sábado, 17 de enero de 2026

TU CUERPO DE ENAMORADA (José María Porta Tovar)


Como una flor abierta y perfumada,
como un hogar tranquilo y sosegado,
como un hermoso cielo anticipado,
así tu cuerpo, amor, de enamorada.

Como una espiga fértil y dorada,
como un camino ocioso y sombreado,
como un grial bendito y consagrado,
así tu cuerpo, amor, de enamorada.

Sueño feliz, regalo de ternura,
canción de medianoche, apasionada,
milagro, en fin, de paz y de hermosura:

Nadie mejor que tú, con tu mirada,
supo ofrecer, amor, tanta dulzura,
ni confundir amante con amada.



 

viernes, 16 de enero de 2026

ORACIÓN BEATA JUANA MARÍA CONDESA (1)


 

VIERNES 1º TIEMPO ORDINARIO A


Buenos días. Es viernes y las lecturas nos presentan el reinado de Dios. El evangelio es claro: ¿Quién puede perdonar pecados? Sólo Dios. Cristo demuestra quién es Él, porque para que todos lo vean le dice al paralítico que tome su camilla y se vaya a su casa. Así queda demostrado que Cristo actúa, haciendo realidad que el Reino de los cielos ha llegado hasta ellos. Por eso hoy la primera lectura nos habla también de la necesidad que tienen los israelitas de un rey. Pero, ¿cuál es el rey y su función? Samuel advierte de la carga que supondrá, pero ellos se empeñan en tener un rey. Y nosotros hoy ¿queremos tener un rey humano, que nos convierta en servidores? O ¿buscamos un rey que tiene el poder de perdonar pecados? Seamos buenos y confiemos en Dios, que es nuestro escudo salvador frente a todo mal. 



1ª Lectura (1Sam 8, 4-7.10-22a): En aquellos dias, los ancianos de Israel se reunieron y fueron a entrevistarse con Samuel en Ramá. Le dijeron: «Mira, tú eres ya viejo, y tus hijos no se comportan como tú. Nómbranos un rey que nos gobierne, como se hace en todas las naciones». A Samuel le disgustó que le pidieran ser gobernados por un rey, y se puso a orar al Señor. El Señor le respondió: «Haz caso al pueblo en todo lo que te pidan. No te rechazan a ti, sino a mí; no me quieren por rey».

Samuel comunicó la palabra del Señor a la gente que le pedía un rey: «Éstos son los derechos del rey que os regirá: a vuestros hijos los llevará para enrolarlos en sus destacamentos de carros y caballería, y para que vayan delante de su carroza; los empleará como jefes y oficiales en su ejército, como aradores de sus campos y segadores de su cosecha, como fabricantes de armamento y de pertrechos para sus carros. A vuestras hijas se las llevará como perfumistas, cocineras y reposteras. Vuestros campos, viñas y los mejores olivares os los quitará para dárselos a sus ministros. De vuestro grano y vuestras viñas os exigirá diezmos, para dárselos a sus funcionarios y ministros. A vuestros criados y criadas, vuestros mejores burros y bueyes, se los llevará para usarlos en su hacienda. De vuestros rebaños os exigirá diezmos. Y vosotros mismos seréis sus esclavos. Entonces gritaréis contra el rey que os elegisteis, pero Dios no os responderá».

El pueblo no quiso hacer caso a Samuel, e insistió: «No importa. ¡Queremos un rey! Así seremos nosotros como los demás pueblos. Que nuestro rey nos gobierne y salga al frente de nosotros a luchar en la guerra». Samuel oyó lo que pedía el pueblo y se lo comunicó al Señor. El Señor le respondió: «Hazles caso y nómbrales un rey».


Salmo responsorial: 88

R/. Cantaré eternamente tus misericordias, Señor.

Dichoso el pueblo que sabe aclamarte: caminará, oh Señor, a la luz de tu rostro; tu nombre es su gozo cada día, tu justicia es su orgullo.

Porque tú eres su honor y su fuerza, y con tu favor realzas nuestro poder. Porque el Señor es nuestro escudo y el Santo de Israel nuestro rey.


Versículo antes del Evangelio (Lc 7,16): Aleluya. Un gran profeta se ha levantado entre nosotros, y Dios ha visitado a su pueblo. Aleluya.




Texto del Evangelio (Mc 2, 1-12): Entró de nuevo en Cafarnaum; al poco tiempo había corrido la voz de que estaba en casa. Se agolparon tantos que ni siquiera ante la puerta había ya sitio, y Él les anunciaba la Palabra.
Y le vienen a traer a un paralítico llevado entre cuatro. Al no poder presentárselo a causa de la multitud, abrieron el techo encima de donde Él estaba y, a través de la abertura que hicieron, descolgaron la camilla donde yacía el paralítico. Viendo Jesús la fe de ellos, dice al paralítico: «Hijo, tus pecados te son perdonados».


Estaban allí sentados algunos escribas que pensaban en sus corazones: «¿Por qué éste habla así? Está blasfemando. ¿Quién puede perdonar pecados, sino Dios sólo?». Pero, al instante, conociendo Jesús en su espíritu lo que ellos pensaban en su interior, les dice: «¿Por qué pensáis así en vuestros corazones? ¿Qué es más fácil, decir al paralítico: ‘Tus pecados te son perdonados’, o decir: ‘Levántate, toma tu camilla y anda?’ Pues para que sepáis que el Hijo del hombre tiene en la Tierra poder de perdonar pecados -dice al paralítico-: ‘A ti te digo, levántate, toma tu camilla y vete a tu casa’».
Se levantó y, al instante, tomando la camilla, salió a la vista de todos, de modo que quedaban todos asombrados y glorificaban a Dios, diciendo: «Jamás vimos cosa parecida».



"A ti te digo: Levántate, coge tu camilla y echa a andar” Mc 2, 1-12)

Señor, gracias. Necesito que me animes, que me libres de mis cargas, que sabes mis heridas, que comprarlas conmigo mis cargas y mis cruces, que me liberes de todo cuanto me hace caer, desconfiar, tirar la toalla y pensar que es imposible estar mejor de como estoy.

Señor, gracias. Necesito que te acerques a mí y me ayudes a descubrir quién soy, qué me habita, qué me mueve, qué razones tengo para seguir esperando, para vivir en plenitud, para saber qué es lo que quieres de mí en este momento de mi vida.

Señor, gracias. Gracias porque sé que un día más estarás a mi lado, a tu modo, y me harás ponerme de pie, coger mi camilla y marcharme a casa a disfrutar de la vida. 

Gracias, Señor, porque me quieres tal y como soy. Por favor, habita nuestro corazón y haznos pacificadores. 

Así te lo pido. Así sea.










EL UNIVERSO Y TÚ (José María Porta Tovar)


"Todo es azar, nacer afortunado"
-dicen algunos sabios del destino.
Mas para mí, cansado peregrino,
que has sido tú, mi amor, quien me ha guiado.

Porque, tal vez, sabiéndote a mi lado,
y de tu mano haciendo mi camino
no ha habido en mí ni azar ni sino:
sólo tu fiel amor, que me ha salvado.

Y ya contigo, estando tú a mi lado,
las madreselvas floran noche y día
y sé porque, llegado el mediodía,
mi corazón palpita ilusionado.

Que, siendo noche oscura y alejado,
son tus recuerdos dulce melodía,
un madrigal de amor, de poesía,
con que soñar feliz y esperanzado.

Y si amanece gris y encapotado,
tú eres mi sol, mi luz y mi alegría.
Porque, en verdad, tu amor, princesa mía,
el universo entero me ha cambiado. 



jueves, 15 de enero de 2026

ORACIÓN AL CRISTO NEGRO DE ESQUIPULAS

 

JUEVES 1º TIEMPO ORDINARIO A


Buenos días. Hoy jueves rezamos por las vocaciones, especialmente al sacerdocio. Y las lecturas hoy nos explican que la voluntad de Dios con el hombre es siempre la de mostrar su cercanía, su amor misericordioso. Pero es necesario que nuestra actitud sea de fe y confianza en Él. Los israelitas, en la primera lectura, han olvidado a Dios y cuando recurren a Él es sólo como si el arca de la Alianza fuese un amuleto mágico que les daría la victoria, y por eso sufren la derrota. ¿Cómo nos acercamos a Dios? ¿Con confianza? ¿Con fe y humildad, como el leproso? O ¿buscamos al Dios mago que solucione los problemas con su varita mágica? Seamos buenos, confiemos en Dios y sentiremos su amor y gracia. 



1ª Lectura (1Sam 4, 1-11): En aquellos días, se reunieron los filisteos para atacar a Israel. Los israelitas salieron a enfrentarse con ellos y acamparon junto a Piedrayuda, mientras que los filisteos acampaban en El Cerco. Los filisteos formaron en orden de batalla frente a Israel. Entablada la lucha, Israel fue derrotado por los filisteos; de sus filas murieron en el campo unos cuatro mil hombres. La tropa volvió al campamento, y los ancianos de Israel deliberaron: «¿Por qué el Señor nos ha hecho sufrir hoy una derrota a manos de los filisteos? Vamos a Siló, a traer el arca de la alianza del Señor, para que esté entre nosotros y nos salve del poder enemigo».

Mandaron gente a Siló, a por el arca de la alianza del Señor de los ejércitos, entronizado sobre querubines. Los dos hijos de Elí, Jofní y Fineés, fueron con el arca de la alianza de Dios. Cuando el arca de la alianza del Señor llegó al campamento, todo Israel lanzó a pleno pulmón el alarido de guerra, y la tierra retembló. Al oír los filisteos el estruendo del alarido, se preguntaron: «¿Qué significa ese alarido que retumba en el campamento hebreo?».

Entonces se enteraron de que el arca del Señor había llegado al campamento y, muertos de miedo, decían: «¡Ha llegado su Dios al campamento! ¡Ay de nosotros! Es la primera vez que nos pasa esto. ¡Ay de nosotros! ¿Quién nos librará de la mano de esos dioses poderosos, los dioses que hirieron a Egipto con toda clase de calamidades y epidemias? ¡Valor, filisteos! Sed hombres, y no seréis esclavos de los hebreos, como lo han sido ellos de nosotros. ¡Sed hombres, y al ataque!».

Los filisteos se lanzaron a la lucha y derrotaron a los israelitas, que huyeron a la desbandada. Fue una derrota tremenda: cayeron treinta mil de la infantería israelita. El arca de Dios fue capturada, y los dos hijos de Elí, Jofní y Fineés, murieron.


Salmo responsorial: 43

R/. Redímenos, Señor, por tu misericordia.

Ahora nos rechazas y nos avergúenzas, y ya no sales, Señor, con nuestras tropas: nos haces retroceder ante el enemigo, y nuestro adversario nos saquea.

Nos haces el escarnio de nuestros vecinos, irrisión y burla de los que nos rodean; nos has hecho el refrán de los gentiles, nos hacen muecas las naciones.

Despierta, Señor, ¿por qué duermes? Levántate, no nos rechaces más. ¿Por qué nos escondes tu rostro y olvidas nuestra desgracia y opresión?


Versículo antes del Evangelio (Mt 4, 23): Aleluya. Jesús predicaba el Evangelio del Reino y sanaba toda dolencia en el pueblo. Aleluya.




Texto del Evangelio (Mc 1, 40-45): En aquel tiempo, vino a Jesús un leproso suplicándole y, puesto de rodillas, le dice: «Si quieres, puedes limpiarme». Compadecido de él, extendió su mano, le tocó y le dijo: «Quiero; queda limpio». Y al instante, le desapareció la lepra y quedó limpio. Le despidió al instante prohibiéndole severamente: «Mira, no digas nada a nadie, sino vete, muéstrate al sacerdote y haz por tu purificación la ofrenda que prescribió Moisés para que les sirva de testimonio».
Pero él, así que se fue, se puso a pregonar con entusiasmo y a divulgar la noticia, de modo que ya no podía Jesús presentarse en público en ninguna ciudad, sino que se quedaba a las afueras, en lugares solitarios. Y acudían a Él de todas partes.







ORACIÓN A SAN ARNOLDO JANSSEN


Dios amoroso, Tú que llamaste a Arnoldo al seguimiento de tu Hijo, el Verbo Divino, en la misión de proclamar el Evangelio a todos los pueblos, enciende en nosotros el amor por él y llénanos de su espíritu, él que dedicó toda su vida a expandir tu Reino de paz y amor. Por lo tanto, con confianza, oramos: 

San Arnoldo, ruega por nosotros para que ardamos de amor por Cristo y por la llamada misionera de la iglesia. Guíanos para construir familias y comunidades donde se viva la justicia, la compasión y la igualdad. Ayúdanos a dilatar nuestros corazones para abrazar a todos los pueblos de este único mundo. Que la luz de la Palabra y el Espíritu de Gracia transforme nuestro mundo y libere nuestros corazones para que plenamente vivan en el Espíritu de Jesús. Amén. 

CANSADA DE TANTO AMAR (José María Porta Tovar)

 

¡No despertéis a mi rosa,
canciones de la alborada.
Mirad que ella está cansada
y con su amante reposa!

Dormida estás, amor mío,
después de sentirte amada.
Dormida estás y bañada
de sudor y de rocío.

El sudor es tuyo y mío,
junto a mi pecho abrazada.
Tu cuerpo es mi flor amada
y mi semilla el rocío.

Descansa, no digas nada.
Sólo respira dichosa.
No pienses en otra cosa
que en amar y ser amada.



miércoles, 14 de enero de 2026

ORACIÓN A SAN FÉLIX DE NOLA

Glorioso san Félix de Nola, fiel servidor de Dios y protector de los necesitados, acudo a ti con humildad y confianza en tu poderosa intercesión. Tú, que en vida fuiste ejemplo de virtud y caridad, ahora te pido que intercedas ante el trono de Dios por mis intenciones y necesidades.

Oh gran san Félix, defensor de las causas imposibles, imploro tu ayuda en este momento de dificultad. Concede tu bendición y protección a mi vida y a la de mis seres queridos. Libéranos de todo mal y peligro, y llévanos por el camino de la fe y la salvación.

Te suplico, amado san Félix, que intercedas ante Dios para que conceda mis peticiones. Sé mi guía en momentos de oscuridad, ilumina mi camino con tu amor y sabiduría. Que tu presencia divina me acompañe siempre, fortaleciendo mi fe y renovando mi esperanza.

San Félix de Nola, patrono de los necesitados, escucha mi súplica y atiende mis ruegos. Confío en tu poderosa intercesión y en tu infinita bondad. Te suplico que intercedas por mí ante el trono de Dios, y que en tu infinita misericordia, concedas las gracias que tanto anhelo.

Amado san Félix, te encomiendo mi vida y mi alma, confiando en tu protección y amparo. Intercede por mí ante Dios Padre, para que pueda alcanzar la salvación eterna y vivir en su presencia por toda la eternidad. Amén.


MIÉRCOLES 1º TIEMPO ORDINARIO A


Buenos días. Hoy miércoles resuena la antífona del salmo: “Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad”. Cristo aparece en el Evangelio curando a los enfermos. Como sabemos, la enfermedad en Israel es igual a pecado, y el pecador es impuro y está apartado de Dios. Por eso Cristo demuestra el amor de Dios curando toda enfermedad. Ha venido al mundo para cumplir la promesa de Dios y que todos podamos oír su llamada, como Samuel, y ser testigos de su amor en medio de nuestro mundo. Seamos buenos y confiemos en Dios, que quien confía en Él es feliz de verdad.



1ª Lectura (1Sam 3, 1-10.19-20): En aquellos dias, el niño Samuel oficiaba ante el Señor con Elí. La palabra del Señor era rara en aquel tiempo, y no abundaban las visiones. Un día Elí estaba acostado en su habitación. Sus ojos empezaban a apagarse, y no podía ver. Aún ardía la lámpara de Dios, y Samuel estaba acostado en el templo del Señor, donde estaba el arca de Dios.

El Señor llamó a Samuel, y él respondió: «Aquí estoy». Fue corriendo a donde estaba Elí y le dijo: «Aquí estoy; vengo porque me has llarnado». Respondió Elí: «No te he llamado; vuelve a acostarte». Samuel volvió a acostarse. Volvió a llamar el Señor a Samuel. Él se levantó y fue a donde estaba Elí y le dijo: «Aqui estoy; vengo porque me has llamado». Respondió Elí: «No te he llamado, hijo mío; vuelve a acostarte». Aún no conocía Samuel al Señor, pues no le había sido revelada la palabra del Señor. Por tercera vez llamó el Señor a Samuel, y él se fue a donde estaba Elí y le dijo: «Aquí estoy; vengo porque me has llamado». Elí comprendió que era el Señor quien llamaba al muchacho, y dijo a Samuel: «Anda, acuéstate; y si te llama alguien, responde: ‘Habla, Señor, que tu siervo te escucha’».

Samuel fue y se acostó en su sitio. El Señor se presentó y le llamó como antes: «¡Samuel, Samuel!». Él respondió: «Habla, que tu siervo te escucha». Samuel crecía, y el Señor estaba con él; ninguna de sus palabras dejó de cumplirse; y todo Israel, desde Dan hasta Berseba, supo que Samuel era profeta acreditado ante el Señor.


Salmo responsorial: 39

R/. Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad.

Yo esperaba con ansia al Señor; él se inclinó y escuchó mi grito. Dichoso el hombre que ha puesto su confianza en el Señor, y no acude a los idólatras, que se extravían con engaños.

Tú no quieres sacrificios ni ofrendas, y, en cambio, me abriste el oído; no pides sacrificio expiatorio, entonces yo digo: «Aquí estoy».

«Como está escrito en mi libro: para hacer tu voluntad». Dios mío, lo quiero, y llevo tu ley en las entrañas.

He proclamado tu salvación ante la gran asamblea; no he cerrado los labios: Señor, tú lo sabes.


Versículo antes del Evangelio (Jn 10, 27): Aleluya. Mis ovejas oyen mi voz, dice el Señor; y yo las conozco y me siguen. Aleluya.




Texto del Evangelio (Mc 1, 29-39): En aquel tiempo, Jesús, saliendo de la sinagoga se fue con Santiago y Juan a casa de Simón y Andrés. La suegra de Simón estaba en cama con fiebre; y le hablan de ella. Se acercó y, tomándola de la mano, la levantó. La fiebre la dejó y ella se puso a servirles.
Al atardecer, a la puesta del sol, le trajeron todos los enfermos y endemoniados; la ciudad entera estaba agolpada a la puerta. Jesús curó a muchos que se encontraban mal de diversas enfermedades y expulsó muchos demonios. Y no dejaba hablar a los demonios, pues le conocían.
De madrugada, cuando todavía estaba muy oscuro, se levantó, salió y fue a un lugar solitario y allí se puso a hacer oración. Simón y sus compañeros fueron en su busca; al encontrarle, le dicen: «Todos te buscan». El les dice: «Vayamos a otra parte, a los pueblos vecinos, para que también allí predique; pues para eso he salido». Y recorrió toda Galilea, predicando en sus sinagogas y expulsando los demonios.




“Todo el mundo te busca” (Mc 1, 29-39)

Señor Jesús, que yo te busque hoy en los hombres y mujeres con los que me cruce a lo largo del día, con sus alegrías y tristezas, con sus angustias y esperanzas, con sus búsquedas y sus deseos más profundos. 

Que yo te busque hoy, Señor Jesús, allí donde haya alguien que necesite ser escuchado, levantado, dignificado, allí donde alguien grite a voces o desde la más absoluta afonía.

Que yo te busque hoy, Señor Jesús, que vaya a tu encuentro, que me dedique 5 minutos a estar ante tu presencia, que guste tu Palabra, que ore pidiéndote que te busque sin descanso.

Que yo te busque hoy, Señor Jesús, porque sin Ti qué sería mi vida, qué fundamentaría mi existencia, qué valor tendrían mis opciones, mis acciones y mis compromisos. 

Que yo te busque como Tú me buscas: sin condiciones, sin miedos, sin más intención que amar más y amar mejor, sin más objetivo de sentir que me amas y que nunca me abandonas.

Señor Jesús, que te busque hoy. Afina mis sentidos y sintoniza mi corazón.  Y haz posible la paz en nuestro mundo. 

Así te lo pido. Así sea.






TERNURA (José María Porta Tovar)


Buscar entre los bosques la espesura,
para decirte a solas mis amores
y compartir sonrisas y temores:
eso es cariño, amor, eso es ternura.

Sentir fascinación por tu hermosura,
llorar contigo siempre que tú llores
y hacer que de mis besos te enamores:
eso es cariño, amor, eso es ternura.

Vivir lejos de ti desesperado,
mi barca a la deriva, a la aventura,
y a ti volver de nuevo esperanzado,

tomar entre mis manos tu cintura
y acariciarte, feliz y enamorado:
eso es cariño, amor, eso es ternura. 



martes, 13 de enero de 2026

MARTES 1º TIEMPO ORDINARIO A


Buenos días. Es martes y la palabra de Dios nos da un mensaje claro, sus palabras de autoridad son signos de que Dios ha llegado; el reinado de Dios está presente porque habla a los espíritus inmundos y le obedecen. Y es que como nos señala el salmo: "El Señor levanta de la basura al pobre para hacer que se sienta como un príncipe". Deberíamos confiar más en sus promesas y pedirle que nos aumente la fe. Ese es el ejemplo que representa hoy la primera lectura: Ana reza con fe y la oración le cambia hasta el rostro porque confía que Dios le dará lo que necesita. Escuchemos la palabra de autoridad de Cristo en nuestras vidas y pidamos que nos aumente la fe. Seamos buenos y confiemos en Dios, que da la pobreza y la riqueza. 



1ª Lectura (1Sam 1, 9-20): En aquellos dias, después de la comida en Siló, mientras el sacerdote Elí estaba sentado en su silla junto a la puerta del templo, Ana se levantó y, con el alma llena de amargura, se puso a rezar al Señor, llorando a todo llorar. Y añadió esta promesa: «Señor de los ejércitos, si te fijas en la humillación de tu sierva y te acuerdas de mí, si no te olvidas de tu sierva y le das a tu sierva un hijo varón, se lo entrego al Señor de por vida, y no pasará la navaja por su cabeza».

Mientras ella rezaba y rezaba al Señor, Elí observaba sus labios. Y, como Ana hablaba para sí, y no se oía su voz aunque movía los labios, Elí la creyó borracha y le dijo: «¿Hasta cuándo te va a durar la borrachera? A ver si se te pasa el efecto del vino». Ana respondió: «No es así, Señor. Soy una mujer que sufre. No he bebido vino ni licor, estaba desahogándome ante el Señor. No creas que esta sierva tuya es una descarada; si he estado hablando hasta ahora, ha sido de pura congoja y aflicción». Entonces Elí le dijo: «Vete en paz. Que el Dios de Israel te conceda lo que le has pedido». Ana respondió: «Que puedas favorecer siempre a esta sierva tuya».

Luego se fue por su camino, comió, y no parecía la de antes. A la mañana siguiente madrugaron, adoraron al Señor y se volvieron. Llegados a su casa de Ramá, Elcaná se unió a su mujer Ana, y el Señor se acordó de ella. Ana concibió, dio a luz un hijo y le puso de nombre Samuel, diciendo: «Al Señor se lo pedí».


Salmo responsorial: 1Sam

R/. Mi corazón se regocija por el Señor, mi salvador.

Mi corazón se regocija por el Señor, mi poder se exalta por Dios; mi boca se ríe de mis enemigos, porque gozo con tu salvación.

Se rompen los arcos de los valientes, mientras los cobardes se ciñen de valor; los hartos se contratan por el pan, mientras los hambrientos engordan; la mujer estéril da a luz siete hijos, mientras la madre de muchos queda baldía.

El Señor da la muerte y la vida, hunde en el abismo y levanta; da la pobreza y la riqueza, humilla y enaltece.

Él levanta del polvo al desvalido, alza de la basura al pobre, para hacer que se siente entre príncipes y que herede un trono de gloria.


Versículo antes del Evangelio (1Tes 2, 13): Aleluya. Recibid la Palabra de Dios no como palabra de hombres, sino según es en verdad, como Palabra de Dios. Aleluya.




Texto del Evangelio (Mc 1, 21-28): Llegó Jesús a Cafarnaum y el sábado entró en la sinagoga y se puso a enseñar. Y quedaban asombrados de su doctrina, porque les enseñaba como quien tiene autoridad, y no como los escribas. Había precisamente en su sinagoga un hombre poseído por un espíritu inmundo, que se puso a gritar: «¿Qué tenemos nosotros contigo, Jesús de Nazaret? ¿Has venido a destruirnos? Sé quién eres tú: el Santo de Dios». Jesús, entonces, le conminó diciendo: «Cállate y sal de él». Y agitándole violentamente el espíritu inmundo, dio un fuerte grito y salió de él.
Todos quedaron pasmados de tal manera que se preguntaban unos a otros: «¿Qué es esto? ¡Una doctrina nueva, expuesta con autoridad! Manda hasta a los espíritus inmundos y le obedecen». Bien pronto su fama se extendió por todas partes, en toda la región de Galilea.



"Jesús no enseñaba como los escribas, sino con autoridad" (Mc 1, 21-28)

Señor, Dios nuestro, enséñanos a enseñar, sé Tú nuestro maestro, sé Tú nuestro modelo, nuestro camino y nuestra pedagogía. Haz que nuestra vida sea nuestra mejor lección. 

Señor, Dios nuestro, enséñanos a enseñar no con razones y principios, no con elucubraciones y demostraciones, sino con autoridad, con la autoridad que procede del servicio, de la disponibilidad y de la caridad que sostiene todo lo fraterno.

Señor, Dios nuestro, enséñanos a enseñar, haznos siempre aprendices, siempre en camino, siempre en formación. Que la Verdad guíe siempre nuestra búsqueda. 

Señor, Dios nuestro, enséñame a enseñar con tu autoridad, sanando, desde mi propio ser y sentirme hijo y  discípulo tuyo. Que enseñe más con mi vida que con mis discursos, más con mis gestos solidarios que con declaraciones de intenciones. 

Señor, Dios nuestro, enséñame a ser como Tú y a pasar por la vida haciendo el bien como Tú . 

Así te lo pido. Así sea.







SOÑAR CONTIGO (José María Porta Tovar)

Todo ocurrió una noche silenciosa,
cuando, testigos el amor y el viento,
nació en mi corazón el sentimiento
de acariciarte plácida y gozosa.

Era la mar tranquila y luminosa,
y yo, buscando amor y entendimiento,
soñé que, junto a mí, por un momento,
bailabas tú, feliz y jubilosa.

Tu cuerpo un fino tallo de mimosa 
abierto al estrellado firmamento.
Tus brazos y tus manos un lamento,
una llamada al cielo misteriosa.

Tus piernas una dádiva graciosa,
una ofrenda de amor y de contento.
Tus pechos dos suspiros de tu aliento,
de tu bondad, mujer maravillosa.

Soñando, amor, detrás de la cañada,
donde la mar se abraza con el río,
quise sentir tu cuerpo junto al mío
y así soñando hallar la madrugada.

Y al quiebro de la noche, en la vaguada,
bañada por la luna tu figura,
soñé que, junto a mí, por la cintura,
prendida te tenía y abrazada.




lunes, 12 de enero de 2026

MARTIRIO Y ORACIÓN SANTA TATIANA


La santa mártir Tatiana nació en una ilustre familia romana; su padre fue elegido cónsul tres veces. Él era cristiano en secreto y crio a su hija dedicada a Dios y a la Iglesia. Al llegar a la edad adulta, Tatiana no contrajo matrimonio, sino que con todas sus fuerzas se dedicó a la Iglesia. Fue nombrada diaconisa en una de las iglesias romanas y sirvió a Dios en ayuno y oración, cuidando a los enfermos y ayudando a los necesitados. Por su rectitud, Tatiana alcanzó en el futuro la corona del martirio.


Cuando Roma fue gobernada por el joven de dieciséis años Alejandro Severo (222‑235), todo el poder se concentró en las manos del malvado enemigo y perseguidor de los cristianos, Ulpiano. La sangre cristiana corría como ríos. También fue arrestada la diaconisa Tatiana. Cuando la llevaron al templo de Apolo para obligarla a ofrecer sacrificio al ídolo, la santa comenzó a orar, y de repente ocurrió un terremoto: el ídolo se hizo pedazos y parte del templo se derrumbó y cayó sobre los sacerdotes paganos y muchos paganos. El demonio que habitaba en el ídolo salió con un aullido de ese lugar, y todos lo vieron volar por el aire como un espectro.


Entonces comenzaron a golpear a la santa virgen en los ojos, pero ella soportó todo valientemente, orando por sus verdugos para que el Señor abriera sus ojos espirituales. Y el Señor escuchó la oración de Su sierva. Los verdugos vieron que cuatro ángeles rodeaban a la santa y la protegían de los golpes; escucharon una voz del cielo dirigida a la santa mártir. Todos ellos, ocho hombres, creyeron en Cristo y cayeron de rodillas ante Santa Tatiana, rogándole que los perdonara por sus ofensas contra ella. Por confesarse cristianos, fueron sometidos a torturas y ejecución, recibiendo el bautismo con sangre.


Santa Tatiana fue nuevamente sometida a torturas en otro día: la desnudaron y la golpearon, le cortaron el cuerpo con navajas, y de sus heridas emanaba una fragancia en el aire. Los torturadores se agotaron y dijeron que alguien invisible los golpeaba con varas de hierro, y nueve de ellos cayeron muertos. Luego arrojaron a la santa a prisión, donde oró toda la noche y, con los ángeles, cantó alabanzas al Señor.


Un nuevo día comenzó, y nuevamente llevaron a Santa Tatiana al tribunal. Los torturadores se asombraron al verla, pues después de tan terribles tormentos, parecía completamente sana y aún más radiante y hermosa que antes. Comenzaron a insistir en que ofreciera sacrificios a la diosa Diana. La santa pareció aceptar, y la llevaron al templo pagano. Santa Tatiana hizo la señal de la cruz y comenzó a orar, y de repente sonó un estruendo de truenos ensordecedores, y un rayo destruyó el ídolo, las ofrendas sacrificiales y a los sacerdotes paganos.


Nuevamente torturaron ferozmente a la mártir y, por la noche, la arrojaron de nuevo a prisión, y otra vez aparecieron ángeles para curar sus heridas. Al día siguiente, llevaron a Santa Tatiana al circo y soltaron contra ella un león hambriento; la bestia no tocó a la santa, sino que se echó mansamente a sus pies. Cuando intentaron encerrar nuevamente al león en su jaula, este atacó y desgarró a uno de los torturadores.


Arrojaron a Tatiana al fuego, pero el fuego no la dañó. Los paganos, pensando que era una hechicera, le cortaron el cabello para quitarle sus supuestos poderes mágicos y la encerraron en el templo de Zeus. Pero era imposible quitarle el poder de Dios. Al tercer día, los sacerdotes paganos llegaron con una multitud, preparados para ofrecer sacrificios. Al abrir el templo, encontraron al ídolo derribado en el polvo y a la santa mártir Tatiana invocando con gozo el Nombre del Señor Jesucristo.


Todos los instrumentos de tortura se habían desgastado, y finalmente dictaron sentencia de muerte: la valiente mártir fue decapitada con una espada. También fue ejecutado como cristiano su padre, por haberle mostrado la verdadera fe en Cristo.




ORACIÓN


Tu cordera Tatiana clama a Ti, oh Jesús, con fuerte voz: “Te amo, mi Esposo, y al buscarte, soporto el sufrimiento. En el bautismo fui crucificada para reinar en Ti, y morí para vivir contigo. Acéptame como un sacrificio puro, pues me he ofrecido en amor”.

Por sus oraciones, salva nuestras almas, ya que eres misericordioso.

Tatiana, en tus sufrimientos brillaste intensamente con el púrpura real de tu sangre, y como una hermosa paloma volaste al cielo, portadora de la pasión. Por lo tanto, ruega siempre por aquellos que te honran.