Hoy martes las lecturas nos invitan a descubrir que somos parte de la familia de Dios.
En la primera lectura, el profeta Miqueas nos cuenta que Dios ha escogido al pueblo de Jacob para demostrar su amor y su misericordia y pide al pueblo escogido fidelidad y amor.
En el evangelio Jesús nos muestra que todo el que cumple con fe la voluntad de Dios es parte de su familia. Una familia que no ha nacido de la sangre humana sino de la entrega de Cristo. ¿Queremos nosotros ser parte de la familia de Cristo? Seamos buenos y confiemos en Dios, que con misericordia nos ha mostrado su salvación.
1ª Lectura (Miq 7, 14-15.18-20): Señor, pastorea a tu pueblo con el cayado, a las ovejas de tu heredad, a las que habitan apartadas en la maleza, en medio del Carmelo. Pastarán en Basán y Galaad, como en tiempos antiguos; como cuando saliste de Egipto y te mostraba mis prodigios. ¿Qué Dios como tú, que perdonas el pecado y absuelves la culpa al resto de tu heredad? No mantendrá por siempre la ira, pues se complace en la misericordia. Volverá a compadecerse y extinguirá nuestras culpas, arrojará a lo hondo del mar todos nuestros delitos. Serás fiel a Jacob, piadoso con Abrahán, como juraste a nuestros padres en tiempos remotos.
Salmo responsorial: 84
R/. Muéstranos, Señor, tu misericordia.
Señor, has sido bueno con tu tierra, has restaurado la suerte de Jacob, has perdonado la culpa de tu pueblo, has sepultado todos sus pecados, has reprimido tu cólera, has frenado el incendio de tu ira.
Restáuranos, Dios salvador nuestro; cesa en tu rencor contra nosotros. ¿Vas a estar siempre enojado, o a prolongar tu ira de edad en edad?
¿No vas a devolvernos la vida, para que tu pueblo se alegre contigo? Muéstranos, Señor, tu misericordia y danos tu salvación.
Versículo antes del Evangelio (Jn 14, 23): Aleluya. Si alguno me ama, guardará mi palabra, dice el Señor; y mi Padre le amará y vendremos a él. Aleluya.
Texto del Evangelio (Mt 12, 46-50): En aquel tiempo, mientras Jesús estaba hablando a la muchedumbre, su madre y sus hermanos se presentaron fuera y trataban de hablar con Él. Alguien le dijo: «¡Oye! ahí fuera están tu madre y tus hermanos que desean hablarte». Pero Él respondió al que se lo decía: «¿Quién es mi madre y quiénes son mis hermanos?». Y, extendiendo su mano hacia sus discípulos, dijo: «Estos son mi madre y mis hermanos. Pues todo el que cumpla la voluntad de mi Padre celestial, ese es mi hermano, mi hermana y mi madre».
REFLEXIÓN DEL PADRE DAMIÁN RAMÍREZ













































