Es lunes y la Iglesia nos invita a rezar con las lecturas que hoy nos llaman a descubrir dónde está la auténtica felicidad. El evangelio nos habla de que la felicidad se consigue cuando somos pobres de espíritu, mansos, lloramos, tenemos hambre y sed de justicia, somos misericordiosos, limpios de corazón, trabajamos por la paz, o somos perseguidos. Todo esto lo vivió Cristo, el modelo de creyente y el modelo para que lleguemos a la auténtica felicidad, que significa cambiar los valores que el mundo quiere darnos para la felicidad: poder, ambición, el primer puesto, el placer y satisfacer nuestros deseos. Pero deberíamos buscar como el profeta Elías, vivir según el camino de Dios. Y las bienaventuranzas son el camino, los nuevos mandamientos que Dios da al mundo, para vivir felices de verdad. Seamos buenos y confiemos en Dios, que nos guarda de todo mal y peligro.
1ª Lectura (1Re 17, 1-6): En aquellos días, Elías, el tesbita, de Tisbé de Galaad, dijo a Ajab: «¡Vive el Señor, Dios de Israel, a quien sirvo! En estos años no caerá rocío ni lluvia si yo no lo mando». Luego el Señor le dirigió la palabra: «Vete de aquí hacia el oriente y escóndete junto al torrente Carit, que queda cerca del Jordán. Bebe del torrente y yo mandaré a los cuervos que te lleven allí la comida». Elías hizo lo que le mandó el Señor, y fue a vivir junto al torrente Carit, que queda cerca del Jordán. Los cuervos le llevaban pan por la mañana y carne por la tarde, y bebía del torrente.
Salmo responsorial: 120
R/. Nuestro auxilio es el nombre del Señor, que hizo el cielo y la tierra.
Levanto mis ojos a los montes: ¿de dónde me vendrá el auxilio? El auxilio me viene del Señor, que hizo el cielo y la tierra.
No permitirá que resbale tu pie, tu guardián no duerme; no duerme ni reposa el guardián de Israel.
El Señor te guarda a su sombra, está a tu derecha; de día el sol no te hará daño, ni la luna de noche.
El Señor te guarda de todo mal, él guarda tu alma; el Señor guarda tus entradas y salidas, ahora y por siempre.
Versículo antes del Evangelio (Cf. Mt 5, 12): Aleluya. Alegraos y regocijaos, porque tendréis una gran recompensa en el cielo. Aleluya.
Texto del Evangelio (Mt 5, 1-12): En aquel tiempo, viendo la muchedumbre, subió al monte, se sentó, y sus discípulos se le acercaron. Y tomando la palabra, les enseñaba diciendo: «Bienaventurados los pobres de espíritu, porque de ellos es el Reino de los Cielos. Bienaventurados los mansos, porque ellos poseerán en herencia la tierra. Bienaventurados los que lloran, porque ellos serán consolados. Bienaventurados los que tienen hambre y sed de la justicia, porque ellos serán saciados. Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia. Bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios. Bienaventurados los que trabajan por la paz, porque ellos serán llamados hijos de Dios. Bienaventurados los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el Reino de los Cielos. Bienaventurados seréis cuando os injurien, y os persigan y digan con mentira toda clase de mal contra vosotros por mi causa. Alegraos y regocijaos, porque vuestra recompensa será grande en los cielos; pues de la misma manera persiguieron a los profetas anteriores a vosotros».


















































