Este sábado por la mañana las lecturas nos muestran a dos profetas: Jeremías y Juan el Bautista. Y los dos profetas son incómodos, pero Jeremías acaba siendo respetado y protegido por un soldado del Rey, que reconoce que habla en nombre de Dios. Sin embargo, Juan es temido por Herodes, y querido y respetado por el pueblo. Es ese rechazo al plan de Dios lo que llevará a matar a Juan. Pero el mensaje de Dios no se detiene y la sangre de los inocentes se convierte en vida nueva que anima a no rendirse en este mundo. Es lo que expresa el profeta Jeremías: Yo estoy en vuestras manos, pero el que se convierta a Dios se salvará. Seamos buenos y confiemos en Dios, que los que son fieles a su Palabra y la transmiten todo lo que viven les sirve para el bien.
Lectura de la profecía de Jeremías 26, 11-16. 24
Ahora bien, si enmendáis vuestra conducta y vuestras acciones y escucháis la voz del Señor vuestro Dios, el Señor se arrepentirá de la amenaza que ha pronunciado contra vosotros. Yo, por mi parte, estoy en vuestras manos: haced de mí lo que mejor os parezca.
Pero sabedlo bien: si me matáis, os haréis responsables de sangre inocente, que caerá sobre vosotros, sobre esta ciudad y sobre sus habitantes. Porque es cierto que el Señor me ha enviado para que os comunique personalmente estas palabras».
Entonces Ajicán, hijo de Safán, se hizo cargo de Jeremías para que no lo entregaran al pueblo y le dieran muerte.
Salmo 68, 15-16. 30-31. 33-34 R/. En el día de la gracia, escúchame, Señor.
Lectura del santo evangelio según san Mateo 14, 1-12
En aquel tiempo, oyó el tetrarca Herodes lo que se contaba de Jesús y dijo a sus cortesanos: «Ese es Juan el Bautista, que ha resucitado de entre los muertos, y por eso las fuerzas milagrosas actúan en él».
Es que Herodes había mandado prender a Juan y lo había metido en la cárcel encadenado, por motivo de Herodías, mujer de su hermano Filipo; porque Juan le decía que no le era lícito vivir con ella. Quería mandarlo matar, pero tuvo miedo de la gente, que lo tenía por profeta.
El día del cumpleaños de Herodes, la hija de Herodías danzó delante de todos y le gustó tanto a Herodes, que juró darle lo que pidiera.
Ella, instigada por su madre, le dijo: «Dame ahora mismo en una bandeja la cabeza de Juan el Bautista».
El rey lo sintió, pero, por el juramento y los invitados, ordenó que se la dieran, y mandó decapitar a Juan en la cárcel. Trajeron la cabeza en una bandeja, se la entregaron a la joven y ella se la llevó a su madre. Sus discípulos recogieron el cadáver, lo enterraron, y fueron a contárselo a Jesús.













































.jpg)
.jpg)





