Hoy miércoles seguimos leyendo el discurso de Pablo y el de Cristo. Los dos quieren que quede claro que los apóstoles y discípulos han sido enviados al mundo para dar testimonio de la Verdad, y del Amor que Dios nos tiene. Cristo reza por nosotros y por los que crean a través de nuestro testimonio, y pide al Padre que nos ayude a ser uno, para que el mundo crea. Pablo pide a los presbíteros que tengan cuidado de apartarse de las enseñanzas que les ha dejado, advirtiendo que algunos serán como lobos en medio del rebaño. Tengamos un solo corazón como cristianos, el corazón de Cristo, que ha dado su vida para que nosotros descubramos el Verdadero Amor. Seamos buenos, confiemos en Dios y mantengámonos unidos en la Palabra de Jesús para poder ser testigos con un mismo corazón.
Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles 20, 28-38
Yo sé que, cuando os deje, se meterán entre vosotros lobos feroces, que no tendrán piedad del rebaño. Incluso de entre vosotros mismos surgirán algunos que hablarán cosas perversas para arrastrar a los discípulos en pos de sí. Por eso, estad alerta: acordaos de que durante tres años, de día y de noche, no he cesado de aconsejar con lágrimas en los ojos a cada uno en particular.
Ahora os encomiendo a Dios y a la palabra de su gracia, que tiene poder para construiros y haceros partícipes de la herencia con todos los santificados. De ninguno he codiciado dinero, oro ni ropa. Bien sabéis que estas manos han bastado para cubrir mis necesidades y las de los que están conmigo. Siempre os he enseñado que es trabajando como se debe socorrer a los necesitados, recordando las palabras del Señor Jesús, que dijo: “Hay más dicha en dar que en recibir”».
Cuando terminó de hablar, se puso de rodillas y oró con todos ellos. Entonces todos comenzaron a llorar y, echándose al cuello de Pablo, lo besaban; lo que más pena les daba de lo que había dicho era que, no volverían a ver su rostro. Y lo acompañaron hasta la nave.



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