¡Oh glorioso apóstol y taumaturgo san Vicente Ferrer, nuevo Ángel del Apocalipsis y amable protector nuestro!, acoge nuestras humildes súplicas, y haz que descienda sobre nosotros la abundancia de las divinas gracias. Por aquel amor santo que abrasaba tu corazón, obtennos del Padre de las misericordias el perdón de nuestros pecados, la firmeza en la fe y la perseverancia en las buenas obras, a fin de que, siendo buenos y fervorosos cristianos, seamos dignos de tu poderoso patrocinio. Extiende también tu protección a nuestro cuerpo, librándonos de las enfermedades. Libra nuestros campos del azote del granizo y de las tempestades, y aleja de nosotros todo género de infortunios. Así favorecidos por ti en los bienes espirituales y temporales, conservaremos siempre viva tu devoción en nuestro pecho, y un día nos veremos contigo en el cielo alabando a Dios por los siglos de los siglos. Amén.

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