Hoy sábado por la mañana las lecturas del día nos muestran una realidad mundana que nos suele hacer sentir que somos los ingenuos y tontos. A veces vemos cómo a los malvados parece que todo les va muy bien y que son felices, pero como nos dice el profeta: el justo vivirá por su fe. El que tiene fe firme en Dios llega a una felicidad que no es mundana sino divina. Cuántas veces debemos recordar que cada vez que hemos hecho el bien al prójimo hemos experimentado el corazón lleno de esperanza y alegría, pero cuidado porque lo que hacemos debe ser desde la fe, porque querer hacer el bien sin contar con Dios nos lleva a la infelicidad y a no ser capaces, como los discípulos, de expulsar el mal. Seamos buenos y confiemos en Dios, que no abandona a los que lo buscan.
Habacuc 1, 12–2, 4
EVANGELIO DEL DÍA
Mateo 17, 14-20
En aquel tiempo, al llegar Jesús a donde estaba la multitud, se le acercó un hombre, que se puso de rodillas y le dijo: “Señor, ten compasión de mi hijo. Le dan ataques terribles. Unas veces se cae en la lumbre y otras muchas, en el agua. Se lo traje a tus discípulos, pero no han podido curarlo”.
Entonces Jesús exclamó: “¿Hasta cuándo estaré con esta gente incrédula y perversa? ¿Hasta cuándo tendré que aguantarla? Tráiganme aquí al muchacho”. Jesús ordenó al demonio que saliera del muchacho, y desde ese momento éste quedó sano.
Después, al quedarse solos con Jesús, los discípulos le preguntaron: “¿Por qué nosotros no pudimos echar fuera a ese demonio?” Les respondió Jesús: “Porque les falta fe. Pues yo les aseguro que si ustedes tuvieran fe al menos del tamaño de una semilla de mostaza, podrían decirle a ese monte: ‘Trasládate de aquí para allá’, y el monte se trasladaría. Entonces nada sería imposible para ustedes”.

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