viernes, 22 de julio de 2022

EL PÁJARO MUERTO Y VIVO (José Caicedo Rojas)


A un ateniense chistoso,
que picaba de adivino,
se le acercó otro ladino,
y con aire jactancioso,
mostrando el puño cerrado,
le dijo: -Si eres experto,
responde, ¿está vivo o muerto
este pájaro? -¡Menguado
-repuso el otro festivo-,
estará como tú quieras:
estará de ambas maneras
en tu mano, muerto o vivo!
Si digo que muerto está,
con solo abrir tú la mano
saldrá el pajarillo ufano
y volando escapará.
Y perderé de igual suerte
que está vivo asegurando,
pues al cautivo apretando
le darás segura muerte.
Si los padres esto oyeran,
fijáranlo en la memoria:
Los hijos, dice esta historia,
han de ser lo que ellos quieran.
 

jueves, 21 de julio de 2022

MEDITACIÓN JUEVES XVI TIEMPO ORDINARIO C (P. Damián Ramírez)

 

Lectura del santo evangelio según san Mateo 13, 10-17

En aquel tiempo, se acercaron los discípulos a Jesús y le preguntaron:
«¿Por qué les hablas en parábolas?»
Él les contestó:
«A vosotros se os han dado a conocer los secretos del reino de los cielos y a ellos no. Porque al que tiene se le dará y tendrá de sobra, y al que no tiene, se le quitará hasta lo que tiene. Por eso les hablo en parábolas, porque miran sin ver y escuchan sin oír ni entender. Así se cumple en ellos la profecía de Isaías:
“Oiréis con los oídos sin entender; miraréis con los ojos sin ver; porque está embotado el corazón de este pueblo, son duros de oído, han cerrado los ojos; para no ver con los ojos, ni oír con los oídos, ni entender con el corazón, ni convertirse para que yo los cure”.
Pero bienaventurados vuestros ojos porque ven y vuestros oídos porque oyen. En verdad os digo que muchos profetas y justos desearon ver lo que veis y no lo vieron, y oír lo que oís y no lo oyeron».



















miércoles, 20 de julio de 2022

BEATAS RITA DOLORES PUJALTE Y FRANCISCA ALDEA, MÁRTIRES

La vida de las Siervas de Dios, Madre Rita Dolores Pujalte Sánchez y Francisca Aldea Araujo del Corazón de Jesús, fueron testigos de un siglo que finalizaba y de una España que entraba en el siglo XX, con pasos tímidos, hacia un horizonte de progreso y modernidad. Este período se corresponde con el reinado de Alfonso XIII, la pérdida de las colonias, la instauración de la segunda República, marcada por un carácter antirreligioso y fundamentalmente persecutorio frente a la Iglesia y, tras su fracaso, la llegada de la guerra civil, escenario turbulento que marcaría la existencia de Rita Dolores y Francisca.

El 18 de julio de 1936 se inició una larga y trágica guerra fratricida. La convivencia saltó en mil pedazos, golpeando a amigos y hermanos durante una generación. Al amparo de una situación de crisis, se refugiaron miserias humanas, venganzas, desaprensiones, rencores...

España quedó dividida, y la represión fue patrimonio de los dos bandos; pero, con anterioridad a la contienda, se dio la descristiahermanas-martires-corazonistasnización, un fenómeno creciente que derivó en un fanatismo anticlerical y antirreligioso, puesto de manifiesto violentamente.

El conflicto encuadró a grandes grupos armados, que actuaron con toda contundencia, especialmente en la capital de España. En este ambiente fueron sorprendidas las Siervas de Dios, Rita Dolores y Francisca, en el Colegio de Santa Susana, de Madrid, el 20 de julio de 1936. Ser religiosas fue el único motivo para merecer la muerte. Al salir del Colegio, asaltado y tiroteado por los milicianos, llevaron por equipaje el amor y la confianza total en Jesús y el perdón generoso, por anticipado, para sus agresores.

La Iglesia ha proclamado el Decreto de su Martirio y reconoce que, por su fe y por el testimonio de su caridad, siguieron a Jesús hasta la entrega total de sus vidas.
Fueron beatificadas por el Papa Juan Pablo II el día 10 de mayo de 1998, en la Plaza de San Pedro del Vaticano. Con palabras de Madre Isabel Larrañaga, nuestra Fundadora, expresamos nuestro agradecimiento al Señor: “Dad gracias a Dios por todo, por todo”.

Unidas en la muerte

Las dos habían pasado parte de su vida en el Colegio de Santa Susana. Juntas salieron de él para recorrer un camino que las convertiría en testigos de su fe. El Colegio estaba enclavado en el Barrio de las Ventas, entonces una de las zonas suburbanas de Madrid. Fue uno de los primeros abiertos por Madre Isabel Larrañaga, en 1889.

Este Colegio funcionaba como Curia General, y acogía, además de a las religiosas, a niñas pobres y huérfanas. Aunque la situación era extremadamente peligrosa, en medio de un ambiente general de crispación, la Comunidad optó por permanecer en el Colegio para atender a las niñas.

La Madre Rita Dolores había sido invitada en reiteradas ocasiones a dejar el Colegio y buscar un lugar más seguro, pero, según su lógica, perdía más que ganaba, y rehusó siempre. La Madre Francisca, movida por su caridad, se comprometió a no abandonarla, siendo consciente del riesgo que asumía. El 20 de julio de 1936 el Colegio fue asaltado y tiroteado.

hermanas-martires-corazonistas-restosLas Madres Rita Dolores y Francisca, en cuanto tuvieron noticias de que la llegada de los milicianos era inminente, se dirigieron a la Capilla para prepararse al martirio. Prodigaron con generosidad el perdón anticipado para sus verdugos, y se dispusieron a la muerte, que presentían segura, poniendo el presente y el futuro en las manos providentes del Padre. “Echémonos en sus brazos y que sea su santísima voluntad”, dijo Madre Dolores.

En la portería, momentos antes de salir, recitaron el Credo en presencia de los milicianos, quienes más tarde, fingiendo ayudarlas, porque su intención era darles muerte, las acompañaron hasta un piso cercano de una familia conocida. Allí rezaron el rosario y dieron gracias a Dios por la posibilidad que habían tenido para prepararse al martirio ya tan cercano.

Hacia el mediodía fueron conducidas violentamente al interior de una furgoneta. Ellas no opusieron resistencia; al contrario, esperaron sin desmayo la muerte. El 20 de julio de 1936, hacia las tres y media de la tarde, fueron fusiladas en la carretera de Barajas. Su fama de martirio se divulgó muy pronto.

Testigos presenciales se maravillaron de la serenidad de sus rostros y del perfume que desprendían sus restos mortales. Por todas partes dejaron una estela de santidad y sencillez. Fueron coherentes hasta el final en el camino elegido para hacer el bien en servicio y entrega a los hombres y mujeres de su tiempo. Ellas nos enseñan a descubrir más profundamente la vida como regalo y como tarea, en clave de entrega y servicio, con el talante de Jesús de Nazaret, en el empeño por construir un mundo más humano y más fraterno.

Sus restos reposan en la capilla del Colegio Ntra. Sra. del Carmen, en Villaverde Alto, Madrid.

BEATA FRANCISCA ALDEA ARAUJO

Nació en Somolinos (Guadalajara) el 17 de diciembre de 1881, en una familia sencilla y cristiana. Siendo niña aún, quedó huérfana, y fue acogida en el Colegio de Santa Susana, de Madrid, dirigido por las Hermanas de la Caridad del Sagrado Corazón de Jesús.

Como religiosa ingresó en el Instituto el 8 de diciembre de 1899. Fue su Maestra de Novicias la Madre Rita Dolores Pujalte. Posteriormente, la cuidó y acompañó, cuando estaba enferma y casi ciega, hasta el martirio.

El 20 de septiembre de 1903 emitió su profesión temporal. Hizo sus votos perpetuos el 1 de noviembre de 1910. dedicó parte de su vida a la enseñanza y a las actividades apostólicas que acompañan a la vida colegial. También desempeñó otros cargos de responsabilidad en el Instituto: superiora local, consejera, secretaria y ecónoma general, respectivamente. Era generosa, alegre, sencilla, de corazón grande y alma delicada.

Pese a manifestar su temor a una posible muerte, en vista del rumbo que tomaban los acontecimientos, confiaba en que Dios le daría fuerzas, si le pedía el martirio.

BEATA RITA DOLORES PUJALTE SÁNCHEZ

Nació en Aspe (Alicante) el 18 de febrero de 1853, en el seno de una familia cristiana y acomodada. Sus años de infancia y adolescencia estuvieron marcados por una fuerte religiosidad, que la llevaron a comprometerse en la catequesis y obras de caridad.

En 1888 ingresó en el Instituto de Hermanas de la Caridad del Sagrado Corazón de Jesús, fundado en 1877 por Madre Isabel Larrañaga. Hizo su profesión religiosa el 21 de junio de 1890 y, a su debido tiempo, emitió sus votos perpetuos.

Fue Superiora del Colegio de Santa Susana, de Madrid, en 1891. Posteriormente del de San José, en Fuensalida (Toledo), en 1894. En 1896 es nombrada Maestra de Novicias. Fue Superiora General desde 1899 hasta 1928. Por último, desempeñó el cargo de Vicaria General.

Era una persona de gran calidad humana y espiritual. De carácter dulce y firme a la vez. Su caridad destacó con las Hermanas enfermas. Infundía confianza e impulsaba a respuestas generosas. No escatimó esfuerzos ante las necesidades educativas de su época, alentando a las Hermanas en esta tarea.

El amor a Jesús en su Pasión y su presencia eucarística, junto con una gran devoción a María, fueron la máxima atracción de su vida.

Asumió el deterioro de su salud, diabética y casi ciega, y el sacrificio de su vida, que presentía seguro, convencida de que es Dios quien guía la historia según su designio amoroso y providente.

ORACIÓN SANTA MARGARITA DE ANTIOQUÍA


Amoroso Señor, el padre de Santa Margarita fue un sacerdote pagano. Su abandono de las falsas creencias está representado en una historia en la que es tragada por un dragón, que representa el paganismo, y, a continuación, se escapa de su vientre, como si hubiera nacido de nuevo. A causa de esta historia, se ha convertido en la santa patrona del embarazo, el parto y la labor de parto, así que le pido que ore por cada mujer embarazada que conozco, sobre todo por aquellas que tienen embarazos difíciles o que no han podido concebir. Toca sus vientres, querido Señor, y dales nacimientos fáciles y niños sanos. Protege la vida de los bebés que puedan ser abortados. Santa Margarita, ruega por nosotros. Amén.
 

MARTIRIO DE SANTA MARGARITA (SANTA MARINA)



Margarita nació en Antioquía (en Asia Menor, hoy Turquía), hija de un sacerdote pagano, pero a través de su ama de leche conoció la fe cristiana. Al cumplir 12 años, Margarita se bautizó. Cuando lo supo su padre, renegó de ella.

Un día, cuando Margarita ya tenía 15 años, estaba cuidando a unas ovejas que pastoreaban. Pasó por el lugar el prefecto romano (Olybrius), que quedó fascinado por la belleza de la joven y le propuso matrimonio. Margarita no ocultó que era cristiana. Entonces, el gobernador la entregó al cuidado de una noble mujer. Tenía la esperanza de que esta iba a convencer a la joven a renegar de Cristo. Pero Margarita fue firme y se negó a ofrecer un sacrificio a los ídolos.



Encarcelada por no acceder a los requerimientos del prefecto, se cuenta que consiguió echar, de sí misma, un demonio de su garganta por medio del signo de la cruz; otra versión es que un demonio se le apareció en forma de dragón y la devoró, pero ella poseía un crucifijo con el cual rasgó la piel del dragón y salió de allí. Entonces la sometieron a las más terribles torturas: la azotaron con varillas, cortaron su cuerpo con tridentes, le clavaron clavos, fue lacerada con un gancho y la quemaron con fuego. La gracia de Dios sanó a Margarita de sus heridas, pero los torturadores, pese al milagro, no entraron en razón. Al día siguiente, otra vez le quemaban el cuerpo y luego comenzaron a ahogarla en un gran barril. Durante esas torturas la tierra tembló.



Sobreviviendo milagrosamente, de las muñecas de Margarita se cayeron las cadenas y sobre su cabeza empezó a irradiarse una extraordinaria luz, dentro de la que volaba girando una paloma que sostenía en el pico una corona de oro.

El gobernador, finalmente, ordenó matarla, así como a todos aquellos quienes creían en Cristo. Según la leyenda, ese día fueron decapitadas 15 000 personas.




MEDITACIÓN MIÉRCOLES XVI Tiempo Ordinario C (P. Damián Ramírez)

Lectura del santo evangelio según san Mateo 13,1-9

Aquel día salió Jesús de casa y se sentó junto al mar. Y acudió a él tanta gente que tuvo que subirse a una barca; se sentó y toda la gente se quedó de pie en la orilla. Les habló muchas cosas en parábolas:
«Salió el sembrador a sembrar. Al sembrar, una parte cayó al borde del camino; vinieron los pájaros y se la comieron. Otra parte cayó en terreno pedregoso, donde apenas tenía tierra, y como la tierra no era profunda brotó enseguida; pero en cuanto salió el sol, se abrasó y por falta de raíz se secó. Otra cayó entre abrojos, que crecieron y la ahogaron. Otra cayó en tierra buena y dio fruto: una, ciento; otra, sesenta; otra, treinta. El que tenga oídos, que oiga».


 




















EL PASTOR (Félix María Samaniego)


 

HISTORIA Y ORACIÓN A SANTA LIBRADA (SANTA WILGEFORTIS)


Su padre era el rey de Portugal y la prometió en matrimonio al rey moro de Sicilia. Ella, para evitar este enlace hizo voto de castidad y le imploró a Dios para que se convirtiera en un ser horrible y repulsivo. A medida que rezaba, sus uñas se rompían. Además, la desnutrición y el desequilibrio hormonal hicieron crecer vello en su rostro y cuerpo.

Es por esta razón que la santa Librada se representa como una mujer barbuda. El rey moro rompió el conflicto al ver su fealdad y su padre, colérico, la acusó de herejía y la mandó crucificar. Es por ello que es la única virgen crucificada que tenemos.


ORACIÓN


Gloriosísima, virgen y mártir santa Librada, que para ser auténtica imagen de Cristo Salvador mereciste fallecer clavada como Él, en una cruz, alcánzame del Señor fortaleza y paciencia en los trabajos y sufrimientos de la vida.

Os ruego, candidísima protectora y letrada mía, que me logréis de Jesús, vuestro divino Esposo, la gracia de vencer todas y cada una de las tentaciones del contrincante y la fuerza precisa para separarme de todos y cada uno de los riesgos y ocasiones de pecado.

Guíame por el camino del bien y apártame de todo mal, a fin de que tenga la dicha de veros un día en el cielo, en compañía de Jesús y de la Virgen María y alcánzame la gracia que te solicito ahora, si debe ser para gloria de Dios y provecho de mi ánima. Amén.


20 DE JULIO: SANTA LIBRADA

martes, 19 de julio de 2022

ORACIÓN A SANTA ÁUREA DE CÓRDOBA


Oh Dios, que concediste a santa Áurea 
el don de imitar con fidelidad a Cristo pobre y humilde, concédenos también a nosotros, por intercesión de esta santa, la gracia de que, viviendo fielmente nuestra vocación, tendamos hacia la perfección que nos propones en la persona de tu Hijo Jesucristo, que vive y reina contigo. Amén.

SANTA ÁUREA DE CÓRDOBA, MÁRTIR


Su historia nos es conocida por la pluma de san Eulogio de Córdoba (-
9 de enero). Su familia era originaria de Sevilla, según dice el santo, y hermana de los Santos Adolfo y Juan, que padecieron martirio al comienzo del reinado de Abderramán II. Los tres eran hijos de padre musulmán de madre cristiana santa, Artemia, la cual en su viudedad ingresaría en un monasterio —al igual que le siguió su hija Áurea—, llegaría a ser superiora del mismo y daría ejemplo insigne de todas las virtudes. Pertenecía por parte de padre a una familia de raza árabe y de posición social elevada. La familia vivía en Córdoba.

El martirio de Áurea tuvo dos actos: en el primero, la fortaleza de la monja cristiana salió malparada; en el segundo, recuperado el ánimo, confesó a Cristo hasta el martirio.

El primero dura desde que la madre queda viuda y decide retirarse a un convento. Seguramente por la muerte del padre e influencia de la madre, Áurea, como había sucedido con Adolfo y Juan, en vez de profesar la religión islámica, que era lo conforme a la ley, profesaba el cristianismo. Esto no era legal. Los hijos de matrimonios mixtos tenían que ser necesariamente musulmanes y como a tales los miraba el Estado, de forma que si algún hijo de matrimonio mixto era cristiano se le reputaba por apóstata. Áurea, al parecer, no había escarmentado con la muerte de sus hermanos. Ella seguía la religión materna y vivía con su madre en el monasterio de Santa Marta de Cuteclara. Pero en sus apariciones en público vestía el traje árabe, no delatando su vestimenta la religión que profesaba, y además usaba vestidos correspondientes a su alcurnia.

Pero el disimulo no debió ser tanto como para que algunos parientes paternos no sospecharan que Áurea no era musulmana. La verdad es que sabían que vivía con su madre, cristiana desde siempre, y además en una casa religiosa cristiana. Era normal que todo ello les oliera a que ella profesaba el cristianismo. Estos parientes se presentaron a visitarla sin advertirle que lo que buscaban era la verdad de su religiosidad. Y hallaron que, en efecto, Áurea vivía como cristiana. Más aún: pudieron ver que ella también, igual que su madre, había profesado como monja en el monasterio. Era cristiana y era monja. Los parientes no dudaron sobre lo que tenían que hacer: la denunciaron al juez.

El juez llamó a Áurea, que se vio obligada a comparecer ante él y reconocer que se había hecho cristiana y que era monja. El juez le indicó que estaba en situación ilegal y que esta situación traía consigo castigos muy severos. Pero, teniendo en cuenta su alcurnia quizás, si ella volvía al Islam, olvidaría el asunto y todo quedaría en nada.

Áurea entonces prometió al juez que haría lo que se le pedía. Éste fue el hecho escueto. San Eulogio se plantea acerca de la verdadera causa y duda si fue porque se aterrorizó Áurea o porque, sabiendo que le confiscarían todos sus bienes en caso de ser condenada por apostasía, prefirió dar una respuesta que tranquilizara al juez y disponer de su patrimonio con el fin de salvarlo. Pero fuera cual fuera la causa, el hecho es que el juez oyó de labios de Áurea que iba a obedecerle, es decir, que iba a volver al Islam. Áurea no confesó a Cristo en aquella ocasión.

Viene ahora el segundo acto. ¿Con qué sinceridad prometió Áurea obedecer al juez? Al parecer con ninguna. Ella misma dijo más tarde que jamás había tomado en su corazón la decisión de volver al Islam, abandonando el cristianismo. Fue, pues, la suya una promesa meramente exterior, lo que no impedía que ella hubiera faltado gravemente. Vuelta al monasterio, ella siguió practicando el cristianismo, pero en su corazón empezaron los remordimientos y cada día vio más claro que había actuado mal. Lloró entonces amargamente su debilidad y decidió compensarla con una confesión abierta y espontánea. Salió a las calles con hábito de monja cristiana y comenzó a visitar sin recato alguno las iglesias de la ciudad cordobesa.

Ello no podía menos que traer consigo una segunda delación. Bien sabía Áurea lo que le esperaba cuando el juez la hizo, por segunda vez, comparecer ante él. Le recordó el cadí su promesa de volver al Islam y Áurea reconoció que aquella promesa se la había hecho con los labios y no con el corazón, pero que ahora la retiraba y confesaba abiertamente a Cristo, advirtiéndole que era cristiana y que no pensaba dejar de serlo.

El juez procedió con discreción. Teniendo en cuenta la alta alcurnia de Áurea no procedió a condenarla a muerte, sino que la envió a la cárcel, y dio seguidamente cuenta al emir Mohamed I de que una mujer de clase alta se negaba a volver al Islam a tenor de la ley. Bien sabido es que Mohamed I profesaba gran odio al cristianismo y que los cristianos tuvieron muchos problemas con él, especialmente en los comienzos de su reinado, según el mismo San Eulogio nos cuenta. Por ello no puede extrañar que mandara que se diera sobre Áurea la condena correspondiente a la ley y esta no era otra que la pena de muerte. El día 19 de julio del año 856, un verdugo separó el tronco de la cabeza de Áurea y luego, para exhibición pública, su cuerpo fue colgado de los pies en un palo donde pocos días antes había sido ajusticiado un reo de homicidio; luego sus restos fueron arrojados, junto con los de varios malhechores, al Guadalquivir, yendo su alma a encontrarse con Cristo, al que al fin valientemente había confesado.


ORACIÓN SANTAS JUSTA Y RUFINA

 

Señor, que diste fortaleza a las santas mártires Justa y Rufina para que proclamaran la fe en medio de los paganos, te pedimos, por su intercesión, que nos concedas la valentía para predicar tu Reino entre los que no te reconocen. Por Jesucristo, tu Hijo, nuestro Señor. Amén.

SANTAS JUSTA Y RUFINA, MÁRTIRES


Justa y Rufina fueron hermanas carnales, nacidas en 
Hispalis bajo el dominio romano, Justa en 268 y Rufina en 270, de modesta familia de cristianos clandestinos dedicados al oficio de la alfarería.​ En estos tiempos, las hermanas dedicaban su tiempo a ayudar al prójimo y al conocimiento del Evangelio. 

Era costumbre celebrar una vez al año una fiesta en honor a Venus, en la que se rememoraba el fallecimiento del admirado Adonis. Se recorrían las calles de la ciudad pidiendo limosnas para la fiesta. En cierta ocasión, los seguidores de Venus llegaron a casa de Justa y Rufina solicitando el dinero correspondiente, pero las hermanas se negaron a pagarlo por ser el fin de este contrario a su fe, y no solo esto sino que decidieron hacer añicos la figura de la diosa entre ambas, provocando de esta manera el enfado general de las devotas que se lanzaron hacia ellas.​

El prefecto de Sevilla, Diogeniano, mandó encarcelarlas, animándolas a abandonar sus creencias cristianas si no querían ser víctimas del martirio.​ Las santas se negaron, a pesar de las amenazas. Sufrieron el tormento del potro para a continuación ser torturadas con garfios de hierro. Diogeniano esperaba que el trato que se les daba sería suficiente para que renunciaran a su fe, pero ellas aguantaron todo. Viendo que no surtió efecto el castigo, las encerró en una tenebrosa cárcel donde sufrirían las penalidades del hambre y la sed.



Estoicamente sobrevivieron a su condena, por lo que fueron castigadas de nuevo. Esta vez debían caminar descalzas hasta llegar a Sierra Morena. Tuvieron la suficiente fuerza para conseguir el objetivo. Viendo que nada las vencía, mandó encarcelarlas hasta morir. La primera en fallecer fue Santa Justa. Su cuerpo lo tiraron a un pozo, recuperado poco tiempo después por el obispo Sabino.

Una vez que hubo acabado con la vida de Justa, Diogeniano creyó que Rufina sucumbiría a sus deseos con más facilidad, pero no lo consiguió. Decidió acabar con su vida de la forma más lúgubre en aquellos tiempos. La llevó al anfiteatro y la dejó a expensas de un león para que la destrozase. La bestia se acercó, y lo más que hizo fue mover la cola y lamer sus vestiduras como haría un animal de compañía. El Prefecto no aguantó más, la mandó degollar y quemar su cuerpo. Nuevamente tras este hecho, el obispo Sabino recogió los restos y la enterró junto a su hermana en el año 287. 

MEDITACIÓN MARTES XVI TIEMPO ORDINARIO C (P. Damián Ramírez)

Lectura del santo evangelio según san Mateo 12, 46-50

En aquel tiempo, estaba Jesús hablando a la gente, cuando su madre y sus hermanos se presentaron fuera, tratando de hablar con él. Uno se lo avisó:
«Tu madre y tus hermanos están fuera y quieren hablar contigo».
Pero él contestó al que le avisaba:
«¿Quién es mi madre y quiénes son mis hermanos?».
Y, extendiendo su mano hacia sus discípulos, dijo: 
«Estos son mi madre y mis hermanos. El que haga la voluntad de mi Padre que está en los cielos, ese es mi hermano y mi hermana y mi madre».





 

lunes, 18 de julio de 2022

SANTA TEODOSIA DE CONSTANTINOPLA, MÁRTIR

Teodosia pertenecía a una noble familia y perdió a sus padres desde muy joven. Más tarde, tomó el velo en el monasterio constantinopolitano de la Anástasis. La santa vivió en la época de los emperadores León el Isáurico y Constantino Coprónimo, quienes trataron de acabar con el culto de las imágenes. Como el emperador diese la orden de destruir una imagen muy venerada de Cristo, Teodosia, a la cabeza de un grupo de mujeres, derribó la escalera en que se hallaba el esbirro que iba a echar abajo la imagen. El hombre murió a consecuencia de la caída. Las mujeres se dirigieron entonces al palacio del pseudopatriarca Anastasio, lo apedrearon, y obligaron a huir al usurpador. Las autoridades castigaron a todas las integrantes de grupo, pero sobre todo a Teodosia, que lo había encabezado. Los verdugos la torturaron en la prisión y la hirieron en el cuello con un cuerno de carnero. Teodosia murió poco después, a consecuencia de las heridas. 

18 DE JULIO: SANTA TEODOSIA DE CONSTANTINOPLA

MARTIRIO DE SANTA SINFOROSA Y SUS SIETE HIJOS


Sinforosa, esposa de san Getulio, se fue con sus hijos a una propiedad familiar en Tívoli, donde con sus hijos se escondió en un aljibe seco, donde sobrevivían mientras se preparaban todos para el martirio. Cuando parecía que se habían olvidado de Sinforosa, Adriano convocó unos festejos para la inauguración de un palacio que se había construido. Consultó a los oráculos y los sacerdotes de los dioses los "interpretaron" y dijeron al emperador: "los dioses quieren las vidas de la cristiana Sinforosa y sus hijos, que aún adoran a su dios día y noche. Ofréceles sus vidas y los dioses te concederán lo que quieras". Mandó Adriano a buscarles, fueron sacados de la cisterna y llevados a Roma. Fue conminada a sacrificar a los dioses, y como la santa mujer se negó, la golpearon y desnudaron, y así la colgaron de los cabellos frente al templo de Hércules, para humillarla. Situaron cerca de ella a sus hijos más pequeños, que lloraban, para que se arrepintiera de su constancia, pero por nada del mundo Sinforosa negó a Cristo.
Como veía Adriano que nada podía, mandó que le ataran una piedra al cuello y la tirasen al Tíber. En cuanto a los hijos, tampoco renegaron de Cristo por más que les hacían promesas de libertad y riquezas, o les amenazaban con crueles tormentos. Les tendieron en el potro, fueron descoyuntados, les desgarraron los costados y les aplicaron antorchas, pero no renegaban de la verdadera fe. Cuando vio Adriano que estaban confirmados absolutamente en la fe cristiana, mandó terminasen con ellos: Crescencio, Juliano y Nemesio fueron alanceados varias veces hasta morir, Primitivo y Justino fueron apuñalados, Estacteo fue descuartizado y el pequeño Eugenio fue cortado en dos. Todos alcanzaron la palma de la victoria en el año 125. 




HIMNO AL PADRE TIBURCIO ARNAIZ

Buscad no vuestros intereses, sino los de Jesucristo.
Para Dios buscó la gloria, para él la abnegación,
y para todos los hombres, la gracia y salvación. 
Buscad no vuestros intereses, sino los de Jesucristo.
Que las almas tengan Vida, que las mentes tengan Luz,
es tu deseo ardiente, el mismo de Jesús. Buscad no vuestros intereses, sino los de Jesucristo.
Misionero infatigable del Sagrado Corazón. Manso, humilde, obediente, apóstol de su Amor.
Buscad no vuestros intereses, sino los de Jesucristo. 

MEDITACIÓN LUNES XVI TIEMPO ORDINARIO C (P. Damián Ramírez)

Lectura del santo evangelio según san Mateo 12, 38-42

En aquel tiempo, algunos escribas y fariseos dijeron a Jesús:
«Maestro, queremos ver un milagro tuyo».
Él les contestó:
«Esta generación perversa y adúltera exige una señal; pues no se le dará más signo que el del profeta Jonás. Tres días y tres noches estuvo Jonás en el vientre del cetáceo: pues tres días y tres noches estará el Hijo del hombre en el seno de la tierra. Los hombres de Nínive se alzarán en el juicio contra esta generación y harán que la condenen; porque ellos se convirtieron con la proclamación de Jonás, y aquí hay uno que es más que Jonás. Cuando juzguen a esta generación, la reina del Sur se levantará y hará que la condenen, porque ella vino desde los confines de la tierra, para escuchar la sabiduría de Salomón, y aquí hay uno que es más que Salomón».




















domingo, 17 de julio de 2022

MEDITACIÓN DOMINGO XVI TIEMPO ORDINARIO C (P. Damián Ramírez)

¡Buenos días!

Comenzamos un nuevo domingo, que como cristianos hemos de consagrar a Dios.  
En las lecturas de hoy aparece la importancia de la hospitalidad (1ª lectura) y del sentido que esta le da a la oración y a la acción en nuestra vida (evangelio).
Porque solo acogiendo al Señor (hospitalidad) encontramos sentido a lo que hacemos (acción) y por quién lo hacemos (contemplación).
No olvides ir a Misa.
Disfruta y descansa a su lado y luego ve y haz lo que tengas programado. 🙋‍♂️🙋‍♂️ 


Lectura del santo Evangelio según San Lucas 10, 38-42

En aquel tiempo, entró Jesús en una aldea, y una mujer llamada Marta lo recibió en su casa.Esta tenía una hermana llamada María, que, sentada junto a los pies del Señor, escuchaba su palabra. Marta, en cambio, andaba muy afanada con los muchos servicios; hasta que, acercándose, dijo:
«Señor, ¿no te importa que mi hermana me haya dejado sola para servir? Dile que me eche una mano».
Respondiendo, le dijo el Señor:
«Marta, Marta, andas inquieta y preocupada con muchas cosas; solo una es necesaria. María, pues, ha escogido la parte mejor, y no le será quitada».