Hoy las lecturas destacan la importancia de orar siempre sin cansarse. En la primera lectura, Pedro pide a los cristianos que recemos de manera sobria y sensata, porque el fin se acerca, y en el evangelio Jesús muestra de una manera dura que si rezamos a Dios con auténtica fe, y amando (perdonando de corazón) todo es posible. Pero también hay una advertencia: en el templo que somos debemos acoger la gracia de Dios y, como señala san Pedro, ponernos al servicio de los demás. La alegría que sentiremos será más grande que el dolor o el sufrimiento que el mundo nos quiera hacer. Seamos buenos y confiemos en Dios, que gobierna el mundo con justicia divina.
1ª Lectura (1Pe 4, 7-13): Queridos hermanos: El fin de todas las cosas está cercano. Sed, pues, moderados y sobrios, para poder orar. Ante todo, mantened en tensión el amor mutuo, porque el amor cubre la multitud de los pecados. Ofreceos mutuamente hospitalidad, sin protestar. Que cada uno, con el don que ha recibido, se ponga al servicio de los demás, como buenos administradores de la múltiple gracia de Dios. El que toma la palabra, que hable palabra de Dios. El que se dedica al servicio, que lo haga en virtud del encargo recibido de Dios. Así, Dios será glorificado en todo, por medio de Jesucristo, a quien corresponden la gloria y el poder por los siglos de los siglos. Amén. Queridos hermanos, no os extrañéis de ese fuego abrasador que os pone a prueba, como si os sucediera algo extraordinario. Estad alegres cuando compartís los padecimientos de Cristo, para que, cuando se manifieste su gloria, reboséis de gozo.
Salmo responsorial: 95
R/. Llega el Señor a regir la Tierra.
Decid a los pueblos: El Señor es rey, él afianzó el orbe, y no se moverá; él gobierna a los pueblos rectamente.
Alégrese el cielo, goce la tierra, retumbe el mar y cuanto lo llena; vitoreen los campos y cuanto hay en ellos, aclamen los árboles del bosque.
Delante del Señor, que ya llega, ya llega a regir la Tierra: regirá el orbe con justicia y los pueblos con fidelidad.
Versículo antes del Evangelio (Jn 15, 16): Aleluya. Yo os elegí del mundo para que vayáis y llevéis fruto y vuestro fruto permanezca. Aleluya.


































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