Buenos días. Es martes y la palabra de Dios nos da un mensaje claro, sus palabras de autoridad son signos de que Dios ha llegado; el reinado de Dios está presente porque habla a los espíritus inmundos y le obedecen. Y es que como nos señala el salmo: "El Señor levanta de la basura al pobre para hacer que se sienta como un príncipe". Deberíamos confiar más en sus promesas y pedirle que nos aumente la fe. Ese es el ejemplo que representa hoy la primera lectura: Ana reza con fe y la oración le cambia hasta el rostro porque confía que Dios le dará lo que necesita. Escuchemos la palabra de autoridad de Cristo en nuestras vidas y pidamos que nos aumente la fe. Seamos buenos y confiemos en Dios, que da la pobreza y la riqueza.
1ª Lectura (1Sam 1, 9-20): En aquellos dias, después de la comida en Siló, mientras el sacerdote Elí estaba sentado en su silla junto a la puerta del templo, Ana se levantó y, con el alma llena de amargura, se puso a rezar al Señor, llorando a todo llorar. Y añadió esta promesa: «Señor de los ejércitos, si te fijas en la humillación de tu sierva y te acuerdas de mí, si no te olvidas de tu sierva y le das a tu sierva un hijo varón, se lo entrego al Señor de por vida, y no pasará la navaja por su cabeza».
Mientras ella rezaba y rezaba al Señor, Elí observaba sus labios. Y, como Ana hablaba para sí, y no se oía su voz aunque movía los labios, Elí la creyó borracha y le dijo: «¿Hasta cuándo te va a durar la borrachera? A ver si se te pasa el efecto del vino». Ana respondió: «No es así, Señor. Soy una mujer que sufre. No he bebido vino ni licor, estaba desahogándome ante el Señor. No creas que esta sierva tuya es una descarada; si he estado hablando hasta ahora, ha sido de pura congoja y aflicción». Entonces Elí le dijo: «Vete en paz. Que el Dios de Israel te conceda lo que le has pedido». Ana respondió: «Que puedas favorecer siempre a esta sierva tuya».
Luego se fue por su camino, comió, y no parecía la de antes. A la mañana siguiente madrugaron, adoraron al Señor y se volvieron. Llegados a su casa de Ramá, Elcaná se unió a su mujer Ana, y el Señor se acordó de ella. Ana concibió, dio a luz un hijo y le puso de nombre Samuel, diciendo: «Al Señor se lo pedí».
Salmo responsorial: 1Sam
R/. Mi corazón se regocija por el Señor, mi salvador.
Mi corazón se regocija por el Señor, mi poder se exalta por Dios; mi boca se ríe de mis enemigos, porque gozo con tu salvación.
Se rompen los arcos de los valientes, mientras los cobardes se ciñen de valor; los hartos se contratan por el pan, mientras los hambrientos engordan; la mujer estéril da a luz siete hijos, mientras la madre de muchos queda baldía.
El Señor da la muerte y la vida, hunde en el abismo y levanta; da la pobreza y la riqueza, humilla y enaltece.
Él levanta del polvo al desvalido, alza de la basura al pobre, para hacer que se siente entre príncipes y que herede un trono de gloria.
Versículo antes del Evangelio (1Tes 2, 13): Aleluya. Recibid la Palabra de Dios no como palabra de hombres, sino según es en verdad, como Palabra de Dios. Aleluya.
Texto del Evangelio (Mc 1, 21-28): Llegó Jesús a Cafarnaum y el sábado entró en la sinagoga y se puso a enseñar. Y quedaban asombrados de su doctrina, porque les enseñaba como quien tiene autoridad, y no como los escribas. Había precisamente en su sinagoga un hombre poseído por un espíritu inmundo, que se puso a gritar: «¿Qué tenemos nosotros contigo, Jesús de Nazaret? ¿Has venido a destruirnos? Sé quién eres tú: el Santo de Dios». Jesús, entonces, le conminó diciendo: «Cállate y sal de él». Y agitándole violentamente el espíritu inmundo, dio un fuerte grito y salió de él.
Todos quedaron pasmados de tal manera que se preguntaban unos a otros: «¿Qué es esto? ¡Una doctrina nueva, expuesta con autoridad! Manda hasta a los espíritus inmundos y le obedecen». Bien pronto su fama se extendió por todas partes, en toda la región de Galilea.
"Jesús no enseñaba como los escribas, sino con autoridad" (Mc 1, 21-28)
Señor, Dios nuestro, enséñanos a enseñar, sé Tú nuestro maestro, sé Tú nuestro modelo, nuestro camino y nuestra pedagogía. Haz que nuestra vida sea nuestra mejor lección.
Señor, Dios nuestro, enséñanos a enseñar no con razones y principios, no con elucubraciones y demostraciones, sino con autoridad, con la autoridad que procede del servicio, de la disponibilidad y de la caridad que sostiene todo lo fraterno.
Señor, Dios nuestro, enséñanos a enseñar, haznos siempre aprendices, siempre en camino, siempre en formación. Que la Verdad guíe siempre nuestra búsqueda.
Señor, Dios nuestro, enséñame a enseñar con tu autoridad, sanando, desde mi propio ser y sentirme hijo y discípulo tuyo. Que enseñe más con mi vida que con mis discursos, más con mis gestos solidarios que con declaraciones de intenciones.
Señor, Dios nuestro, enséñame a ser como Tú y a pasar por la vida haciendo el bien como Tú .
La santa mártir Tatiana nació en una ilustre familia romana; su padre fue elegido cónsul tres veces. Él era cristiano en secreto y crio a su hija dedicada a Dios y a la Iglesia. Al llegar a la edad adulta, Tatiana no contrajo matrimonio, sino que con todas sus fuerzas se dedicó a la Iglesia. Fue nombrada diaconisa en una de las iglesias romanas y sirvió a Dios en ayuno y oración, cuidando a los enfermos y ayudando a los necesitados. Por su rectitud, Tatiana alcanzó en el futuro la corona del martirio.
Cuando Roma fue gobernada por el joven de dieciséis años Alejandro Severo (222‑235), todo el poder se concentró en las manos del malvado enemigo y perseguidor de los cristianos, Ulpiano. La sangre cristiana corría como ríos. También fue arrestada la diaconisa Tatiana. Cuando la llevaron al templo de Apolo para obligarla a ofrecer sacrificio al ídolo, la santa comenzó a orar, y de repente ocurrió un terremoto: el ídolo se hizo pedazos y parte del templo se derrumbó y cayó sobre los sacerdotes paganos y muchos paganos. El demonio que habitaba en el ídolo salió con un aullido de ese lugar, y todos lo vieron volar por el aire como un espectro.
Entonces comenzaron a golpear a la santa virgen en los ojos, pero ella soportó todo valientemente, orando por sus verdugos para que el Señor abriera sus ojos espirituales. Y el Señor escuchó la oración de Su sierva. Los verdugos vieron que cuatro ángeles rodeaban a la santa y la protegían de los golpes; escucharon una voz del cielo dirigida a la santa mártir. Todos ellos, ocho hombres, creyeron en Cristo y cayeron de rodillas ante Santa Tatiana, rogándole que los perdonara por sus ofensas contra ella. Por confesarse cristianos, fueron sometidos a torturas y ejecución, recibiendo el bautismo con sangre.
Santa Tatiana fue nuevamente sometida a torturas en otro día: la desnudaron y la golpearon, le cortaron el cuerpo con navajas, y de sus heridas emanaba una fragancia en el aire. Los torturadores se agotaron y dijeron que alguien invisible los golpeaba con varas de hierro, y nueve de ellos cayeron muertos. Luego arrojaron a la santa a prisión, donde oró toda la noche y, con los ángeles, cantó alabanzas al Señor.
Un nuevo día comenzó, y nuevamente llevaron a Santa Tatiana al tribunal. Los torturadores se asombraron al verla, pues después de tan terribles tormentos, parecía completamente sana y aún más radiante y hermosa que antes. Comenzaron a insistir en que ofreciera sacrificios a la diosa Diana. La santa pareció aceptar, y la llevaron al templo pagano. Santa Tatiana hizo la señal de la cruz y comenzó a orar, y de repente sonó un estruendo de truenos ensordecedores, y un rayo destruyó el ídolo, las ofrendas sacrificiales y a los sacerdotes paganos.
Nuevamente torturaron ferozmente a la mártir y, por la noche, la arrojaron de nuevo a prisión, y otra vez aparecieron ángeles para curar sus heridas. Al día siguiente, llevaron a Santa Tatiana al circo y soltaron contra ella un león hambriento; la bestia no tocó a la santa, sino que se echó mansamente a sus pies. Cuando intentaron encerrar nuevamente al león en su jaula, este atacó y desgarró a uno de los torturadores.
Arrojaron a Tatiana al fuego, pero el fuego no la dañó. Los paganos, pensando que era una hechicera, le cortaron el cabello para quitarle sus supuestos poderes mágicos y la encerraron en el templo de Zeus. Pero era imposible quitarle el poder de Dios. Al tercer día, los sacerdotes paganos llegaron con una multitud, preparados para ofrecer sacrificios. Al abrir el templo, encontraron al ídolo derribado en el polvo y a la santa mártir Tatiana invocando con gozo el Nombre del Señor Jesucristo.
Todos los instrumentos de tortura se habían desgastado, y finalmente dictaron sentencia de muerte: la valiente mártir fue decapitada con una espada. También fue ejecutado como cristiano su padre, por haberle mostrado la verdadera fe en Cristo.
ORACIÓN
Tu cordera Tatiana clama a Ti, oh Jesús, con fuerte voz: “Te amo, mi Esposo, y al buscarte, soporto el sufrimiento. En el bautismo fui crucificada para reinar en Ti, y morí para vivir contigo. Acéptame como un sacrificio puro, pues me he ofrecido en amor”.
Por sus oraciones, salva nuestras almas, ya que eres misericordioso.
Tatiana, en tus sufrimientos brillaste intensamente con el púrpura real de tu sangre, y como una hermosa paloma volaste al cielo, portadora de la pasión. Por lo tanto, ruega siempre por aquellos que te honran.
Oh Dios Todopoderoso, te pedimos por la intercesión de san Arcadio, mártir fiel. Te rogamos, que sigamos su ejemplo de amor y fidelidad a pesar de las adversidades. Fortalécenos, oh Señor, para que podamos resistir valientemente las pruebas y desafíos de nuestra vida diaria. Inspíranos a mantenernos firmes en nuestra fe, aunque enfrentemos dificultades y tentaciones. San Arcadio, modelo de coraje y amor a Dios, ruega por nosotros para que, a ejemplo tuyo, podamos amar y seguir a Cristo incluso en los momentos más difíciles. Concédenos la gracia de una fe inquebrantable y un amor ardiente por nuestro Señor Jesucristo. Amén.
Buenos días. Hoy lunes comienza el tiempo ordinario. Y una invitación del evangelio nos dice: Convertíos y creed en el Evangelio. Quizá lo más difícil para el hombre es creer, porque supone dar confianza a una promesa que no podemos ver, y que en muchas ocasiones parece que no existe. La primera lectura hoy nos muestra que dos mujeres casadas con el mismo hombre una de ellas es fértil y tiene hijos, la otra no. Pero sin embargo, su marido la ama y le demuestra su amor, a pesar de que la otra mujer se burle de ella por su dolor de no tener hijos. Dios está siempre presente y nos ama a pesar de que el mundo se burle de nosotros por nuestros problemas. El nos dice que nos ama, sin condiciones. ¿Nos basta su amor? ¿Confiamos en su invitación y creemos en la Buena Noticia que nos regala? Seamos buenos, confiemos en Dios y seremos auténticos pescadores de hombres.
1ª Lectura (1Sam 1, 1-8): Había un hombre sufita, oriundo de Ramá, en la serranía de Efraín, llamado Elcaná, hijo de Yeroján, hijo de Elihú, hijo de Toju, hijo de Suf, efraimita. Tenía dos mujeres: una se llamaba Ana y la otra Fenina; Fenina tenía hijos, y Ana no los tenía. Aquel hombre solía subir todos los años desde su pueblo, para adorar y ofrecer sacrificios al Señor de los ejércitos en Siló, donde estaban de sacerdotes del Señor los dos hijos de Elí, Jofní y Fineés.
Llegado el día de ofrecer el sacrificio, repartía raciones a su mujer Fenina para sus hijos e hijas, mientras que a Ana le daba sólo una ración; y eso que la quería, pero el Señor la había hecho estéril. Su rival la insultaba, ensañándose con ella para mortificarla, porque el Señor la había hecho estéril. Así hacía año tras año; siempre que subían al templo del Señor, solía insultarla así.
Una vez Ana lloraba y no comía. Y Elcaná, su marido, le dijo: «Ana, ¿por qué lloras y no comes? ¿Por qué te afliges? ¿No te valgo yo más que diez hijos?».
Salmo responsorial: 115
R/. Te ofreceré, Señor, un sacrificio de alabanza.
¿Cómo pagaré al Señor todo el bien que me ha hecho? Alzaré la copa de la salvación, invocando su nombre.
Cumpliré al Señor mis votos en presencia de todo el pueblo. Te ofreceré un sacrificio de alabanza, invocando tu nombre, Señor.
Cumpliré al Señor mis votos en presencia de todo el pueblo, en el atrio de la casa del Señor, en medio de ti, Jerusalén.
Versículo antes del Evangelio (Mc 1, 15): Aleluya. Se ha acercado el Reino de Dios, dice el Señor: haced penitencia y creed al Evangelio. Aleluya.
Texto del Evangelio (Mc 1, 14-20): Después que Juan fue entregado, marchó Jesús a Galilea; y proclamaba la Buena Nueva de Dios: «El tiempo se ha cumplido y el Reino de Dios está cerca; convertíos y creed en la Buena Nueva». Bordeando el mar de Galilea, vio a Simón y Andrés, el hermano de Simón, largando las redes en el mar, pues eran pescadores. Jesús les dijo: «Venid conmigo, y os haré llegar a ser pescadores de hombres». Al instante, dejando las redes, le siguieron. Caminando un poco más adelante, vio a Santiago, el de Zebedeo, y a su hermano Juan; estaban también en la barca arreglando las redes; y al instante los llamó. Y ellos, dejando a su padre Zebedeo en la barca con los jornaleros, se fueron tras Él.
Buenos días. Feliz Navidad. Hoy terminamos el tiempo de Navidad con la fiesta del Bautismo de Cristo. Las lecturas nos quieren enseñar que el Bautismo de conversión que recibe Cristo es imagen de lo que ha venido a traer al mundo. Se abren los cielos, desciende el Espíritu Santo y el Padre proclama: "Este es mi Hijo amado". La Trinidad completa queda mostrada para señalar al hombre el camino de la liberación del pecado y de la muerte. Cristo asume en su cuerpo la misión de convertirse en el Cordero que será sacrificado por los pecados del mundo. Y nosotros, que hemos recibido un bautismo en Cristo, también nos hemos convertido en hijos amados de Dios, y nuestra misión será reflejar su amor en el mundo. Seamos buenos y confiemos en Dios, que trae la paz y la gloria.
1ª Lectura (Is 42, 1-4.6-7): Esto dice el Señor: «Mirad a mi siervo, a quien sostengo; mi elegido, en quien me complazco. He puesto mi espíritu sobre él, manifestará la justicia a las naciones. No gritará, no clamará, no voceará por las calles. La caña cascada no la quebrará, la mecha vacilante no la apagará. Manifestará la justicia con verdad. No vacilará ni se quebrará, hasta implantar la justicia en el país. En su ley esperan las islas.
»Yo, el Señor, te he llamado en mi justicia, te cogí de la mano, te formé e hice de ti alianza de un pueblo y luz de las naciones, para que abras los ojos de los ciegos, saques a los cautivos de la cárcel, de la prisión a los que habitan en tinieblas».
Salmo responsorial: 28
R/. El Señor bendice a su pueblo con la paz.
Hijos de Dios, aclamad al Señor, aclamad la gloria del nombre del Señor, postraos ante el Señor en el atrio sagrado.
La voz del Señor sobre las aguas, el Señor sobre las aguas torrenciales. La voz del Señor es potente, la voz del Señor es magnífica.
El Dios de la gloria ha tronado. En su templo un grito unánime: «¡Gloria!». El Señor se sienta sobre las aguas del diluvio, el Señor se sienta como rey eterno.
2ª Lectura (Hch 10, 34-38): En aquellos días, Pedro tomó la palabra y dijo: «Ahora comprendo con toda verdad que Dios no hace acepción de personas, sino que acepta al que lo teme y practica la justicia, sea de la nación que sea. Envió su palabra a los hijos de Israel, anunciando la Buena Nueva de la paz que traería Jesucristo, el Señor de todos.
»Vosotros conocéis lo que sucedió en toda Judea, comenzando por Galilea, después del bautismo que predicó Juan. Me refiero a Jesús de Nazaret, ungido por Dios con la fuerza del Espíritu Santo, que pasó haciendo el bien y curando a todos los oprimidos por el diablo, porque Dios estaba con él».
Versículo antes del Evangelio (Cf. Mc 1, 11): Aleluya. Se abrió el cielo y resonó la voz del Padre, que decía: ‘Éste es mi Hijo amado; escuchadlo’. Aleluya.
Texto del Evangelio (Mt 3, 13-17): En aquel tiempo, Jesús vino de Galilea al Jordán donde estaba Juan, para ser bautizado por él. Pero Juan trataba de impedírselo diciendo: «Soy yo el que necesita ser bautizado por ti, ¿y tú vienes a mí?». Jesús le respondió: «Déjame ahora, pues conviene que así cumplamos toda justicia». Entonces le dejó. Bautizado Jesús, salió luego del agua; y en esto se abrieron los cielos y vio al Espíritu de Dios que bajaba en forma de paloma y venía sobre Él. Y una voz que salía de los cielos decía: «Éste es mi Hijo amado, en quien me complazco».
Sigue el plan a que te exhorto, amando al vuelo; hazte cargo que el viaje es largo, ¡muy largo!... y el tiempo es corto, ¡muy corto!... Sé ligera, no traidora; sopla el fuego que no abrasa; quiere, como el que no quiere; sea siempre, como ahora, tu llanto, nube que pasa, tu risa, luz que no muere. Ama mucho, mas de modo que estés siempre enamorada de un cierto todo que es nada, de un cierto nada que es todo. Si ríes, olvida el duelo; si lloras, pasa a la risa; así... de prisa, de prisa; todo al vuelo, todo al vuelo.
Buenos días. Feliz Navidad. Hoy sábado por la mañana las lecturas nos dan una importante lección: cómo podemos amar a Dios al que no vemos si a nuestro prójimo lo aborrecemos. Y es que sabemos que es duro, difícil, amar de verdad al prójimo, pero ¿podemos vivir en un mundo sin amor? ¿Podríamos imaginar un mundo donde lo único que sentimos y expresamos es odio, envidias, rencores, rivalidades, egoísmos…? Por eso Dios ha enviado a Cristo, su único Hijo, para enseñarnos a Amar de verdad y que nos libere de las cegueras, cojeras y esclavitudes y poder construir un mundo nuevo, donde reine Dios, reine el auténtico Amor. Para traer la gracia de Dios. Seamos buenos y confiemos en Dios, que nos envía su Espíritu Santo para que amemos en espíritu y verdad.
1ª Lectura (1Jn 4, 19—5,4): Queridos hijos: Amamos a Dios, porque él nos amó primero. Si alguno dice: «Amo a Dios» y aborrece a su hermano, es un mentiroso, pues quien no ama a su hermano, a quien ve, no puede amar a Dios, a quien no ve. Además, Jesús nos ha dado este mandamiento: El que ama a Dios, que ame también a su hermano.
Todo el que cree que Jesús es el Mesías, ha nacido de Dios. Todo el que ama a un padre, ama también a los hijos de éste. Conocemos que amamos a los hijos de Dios en que amamos a Dios y cumplimos sus mandamientos, pues el amor de Dios consiste en que cumplamos sus preceptos. Y sus mandamientos no son pesados, porque todo el que ha nacido de Dios vence al mundo. Y nuestra fe es la que nos ha dado la victoria sobre el mundo.
Salmo responsorial: 71
R/. Que te adoren, Señor, todos los pueblos.
Comunica, Señor, al rey tu juicio y tu justicia, al que hijo de reyes; así tu siervo saldrá en defensa de tus pobres y regirá a tu pueblo justamente.
De la opresión rescatará a los pobres, pues estima su vida muy valiosa. Por eso rogarán por él sin tregua y lo bendecirán a todas horas.
Que bendigan al Señor eternamente y tanto como el sol, viva su nombre. Que sea la bendición del mundo entero y lo aclamen dichoso las naciones.
Versículo antes del Evangelio: Aleluya. El Señor me ha enviado para llevar a los pobres la buena nueva y anunciar la liberación a los cautivos. Aleluya.
Texto del Evangelio (Lc 4, 14-22): En aquel tiempo, Jesús volvió a Galilea por la fuerza del Espíritu, y su fama se extendió por toda la región. Él iba enseñando en sus sinagogas, alabado por todos.
Vino a Nazaret, donde se había criado y, según su costumbre, entró en la sinagoga el día de sábado, y se levantó para hacer la lectura. Le entregaron el volumen del profeta Isaías y desenrollando el volumen, halló el pasaje donde estaba escrito: «El Espíritu del Señor está sobre mí, porque me ha ungido para anunciar a los pobres la Buena Nueva, me ha enviado a proclamar la liberación a los cautivos y la vista a los ciegos, para dar la libertad a los oprimidos y proclamar un año de gracia del Señor».
Enrollando el volumen lo devolvió al ministro, y se sentó. En la sinagoga todos los ojos estaban fijos en Él. Comenzó, pues, a decirles: «Esta Escritura, que acabáis de oír, se ha cumplido hoy». Y todos daban testimonio de Él y estaban admirados de las palabras llenas de gracia que salían de su boca.