jueves, 9 de julio de 2026

JUEVES XIV TIEMPO ORDINARIO A


Todos los días Dios nos muestra su amor y cercanía con su palabra y poniendo a nuestro lado lo que necesitamos, por eso hoy en el evangelio leemos que nos deja instrucciones para que confiemos en su presencia y amor. Es cierto que cuando llegan los momentos de dificultad nos cuesta descubrir que Dios nos ama, y a pesar de que nosotros nos apartamos de Él, Dios es como un padre-madre que con ternura cuida y alimenta a su hijo. Así es el Dios que Cristo nos manifiesta, y que nos pide que también nosotros lo manifestemos al mundo con nuestras vidas. Seamos buenos y confiemos en Dios, que se fija en el hombre para darle su amor incondicional.


1ª Lectura (Os 11, 1-4.8c-9): Así dice el Señor: «Cuando Israel era joven, lo amé, desde Egipto llamé a mi hijo. Cuando lo llamaba, él se alejaba, sacrificaba a los Baales, ofrecía incienso a los ídolos. Yo enseñé a andar a Efraín, lo alzaba en brazos; y él no comprendía que yo lo curaba. Con cuerdas humanas, con correas de amor lo atraía; era para ellos como el que levanta el yugo de la cerviz, me inclinaba y le daba de comer. Se me revuelve el corazón, se me conmueven las entrañas. No cederé al ardor de mi cólera, no volveré a destruir a Efraín; que soy Dios, y no hombre; santo en medio de ti, y no enemigo a la puerta».


Salmo responsorial: 79

R/. Que brille tu rostro, Señor, y nos salve.

Pastor de Israel, escucha, tú que te sientas sobre querubines, resplandece; despierta tu poder y ven a salvarnos.

Dios de los ejércitos, vuélvete: mira desde el cielo, fíjate, ven a visitar tu viña, la cepa que tu diestra plantó, y que tú hiciste vigorosa.


Versículo antes del Evangelio (Mc 1, 15): Aleluya. Se ha acercado el Reino de Dios, haced penitencia y creed en el Evangelio. Aleluya.



Texto del Evangelio (Mt 10, 7-15): En aquel tiempo, Jesús dijo a sus Apóstoles: «Id proclamando que el Reino de los Cielos está cerca. Curad enfermos, resucitad muertos, purificad leprosos, expulsad demonios. Gratis lo recibisteis; dadlo gratis. No os procuréis oro, ni plata, ni calderilla en vuestras fajas; ni alforja para el camino, ni dos túnicas, ni sandalias, ni bastón; porque el obrero merece su sustento. En la ciudad o pueblo en que entréis, informaos de quién hay en él digno, y quedaos allí hasta que salgáis. Al entrar en la casa, saludadla. Si la casa es digna, llegue a ella vuestra paz; mas si no es digna, vuestra paz se vuelva a vosotros. Y si no se os recibe ni se escuchan vuestras palabras, salid de la casa o de la ciudad aquella sacudiendo el polvo de vuestros pies. Yo os aseguro: el día del Juicio habrá menos rigor para la tierra de Sodoma y Gomorra que para aquella ciudad».










No hay comentarios:

Publicar un comentario