Hoy miércoles las lecturas nos quieren mostrar que el camino de la santidad es el del servicio con amor. La primera lectura nos enseña que debemos buscar hacer el bien sin mirar a quién, porque nuestra misión como cristianos es dejar que la Luz de Dios brille a través de nuestras vidas. Y en el Evangelio también nos muestra que Dios, el todopoderoso, ha escogido cuidar de los hombres, para eso ha venido, para darnos vida en plenitud. Seamos buenos y confiemos en Dios, que con Él se alegra nuestro corazón.
1ª Lectura (1Cor 3, 1-9): Hermanos, no pude hablaros como a hombres de espíritu, sino como a gente carnal, como a niños en Cristo. Por eso os alimenté con leche, no con comida, porque no estabais para más. Por supuesto, tampoco ahora, que seguís los instintos carnales. Mientras haya entre vosotros envidias y contiendas, es que os guían los instintos carnales y que procedéis según lo humano. Cuando uno dice «yo soy de Pablo» y otro, «yo de Apolo», ¿no estáis procediendo según lo humano? En fin de cuentas, ¿qué es Apolo y qué es Pablo? Ministros que os llevaron a la fe, cada uno como le encargó el Señor. Yo planté, Apolo regó, pero fue Dios quien hizo crecer; por tanto, el que planta no significa nada ni el que riega tampoco; cuenta el que hace crecer, o sea, Dios. El que planta y el que riega son una misma cosa; si bien cada uno recibirá el salario según lo que haya trabajado. Nosotros somos colaboradores de Dios, y vosotros campo de Dios, edificio de Dios.
Salmo responsorial: 32
R/. Dichoso el pueblo que el Señor se escogió como heredad.
Dichosa la nación cuyo Dios es el Señor, el pueblo que él se escogió como heredad. El Señor mira desde el cielo, se fija en todos los hombres.
Desde su morada observa a todos los habitantes de la tierra: él modeló cada corazón, y comprende todas sus acciones.
Nosotros aguardamos al Señor: él es nuestro auxilio y escudo; con él se alegra nuestro corazón, en su santo nombre confiamos.
Versículo antes del Evangelio (Lc 4, 18-19): Aleluya. El Señor me ha enviado para evangelizar a los pobres, para anunciar a los cautivos la redención. Aleluya.






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