Hoy sábado por la mañana las lecturas nos muestran que Dios no se olvida del pobre y del que sufre, sino que está a su lado y lo acompaña, pero no actúa con maldad ni con prepotencia, sino que lo hace con mansedumbre y humildad. Porque Dios no quiere la destrucción de nadie, sino que descubramos el amor como la herramienta que transforma el mundo. Se cumple en Cristo la promesa del profeta: la caña cascada no la quebrará, la mecha vacilante no la apagará, hasta llevar el derecho a la victoria. Confiemos en Dios, y utilicemos la poderosa herramienta que nos ha dejado: amar siempre y a todos. Seamos buenos y confiemos siempre en Dios, que no se olvida del humilde.
Lectura de la profecía de Miqueas 2, 1-5
¡Ay de los que traman el crimen y planean pérfidas acciones en sus camas. En cuento apunta el día las ejecutan, porque tienen el poder! Desean campos y los roban, las casas, y se apoderan de ellas; oprimen al cabeza de familia y a los suyos, explotan al ciudadano y sus bienes. Por tanto. esto dice el Señor: «Yo también tramo contra estas gentes un mal del que no podréis apartar el cuello y no andaréis con la cabeza alta, pues serán malos tiempos aquellos. Aquel día os dedicarán una sátira, se cantará una elegía que diga: "Estamos totalmente perdidos, pues se reparte el lote de mi pueblo; ¿cómo se volverá hacia mí para restituir nuestros campos que ahora está repartiendo?”. Por ellos, no tendrás quien te eche a suertes un lote en la asamblea del Señor».
Salmo 9, 22-23. 24-25. 28-29. 35 R/. No te olvides de los humildes, Señor.
Lectura del santo evangelio según san Mateo 12, 14-21
En aquel tiempo, al salir de la sinagoga, los fariseos planearon el modo de acabar con Jesús. Pero Jesús se enteró, se marchó de allí, y muchos le siguieron. Él los curó a todos, mandándoles que no lo descubrieran. Así se cumplió lo dicho por medio del profeta Isaías: «Mirad a mi siervo, mi elegido, mi amado, en quien me complazco. Sobre él pondré mi espíritu para que anuncie el derecho a las naciones. No porfiará, no gritará, nadie escuchará su voz por las calles. La caña cascada no la quebrará, la mecha vacilante no lo apagará, hasta llevar el derecho a la victoria; en su nombre esperarán las naciones».

















































