viernes, 22 de julio de 2022
EL PÁJARO MUERTO Y VIVO (José Caicedo Rojas)
jueves, 21 de julio de 2022
MEDITACIÓN JUEVES XVI TIEMPO ORDINARIO C (P. Damián Ramírez)
Lectura del santo evangelio según san Mateo 13, 10-17
miércoles, 20 de julio de 2022
BEATAS RITA DOLORES PUJALTE Y FRANCISCA ALDEA, MÁRTIRES
El 18 de julio de 1936 se inició una larga y trágica guerra fratricida. La convivencia saltó en mil pedazos, golpeando a amigos y hermanos durante una generación. Al amparo de una situación de crisis, se refugiaron miserias humanas, venganzas, desaprensiones, rencores...
España quedó dividida, y la represión fue patrimonio de los dos bandos; pero, con anterioridad a la contienda, se dio la descristia
nización, un fenómeno creciente que derivó en un fanatismo anticlerical y antirreligioso, puesto de manifiesto violentamente.
El conflicto encuadró a grandes grupos armados, que actuaron con toda contundencia, especialmente en la capital de España. En este ambiente fueron sorprendidas las Siervas de Dios, Rita Dolores y Francisca, en el Colegio de Santa Susana, de Madrid, el 20 de julio de 1936. Ser religiosas fue el único motivo para merecer la muerte. Al salir del Colegio, asaltado y tiroteado por los milicianos, llevaron por equipaje el amor y la confianza total en Jesús y el perdón generoso, por anticipado, para sus agresores.
La Iglesia ha proclamado el Decreto de su Martirio y reconoce que, por su fe y por el testimonio de su caridad, siguieron a Jesús hasta la entrega total de sus vidas.
Fueron beatificadas por el Papa Juan Pablo II el día 10 de mayo de 1998, en la Plaza de San Pedro del Vaticano. Con palabras de Madre Isabel Larrañaga, nuestra Fundadora, expresamos nuestro agradecimiento al Señor: “Dad gracias a Dios por todo, por todo”.
Unidas en la muerte
Las dos habían pasado parte de su vida en el Colegio de Santa Susana. Juntas salieron de él para recorrer un camino que las convertiría en testigos de su fe. El Colegio estaba enclavado en el Barrio de las Ventas, entonces una de las zonas suburbanas de Madrid. Fue uno de los primeros abiertos por Madre Isabel Larrañaga, en 1889.
Este Colegio funcionaba como Curia General, y acogía, además de a las religiosas, a niñas pobres y huérfanas. Aunque la situación era extremadamente peligrosa, en medio de un ambiente general de crispación, la Comunidad optó por permanecer en el Colegio para atender a las niñas.
La Madre Rita Dolores había sido invitada en reiteradas ocasiones a dejar el Colegio y buscar un lugar más seguro, pero, según su lógica, perdía más que ganaba, y rehusó siempre. La Madre Francisca, movida por su caridad, se comprometió a no abandonarla, siendo consciente del riesgo que asumía. El 20 de julio de 1936 el Colegio fue asaltado y tiroteado.
Las Madres Rita Dolores y Francisca, en cuanto tuvieron noticias de que la llegada de los milicianos era inminente, se dirigieron a la Capilla para prepararse al martirio. Prodigaron con generosidad el perdón anticipado para sus verdugos, y se dispusieron a la muerte, que presentían segura, poniendo el presente y el futuro en las manos providentes del Padre. “Echémonos en sus brazos y que sea su santísima voluntad”, dijo Madre Dolores.
En la portería, momentos antes de salir, recitaron el Credo en presencia de los milicianos, quienes más tarde, fingiendo ayudarlas, porque su intención era darles muerte, las acompañaron hasta un piso cercano de una familia conocida. Allí rezaron el rosario y dieron gracias a Dios por la posibilidad que habían tenido para prepararse al martirio ya tan cercano.
Hacia el mediodía fueron conducidas violentamente al interior de una furgoneta. Ellas no opusieron resistencia; al contrario, esperaron sin desmayo la muerte. El 20 de julio de 1936, hacia las tres y media de la tarde, fueron fusiladas en la carretera de Barajas. Su fama de martirio se divulgó muy pronto.
Testigos presenciales se maravillaron de la serenidad de sus rostros y del perfume que desprendían sus restos mortales. Por todas partes dejaron una estela de santidad y sencillez. Fueron coherentes hasta el final en el camino elegido para hacer el bien en servicio y entrega a los hombres y mujeres de su tiempo. Ellas nos enseñan a descubrir más profundamente la vida como regalo y como tarea, en clave de entrega y servicio, con el talante de Jesús de Nazaret, en el empeño por construir un mundo más humano y más fraterno.
Sus restos reposan en la capilla del Colegio Ntra. Sra. del Carmen, en Villaverde Alto, Madrid.
BEATA FRANCISCA ALDEA ARAUJO
Nació en Somolinos (Guadalajara) el 17 de diciembre de 1881, en una familia sencilla y cristiana. Siendo niña aún, quedó huérfana, y fue acogida en el Colegio de Santa Susana, de Madrid, dirigido por las Hermanas de la Caridad del Sagrado Corazón de Jesús.
Como religiosa ingresó en el Instituto el 8 de diciembre de 1899. Fue su Maestra de Novicias la Madre Rita Dolores Pujalte. Posteriormente, la cuidó y acompañó, cuando estaba enferma y casi ciega, hasta el martirio.
El 20 de septiembre de 1903 emitió su profesión temporal. Hizo sus votos perpetuos el 1 de noviembre de 1910. dedicó parte de su vida a la enseñanza y a las actividades apostólicas que acompañan a la vida colegial. También desempeñó otros cargos de responsabilidad en el Instituto: superiora local, consejera, secretaria y ecónoma general, respectivamente. Era generosa, alegre, sencilla, de corazón grande y alma delicada.
Pese a manifestar su temor a una posible muerte, en vista del rumbo que tomaban los acontecimientos, confiaba en que Dios le daría fuerzas, si le pedía el martirio.

BEATA RITA DOLORES PUJALTE SÁNCHEZ

Nació en Aspe (Alicante) el 18 de febrero de 1853, en el seno de una familia cristiana y acomodada. Sus años de infancia y adolescencia estuvieron marcados por una fuerte religiosidad, que la llevaron a comprometerse en la catequesis y obras de caridad.
En 1888 ingresó en el Instituto de Hermanas de la Caridad del Sagrado Corazón de Jesús, fundado en 1877 por Madre Isabel Larrañaga. Hizo su profesión religiosa el 21 de junio de 1890 y, a su debido tiempo, emitió sus votos perpetuos.
Fue Superiora del Colegio de Santa Susana, de Madrid, en 1891. Posteriormente del de San José, en Fuensalida (Toledo), en 1894. En 1896 es nombrada Maestra de Novicias. Fue Superiora General desde 1899 hasta 1928. Por último, desempeñó el cargo de Vicaria General.
Era una persona de gran calidad humana y espiritual. De carácter dulce y firme a la vez. Su caridad destacó con las Hermanas enfermas. Infundía confianza e impulsaba a respuestas generosas. No escatimó esfuerzos ante las necesidades educativas de su época, alentando a las Hermanas en esta tarea.
El amor a Jesús en su Pasión y su presencia eucarística, junto con una gran devoción a María, fueron la máxima atracción de su vida.
Asumió el deterioro de su salud, diabética y casi ciega, y el sacrificio de su vida, que presentía seguro, convencida de que es Dios quien guía la historia según su designio amoroso y providente.
ORACIÓN SANTA MARGARITA DE ANTIOQUÍA
MARTIRIO DE SANTA MARGARITA (SANTA MARINA)
Margarita nació en Antioquía (en Asia Menor, hoy Turquía), hija de un sacerdote pagano, pero a través de su ama de leche conoció la fe cristiana. Al cumplir 12 años, Margarita se bautizó. Cuando lo supo su padre, renegó de ella.
Un día, cuando Margarita ya tenía 15 años, estaba cuidando a unas ovejas que pastoreaban. Pasó por el lugar el prefecto romano (Olybrius), que quedó fascinado por la belleza de la joven y le propuso matrimonio. Margarita no ocultó que era cristiana. Entonces, el gobernador la entregó al cuidado de una noble mujer. Tenía la esperanza de que esta iba a convencer a la joven a renegar de Cristo. Pero Margarita fue firme y se negó a ofrecer un sacrificio a los ídolos.
Encarcelada por no acceder a los requerimientos del prefecto, se cuenta que consiguió echar, de sí misma, un demonio de su garganta por medio del signo de la cruz; otra versión es que un demonio se le apareció en forma de dragón y la devoró, pero ella poseía un crucifijo con el cual rasgó la piel del dragón y salió de allí. Entonces la sometieron a las más terribles torturas: la azotaron con varillas, cortaron su cuerpo con tridentes, le clavaron clavos, fue lacerada con un gancho y la quemaron con fuego. La gracia de Dios sanó a Margarita de sus heridas, pero los torturadores, pese al milagro, no entraron en razón. Al día siguiente, otra vez le quemaban el cuerpo y luego comenzaron a ahogarla en un gran barril. Durante esas torturas la tierra tembló.
Sobreviviendo milagrosamente, de las muñecas de Margarita se cayeron las cadenas y sobre su cabeza empezó a irradiarse una extraordinaria luz, dentro de la que volaba girando una paloma que sostenía en el pico una corona de oro.
El gobernador, finalmente, ordenó matarla, así como a todos aquellos quienes creían en Cristo. Según la leyenda, ese día fueron decapitadas 15 000 personas.
MEDITACIÓN MIÉRCOLES XVI Tiempo Ordinario C (P. Damián Ramírez)
Lectura del santo evangelio según san Mateo 13,1-9
HISTORIA Y ORACIÓN A SANTA LIBRADA (SANTA WILGEFORTIS)
Su padre era el rey de Portugal y la prometió en matrimonio al rey moro de Sicilia. Ella, para evitar este enlace hizo voto de castidad y le imploró a Dios para que se convirtiera en un ser horrible y repulsivo. A medida que rezaba, sus uñas se rompían. Además, la desnutrición y el desequilibrio hormonal hicieron crecer vello en su rostro y cuerpo.
Es por esta razón que la santa Librada se representa como una mujer barbuda. El rey moro rompió el conflicto al ver su fealdad y su padre, colérico, la acusó de herejía y la mandó crucificar. Es por ello que es la única virgen crucificada que tenemos.
ORACIÓN
Os ruego, candidísima protectora y letrada mía, que me logréis de Jesús, vuestro divino Esposo, la gracia de vencer todas y cada una de las tentaciones del contrincante y la fuerza precisa para separarme de todos y cada uno de los riesgos y ocasiones de pecado.
Guíame por el camino del bien y apártame de todo mal, a fin de que tenga la dicha de veros un día en el cielo, en compañía de Jesús y de la Virgen María y alcánzame la gracia que te solicito ahora, si debe ser para gloria de Dios y provecho de mi ánima. Amén.
20 DE JULIO: SANTA LIBRADA
martes, 19 de julio de 2022
ORACIÓN A SANTA ÁUREA DE CÓRDOBA
SANTA ÁUREA DE CÓRDOBA, MÁRTIR
El martirio de Áurea tuvo dos actos: en el primero, la fortaleza de la monja cristiana salió malparada; en el segundo, recuperado el ánimo, confesó a Cristo hasta el martirio.
El primero dura desde que la madre queda viuda y decide retirarse a un convento. Seguramente por la muerte del padre e influencia de la madre, Áurea, como había sucedido con Adolfo y Juan, en vez de profesar la religión islámica, que era lo conforme a la ley, profesaba el cristianismo. Esto no era legal. Los hijos de matrimonios mixtos tenían que ser necesariamente musulmanes y como a tales los miraba el Estado, de forma que si algún hijo de matrimonio mixto era cristiano se le reputaba por apóstata. Áurea, al parecer, no había escarmentado con la muerte de sus hermanos. Ella seguía la religión materna y vivía con su madre en el monasterio de Santa Marta de Cuteclara. Pero en sus apariciones en público vestía el traje árabe, no delatando su vestimenta la religión que profesaba, y además usaba vestidos correspondientes a su alcurnia.
Pero el disimulo no debió ser tanto como para que algunos parientes paternos no sospecharan que Áurea no era musulmana. La verdad es que sabían que vivía con su madre, cristiana desde siempre, y además en una casa religiosa cristiana. Era normal que todo ello les oliera a que ella profesaba el cristianismo. Estos parientes se presentaron a visitarla sin advertirle que lo que buscaban era la verdad de su religiosidad. Y hallaron que, en efecto, Áurea vivía como cristiana. Más aún: pudieron ver que ella también, igual que su madre, había profesado como monja en el monasterio. Era cristiana y era monja. Los parientes no dudaron sobre lo que tenían que hacer: la denunciaron al juez.
El juez llamó a Áurea, que se vio obligada a comparecer ante él y reconocer que se había hecho cristiana y que era monja. El juez le indicó que estaba en situación ilegal y que esta situación traía consigo castigos muy severos. Pero, teniendo en cuenta su alcurnia quizás, si ella volvía al Islam, olvidaría el asunto y todo quedaría en nada.
Áurea entonces prometió al juez que haría lo que se le pedía. Éste fue el hecho escueto. San Eulogio se plantea acerca de la verdadera causa y duda si fue porque se aterrorizó Áurea o porque, sabiendo que le confiscarían todos sus bienes en caso de ser condenada por apostasía, prefirió dar una respuesta que tranquilizara al juez y disponer de su patrimonio con el fin de salvarlo. Pero fuera cual fuera la causa, el hecho es que el juez oyó de labios de Áurea que iba a obedecerle, es decir, que iba a volver al Islam. Áurea no confesó a Cristo en aquella ocasión.
Viene ahora el segundo acto. ¿Con qué sinceridad prometió Áurea obedecer al juez? Al parecer con ninguna. Ella misma dijo más tarde que jamás había tomado en su corazón la decisión de volver al Islam, abandonando el cristianismo. Fue, pues, la suya una promesa meramente exterior, lo que no impedía que ella hubiera faltado gravemente. Vuelta al monasterio, ella siguió practicando el cristianismo, pero en su corazón empezaron los remordimientos y cada día vio más claro que había actuado mal. Lloró entonces amargamente su debilidad y decidió compensarla con una confesión abierta y espontánea. Salió a las calles con hábito de monja cristiana y comenzó a visitar sin recato alguno las iglesias de la ciudad cordobesa.
Ello no podía menos que traer consigo una segunda delación. Bien sabía Áurea lo que le esperaba cuando el juez la hizo, por segunda vez, comparecer ante él. Le recordó el cadí su promesa de volver al Islam y Áurea reconoció que aquella promesa se la había hecho con los labios y no con el corazón, pero que ahora la retiraba y confesaba abiertamente a Cristo, advirtiéndole que era cristiana y que no pensaba dejar de serlo.
El juez procedió con discreción. Teniendo en cuenta la alta alcurnia de Áurea no procedió a condenarla a muerte, sino que la envió a la cárcel, y dio seguidamente cuenta al emir Mohamed I de que una mujer de clase alta se negaba a volver al Islam a tenor de la ley. Bien sabido es que Mohamed I profesaba gran odio al cristianismo y que los cristianos tuvieron muchos problemas con él, especialmente en los comienzos de su reinado, según el mismo San Eulogio nos cuenta. Por ello no puede extrañar que mandara que se diera sobre Áurea la condena correspondiente a la ley y esta no era otra que la pena de muerte. El día 19 de julio del año 856, un verdugo separó el tronco de la cabeza de Áurea y luego, para exhibición pública, su cuerpo fue colgado de los pies en un palo donde pocos días antes había sido ajusticiado un reo de homicidio; luego sus restos fueron arrojados, junto con los de varios malhechores, al Guadalquivir, yendo su alma a encontrarse con Cristo, al que al fin valientemente había confesado.
ORACIÓN SANTAS JUSTA Y RUFINA
SANTAS JUSTA Y RUFINA, MÁRTIRES
Era costumbre celebrar una vez al año una fiesta en honor a Venus, en la que se rememoraba el fallecimiento del admirado Adonis. Se recorrían las calles de la ciudad pidiendo limosnas para la fiesta. En cierta ocasión, los seguidores de Venus llegaron a casa de Justa y Rufina solicitando el dinero correspondiente, pero las hermanas se negaron a pagarlo por ser el fin de este contrario a su fe, y no solo esto sino que decidieron hacer añicos la figura de la diosa entre ambas, provocando de esta manera el enfado general de las devotas que se lanzaron hacia ellas.
El prefecto de Sevilla, Diogeniano, mandó encarcelarlas, animándolas a abandonar sus creencias cristianas si no querían ser víctimas del martirio. Las santas se negaron, a pesar de las amenazas. Sufrieron el tormento del potro para a continuación ser torturadas con garfios de hierro. Diogeniano esperaba que el trato que se les daba sería suficiente para que renunciaran a su fe, pero ellas aguantaron todo. Viendo que no surtió efecto el castigo, las encerró en una tenebrosa cárcel donde sufrirían las penalidades del hambre y la sed.
MEDITACIÓN MARTES XVI TIEMPO ORDINARIO C (P. Damián Ramírez)
Lectura del santo evangelio según san Mateo 12, 46-50
lunes, 18 de julio de 2022
SANTA TEODOSIA DE CONSTANTINOPLA, MÁRTIR
MARTIRIO DE SANTA SINFOROSA Y SUS SIETE HIJOS

HIMNO AL PADRE TIBURCIO ARNAIZ
MEDITACIÓN LUNES XVI TIEMPO ORDINARIO C (P. Damián Ramírez)
Lectura del santo evangelio según san Mateo 12, 38-42
domingo, 17 de julio de 2022
MEDITACIÓN DOMINGO XVI TIEMPO ORDINARIO C (P. Damián Ramírez)


























