Buenos días. Es jueves y hoy rezamos por las vocaciones, especialmente a la vida sacerdotal. Hoy leemos que Salomón, en su vejez, se ha desviado del amor a Dios y ha permitido el culto a otros dioses, y todo porque ha caído en la concupiscencia de la carne. Pero Dios actúa siempre cumpliendo su promesa, su descendencia seguirá ocupando la Tierra y será rey de una sola tribu. Sin embargo, el evangelio nos muestra un contraste: la mujer pagana es la que ha descubierto, por necesidad y amor a su hija, al Dios vivo; por eso, ante el primer rechazo de Jesús, ella no se rinde porque sabe su corazón que está ante Dios, y le insiste con fe, humildad y esperanza. Y la pregunta que debemos hacernos es si nuestra confianza en Dios es como la de Salomón, quien en la vejez se deja vencer por otros dioses (los placeres) o si hemos conocido al Señor que da sentido a todo y con humildad, fe y esperanza nos ponemos ante Él. Seamos buenos y confiemos en Dios, que ha visitado a su pueblo.
1ª Lectura (1Re 11, 4-13): Cuando el rey Salomón llegó a viejo, sus mujeres desviaron su corazón tras dioses extranjeros; su corazón ya no perteneció por entero al Señor como el corazón de David, su padre. Salomónón siguió a Astarté, diosa de los fenicios, y a Malcón, ídolo de los amonitas. Hizo lo que el Señor reprueba; no siguió plenamente al Señor como su padre David. Entonces construyó una ermita a Camós, ídolo de Moab, en el monte que se alza frente a Jerusalén, y a Malcón, ídolo de los amonitas. Hizo otro tanto para sus mujeres extranjeras, que quemaban incienso y sacrificaban en honor de sus dioses.
El Señor se encolerizó contra Salomón, porque había desviado su corazón del Señor Dios de Israel, que se le había aparecido dos veces, y que precisamente le había prohibido seguir a dioses extranjeros; pero Salomón no cumplió esta orden. Entonces el Señor le dijo: «Por haberle portado así conmigo, siendo infiel al pacto y a los mandatos que te di, te voy a arrancar el reino de las manos para dárselo a un siervo tuyo. No lo haré mientras vivas, en consideración a tu padre David; se lo arrancaré de la mano a tu hijo. Y ni siquiera le arrancaré todo el reino; dejaré a tu hijo una tribu, en consideración a mi siervo David y a Jerusalén, mi ciudad elegida».
Salmo responsorial: 105
R/. Acuérdate de mí, Señor, por amor a tu pueblo.
Dichosos los que respetan el derecho y practican siempre la justicia. Acuérdate de mí por amor a tu pueblo, visítame con tu salvación.
Emparentaron con los gentiles, imitaron sus costumbres; adoraron sus ídolos y cayeron en sus lazos.
Inmolaron a los demonios sus hijos y sus hijas. La ira del Señor se encendió contra su pueblo, y aborreció su heredad.
Versículo antes del Evangelio (Sant 1, 21bc): Aleluya. Recibid con mansedumbre la palabra que ha sido injertada en vosotros y que puede salvar vuestras almas. Aleluya.
Texto del Evangelio (Mc 7, 24-30): En aquel tiempo, Jesús partiendo de allí, se fue a la región de Tiro, y entrando en una casa quería que nadie lo supiese, pero no logró pasar inadvertido, sino que, en seguida, habiendo oído hablar de Él una mujer, cuya hija estaba poseída de un espíritu inmundo, vino y se postró a sus pies. Esta mujer era pagana, sirofenicia de nacimiento, y le rogaba que expulsara de su hija al demonio. Él le decía: «Espera que primero se sacien los hijos, pues no está bien tomar el pan de los hijos y echárselo a los perritos». Pero ella le respondió: «Sí, Señor; que también los perritos comen bajo la mesa migajas de los niños». Él, entonces, le dijo: «Por lo que has dicho, vete; el demonio ha salido de tu hija». Volvió a su casa y encontró que la niña estaba echada en la cama y que el demonio se había ido.






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