lunes, 1 de junio de 2026

LUNES 9º TIEMPO ORDINARIO A


Hoy el evangelio de san Marcos cuenta una parábola que quiere mostrar que Dios ha regalado al hombre el mundo y sólo le pide que le demos los frutos que corresponden, pero el hombre hace oídos sordos y en vez de dar frutos ha escogido apartarse de Dios. ¿Qué debería hacer el Padre con el hombre? Lo que los hombres haríamos está claro, pero Dios actúa con misericordia y busca nuestra salvación. Tenemos que descubrir la salvación y tener fe, como nos invita hoy la carta del apóstol, y añadir a nuestra fe frutos para servir a Dios y al prójimo: virtud, conocimiento, templanza, paciencia, piedad, cariño y amor. Seamos buenos y confiemos en Dios, que está con nosotros en la dificultad.



1ª Lectura (2Pe 1, 1-7): Simón Pedro, siervo y apóstol de Jesucristo, a los que por la justicia de nuestro Dios y Salvador Jesucristo les ha cabido en suerte una fe tan preciosa como a nosotros. Crezca vuestra gracia y paz por el conocimiento de Dios y de Jesús, nuestro Señor. Su divino poder nos ha concedido todo lo que conduce a la vida y a la piedad, dándonos a conocer al que nos ha llamado con su propia gloria y potencia. Con eso nos ha dado los inapreciables y extraordinarios bienes prometidos, con los cuales podéis escapar de la corrupción que reina en el mundo por la ambición, y participar del mismo ser de Dios. En vista de eso, poned todo empeño en añadir a vuestra fe la honradez, a la honradez el criterio, al criterio el dominio propio, al dominio propio la constancia, a la constancia la piedad, a la piedad el cariño fraterno, al cariño fraterno el amor.


Salmo responsorial: 90

R/. Dios mío, confío en ti.

Tú que habitas al amparo del Altísimo, que vives a la sombra del Omnipotente, di al Señor: «Refugio mío, alcázar mío, Dios mío, confío en ti».

«Se puso junto a mí: lo libraré; lo protegeré porque conoce mi nombre, me invocará y lo escucharé. Con él estaré en la tribulación».

«Lo defenderé, lo glorificaré, lo saciaré de largos días y le haré ver mi salvación».


Versículo antes del Evangelio (Cf. Ap 1, 5): Aleluya. Jesucristo es el testigo fiel, el primogénito de los muertos. Nos amaste y nos lavaste de nuestros pecados con tu Sangre. Aleluya.




Texto del Evangelio (Mc 12, 1-12): En aquel tiempo, Jesús comenzó a hablarles en parábolas: «Un hombre plantó una viña, la rodeó de una cerca, cavó un lagar y edificó una torre; la arrendó a unos labradores, y se ausentó.
Envió un siervo a los labradores a su debido tiempo para recibir de ellos una parte de los frutos de la viña. Ellos lo agarraron, lo golpearon y lo despacharon con las manos vacías. De nuevo les envió a otro siervo; también a este lo descalabraron y le insultaron. Y envió a otro y a este lo mataron; y también a otros muchos, hiriendo a unos, matando a otros. Todavía le quedaba un hijo querido; les envió a este, el último, diciendo: ‘A mi hijo lo respetarán’. Pero aquellos labradores dijeron entre sí: ‘Este es el heredero. Vamos, matémosle, y será nuestra la herencia’. Lo agarraron, lo mataron y lo echaron fuera de la viña.
¿Qué hará el dueño de la viña? Vendrá y dará muerte a los labradores y entregará la viña a otros. ¿No habéis leído esta Escritura: ‘La piedra que los constructores desecharon, en piedra angular se ha convertido; fue el Señor quien hizo esto y es maravilloso a nuestros ojos?’».
Trataban de detenerlo —pero tuvieron miedo a la gente— porque habían comprendido que la parábola la había dicho por ellos. Y dejándolo, se fueron.










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