Amorosísimo Jesús y Dios eterno, que fortaleciste con un espíritu de mortificación a tu escogida sierva santa Juana Francisca, que decía, revestida del espíritu de fervor, que la oración y la mortificación son los principales ejercicios de la Religión, habiéndose ejercitado en estas dos virtudes con mucha particularidad, suplico, mi buen Jesús, me concedas por tu escogida sierva que mortifique todas mis acciones, palabras y pensamientos, y así merezca la gracia que te pido. Amén.
Rezar tres Padrenuestros, Avemarías y Gloria, en obsequio del favor que la santa recibió con los tres pobres, y se hará la petición del favor que se desea.

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