Amadísimo Señor de los Milagros, hasta tu presencia he venido para confiarte mis problemas y mis dolencias. Con la misma fe de la mujer que tocó el borde de tu manto y fue curada porque creyó, así me postro ante Ti y te digo desde el fondo del alma: “Señor, si quieres, puedes curarme.”
Tú sigues obrando maravillas y sanando a los enfermos, porque has asumido nuestras debilidades y cargado nuestros sufrimientos. Concédeme la gracia que hoy vengo a implorarte. Sabemos que tu corazón se conmueve al vernos afligidos y desorientados, como ovejas sin pastor. Tú eres nuestro Buen Pastor, el que dio la vida por las ovejas. Tu victoria en la muerte y en la resurrección es garantía de nuestra victoria sobre todo lo que lleva marca de pecado: egoísmo, injusticia, violencia, dolor y muerte.
Que tu Espíritu santificador nos haga partícipes del triunfo sobre el mal y testigos de la novedad de vida en el amor. Misericordioso Jesús crucificado, te alabo, te bendigo y te doy gracias. Que tu bendición constante me proteja siempre, en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

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