Aquí estoy, oh santa Notburga, que estoy afligido y turbado y debo exclamar con el profeta David: "Las tribulaciones y los problemas me han sorprendido". Tú misma también has experimentado las miserias de esta vida, cuando vivías como yo ahora en este valle de lágrimas. Pero todos los males y miserias humanas ya han pasado para ti. Gozas de la bienaventuranza eterna en el cielo y eres grandemente glorificada en la Tierra.
Dios te glorificó, porque lo honraste y glorificaste en vida. Dígnate escucharme, ¡oh virgen santa!, refugio de los atribulados, castillo de seguridad y salvación en cualquier mal y peligro, dígnate en devolver una mirada de piedad desde el Cielo sobre mí, tu siervo. Me dirijo a ti con todo mi cariño en esta aflicción en que me encuentro, en ti pongo mi confianza.
Ayúdame, intercede por mí ante Dios, que Él misericordiosamente quiera librarme de este mal, o concederme esta gracia. Sin embargo, que siempre se haga en mí su santísima voluntad y que Él por vuestra intercesión me conceda la gracia de la paciencia y la plena resignación en su santa voluntad. Amén.

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