lunes, 21 de mayo de 2018

CONTRATO CON LA VIRGEN MARÍA

Oh Madre, único deseo de mi corazón después de Dios, si lo permitiera mi condición mortal, nunca querría apartarme de tu lado; pero ya que no me es dado gozar continuamente de esta dicha, quiero disfrutarla lo más frecuentemente que pueda. Ve aquí el pacto irrevocable que intento hacer hoy contigo para ese objeto, ya que con tu clarísimo entendimiento previenes los movimientos de nuestro corazón.

                                                   Yo te amo

Siempre que levante mi alma a Ti, oh Virgen santísima, y te diga solamente "te amo, mi querida Madre", quiero y entiendo que sea como si dijera "te amo con todo mi corazón, con toda mi alma, con todas mis fuerzas, con todas mis potencias; te amo más que a todas las criaturas; te amo más que a mi cuerpo, más que a mi alma, más que a mi honor, más que a mi contento, más que a mi salud, más que a mi vida, más que a mi salvación eterna".

                                                     Te ofrezco

Cuando yo diga "te ofrezco, oh reina de las grandezas", sea lo mismo que si te dijera "te ofrezco mi corazón, mi salud, mi honor, mi contento y mi vida; te ofrezco todo el honor que hasta ahora se te ha tributado en el cielo y en la tierra; te ofrezco todos los buenos deseos que he tenido de honrarte y servirte, todos los deseos de los santos, todas las bendiciones que se te han de dar durante la eternidad; te ofrezco todo lo creado con la misma buena voluntad con que te lo ofrecería si fuese mío".

                                                    Me congratulo

Cuantas veces pase por mi corazón o salga de mis labios esta expresión: "Me congratulo", te sea tan agradable como si yo dijera: "Me congratulo de tus grandezas y excelencias; me congratulo de que eres la maravilla de las criaturas, la obra acabada y perfectísima de naturaleza, de gracia y de gloria; me congratulo de la felicidad de que gozas, del poder que tienes y del dominio que posees; me congratulo del honor que se te tributa, y especialmente de verte tan encumbrada y ensalzada, que ninguna criatura puede igualar tus méritos por ningún servicio u honor".

                                                 Quisiera

Si alguna vez te dice mi espíritu "yo quisiera, Madre mía", estas pocas sílabas equivalgan a decirte "quisiera tener el medio de honrarte yo solo tanto como las demás criaturas; quisiera tener un corazón capaz de amarte como deseas; quisiera poseer toda la grandeza y gloria del mundo solamente para ponerla a tus pies; quisiera que todos los sentidos y miembros de mi cuerpo y todas las potencias de mi alma se convirtiesen en lenguas para bendecirte y hacerte amar de todos".

                                                  Tú eres

Cuando yo te diga "Tú eres", has de entender lo siguiente: "Tú eres la honra del cielo y de la tierra; Tú eres la Madre incomparable, la protección de los justos y el refugio de los pecadores; Tú eres mi contento y mi alegría, mi fortaleza, mi valor, mi esperanza, mi dulzura, mi todo; Tú eres el blanco de mis deseos, el deseo de mi alma, el alma de mis designios, el designio de mi vida, la vida de mi espíritu, el espíritu de mis afectos".

                                                     Yo soy

Si mi corazón llega a articular estas dos palabras: "Yo soy", sea como si dijese: "Yo soy, oh Madre admirable, tu siervo humildísimo y obligadísimo, aunque indigno, y el hijo de tu pobre sierva; yo soy el menor de los tuyos y el último de los que tienen la confianza de llamarte Madre y acordarse de Ti; yo estoy enteramente a tu disposición y resuelto a seguir todos los impulsos de tu voluntad. Haz conmigo lo que te parezca, y dispón de mi vida y de todo lo que me toca, como de cosa totalmente tuya".