miércoles, 17 de agosto de 2022

MEDITACIÓN MIÉRCOLES XX TIEMPO ORDINARIO C (P. Damián Ramírez)

Lectura del santo evangelio según san Mateo 20, 1-16

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos esta parábola:
«El reino de los cielos se parece a un propietario que al amanecer salió a contratar jornaleros para su viña. Después de ajustarse con ellos en un denario por jornada, los mandó a la viña. Salió otra vez a media mañana, vio a otros que estaban en la plaza sin trabajo y les dijo:
“Id también vosotros a mi viña y os pagaré lo debido”. Ellos fueron.
Salió de nuevo hacia mediodía y a media tarde, e hizo lo mismo. Salió al caer la tarde y encontró a otros, parados, y les dijo:
“¿Cómo es que estáis aquí el día entero sin trabajar?».
Le respondieron:
“Nadie nos ha contratado”.
Él les dijo:
“Id también vosotros a mi viña”.
Cuando oscureció, el dueño dijo al capataz:
“Llama a los jornaleros y págales el jornal, empezando por los últimos y acabando por los primeros”.
Vinieron los del atardecer y recibieron un denario cada uno. Cuando llegaron los primeros, pensaban que recibirían más, pero ellos también recibieron un denario cada uno. Al recibirlo se pusieron a protestar contra el amo:
“Estos últimos han trabajado solo una hora y los has tratado igual que a nosotros, que hemos aguantado el peso del día y el bochorno”.
Él replicó a uno de ellos:
“Amigo, no te hago ninguna injusticia. ¿No nos ajustamos en un denario? Toma lo tuyo y vete. Quiero darle a este último igual que a ti. ¿Es que no tengo libertad para hacer lo que quiera en mis asuntos? ¿O vas a tener tú envidia porque yo soy bueno?”. 
Así, los últimos serán primeros y los primeros, últimos».
















     P. Damián Ramírez Lozano
 

ORACIÓN SANTA BEATRIZ DE SILVA (1)


 

martes, 16 de agosto de 2022

ORACIÓN A SAN ROQUE (1)

 



MEDITACIÓN MARTES XX TIEMPO ORDINARIO C (P. Damián Ramírez)

Lectura del santo evangelio según san Mateo 19, 23-30

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos:
«En verdad os digo que difícilmente entrará un rico en el reino de los cielos. Lo repito: más fácil le es a un camello pasar por el ojo de una aguja, que a un rico entrar en el reino de los cielos».
Al oírlo, los discípulos dijeron espantados:
«Entonces, ¿quién puede salvarse?».
Jesús se les quedó mirando y les dijo:
«Es imposible para los hombres, pero Dios lo puede todo».
Entonces dijo Pedro a Jesús:
«Ya ves, nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido; ¿qué nos va a tocar?».
Jesús les dijo:
«En verdad os digo: cuando llegue la renovación y el Hijo del hombre se siente en el trono de su gloria, también vosotros, los que me habéis seguido, os sentaréis en doce tronos para juzgar a las doce tribus de Israel. Todo el que por mí deja casa, hermanos o hermanas, padre o madre, hijos o tierras, recibirá cien veces más y heredará la vida eterna. Pero muchos primeros serán últimos y muchos últimos primeros».




SAN ROQUE, TESTIGO DE DIOS


 

lunes, 15 de agosto de 2022

LA ASUNCIÓN DE LA VIRGEN MARÍA A LOS CIELOS


 

MEDITACIÓN SOLEMNIDAD DE LA ASUNCIÓN DE LA VIRGEN MARÍA (P. Damián Ramírez)

 ¡Buenos días!

Hoy sale o tendría que salir de forma espontánea de nuestros labios algo así…

¡Bendita Tú, María, porque por ser fiel a Dios, eres elevada en cuerpo y alma hasta el mismo cielo!

-No permitas, Señor, que  desperdiciemos nuestro tiempo. María nos aguarda junto a Ti.

-No permitas, Señor, que  rompamos nuestra alianza contigo. María nos ayuda a ser fieles a Ti. 

-No permitas, Señor, que nos apartarnos del camino verdadero. María es estrella que ilumina los pesares y las dudas.

-No permitas Señor que consintamos que nada ni nadie distraiga nuestra atención. 

María nos recuerda, con su triunfo, que solo Dios permanece y que lo demás se extingue con las luces de nuestro último día.


¡Buen y bendecido día con MARÍA!



Lectura del santo evangelio según san Lucas 1, 39-56

En aquellos días, María se levantó y se puso en camino de prisa hacia la montaña, a una ciudad de Judá; entró en casa de Zacarías y saludó a Isabel.

Aconteció que. en cuanto Isabel oyó el saludo de María, saltó la criatura en su vientre. Se llenó Isabel de Espíritu Santo y levantando la voz, exclamó:
«¡Bendita tú entre las mujeres, y bendito el fruto de tu vientre!

¿Quién soy yo para que me visite la madre de mi Señor? Pues, en cuanto tu saludo llegó a mis oídos, la criatura saltó de alegría en mi vientre. Bienaventurada la que ha creído, porque lo que le ha dicho el Señor se cumplirá».

María dijo:
«Proclama mi alma la grandeza del Señor, “se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador; porque ha mirado la humildad de su esclava”.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones, porque el Poderoso ha hecho obras grandes en mi: “su nombre es santo, y su misericordia llega a sus fieles de generación en generación”.

Él hace proezas con su brazo: dispersa a los soberbios de corazón, “derriba del trono a los poderosos y enaltece a los humildes, a los hambrientos los colma de bienes y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo, acordándose de la misericordia” - como lo había prometido a “nuestros padres” - en favor de Abrahán y su descendencia por siempre».

María se quedó con Isabel unos tres meses y volvió a su casa.





domingo, 14 de agosto de 2022

MEDITACIÓN DOMINGO XX TIEMPO ORDINARIO C (P. Damián Ramírez)

¡Buenos días!

En el contexto de tres olas de calor extremo y de numerosos incendios forestales, hoy Jesús se nos presenta en el evangelio como un gran "pirómano", ansioso de pegar fuego al mundo.
Sabemos que lo que nos quiere decir Jesús es que hay que "poner fin a todo lo que no hace bien en nosotros para que surja el reino de Dios"; se trata del fuego del Espíritu Santo que todo lo transforma, todo lo cambia y todo lo purifica. 
Pregúntate hoy si esa llama de amor viva arde dentro de tu corazón. O si por el contrario la has dejado apagar por la dejadez, indiferencia, tibieza o pereza espiritual...
Buen y bendecido domingo.


 

Lectura del santo evangelio según san Lucas 12,49-53

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«He venido a prender fuego a la tierra, ¡y cuánto deseo que ya esté ardiendo! Con un bautismo tengo que ser bautizado, ¡y qué angustia sufro hasta que se cumpla!
¿Pensáis que he venido a traer paz a la tierra? No, sino división. Desde ahora estarán divididos cinco en una casa: tres contra dos y dos contra tres; estarán divididos el padre contra el hijo y el hijo contra el padre, la madre contra la hija y la hija contra la madre, la suegra contra su nuera y la nuera contra la suegra».


ORACIÓN SAN MAXIMILIANO KOLBE (2)


 

sábado, 13 de agosto de 2022

MARTIRIO DE SAN HIPÓLITO


San Hipólito fue ejecutado por orden del emperador Valentiniano, de quien era oficial, junto con veinte familiares suyos, no sin antes haberle atado a la cola de cuatro caballos para que lo desmembrasen. Murió despedazado y su cuerpo, recuperado por el presbítero Justino, fue enterrado al lado del de san Lorenzo, cuyos restos había ayudado él mismo a dar sepultura.


MARTIRIO DE SAN CASIANO

Casiano era un maestro de escuela que enseñaba a los niños de Imola a leer y escribir. Imola es una ciudad de Italia que dista unos cuarenta kilómetros de Ravena. Durante una furiosa persecución contra los cristianos, Casiano fue hecho prisionero y compareció ante el gobernador de la provincia. Como se negase a ofrecer sacrificios a los dioses, el bárbaro juez, al saber que era maestro de escuela, mandó que sus propios discípulos le matasen con sus «estilos», pues en aquella época se escribía sobre tabletas de cera con «estilos» o plumas de acero. Un extremo del estilo era puntiagudo y el otro romo para poder borrar lo que se escribía.


Acudieron doscientos discípulos de Casiano, «que le odiaban porque era su profesor». Los guardias desnudaron al condenado y algunos de los discípulos, cuando lo vieron desnudo y atado a una columna, se ensañaron con él y le lanzaron a la cara las tabletas, los estilos y las navajas; otros le desgarraron el cuerpo con las navajas; otros le clavaron los estilos en el cuerpo y aun se divirtieron bárbaramente al grabar letras en su piel.

- ¿Por qué lloras –le preguntó uno de sus infantiles verdugos, que andaba comprobando la resistencia de la piel de un maestro a la punta de un estilete-, si tú mismo nos diste estas cosas y nos dijiste que nunca debíamos permanecer inactivos? Si no escribimos bien las letras, puedes castigarnos.


San Casiano, cubierto de sangre y herido en todo el cuerpo, todavía tuvo el valor de decir a los perversos alumnos que no tuviesen miedo y le golpeasen con mayor fuerza. Con ello no quería exhortarlos al pecado, sino manifestar su deseo de morir por Cristo. Los cristianos de Imola se encargaron de sepultarle.



MEDITACIÓN SÁBADO XIX TIEMPO ORDINARIO C (P. Damián Ramírez Lozano)

Lectura del santo evangelio según san Mateo 19,13-15

En aquel tiempo, le presentaron unos niños a Jesús para que les impusiera las manos y orase, pero los discípulos los regañaban. Jesús dijo:
«Dejadlos, no impidáis a los niños acercarse a mí; de los que son como ellos es el reino de los cielos». 
Les impuso las manos y se marchó de allí. 


MEDITACIÓN DEL PADRE DAMIÁN





viernes, 12 de agosto de 2022

LOS DIEZ LEPROSOS (MILAGRO DE JESÚS)

...Le vinieron al encuentro diez hombres leprosos, los cuales se pararon de lejos... (San Lucas, cap. XVII).


El Talmud consideraba como muertos a los leprosos, los rechazaba de las ciudades y los obligaba a vivir en los desiertos, sin trato alguno con los seres queridos ni comunicación con la gente sana. Allí soledad, se pudrían sus carnes, ca, en la yendo a pedazos, se desprendían de los dedos las amoratadas uñas, se desgajaban del cuerpo las manos corrompidas y huían de la cabeza los cabellos extintos. Cuando alguien, inconsciente, se acercaba a ellos, estaban en la obligación de declarar su estado de inmundicia. Vivían, pues, una muerte prolongada y terrible, sin otra esperanza que la muerte real.
Una mañana descendía Jesús del monte Olivete hacia Jerusalén. Era la hora tercia y el sol, aún no muy alto, soslayaba sus reflejos sobre las cúpulas de la ciudad santa y se recogía en rubios haces en el valle de Josafat. Toda la llanura del Sittim, hasta la montaña de Nebo, parecía un enorme topacio, rojiza como era y acentuado el rojo de su tierra por el dorado de la luz matinal. Salpicados por ella, algunos cedros rompían la monótona uniformidad del color, sembrándola de esmeraldas obscuras.
A lo lejos, el mar de Sodoma brillaba esplendoroso y eran sus olas como escamas de plata que titilasen inquietas, heridas de frente por el sol y movidas de espalda por la brisa augusta de los campos fecundos. La blanquecina cumbre del monte Sión evocaba el recuerdo del mágico templo salomónico, magnificente e idólatra. La pelada cresta del Moria despertaba en el alma la piedad del sacrificio de Abraham y la estremecía proféticamente con el temor de  otro sacrificio mucho más sublime, que ye se preparaba.
Quizá por la propia visión de su próximo holocausto, la frente de Jesús aparecía más pálida que otros días, en que era clara y luminosa como una estrella. Sus ojos miraban tristes vagando por encima de las sinagogas, refrescándose un momento en el lecho del Cedrón, posándose como una golondrina sobre las almenas de la Torre de David, derramándose después por las tumbas rabínicas del campo y yendo por último a detenerse en la tétrica culminación de las Calaveras, donde ya le brindaban con su homenaje cruento los brazos abiertos de la Cruz...
La muchedumbre leía el dolor en las pupilas del Maestro, y caminaba silenciosa, no escuchándose, como de costumbre, los salmos y las aclamaciones y palpitando en el aire puro de la mañana estival las alas inefables del respeto hacia la desconocida amargura de Jesús.
Y he aquí que del fondo de un barranco salieron diez leprosos. Sucedía esto cerca ya de Jerusalén y la ciudad se mostraba opulenta, encaramada a lomos de sus rocas obscuras. Sobre una colina se alzaba el templo de Salomón, con sus robustas columnas de mármol blanco, su zócalo y su pórtico, su Pabellón y su Tabernáculo. Sobre otra, se elevaba la Casa de Caifás y junto a ella el pretorio romano y al lado de este la sinagoga...
Los pobres leprosos, esqueléticos y repugnantes, contrastaban de horrible manera con la magnificencia del panorama. Sus cabellos y sus cejas eran blancos, de una blancura gris de ceniza; sus labios estaban rajados y secos; todas sus carnes eran una sola llaga poblada de gusanos. El mal se había agarrotado también a las gargantas y sus voces sonaban trémulas y cavernosas.
-¡Jesús, Jesús! -imploraban- ¡Ten misericordia de nosotros!


Y Jesús, como siempre, la tuvo. Sus manos fraternas cerraron las llagas a los apestados, devolviéndoles salud y hermosura, y dándoles amor y alegría, ternura y fe. ¡Cuántos tesoros a un mismo tiempo! Aquellas divinas manos que iban derramando por todas partes beneficios y consuelos, simbolizaban entonces la profecía terrible y fatal. La ciudad las esperaba para aprisionarlas a una pilastra infamante en las mazmorras del pretorio, para darles después, como cetro vilipendioso, la ensangrentada fragilidad de una caña, y para hendirlas más tarde con la férreas espinas de unos clavos, en la siniestra cumbre del sombrío Gólgota... Y fue precisamente frente a la ciudad deicida, donde obraron el prodigio de dar la vida, cuando ya sobre ellas batía sus negras alas el búho de la muerte, que también cuando vuela traza en el cielo el aspa conmovedora de la cruz... 

De "Parábolas y milagros de Jesús" (La novela corta, Madrid 1920)

CUENTO (Alfonso Otero Muñoz)



















Era una noche. El tiempo suavemente propicio.
Nosotros agrupados en la piedra del quicio,

a Juliana -la vieja criada que era un portento-
le rogábamos todos que nos contara un cuento.

La luna en el espacio brillaba claramente
como brilla la luna de mi tierra caliente,

y como era muy viva su luz e inoportuna
a lo lejos un perro le ladraba a la luna.

Se levantó de pronto Juliana: por la espalda
me agarré fuertemente de su mugrienta falda

y la obligué a sentarse de nuevo; mas decía
que estaba fatigada, que casi se dormía;

y solo que le diéramos en cambio la merienda
nos contaba en seguida cierta historia estupenda.

Hubo un grave silencio... Mas yo convine al punto
y mi formal promesa puso fin al asunto,

pues la vieja glotona, dichosa con el trato,
lenta y calmosamente comenzó su relato.

Era un príncipe lleno de valor y elegancia
más gallardo y más fiero que los pares de Francia

que mandó Carlomagno; y caminaba cierta
mañana por el filo de una roca desierta.

Al llegar a la cumbre, por una escalinata
penetró en el palacio de las torres de plata,

donde los corredores suenan como timbales
solamente al pisarlos, porque son de cristales.

Después de vagar solo por muchísimas salas,
todas llenas de oro y de alfombras con alas,

vio al cabo un bello trono que llegaba hasta el techo
y en él, acurrucado, el cuerpo contrahecho

de una vieja antipática de nariz fiera y roma
que apretaba en sus garras la más linda paloma.

El príncipe atrevido la mató de un mandoble
pues comprendió al instante que era una bruja innoble;

recogió la paloma, la palpó con cuidado
y notó que tenía un alfiler clavado

debajo de las plumas suaves de la cabeza;
se lo arrancó, y al punto la convirtió en princesa,

con un traje de luna y un rostro nunca visto;
y el príncipe, que era muy gallardo y muy listo,

fue tan afortunado que se casó con ella.
Después... la luna estaba más brillante y más bella

y a todos nos llamaron a cenar. La alacena
dio a la vieja Juliana todo el pan de mi cena.

Yo me acosté arrullado, dulcemente arrullado,
por el hermoso cuento que me habían contado,

y pensando en los cambios que hacemos de pequeños:
¡una triste merienda por un mundo de sueños!


 

MEDITACIÓN VIERNES XIX TIEMPO ORDINARIO C (P. Damián Ramírez)

 


Lectura del santo evangelio según san Mateo 19, 3-12


En aquel tiempo, se acercaron a Jesús unos fariseos y le preguntaron, para ponerlo a prueba: «¿Es lícito a un hombre repudiar a su mujer por cualquier motivo?».
Él les respondió:
«¿No habéis leído que el Creador, en el principio, los creó hombre y mujer, y dijo: “Por eso dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y serán los dos una sola carne”? De modo que ya no son dos, sino una sola carne. Pues lo que Dios ha unido, que no lo separe el hombre».
Ellos insistieron:
«¿Y por qué mandó Moisés darle acta de divorcio y repudiarla?».
Él les contestó:
«Por la dureza de vuestro corazón os permitió Moisés repudiar a vuestras mujeres; pero, al principio, no era así. Pero yo os digo que, si uno repudia a su mujer —no hablo de unión ilegítima— y se casa con otra, comete adulterio».
Los discípulos le replicaron:
«Si esa es la situación del hombre con la mujer, no trae cuenta casarse».
Pero él les dijo: 
«No todos entienden esto, solo los que han recibido ese don. Hay eunucos que salieron así del vientre de su madre, a otros los hicieron los hombres, y hay quienes se hacen eunucos ellos mismos por el reino de los cielos. El que pueda entender, entienda».

















jueves, 11 de agosto de 2022

SANTA SUSANA, MÁRTIR

Era hija de san Gabino  y sobrina del papa san Cayo. Era una familia muy próxima a Diocleciano formada por cuatro hermanos, Gabino y Cayo, cristianos, y Claudio y Máximo, que servían al emperador. Susana había nacido en Dalmacia pero al poco de mudarse la familia a Roma, su madre falleció y Gabino, con el tiempo, se ordenó sacerdote. La niña demostró ser laboriosa e inteligente desde muy corta edad y a los doce años mostraba gran interés por las Sagradas Escrituras y comentaba los textos de los Santos Padres. A los quince años de edad consagró su virginidad a Cristo.
Un esclavo de Máximo dio entonces noticia al emperador de lo que había pasado. Montando en cólera, Diocleciano dio la orden pública de desterrar a Claudio, a su esposa Prepedigna y a sus dos hijos, y también a Máximo; pero en realidad fueron todos quemados vivos en Ostia y sus cenizas echadas al mar. Luego encarceló a Gabino y a Susana, a la que, tras un tiempo, mandó sacar de prisión y poner bajo la custodia de su esposa, la emperatriz Prisca, con la orden de que la convenciera de aceptar a Galerio en matrimonio.  Pero siendo la emperatriz también cristiana, no hizo nada en este sentido. Diocleciano envió a Susana a su propia casa y autorizó a Galerio a asaltarla y violarla, para que por vergüenza no le quedara más remedio que casarse con él. Pero cuando la atacó surgió ante él un brillante ángel que defendió a Susana y ahuyentó al agresor.

Por aquel entonces murió Valeria, esposa del César Galerio e hija de Diocleciano, y al quedar viudo pensó el emperador en buscarle otra esposa, y escogió a Susana. Encomendó a Claudio, primo suyo, que hablara con Cayo y Gabino acerca del matrimonio, pero éste se encontró con la negativa de la joven y, convencido por los argumentos de sus parientes, se acabó convirtiendo al cristianismo.  Como no volviera a Diocleciano, este mandó entonces a Máximo, aconteciendo el mismo resultado: que en lugar de convencer a Susana para que aceptase el matrimonio, acabó convertido por ella.
Habiendo desistido ya del proyecto de matrimonio, pero decidido a castigar a Susana por su desobediencia, Diocleciano envió a un ministro suyo, Macedonio, para que forzara a la joven a sacrificar al dios Júpiter. Apenas giró el rostro Susana, apartando la vista del ídolo, éste desapareció de su pedestal y apareció hecho pedazos en la calle. Montando en cólera, Macedonio abofeteó y azotó a la joven, salió y logró una orden de ejecución del emperador, y regresando a donde estaba ella, la decapitó, el 11 de agosto del año 295. La emperatriz recogió el cadáver de la joven y la enterró en las catacumbas de San Alejandro. En cuanto a Gabino, murió seis meses después, consumido por la estancia en la cárcel. El papa Cayo siguió celebrando misa en la casa de Gabino y Susana en honor a su martirio, y con el tiempo surgió sobre ella la actual iglesia de Santa Susana en Roma. 

MEDITACIÓN JUEVES XIX TIEMPO ORDINARIO C - SANTA CLARA DE ASÍS (P. Damián Ramírez)


Lectura del santo evangelio según san Mateo 18, 21 – 19, 1

En aquel tiempo, acercándose Pedro a Jesús le preguntó:
«Señor, si mi hermano me ofende, ¿cuántas veces tengo que perdonarlo? ¿Hasta siete veces?».
Jesús le contesta:
«No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete. Por esto, se parece el reino de los cielos a un rey que quiso ajustar las cuentas con sus criados. Al empezar a ajustarlas, le presentaron uno que debía diez mil talentos. Como no tenía con qué pagar, el señor mandó que lo vendieran a él con su mujer y sus hijos y todas sus posesiones, y que pagara así.
El criado, arrojándose a sus pies, le suplicaba diciendo:
“Ten paciencia conmigo y te lo pagaré todo”.
Se compadeció el señor de aquel criado y lo dejó marchar, perdonándole la deuda. Pero al salir, el criado aquel encontró a uno de sus compañeros que le debía cien denarios y, agarrándolo, lo estrangulaba diciendo:
“Págame lo que me debes”.
El compañero, arrojándose a sus pies, le rogaba diciendo:
“Ten paciencia conmigo y te lo pagaré”.
Pero él se negó y fue y lo metió en la cárcel hasta que pagara lo que debía. Sus compañeros, al ver lo ocurrido, quedaron consternados y fueron a contarle a su señor todo lo sucedido. Entonces el señor lo llamó y le dijo:
“¡Siervo malvado! Toda aquella deuda te la perdoné porque me lo rogaste. ¿No debías tú también tener compasión de tu compañero, como yo tuve compasión de ti?”.
Y el señor, indignado, lo entregó a los verdugos hasta que pagara toda la deuda.
Lo mismo hará con vosotros mi Padre celestial, si cada cual no perdona de corazón a su hermano». 
Cuando acabó Jesús estos discursos, partió de Galilea y vino a la región de Judea, al otro lado del Jordán.




 



























ORACIÓN A SANTA CLARA DE ASÍS (1)



Amiga de San Francisco, eres de agradable santidad.

Bendita Clara, que abandonando los bienes y placeres que el mundo te ofrecía  profusamente a la mano te hiciste seguidora del Evangelio, eternamente enamorada del Jesús pobre, humilde, clavado en la cruz.

Clara, que por tu amor a Cristo pobre te hiciste pobre, concédenos, te lo pedimos, que comprendamos de veras a Cristo pobre.

En lo oculto del convento, en tu vida de obediencia, de pobreza y de castidad, totalmente escondida con Cristo en lo íntimo de Dios, Clara, eres toda ternura, acogida, madre generosa, vigilante, luciendo, con atractiva santidad, en el fuego de amor.

Clara, que viviste toda entera con Cristo en Dios, concédenos que Dios actúe en nuestras vidas. Amén. 

miércoles, 10 de agosto de 2022

MARTIRIO DE SAN LORENZO

En el año 257 el emperador Valeriano publicó un decreto de persecución en el cual ordenaba que todo el que se declarara cristiano sería condenado a muerte. El 6 de agosto el Papa San Sixto estaba celebrando la santa Misa en un cementerio de Roma cuando fue asesinado junto con cuatro de sus diáconos por la policía del emperador. Cuatro días después fue martirizado su diácono San Lorenzo.

Cuando Lorenzo vio que al Sumo Pontífice lo iban a matar le dijo: "Padre mío, ¿te vas sin llevarte a tu diácono?", y San Sixto le respondió: "Hijo mío, dentro de pocos días me seguirás". Lorenzo se alegró mucho al saber que pronto iría a gozar de la gloria de Dios. Entonces Lorenzo viendo que el peligro llegaba, recogió todo el dinero y demás bienes que la Iglesia tenía en Roma y los repartió entre los pobres. Y vendió los cálices de oro, copones y candelabros valiosos, y el dinero lo dio a las gentes más necesitadas.

El alcalde de Roma, que era un pagano muy amigo de conseguir dinero, llamó a Lorenzo y le dijo: "Me han dicho que los cristianos emplean cálices y patenas de oro en sus sacrificios, y que en sus celebraciones tienen candelabros muy valiosos. Vaya, recoja todos los tesoros de la Iglesia y me los trae, porque el emperador necesita dinero para costear una guerra que va a empezar". Lorenzo le pidió que le diera tres días de plazo para reunir todos los tesoros de la Iglesia, y en esos días fue invitando a todos los pobres, lisiados, mendigos, huérfanos, viudas, ancianos, mutilados, ciegos y leprosos que él ayudaba con sus limosnas. Y al tercer día los hizo formar en filas, y mandó llamar al alcalde diciéndole: "Ya tengo reunidos todos los tesoros de la iglesia. Le aseguro que son más valiosos que los que posee el emperador". Llegó el alcalde muy contento pensando llenarse de oro y plata y al ver semejante colección de miseria y enfermedad se disgustó enormemente, pero Lorenzo le dijo: "¿Por qué se disgusta? ¡Estos son los tesoros más apreciados de la iglesia de Cristo!". El alcalde lleno de rabia le dijo: "Pues ahora lo mando matar, pero no crea que va a morir instantáneamente. Lo haré morir poco a poco para que padezca todo lo que nunca se había imaginado. Ya que tiene tantos deseos de ser mártir, lo martirizaré horriblemente". 

Y encendieron una parrilla de hierro y ahí acostaron al diácono Lorenzo. San Agustín dice que el gran deseo que el mártir tenía de ir junto a Cristo le hacía no darle importancia a los dolores de esa tortura. Los cristianos vieron el rostro del mártir rodeado de un esplendor hermosísimo y sintieron un aroma muy agradable mientras lo quemaban. Los paganos ni veían ni sentían nada de eso.

Después de un rato de estarse quemando en la parrilla ardiendo el mártir dijo al juez: "Ya estoy asado por un lado. Ahora que me vuelvan hacia el otro lado para quedar asado por completo". El verdugo mandó que lo voltearan y así se quemó por completo. Cuando sintió que ya estaba completamente asado exclamó: "La carne ya está lista, pueden comer". Y con una tranquilidad que nadie había imaginado rezó por la conversión de Roma y la difusión de la religión de Cristo en todo el mundo, y exhaló su último suspiro. Era el 10 de agosto del año 258.



ORACIÓN SAN LORENZO


¡Oh Dios! En su ardiente amor hacia Ti, san Lorenzo demostró su fiel servicio y alcanzó glorioso martirio.
Ayúdanos a amar aquello que él amó y practicar lo que él enseñó.
Te lo pedimos en el nombre de Nuestro Señor Jesucristo. Amén.

MEDITACIÓN MIÉRCOLES XIX TIEMPO ORDINARIO C - SAN LORENZO (P. Damián Ramírez)


Lectura del santo evangelio según san Juan 12, 24-26


En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«En verdad, en verdad os digo: si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda infecundo; pero si muere, da mucho fruto. El que se ama a sí mismo se pierde, y el que se aborrece a sí mismo en este mundo se guardará para la vida eterna. El que quiera servirme que me siga, y donde esté yo allí también estará mi servidor; a quien me sirva el Padre lo honrará».






martes, 9 de agosto de 2022

LAS VÍRGENES PRUDENTES Y LAS NECIAS (PARÁBOLA DE JESÚS)

... El reino de los cielos es semejante a diez vírgenes que, tomando sus lámparas, salieron a recibir al esposo... (SAN MATEO, cap. XXV).



Jesús amó indeciblemente la virginidad. Para ella fueron sus cánticos más dulces y armoniosos, para ella sus anhelos más fervientes e íntimos. La mujer virgen era en su corazón la Sulamita espiritual del Cantar de los Cantares, rosa de Sarón, lirio de los valles, manojito de mirra, hermosa entre las hermosas; con los cabellos como manadas de cabras de los montes de Galaad; con los dientes como rebaños de trasquiladas ovejas, que suben del claro regatillo; con los labios como un hilo de grana; con las sienes como trozos de granada; con el cuello como la torre de David; con los pechos como dos cabritillos mellizos apacentados entre azucenas... Panal de miel destilaban para Jesús los labios de toda virgen, miel y leche encontraba debajo de su lengua, y de sus vestidos aspiraba el olor del Líbano.
Su alma, esencia de pureza, se desposó con la virginidad. Su espíritu, reflejo de pureza, se quemó en la virginidad. Su carne, luz de pureza, se alumbró de la virginidad. Era virgen como los rayos de oro del sol, como el temblor de plata de las estrellas, como el rizo de nieve del arroyuelo que salta por primera vez entre los guijarros. Tenía la pureza de las rosas, de las brisas, del alba, de la luna, de los ojos de los corderos, de las risas de los niños, del vino encerrado en la perla morada de la uva...
Bajo el lirio cárdeno de un crepúsculo su voz angelical sonó como un tañido de arpa. Había en torno de Él muchas doncellas. Jesús hubiera deseado que todas llevasen al cielo la emoción dilatada de su doncellez. Pero sabía de sobra que no pocas de ellas encontrarían esposo. Y recordando a la multitud sus promesas de siempre, dijo esta parábola:


"El reino de los cielos es semejante a diez vírgenes que, tomando sus lámparas, salieron a recibir al esposo. Cinco de las cuales eran fatuas y cinco prudentes. Pero las cinco fatuas, al coger sus lámparas, no se proveyeron de aceite. Al contrario, las que eran prudentes, junto con sus lámparas, llevaron aceite en sus vasijas.
Como el esposo tardase en venir, todas empezaron a dar cabezadas, y por fin se quedaron dormidas. Mas llegada la media noche, se oyó una voz que decía: He aquí que llega el esposo; salid a su encuentro.
Al punto se levantaron todas las vírgenes y aderezaron sus lámparas. Entonces las necias dijeron a las prudentes: Dadnos de vuestro aceite, porque nuestras lámparas se apagan. Mas las prudentes respondieron diciendo: Mejor será que vayáis a buscar a los que lo venden y compréis lo que os falte, no sea que este que tenemos no baste para nosotras y para vosotras.
Y mientras estas iban a comprar aceite, llegó el esposo, y las que estaban preparadas entraron con él a las bodas y se cerró la puerta.
Al cabo de un rato vinieron también las otras vírgenes, diciendo: ¡Señor, Señor, ábrenos!
Pero él dijo: En verdad os digo que no os conozco...".


Nunca han sentido nuestras almas la inquietud de los celestes desposorios. Todos pensamos que nuestra hora es lejana, y al calor de ese arbitrario pensamiento no nos acordamos de preparar la lámpara que ha de alumbrar la llegada del esposo. ¡Vicio muy humano de la fatuidad! Vivir es ir aplazando la virtud, es alejarse de ella en vez de acercarla a nuestro pecho. Nos desalienta un poco la sospecha de que en cuanto nos decidamos a ser virtuosos, ya no podremos gozar. Esos pequeños placeres nuestros, tan poco placenteros y tan fácilmente renunciables, hallan dentro de nuestro corazón una gran incompatibilidad con la virtud. ¡Cuánto mejor sería que el alma encendiese con tiempo su linterna y saliese a alumbrar los caminos por donde ha de llegar el esposo! Ella sería entonces la Sulamita y diría:
Mi amado es rubio y blanco. Rubio como el sol y blanco como la luna.
Su cabeza como el oro fino.
Sus ojos como de palomas junto a los arroyos que se lavan con leche.
Sus mejillas como fragantes flores.
Sus labios como lirios que destilan mirra.
Sus manos como anillos de oro engarzados en jacintos.
Su vientre como claro marfil cubierto de zafiros.
Sus piernas como columnas de mármol asentadas sobre bases de oro fino.
Su aspecto como el del Líbano.
Escogido como los cedros.
Su paladar, dulcísimo.
Tal es el amado de mi alma, ¡oh doncellas de Jerusalén!

De "Parábolas y milagros de Jesús" (La novela corta, Madrid 1920)