martes, 9 de agosto de 2022

ORACIÓN A SANTA TERESA BENEDICTA DE LA CRUZ (EDITH STEIN)




Oh, Santa Teresa Benedicta de la Cruz, que hiciste de tu sed de verdad una oración, continua intuyendo que quien busca la verdad  busca a Dios, ayúdanos buscar siempre la Verdad.

Tú, que encontraste la Verdad en la Cruz de Cristo, haz que también nosotros seamos iluminados por la luz que emana del misterio de la Cruz. Enséñanos a abrazar la Cruz como la abrazaste tú.

Tú, que descubriste la Verdad que buscabas leyendo la vida simple de santa Teresita, ayúdanos a encontrar en la simplicidad cotidiana la grandeza de la presencia de Dios.

Tú, que te entregaste plenamente al Amor encontrado, haz que muchos jóvenes puedan entregarse al Señor que llama, no con miedo a perder, sino con la alegría de dar.

Tú, que te prodigaste en el campo de la muerte, con dulzura y premura, infundiendo consuelo y coraje a tu pueblo, danos en todo momento caridad hacia el prójimo.

Tú, que en la hora de la muerte, antes de entrar en la cámara de gas, hiciste tuya la oración de Jesús: “Si no es posible alejar este cáliz, que se haga tu voluntad”, ayúdanos a poder inclinar la cabeza serenamente en los últimos momentos de nuestra vida, abandonados al Amor de Dios que siempre es fiel.

 ¡Santa Teresa Benedicta de la Cruz, ruega por nosotros! 

MEDITACIÓN MARTES XIX TIEMPO ORDINARIO C - SANTA TERESA BENEDICTA DE LA CRUZ (P. Damián Ramírez)


Lectura del santo evangelio según san Mateo 25,1-13


En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos esta parábola: 
"Se parecerá el reino de los cielos a diez doncellas que tomaron sus lámparas y salieron a esperar al esposo. Cinco de ellas eran necias y cinco eran sensatas. Las necias, al tomar las lámparas, se dejaron el aceite con las lámparas. El esposo tardaba, les entró sueño a todas y se durmieron. A medianoche se oyó una voz:
- ¡Que llega el esposo, salid a recibirlo! 
Entonces se despertaron todas aquellas doncellas y se pusieron a preparar sus lámparas. Y las necias dijeron a las sensatas: "Dadnos un poco de vuestro aceite, que se nos apagan las lámparas". Pero las sensatas contestaron: "Por si acaso no hay bastante para vosotras y nosotras, mejor es que vayáis a la tienda y os compréis".
Mientras iban a comprarlo, llegó el esposo, y las que estaban preparadas entraron con él al banquete, y se cerró la puerta. Más tarde llegaron también las otras doncellas, diciendo: "Señor, señor, ábrenos". Pero él respondió: "Os lo aseguro: no os conozco". Por tanto, velad, porque no sabéis el día ni la hora". 










LA ARAÑA Y EL JARDINERO (José Caicedo Rojas)



En la rama de un árbol trabajaba
una araña su tela. El jardinero
atento la miraba,
y al fin dijo con aire chocarrero:
Mucho tu industria, amiga, se desvela
por fabricar tus redes pescadoras;
pero tan frágil tela
durará, me parece, pocas horas;
que al podar esa rama vendrá abajo
la hamaca en que te metes, y perdido
será tu vil trabajo
y los días que en él has consumido.
-Y dime, le responde el pobre insecto,
este bello jardín que tú cultivas
con arte tan perfecto,
y este árbol y esas casas tan altivas
¿por qué siempre han de durar? Tu misma mano
que amaga mi existencia y que ya espera
lanzarme el golpe insano,
¿no es, como yo, también perecedera?
Engaña al hombre su impotente orgullo,
pensando que del tiempo en el abismo,
de un gusano el capullo
y el bello Partenón no son lo mismo.
Tuvo razón la araña,
que todo en este mundo es telaraña. 

lunes, 8 de agosto de 2022

NIÑOS POBRES Y POBRES NIÑOS (Andrés Calcagno)





 

ORACIÓN SANTO DOMINGO DE GUZMÁN


 

MEDITACIÓN LUNES XIX TIEMPO ORDINARIO C (P. Damián Ramírez)


Lectura del santo evangelio según san Mateo 5, 13-19


En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«Vosotros sois la sal de la tierra. Pero si la sal se vuelve sosa, ¿con qué la salarán? No sirve más que para tirarla fuera y que la pise la gente. Vosotros sois la luz del mundo. No se puede ocultar una ciudad puesta en lo alto de un monte. Tampoco se enciende una lámpara para meterla debajo del celemín, sino para ponerla en el candelero y que alumbre a todos los de casa. Brille así vuestra luz ante los hombres, para que vean vuestras buenas obras y den gloria a vuestro Padre que está en los cielos.
No creáis que he venido a abolir la Ley y los Profetas: no he venido a abolir, sino a dar plenitud. En verdad os digo que antes pasarán el cielo y la tierra que deje de cumplirse hasta la última letra o tilde de la ley. El que se salte uno solo de los preceptos menos importantes y se lo enseñe así a los hombres será el menos importante en el reino de los cielos. Pero quien los cumpla y enseñe será grande en el reino de los cielos. 






domingo, 7 de agosto de 2022

MARTIRIO DE LOS BEATOS AGATÁNGELO DE VENDÔME Y CASIANO DE NANTES


En la ciudad de Gondar, en Etiopía, beatos Agatángelo (Francisco) Nourry de Vincennes y Casiano (Gonzalo) Vaz López-Netto de Nantes, presbíteros de la Orden de los Hermanos Menores Capuchinos y mártires, que durante su misión en Siria, Egipto y Etiopía buscaron reconciliar con la Iglesia católica a los cristianos separados, y finalmente, por orden del rey de Etiopía, fueron atados a árboles con su propio cordón religioso y lapidados hasta la muerte. 
En 1637, se había proyectado la fundación de una misión capuchina en Etiopía, y el P. Agatángelo y el P. Casiano habían estado en espera de la orden de partir a ella. El P. Casiano estaba destinado desde hacía varios años a Etiopía. Con miras a ello, había aprendido en El Cairo el amharic, que era el principal idioma de Etiopía. Ambos misioneros sabían perfectamente el peligro al que se exponían, debido a los recientes sucesos políticos y religiosos en Abisinia y fraguaron un plan para evitarlo: lo que no sabían era que cierto médico luterano alemán, Pedro Heyling, muy hostil a los católicos, estaba de cidido a perderlos. Así pues, cuando los misioneros llegaron a Dibarua, en las cercanías de Suakin, a principios del verano de 1638, fueron arrestados y conducidos a pie a Gondar. 


Al día siguiente de su llegada, comparecieron, encadenados, enlodados y con el hábito desgarrado, ante el rey Basílides y toda la corte. El beato Casiano respondió así a las preguntas del monarca: «Somos religiosos católicos, originarios de Francia. Hemos venido a invitaros a la reconciliación con la Iglesia católica. El patriarca Marcos ha recibido una carta del patriarca de Alejandría y nos conoce bien. Quisiéramos hablar con él». Marcos, el nuevo primado de la Iglesia de Etiopía, había sido amigo del P. Agatángelo en El Cairo. Pero el Dr. Heyling se había encargado ya de cambiarle las ideas, y el primado se negó a recibir a los misioneros. «Es verdad que yo conocí a Agatángelo en Egipto -dijo-, pero es un demonio, un hombre muy peligroso. Después de haber tratado de convertir a los egipcios a su religión, viene ahora a hacer lo propio con nuestro pueblo. No quiero verle y os aconsejo que condenéis a ambos a la horca». Un mahometano fue a discutir el asunto con el primado, pero éste no hizo más que repetir, con mayor violencia, su declaración previa. Basílides se inclinaba a desterrar a los misioneros, pero Heyling, Marcos y la madre del rey, hicieron que la chusma exigiese la pena de muerte. Los misioneros fueron condenados, en vista de que se negaron a abjurar de la fe católica y a abrazar la doctrina monofisita.Al llegar a los árboles en que los iban a colgar, hubo cierta dilación. El P. Casiano increpó a los verdugos: «¿Qué esperáis? Estamos prontos a morir». Los verdugos respondieron: «Hay que esperar a que lleguen las cuerdas». «¿Acaso no estamos atados con cuerdas?», replicó el misionero. Así pues, los mártires fueron ahorcados con sus propios cíngulos. Los cordones eran ásperos, y el nudo corredizo no se deslizaba con rapidez. Fue entonces cuando una piedra puntiaguda, por orden del arzobispo, cayó sobre los dos condenados colgados. Una piedra, más aguda que las demás, hizo saltar el globo de un ojo al padre Agatángel, y otras muchas hirieron de muerte a los dos cuerpos desnudos. No tardó en llegar la muerte. Un montón de piedras arrojadas por la chusma cubrió los cuerpos sin vida. 


Sobre la macabra escena descendió el silencio fúnebre con que suelen concluir las manifestaciones incontroladas de la masa enfurecida. Era el silencio de una noche africana profunda, cuando sólo se perciben las voces de la naturaleza y las del espíritu. Se había realizado un sacrificio, aparentemente sin valor e inútil. Sangre humana había regado una vez más la tierra quemada. Semilla misteriosa de esperanza y de luz. Era el 7 de agosto de 1638. El beato Agatángelo tenía cuarenta años; el beato Casiano, treinta. Se cuenta que los cadáveres brillaron con una luz misteriosa durante tres noches consecutivas. Basílides, aterrorizado, ordenó que se les diese sepultura, pero unos católicos escondieron los cuerpos y, hasta la fecha, ignoramos dónde los depositaron. En 1905 Pío X beatificó a Agatángelo de Vendóme, uno de los más notables misioneros del siglo XVII, y a su fiel compañero, Casiano de Nantes.

 


ORACIÓN A SAN CAYETANO


 

ORACIÓN SANTA AFRA


Oh Dios, que le diste a santa Afra la gracia de conocerte y experimentar tu gracia tan profundamente que entregó su vida por Ti, danos también la gracia de conocerte con la misma intensidad, para que podamos difundir tu amor y tu bondad en todas partes. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, en la unidad del Espíritu Santo. Amén. 

Santa Afra, ruega por nosotros.





SANTA AFRA:  7 DE AGOSTO



MARTIRIO DE SANTA AFRA



En Augsburgo, santa Afra, mártir, convertida al cristianismo desde una vida de pecado, sin haber sido aún bautizada, fue quemada viva por haber confesado su fe en Cristo.

Maximiano, el colega de Diocleciano, continuó furiosamente la persecución de los cristianos en las provincias que le tocaron en suerte cuando se dividió el Imperio. Según las «actas», Afra, que había sido prostituta, fue arrestada en Augsburgo cuando cambió de vida y se hizo cristiana.  El juez Gayo, que conocía bien a Afra, le dijo: «Ofrece sacrificios a los dioses; mejor es vivir que morir en los tormentos». Afra replicó: «Yo fui una gran pecadora antes de conocer a Dios. Pero no quiero añadir otros crímenes a mi vida pasada, de suerte que no haré lo que me ordenas». Gayo le dijo: «Me han dicho que eres una prostituta. Así pues, lo mejor es que ofrezcas sacrificios, ya que estás lejos del Dios de los cristianos y Él no querrá aceptarte». Afra replicó: «Mi Señor Jesucristo dijo que había venido del cielo a salvar a los pecadores. El Evangelio cuenta que una pecadora le lavó los pies con sus lágrimas y obtuvo su perdón. Cristo jamás rechazó a los miserables sino que comía con ellos». Al ver Gayo que no podía convencerla, dictó sentencia contra ella. La santa respondió: «Bien está que sufra el cuerpo que ha pecado. No perderé mi alma adorando a los falsos dioses». Los verdugos condujeron a Afra a una isla del río Lech.

 Después de desnudarla, la ataron a una estaca y prendieron fuego a las ramas que habían amontonado junto a ella. Las últimas palabras de Afra fueron: «Gracias te doy, Señor Jesús, por la bondad con que te dignas aceptar este holocausto que se consuma en tu nombre. Tú te ofreciste en la cruz por los pecados del mundo. Yo me ofrezco como víctima tuya, que vives y reinas con el Padre y el Espíritu Santo por los siglos de los siglos". Con estas palabras exhaló el último suspiro, sofocada por el humo.

Tres servidoras de la mártir, Digna, Eunomia y Euprepa, quienes habían seguido a su ama en su vida de pecado, pero que se convirtieron y bautizaron junto con ella, presenciaron el martirio. Acompañadas por Hilaria, la madre de Afra, recogieron el cadáver por la noche y le dieron sepultura. Cuando se hallaban aún junto a la tumba, Gayo se enteró de sus andanzas. Inmediatamente despachó a un pelotón de soldados, con órdenes de obligarlas a sacrificar a los dioses; si se negaban a ello, debían ser quemadas ahí mismo. Los soldados emplearon halagos y amenazas, pero al comprobar que resultaban inútiles, acumularon ramas en el interior de la bóveda, cerraron la entrada, y quemaron vivas a las cuatro mujeres.




MEDITACIÓN DOMINGO XIX TIEMPO ORDINARIO C (P. Damián Ramírez)

¡Buenos días!

Comenzamos el Día del Señor marcados por la llamada que nos hacen hoy las lecturas que escucharemos en la Eucaristía al agradecimiento, a la fidelidad y a la fe, que mucho tiene que ver con nuestro pasado, presente y futuro.  

Te animo a vivir hoy la Misa desde esta perspectiva. 

Disfruta del día que Dios te regala en su compañía.  

¡Que Él te bendiga y te guarde!


 

Lectura del santo Evangelio según San Lucas 12, 32-48


En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«No temas, pequeño rebaño, porque vuestro Padre ha tenido a bien daros el reino. Vended vuestros bienes y dad limosna; haceos bolsas que no se estropeen, y un tesoro inagotable en el cielo, adonde no se acercan los ladrones ni roe la polilla. Porque donde está vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón. Tened ceñida vuestra cintura y encendidas las lámparas. Vosotros estad como los hombres que aguardan a que su señor vuelva de la boda, para abrirle apenas venga y llame.
Bienaventurados aquellos criados a quienes el señor, al llegar, los encuentre en vela; en verdad os digo que se ceñirá, los hará sentar a la mesa y, acercándose, les irá sirviendo. Y, si llega a la segunda vigilia o a la tercera y los encuentra así, bienaventurados ellos. Comprended que si supiera el dueño de casa a qué hora viene el ladrón, velaría y no le dejaría abrir un boquete en casa. Lo mismo vosotros, estad preparados, porque a la hora que menos penséis viene el Hijo del hombre».
Pedro le dijo:
«Señor, ¿dices esta parábola por nosotros o por todos?».
Y el Señor dijo:
«¿Quién es el administrador fiel y prudente a quien el señor pondrá al frente de su servidumbre para que reparta la ración de alimento a sus horas?
Bienaventurado aquel criado a quien su señor, al llegar, lo encuentre portándose así. En verdad os digo que lo pondrá al frente de todos sus bienes. Pero si aquel criado dijere para sus adentros: “Mi señor tarda en llegar”, y empieza a pegarles a los criados y criadas, a comer y beber y emborracharse, vendrá el señor de ese criado el día que no espera y a la hora que no sabe y lo castigará con rigor, y le hará compartir la suerte de los que no son fieles. El criado que, conociendo la voluntad de su señor, no se prepara ni obra de acuerdo con su voluntad, recibirá muchos azotes; pero el que, sin conocerla, ha hecho algo digno de azotes, recibirá menos. Al que mucho se le dio, mucho se le reclamará; al que mucho se le confió, más aún se le pedirá».


sábado, 6 de agosto de 2022

BEATA ISABEL REMUIÑÁN CARRACEDO (6 DE AGOSTO)


Asesinada por odio a la fe. († 1936).

La Hna. Isabel Remuiñán nació el 17 de junio de 1876 en Seavia de Coristanco, localidad de Amboade (La Coruña). Era hija legítima de Francisco Remuiñán y Pilar Carracedo. Fue bautizada el 18 de junio de 1876 recibiendo el nombre de María del Consuelo. Pertenecía a una familia de labradores de posición desahogada, católicos practicantes. Varios familiares y parientes próximos siguieron la vocación a la vida religiosa.

"Persona de carácter, de constancia, de energía y decidida, sabe dejar la casa paterna e ir a Santiago a estudiar y prepararse para religiosa" (carta de su pariente Don Antonio Carracedo Viña, párroco de Sofán).

El Señor la probó en sus últimos años con una enfermedad, por lo que fue preciso que pasara a la enfermería de la Comunidad, y fue entonces el momento en que se vio más patente su humildad y su espíritu de sacrificio. Se sabía que se hallaba enferma, pero no por lo que se quejara (nunca se la oyó lamentarse), sino por lo que en ella se veía. En marzo de 1936 ingresó en el Hospital de la V.O.T., ocupando la cama 2 en la sala Mártires, con el diagnóstico de lupus tuberculoso en la cara.

Ante los disturbios políticos y revolucionarios que conmueven Madrid, se cree podrá permanecer como una enferma más en el hospital de la V.OT., pero de allí tiene que salir con las otras religiosas refugiándose en un piso que los Superiores habían dispuesto en la calle Arenal. Permanece allí algún tiempo, pero los registros se suceden y creyendo estar mejor defendida en el hospital se encamina hacia él; las turbas la reconocen, se adueñan de ella; según unos muere apedreada, aunque hay quien afirma que su cuerpo fue brutalmente destrozado atado parte a un camión y parte a otro.

Su cadáver apareció días después de su martirio en el kilómetro 5 de la carretera de Perales del Río. 

NOVENA A LA ASUNCIÓN DE LA VIRGEN MARÍA




MARTIRIO SANTOS JUSTO Y PASTOR


En 304, el emperador Diocleciano viajó a España en un frenesí de violencia y terror. Proclamó que todos los cristianos, bajo pena de muerte, debían renunciar a su fe. Dos tiernos colegiales, Justo (9 años) y Pastor (7 años), oyeron hablar de esta orden y, enardecidos por el ejemplo de tantos hermanos que confesaron su fe con la muerte,  decidieron demostrar que su propia fe cristiana era tan fuerte como la de cualquiera de sus mayores recitando públicamente su catecismo. Un día, al salir de la escuela, arrojaron sus cartillas y se presentaron ante Diocleciano a confesarse discípulos de Jesucristo.
Diocleciano pensó que sería sencillo silenciar a los dos niños. El representante de Roma, considerando su edad, intentó atraérselos mediante regalos y un trato contemporizador. Pero a la vista de que esto no surtía efecto y los pequeños persistían en su actitud, ordenó que se les azotase con varas en una cueva, lo que se hizo a conciencia, tanto que los dos terminaron bañados en sangre. Pero a pesar de la sentencia dictada con saña, ni se estremecieron. Al contrario, los dos muchachos gritaron palabras de aliento a los demás, lo que aumentó la furia de sus torturadores. El emperador estaba avergonzado por su valentía. Dictaminó que los mataran, pero que la sentencia fuese llevada a cabo en secreto. Fueron decapitados fuera de Alcalá, cuando no había nadie alrededor, aunque algunos compañeros cristianos encontraron sus cuerpos y los enterraron en el lugar donde habían muerto.




MEDITACIÓN TRANSFIGURACIÓN DEL SEÑOR (P. Damián Ramírez)

Lectura del santo evangelio según S. Lucas 9, 28b-36

En aquel tiempo, tomó Jesús a Pedro, a Juan y a Santiago y subió a lo alto del monte para orar. Y, mientras oraba, el aspecto de su rostro cambió y sus vestidos brillaban de resplandor. De repente, dos hombres conversaban con él: eran Moisés y Elías, que, apareciendo con gloria, hablaban de su éxodo, que él iba a consumar en Jerusalén. Pedro y sus compañeros se caían de sueño, pero se espabilaron y vieron su gloria y a los dos hombres que estaban con él. Mientras estos se alejaban de él, dijo Pedro a Jesús:
«Maestro, ¡qué bueno es que estemos aquí! Haremos tres tiendas: una para ti, otra para Moisés y otra para Elías».
No sabía lo que decía. Todavía estaba diciendo esto, cuando llegó una nube que los cubrió con su sombra. Se llenaron de temor al entrar la nube. Y una voz desde la nube decía: «Este es mi Hijo, el Elegido; escuchadlo». Después de oírse la voz, se encontró Jesús solo. Ellos guardaron silencio y, por aquellos días, no contaron a nadie nada de los que habían visto. 





viernes, 5 de agosto de 2022

MEDITACIÓN VIERNES XVIII TIEMPO ORDINARIO C (P. Damián Ramírez)

 

Lectura del santo evangelio según san Mateo 16, 24-28


En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«Si alguno quiere venir en pos de mí, que se niegue a sí mismo, tome su cruz y me siga. Porque quien quiera salvar su vida, la perderá; pero el que la pierda por mí, la encontrará. ¿Pues de qué le servirá a un hombre ganar el mundo entero, si pierde su alma? ¿O qué podrá dar para recobrarla? Porque el Hijo del hombre vendrá, con la gloria de su Padre, entre sus ángeles, y entonces pagará a cada uno según su conducta.
En verdad os digo que algunos de los aquí presentes no gustarán la muerte hasta que vean al Hijo del hombre en su reino».




jueves, 4 de agosto de 2022

ORACIÓN A SAN JUAN MARÍA VIANNEY, EL SANTO CURA DE ARS


¡Oh tipo acabado del pastor de almas! 
El supremo jerarca de la Iglesia Pío XI te declaró patrón de todo el clero secular. Mira desde el cielo a esta porción de la Iglesia para que, estando ella a la altura de su misión, ceda su altísimo ministerio en mayor gloria de Dios y bien del rebaño de Jesucristo. Amén.

MEDITACIÓN JUEVES XVIII TIEMPO ORDINARIO C - SAN JUAN MARÍA VIANNEY (P. Damián Ramírez)

Lectura del santo evangelio según san Mateo 16,13-23


En aquel tiempo, aquel tiempo, al llegar a la región de Cesarea de Filipo, Jesús preguntó a sus discípulos: «¿Quién dice la gente que es el Hijo del hombre?».
Ellos contestaron: «Unos que Juan el Bautista, otros que Elías, otros que Jeremías o uno de los profetas».
Él les preguntó: «Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?».
Simón Pedro tomo la palabra y dijo: «Tú eres el Mesías, el Hijo del Dios vivo».
Jesús le respondió: «¡Bienaventurado tú, Simón, hijo de Jonás!, porque eso no te lo ha revelado ni la carne ni la sangre, sino mi Padre que está en los cielos. Ahora yo te digo: tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y el poder del infierno no la derrotará. Te daré las llaves del reino de los cielos; lo que ates en la tierra quedará atado en los cielos, y lo que desates en la tierra quedará desatado en los cielos».
Y les mandó a los discípulos que no dijesen a nadie que él era el Mesías. Desde entonces comenzó Jesús a manifestar a sus discípulos que tenía que ir a Jerusalén y padecer allí mucho por parte de los ancianos, sumos sacerdotes y escribas, y que tenía que ser ejecutado y resucitar al tercer día. Pedro se lo llevó aparte y se puso a increparlo: «¡Lejos de ti tal cosa, Señor! Eso no puede pasarte».
Jesús se volvió y dijo a Pedro: «¡Ponte detrás de mí, Satanás! Eres para mí piedra de tropiezo, porque tú piensas como los hombres, no como Dios». 



























miércoles, 3 de agosto de 2022

MEDITACIÓN MIÉRCOLES XVIII TIEMPO ORDINARIO C (P. Damián Ramírez)

 

Lectura del santo Evangelio según san Mateo 15, 21-28


En aquel tiempo, Jesús se retiró a la región de Tiro y Sidón. Entonces una mujer cananea, saliendo de uno de aquellos lugares, se puso a gritarle:
«Ten compasión de mí, Señor Hijo de David. Mi hija tiene un demonio muy malo».
Él no le respondió nada. Entonces los discípulos se le acercaron a decirle:
«Atiéndela, que viene detrás gritando».
Él les contestó:
«Solo he sido enviado a las ovejas descarriadas de Israel».
Ella se acercó y se postró ante él diciendo:
«Señor, ayúdame».
Él le contestó:
«No está bien tomar el pan de los hijos y echárselo a los perritos».
Pero ella repuso:
«Tienes razón, Señor; pero también los perritos se comen las migajas que caen de la mesa de los amos».
Jesús le respondió:
«Mujer, qué grande es tu fe: que se cumpla lo que deseas».
En aquel momento quedó curada su hija.






martes, 2 de agosto de 2022

ORACIÓN A NUESTRA SEÑORA DE LOS ÁNGELES PARA UNA PETICIÓN IMPOSIBLE


¡Oh María, esplendorosa Reina de los Cielos y Señora de los Ángeles, bendita protectora y auxiliadora nuestra! Con tu continua y maternal asistencia nos prestas tus favores y ayuda divina cuando, desconsolados, acudimos a Ti.
Dígnate escuchar con afecto y benevolencia las súplicas que humildemente te dirigimos y líbranos de las tristezas presentes así como de toda trampa y engaño del enemigo.
Envía tus santas legiones de Ángeles para que, bajo tus dulces y sabias órdenes, nos lleven por los mejores caminos y nos ayuden a salir con bien de toda mala situación.
Madre buena, Madre caritativa, Madre complaciente, te suplico que veles por mí, calma mis angustias, compadécete de mi dolor, resuelve mis dificultades como lo consideres oportuno.
En tus benditas y poderosas manos lo dejo todo, concédeme muchas alegrías en mi vida y envía a tus ejércitos celestiales en mi auxilio.
Pídeles a ellos que son invencibles y con amor nos cuidan que me defiendan y guarden de todo mal y me asistan en mis problemas y necesidades. Yo te estaré eternamente agradecido.
Dulce Reina y siempre esperanza nuestra, sublime Señora de los Ángeles, permíteme caminar a tu lado, guíame e ilumíname, para aprender cada día más sobre las cosas del Padre, el Único que vive y reina por toda la eternidad.
Haz valer tu privilegio de Reina y Madre y lleva urgente ante Él mis súplicas y peticiones.
Consígueme, Virgen mía, me preste su ayuda y remedio en esta difícil situación por la que atravieso y que a mí me resulta imposible solucionar.

(Pedir con gran fe el favor especial que se desea conseguir).

Oh María, Reina de los Ángeles, amada Señora mía, quiero que seas siempre mi amparo y esperanza y me brindes tu especial protección.
Mándame desde el Cielo tus bendiciones y llega a mi vida con tu escuadrón de Ángeles.
Yo confío plenamente en Ti y en tu influencia ante Dios.
Dulce Madre, remedia mis males y alíviame en mis pesares. Ayúdame a conseguir de la misericordia de Dios paz, salud, amor y prosperidad.
Aléjame del pecado, dame en todo momento tu amor y haz que ponga en práctica las enseñanzas de tu Hijo para alcanzar la dicha en esta vida y en la Eternidad. Amén.  

MEDITACIÓN MARTES XVIII TIEMPO ORDINARIO C (P. Damián Ramírez)

Lectura del santo evangelio según san Mateo 14,22-36

Después que la gente se hubo saciado, enseguida Jesús apremió a sus discípulos a que subieran a la barca y se le adelantaran a la otra orilla, mientras él despedía a la gente. Y después de despedir a la gente subió al monte a solas para orar. Llegada la noche estaba allí solo. Mientras tanto la barca iba ya muy lejos de tierra, sacudida por las olas, porque el viento era contrario. A la cuarta vela de la noche se les acercó Jesús andando sobre el mar. Los discípulos, viéndole andar sobre el agua, se asustaron y gritaron de miedo, diciendo que era un fantasma.
Jesús les dijo enseguida:
«¡Ánimo, soy yo, no tengáis miedo!».
Pedro le contestó:
«Señor, si eres tú, mándame ir a ti sobre el agua».
Él le dijo:
«Ven».
Pedro bajó de la barca y echó a andar sobre el agua acercándose a Jesús; pero, al sentir la fuerza del viento, le entró miedo, empezó a hundirse y gritó:
«Señor, sálvame».
Enseguida Jesús extendió la mano, lo agarró y le dijo:
«¡Hombre de poca fe! ¿Por qué has dudado?».
En cuanto subieron a la barca amainó el viento.
Los de la barca se postraron ante él diciendo:
«Realmente eres Hijo de Dios».
Terminada la travesía, llegaron a tierra en Genesaret. Y lo hombres de aquel lugar apenas lo reconocieron, pregonaron la noticia por toda aquella comarca y le trajeron a todos los enfermos. Le pedían tocar siquiera la orla de su manto. Y cuantos la tocaban quedaban curados.













lunes, 1 de agosto de 2022

ORACIÓN A SAN ALFONSO MARÍA DE LIGORIO POR LA SALUD DE UN ENFERMO


Amoroso san Alfonso María de Ligorio, tú que curaste enfermos que se encontraban graves en su lecho, tú que siempre viste por los abandonados y también por los más desprotegidos, a ti que la Iglesia te llamó "Doctor de la Iglesia", te pedimos humildemente que restaures la salud de (nombre de la persona), ya que solo tú sabes lo que está padeciendo. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.

MEDITACIÓN LUNES XVIII TIEMPO ORDINARIO C (P. Damián Ramírez)

 

Lectura del santo evangelio según san Mateo (14,13-21)

En aquel tiempo, al enterarse Jesús de la muerte de Juan el Bautista, se marchó de allí en barca, a solas, a un lugar desierto. Cuando la gente lo supo, lo siguió por tierra desde los poblados.
Al desembarcar vio Jesús una multitud, se compadeció de ella y curó a los enfermos. Como se hizo tarde, se acercaron los discípulos a decirle:
«Estamos en despoblado y es muy tarde, despide a la multitud para que vayan a las aldeas y se compren comida».
Jesús les replicó:
«No hace falta que vayan, dadles vosotros de comer».
Ellos le replicaron:
«Si aquí no tenemos más que cinco panes y dos peces».
Les dijo:
«Traédmelos».
Mandó a la gente que se recostara en la hierba y tomando los cinco panes y los dos peces, alzando la mirada al cielo, pronunció la bendición, partió los panes y se los dio a los discípulos; los discípulos se los dieron a la gente. Comieron todos y se saciaron y recogieron doce cestos llenos de sobras. Comieron unos cinco mil hombres, sin contar mujeres y niños.







LOS PANES Y LOS PECES (MILAGRO DE JESÚS)

Jesús necesitaba orar a solas, y dejando a sus discípulos pescando en el mar de Tiberiades, y a la gente que le seguía en Cafarnaum, se ocultó en el desierto de Bethsaida.
Allí la soledad y el silencio se recogieron dentro de su espíritu, y este, abandonando un instante la tierra, voló hacia lo azul, libre de toda vinculación humana.
Quedó su hermoso cuerpo arrodillado sobre las piedras áridas y humildes. Ningún perfume le envolvía. Ningún árbol le prestaba el cobijo piadoso de su sombra. Ningún manantial cristalino le refrescaba los punzados pies. Era Él la única flor de aquel desierto y el lirio de su túnica flotaba candoroso, encendido por las brasas rojizas del sol implacable...
Las lejanías eran también estériles y secas. Ni un jhan acogedor en el sendero, ni una choza de pastor en la ladera, ni una cisterna entre las rocas peladas. Tenía el campo la hosca infecundidad de lo maldito y amarilleaba por todas partes, hasta tropezar, allá lejos, con la inquieta mancha verdosa del Tiberiades, que temblaba bajo la luz como un inmenso charco de lágrimas... 
Jesús oró durante todo al día. Fue su oración un éxtasis divino perfumado por las sonrisas complacientes de Jehová y por las alas de nieve de los ángeles. Fue un tránsito de espíritu, llevado en las mismas alas angélicas hasta el trono de soles de su Padre...
Se extrañó la gente de la ausencia del Rabí y fueron buscándole por las orillas del lago. No iban temerosas, sino impacientes. Les acuciaba el deseo de verle, quizá la inquietud de haberle perdido, pero no el miedo pavoroso de que le hubiera ocurrido una desgracia. En el desierto de Bethsaida no había fieras. Pero aun habiéndolas, ¿qué podrían hacer contra Él, que tenía en sus manos los designios unánimes del mundo?...
Ya rozaba el sol poniente las jorobas de la sierra, cuando la muchedumbre encontró a Jesús. Con ella iban también los discípulos. La gente no había comido por buscarle. Los apóstoles apenas habían pescado por seguirle.
Era aquel un largo desfile de bocas hambrientas. Porque las huellas de Jesús no eran perseguidas por los ricos, por los opulentos, por los hartos, por los sanos ni por los poderosos, sino por los débiles, por los enfermos, por los pobres, por los necesitados. En pos de sus pasos caminaba siempre una multitud descarnada y esquelética: hombres andrajosos que se apoyaban débilmente en el cetro de la vejez, en el cayado; mujeres pálidas y flacas cuyos pechos mordían impotentes los labios sin carmín de sus hijitos; doncellas en cuyas pupilas se encendía una luz mortecina y turbia; niños en cuyas mejillas se abría el surco doloroso de la famelia; viejos sembrados de lepra; jóvenes llenos de carroña; ciegos, cojos, mancos, tullidos, corcovados... Todos buscaban la mano milagrosa que daba el pan y la medicina y los labios taumaturgos que encendían la llama del consuelo...
Pedro se acercó a Jesús.
- No tenemos más que cinco panes y dos peces para dar de comer a todos estos que te siguen...
Jesús respondió:
- Hacedlos sentar en ranchos de a cincuenta personas y distribuid el pan y el pescado.
Y tomando estos, los multiplicó de tal modo, que pasando de cinco mil los hambrientos, todos quedaron satisfechos y sobró gran cantidad de comida...



Las manos sembradoras rindieron milagrosa cosecha de la multiplicación. Su prodigalidad colmó todas las bocas, y fue aquella una comunión colectiva de los infortunados, celebrada bajo la maravilla de un sol que se extingue hundiéndose en los senos infecundos de un desierto. ¡Bello contraste que ofrece la taumaturgia de Jesús! Allí donde no se veía ni un jhan acogedor en el sendero, ni una choza de pastor en la ladera, ni una cisterna entre las rocas peladas; allí donde todo era aridez y esterilidad, donde las matas carecían de jugo y la tierra de árboles y de sembradío, estalló ubérrima la cosecha ganada por la fe, y los míseros se encontraron tan satisfechos como los opulentos y los pobres se hallaron tan felices como los ricos.
La doctrina de Jesús era de tal suerte buena que un pedazo de pan otorgado a tiempo bastaba para borrar todas las diferencias que establece la riqueza. Y es que el pan,que sus manos eucarísticas erigieron en holocausto, en sacrificio y en convite, siempre ha de ser hostia que cura o que mata; que cura, cuando el pecho que lo recibe está cristalino y transparente como un ánfora de oro; que mata, cuando el pecho está sucio como una vasija de barro.

De "Parábolas y milagros de Jesús" (La novela corta, Madrid 1920)