Feliz jueves. Las lecturas nos quieren mostrar hoy que Cristo se nos ofrece en la Celebración de la Eucaristía en dos banquetes unidos: banquete de su Cuerpo y banquete de su Palabra. Dice san Juan que los profetas anunciaron que “todos seríamos discípulos suyos”, por eso la voluntad de Dios es que escuchemos el Evangelio como el eunuco, con ganas de conocer y dejarnos guiar por el Espíritu, para poder vivir la novedad del Evangelio en el día a día. Recibir este pan de la Palabra y el pan de su Cuerpo nos ayudará a tener esperanza, fortaleza y amor; es Dios mismo que ha bajado del Cielo para darnos su gloria. Seamos buenos y confiemos en Dios, que hace maravillas en nosotros.
Texto del Evangelio (Jn 6, 44-51): En aquel tiempo, Jesús dijo a la gente: «Nadie puede venir a mí, si el Padre que me ha enviado no lo atrae; y yo le resucitaré el último día. Está escrito en los profetas: serán todos enseñados por Dios. Todo el que escucha al Padre y aprende, viene a mí. No es que alguien haya visto al Padre; sino aquel que ha venido de Dios, ése ha visto al Padre. En verdad, en verdad os digo: el que cree, tiene vida eterna. Yo soy el pan de la vida. Vuestros padres comieron el maná en el desierto y murieron; éste es el pan que baja del cielo, para que quien lo coma no muera. Yo soy el pan vivo, bajado del cielo. Si uno come de este pan, vivirá para siempre; y el pan que yo le voy a dar, es mi carne por la vida del mundo».





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