Fray Leopoldo de Alpandeire, hermano de los humildes y consuelo de los afligidos, tú que recorriste las calles sembrando paz con tu sonrisa y tus tres Avemarías, enséñanos a vivir con fe, esperanza y caridad.
Ruega por nosotros ante el Señor, para que no perdamos nunca la confianza, incluso en medio de la pobreza, la enfermedad o la soledad.
Acompáñanos cada día, y ayúdanos a vivir como tú: con humildad, sencillez y entrega. Amén.
Te suplico, oh preciosísima virgen y mártir, consigas de tu celestial Esposo y Dios y Señor mío que me asista con su gracia para vencer las dificultades y dolores que se me propongan y huir de los peligros que me acechen para la felicidad de mi viaje por la vida.
Y pues eres tan gran abogada de los males de dientes y muelas, asísteme siempre en ellos y alivia mis sufrimientos en todos mis trabajos, intercediendo con la Reina de los Ángeles, María Santísima, Madre de Dios y Señora nuestra, como Madre que es de Misericordia, para que me mire con sus clementísimos ojos, acompañándome en aquella tan peligrosa como importante última hora, para que, libre de dolores, logre con suave quietud el fin para el que fui creado, en compañía suya, tuya y de todos los santos de la Corte celestial.
Te suplico que aplaques los males que me aquejan, calmando los dolores que tanto me afligen y mal me causan. Amén.
Buenos días. Hoy lunes la primera lectura nos cuenta cómo el rey Salomón ha construido el Templo, lugar que quiere que sea la casa de Dios para siempre, su presencia en medio de Israel. Y en el evangelio vemos la presencia de Dios que se manifiesta en las obras de Cristo: los enfermos tienen fe y creen que con solo tocarlo curarán. La presencia de Dios hoy somos nosotros mismos, que por el bautismo somos templos del Espíritu. Deberíamos cuidar lo que somos y lo que hacemos para que esa acción de Dios, su gracia, llegue a muchos. Seamos buenos y confiemos en Dios, que ha decidido habitar en nosotros.
1ª Lectura (1Re 8, 1-7.9-13): En aquellos días, el rey Salomón convocó en Jerusalén a todos los ancianos y jefes de Israel, para subir allá el arca de la alianza del Señor desde Sión, la ciudad de David. Todos los israelitas se congregaron en torno al rey Salomón para la fiesta de los tabernáculos, que se celebra el séptimo mes del año. Cuando llegaron los ancianos de Israel, unos sacerdotes cargaron el arca de la alianza, y otros, junto con los levitas, llevaron la tienda de la reunión, con todos los objetos sagrados que en ella había. El rey Salomón y toda la comunidad de Israel inmolaron frente al arca ovejas y bueyes en tal número, que no se podían ni contar. Llevaron el arca de la alianza del Señor hasta su lugar en el santuario, el lugar santísimo, y la colocaron bajo las figuras de los querubines, de tal modo, que las alas de éstos quedaron cubriendo el arca y las varas que servían para transportarla.
Lo único que había en el arca eran las dos tablas de piedra, que Moisés colocó ahí, cuando el Señor estableció la alianza con los israelitas, a su salida de Egipto. En cuanto los sacerdotes salieron de aquel sitio sagrado, una nube llenó el templo, y esto les impidió continuar oficiando, porque la gloria del Señor había llenado su templo. Entonces Salomón exclamó: «El Señor dijo que habitaría en una espesa nube. Por eso, Señor, la casa que te he construido con magnificencia, será tu morada».
Salmo responsorial: 131
R/. Levántate, Señor, y ven con el arca.
Que se hallaba en Efrata nos dijeron; de Jaar en los campos la encontramos. Entremos en la tienda del Señor y a sus pies, adorémoslo, postrados.
Levántate, Señor, ven a tu casa; ven con el arca, poderoso auxilio. Tus sacerdotes vístanse de gala; tus fieles, jubilosos, lancen gritos. Por amor a David, tu servidor, no apartes la mirada de tu ungido.
Versículo antes del Evangelio (Mt 4, 23): Aleluya. Jesús proclamaba el Evangelio del Reino y curaba a la gente de toda enfermedad. Aleluya.
Texto del Evangelio (Mc 6, 53-56): En aquel tiempo, cuando Jesús y sus discípulos hubieron terminado la travesía, llegaron a tierra en Genesaret y atracaron. Apenas desembarcaron, le reconocieron en seguida, recorrieron toda aquella región y comenzaron a traer a los enfermos en camillas adonde oían que Él estaba. Y dondequiera que entraba, en pueblos, ciudades o aldeas, colocaban a los enfermos en las plazas y le pedían que les dejara tocar la orla de su manto; y cuantos la tocaron quedaban salvados.
¡Oh Hermano Miguel Febres Cordero, siervo fiel de Dios y protector de la juventud! En este momento de oración te agradezco por tu ejemplo de entrega y amor desinteresado hacia los demás. Tus acciones inspiran nuestros corazones y fortalecen nuestra fe.Hoy te pido que intercedas ante Dios en mi nombre, especialmente en (mencione aquí la situación o necesidad específica). Con humildad y confianza, acudo a ti buscando tu valiosa ayuda y protección. Guía mis pasos y bendice mis esfuerzos con tu gracia divina. Que tu amor por Cristo y por los más necesitados sea un faro en mi vida, iluminando mi camino en tiempos de oscuridad. Te encomiendo esta petición con la esperanza de que, a través de tu intercesión, pueda experimentar el poder transformador del amor de Dios en mi vida. Amén.
Buenos días. Feliz domingo, día del Señor resucitado. Una idea importante que destacar en las lecturas: que nuestra vida sirva de ejemplo y que vivamos felices por hacer las cosas lo mejor que podamos. El evangelio y la primera lectura nos invitan a ser luz del mundo que brille por sus buenas obras. Pidamos al Señor poder hacer siempre el bien y que nos convirtamos en la sal que da sabor a un mundo desabrido. Seamos buenos y confiemos en Dios, que nos ayuda a brillar.
1ª Lectura (Is 58, 7-10): Esto dice el Señor: «Parte tu pan con el hambriento, hospeda a los pobres sin techo, cubre a quien ves desnudo y no te desentiendas de los tuyos. Entonces surgirá tu luz como la aurora, enseguida se curarán tus heridas, ante ti marchará la justicia, detrás de ti la gloria del Señor. Entonces clamarás al Señor y te responderá; pedirás ayuda y te dirá: ‘Aquí estoy’. Cuando alejes de ti la opresión, el dedo acusador y la calumnia, cuando ofrezcas al hambriento de lo tuyo y sacies al alma afligida, brillará tu luz en las tinieblas, tu oscuridad como el mediodía».
Salmo responsorial: 111
R/. El justo brilla en las tinieblas como una luz.
En las tinieblas brilla como una luz el que es justo, clemente y compasivo. Dichoso el que se apiada y presta, y administra rectamente sus asuntos.
Porque jamás vacilará. El recuerdo del justo será perpetuo. No temerá las malas noticias, su corazón está firme en el Señor.
Su corazón está seguro, sin temor. Reparte limosna a los pobres; su caridad dura por siempre y alzará la frente con dignidad.
2ª Lectura (1Cor 2, 1-5): Yo mismo, hermanos, cuando vine a vosotros a anunciaros el misterio de Dios, no lo hice con sublime elocuencia o sabiduría, pues nunca entre vosotros me precié de saber cosa alguna, sino a Jesucristo, y este crucificado. También yo me presenté a vosotros débil y temblando de miedo; mi palabra y mi predicación no fue con persuasiva sabiduría humana, sino en la manifestación y el poder del Espíritu, para que vuestra fe no se apoye en la sabiduría de los hombres, sino en el poder de Dios.
Versículo antes del Evangelio (Jn 8, 12): Aleluya. Yo soy la luz del mundo, dice el Señor; el que me sigue tendrá la luz de la vida. Aleluya.
Texto del Evangelio (Mt 5, 13-16): En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «Vosotros sois la sal de la tierra. Mas si la sal se desvirtúa, ¿con qué se la salará? Ya no sirve para nada más que para ser tirada afuera y pisoteada por los hombres. Vosotros sois la luz del mundo. No puede ocultarse una ciudad situada en la cima de un monte. Ni tampoco se enciende una lámpara y la ponen debajo del celemín, sino sobre el candelero, para que alumbre a todos los que están en la casa. Brille así vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos».
La semana pasada nos preguntábamos ¿qué hay que hacer para ser feliz?Y Jesús nos respondía con las Bienaventuranzas ( la receta para ser feliz).
Hoy le podíamos preguntar ¿y cómo podemos ser felices? Y nos responde de manera sencilla pero profunda:"Para ser felices y para ser discípulo de Jesús hay que ser como la sal y como la luz".
Hoy Jesús nos dice que nuestra misión como creyentes es "aclarar" el sentido de la vida (LUZ) y "dar" el sentido a la vida (SAL).Al igual que pasa con la sal debemos aportar sabor y gusto a la vida, a menudo aburrida e insípida de tanta gente. Y es que a veces los agobios de la vida nos hacen olvidar la alegría, el humor, la acogida, la ilusión por vivir...
La sal es la imagen de la discreción: no se ve, se disuelve, aparentemente no está pero se nota (digo si se nota...)
Y luz porque estamos llamados a iluminar las tinieblas del mundo, aunque seamos una humilde cerilla una pequeña luz puede iluminar una gran oscuridad.Tenemos una luz que no se apaga y es la fe. Esta fe nos debe llevar a darle sabor y sentido a todo en nuestra vida.
Un cuerpo, un cuerpo solo, un sólo cuerpo un cuerpo como día derramado y noche devorada; la luz de unos cabellos que no apaciguan nunca la sombra de mi tacto; una garganta, un vientre que amanece como el mar que se enciende cuando toca la frente de la aurora; unos tobillos, puentes del verano; unos muslos nocturnos que se hunden en la música verde de la tarde; un pecho que se alza y arrasa las espumas; un cuello, sólo un cuello, unas manos tan sólo, unas palabras lentas que descienden como arena caída en otra arena…. Esto que se me escapa, agua y delicia obscura, mar naciendo o muriendo; estos labios y dientes, estos ojos hambrientos, me desnudan de mí y su furiosa gracia me levanta hasta los quietos cielos donde vibra el instante; la cima de los besos, la plenitud del mundo y de sus formas.
Buenos días. Hoy sábado por la mañana la palabra de Dios nos invita a pedirle lo que de verdad es necesario y bueno. Salomón pide sabiduría para discernir y poder gobernar con justicia y Dios se lo concede. Los apóstoles han sido enviados a evangelizar y llevar la gracia de Dios, llegan cansados y siguen viniendo más necesitados, por eso Jesús les invita a rezar y meditar para poder atender y seguir dando gracia de Dios. Si queremos ser auténticos testigos necesitamos pedir sabiduría y gracia y prepararnos escuchando su palabra y viviendo su voluntad. Seamos buenos y confiemos en Dios, que sus mandamientos son auténtica alegría.
1ª Lectura (1Re 3, 4-15): En aquellos días, Salomón fue a Gabaón a ofrecer allí sacrificios, pues allí estaba la ermita principal. En aquel altar ofreció Salomón mil holocaustos. En Gabaón el Señor se apareció en sueños a Salomón y le dijo: «Pídeme lo que quieras».
Respondió Salomón: «Tú le hiciste una gran promesa a tu siervo, mi padre David, porque caminó en tu presencia con lealtad, justicia y rectitud de corazón; y le has cumplido esa gran promesa, dándole un hijo que se siente en su trono: es lo que sucede hoy. Pues bien, Señor, Dios mío, tú has hecho que tu siervo suceda a David, mi padre, en el trono, aunque yo soy un muchacho y no sé desenvolverme. Tu siervo se encuentra en medio de tu pueblo, un pueblo inmenso, incontable, innumerable. Da a tu siervo un corazón dócil para gobernar a tu pueblo, para discernir el mal del bien, pues, ¿quién sería capaz de gobernar a este pueblo tan numeroso?».
Al Señor le agradó que Salomón hubiera pedido aquello, y Dios le dijo: «Por haber pedido esto y no haber pedido para ti vida larga ni riquezas ni la vida de tus enemigos, sino que pediste discernimiento para escuchar y gobernar, te cumplo tu petición: te doy un corazón sabio e inteligente, como no lo ha habido antes ni lo habrá después de ti. Y te daré también lo que no has pedido: riquezas y fama, mayores que las de rey alguno».
Salmo responsorial: 118
R/. Enséñame, Señor, tus leyes.
¿Cómo podrá un joven andar honestamente? Cumpliendo tus palabras.
Te busco de todo corazón, no consientas que me desvíe de tus mandamientos.
En mi corazón escondo tus consignas, así no pecaré contra ti.
Bendito eres, Señor, enséñame tus leyes.
Mis labios van enumerando los mandamientos de tu boca.
Mi alegría es el camino de tus preceptos, más que todas las riquezas.
Versículo antes del Evangelio (Jn 10, 27): Aleluya. Mis ovejas oyen mi voz, dice el Señor; y yo las conozco y me siguen. Aleluya.
Texto del Evangelio (Mc 6, 30-34): En aquel tiempo, los Apóstoles se reunieron con Jesús y le contaron todo lo que habían hecho y lo que habían enseñado. Él, entonces, les dice: «Venid también vosotros aparte, a un lugar solitario, para descansar un poco». Pues los que iban y venían eran muchos, y no les quedaba tiempo ni para comer. Y se fueron en la barca, aparte, a un lugar solitario. Pero les vieron marcharse y muchos cayeron en cuenta; y fueron allá corriendo, a pie, de todas las ciudades y llegaron antes que ellos. Y al desembarcar, vio mucha gente, sintió compasión de ellos, pues estaban como ovejas que no tienen pastor, y se puso a enseñarles muchas cosas.
Oh Dios, fortaleza de todos los santos, que has llamado a san Pablo Miki y a su compañeros a la vida eterna por medio de la cruz, concédenos por su intercesión mantener con vigor, hasta la muerte, la fe que profesamos. Por Jesucristo, tu Hijo, nuestro Señor. Amén.
Buenos días. Es viernes, donde tenemos presente la misericordia de Dios. Las lecturas presentan a dos reyes, David y Herodes. El primero es ensalzado porque, a pesar de su debilidad, Dios miró su corazón quebrantado y humillado y le concedió su alianza. El segundo, a pesar de sentir en su corazón la necesidad de misericordia, se deja llevar por las apariencias, la prepotencia y la soberbia y desoye su conciencia, y por eso cuando escucha hablar de Jesús y sus obras vuelven a él la muerte de Juan el Bautista y un deseo de que esté vivo. Oigamos la palabra de esperanza y amor: convertíos porque está cerca el Reino de los cielos y vivamos la nueva vida que Jesús nos da. Seamos buenos y confiemos en Dios, nuestro escudo y fortaleza ante la debilidad.
1ª Lectura (Eclo 47, 2-13): Como la grasa es lo mejor del sacrificio, así David es el mejor de Israel. Jugaba con leones como con cabritos, y con osos como con corderillos; siendo un muchacho, mató a un gigante, removiendo la afrenta del pueblo, cuando su mano hizo girar la honda, y derribó el orgullo de Goliat. Invocó al Dios Altísimo, quien hizo fuerte su diestra para eliminar al hombre aguerrido y restaurar el honor de su pueblo. Por eso le cantaban las mozas, alabándolo por sus diez mil.
Ya coronado, peleó y derrotó a sus enemigos vecinos, derrotó a los filisteos hostiles, quebrantando su poder hasta hoy. De todas sus empresas daba gracias, alabando la gloria del Dios Altísimo; de todo corazón amó a su Creador, entonando salmos cada día; trajo instrumentos para servicio del altar y compuso música de acompañamiento; celebró solemnemente fiestas y ordenó el ciclo de las solemnidades; cuando alababa el nombre santo, de madrugada, resonaba el rito. El Señor perdonó su delito y exaltó su poder para siempre; le confirió el poder real y le dio un trono en Jerusalén.
Salmo responsorial: 17
R/. Bendito sea mi Dios y Salvador.
Perfecto es el camino de Dios, acendrada es la promesa del Señor; él es escudo para los que a él se acogen.
Viva el Señor, bendita sea mi Roca, sea ensalzado mi Dios y Salvador. Por eso te daré gracias entre las naciones, Señor, y tañeré en honor de tu nombre.
Tú diste gran victoria a tu rey, tuviste misericordia de tu Ungido, de David y su linaje por siempre.
Versículo antes del Evangelio (Cf. Lc 8, 15): Aleluya. Bienaventurados los que con corazón bueno y sano retienen la palabra de Dios y llevan fruto en paciencia. Aleluya.
Texto del Evangelio (Mc 6, 14-29): En aquel tiempo, se había hecho notorio el nombre de Jesús y llegó esto a noticia del rey Herodes. Algunos decían: «Juan el Bautista ha resucitado de entre los muertos y por eso actúan en él fuerzas milagrosas». Otros decían: «Es Elías»; otros: «Es un profeta como los demás profetas». Al enterarse Herodes, dijo: «Aquel Juan, a quien yo decapité, ése ha resucitado». Es que Herodes era el que había enviado a prender a Juan y le había encadenado en la cárcel por causa de Herodías, la mujer de su hermano Filipo, con quien Herodes se había casado. Porque Juan decía a Herodes: «No te está permitido tener la mujer de tu hermano». Herodías le aborrecía y quería matarle, pero no podía, pues Herodes temía a Juan, sabiendo que era hombre justo y santo, y le protegía; y al oírle, quedaba muy perplejo, y le escuchaba con gusto. Y llegó el día oportuno, cuando Herodes, en su cumpleaños, dio un banquete a sus magnates, a los tribunos y a los principales de Galilea. Entró la hija de la misma Herodías, danzó, y gustó mucho a Herodes y a los comensales. El rey, entonces, dijo a la muchacha: «Pídeme lo que quieras y te lo daré». Y le juró: «Te daré lo que me pidas, hasta la mitad de mi reino». Salió la muchacha y preguntó a su madre: «¿Qué voy a pedir?». Y ella le dijo: «La cabeza de Juan el Bautista». Entrando al punto apresuradamente adonde estaba el rey, le pidió: «Quiero que ahora mismo me des, en una bandeja, la cabeza de Juan el Bautista». El rey se llenó de tristeza, pero no quiso desairarla a causa del juramento y de los comensales. Y al instante mandó el rey a uno de su guardia, con orden de traerle la cabeza de Juan.
Se fue y le decapitó en la cárcel y trajo su cabeza en una bandeja, y se la dio a la muchacha, y la muchacha se la dio a su madre. Al enterarse sus discípulos, vinieron a recoger el cadáver y le dieron sepultura.
"Cuando lo escuchaba quedaba desconcertado, y lo escuchaba con gusto" (Mc 6, 14-29)
Señor, cuando te escucho, ¿qué siento?¿cómo me interpelan tus palabras?¿Y tus obras?¿Se me ha acostumbrado el oído a oirte hablar y ya no me conmueve tu Palabra y tus gestos solidarios en lo profundo?
Señor, cuando te escucho, ¿Me desconciertas?¿Logras descentrarme?¿Pones en tela de juicio mis seguridades y afirmaciones rotundas? ¿Desequilibras mi balanza, mi modo de mirar, mi tendencia al juicio rápido, mi murmuro en torno a los otros; interpelas mi fe, esperanza y caridad?
Señor, cuando te escucho, ¿Lo hago con gusto? ¿Dedico tiempo para hacerlo? ¿Logro reservarte espacios importantes en mi jornada para que mi mente y mi corazón se serenen y reposen tu Palabra? ¿Me dejo transformar por ella?
Señor, sabes que te escucho ya conoces mis sorderas, mis reticencias, resistencias y mis peros, por eso hoy te pido que antes de hablar, te escuche; que antes de juzgar, te escuche; que antes de dirigir, te escuche; que antes de corregir, te escuche; que antes de liarme a hacer cosas, te escuche; que antes de orar, te escuche; que antes de acompañar, te escuche; que antes de quejarme, te escuche; que antes de tirar la toalla, te escuche; que antes de buscar excusas, te escuche; que antes de perderme, te escuche.
Dime, amiga, la causa de este ardiente, puro, inmortal anhelo que hay en mí: suspenderme a tu labio eternamente, y abismarme en tu ser, y el grato ambiente de tu alma inmaculada recibir.
En tiempo que pasó, tiempo distinto, ¿no era de un solo ser nuestro existir? ¿acaso el foco de un planeta extinto dio nido a nuestro amor en su recinto en días que vimos para siempre huir?
¿...Tú también como yo? Sí, tú has sentido en el pecho el dulcísimo latido con que anuncia su fuego la pasión: amémonos los dos, y pronto el vuelo alzaremos felices a ese cielo en que otra vez seremos como Dios.