Amadísimo Señor de los Milagros, hasta tu presencia he venido para confiarte mis problemas y mis dolencias. Con la misma fe de la mujer que tocó el borde de tu manto y fue curada porque creyó, así me postro ante Ti y te digo desde el fondo del alma: “Señor, si quieres, puedes curarme.”
Tú sigues obrando maravillas y sanando a los enfermos, porque has asumido nuestras debilidades y cargado nuestros sufrimientos. Concédeme la gracia que hoy vengo a implorarte. Sabemos que tu corazón se conmueve al vernos afligidos y desorientados, como ovejas sin pastor. Tú eres nuestro Buen Pastor, el que dio la vida por las ovejas. Tu victoria en la muerte y en la resurrección es garantía de nuestra victoria sobre todo lo que lleva marca de pecado: egoísmo, injusticia, violencia, dolor y muerte.
Que tu Espíritu santificador nos haga partícipes del triunfo sobre el mal y testigos de la novedad de vida en el amor. Misericordioso Jesús crucificado, te alabo, te bendigo y te doy gracias. Que tu bendición constante me proteja siempre, en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
Apóstol gloriosísimo de Nuestro Señor Jesucristo, aclamado por los fieles con el dulce título de Abogado de los casos desesperados, hazme sentir tu poderosa intercesión aliviando la gravísima necesidad en que me encuentro. Por el estrecho parentesco que te hace primo hermano de Nuestro Señor Jesucristo, por la privaciones y fatigas que por Él sufriste, por el heroico martirio que aceptaste gustoso por su amor, por la promesa que el divino Salvador hizo a santa Brígida de consolar a los fieles que acudiesen a tu poderosa intercesión, obtenme del Dios de las misericordias y de su Madre Santísima la gracia que con ilimitada confianza te pido a ti, Padre mío bondadosísimo, seguro que me la obtendrás siempre que convenga a la gloria de Dios y bien de mi alma. Así sea.
Glorioso Apóstol san Judas Tadeo, ruega por nosotros.
Hoy miércoles leemos en la Palabra que Dios nos ha llamado para que seamos transmisores del evangelio, y por medio del testimonio que recibimos de los apóstoles también nosotros llevemos al mundo la salvación de Dios. En el evangelio de hoy Jesús llama a los apóstoles y a continuación les muestra que su misión es la de cuidar de los enfermos y los que sufren. Aprendamos de su ejemplo y seamos miembros de la familia de Dios. Seamos buenos y confiemos en Dios, que toda la creación pregona el lenguaje del Amor de Dios.
1ª Lectura (Ef 2, 19-22): Ya no sois extranjeros ni forasteros, sino que sois ciudadanos de los santos y miembros de la familia de Dios. Estáis edificados sobre el cimiento de los apóstoles y profetas, y el mismo Cristo Jesús es la piedra angular. Por él todo el edificio queda ensamblado, y se va levantando hasta formar un templo consagrado al Señor. Por él también vosotros os vais integrando en la construcción, para ser morada de Dios, por el Espíritu.
Salmo responsorial: 18
R/. A toda la Tierra alcanza su pregón.
El cielo proclama la gloria de Dios, el firmamento pregona la obra de sus manos: el día al día le pasa el mensaje, la noche a la noche se lo susurra.
Sin que hablen, sin que pronuncien, sin que resuene su voz, a toda la Tierra alcanza su pregón y hasta los límites del orbe su lenguaje.
Versículo antes del Evangelio: Aleluya. Señor, Dios eterno, alegres te cantamos, a ti nuestra alabanza. A ti, Señor, te alaba el coro celestial de los apóstoles. Aleluya.
Texto del Evangelio (Lc 6, 12-19): En aquellos días, Jesús se fue al monte a orar, y se pasó la noche en oración con Dios. Cuando se hizo de día, llamó a sus discípulos, y eligió doce de entre ellos, a los que llamó también apóstoles. A Simón, a quien llamó Pedro, y a su hermano Andrés; a Santiago y Juan, a Felipe y Bartolomé, a Mateo y Tomás, a Santiago de Alfeo y Simón, llamado Zelotes; a Judas de Santiago, y a Judas Iscariote, que llegó a ser un traidor.
Bajando con ellos se detuvo en un paraje llano; había una gran multitud de discípulos suyos y gran muchedumbre del pueblo, de toda Judea, de Jerusalén y de la región costera de Tiro y Sidón, que habían venido para oírle y ser curados de sus enfermedades. Y los que eran molestados por espíritus inmundos quedaban curados. Toda la gente procuraba tocarle, porque salía de Él una fuerza que sanaba a todos.
Señor Dios nuestro,
que nos llevaste al
conocimiento de tu nombre
por la predicación de los
apóstoles,
te rogamos que, por
intercesión de san Simón y
san Judas,
tu Iglesia siga siempre
creciendo
con la conversión incesante
de los pueblos.
Por nuestro Señor Jesucristo.
Amén.
Dios Todopoderoso, que diste a tu santo mártir Rodrigo fuerza para dar su vida por el Evangelio y por tu hijo, concédenos que el Espíritu Santo nos haga dóciles para creer y valerosos para vivir lo que creemos. Por Nuestro Señor Jesucristo, tu hijo.
Las lecturas de hoy nos quieren ayudar a descubrir cómo funciona el Reino de Dios. Y la lógica humana no comprende que algo que parece pequeño e insignificante, como un grano de mostaza o la levadura, sean ejemplos de que el reino de Dios está llamado a propagarse para cambiar el mundo. Esta es la misma lógica que hoy san Pablo nos presenta cuando nos propone la imagen del matrimonio para comprender que, igual que Cristo se sometió al amor del Padre y nos regaló la salvación, por el amor de los esposos que son una sola carne el mundo recibe un regalo de amor. Y este amor entregado del esposo y la esposa serán fermento que hace que el mundo crezca en el amor. Seamos buenos y confiemos siempre en Dios, que nos ha regalado su amor incondicional para que el mundo entero sea fecundo.
1ª Lectura (Ef 5, 21-33): Sed sumisos unos a otros con respeto cristiano. Las mujeres, que se sometan a sus maridos como al Señor; porque el marido es cabeza de la mujer, así como Cristo es cabeza de la Iglesia; él, que es el salvador del cuerpo. Pues como la Iglesia se somete a Cristo, así también las mujeres a sus maridos en todo. Maridos, amad a vuestras mujeres como Cristo amó a su Iglesia. Él se entregó a sí mismo por ella, para consagrarla, purificándola con el baño del agua y la palabra, y para colocarla ante sí gloriosa, la Iglesia, sin mancha ni arruga ni nada semejante, sino santa e inmaculada. Así deben también los maridos amar a sus mujeres, como cuerpos suyos que son. Amar a su mujer es amarse a sí mismo. Pues nadie jamás ha odiado su propia carne, sino que le da alimento y calor, como Cristo hace con la Iglesia, porque somos miembros de su cuerpo. Por eso abandonará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer y serán los dos una sola carne». Es éste un gran misterio: y yo lo refiero a Cristo y a la Iglesia. En una palabra, que cada uno de vosotros ame a su mujer como a sí mismo, y que la mujer respete al marido.
Salmo responsorial: 18
R/. Dichosos los que temen al Señor.
Dichoso el que teme al Señor y sigue sus caminos. Comerás del fruto de tu trabajo, serás dichoso, te irá bien.
Tu mujer, como parra fecunda, en medio de tu casa; tus hijos, como renuevos de olivo, alrededor de tu mesa.
Esta es la bendición del hombre que teme al Señor. Que el Señor te bendiga desde Sión, que veas la prosperidad de Jerusalén todos los días de tu vida.
Versículo antes del Evangelio (Cf. Mt 11, 25): Aleluya. Te doy gracias, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has revelado los misterios del Reino a la gente sencilla. Aleluya.
Texto del Evangelio (Lc 13, 18-21):En aquel tiempo, Jesús decía: «¿A qué es semejante el Reino de Dios? ¿A qué lo compararé? Es semejante a un grano de mostaza, que tomó un hombre y lo puso en su jardín, y creció hasta hacerse árbol, y las aves del cielo anidaron en sus ramas». Dijo también: «¿A qué compararé el Reino de Dios? Es semejante a la levadura que tomó una mujer y la metió en tres medidas de harina, hasta que fermentó todo».
Hoy lunes la Palabra de Dios explica que la transformación del corazón viene del Amor de Dios, que sin merecernos su Amor, Él nos mira con misericordia y sabe de nuestra debilidad, y nos llama a vivir en el Amor. Por eso, San Pablo explica que debemos imitar a Cristo que nos ama y se entregó por nosotros. Y en el evangelio Jesús también se fija en sufrimiento de la mujer y no mira normas sino que busca Amar, por eso devuelve la esperanza y la salud a la mujer. Seamos imitadores suyos dando amor verdadero y viviendo cada día de manera sencilla y entregándonos a los demás. Como dice san Francisco, pon AMOR y sacarás AMOR. Seamos buenos y confiemos en Dios que nos invita a vivir la santidad y abandonemos el camino de la injusticia.
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Efesios 4, 32 — 5, 8
Hermanos:
Sed buenos, comprensivos, perdonándoos unos a otros como Dios os perdonó en Cristo. Sed imitadores de Dios, como hijos queridos, y vivid en el amor como Cristo os amó y se entregó por nosotros a Dios como oblación y víctima de suave olor.
De la fornicación, la impureza, indecencia o afán de dinero, ni hablar; es impropio de los santos. Tampoco vulgaridades, estupideces o frases de doble sentido; todo eso está fuera de lugar. Lo vuestro es alabar a Dios. Tened entendido que nadie que se da a la fornicación, a la impureza, o al afán de dinero, que es una idolatría, tendrá herencia en el reino de Cristo y de Dios.
Que nadie os engañe con argumentos falaces; estas cosas son las que atraen el castigo de Dios sobre los rebeldes. No tengáis parte con ellos. Antes sí erais tinieblas, pero ahora, sois luz por el Señor.
Salmo 1, 1-2. 3. 4 y 6 R/ Seamos imitadores de Dios, como hijos queridos
Dichoso el hombre que no sigue el consejo de los impíos, ni entra por la senda de los pecadores, ni se sienta en la reunión de los cínicos; sino que su gozo es la ley del Señor, y medita su ley día y noche. R/.
Será como un árbol plantado al borde de la acequia: da fruto en su sazón y no se marchitan sus hojas; y cuanto emprende tiene buen fin. R/.
No así los impíos, no así; serán paja que arrebata el viento. Porque el Señor protege el camino de los justos, pero el camino de los impíos acaba mal. R/.
Lectura del santo evangelio según san Lucas 13, 10-17
Un sábado, enseñaba Jesús en una sinagoga. Había una mujer que desde hacía dieciocho años estaba enferma por causa de un espíritu, y estaba encorvada, sin poderse enderezar de ningún modo. Al verla, Jesús la llamó y le dijo:
«Mujer, quedas libre de tu enfermedad».
Le impuso las manos, y enseguida se puso derecha. Y glorificaba a Dios. Pero el jefe de la sinagoga, indignado porque Jesús había curado en sábado, se puso a decir a la gente:
«Hay seis días para trabajar; venid, pues, a que os curen en esos días y no en sábado».
Pero el Señor le respondió y dijo:
«Hipócritas: cualquiera de vosotros, ¿no desata en sábado su buey o su burro del pesebre, y los lleva a abrevar? Y a esta, que es hija de Abrahán, y que Satanás ha tenido atada dieciocho años, ¿no era necesario soltarla de tal ligadura en día de sábado?».
Al decir estas palabras, sus enemigos quedaron abochornados, y toda la gente se alegraba por todas las maravillas que hacía.
La primera lectura del Éxodo nos explica que Dios intenta educar al pueblo judío para que vivan la misericordia y les recuerda que ellos han pasado por el desierto y Dios los cuidó, y ahora les da normas para que no se olviden de aquel que está necesitado. El problema del pueblo judío será que han pasado de los diez mandamientos a tener tantas normas que no saben cuál debe ser la razón de seguir los mandamientos. Por eso, Jesús responde con claridad a la provocación farisea, sólo hay un mandamiento: Amar a Dios con el corazón, la mente y el alma y Amar al prójimo como a ti mismo. Tengamos hoy presente que sin Amor verdadero no podemos vivir. Seamos buenos y confiemos en Dios, nuestro refugio.
Lectura del libro del Éxodo 22, 20-26
Esto dice el Señor:
«No maltratarás ni oprimirás al emigrante, pues emigrantes fuisteis vosotros en la tierra de Egipto.
No explotarás a viudas ni a huérfanos. Si los explotas y gritan a mí, yo escucharé su clamor, se encenderá mi ira y os mataré a espada; vuestras mujeres quedarán viudas y vuestros hijos huérfanos.
Si prestas dinero a alguien de mi pueblo, a un pobre que habita contigo, no serás con él un usurero cargándole intereses.
Si tomas en prenda el manto de tu prójimo, se lo devolverás antes de ponerse el sol, porque no tiene otro vestido para cubrir su cuerpo, ¿y dónde, si no, se va a acostar? Si grita a mí, yo lo escucharé, porque yo soy compasivo».
Salmo 17, 2-3a. 3bc-4. 47 y 51ab R/. Yo te amo, Señor; tú eres mi fortaleza.
Yo te amo, Señor; tú eres mi fortaleza;
Señor, mi roca, mi alcázar, mi libertador. R/.
Dios mío, peña mía, refugio mío,
escudo mío, mi fuerza salvadora, mi baluarte.
Invoco al Señor de mi alabanza
y quedo libre de mis enemigos. R/.
Viva el Señor, bendita sea mi Roca,
sea ensalzado mi Dios y Salvador.
Tú diste gran victoria a tu rey,
tuviste misericordia de tu ungido. R/.
Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Tesalonicenses 1, 5c-10
Hermanos:
Sabéis cómo nos comportamos entre vosotros para vuestro bien. Y vosotros seguisteis nuestro ejemplo y el del Señor, acogiendo la Palabra en medio de una gran tribulación, con la alegría del Espíritu Santo. Así llegasteis a ser un modelo para todos los creyentes de Macedonia y de Acaya.
No sólo ha resonado la palabra del Señor en Macedonia y en Acaya desde vuestra comunidad, sino que además vuestra fe en Dios se ha difundido por doquier, de modo que nosotros no teníamos necesidad de explicar nada, ya que ellos mismos cuentan los detalles de la visita que os hicimos: cómo os convertisteis a Dios, abandonando los ídolos, para servir al Dios vivo y verdadero, y vivir aguardando la vuelta de su Hijo Jesús desde el cielo, a quien ha resucitado de entre los muertos y que nos libra del castigo futuro.
Lectura del santo evangelio según san Mateo 22, 34-40
En aquel tiempo, los fariseos, al oír que Jesús había hecho callar a los saduceos, se reunieron en un lugar y uno de ellos, un doctor de la ley, le preguntó para ponerlo a prueba: «Maestro, ¿cuál es el mandamiento principal de la ley?». Él le dijo: «“Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente”. Este mandamiento es el principal y primero. El segundo es semejante a él: “Amarás a tu prójimo como a ti mismo”. En estos dos mandamientos se sostienen toda la Ley y los Profetas».
Hoy sábado por la mañana las lecturas nos recuerdan que Jesús, el Hijo de Dios, ha venido al mundo para darnos la salvación, incorporándonos por la fe al cuerpo que es la Iglesia, donde tenemos las herramientas necesarias para vivir en el amor y la Verdad y poder llegar a la santidad. Pero como Jesús nos advierte hoy en el evangelio, para llegar a la Vida debemos confiar plenamente en Dios y dejar de pensar como niños supersticiosos, que ante cualquier circunstancia dura y dolorosa lo entienden como un castigo de Dios. Jesús nos enseña en la parábola que Dios Padre espera y cuida de la higuera porque siempre está convencido de que dará frutos de vida. Pidamos hoy al Espíritu que nos ayude a vivir en el amor a la verdad y poder dar frutos que nos ayuden a ser Santos de la Iglesia. Seamos buenos y confiemos en Dios, que nos invita a llegar alegres a su casa celestial.
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Efesios 4, 7-16
Hermanos: A cada uno de nosotros se le ha dado la gracia según la medida del don de Cristo. Por eso dice la Escritura: «Subió a lo alto llevando cautivos y dio dones a los hombres». Decir «subió» supone que había bajado a lo profundo de la tierra; y el que bajó es el mismo que subió por encima de los cielos para llenar el universo. Y él ha constituido a unos, apóstoles, a otros, profetas, a otros, evangelistas, a otros, pastores y doctores, para el perfeccionamiento de los santos, en función de su ministerio, y para la edificación del cuerpo de Cristo; hasta que lleguemos todos a la unidad en la fe y en el conocimiento del Hijo de Dios, al Hombre perfecto, a la medida de Cristo en su plenitud. Para que ya no seamos niños sacudidos por las olas y llevados a la deriva por todo viento de doctrina, en la falacia de los hombres, que con astucia conduce al error; sino que, realizando la verdad en el amor, hagamos crecer todas las cosas hacia él, que es la cabeza: Cristo, del cual todo el cuerpo, bien ajustado y unido a través de todo el complejo de junturas que lo nutren, actuando a la medida de cada parte, se procura el crecimiento del cuerpo, para construcción de sí mismo en el amor.
Salmo 121, 1bc-2. 3-4ab. 4cd-5 R/. Vamos alegres a la casa del Señor
¡Qué alegría cuando me dijeron:
«Vamos a la casa del Señor»!
Ya están pisando nuestros pies
tus umbrales, Jerusalén. R/.
Jerusalén está fundada
como ciudad bien compacta.
Allá suben las tribus,
las tribus del Señor. R/.
Según la costumbre de Israel,
a celebrar el nombre del Señor;
en ella están los tribunales de justicia,
en el palacio de David. R/.
Lectura del santo evangelio según san Lucas 13, 1-9
En aquel momento se presentaron algunos a contar a Jesús lo de los galileos, cuya sangre había mezclado Pilato con la de los sacrificios que ofrecían.
Jesús respondió:
«¿Pensáis que esos galileos eran más pecadores que los demás galileos porque han padecido todo esto? Os digo que no; y, si no os convertís, todos pereceréis lo mismo. O aquellos dieciocho sobre los que cayó la torre en Siloé y los mató, ¿pensáis que eran más culpables que los demás habitantes de Jerusalén? Os digo que no; y, si no os convertís, todos pereceréis de la misma manera».
Y les dijo esta parábola:
«Uno tenía una higuera plantada en su viña, y fue a buscar fruto en ella, y no lo encontró. Dijo entonces al viñador: “Ya ves, tres años llevo viniendo a buscar fruto en esta higuera, y no lo encuentro. Córtala. ¿Para qué va a perjudicar el terreno?”. Pero el viñador respondió: “Señor, déjala todavía este año y mientras tanto yo cavaré alrededor y le echaré estiércol, a ver si da fruto en adelante. Si no, la puedes cortar”».