Buenos días. Hoy martes leemos que Salomón reza consagrando el Templo a Dios, y dice que Dios es tan grande que no lo puede contener un lugar como el Templo, ni siquiera los cielos. Y esta idea queda reflejada en el evangelio cuando Jesús reprocha a los fariseos querer restringir la acción de Dios a simples normas humanas. Tengamos cuidado, porque nuestra fe nos ayuda a descubrir a un Dios vivo y real que actúa en el mundo y no a un Dios que nosotros podamos manipular a nuestro capricho. Seamos buenos, confiemos en Dios y descansemos nuestras preocupaciones en su corazón de Padre.
1ª Lectura (1Re 8, 22-23.27-30): En aquellos días, Salomón, en pie ante el altar del Señor, en presencia de toda la asamblea de Israel, extendió las manos al cielo y dijo: «¡Señor, Dios de Israel! Ni arriba en el cielo ni abajo en la tierra hay un Dios como tú, fiel a la alianza con tus vasallos, si caminan de todo corazón en tu presencia. Aunque, ¿es posible que Dios habite en la tierra? Si no cabes en el cielo y lo más alto del cielo, ¡cuánto menos en este templo que he construido! Vuelve tu rostro a la oración y súplica de tu siervo Señor, Dios mío, escucha el clamor y la oración que te dirige hoy tu siervo. Día y noche estén tus ojos abiertos sobre este templo, sobre el sitio donde quisiste que residiera tu nombre. ¡Escucha la oración que tu siervo te dirige en este sitio! Escucha la súplica de tu siervo y de tu pueblo, Israel, cuando recen en este sitio; escucha tú, desde tu morada del cielo, y perdona».
Salmo responsorial: 83
R/. ¡Qué deseables son tus moradas, Señor de los ejércitos!
Mi alma se consume y anhela los atrios del Señor, mi corazón y mi carne retozan por el Dios vivo.
Hasta el gorrión ha encontrado una casa; la golondrina, un nido donde colocar sus polluelos: tus altares, Señor de los ejércitos, Rey mío y Dios mío.
Dichosos los que viven en tu casa, alabándote siempre. Fíjate, oh Dios, en nuestro Escudo, mira el rostro de tu Ungido.
Vale más un día en tus atrios que mil en mi casa, y prefiero el umbral de la casa de Dios a vivir con los malvados.
Versículo antes del Evangelio (Sal 118, 36a.29b): Aleluya. Inclina mi corazón, Dios, a tus mandamientos; y dame tu ley benignamente. Aleluya.




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