleluya.


Texto del Evangelio (Lc 6, 39-42): En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos esta parábola: «¿Podrá un ciego guiar a otro ciego? ¿No caerán los dos en el hoyo? No está el discípulo por encima del maestro. Todo discípulo que esté bien formado, será como su maestro. ¿Cómo es que miras la brizna que hay en el ojo de tu hermano, y no reparas en la viga que hay en tu propio ojo? ¿Cómo puedes decir a tu hermano: ‘Hermano, deja que saque la brizna que hay en tu ojo’, no viendo tú mismo la viga que hay en el tuyo? Hipócrita, saca primero la viga de tu ojo, y entonces podrás ver para sacar la brizna que hay en el ojo de tu hermano».













jueves, 10 de septiembre de 2026

JUEVES XXIII T.O. A


Las lecturas de hoy nos quieren mostrar que amar es la clave para conocer a Dios. Por eso el evangelio señala que amar como Dios, con misericordia y acogiendo incluso al enemigo, nos ayuda a descubrir y comprender que somos hijos de Dios, y si todos somos hijos de un mismo Padre, eso significa que somos hermanos y responsables los unos de los otros; por eso hoy san Pablo nos invita a no escandalizar con nuestras vidas y vivir juntos ayudándonos para parecernos a ese Padre misericordioso que ama a buenos y malos. Seamos buenos y confiemos en Dios, que sondea nuestros corazones y conoce si nuestro amor es verdadero o fingido. 



1ª Lectura (1Cor 8, 1b-7.11-13): El conocimiento engríe, lo constructivo es el amor. Quien se figura haber terminado de conocer algo, aún no ha empezado a conocer como es debido. En cambio, al que ama a Dios, Dios lo reconoce. Vengamos a eso de comer de lo sacrificado. Sabemos que en el mundo real un ídolo no es nada, y que Dios no hay más que uno; pues, aunque hay los llamados dioses en el cielo y en la tierra —y son numerosos los dioses y numerosos los señores—, para nosotros no hay más que un Dios, el Padre, de quien procede el universo y a quien estamos destinados nosotros, y un solo Señor, Jesucristo, por quien existe el universo y por quien existimos nosotros. Sin embargo, no todos tienen ese conocimiento: algunos, acostumbrados a la idolatría hasta hace poco, comen pensando que la carne está consagrada al ídolo y, como su conciencia está insegura, se mancha. Así, tu conocimiento llevará al desastre al inseguro, a un hermano por quien Cristo murió. Al pecar de esa manera contra los hermanos, turbando su conciencia insegura, pecáis contra Cristo. Por eso, si por cuestión de alimento peligra un hermano mío, nunca volveré a comer carne, para no ponerlo en peligro.


Salmo responsorial: 138

R/. Guíame, Señor, por el camino eterno.

Señor, tú me sondeas y me conoces; me conoces cuando me siento o me levanto, de lejos penetras mis pensamientos; distingues mi camino y mi descanso, todas mis sendas te son familiares.

Tú has creado mis entrañas, me has tejido en el seno materno. Te doy gracias, porque me has escogido portentosamente, porque son admirables tus obras.

Señor, sondéame y conoce mi corazón, ponme a prueba y conoce mis sentimientos, mira si mi camino se desvía, guíame por el camino eterno.


Versículo antes del Evangelio (1Jn 4, 12): Aleluya. Si nos amamos los unos a los otros, Dios permanece en nosotros y su amor ha llegado en nosotros a su plenitud. Aleluya.


Texto del Evangelio (Lc 6, 27-38): En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «Yo os digo a los que me escucháis: Amad a vuestros enemigos, haced bien a los que os odien, bendecid a los que os maldigan, rogad por los que os difamen. Al que te hiera en una mejilla, preséntale también la otra; y al que te quite el manto, no le niegues la túnica. A todo el que te pida, da, y al que tome lo tuyo, no se lo reclames. Y lo que queráis que os hagan los hombres, hacédselo vosotros igualmente. Si amáis a los que os aman, ¿qué mérito tenéis? Pues también los pecadores aman a los que les aman. Si hacéis bien a los que os lo hacen a vosotros, ¿qué mérito tenéis? ¡También los pecadores hacen otro tanto! Si prestáis a aquellos de quienes esperáis recibir, ¿qué mérito tenéis? También los pecadores prestan a los pecadores para recibir lo correspondiente. Más bien, amad a vuestros enemigos; haced el bien, y prestad sin esperar nada a cambio; y vuestra recompensa será grande, y seréis hijos del Altísimo, porque Él es bueno con los ingratos y los perversos. Sed compasivos, como vuestro Padre es compasivo. No juzguéis y no seréis juzgados, no condenéis y no seréis condenados; perdonad y seréis perdonados. Dad y se os dará; una medida buena, apretada, remecida, rebosante pondrán en vuestro regazo. Porque con la medida con que midáis se os medirá».




“Amad a vuestros enemigos, haced el bien, bendecid” (Lc 6, 27-38)

Señor Jesús: una mañana más aquí me tienes. Estoy dispuesto. Prepara mi corazón para vivir a tu ritmo y amar como Tú amas. 

El Evangelio de hoy es un proyecto de vida: amar, ser misericordioso, hacer el bien, orar y bendecir. Sin Ti no puedo, contigo sé que es posible. Ayúdame a leer en profundidad esta palabra tuya de hoy. 

Señor Jesús, amar, amar más y amar mejor. Amar a los míos, a los conocidos, amar a los que me aman… pero no es suficiente. 

Me pides amar a los enemigos, ¿cómo se hace eso? ¿Cómo amar a quien me hace daño, a quien no me quiere, a quien se sitúa en las antípodas de mi modo de pensar, de creer y de obrar? 

Ayúdame a vivir este mandato tuyo. Sin Ti no sé, contigo aprenderé. 






miércoles, 9 de septiembre de 2026

EL MONOGRAMA DE MARÍA

 






ORACIÓN A SAN PEDRO CLAVER (3)


San Pedro Claver, te saludo con humildad y te doy gracias por la vida que mostraste al mundo, la vida de servicio a los más necesitados y la defensa de la dignidad humana. Ayúdame a rezar con sinceridad, a vivir con coherencia entre lo que digo y hago, y acompáñame en cada prueba, fortaleciendo mi fe y esperanza. Te pido por mi familia, amigos y todas las personas que me rodean, para que su caminar esté protegido bajo tu manto de amor.

ORACIÓN A LA VIRGEN DE ARÁNZAZU DE LIMA (PERÚ)

 



MIÉRCOLES XXIII T.O. A


Es miércoles y la Iglesia hoy nos invita a descubrir que los valores del Evangelio no se parecen a lo que el mundo terrenal busca. Por eso, san Pablo nos habla de descubrir el celibato como una manera de que nuestro cuerpo y alma puedan alcanzar una armonía espiritual. Jesús, en el pasaje del evangelio de hoy nos muestra que quien quiere seguir por el camino de la fe se encontrará con los que lo van a criticar, porque no son capaces de comprender lo que significa la verdadera riqueza, que no es pasajera sino eterna. Pidamos hoy que nuestro corazón no se deje corromper por la vida vacía y busque la felicidad de Cristo. Seamos buenos y confiemos en Dios, el único que siempre hablará bien de nosotros.



1ª Lectura (1Cor 7, 25-31): Respecto al celibato no tengo órdenes del Señor, sino que doy mi parecer como hombre de fiar que soy, por la misericordia del Señor. Estimo que es un bien, por la necesidad actual: quiero decir que es un bien vivir así. ¿Estás unido a una mujer? No busques la separación. ¿Estás libre? No busques mujer; aunque, si te casas, no haces mal; y, si una soltera se casa, tampoco hace mal. Pero estos tales sufrirán la tribulación de la carne. Yo respeto vuestras razones. Digo esto, hermanos: que el momento es apremiante. Queda como solución que los que tienen mujer vivan como si no la tuvieran; los que lloran, como si no lloraran; los que están alegres, como si no lo estuvieran; los que compran, como si no poseyeran; los que negocian en el mundo, como si no disfrutaran de él: porque la representación de este mundo se termina.


Salmo responsorial: 44

R/. Escucha, hija, mira: inclina el oído.

Escucha, hija, mira: inclina el oído, olvida tu pueblo y la casa paterna; prendado está el rey de tu belleza: póstrate ante él, que él es tu Señor.

Ya entra la princesa, bellísima, vestida de perlas y brocado; la llevan ante el rey, con séquito de vírgenes, la siguen sus compañeras.

Las traen entre alegría y algazara, van entrando en el palacio real. «A cambio de tus padres, tendrás hijos, que nombrarás príncipes por toda la Tierra».


Versículo antes del Evangelio (Lc 6, 23): Aleluya. Alegraos ese día y saltad de gozo, porque vuestra recompensa será grande en el cielo. Aleluya.



Texto del Evangelio (Lc 6, 20-26): En aquel tiempo, Jesús alzando los ojos hacia sus discípulos, decía: «Bienaventurados los pobres, porque vuestro es el Reino de Dios. Bienaventurados los que tenéis hambre ahora, porque seréis saciados. Bienaventurados los que lloráis ahora, porque reiréis. Bienaventurados seréis cuando los hombres os odien, cuando os expulsen, os injurien y proscriban vuestro nombre como malo, por causa del Hijo del hombre. Alegraos ese día y saltad de gozo, que vuestra recompensa será grande en el Cielo. Pues de ese modo trataban sus padres a los profetas. Pero ¡ay de vosotros, los ricos!, porque habéis recibido vuestro consuelo. ¡Ay de vosotros, los que ahora estáis hartos!, porque tendréis hambre. ¡Ay de los que reís ahora!, porque tendréis aflicción y llanto. ¡Ay cuando todos los hombres hablen bien de vosotros!, pues de ese modo trataban sus padres a los falsos profetas».













martes, 8 de septiembre de 2026

MARTES XXIII T.O. A


Hoy martes celebramos la Natividad de la Virgen María. Y las lecturas nos presentan las promesas de Dios que se cumplen desde los profetas, porque Dios no ha abandonado a su pueblo, sino que de una mujer valiente y decidida a cumplir la voluntad de Dios nacerá el Mesías, el enviado de Dios, que tal como nos relata el evangelio de Mateo viene del linaje del rey David. Pero lo más importante será que Dios ha escogido a María y a José como ejemplos de amor y confianza absoluta en su plan. Así Cristo cumple las promesas del Antiguo Testamento y traerá la Paz, la reconciliación y la justificación del hombre. Seamos buenos, confiemos en Dios y sus promesas y respondamos como María: desbordo de gozo con el Señor.



1ª Lectura (Miq 5, 1-4a): Así dice el Señor: «Pero tú, Belén de Efrata, pequeña entre las aldeas de Judá, de ti saldrá el jefe de Israel. Su origen es desde lo antiguo, de tiempo inmemorial. Por eso, el Señor abandonará a Israel, mientras no dé a luz la que ha de dar a luz. Entonces el resto de sus hermanos se unirá a los hijos de Israel. Él se levantará para pastorear a su pueblo con la fuerza y la majestad del Señor, su Dios. Ellos habitarán tranquilos, porque la grandeza del que ha de nacer llenará la tierra y él mismo será la paz».


O bien (Rom 8, 28-30): Hermanos: Ya sabemos que todo contribuye para bien de los que aman a Dios, de aquellos que han sido llamados por él, según su designio salvador. En efecto, a quienes conoce de antemano, los predestina para que reproduzcan en sí mismos la imagen de su propio Hijo, a fin de que él sea el primogénito entre muchos hermanos. A quienes predestina, los llama; a quienes llama, los justifica; y a quienes justifica, los glorifica.


Salmo responsorial: 12

R/. Desbordo de gozo con el Señor.

Porque yo confío en tu misericordia: alegra mi corazón con tu auxilio.

Y cantaré al Señor por el bien que me ha hecho.


Versículo antes del Evangelio: Aleluya. Dichosa tú, Santísima Virgen María, y digna de toda alabanza, porque de ti nació el sol de justicia, Jesucristo, nuestro Dios. Aleluya.


Texto del Evangelio (Mt 1, 1-16.18-23): Libro de la generación de Jesucristo, hijo de David, hijo de Abraham: Abraham engendró a Isaac, Isaac engendró a Jacob, Jacob engendró a Judá y a sus hermanos, Judá engendró, de Tamar, a Fares y a Zara, Fares engendró a Esrom, Esrom engendró a Aram, Aram engendró a Aminadab, Aminadab engendró a Naassón, Naassón engendró a Salmón, Salmón engendró, de Rahab, a Booz, Booz engendró, de Rut, a Obed, Obed engendró a Jesé, Jesé engendró al rey David.
David engendró, de la que fue mujer de Urías, a Salomón, Salomón engendró a Roboam, Roboam engendró a Abiá, Abiá engendró a Asaf, Asaf engendró a Josafat, Josafat engendró a Joram, Joram engendró a Ozías, Ozías engendró a Joatam, Joatam engendró a Acaz, Acaz engendró a Ezequías, Ezequías engendró a Manasés, Manasés engendró a Amón, Amón engendró a Josías, Josías engendró a Jeconías y a sus hermanos, cuando la deportación a Babilonia.

Después de la deportación a Babilonia, Jeconías engendró a Salatiel, Salatiel engendró a Zorobabel, Zorobabel engendró a Abiud, Abiud engendró a Eliakim, Eliakim engendró a Azor, Azor engendró a Sadoq, Sadoq engendró a Aquim, Aquim engendró a Eliud, Eliud engendró a Eleazar, Eleazar engendró a Mattán, Mattán engendró a Jacob, y Jacob engendró a José, el esposo de María, de la que nació Jesús, llamado Cristo. Así que el total de las generaciones son: desde Abraham hasta David, catorce generaciones; desde David hasta la deportación a Babilonia, catorce generaciones; desde la deportación a Babilonia hasta Cristo, catorce generaciones.
La generación de Jesucristo fue de esta manera: su madre, María, estaba desposada con José y, antes de empezar a estar juntos ellos, se encontró encinta por obra del Espíritu Santo. Su marido José, como era justo y no quería ponerla en evidencia, resolvió repudiarla en secreto. Así lo tenía planeado, cuando el Ángel del Señor se le apareció en sueños y le dijo: «José, hijo de David, no temas tomar contigo a María tu mujer porque lo engendrado en Ella es del Espíritu Santo. Dará a luz un hijo, y tú le pondrás por nombre Jesús, porque Él salvará a su pueblo de sus pecados». Todo esto sucedió para que se cumpliese el oráculo del Señor por medio del profeta: «He aquí que la virgen concebirá y dará a luz un hijo, y le pondrán por nombre Emmanuel», que traducido significa: "Dios con nosotros".