Feliz día del Señor. Hoy la Palabra de Dios nos vuelve a hablar en parábolas sobre el Reino de Dios. Y nos explica que es lo más importante y valioso y que quien lo encuentra ya no puede vivir sin Dios. Y nos muestra que ese Reino no es una imposición sino algo que va mostrándose con paciencia y va creciendo hasta convertirse en algo único. Pero ese Reino también es la capacidad de escoger entre lo bueno y lo malo. Es un Reinado de libertad, por eso nos invita a decidir si queremos vivir en Él o no. Sed buenos y creed en Dios que nos llama a una felicidad eterna, si queremos vivir según su Palabra.
1ª Lectura (1Re 3, 5.7-12): En aquellos días, el Señor se apareció en sueños a Salomón y le dijo: «Pideme lo que quieras». Respondió Salomón: «Señor, Dios mío, tú has hecho que tu siervo suceda a David, mi padre, en el trono, aunque yo soy un muchacho y no sé desenvolverme. Tu siervo se encuentra en medio de tu pueblo, un pueblo inmenso, incontable, innumerable. Da a tu siervo un corazón dócil para gobernar a tu pueblo, para discernir el mal del bien, pues, ¿quién sería capaz de gobernar a este pueblo tan numeroso?». Al Señor le agradó que Salomón hubiera pedido aquello, y Dios le dijo: «Por haber pedido esto y no haber pedido para ti vida larga ni riquezas ni la vida de tus enemigos, sino que pediste discernimiento para escuchar y gobernar, te cumplo tu petición: te doy un corazón sabio e inteligente, como no lo ha habido antes ni lo habrá después de ti».
Salmo responsorial: 118
R/. ¡Cuánto amo tu voluntad, Señor!
Mi porción es el Señor; he resuelto guardar tus palabras. Más estimo yo los preceptos de tu boca que miles de monedas de oro y plata.
Que tu bondad me consuele, según la promesa hecha a tu siervo; cuando me alcance tu compasión, viviré, y mis delicias serán tu voluntad.
Yo amo tus mandatos más que el oro purísimo; por eso aprecio tus decretos y detesto el camino de la mentira.
Tus preceptos son admirables, por eso los guarda mi alma; la explicación de tus palabras ilumina, da inteligencia a los ignorantes.
2ª Lectura (Rom 8, 28-30): Sabemos que a los que aman a Dios todo les sirve para el bien: a los que ha llamado conforme a su designio. A los que había escogido, Dios los predestinó a ser imagen de su Hijo, para que él fuera el primogénito de muchos hermanos. A los que predestinó, los llamó; a los que llamó, los justificó; a los que justificó, los glorificó.
Versículo antes del Evangelio (Cf. Mt 11, 25): Aleluya. Te doy gracias, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has revelado los misterios del Reino a la gente sencilla. Aleluya.















































