viernes, 8 de junio de 2018

OBJETOS SAGRADOS DE LA CELEBRACIÓN EUCARÍSTICA

En el presbiterio, o sea, en el área del altar mayor, que normalmente está más elevada que el resto de la iglesia está el altar o mesa del Señor, que es el centro de toda la liturgia eucarística y representa a Cristo, por eso el sacerdote lo reverencia y besa antes y después de la celebración. Se debe cubrir el altar al menos con un mantel de color blanco.
Sobre el altar, o cerca de él, como símbolo de Cristo resucitado, se colocan un mínimo de dos candeleros (puede haber hasta siete) con sus velas (blancas o color crema) encendidas. También sobre el altar o cerca de él ha de haber una cruz con la imagen de Cristo crucificado.
El empleo de las flores como adorno para el altar ha de ser siempre moderado y se colocarán, más que sobre la mesa del altar, en torno a él, y está prohibido durante la Cuaresma (excepto el IV Domingo y en solemnidades y fiestas).
Mirando hacia el altar, a su izquierda, está el ambón, un atril sobre el que está el Leccionario, que debe usarse solo para proclamar la Palabra de Dios, predicar y leer las preces y el Pregón Pascual. Cualquier otra intervención debe hacerse desde el atril o facistol que hay en el lado opuesto del presbiterio.
Cerca y a la izquierda del ambón vemos, desde la Vigilia de Pascua, el cirio pascual, que sigue encendiéndose para la Santa Misa hasta el día de Pentecostés, además de en ciertas solemnidades y durante la celebración del Bautismo para de él encender la vela del niño.
Detrás del altar y en el centro (o a un lado si allí está el sagrario) está la sede del presidente, que debe evitar toda apariencia de trono. Si no preside toda la celebración desde el altar mismo (excepto para sentarse durante las lecturas y después de la Comunión), puede hacerlo desde la sede (si allí tiene, en otro atril, el Libro de la Sede, que es optativo) hasta antes de la presentación de las ofrendas, predicando (si no lo hace desde el ambón) y otra vez sentado tras la Comunión. Si hay sacerdotes concelebrantes, también tienen sus sedes.
Junto al altar, o separada, se encuentra la mesita llamada credencia, con varios objetos, algunos de los cuales el mismo presidente, otro ministro o un concelebrante, pasará al altar al terminar la oración de los fieles: el cáliz (generalmente de metal precioso), y sobre él el corporal, paño de lino blanco que se desdobla en el centro del altar para poner sobre él los vasos sagrados (cáliz, copón y patena); la patena, platito redondo también de metal precioso, que se deja junto al cáliz y que contiene una forma u hostia de pan ázimo (que, al consagrar el sacerdote, será la Sagrada Hostia, con la que hace las ostensiones y comulga), y a veces otras formas pequeñas; la patena está tapada con la palia, pañito cuadrado de lino blanco almidonado que desde el Ofertorio tapará el cáliz, que ya contiene el vino (a no ser que la patena la cubra hasta el Ofertorio su propio pañito de lino blanco redondo, llamado hijuela); sobre el cáliz, bajo la patena, está el purificador, pañito de lino blanco alargado en varios dobleces, que también se deja cerca del cáliz y que sirve para limpiar este antes de poner en él el vino y el agua y para limpiarlo bien después de la Comunión.
También en la credencia está el Misal, que se lleva al altar y se pone sobre un atril o un cojín y se queda allí hasta el final de la Misa.
En la credencia, hasta la preparación de las ofrendas, están las vinajeras, recipientes para el vino y el agua de consagrar; y, para el lavabo, una pequeña jofaina o aguamanil, una pequeña jarra y, doblada sobre ella, una toallita de lino llamada manutergio.
También en la credencia puede haber una pequeña bandeja (también de metal noble) que en la Comunión el acólito mantiene bajo la barbilla de los comulgantes que reciben la hostia en la boca por si se cae, y siempre necesaria si se lleva a cabo la intinción (mojar la hostia en el vino para comulgar también la Sangre de Cristo, lo que no les está permitido hacer a los fieles).
Puede haber también en la credencia alguna patena más o copón (vacío) si hay más ministros de Comunión; el acetre, recipiente con agua bendita si se hace la aspersión al principio de la celebración, y dentro de él el hisopo para asperjar; la píxide, cajita redonda de metal noble para llevar hostias consagradas a los enfermos; la campanilla o gong, para que un acólito la haga sonar para realzar los momentos solemnes de la ostensión del Cuerpo y la Sangre de Cristo.
Aparte está el incensario o turíbulo, que cuelga de cuatro cadenas de un metro para poder balancearlo de un lado a otro al incensar el altar, el leccionario o evangeliario, al sacerdote y a la asamblea. El que lleva el incensario se llama turiferario y él mismo, en ocasiones especiales, inciensa al sacerdote y luego, con tres movimientos dobles del turíbulo, a los fieles, que deben hacer una inclinación. El incienso puede usarse libremente en cualquier forma: a) durante la procesión de entrada; b) al comienzo de la misa, para incensar la cruz y el altar; c) para la procesión y proclamación del Evangelio; d) cuando ya están colocados sobre el altar el pan y el cáliz, para incensar las ofrendas, la cruz y el altar, el sacerdote y el pueblo; e) en la ostensión de la hostia y del cáliz después de la consagración.
Dentro del sagrario se guarda el copón o ciborio (con tapa rematada por una cruz y preferentemente cubierto con un velo) con hostias consagradas anteriormente, como reserva para llevar la Comunión a los enfermos y, si es preciso, para complementar las recién consagradas para la Comunión en la Misa; también puede estar la cajita dorada que contiene el viril, formado por dos cristales transparentes montados en un borde de oro o dorado para encerrar entre ellos la Sagrada Hostia que se coloca en la custodia u ostensorio para la exposición del Santísimo o para la bendición con Él.