Oh Dios todopoderoso y eterno, que nos das en san Narciso de Jerusalén un ejemplo luminoso de fidelidad al Evangelio, concédenos, por su intercesión, imitar sus virtudes en esta vida para merecer un día compartir su gloria en el cielo. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo, y es Dios por los siglos de los siglos. Amén.

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