Oh Sierva de Dios Narcisa, fiel imitadora de Jesús, que en tu carne has probado el valor misterioso del sufrimiento, bendice a nuestros hermanos enfermos para que en las angustias y en los dolores no se sientan solos sino unidos a Cristo, Médico del cuerpo y del alma, y gocen de la consolación prometida a los afligidos. Amén.
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