Las lecturas de hoy nos quieren mostrar que amar es la clave para conocer a Dios. Por eso el evangelio señala que amar como Dios, con misericordia y acogiendo incluso al enemigo, nos ayuda a descubrir y comprender que somos hijos de Dios, y si todos somos hijos de un mismo Padre, eso significa que somos hermanos y responsables los unos de los otros; por eso hoy san Pablo nos invita a no escandalizar con nuestras vidas y vivir juntos ayudándonos para parecernos a ese Padre misericordioso que ama a buenos y malos. Seamos buenos y confiemos en Dios, que sondea nuestros corazones y conoce si nuestro amor es verdadero o fingido.
1ª Lectura (1Cor 8, 1b-7.11-13): El conocimiento engríe, lo constructivo es el amor. Quien se figura haber terminado de conocer algo, aún no ha empezado a conocer como es debido. En cambio, al que ama a Dios, Dios lo reconoce. Vengamos a eso de comer de lo sacrificado. Sabemos que en el mundo real un ídolo no es nada, y que Dios no hay más que uno; pues, aunque hay los llamados dioses en el cielo y en la tierra —y son numerosos los dioses y numerosos los señores—, para nosotros no hay más que un Dios, el Padre, de quien procede el universo y a quien estamos destinados nosotros, y un solo Señor, Jesucristo, por quien existe el universo y por quien existimos nosotros. Sin embargo, no todos tienen ese conocimiento: algunos, acostumbrados a la idolatría hasta hace poco, comen pensando que la carne está consagrada al ídolo y, como su conciencia está insegura, se mancha. Así, tu conocimiento llevará al desastre al inseguro, a un hermano por quien Cristo murió. Al pecar de esa manera contra los hermanos, turbando su conciencia insegura, pecáis contra Cristo. Por eso, si por cuestión de alimento peligra un hermano mío, nunca volveré a comer carne, para no ponerlo en peligro.
Salmo responsorial: 138
R/. Guíame, Señor, por el camino eterno.
Señor, tú me sondeas y me conoces; me conoces cuando me siento o me levanto, de lejos penetras mis pensamientos; distingues mi camino y mi descanso, todas mis sendas te son familiares.
Tú has creado mis entrañas, me has tejido en el seno materno. Te doy gracias, porque me has escogido portentosamente, porque son admirables tus obras.
Señor, sondéame y conoce mi corazón, ponme a prueba y conoce mis sentimientos, mira si mi camino se desvía, guíame por el camino eterno.
Versículo antes del Evangelio (1Jn 4, 12): Aleluya. Si nos amamos los unos a los otros, Dios permanece en nosotros y su amor ha llegado en nosotros a su plenitud. Aleluya.
Texto del Evangelio (Lc 6, 27-38): En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «Yo os digo a los que me escucháis: Amad a vuestros enemigos, haced bien a los que os odien, bendecid a los que os maldigan, rogad por los que os difamen. Al que te hiera en una mejilla, preséntale también la otra; y al que te quite el manto, no le niegues la túnica. A todo el que te pida, da, y al que tome lo tuyo, no se lo reclames. Y lo que queráis que os hagan los hombres, hacédselo vosotros igualmente. Si amáis a los que os aman, ¿qué mérito tenéis? Pues también los pecadores aman a los que les aman. Si hacéis bien a los que os lo hacen a vosotros, ¿qué mérito tenéis? ¡También los pecadores hacen otro tanto! Si prestáis a aquellos de quienes esperáis recibir, ¿qué mérito tenéis? También los pecadores prestan a los pecadores para recibir lo correspondiente. Más bien, amad a vuestros enemigos; haced el bien, y prestad sin esperar nada a cambio; y vuestra recompensa será grande, y seréis hijos del Altísimo, porque Él es bueno con los ingratos y los perversos. Sed compasivos, como vuestro Padre es compasivo. No juzguéis y no seréis juzgados, no condenéis y no seréis condenados; perdonad y seréis perdonados. Dad y se os dará; una medida buena, apretada, remecida, rebosante pondrán en vuestro regazo. Porque con la medida con que midáis se os medirá».
“Amad a vuestros enemigos, haced el bien, bendecid” (Lc 6, 27-38)
Señor Jesús: una mañana más aquí me tienes. Estoy dispuesto. Prepara mi corazón para vivir a tu ritmo y amar como Tú amas.
El Evangelio de hoy es un proyecto de vida: amar, ser misericordioso, hacer el bien, orar y bendecir. Sin Ti no puedo, contigo sé que es posible. Ayúdame a leer en profundidad esta palabra tuya de hoy.
Señor Jesús, amar, amar más y amar mejor. Amar a los míos, a los conocidos, amar a los que me aman… pero no es suficiente.
Me pides amar a los enemigos, ¿cómo se hace eso? ¿Cómo amar a quien me hace daño, a quien no me quiere, a quien se sitúa en las antípodas de mi modo de pensar, de creer y de obrar?
Ayúdame a vivir este mandato tuyo. Sin Ti no sé, contigo aprenderé.




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