Oh Madre Gloriosa, ayúdame por las alas de tus oraciones, para que en mi salida de este valle de lágrimas pueda ser capaz de avanzar sin tormento a la morada de la vida que ha sido preparada para nosotros para aligerar el fin de una vida agobiada por mi iniquidad.
Sanadora de los dolores de Eva, cambia mi día de angustia en una fiesta de alegría. Sé mi defensora, te suplico, porque como creo en tu pureza inexpresable, así también creo en la buena acogida que se da a tu palabra.
Ruega por nosotros, Santa Madre de Dios, para que podamos gozar de las promesas de nuestro Señor Jesucristo. Amén.

No hay comentarios:
Publicar un comentario