martes, 3 de noviembre de 2026

MARTES XXXI T.O. A

 

Hoy martes la Palabra de Dios nos invita a celebrar el banquete del Reino. Dios ha venido al mundo para llamar e invitar a todos a su banquete, pero para aceptar esta invitación debemos tener entre nosotros los mismos sentimientos de Cristo, que se abajó para elevarnos a la condición divina. Por eso, quien rechaza la invitación al banquete no vive con los mismos sentimientos de Cristo en medio del mundo, sino que vive con egoísmo y no quiere aceptar la llamada de Dios a la felicidad completa. Seamos buenos y confiemos en Dios, que hemos sido invitados a comer hasta saciarnos en el banquete celestial.



1ª Lectura (Flp 2, 5-11): Tened entre vosotros los sentimientos propios de Cristo Jesús. Él, a pesar de su condición divina, no hizo alarde de su categoría de Dios; al contrario, se despojó de su rango y tomó la condición de esclavo, pasando por uno de tantos. Y así, actuando como un hombre cualquiera, se rebajó hasta someterse incluso a la muerte, y una muerte de cruz. Por eso Dios lo levantó sobre todo y le concedió el «Nombre sobre todo nombre»; de modo que al nombre de Jesús toda rodilla se doble en el cielo, en la tierra, en el abismo, y toda lengua proclame: Jesucristo es Señor, para gloria de Dios Padre.


Salmo responsorial: 21

R/. El Señor es mi alabanza en la gran asamblea.

Cumpliré mis votos delante de sus fieles. Los desvalidos comerán hasta saciarse, alabarán al Señor los que lo buscan: viva su corazón por siempre.

Lo recordarán y volverán al Señor hasta de los confines del orbe; en su presencia se postrarán las familias de los pueblos.

Porque del Señor es el reino, Él gobierna a los pueblos. Ante él se postrarán las cenizas de la tumba.

Mi descendencia le servirá, hablarán del Señor a la generación futura, contarán su justicia al pueblo que ha de nacer: todo lo que hizo el Señor.


Versículo antes del Evangelio (Mt 11, 28): Aleluya. Venid a mí, todos los que estéis fatigados y agobiados por la carga, y yo os daré alivio, dice el Señor. Aleluya.




Texto del Evangelio (Lc 14, 15-24):En aquel tiempo, dijo a Jesús uno de los que comían a la mesa: «¡Dichoso el que pueda comer en el Reino de Dios!». Él le respondió: «Un hombre dio una gran cena y convidó a muchos; a la hora de la cena envió a su siervo a decir a los invitados: ‘Venid, que ya está todo preparado’. Pero todos a una empezaron a excusarse. El primero le dijo: ‘He comprado un campo y tengo que ir a verlo; te ruego me dispenses’. Y otro dijo: ‘He comprado cinco yuntas de bueyes y voy a probarlas; te ruego me dispenses’. Otro dijo: ‘Me he casado, y por eso no puedo ir’.
Regresó el siervo y se lo contó a su señor. Entonces, airado el dueño de la casa, dijo a su siervo: ‘Sal en seguida a las plazas y calles de la ciudad, y haz entrar aquí a los pobres y lisiados, y ciegos y cojos’. Dijo el siervo: ‘Señor, se ha hecho lo que mandaste, y todavía hay sitio’. Dijo el señor al siervo: ‘Sal a los caminos y cercas, y obliga a entrar hasta que se llene mi casa’. Porque os digo que ninguno de aquellos invitados probará mi cena».

















ORACIÓN BEATO MANUEL LOZANO GARRIDO "LOLO" (2)

Oh Dios, que animaste al beato Manuel Lozano Garrido para que alimentara con sus escritos e iluminara con su ejemplo a tus hijos probados por la enfermedad, atiende nuestras súplicas y haz que, fructificando en todo tipo de obras buenas, avancemos fielmente por tus caminos. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén. 

ORACIÓN A SAN MARTÍN DE PORRES (3)

 


En esta necesidad y pena que me agobia acudo a ti, mi protector san Martín de Porres.

Quiero sentir tu poderosa intercesión. Tú, que viviste sólo para Dios y para tus hermanos, que tan solícito fuiste en socorrer a los necesitados, escucha a quienes admiramos tus virtudes.

Confío en tu poderoso valimiento para que, intercediendo ante el Dios de bondad, me sean perdonados mis pecados y me vea libre de males y desgracias.

Alcánzame tu espíritu de caridad y servicio para que amorosamente te sirva entregado a mis hermanos y a hacer el bien.

Padre celestial, por los méritos de tu fiel siervo san Martín, ayúdame en mis problemas y no permitas que quede confundida mi esperanza.

Te lo pedimos por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.

lunes, 2 de noviembre de 2026

ORACIÓN FIELES DIFUNTOS (2)


Señor mío Jesucristo, que no viniste a perder, sino a librar las almas de los hombres, de quienes te constituiste remedio y libertad dando tu vida por su rescate; humildemente imploramos tu clemencia y misericordia inefables, para que te apiades de todas las almas de los fieles difuntos que son atormentados en las penas del purgatorio, a fin de que las que justamente son por sus pecados afligidas, sean por tu benignidad perdonadas, pues las has redimido con tu preciosa Sangre, consigan por los méritos e intercesión de la Santísima Virgen María y de todos tus Santos, que las liberes de las penas que sufren y las lleves a la gloria, donde te alaben y gocen por los siglos de los siglos. Amén.

CONMEMORACIÓN DE TODOS LOS FIELES DIFUNTOS



Hoy celebramos a nuestros hermanos difuntos y rezamos por todos los que salieron de este mundo. Las lecturas de hoy nos ayudan a descubrir que lo que nos da la vida eterna es la fe en Cristo y el Amor que nos tiene. San Pablo lo expresa diciendo quién podrá apartarnos del Amor de Dios. Por ese amor que nos tiene, nosotros debemos responder desde la fe y confiar y esperar incluso en los momentos de oscuridad. El salmista dice: "Tenía fe aún cuando dije qué desgraciado soy, pero el Señor, estando sin fuerzas me salvó porque le cuesta la muerte de sus fieles". Por eso, en el evangelio de hoy, Jesús destaca que el deseo de Dios es que vivamos para siempre con Él; ojalá que no nos apartemos nunca voluntariamente del Amor más grande. Seamos buenos y confiemos en Dios.




Lectura del libro de la Sabiduría 4, 7-15

El justo, aunque muera prematuramente,
tendrá descanso.

Una vejez venerable no son los muchos días,
ni se mide por el número de años,
pues las canas del hombre son la prudencia
y la edad avanzada, una vida intachable.

Agradó a Dios y Dios lo amó,
vivía entre pecadores y Dios se lo llevó.
Lo arrebató para que la maldad
no pervirtiera su inteligencia,
ni la perfidia sedujera su alma.

Pues la fascinación del mal oscurece el bien
y el vértigo de la pasión
pervierte una mente sin malicia.

Maduró en poco tiempo, cumplió muchos años.
Como su vida era grata a Dios,
se apresuró a sacarlo de la maldad.

La gente lo ve y no lo comprende,
ni les cabe esto en la cabeza:
la gracia y la misericordia son para sus elegidos
y la protección para sus devotos.


Salmo 26, 1. 4. 7. 8b. 9a. 13-14 R/. El Señor es mi luz y mi salvación

El Señor es mi luz y mi salvación,
¿a quién temeré?
El Señor es la defensa de mi vida,
¿quién me hará temblar? R/.

Una cosa pido al Señor,
eso buscaré:
habitar en la casa del Señor
por los días de mi vida;
gozar de la dulzura del Señor,
contemplando su templo. R/.

Escúchame, Señor, que te llamo;
ten piedad, respóndeme.
Tu rostro buscaré, Señor,
no me escondas tu rostro. R/.

Espero gozar de la dicha del Señor
en el país de la vida.
Espera en el Señor, sé valiente,
ten ánimo, espera en el señor. R/.


Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos 5, 5-11

Hermanos:

La esperanza no defrauda, porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que se nos ha dado.

En efecto, cuando nosotros estábamos aún sin fuerza, en el tiempo señalado, Cristo murió por los impíos; ciertamente, apenas habrá quien muera por un justo; por una persona buena tal vez se atrevería alguien a morir; pues bien: Dios nos demostró su amor en que, siendo nosotros todavía pecadores, Cristo murió por nosotros. ¡Con cuánta más razón, pues, justificados ahora por su sangre, seremos por él salvados del castigo!

Si, cuando éramos enemigos, fuimos reconciliados con Dios por la muerte de su Hijo, ¡con cuánta más razón, estando ya reconciliados, seremos salvados por su vida!

Y no solo eso, sino que también nos gloriamos en Dios, por nuestro Señor Jesucristo, por quien hemos obtenido ahora la reconciliación.



Lectura del santo evangelio según san Juan 14, 1-6

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:

«No se turbe vuestro corazón, creed en Dios y creed también en mí. en la casa de mi Padre hay muchas moradas; si no, os lo habría dicho, porque me voy a prepararos un lugar. Cuando vaya y os prepare un lugar, volveré y os llevaré conmigo, para que donde estoy yo estéis también vosotros. Y adonde yo voy, ya sabéis el camino». Tomás le dice:

«Señor, no sabemos adónde vas, ¿cómo podemos saber el camino?».

Jesús le responde:

«Yo soy el camino y la verdad y la vida. Nadie va al Padre sino por mí».
























domingo, 1 de noviembre de 2026

SOLEMNIDAD DE TODOS LOS SANTOS


Feliz domingo, día de Todos los Santos. Celebramos que la santidad es una característica de los cristianos y que todos hemos sido llamados a ser santos. Las lecturas hoy nos muestran que llegamos a la santidad siguiendo el ejemplo y el modo de vida de Cristo. En el Apocalipsis la multitud innumerable que está en el cielo son los que han dado sus vidas como Cristo, y en el Evangelio Jesús nos muestra el proyecto de la santidad: ser felices porque vivimos imitando a Cristo, pobre, paciente, misericordioso, de corazón limpio. Sigamos este modo de vida y llegaremos a ser Santos. Seamos buenos y confiemos en Dios, que el hombre de manos inocentes y puro corazón recibe la bendición del Señor.


 

Lectura del libro del Apocalipsis 7, 2-4. 9-14

Yo, Juan, vi a otro ángel que subía del oriente llevando el sello del Dios vivo. Gritó con voz potente a los cuatro ángeles encargados de dañar a la tierra y al mar diciéndoles:
«No dañéis a la tierra ni al mar ni a los árboles hasta que sellemos en la frente a los siervos de nuestro Dios».

Oí también el número de los sellados, ciento cuarenta y cuatro mil, de todas las tribus de Israel.

Después de esto vi una muchedumbre inmensa, que nadie podría contar, de todas las naciones, razas, pueblos y lenguas, de pie delante del trono y delante del Cordero, vestidos con vestiduras blancas y con palmas en sus manos. Y gritan con voz potente:
«¡La victoria es de nuestro Dios, que está sentado en el trono, y del Cordero!».

Y todos los ángeles que estaban de pie alrededor del trono y de los ancianos y de los cuatro vivientes cayeron rostro a tierra ante el trono, y adoraron a Dios, diciendo:
«Amén. La alabanza y la gloria y la sabiduría y la acción de gracias y el honor y el poder y la fuerza son de nuestro Dios, por los siglos de los siglos. Amén».

Y uno de los ancianos me dijo:
«Estos que están vestidos con vestiduras blancas, ¿quiénes son y de dónde han venido?».

Yo le respondí:
«Señor mío, tú lo sabrás».

Él me respondió:
«Estos son los que vienen de la gran tribulación: han lavado y blanqueado sus vestiduras en la sangre del Cordero».


Salmo 23, 1-2. 3-4ab. 5-6 R/. Este es el grupo que viene a tu presencia, Señor

Del Señor es la tierra y cuanto la llena,
el orbe y todos sus habitantes:
él la fundó sobre los mares,
él la afianzó sobre los ríos. R/.

¿Quién puede subir al monte del Señor?
¿Quién puede estar en el recinto sacro?
El hombre de manos inocentes y puro corazón,
que no confía en los ídolos. R/.

Ese recibirá la bendición del Señor,
le hará justicia el Dios de salvación.
Este es el grupo que busca al Señor,
que busca tu rostro, Dios de Jacob. R/.


Lectura de la primera carta del apóstol san Juan 3, 1-3

Queridos hermanos:

Mirad qué amor nos ha tenido el Padre para llamarnos hijos de Dios, pues ¡lo somos! El mundo no nos conoce porque no lo conoció a él.

Queridos, ahora somos hijos de Dios y aún no se ha manifestado lo que seremos. Sabemos que, cuando él se manifieste, seremos semejantes a él, porque lo veremos tal cual es.

Todo el que tiene esta esperanza en él se purifica a sí mismo, como él es puro.



Lectura del santo evangelio según san Mateo 5, 1-12a

En aquel tiempo, al ver Jesús el gentío, subió al monte, se sentó y se acercaron sus discípulos; y, abriendo su boca, les enseñaba diciendo:

«Bienaventurados los pobres en el espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos.

Bienaventurados los mansos, porque ellos heredarán la tierra.

Bienaventurados los que lloran, porque ellos serán consolados.

Bienaventurados los que tienen hambre y sed de la justicia, porque ellos quedarán saciados.

Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia.

Bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios.

Bienaventurados los que trabajan por la paz, porque ellos serán llamados hijos de Dios.

Bienaventurados los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el reino de los cielos.

Bienaventurados vosotros cuando os insulten y os persigan y os calumnien de cualquier modo por mi causa. Alegraos y regocijaos, porque vuestra recompensa será grande en el cielo».























Gracias, Señor, por todas las personas humildes y limpias de corazón, que se fían de Dios; por las que comparten con misericordia las lágrimas de los tristes y se duelen con las injusticias; por las que tienen hambre de justicia y trabajan por la paz; aunque sean incomprendidas y perseguidas.

Gracias, Señor, porque crees en mis posibilidades de mejorar y me llamas para que avance por el camino del Evangelio, camino de la santidad.


sábado, 31 de octubre de 2026

ORACIÓN A SAN ALONSO RODRÍGUEZ (1)


¡Oh, san Alonso, ejemplo de humildad y servicio, intercede por nosotros ante el Señor para que podamos seguir tu camino de fe y amor! 

SÁBADO XXX T.O. A


Hoy sábado por la mañana, las lecturas nos muestran el valor de la humildad, tengamos cuidado porque lo confundimos con la falsa modestia. Cristo propone una parábola para demostrar a los fariseos que, aunque ellos sean personajes importantes, sin embargo deben tener la humildad de saber que ante Dios son iguales que los demás, por eso deben actuar con prudencia y humildad, para que los demás puedan reconocer en ellos alguien digno de escuchar. La humildad, decía santa Teresa que es la Verdad, reconocer nuestras propias limitaciones y cualidades y ser humildes de ponerlas al servicio de los hermanos cuando nos lo pidan, esta es la humildad. San Pablo reconoce sus cualidades y por eso desea poder servir a los hermanos de Filipos, deja de lado sus gustos para morir como Cristo, dándose. Pidamos hoy a Dios humildad y ser servidores los unos de los otros. Seamos buenos, confiemos en Dios y encontraremos las fuentes de la salvación.


 

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Filipenses 1, 18b-26

Hermanos:
De la manera que sea, con hipocresía o con sinceridad, se anuncia a Cristo, y yo me alegro, y seguiré alegrándome. Porque sé que esto será para mi bien gracias a vuestras oraciones y a la ayuda del Espíritu de Jesucristo. Lo espero con impaciencia, porque en ningún caso me veré defraudado, al contrario, ahora como siempre, Cristo será glorificado en mi cuerpo, por mi vida o por mi muerte.
Para mí la vida es Cristo y el morir una ganancia. Pero, si el vivir esta vida mortal me supone trabajo fructífero, no sé qué escoger.
Me encuentro en esta alternativa: por un lado, deseo partir para estar con Cristo, que es con mucho lo mejor; pero, por otro, quedarme en esta vida veo que es más necesario para vosotros. Convencido de esto, siento que me quedaré y estaré a vuestro lado, para vuestro progreso en la alegría y en la fe, de modo que el orgullo que en Cristo Jesús sentís rebose cuando me encuentre de nuevo entre vosotros.


Salmo 41, 2.3. 5bcd R/. Mi alma tiene sed del Dios vivo.

Como busca la cierva corrientes de agua, así mi alma te busca a ti, Dios mío. R/.

Mi alma tiene sed de Dios, del Dios vivo: ¿cuándo entraré a ver el rostro de Dios?. R/.

Recuerdo cómo marchaba a la cabeza del grupo hacia la casa de Dios, entre cantos de júbilo y alabanza, en el bullicio de la fiesta. R/.



Lectura del santo evangelio según san Lucas 14, 1. 7-11

Un sábado, entró Jesús en casa de uno de los principales fariseos para comer y ellos lo estaban espiando. Notando que los convidados escogían los primeros
puestos, les decía una parábola:
«Cuando te conviden a una boda, no te sientes en el puesto principal, no sea que hayan convidado a otro de más categoría que tú; y venga el que os convidó a ti y al otro, y te diga:
«Cédele el puesto a este”.
Entonces, avergonzado, irás a ocupar el último puesto. Al revés, cuando te conviden, vete a sentarte en el último puesto, para que, cuando venga el que te convidó, te diga:
“Amigo, sube más arriba”.
Entonces quedarás muy bien ante todos los comensales. Porque todo el que se enaltece será humillado; y el que se humilla será enaltecido».























ORACIÓN A SAN QUINTÍN


San Quintín, hombre santo y entusiasta para difundir la Palabra del Señor; a ti a quien Cristo concedió el don de la sanación con sólo imponer tus manos, te rogamos intercedas por nosotros ante Dios, nuestro Señor.

Hoy como ayer, dirigiendo nuestras súplicas al Padre Eterno, queremos ser contigo animosos evangelizadores, buscando en nuestras ciudades a todos los que estén hambrientos de la Palabra de Vida, y evangelizando entrar en el camino que lleva a la verdadera Salud.

Queremos aprender de ti a escuchar la voluntad del Padre del Cielo, entrar en comunión con los santos, y así no sólo alcanzar una salud del cuerpo, que está limitada en el tiempo, sino también la salud del alma, que dura para siempre.

San Quintín, en tus manos dejamos nuestra súplica (expresar claramente lo que se pide), para que, si no es obstáculo a mi santidad personal o de la persona por la que te pido, el Señor, en su infinita misericordia, me lo conceda, por los méritos de tu martirio unido a la pasión de nuestro Salvador y Señor Jesucristo. Amén. 

viernes, 30 de octubre de 2026

VIERNES XXX T.O. A


Feliz viernes en el que nos descubrimos muy amados por Dios, porque hace grandes maravillas cada día en nuestras vidas. San Pablo hoy lo expresa diciendo que Dios, que comenzó la obra buena en nosotros, Él mismo la llevará a término, porque nos ha regalado la fe que nos da fuerza para transformar el mundo. Así hoy, en el evangelio de Lucas, Cristo mira a los fariseos y les muestra que deberían descubrir que las normas de Dios sirven para ayudar al hombre a crecer y poder llegar a ser perfectos como Dios. Por eso, Jesús cura en sábado, porque la misericordia y el amor de Dios no miran días u horas sino personas. Pidamos hoy a Dios que seamos agradecidos por los milagros que hace en nosotros (sin mirar días ni horas) y que nos ayude a llegar a la perfección de los santos. Seamos buenos y confiemos en Dios, que sus obras son dignas de alabanza para los que lo aman.



1ª Lectura (Flp 1, 1-11): Pablo y Timoteo, siervos de Cristo Jesús, a todos los santos que residen en Filipos, con sus obispos y diáconos. Os deseamos la gracia y la paz de Dios, nuestro Padre, y del Señor Jesucristo.

Doy gracias a mi Dios cada vez que os menciono; siempre que rezo por todos vosotros, lo hago con gran alegría. Porque habéis sido colaboradores míos en la obra del Evangelio, desde el primer día hasta hoy. Esta es mi convicción: que el que ha inaugurado entre vosotros una empresa buena la llevará adelante hasta el día de Cristo Jesús. Esto que siento por vosotros está plenamente justificado: os llevo dentro, porque, tanto en la prisión como en mi defensa y prueba del Evangelio, todos compartís la gracia que me ha tocado. Testigo me es Dios de lo entrañablemente que os echo de menos, en Cristo Jesús.

Y esta es mi oración: que vuestro amor siga creciendo más y más en penetración y en sensibilidad para apreciar los valores. Así llegaréis al día de Cristo limpios e irreprochables, cargados de frutos de justicia, por medio de Cristo Jesús, a gloria y alabanza de Dios.


Salmo responsorial: 110

R/. Grandes son las obras del Señor.

Doy gracias al Señor de todo corazón, en compañía de los rectos, en la asamblea. Grandes son las obras del Señor, dignas de estudio para los que las aman.

Esplendor y belleza son su obra, su generosidad dura por siempre; ha hecho maravillas memorables, el Señor es piadoso y clemente.

Él da alimento a sus fieles, recordando siempre su alianza; mostró a su pueblo la fuerza de su obrar, dándoles la heredad de los gentiles.


Versículo antes del Evangelio (Jn 10, 27): Aleluya. Mis ovejas escuchan mi voz, dice el Señor; yo las conozco y ellas me siguen. Aleluya.



Texto del Evangelio (Lc 14, 1-6): Un sábado, Jesús fue a casa de uno de los jefes de los fariseos para comer, ellos le estaban observando. Había allí, delante de Él, un hombre hidrópico. Entonces preguntó Jesús a los legistas y a los fariseos: «¿Es lícito curar en sábado, o no?». Pero ellos se callaron. Entonces le tomó, le curó, y le despidió. Y a ellos les dijo: «¿A quién de vosotros se le cae un hijo o un buey a un pozo en día de sábado y no lo saca al momento?». Y no pudieron replicar a esto.