Hoy miércoles las lecturas diarias nos recuerdan algo sencillo: confiar en la providencia de Dios, que siempre pone en nuestro camino lo que necesitamos. Las dos lecturas nos ayudan con instrucciones sencillas. La primera lectura es una oración de petición a Dios para que nos dé el pan de cada día y así poder siempre acordarnos de quién es Dios y quién es el prójimo, y vivir con los pies en la tierra y el corazón humilde. Y en el evangelio también da instrucciones a los discípulos para que sepan que lo más importante que están llevando es la Buena Noticia que quiere transmitir Dios a todos, aunque también avisa de que algunos no están preparados o dispuestos para acogerla. Seamos buenos, confiemos en Dios y sigamos sus instrucciones para que su Palabra sea lámpara para nuestros caminos.
1ª Lectura (Prov 30, 5-9): La palabra de Dios es acendrada, él es escudo para los que se refugian en él. No añadas nada a sus palabras, porque te replicará y quedarás por mentiroso. Dos cosas te he pedido; no me las niegues antes de morir: aleja de mí falsedad y mentira; no me des riqueza ni pobreza, concédeme mi ración de pan; no sea que me sacie y reniegue de ti, diciendo: «¿Quién es el Señor?»; no sea que, necesitando, robe y blasfeme el nombre de mi Dios.
Salmo responsorial: 118
R/. Lámpara es tu palabra para mis pasos, Señor.
Apártame del camino falso, y dame la gracia de tu voluntad.
Más estimo yo los preceptos de tu boca que miles de monedas de oro y plata.
Tu palabra, Señor, es eterna, más estable que el cielo.
Aparto mi pie de toda senda mala, para guardar tu palabra.
Considero tus decretos, y odio el camino de la mentira.
Detesto y aborrezco la mentira, y amo tu voluntad.
Versículo antes del Evangelio (Mc 1, 5): Aleluya. El Reino de Dios está cerca, dice el Señor; arrepentíos y creed en el Evangelio. Aleluya.
Texto del Evangelio (Lc 9, 1-6):En aquel tiempo, convocando Jesús a los Doce, les dio autoridad y poder sobre todos los demonios, y para curar enfermedades; y los envió a proclamar el Reino de Dios y a curar. Y les dijo: «No toméis nada para el camino, ni bastón, ni alforja, ni pan, ni plata; ni tengáis dos túnicas cada uno. Cuando entréis en una casa, quedaos en ella hasta que os marchéis de allí. En cuanto a los que no os reciban, saliendo de aquella ciudad, sacudid el polvo de vuestros pies en testimonio contra ellos». Saliendo, pues, recorrían los pueblos, anunciando la Buena Nueva y curando por todas partes.













































