miércoles, 22 de diciembre de 2021
SAN ISQUIRIÓN, MÁRTIR
martes, 21 de diciembre de 2021
DOS ORACIONES SAN TEMÍSTOCLES
Tu mártir Temístocles, Señor, por sus tribulaciones recibe de Ti la corona de la incorrupción, Dios nuestro, porque por tu potencia ha derrotado a los tiranos y ha vencido las afrentas impotentes de los demonios. Por su intercesión, salva nuestras almas.
Como astro resplandeciente has aparecido, no oscurecido por el mundo, pregonando con tus rayos a Cristo, el Sol de Justicia, Temístocles, portador de la pasión, y has extinguido toda vanidad, concediéndonos luz. Intercede sin cesar por todos nosotros.

MEDITACIÓN IV LUNES DE ADVIENTO C (P. Damián Ramírez)
Lectura del santo evangelio según san Lucas 1, 39-45
lunes, 20 de diciembre de 2021
MARTIRIO DE SAN TEMÍSTOCLES
MEDITACIÓN LUNES IV DE ADVIENTO C (P. Damián Ramírez)
Lectura del santo evangelio según san Lucas 1, 26-38
TU SCENDI DALLE STELLE - TÚ BAJAS DE LAS ESTRELLAS (Villancico de san Alfonso María de Ligorio)
Traducción al castellano:
oh Rey del Cielo,
y vienes a una gruta al frío y al hielo.
domingo, 19 de diciembre de 2021
MEDITACIÓN IV DOMINGO DE ADVIENTO C (P. Damián Ramírez)
Lectura del santo Evangelio según San Lucas 1, 39-45
sábado, 18 de diciembre de 2021
MEDITACIÓN SÁBADO III DE ADVIENTO C (P. Damián Ramírez)
Lectura del santo evangelio según san Mateo 1, 18-24
ORACIÓN A SANTA MARÍA DE LA O
viernes, 17 de diciembre de 2021
MEDITACIÓN VIERNES III DE ADVIENTO C (P. Damián Ramírez)
Lectura del santo evangelio según san Mateo 1, 1-17
jueves, 16 de diciembre de 2021
MEDITACIÓN JUEVES III DE ADVIENTO C (P. Damián Ramírez)
Lectura del santo evangelio según san Lucas 7,24-30
miércoles, 15 de diciembre de 2021
MEDITACIÓN MIÉRCOLES III DE ADVIENTO C (P. Damián Ramírez)
Lectura del santo evangelio según san Lucas 7, 19-23
martes, 14 de diciembre de 2021
SANTA DRÓSIDE, MÁRTIR
Dróside de Antoquía era hija del emperador Trajano y amiga de cinco vírgenes canónicas que vivían en una casa siguiendo los mandamientos de Dios. En esta época el monacato aún no estaba institucionalizado, pero ya se practicaba en algunas casas de Roma, Antioquía y otras ciudades, aunque aún no en los desiertos de Egipto o Asia Menor. Las vírgenes se llamaban Áglae, Apolinaria, Daría, Mamtusa y Thais, y su misión era recoger las reliquias de los santos martirizados, ungiéndolas con óleo y poniéndolas en sarcófagos especiales para reliquias. Dróside a veces acudía a la casa de estas doncellas durante la noche y las ayudaba con dinero u otras cosas que pudieren necesitar, para que pudiesen tomar los cuerpos de los santos.
En ese tiempo, Adriano, el prometido de Dróside y, posiblemente, el siguiente emperador, y asesor del gobernador, mandó poner soldados para guardar los cadáveres de los cristianos, para detectar a quienes recuperaban sus cuerpos. De este modo, capturaron a las cinco mujeres y Dróside entre ellas. Dróside fue encerrada en su casa, pero las otras cinco vírgenes fueron quemadas vivas y sus cenizas fueron mezcladas con bronce fundido que se empleó para levantar baños públicos.
El día de la inauguración, una gran multitud fue hacia los baños, pero muchos murieron en la entrada, aparentemente aplastados por la masa. En cualquier caso, el emperador, que estaba allí, creyó que esto sucedía por un hechizo cristiano; hasta que los constructores le dijeron que los braseros del baño contenían las cenizas de las mujeres quemadas. Entonces el emperador ordenó fundir los braseros para que hicieran con ellos estatuas de las cinco vírgenes y fueran colocadas en el baño para su deshonor.
Después que se cumplió esto, el emperador soñó que cinco corderos pastaban en un jardín limpio y un impresionante pastor le dijo que los cinco corderos eran las cinco vírgenes, que ahora estaban en el Paraíso, y que estaban esperando a la hija del emperador, Dróside. El emperador se levantó enfadado y ordenó construir un enorme horno en el foro poniendo cartel en el que se ordenaba a los cristianos que se libraran de la posterior persecución arrojándose ellos mismos al fuego.
Dróside, que permanecía encerrada en su casa, oró a Dios para escapar y unirse a sus amigas en el martirio. De noche se disfrazó y logró escapar.
Pero de camino al horno, se preguntó cómo podría acudir al Señor sin su vestido de boda, porque aún no estaba bautizada. Entonces oró a Jesucristo y dijo: "Oh Rey de reyes, Señor Jesucristo, por ti desprecié mi condición imperial, para que me hagas digna de ser la menor de las esclavas de tu reino. Por favor, bautízame con tu Santo Espíritu". Con estas palabras, se ungió a sí misma con la mirra que había traído consigo, y se sumergió en un río tres veces, diciendo "la sierva de Dios Dróside es bautizada en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo".
En los siete días siguientes se ocultó, ayunó y oró. Al octavo día, el 22 de marzo del año 104, Dróside fue apresada y conducida a prisión. Allí la desnudaron y la azotaron cruelmente, para después meterla en una caldera con agua hirviendo y finalmente quemada viva.
MEDITACIÓN MARTES III DE ADVIENTO C (P. Damián Ramírez)
Lectura del santo evangelio según san Mateo 21,28-32
lunes, 13 de diciembre de 2021
REMEDIOS NO SABE (Paloma Casado)
SANTA LUCÍA, MÁRTIR
MEDITACIÓN LUNES III DE ADVIENTO C (P. Damián Ramírez)
Lectura del santo evangelio según san Mateo 21, 23-27
domingo, 12 de diciembre de 2021
MEDITACIÓN DOMINGO III DE ADVIENTO C (P. Damián Ramírez)
Lectura del santo Evangelio según San Lucas 3, 10-18
ORACIÓN A LA VIRGEN DE GUADALUPE
sábado, 11 de diciembre de 2021
MEDITACIÓN SÁBADO II DE ADVIENTO C (P. Damián Ramírez)
Lectura del santo evangelio según san Mateo 17, 10-13
viernes, 10 de diciembre de 2021
ORACIÓN A SANTA EULALIA
MEDITACIÓN VIERNES II DE ADVIENTO C (P. Damián Ramírez)
Lectura del santo evangelio según san Mateo 11, 16-19
jueves, 9 de diciembre de 2021
SANTA EULALIA DE MÉRIDA
Eulalia nació en Emérita Augusta (Mérida) aproximadamente en el año 292. Era hija del senador romano Liberio y tanto ella como toda su familia eran cristianos.
Cuando Eulalia cumplió los doce años apareció el decreto del emperador Diocleciano prohibiendo a los cristianos dar culto a Jesucristo y mandándoles adorar a los ídolos paganos. La niña sintió un gran disgusto por estas leyes tan injustas y se propuso protestar ante los delegados del gobierno.
De madrugada, antes de la salida del sol, Eulalia salió de su casa y llegó a la ciudad. Valerosa, se presentó ante el tribunal, en medio de cuyos lectores vociferó a los magistrados: "Decidme, ¿qué furia es esa que os mueve a hacer perder las almas, a adorar a los ídolos y negar al Dios criador de todas las cosas? Si buscáis cristianos, aquí me tenéis a mí: soy enemiga de vuestros dioses y estoy dispuesta a pisotearlos; con la boca y el corazón confieso al Dios verdadero. Isis, Apolo, Venus y aun el mismo Maximiano son nada: aquellos porque son obra de la mano de los hombres, este porque adora a cosas hechas con las manos. No te detengas, pues, sayón; quema, corta, divide estos mis miembros; es cosa fácil romper un vaso frágil, pero mi alma no morirá, por más acerbo que sea el dolor".
Airado sobremanera, el pretor, al oír tales requerimientos, ordenó furioso: "Lictor, apresa a esta temeraria y cúbrela de suplicios para que así sepa que hay dioses patrios y que no es cosa baladí la autoridad del que manda". Pero inmediatamente, como volviendo sobre sí, dijo el pretor a Eulalia: "Mas, antes de que mueras, atrevida rapazuela, quiero convencerte de tu locura en lo que me es posible. Mira cuántos goces puedes disfrutar, qué honor puedes recibir de un matrimonio digno. Tu casa, deshecha en lágrimas, te reclama: gimiendo estará la angustiada nobleza de tus padres, puesto que vas a caer, tan tiernecita, en vísperas de esponsales y de bodas. ¿O es que no te importan las pompas doradas de un lecho ni el venerable amor de tus ancianos padres, a quienes con tu obstinada temeridad vas a quitar la vida? Mira, ahí están preparados los instrumentos del suplicio: o te cortarán la cabeza con la espada, o te despedazarán las fieras, o se te echará al fuego, y los tuyos te llorarán con grandes lamentos, mientras tú te revolverás entre tus propias cenizas. ¿Qué te cuesta, di, evitar todo esto? Con que toques tan solo con la punta de tus dedos un poco de sal y un poquito de incienso, quedarás perdonada".
Pero Eulalia nada respondió, sino que, arrebatada de indignación, escupió al rostro del pretor, arrojó al suelo los ídolos que tenía delante de sí, y de un puntapié echó a rodar la torta sacrificial puesta sobre los incensarios.
Inmediatamente dos verdugos se aprestaron a desnudarla y a azotarla con bolas de plomo. Luego vertieron aceite hirviendo sobre su cabeza y descoyuntaron sus miembros en un torno. A continuación desgarraron sus tiernos pechos, y los garfios abrieron sus virginales costados hasta llegar a los huesos, mientras Eulalia tranquilamente contaba sus heridas.
Al contemplar aquella carnicería, Eulalia decía al Señor sin lágrimas ni sollozos: "He aquí que escriben tu nombre en mi cuerpo. ¡Cuán agradable es leer estas letras, que señalan, oh Cristo, tus victorias! La misma púrpura de mi sangre exprimida habla de tu santo nombre".
Y tan abstraída estaba la mártir en su oración, que el dolor atroz que debían causarle aquellos tormentos pasaba totalmente desapercibido, a pesar de que sus miembros, regados con tierna sangre, bañaban de continuo la piel con nuevos borboteos calientes.
Ante aquella intrepidez, los esbirros se dispusieron a aplicarle el último tormento; mas no se contentaron con propinarle azotes que le desgarraran fieramente la piel, que sería poco, sino que le aplicaron por todas partes, a los pechos, al estómago, a los flancos, hachones encendidos. Pero, así que la perfumada cabellera que se deslizaba ondulante por el cuello y se desparramaba suelta por los hombros para cubrir la pudibunda castidad y la gracia virginal de la mártir tocó el chisporroteo de las teas, la llama crepitante voló sobre su rostro, nutriéndose con la abundante cabellera, y la envolvió por completo. Y la virgen, deseosa de morir, se inclinó hacia la llamarada y la sorbió con su boca,
Y, ¡oh maravilla!, he aquí que de su boca salió, rauda, una paloma más blanca que la nieve, que, hendiendo el espacio, tomó el camino de las estrellas: era el alma de Eulalia, blanca y dulce como la leche, ágil e incontaminada. Así lo vieron estupefactos y dieron de ello testimonio el verdugo y el mismo lictor al huir aterrorizados y arrepentidos. La virgen torció delicadamente el cuello a la salida del alma; se apagó el fuego de la hoguera, y, por fin, quedaron en paz los restos exánimes de la mártir. Todo esto acaeció el día 10 de diciembre de 304.
El cielo cuidó en seguida de velar por el tierno cuerpo de aquella virgen y rendirle las debidas honras fúnebres, porque al punto cayó una nevada que cubrió el foro, y en él el cuerpecito de Eulalia, que yacía abandonado en la helada intemperie como para protegerlo con una grácil mantilla blanca.
ORACIÓN A SAN JUAN DIEGO
MEDITACIÓN JUEVES II DE ADVIENTO C (P. Damián Ramírez)
Lectura del santo evangelio según san Mateo 11, 11-15
ORACIÓN A SANTA LEOCADIA
ORACIÓN A SANTA NARCISA DE JESÚS
¡Oh Dios, Padre de la misericordia, que inspiraste a santa Narcisa de Jesús, virgen, la vocación victimal a favor de su pueblo, concédenos, por sus méritos e intercesión, que siguiendo su ejemplo te adoremos con el sacrificio de alabanza y amemos a los hermanos con una caridad sincera. Por nuestro Señor Jesucristo. Amén.
MARTIRIO DE SANTA LEOCADIA
Una noche de un 9 de diciembre entre los años 303 a 306, los centinelas de la cárcel, que se situaba en la zona próxima al actual Alcázar, y hasta no hace demasiado tiempo conocida como “de los Capuchinos”, sintieron un ruido sobrenatural y observaron una potente luz que provenía de la celda en la que había quedado abandonada la joven cristiana… Por temor, hasta la mañana siguiente no se acercaron a la mazmorra, donde sólo hallaron el rígido cuerpo de la joven Leocadia.
ORACIÓN A SANTA NARCISA DE JESÚS POR LOS ENFERMOS
Oh Sierva de Dios Narcisa, fiel imitadora de Jesús, que en tu carne has probado el valor misterioso del sufrimiento, bendice a nuestros hermanos enfermos para que en las angustias y en los dolores no se sientan solos sino unidos a Cristo, Médico del cuerpo y del alma, y gocen de la consolación prometida a los afligidos. Amén.











