viernes, 19 de junio de 2026

ORACIÓN SAN ROMUALDO (2)


 

ORACIÓN A LOS SANTOS GERVASIO Y PROTASIO


Oh, gloriosos santos mártires Gervasio y Protasio, que entregasteis vuestras vidas con valentía por amor a nuestro Señor Jesucristo, os ruego que escuchéis mis súplicas.
Vosotros, que soportasteis con firmeza los más crueles tormentos y prisiones, alcanzadme del Altísimo el don de la fortaleza, para no desfallecer ante las pruebas de esta vida. 
Santos hermanos, testigos fieles de la fe, os pido que intercedáis por mí ante Dios para que me libre de todo mal, peligro y enfermedad. 
(Aquí puedes hacer tu petición especial)
Guiad mis pasos por el camino del bien y defended mi cuerpo y mi alma de las asechanzas del enemigo. Os doy gracias por vuestra protección y ejemplo. Amén. 

VIERNES XI TIEMPO ORDINARIO A


Hoy viernes la Iglesia nos invita a reflexionar para  que descubramos dónde está puesto nuestro corazón, nuestra alma: en Dios o en los ídolos. Jesús advierte de que si la única luz que entra en nuestro corazón es la de la avaricia, vivimos en la oscuridad y todo acaba siendo tristeza y miedo. Pero si confiamos en Dios llegaremos a la felicidad. Estos días hemos leído en la palabra de Dios que para ser felices debemos romper con los preceptos mundanos y confiar en Dios y no en los hombres. ¿Dónde está nuestro corazón? Seamos buenos y confiemos en Dios, que ha venido al mundo para ser nuestra auténtica riqueza. 



1ª Lectura (1Re 11, 1-4.9-18.20): En aquellos días, cuando Atalía, madre del rey Ocozías, vio que su hijo había muerto, empezó a exterminar a toda la familia real. Pero cuando los hijos del rey estaban siendo asesinados, Josebá, hija del rey Jorán y hermana de Ocozías, raptó a Joás, hijo de Ocozías, y lo escondió con su nodriza en el dormitorio; así, se lo ocultó a Atalía y lo libró de la muerte. El niño estuvo escondido con ella en el templo durante seis años, mientras en el país reinaba Atalía.

El año séptimo, Yehoyadá mandó a buscar a los centuriones de cien de los carios y de la escolta; los llamó a su presencia, en el templo, se juramentó con ellos y les presentó al hijo del rey. Los centuriones hicieron lo que les mandó el sacerdote Yehoyadá; cada uno reunió a sus hombres, los que estaban de servicio el sábado y los que estaban libres, y se presentaron al sacerdote Yehoyadá. El sacerdote entregó a los centuriones las lanzas y los escudos del rey David, que se guardaban en el templo. Los de la escolta empuñaron las armas y se colocaron entre el altar y el templo, desde el ángulo sur hasta el ángulo norte del templo, para proteger al rey. Entonces Yehoyadá sacó al hijo del rey, le colocó la diadema y las insignias, lo ungió rey, y todos aplaudieron, aclamando: «¡Viva el rey!».

Atalía oyó el clamor de la tropa y se fue hacia la gente, al templo. Pero, cuando vio al rey en pie sobre el estrado, como es costumbre, y a los oficiales y la banda cerca del rey, toda la población en fiesta y las trompetas tocando, se rasgó las vestiduras y gritó: «¡Traición, traición!». El sacerdote Yehoyadá ordenó a los centuriones que mandaban las fuerzas: «Sacadla del atrio. Al que la siga lo matáis». Pues no quería que la matasen en el templo. La fueron empujando con las manos y, cuando llegaba a palacio por la puerta de las caballerizas, allí la mataron.



Yehoyadá selló el pacto entre el Señor y el rey y el pueblo, para que éste fuera el pueblo del Señor. Toda la población se dirigió luego al templo de Baal; lo destruyeron, derribaron sus altares, trituraron las imágenes, y a Matán, sacerdote de Baal, lo degollaron ante el altar. El sacerdote Yehoyadá puso guardias en el templo. Toda la población hizo fiesta, y la ciudad quedó tranquila pues a Atalía la habían matado en el palacio.


Salmo responsorial: 131

R/. El Señor ha elegido a Sión, ha deseado vivir en ella.

El Señor ha jurado a David una promesa que no retractará: «A uno de tu linaje pondré sobre tu trono».

«Si tus hijos guardan mi alianza y los mandatos que les enseño, también sus hijos, por siempre, se sentarán sobre tu trono».

Porque el Señor ha elegido a Sión, ha deseado vivir en ella: «Ésta es mi mansión por siempre, aquí viviré porque la deseo».

«Haré germinar el vigor de David, enciendo una lámpara para mi Ungido. A sus enemigos los vestiré de ignominia, sobre él brillará mi diadema».


Versículo antes del Evangelio (Mt 5, 3): Aleluya. Bienaventurados los pobres de espíritu porque de ellos es el Reino de los cielos. Aleluya.


Texto del Evangelio (Mt 6, 19-23): En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «No os amontonéis tesoros en la tierra, donde hay polilla y herrumbre que corroen, y ladrones que socavan y roban. Amontonaos más bien tesoros en el cielo, donde no hay polilla ni herrumbre que corroan, ni ladrones que socaven y roben. Porque donde esté tu tesoro, allí estará también tu corazón.
La lámpara del cuerpo es el ojo. Si tu ojo está sano, todo tu cuerpo estará luminoso; pero si tu ojo está malo, todo tu cuerpo estará a oscuras. Y, si la luz que hay en ti es oscuridad, ¡qué oscuridad habrá!».












jueves, 18 de junio de 2026

JUEVES XI TIEMPO ORDINARIO A


Las lecturas de hoy jueves nos muestran una importante lección sobre la relación con Dios. Para la primera lectura los profetas Elías y luego Eliseo son grandes maestros de cercanía con Dios: ambos realizan portentos porque Dios está con ellos, porque es su Espíritu el que actúa a través de ellos y no tienen miedo de los hombres, sino que quieren cumplir con la voluntad de Dios. Y Jesús en el evangelio nos enseña cómo debemos hablar con Dios: como un Padre que nos quiere como hijos amados, que está atento a nuestras vidas para ayudarnos a ser felices y auténticos. ¿Confiamos plenamente en Dios, o tenemos que rezar como los paganos, que utilizaban muchas palabras para convencer a los dioses? Nuestro Padre sabe lo que necesitamos y quiere que sintamos la libertad de Ser hijos amados que no tienen miedo de lo mundano, sino que aman y perdonan para ser libres y felices. Seamos buenos, confiemos en Dios y alegrémonos por Ser hijos amados. 



1ª Lectura (Eclo 48, 1-15): Surgió Elías, un profeta como un fuego, cuyas palabras eran horno encendido. Les quitó el sustento del pan, con su celo los diezmó; con el oráculo divino sujetó el cielo e hizo bajar tres veces el fuego. ¡Qué terrible eras, Elías!; ¿quién se te compara en gloria? Tú resucitaste un muerto, sacándolo del abismo por voluntad del Señor; hiciste bajar reyes a la tumba y nobles desde sus lechos. Escuchaste amenazas en el Sinaí; y sentencias de castigo en el Horeb. Ungiste reyes vengadores y nombraste un profeta como sucesor. Tú fuiste arrebatado en un torbellino de llamas, en un carro tirado por caballos de fuego. Está escrito que te reservan para el momento de aplacar la ira antes de que estalle, para reconciliar a padres con hijos, para restablecer las tribus de Israel. Dichoso quien te vea antes de morir, y más dichoso tú que vives. Elías fue arrebatado en el torbellino, y Eliseo recibió dos tercios de su espíritu. En vida hizo múltiples milagros y prodigios, con sólo decirlo; en vida no temió a ninguno, nadie pudo sujetar su espíritu; no hubo milagro que lo excediera: bajo él revivió la carne; en vida hizo maravillas y en muerte obras asombrosas.


Salmo responsorial: 96

R/. Alegraos, justos, con el Señor.

El Señor reina, la tierra goza, se alegran las islas innumerables. Tiniebla y nube lo rodean, justicia y derecho sostienen su trono.

Delante de él avanza fuego, abrasando en torno a los enemigos; sus relámpagos deslumbran el orbe, y, viéndolos, la tierra se estremece.

Los montes se derriten como cera ante el dueño de toda la tierra; los cielos pregonan su justicia, y todos los pueblos contemplan su gloria.

Los que adoran estatuas se sonrojan, los que ponen su orgullo en los ídolos; ante él se postran todos los dioses.


Versículo antes del Evangelio (Rom 8, 15): Aleluya. Habéis recibido el Espíritu de adopción de hijos en el que clamamos: Abba, Padre. Aleluya.




Texto del Evangelio (Mt 6, 7-15): En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «Al orar, no charléis mucho, como los gentiles, que se figuran que por su palabrería van a ser escuchados. No seáis como ellos, porque vuestro Padre sabe lo que necesitáis antes de pedírselo.
Vosotros, pues, orad así: ‘Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu Nombre; venga tu Reino; hágase tu Voluntad así en la tierra como en el cielo. Nuestro pan cotidiano dánosle hoy; y perdónanos nuestras deudas, así como nosotros hemos perdonado a nuestros deudores; y no nos dejes caer en tentación, mas líbranos del mal’. Que si vosotros perdonáis a los hombres sus ofensas, os perdonará también a vosotros vuestro Padre celestial; pero si no perdonáis a los hombres, tampoco vuestro Padre perdonará vuestras ofensas».



















miércoles, 17 de junio de 2026

MIÉRCOLES XI TIEMPO ORDINARIO A


Hoy el evangelio de Mateo nos habla de cómo los cristianos debemos hacer buenas obras, rezar y ayunar. Todo debe ser para que Dios vea cuánto lo amamos y que lo hacemos porque respondemos al amor que nos ha dado. Si Eliseo recibe dos partes del espíritu de Elías, nosotros hemos recibido el Espíritu Santo que nos da la gracia, la vida, la fuerza de Dios para hacer lo que debemos hacer y siempre por Amor a Dios, nunca por buscar la recompensa. Seamos buenos y confiemos en Dios, que guarda a los que son fieles a su amor. 



1ª Lectura (2Re 2, 1.6-14): Cuando el Señor iba a arrebatar a Elías al cielo en el torbellino, Elías y Elíseo se marcharon de Guilgal. Llegaron a Jericó, y Elías dijo a Elíseo: «Quédate aquí, porque el Señor me envía solo hasta el Jordán». Eliseo respondió: «¡Vive Dios! Por tu vida, no te dejaré». Y los dos siguieron caminando. También marcharon cincuenta hombres de la comunidad de profetas y se pararon frente a ellos, a cierta distancia. Los dos se detuvieron junto al Jordán; Elías cogió su manto, lo enrolló, golpeó el agua, y el agua se dividió por medio, y así pasaron ambos a pie enjuto. Mientras pasaban el río, dijo Elías a Elíseo: «Pídeme lo que quieras antes de que me aparten de tu lado». Eliseo pidió: «Déjame en herencia dos tercios de tu espíritu». Elías comentó: «¡No pides nada! Si logras verme cuando me aparten de tu lado, lo tendrás; si no me ves, no lo tendrás». Mientras ellos seguían conversando por el camino, los separó un carro de fuego con caballos de fuego, y Elías subió al cielo en el torbellino. Eliseo lo miraba y gritaba: «¡Padre mío, padre mío, carro y auriga de Israel!». Y ya no lo vio más. Entonces agarró su túnica y la rasgó en dos; luego recogió el manto que se le había caído a Elías, se volvió y se detuvo a la orilla del Jordán; y agarrando el manto de Elías, golpeó el agua diciendo: «¿Dónde está el Dios de Elías, dónde?». Golpeó el agua, el agua se dividió por medio, y Eliseo cruzó.


Salmo responsorial: 30

R/. Sed fuertes y valientes de corazón, los que esperáis en el Señor.

Qué bondad tan grande, Señor, reservas para tus fieles, y concedes a los que a ti se acogen a la vista de todos.

En el asilo de tu presencia los escondes de las conjuras humanas; los ocultas en tu tabernáculo, frente a las lenguas pendencieras.

Amad al Señor, fieles suyos; el Señor guarda a sus leales, y a los soberbios les paga con creces.


Versículo antes del Evangelio (Jn 14, 23): Aleluya. Si alguno me ama, guardará mi palabra, dice el Señor; y mi Padre le amará y vendremos a él. Aleluya.




Texto del Evangelio (Mt 6, 1-6.16-18): En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «Cuidad de no practicar vuestra justicia delante de los hombres para ser vistos por ellos; de lo contrario no tendréis recompensa de vuestro Padre celestial. Por tanto, cuando hagas limosna, no lo vayas trompeteando por delante como hacen los hipócritas en las sinagogas y por las calles, con el fin de ser honrados por los hombres; en verdad os digo que ya reciben su paga. Tú, en cambio, cuando hagas limosna, que no sepa tu mano izquierda lo que hace tu derecha; así tu limosna quedará en secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará.
Y cuando oréis, no seáis como los hipócritas, que gustan de orar en las sinagogas y en las esquinas de las plazas bien plantados para ser vistos de los hombres; en verdad os digo que ya reciben su paga. Tú, en cambio, cuando vayas a orar, entra en tu aposento y, después de cerrar la puerta, ora a tu Padre, que está allí, en lo secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará.
Cuando ayunéis, no pongáis cara triste, como los hipócritas, que desfiguran su rostro para que los hombres vean que ayunan; en verdad os digo que ya reciben su paga. Tú, en cambio, cuando ayunes, perfuma tu cabeza y lava tu rostro, para que tu ayuno sea visto, no por los hombres, sino por tu Padre que está allí, en lo secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará».








martes, 16 de junio de 2026

ORACIÓN A SAN QUIRICO Y SANTA JULITA


¡Oh gloriosos san Quirico y santa Julita, mártires de Cristo! Ustedes que disteis vuestra vida por amor a la fe, intercedan por nosotros ante el trono de Dios.
Santa Julita, madre valiente y llena de gracia, que protegiste a tu hijo y preferiste el martirio antes que renunciar a tu fe, te pedimos que nos ayudes a ser fuertes en la adversidad y a mantener firmes nuestras creencias.
San Quirico, niño mártir de fe inquebrantable, ruega por nosotros y concédenos la valentía para perseverar en la verdad en medio de las pruebas. Alcánzanos del Señor la gracia que hoy te pedimos (menciona tu petición) para mayor gloria de Dios y salvación de nuestras almas. Amén. 



 

MARTES XI TIEMPO ORDINARIO A


Hoy martes las lecturas nos recuerdan que nuestra condición humana es pecadora y por eso la primera lectura presenta la reacción de Dios. En un principio Dios respondió con el castigo, pero envía al profeta Elías para que haga comprender al rey su pecado, se arrepiente, pide misericordia y Dios se compadece. Este es el Dios que nos muestra Cristo: un Padre que ama a todos sus hijos, malos y buenos y que nos enseña que lo que nos acerca a vivir la felicidad y la santidad es amar como Dios. Jesucristo es el ejemplo y modelo de santidad. Seamos buenos, confiemos en Dios y amemos siempre, porque como nos dice san Pablo, a nadie debáis nada más que amor, porque el odiar nos paraliza y el amor nos libera. 



1ª Lectura (1Re 21, 17-29): Después de la muerte de Nabot, el Señor dirigió la palabra a Elías, el tesbita: «Anda, baja al encuentro de Ajab, rey de Israel, que vive en Samaria. Mira, está en la viña de Nabot, adonde ha bajado para tomar posesión. Dile: «Así dice el Señor: ‘¿Has asesinado, y encima robas?’. Por eso, así dice el Señor: ‘En el mismo sitio donde los perros han lamido la sangre de Nabot, a ti también los perros te lamerán la sangre’». Ajab dijo a Elías: «¿Por ventura me has sorprendido, enemigo mío?». Y Elías repuso: «¡Te he sorprendido! Porque te has vendido, haciendo lo que el Señor reprueba, aquí estoy para castigarte; te dejaré sin descendencia, te exterminaré todo israelita varón, esclavo o libre. Haré con tu casa como con la de Jeroboán, hijo de Nabat, y la de Basá, hijo de Ajías, porque me has irritado y has hecho pecar a Israel. También ha hablado el Señor contra Jezabel: ‘Los perros la devorarán en el campo de Yezrael’. A los de Ajab que mueran en poblado los devorarán los perros, y a los que mueran en descampado los devorarán las aves del cielo».

Y es que no hubo otro que se vendiera como Ajab para hacer lo que el Señor reprueba, empujado por su mujer Jezabel. Procedió de manera abominable, siguiendo a los ídolos, igual que hacían los amorreos, a quienes el Señor había expulsado ante los israelitas. En cuanto Ajab oyó aquellas palabras, se rasgó las vestiduras, se vistió un sayal y ayunó; se acostaba con el sayal puesto y andaba taciturno. El Señor dirigió la palabra a Elías, el tesbita: «¿Has visto cómo se ha humillado Ajab ante mí? Por haberse humillado ante mí, no lo castigaré mientras viva; castigaré a su familia en tiempo de su hijo».


Salmo responsorial: 50

R/. Misericordia, Señor: hemos pecado.

Misericordia, Dios mío, por tu bondad, por tu inmensa compasión borra mi culpa; lava del todo mi delito, limpia mi pecado.

Pues yo reconozco mi culpa, tengo siempre presente mi pecado: contra ti, contra ti solo pequé, cometí la maldad que aborreces.

Aparta de mi pecado tu vista, borra en mí toda culpa. Líbrame de la sangre, oh Dios, Dios, Salvador mío, y cantará mi lengua tu justicia.


Versículo antes del Evangelio (Jn 13, 34): Aleluya. Un mandamiento nuevo os doy, dice el Señor: Que os améis los unos a los otros, como yo os he amado. Aleluya.



Texto del Evangelio (Mt 5, 43-48): En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «Habéis oído que se dijo: ‘Amarás a tu prójimo y odiarás a tu enemigo’. Pues yo os digo: Amad a vuestros enemigos y rogad por los que os persigan, para que seáis hijos de vuestro Padre celestial, que hace salir su sol sobre malos y buenos, y llover sobre justos e injustos. Porque si amáis a los que os aman, ¿qué recompensa vais a tener? ¿No hacen eso mismo también los publicanos? Y si no saludáis más que a vuestros hermanos, ¿qué hacéis de particular? ¿No hacen eso mismo también los gentiles? Vosotros, pues, sed perfectos como es perfecto vuestro Padre celestial».









lunes, 15 de junio de 2026

LUNES XI TIEMPO ORDINARIO A


Hoy las lecturas nos pueden servir para entender por qué Cristo eligió entregarse por nosotros, aunque no lo merezcamos. La primera lectura nos enseña una injusticia, Nabot es asesinado con mentiras y todo por la ambición. Seguro que nos indigna esta situación y preguntamos por qué lo permite Dios. Pero el evangelio nos muestra que la lógica de Dios es dar sin importar la respuesta: por esa razón, Cristo vive con coherencia y acaba dando su propia vida. Aprendamos de Él, que es manso y humilde y encontraremos descanso para nuestras almas, porque Dios mira el corazón y el malvado no se mantiene ante su presencia. Elijamos seguir el camino de Dios y aprendamos a dar gratis lo que gratis hemos recibido. Seamos buenos y confiemos en Dios, que nos enseña un camino de salvación. 



1ª Lectura (1Re 21, 1-16): Por aquel tiempo, Nabot, el de Yezrael, tenía una viña pegando al palacio de Ajab, rey de Samaria. Ajab le propuso: «Dame la viña para hacerme yo una huerta, porque está al lado, pegando a mi casa; yo te daré en cambio una viña mejor o, si prefieres, te pago en dinero». Nabot respondió: «¡Dios me libre de cederte la heredad de mis padres!». Ajab marchó a casa malhumorado y enfurecido por la respuesta de Nabot, el de Yezrael, aquello de: «No te cederé la heredad de mis padres». Se tumbó en la cama, volvió la cara y no quiso probar alimento.

Su esposa Jezabel se le acercó y le dijo: «¿Por qué estás de mal humor y no quieres probar alimento?». Él contestó: «Es que hablé a Nabot, el de Yezrael, y le propuse: ‘Véndeme la viña o, si prefieres, te la cambio por otra’. Y me dice: ‘No te doy mi viña’». Entonces Jezabel dijo: «¿Y eres tú el que manda en Israel? ¡Arriba! A comer, que te sentará bien. ¡Yo te daré la viña de Nabot, el de Yezrael!». Escribió unas cartas en nombre de Ajab, las selló con el sello del rey y las envió a los ancianos y notables de la ciudad, paisanos de Nabot. Las cartas decían: «Proclamad un ayuno y sentad a Nabot en primera fila. Sentad en frente a dos canallas que declaren contra él: ‘Has maldecido a Dios y al rey’. Lo sacáis afuera y lo apedreáis hasta que muera».

Los paisanos de Nabot, los ancianos y notables que vivían en la ciudad, hicieron tal como les decía Jezabel, según estaba escrito en las cartas que habían recibido. Proclamaron un ayuno y sentaron a Nabot en primera fila; llegaron dos canallas, se le sentaron enfrente y testificaron contra Nabot públicamente: «Nabot ha maldecido a Dios y al rey». Lo sacaron fuera de la ciudad y lo apedrearon hasta que murió. Entonces informaron a Jezabel: «Nabot ha muerto apedreado».

En cuanto oyó Jezabel que Nabot había muerto apedreado, dijo a Ajab: «Hala, toma posesión de la viña de Nabot, el de Yezrael, que no quiso vendértela. Nabot ya no vive, ha muerto». En cuanto oyó Ajab que Nabot había muerto, se levantó y bajó a tomar posesión de la viña de Nabot, el de Yezrael.


Salmo responsorial: 5

R/. Atiende a mis gemidos, Señor.

Señor, escucha mis palabras, atiende a mis gemidos, haz caso de mis gritos de auxilio, Rey mío y Dios mío.

Tú no eres un Dios que ame la maldad, ni el malvado es tu huésped, ni el arrogante se mantiene en tu presencia.

Detestas a los malhechores, destruyes a los mentirosos; al hombre sanguinario y traicionero lo aborrece el Señor.


Versículo antes del Evangelio (Sal 118, 105): Aleluya. Antorcha para mis pies es tu palabra, y luz para mis sendas. Aleluya.



Texto del Evangelio (Mt 5, 38-42): En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «Habéis oído que se dijo: ‘Ojo por ojo y diente por diente’. Pues yo os digo: no resistáis al mal; antes bien, al que te abofetee en la mejilla derecha ofrécele también la otra: al que quiera pleitear contigo para quitarte la túnica déjale también el manto; y al que te obligue a andar una milla vete con él dos. A quien te pida da, y al que desee que le prestes algo no le vuelvas la espalda».










domingo, 14 de junio de 2026

DOMINGO XI TIEMPO ORDINARIO A


Hoy las lecturas nos llevan a descubrir que Dios nos ama de forma incondicional y gratuita. Siendo nosotros pecadores, Cristo nos ha amado hasta la muerte, para darnos gratis la Gloria. Por eso, en el evangelio Jesús se da cuenta de que el pueblo está cansado y abandonado y necesita esperanza y amor. Ahora nos toca a nosotros acoger la palabra de esperanza y amor y llevarla al mundo entero; el Señor nos ha bendecido como un pueblo de sacerdotes para que demos gratis lo que gratis hemos recibido. Seamos buenos y confiemos en Dios, que Él nos hizo y somos suyos. 



1ª Lectura (Éx 19, 2-6a): En aquellos días, los israelitas llegaron al desierto del Sinaí. y acamparon allí, frente al monte. Moisés subió hacia Dios. El Señor lo llamó desde el monte, diciendo: «Así dirás a la casa de Jacob, y esto anunciarás a los israelitas: ‘Ya habéis visto lo que he hecho con los egipcios, y cómo a vosotros os he llevado sobre alas de águila y os he traído a mí. Ahora, pues, si de veras escucháis mi voz y guardáis mi alianza, vosotros seréis mi propiedad personal entre todos los pueblos, porque mía es toda la tierra; seréis para mí un reino de sacerdotes y una nación santa’».


Salmo responsorial: 99

R/. Nosotros somos su pueblo y ovejas de su rebaño.

Aclama al Señor, tierra entera, servid al Señor con alegría, entrad en su presencia con vítores.

Sabed que el Señor es Dios: que Él nos hizo y somos suyos, su pueblo y ovejas de su rebaño.

El Señor es bueno, su misericordia es eterna, su fidelidad por todas las edades.


2ª Lectura (Rom 5, 6-11): Hermanos: Cuando nosotros todavía estábamos sin fuerza, en el tiempo señalado, Cristo murió por los impíos; en verdad, apenas habrá quien muera por un justo; por un hombre de bien tal vez se atrevería uno a morir; mas la prueba de que Dios nos ama es que Cristo, siendo nosotros todavía pecadores, murió por nosotros. ¡Con cuánta más razón, pues, justificados ahora por su sangre, seremos por él salvos del castigo! Si, cuando éramos enemigos, fuimos reconciliados con Dios por la muerte de su Hijo, ¡con cuánta más razón, estando ya reconciliados, seremos salvos por su vida! Y no sólo eso, sino que también nos gloriamos en Dios, por nuestro Señor Jesucristo, por quien hemos obtenido ahora la reconciliación.


Versículo antes del Evangelio (Mc 1, 15): Aleluya. El Reino de Dios está cerca. Convertíos y creed en el evangelio. Aleluya.




Texto del Evangelio (Mt 9, 36—10:8): En aquel tiempo, al ver Jesús a la muchedumbre, sintió compasión de ella, porque estaban vejados y abatidos como ovejas que no tienen pastor. Entonces dice a sus discípulos: «La mies es mucha y los obreros pocos. Rogad, pues, al Dueño de la mies que envíe obreros a su mies».
Y llamando a sus doce discípulos, les dio poder sobre los espíritus inmundos para expulsarlos, y para curar toda enfermedad y toda dolencia. Los nombres de los doce Apóstoles son estos: primero Simón, llamado Pedro, y su hermano Andrés; Santiago el de Zebedeo y su hermano Juan; Felipe y Bartolomé; Tomás y Mateo el publicano; Santiago el de Alfeo y Tadeo; Simón el Cananeo y Judas el Iscariote, el mismo que le entregó.
A estos doce envió Jesús, después de darles estas instrucciones: «No toméis camino de gentiles ni entréis en ciudad de samaritanos; dirigíos más bien a las ovejas perdidas de la casa de Israel. Id proclamando que ‘el Reino de los Cielos está cerca’. Curad enfermos, resucitad muertos, purificad leprosos, expulsad demonios. Gratis lo recibisteis; dadlo gratis».