Acuérdate de que estás en la presencia de Dios, y tienes a tu lado al Ángel de la Guarda para ayudarte si le invocas, y para ser testigo de que has vencido la tentación o consentido en ella.
No me dejéis, Señor, caer en la tentación. Antes morir que pecar. ¡Oh Señora mía! Acordaos de que soy vuestro; guardadme y defendedme como cosa y propiedad vuestra. Ángel de mi guarda, defendedme.
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