Hoy el evangelio de Mateo nos habla de cómo los cristianos debemos hacer buenas obras, rezar y ayunar. Todo debe ser para que Dios vea cuánto lo amamos y que lo hacemos porque respondemos al amor que nos ha dado. Si Eliseo recibe dos partes del espíritu de Elías, nosotros hemos recibido el Espíritu Santo que nos da la gracia, la vida, la fuerza de Dios para hacer lo que debemos hacer y siempre por Amor a Dios, nunca por buscar la recompensa. Seamos buenos y confiemos en Dios, que guarda a los que son fieles a su amor.
1ª Lectura (2Re 2, 1.6-14): Cuando el Señor iba a arrebatar a Elías al cielo en el torbellino, Elías y Elíseo se marcharon de Guilgal. Llegaron a Jericó, y Elías dijo a Elíseo: «Quédate aquí, porque el Señor me envía solo hasta el Jordán». Eliseo respondió: «¡Vive Dios! Por tu vida, no te dejaré». Y los dos siguieron caminando. También marcharon cincuenta hombres de la comunidad de profetas y se pararon frente a ellos, a cierta distancia. Los dos se detuvieron junto al Jordán; Elías cogió su manto, lo enrolló, golpeó el agua, y el agua se dividió por medio, y así pasaron ambos a pie enjuto. Mientras pasaban el río, dijo Elías a Elíseo: «Pídeme lo que quieras antes de que me aparten de tu lado». Eliseo pidió: «Déjame en herencia dos tercios de tu espíritu». Elías comentó: «¡No pides nada! Si logras verme cuando me aparten de tu lado, lo tendrás; si no me ves, no lo tendrás». Mientras ellos seguían conversando por el camino, los separó un carro de fuego con caballos de fuego, y Elías subió al cielo en el torbellino. Eliseo lo miraba y gritaba: «¡Padre mío, padre mío, carro y auriga de Israel!». Y ya no lo vio más. Entonces agarró su túnica y la rasgó en dos; luego recogió el manto que se le había caído a Elías, se volvió y se detuvo a la orilla del Jordán; y agarrando el manto de Elías, golpeó el agua diciendo: «¿Dónde está el Dios de Elías, dónde?». Golpeó el agua, el agua se dividió por medio, y Eliseo cruzó.
Salmo responsorial: 30
R/. Sed fuertes y valientes de corazón, los que esperáis en el Señor.
Qué bondad tan grande, Señor, reservas para tus fieles, y concedes a los que a ti se acogen a la vista de todos.
En el asilo de tu presencia los escondes de las conjuras humanas; los ocultas en tu tabernáculo, frente a las lenguas pendencieras.
Amad al Señor, fieles suyos; el Señor guarda a sus leales, y a los soberbios les paga con creces.
Versículo antes del Evangelio (Jn 14, 23): Aleluya. Si alguno me ama, guardará mi palabra, dice el Señor; y mi Padre le amará y vendremos a él. Aleluya.






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