viernes, 13 de febrero de 2026

VIERNES 5º TIEMPO ORDINARIO A


Buenos días. Hoy viernes la Palabra de Dios nos llama a la conversión. En la primera lectura el profeta rompe su manto para que el rey comprenda que, por culpa de no oír a Dios, el pueblo se ha roto. Y en el evangelio aparece un sordo y casi mudo en una región pagana que Jesús con dedicación le toca el oído y la lengua y utiliza una palabra effetá (ábrete) para que el sordo pueda recuperar la salud y todos los demás, asombrados, proclaman la gloria de Dios, que todo lo ha hecho por el bien. Y nosotros hoy debemos descubrir si escuchamos a Dios y proclamamos la bondad de Dios o ¿todavía tenemos sordera y enmudecemos ante el mundo que nos rompe como ese manto? Seamos buenos, confiemos en Dios, escuchemos su voz y no endurezcamos el corazón. 



1ª Lectura (1Re 11, 29-32; 12,19): En aquel tiempo, Jeroboam, siervo de Salomón, salió de Jerusalén y se encontró por el camino al profeta Ajías, de Siló, que llevaba puesto un manto nuevo. Estaban los dos solos en el campo. Ajías tomó su manto, lo rasgó en doce pedazos y le dijo a Jeroboam: «Toma diez pedazos, pues el Señor, Dios de Israel, te manda decir: ‘Voy a desgarrar el reino de Salomón. A ti te daré diez tribus, y a Salomón solamente le dejaré una en consideración a David, mi siervo, y a Jerusalén, la ciudad que elegí entre todas las tribus de Israel’». Y desde entonces hasta el día de hoy, Israel se separó de la casa de David.


Salmo responsorial: 80

R/. Israel, yo soy tu Dios: cumple mis mandatos.

No tendrás otro Dios fuera de mí, ni adorarás a dioses extranjeros. Pues yo, el Señor, soy el Dios tuyo, el que te sacó de Egipto, tu destierro.

Pero Israel no oyó mi voz y mi pueblo no quiso obedecerme. Los entregué, por eso, a sus caprichos y los dejé vivir como quisiesen.

Israel, yo soy tu Dios: cumple mis mandatos. ¡Ojalá que mi puebla escuchara y cumpliera Israel con mis mandatos! Yo, al punto, humillaría a sus enemigos y sentirían mi mano sus contrarios.


Versículo antes del Evangelio (Cf. Hch 16, 14): Aleluya. Abre, Señor, nuestros corazones, para que aceptemos las palabras de tu Hijo. Aleluya.




Texto del Evangelio (Mc 7, 31-37): En aquel tiempo, Jesús se marchó de la región de Tiro y vino de nuevo, por Sidón, al mar de Galilea, atravesando la Decápolis. Le presentan un sordo que, además, hablaba con dificultad, y le ruegan imponga la mano sobre él. Él, apartándole de la gente, a solas, le metió sus dedos en los oídos y con su saliva le tocó la lengua. Y, levantando los ojos al cielo, dio un gemido, y le dijo: «Effatá», que quiere decir: "¡Ábrete!".

Se abrieron sus oídos y, al instante, se soltó la atadura de su lengua y hablaba correctamente. Jesús les mandó que a nadie se lo contaran. Pero cuanto más se lo prohibía, tanto más ellos lo publicaban. Y se maravillaban sobremanera y decían: «Todo lo ha hecho bien; hace oír a los sordos y hablar a los mudos».


















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