lunes, 8 de mayo de 2017

ACTO HEROICO DE CARIDAD EN FAVOR DE LAS BENDITAS ALMAS DEL PURGATORIO

Este acto de caridad, tan agradable a Dios, tan útil a las benditas almas del Purgatorio y tan provechoso a nosotros mismos consiste en hacer entera donación de todas nuestras obras satisfactorias e indulgencias en favor de ellas.
Privilegios concedidos por varios Sumos Pontífices a los que hicieren este voto o donación:
1º.- Que los sacerdotes que hicieren dicho voto puedan gozar todos los días del año de la concesión de altar privilegiado personal.
(Por el voto de las ánimas solo ofrece el sacerdote en favor de ellas el fruto especial y personal que le corresponde, así que puede aplicar la Misa por la intención de otras personas, como si no hubiera hecho dicho voto).
2º.- "Que todos los fieles cristianos que se obligaren con el mismo voto puedan ganar indulgencia plenaria, tan solo aplicable a los fieles difuntos, en cualquier día que se llegaren a la sagrada Comunión, y en cualquier lunes del año que oyeren el Santo Sacrificio de la Misa en sufragio de los mismos fieles difuntos, con tal que en ambos casos visiten alguna iglesia u oratorio público, y por algún espacio de tiempo oren allí por la intención de Su Santidad".
3º.- "Que sea también permitido a los mismos fieles cristianos aplicar por las almas de los difuntos todas y cada una de las indulgencias que pudieren ganar, en cualquier forma que se hubieren concedido o en adelante se concedieren". (Pío IX).

FÓRMULA PARA HACER EL VOTO

Dios mío, uno en esencia y trino en Personas: deseando vuestra mayor gloria e imitar mejor a mi dulcísimo Redentor Jesucristo, y mostrar mi sincera esclavitud a la Madre de misericordia María Santísima, que también es Madre de las pobres almas del Purgatorio, me propongo cooperar a la redención y libertad de aquellas almas, encarceladas por deudas de penas a la divina Justicia, merecidas por sus pecados; y en aquel modo que puedo lícitamente, sin obligación a pecado, os ofrezco mi espontáneo deseo de librar del Purgatorio todas las almas que María Santísima quisiere que sean libres; y en su virtud pongo en manos de esta piadosísima Señora todas mis obras satisfactorias, propias y participadas, tanto en vida como en muerte. Os ruego, Dios mío, que aceptéis y confirméis este mi ofrecimiento que yo os reitero a honra vuestra y bien de mi alma.
Y si tal vez mis obras satisfactorias no bastasen para pagar todas las deudas de aquellas almas predilectas de la Santísima Virgen, y para satisfacer las que yo mismo hubiese contraído por mis culpas, que de todo corazón odio y detesto, me ofrezco, oh Señor, para pagaros, si es vuestra voluntad, en el Purgatorio, todo lo que me faltare, abandonándome al propio tiempo en los brazos de vuestra misericordia, y en los de mi dulcísima Madre María. Y de este mi voto sean testigos todos los vivientes en las tres Iglesias: triunfante, purgante y militante.

Advertencias.

1ª.- Para hacer este voto no es necesario pronunciar palabras; basta que se haga con el corazón: ni es preciso repetirlo muchas veces.
2ª.- en nada se opone este voto al orden de la caridad, que nos obliga a pedir primero por nuestros parientes difuntos, puesto que una cosa es pedir, a lo cual pertenece el fruto impetratorio de que aquí no se trata, y otra el sufragar, a lo cual corresponde el fruto satisfactorio; y si bien es cierto que la caridad también nos pide que ofrezcamos nuestros sufragios en primer lugar por nuestros más allegados, esto no obstante, María santísima conoce mejor que nosotros cuáles son nuestros deberes, y distribuirá nuestras buenas obras entre nuestros parientes, amigos, etc., según el beneplácito divino. Por consiguiente, podemos practicar todas las oraciones acostumbradas, dirigidas a obtener de Dios, de la Virgen santísima y de los Santos cualquier gracia, pues esto no se opone al voto, por el cual solo se aplica a las benditas almas el fruto satisfactorio de nuestras obras, quedando en nosotros siempre el meritorio, el propiciatorio y el impetratorio, cuyos frutos son personales, y no podemos comunicarlos a otros.

Del "Devocionario manual" de la Compañía de Jesús (1893)


Aclaración:

En palabras de San Agustín, todas las obras buenas que se practican en estado de gracia santificante, tienen la virtud de producir cuatro efectos: meritorio, propiciatorio, impetratorio y satisfactorio. El efecto meritorio aumenta la gracia de quien la hace, y no puede cederse. Lo propiciatorio aplaca la ira de Dios; lo impretratorio inclina a Dios a conceder lo que se le pide. Por último, es satisfactoria porque ayuda a satisfacer o pagar la pena por los pecados. Es este último efecto satisfactorio el que se cede a las ánimas del Purgatorio, ofreciendo a Dios una compensación por la pena temporal debida. No es un voto riguroso, ni requiere ningún formalismo más allá de hacerlo con el corazón, sino una cesión voluntaria que puede rectificarse en cualquier momento. Tampoco debería decirse heroico pues se gana más de lo que se cede.