Te suplico, oh preciosísima virgen y mártir, consigas de tu celestial Esposo y Dios y Señor mío que me asista con su gracia para vencer las dificultades y dolores que se me propongan y huir de los peligros que me acechen para la felicidad de mi viaje por la vida.
Y pues eres tan gran abogada de los males de dientes y muelas, asísteme siempre en ellos y alivia mis sufrimientos en todos mis trabajos, intercediendo con la Reina de los Ángeles, María Santísima, Madre de Dios y Señora nuestra, como Madre que es de Misericordia, para que me mire con sus clementísimos ojos, acompañándome en aquella tan peligrosa como importante última hora, para que, libre de dolores, logre con suave quietud el fin para el que fui creado, en compañía suya, tuya y de todos los santos de la Corte celestial.
Te suplico que aplaques los males que me aquejan, calmando los dolores que tanto me afligen y mal me causan. Amén.
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