Hoy las lecturas nos muestran que para llegar a la esperanza de la eternidad debemos cultivar la cercanía con Dios; por eso la carta de san Pedro nos pide firmeza en la fe, y una conducta que siga el camino de Dios. Lo más importante es que pensamos que es imposible, pero el evangelio nos señala algo verdaderamente maravilloso. Cristo es puesto a prueba y da una lección: "¿De quién son la cara de la moneda y la inscripción? Pues dad al Cesar lo que le corresponda", y nosotros ¿somos imagen de Cristo, y llevamos inscrito en nuestra alma su ley del amor? Pues demos a Dios lo que es de Dios. Seamos buenos y confiemos en Dios, que es nuestro refugio por siempre.
1ª Lectura (2Pe 3, 12-15a.17-18): Esperad y apresurad la venida del Señor, cuando desaparecerán los cielos, consumidos por el fuego, y se derretirán los elementos. Pero nosotros, confiados en la promesa del Señor, esperamos un cielo nuevo y una tierra nueva en que habite la justicia. Por tanto, queridos hermanos, mientras esperáis estos acontecimientos, procurad que Dios os encuentre en paz con él, inmaculados e irreprochables. Considerad que la paciencia de Dios es nuestra salvación. Así, pues, queridos hermanos, vosotros estáis prevenidos; estad en guardia para que no os arrastre el error de esos hombres sin principios, y perdáis pie. Creced en la gracia y el conocimiento de nuestro Señor y Salvador Jesucristo, a quien sea la gloria ahora y hasta el día eterno. Amén.
Salmo responsorial: 89
R/. Señor, tú has sido nuestro refugio de generación en generación.
Antes que naciesen los montes o fuera engendrado el orbe de la tierra, desde siempre y por siempre tú eres Dios.
Tú reduces el hombre a polvo, diciendo: «Retornad, hijos de Adán». Mil años en tu presencia son un ayer, que pasó; una vela nocturna.
Aunque uno viva setenta años, y el más robusto hasta ochenta, la mayor parte son fatiga inútil, porque pasan aprisa y vuelan.
Por la mañana sácianos de tu misericordia, y toda nuestra vida será alegría y júbilo. Que tus siervos vean tu acción, y sus hijos tu gloria.
Versículo antes del Evangelio (Cf. Ef 1, 17-18): Aleluya. El Padre de nuestro Señor Jesucristo ilumine los ojos de nuestro corazón para que sepamos cuál es la esperanza de nuestra vocación. Aleluya.










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