Es domingo y una luz nueva entra en nuestras vidas, el Resucitado. Hoy las lecturas quieren hacernos comprender a través de la imagen de una semilla que Dios planta su Palabra en nuestras vidas y quien la escucha y la lleva a la práctica dará mucho fruto. Mientras tanto todos estamos esperando, como dice san Pablo, la manifestación de la gloria de Dios. Seamos buenos y confiemos en Dios, que su semilla dé frutos en nosotros.
1ª Lectura (Is 55, 10-11): Así dice el Señor: «Como bajan la lluvia y la nieve del cielo, y no vuelven allá sino después de empapar la tierra, de fecundarla y hacerla germinar, para que dé semilla al sembrador y pan al que come, así será mi palabra, que sale de mi boca: no volverá a mí vacía, sino que hará mi voluntad y cumplirá mi encargo».
Salmo responsorial: 64
R/. La semilla cayó en tierra buena y dio fruto.
Tú cuidas de la tierra, la riegas y la enriqueces sin medida; la acequia de Dios va llena de agua, preparas los trigales.
Riegas los surcos, igualas los terrones, tu llovizna los deja mullidos, bendices sus brotes.
Coronas el año con tus bienes, tus carriles rezuman abundancia; rezuman los pastos del páramo, y las colinas se orlan de alegría.
Las praderas se cubren de rebaños, y los valles se visten de mieses, que aclaman y cantan.
2ª Lectura (Rom 8, 18-23): Sostengo que los sufrimientos de ahora no pesan lo que la gloria que un día se nos descubrirá. Porque la creación, expectante, está aguardando la plena manifestación de los hijos de Dios; ella fue sometida a la frustración, no por su voluntad, sino por uno que la sometió; pero fue con la esperanza de que la creación misma se vería liberada de la esclavitud de la corrupción, para entrar en la libertad gloriosa de los hijos de Dios. Porque sabemos que hasta hoy la creación entera está gimiendo toda ella con dolores de parto. Y no sólo eso; también nosotros, que poseemos las primicias del Espíritu, gemimos en nuestro interior, aguardando la hora de ser hijos de Dios, la redención de nuestro cuerpo.
Versículo antes del Evangelio: Aleluya. La semilla es la palabra de Dios y el sembrador es Cristo; todo aquel que lo encuentra vivirá para siempre. Aleluya.
Texto del Evangelio (Mt 13, 1-23): Aquel día, salió Jesús de casa y se sentó a orillas del mar. Y se reunió tanta gente junto a Él, que hubo de subir a sentarse en una barca, y toda la gente se quedaba en la ribera. Y les habló muchas cosas en parábolas.
Decía: «Una vez salió un sembrador a sembrar. Y al sembrar, unas semillas cayeron a lo largo del camino; vinieron las aves y se las comieron. Otras cayeron en pedregal, donde no tenían mucha tierra, y brotaron enseguida por no tener hondura de tierra; pero en cuanto salió el sol se agostaron y, por no tener raíz, se secaron. Otras cayeron entre abrojos; crecieron los abrojos y las ahogaron. Otras cayeron en tierra buena y dieron fruto, una ciento, otra sesenta, otra treinta. El que tenga oídos, que oiga».
Y acercándose los discípulos le dijeron: «¿Por qué les hablas en parábolas?». Él les respondió: «Es que a vosotros se os ha dado el conocer los misterios del Reino de los Cielos, pero a ellos no. Porque a quien tiene se le dará y le sobrará; pero a quien no tiene, aun lo que tiene se le quitará. Por eso les hablo en parábolas, porque viendo no ven, y oyendo no oyen ni entienden. En ellos se cumple la profecía de Isaías: ‘Oír, oiréis, pero no entenderéis, mirar, miraréis, pero no veréis. Porque se ha embotado el corazón de este pueblo, han hecho duros sus oídos, y han cerrado sus ojos; no sea que vean con sus ojos, con sus oídos oigan, con su corazón entiendan y se conviertan, y yo los sane’. ¡Pero dichosos vuestros ojos, porque ven, y vuestros oídos, porque oyen! Pues os aseguro que muchos profetas y justos desearon ver lo que vosotros veis, pero no lo vieron, y oír lo que vosotros oís, pero no lo oyeron.
Vosotros, pues, escuchad la parábola del sembrador. Sucede a todo el que oye la Palabra del Reino y no la comprende, que viene el Maligno y arrebata lo sembrado en su corazón: éste es el que fue sembrado a lo largo del camino. El que fue sembrado en pedregal, es el que oye la Palabra, y al punto la recibe con alegría; pero no tiene raíz en sí mismo, sino que es inconstante y, cuando se presenta una tribulación o persecución por causa de la Palabra, sucumbe enseguida. El que fue sembrado entre los abrojos, es el que oye la Palabra, pero las preocupaciones del mundo y la seducción de las riquezas ahogan la Palabra, y queda sin fruto. Pero el que fue sembrado en tierra buena, es el que oye la Palabra y la comprende: éste sí que da fruto y produce, uno ciento, otro sesenta, otro treinta».
Hoy sábado por la mañana las lecturas nos muestran que la felicidad auténtica está en vivir la vida de manera virtuosa, buscando la sabiduría divina que nos dan una vida recta y desprendida. Dice el salmista que los que buscan al Señor no carecen de nada, esto es lo que quiere Cristo enseñar a los apóstoles: todo aquel que deje de poner su corazón en lo pasajero y mire hacia Dios tendrá la esperanza de la vida eterna. Seamos buenos y confiemos en Dios, que nos mira con misericordia y nos regala la verdadera sabiduría.
Lectura del libro de los Proverbios 2, 1-9
Hijo mío, si aceptas mis palabras,
si quieres conservar mis consejos,
si prestas oído a la sabiduría
y abres tu mente a la prudencia;
si haces venir a la inteligencia
y llamas junto a ti a la prudencia;
si la procuras igual que el dinero
y la buscas lo mismo que un tesoro,
comprenderás lo que es temer al Señor
y alcanzarás el conocimiento de Dios.
Porque el Señor concede sabiduría,
de su boca brotan saber e inteligencia;
atesora acierto para el hombre recto,
es escudo para el de conducta intachable;
custodia la senda del honrado,
guarda el camino de sus fieles.
Entonces podrás comprender
justicia, derecho y rectitud,
el camino que lleva a la felicidad.
Salmo 33, 2-11 R/. Bendigo al Señor en todo momento
Bendigo al Señor en todo momento,
su alabanza está siempre en mi boca;
mi alma se gloria en el Señor:
que los humildes lo escuchen y se alegren. R/.
Proclamad conmigo la grandeza del Señor,
ensalcemos juntos su nombre.
Yo consulté al Señor, y me respondió,
me libró de todas mis ansias. R/.
Contempladlo, y quedaréis radiantes,
vuestro rostro no se avergonzará.
El afligido invocó al Señor,
él lo escuchó y lo salvó de sus angustias. R/.
El ángel del Señor acampa en torno
a quienes lo temen y los protege.
Gustad y ved qué bueno es el Señor,
dichoso el que se acoge a él. R/.
Todos sus santos, temed al Señor,
porque nada les falta a los que lo temen;
los ricos empobrecen y pasan hambre,
los que buscan al Señor no carecen de nada. R/.
Lectura del santo evangelio según san Mateo 19, 27-29
En aquel tiempo, dijo Pedro a Jesús: «Ya ves, nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido; ¿qué nos va a tocar?». Jesús les dijo: «En verdad os digo: cuando llegue la renovación y el Hijo del hombre se siente en el trono de su gloria, también vosotros, los que me habéis seguido, os sentaréis en doce tronos para juzgar a las doce tribus de Israel. Todo el que por mí deja casa, hermanos o hermanas, padre o madre, hijos o tierras, recibirá cien veces más y heredará la vida eterna».
Glorioso san Cristóbal, tú que llevaste al Niño Jesús sobre tus hombros, líbranos de todo mal y peligro en nuestros caminos. Dame, Señor, mano firme y mirada vigilante para que mientras conduzca no cause daño a nadie.
A Ti, Señor, que das la vida y la conservas, te suplico humildemente que guardes hoy la mía. Libra, Señor, a quienes me acompañan de todo choque, enfermedad o accidente. Enséñame a hacer uso de mi vehículo para remedio de las necesidades ajenas y haz que, admirando la belleza de este mundo, logre llegar felizmente a mi destino. Amén.
Hoy viernes las lecturas nos presentan la dificultad de seguir el camino de la fe, que conlleva la persecución por ser fiel al mensaje del Evangelio, y el camino que nos lleva a apartarnos de Dios es el camino que en la primera lectura había escogido el pueblo de Israel, adorando a los ídolos y poniendo su confianza en las potencias políticas de Egipto y Asiria. Por eso Jesús en el evangelio nos presenta que seguir el camino de la fe es difícil, pero con perseverancia y humildad de corazón siempre tendremos palabras para proclamar la grandeza de Dios. El mundo es duro y reacio a escuchar a Dios, pero nosotros debemos ser inteligentes para aprender a vivir en el mundo sin renunciar a Él. Seamos buenos y confiemos en Dios, que nos renueva por dentro para proclamar su misericordia.
1ª Lectura (Os 14, 2-10): Así dice el Señor: «Israel, conviértete al Señor Dios tuyo, porque tropezaste por tu pecado. Preparad vuestro discurso, volved al Señor y decidle: ‘Perdona del todo la iniquidad, recibe benévolo el sacrificio de nuestros labios. No nos salvará Asiria, no montaremos a caballo, no volveremos a llamar Dios a la obra de nuestras manos. En ti encuentra piedad el huérfano’. Yo curaré sus extravíos, los amaré sin que lo merezcan, mi cólera se apartará de ellos. Seré para Israel como rocío, florecerá como azucena, arraigará como el Líbano. Brotarán sus vástagos, será su esplendor como un olivo, su aroma como el Líbano. Vuelven a descansar a su sombra: harán brotar el trigo, florecerán como la viña; será su fama como la del vino del Líbano. Efraín, ¿qué te importan los ídolos? Yo le respondo y le miro: yo soy como un ciprés frondoso: de mí proceden tus frutos. ¿Quién es el sabio que lo comprenda, el prudente que lo entienda? Rectos son los caminos del Señor: los justos andan por ellos, los pecadores tropiezan en ellos».
Salmo responsorial: 50
R/. Mi boca proclamará tu alabanza, Señor.
Misericordia, Dios mío, por tu bondad, por tu inmensa compasión borra mi culpa; lava del todo mi delito, limpia mi pecado.
Te gusta un corazón sincero, y en mi interior me inculcas sabiduría. Rocíame con el hisopo: quedaré limpio; lávame: quedaré más blanco que la nieve.
Oh Dios, crea en mí un corazón puro, renuévame por dentro con espíritu firme; no me arrojes lejos de tu rostro, no me quites tu santo espíritu.
Devuélveme la alegría de tu salvación, afiánzame con espíritu generoso. Señor, me abrirás los labios, y mi boca proclamará tu alabanza.
Versículo antes del Evangelio (Jn 16, 3; 14,26): Aleluya. Cuando venga el Espíritu de la verdad, os enseñará toda la verdad; y os recordará todo aquello que yo os he dicho. Aleluya.
Texto del Evangelio (Mt 10, 16-23): En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «Mirad que yo os envío como ovejas en medio de lobos. Sed, pues, prudentes como las serpientes, y sencillos como las palomas. Guardaos de los hombres, porque os entregarán a los tribunales y os azotarán en sus sinagogas; y por mi causa seréis llevados ante gobernadores y reyes, para que deis testimonio ante ellos y ante los gentiles. Mas cuando os entreguen, no os preocupéis de cómo o qué vais a hablar. Lo que tengáis que hablar se os comunicará en aquel momento. Porque no seréis vosotros los que hablaréis, sino el Espíritu de vuestro Padre el que hablará en vosotros.
Entregará a la muerte hermano a hermano y padre a hijo; se levantarán hijos contra padres y los matarán. Y seréis odiados de todos por causa de mi nombre; pero el que persevere hasta el fin, ese se salvará. Cuando os persigan en una ciudad huid a otra, y si también en esta os persiguen, marchaos a otra. Yo os aseguro: no acabaréis de recorrer las ciudades de Israel antes de que venga el Hijo del hombre».
Oh, Dios omnipotente, que diste fortaleza a las santas mártires Rufina y Segunda para confesar tu santo nombre con valentía. Te rogamos que, por su piadosa intercesión, nos ayudes a experimentar los frutos de su protección y a mantenernos firmes en la fe durante nuestras dificultades. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.
Todos los días Dios nos muestra su amor y cercanía con su palabra y poniendo a nuestro lado lo que necesitamos, por eso hoy en el evangelio leemos que nos deja instrucciones para que confiemos en su presencia y amor. Es cierto que cuando llegan los momentos de dificultad nos cuesta descubrir que Dios nos ama, y a pesar de que nosotros nos apartamos de Él, Dios es como un padre-madre que con ternura cuida y alimenta a su hijo. Así es el Dios que Cristo nos manifiesta, y que nos pide que también nosotros lo manifestemos al mundo con nuestras vidas. Seamos buenos y confiemos en Dios, que se fija en el hombre para darle su amor incondicional.
1ª Lectura (Os 11, 1-4.8c-9): Así dice el Señor: «Cuando Israel era joven, lo amé, desde Egipto llamé a mi hijo. Cuando lo llamaba, él se alejaba, sacrificaba a los Baales, ofrecía incienso a los ídolos. Yo enseñé a andar a Efraín, lo alzaba en brazos; y él no comprendía que yo lo curaba. Con cuerdas humanas, con correas de amor lo atraía; era para ellos como el que levanta el yugo de la cerviz, me inclinaba y le daba de comer. Se me revuelve el corazón, se me conmueven las entrañas. No cederé al ardor de mi cólera, no volveré a destruir a Efraín; que soy Dios, y no hombre; santo en medio de ti, y no enemigo a la puerta».
Salmo responsorial: 79
R/. Que brille tu rostro, Señor, y nos salve.
Pastor de Israel, escucha, tú que te sientas sobre querubines, resplandece; despierta tu poder y ven a salvarnos.
Dios de los ejércitos, vuélvete: mira desde el cielo, fíjate, ven a visitar tu viña, la cepa que tu diestra plantó, y que tú hiciste vigorosa.
Versículo antes del Evangelio (Mc 1, 15): Aleluya. Se ha acercado el Reino de Dios, haced penitencia y creed en el Evangelio. Aleluya.
Texto del Evangelio (Mt 10, 7-15): En aquel tiempo, Jesús dijo a sus Apóstoles: «Id proclamando que el Reino de los Cielos está cerca. Curad enfermos, resucitad muertos, purificad leprosos, expulsad demonios. Gratis lo recibisteis; dadlo gratis. No os procuréis oro, ni plata, ni calderilla en vuestras fajas; ni alforja para el camino, ni dos túnicas, ni sandalias, ni bastón; porque el obrero merece su sustento. En la ciudad o pueblo en que entréis, informaos de quién hay en él digno, y quedaos allí hasta que salgáis. Al entrar en la casa, saludadla. Si la casa es digna, llegue a ella vuestra paz; mas si no es digna, vuestra paz se vuelva a vosotros. Y si no se os recibe ni se escuchan vuestras palabras, salid de la casa o de la ciudad aquella sacudiendo el polvo de vuestros pies. Yo os aseguro: el día del Juicio habrá menos rigor para la tierra de Sodoma y Gomorra que para aquella ciudad».
Hoy miércoles podemos aprender de la palabra de Dios que ha escogido de entre los discípulos a doce para que sean el comienzo del nuevo pueblo de Dios. Les da su poder de curar y expulsar el mal. Signos de que Dios ha venido al mundo para acabar con lo que nos divide, que normalmente suele ser la separación entre cuerpo mortal y alma inmortal.
Esta separación la vemos en la primera lectura, que denuncia la separación que Israel vive porque sus muchas riquezas le llevan a abandonar al Dios vivo para servir al dios de la opulencia que se olvida de los demás.
Cristo en el evangelio ha dado la orden a los apóstoles de curar y expulsar el mal, pero primero a las ovejas descarriadas para que sirvan de ayuda y ejemplo.
Miremos nuestra vida y descubramos la llamada de Dios a unirnos a los apóstoles y dejarnos curar de nuestras enfermedades, y expulsemos el mal que nos separa de Dios y seamos ejemplos para que convirtamos a otros muchos al pueblo nuevo de Dios. Seamos buenos, confiemos siempre en Dios y mostremos a todos sus maravillas.
1ª Lectura (Os 10, 1-3. 7-8. 12): Israel era una viña frondosa que daba abundante fruto. Pero cuanto más se multiplicaban sus frutos, más se multiplicaban sus altares paganos; cuanto más rico era el país, más ricos fueron sus monumentos a los ídolos. Su corazón está dividido y van a pagar sus culpas. El Señor derribará sus altares y demolerá sus monumentos. Pero ellos dicen: «No tenemos rey». Pero si no temen al Señor, ¿qué podrá hacer por ellos el rey? Samaria y su becerro desaparecerán como espuma sobre el agua. Todos los santuarios de los ídolos serán destruidos y sobre sus altares crecerán espinas y cardos, porque la idolatría ha sido el pecado de Israel. Entonces gritarán a los montes: «¡Cubridnos!», y a las colinas: «¡Sepultadnos!». Sembrad justicia y cosechareis misericordia; preparad vuestras tierras para la siembra, pues ya es tiempo de buscar al Señor, para que venga y llueva la salvación sobre vosotros.
Salmo responsorial: 104
R/. Buscad siempre el rostro del Señor.
Cantadle y tañed salmos; contad todas sus maravillas. Gloriaos en su santo nombre; alégrese el corazón de los que buscan al Señor.
Buscad al Señor y fortificaos, buscad siempre su rostro. Acordaos de las maravillas que hizo, de sus prodigios y de los juicios de su boca.
Linaje de Abraham, siervos suyos; hijos de Jacob, elegidos suyos. Él es el Señor Dios nuestro: sus juicios tienen vigor en toda la Tierra.
Versículo antes del Evangelio (Mc 1, 15): Aleluya. Se ha acercado el Reino de Dios; haced penitencia y creed en el Evangelio. Aleluya.
Texto del Evangelio (Mt 10, 1-7): En aquel tiempo, llamando a sus doce discípulos, les dio poder sobre los espíritus inmundos para expulsarlos, y para curar toda enfermedad y toda dolencia. Los nombres de los doce Apóstoles son éstos: primero Simón, llamado Pedro, y su hermano Andrés; Santiago el de Zebedeo y su hermano Juan; Felipe y Bartolomé; Tomás y Mateo el publicano; Santiago el de Alfeo y Tadeo; Simón el Cananeo y Judas el Iscariote, el mismo que le entregó. A éstos doce envió Jesús, después de darles estas instrucciones: «No toméis camino de gentiles ni entréis en ciudad de samaritanos; dirigíos más bien a las ovejas perdidas de la casa de Israel. Id proclamando que el Reino de los Cielos está cerca».
Hoy martes la palabra de Dios nos quiere enseñar que necesitamos pedir a Dios que nos mande vocaciones. El pueblo de Israel se ha apartado de Dios y sigue a ídolos que no pueden salvar, son hechura de manos humanas. Y leemos cómo en la primera lectura el profeta denuncia y avisa del enfado y dolor que Dios tiene porque no responden a su Amor.
Jesús en el evangelio demuestra la misericordia de Dios, curando y predicando el Reino de Dios, que ha llegado al mundo, pero hay muchos que tienen el corazón endurecido y por eso nos enseña a pedir trabajadores que den testimonio de la fe. Hoy nosotros deberíamos descubrir si tenemos presente que Dios nos llama a trabajar en el mundo para que se conozca al Dios vivo y verdadero y ayudemos a rechazar a los ídolos que no salvan. Seamos buenos y confiemos en Dios, que es nuestro auxilio y escudo.
1ª Lectura (Os 8, 4-7.11.13): Así dice el Señor: «Se nombraron reyes en Israel sin contar conmigo, se nombraron príncipes sin mi aprobación. Con su plata y su oro se hicieron ídolos para su perdición. Hiede tu novillo, Samaria, ardo de ira contra él. ¿Cuándo lograréis la inocencia? Un escultor lo hizo, no es dios, se hace añicos el novillo de Samaria. Siembran viento y cosechan tempestades; las mieses no echan espiga ni dan grano, y, si lo dieran, extraños lo devorarían. Porque Efraín multiplicó sus altares para pecar, para pecar le sirvieron sus altares. Aunque les dé multitud de leyes, las consideran como de un extraño. Aunque inmolen víctimas en mi honor y coman la carne, al Señor no le agradan. Tiene presente sus culpas y castigará sus pecados: tendrán que volver a Egipto».
Salmo responsorial: 113
R/. Israel confía en el Señor.
Nuestro Dios está en el cielo, lo que quiere lo hace. Sus ídolos, en cambio, son plata y oro, hechura de manos humanas.
Tienen boca, y no hablan; tienen ojos, y no ven; tienen orejas, y no oyen; tienen nariz, y no huelen.
Tienen manos, y no tocan; tienen pies, y no andan. Que sean igual los que los hacen, cuantos confían en ellos.
Israel confía en el Señor: él es su auxilio y su escudo. La casa de Aarón confía en el Señor: él es su auxilio y su escudo.
Versículo antes del Evangelio (Jn 10, 14): Aleluya. Yo soy el Buen Pastor, dice el Señor, y conozco a mis ovejas y las mías me conocen. Aleluya.
Texto del Evangelio (Mt 9, 32-38): En aquel tiempo, le presentaron un mudo endemoniado. Y expulsado el demonio, rompió a hablar el mudo. Y la gente, admirada, decía: «Jamás se vio cosa igual en Israel». Pero los fariseos decían: «Por el Príncipe de los demonios expulsa a los demonios».
Jesús recorría todas las ciudades y aldeas, enseñando en sus sinagogas, proclamando la Buena Nueva del Reino y sanando toda enfermedad y toda dolencia. Y al ver a la muchedumbre, sintió compasión de ella, porque estaban vejados y abatidos como ovejas que no tienen pastor. Entonces dice a sus discípulos: «La mies es mucha y los obreros pocos. Rogad, pues, al Dueño de la mies que envíe obreros a su mies».
La palabra de Dios hoy nos presenta hoy lunes su divina misericordia. En la primera lectura Dios utiliza al profeta para que nos transmita que, aunque el pueblo de Dios se aparte de Él, siempre estará dispuesto a hablarle al corazón y atraerlo con palabras de ternura y misericordia. Es la expresión que también utiliza el salmista: "El Señor es lento a la cólera y rico en clemencia". Así actúa Cristo en el evangelio. El número 12 de los años que la mujer lleva enferma, y 12 la edad de la niña, significan que Dios interviene y no abandona al pueblo escogido, sino que está siempre dispuesto a tomarlo de la mano y levantarlo con palabras de amor. Escuchemos hoy las palabras que nos dice Jesús: "A ti te lo digo, levántate". Seamos buenos y confiemos en Dios, que es cariñoso con todas sus criaturas.
1ª Lectura (Os 2, 16.17b-18.21-22): Así dice el Señor: «Yo la cortejaré, me la llevaré al desierto, le hablaré al corazón. Y me responderá allí como en los días de su juventud, como el día en que la saqué de Egipto. Aquel día —oráculo del Señor—, me llamará Esposo mío, no me llamará ídolo mío. Me casaré contigo en matrimonio perpetuo, me casaré contigo en derecho y justicia, en misericordia y compasión, me casaré contigo en fidelidad, y te penetrarás del Señor».
Salmo responsorial: 144
R/. El Señor es clemente y misericordioso.
Día tras día, te bendeciré y alabaré tu nombre por siempre jamás. Grande es el Señor, merece toda alabanza, es incalculable su grandeza.
Una generación pondera tus obras a la otra, y le cuenta tus hazañas. Alaban ellos la gloria de tu majestad, y yo repito tus maravillas.
Encarecen ellos tus temibles proezas, y yo narro tus grandes acciones; difunden la memoria de tu inmensa bondad, y aclaman tus victorias.
El Señor es clemente y misericordioso, lento a la cólera y rico en piedad; el Señor es bueno con todos, es cariñoso con todas sus criaturas.
Versículo antes del Evangelio (2Tim 1, 10): Aleluya. Nuestro Salvador Jesucristo destruyó la muerte y sacó a la luz la vida por el Evangelio. Aleluya.
Texto del Evangelio (Mt 9, 18-26): En aquel tiempo, Jesús les estaba hablando, cuando se acercó un magistrado y se postró ante Él diciendo: «Mi hija acaba de morir, pero ven, impón tu mano sobre ella y vivirá». Jesús se levantó y le siguió junto con sus discípulos. En esto, una mujer que padecía flujo de sangre desde hacía doce años se acercó por detrás y tocó la orla de su manto. Pues se decía para sí: «Con sólo tocar su manto, me salvaré». Jesús se volvió, y al verla le dijo: «¡Ánimo!, hija, tu fe te ha salvado». Y se salvó la mujer desde aquel momento.
Al llegar Jesús a casa del magistrado y ver a los flautistas y la gente alborotando, decía: «¡Retiraos! La muchacha no ha muerto; está dormida». Y se burlaban de Él. Mas, echada fuera la gente, entró Él, la tomó de la mano, y la muchacha se levantó. Y la noticia del suceso se divulgó por toda aquella comarca.