Hoy sábado por la mañana las lecturas quieren ayudarnos a entender que la Ley de Moisés sirvió para guiar y llevar por el camino de Dios, pero lo que nos abre las puertas del Paraíso es la fe en Cristo, que al unirnos a Él por el bautismo nos convierte en hijos de Dios. Pero el Evangelio nos muestra que no basta con recibir el bautismo sino que hay que cumplir con la nueva condición y ser coherentes y cumplir la voluntad de Dios. Seamos buenos, confiemos en Dios y sintamos alegría los que buscamos vivir con Él.
1ª Lectura (Gál 3, 22-29): La Escritura presenta al mundo entero prisionero del pecado, para que lo prometido se dé por la fe en Jesucristo a todo el que cree. Antes de que llegara la fe estábamos prisioneros, custodiados por la ley, esperando que la fe se revelase. Así, la ley fue nuestro pedagogo hasta que llegara Cristo y Dios nos justificara por la fe. Una vez que la fe ha llegado, ya no estarnos sometidos al pedagogo, porque todos sois hijos de Dios por la fe en Cristo Jesús. Los que os habéis incorporado a Cristo por el bautismo os habéis vestido de Cristo. Ya no hay distinción entre judíos y gentiles, esclavos y libres, hombres y mujeres, porque todos sois uno en Cristo Jesús. Y, si sois de Cristo, sois descendencia de Abrahán y herederos de la promesa.
Salmo responsorial: 104
R/. El Señor se acuerda de su alianza eternamente.
Cantadle al son de instrumentos, hablad de sus maravillas; gloriaos de su nombre santo, que se alegren los que buscan al Señor.
Recurrid al Señor y a su poder, buscad continuamente su rostro. Recordad las maravillas que hizo, sus prodigios, las sentencias de su boca.
¡Estirpe de Abrahán, su siervo; hijos de Jacob, su elegido! El Señor es nuestro Dios, él gobierna toda la Tierra.
Versículo antes del Evangelio (Lc 11, 28): Aleluya. Dichosos los que escuchan la palabra de Dios y la ponen en práctica, dice el Señor. Aleluya.
Texto del Evangelio (Lc 11, 27-28):En aquel tiempo, mientras Jesús hablaba, sucedió que una mujer de entre la gente alzó la voz, y dijo: «¡Dichoso el seno que te llevó y los pechos que te criaron!». Pero Él dijo: «Dichosos más bien los que oyen la Palabra de Dios y la guardan».





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