Buenos días. Es miércoles y la Iglesia nos invita a meditar la Ley del Señor, y a no olvidar sus acciones en la historia y en la vida de cada uno de nosotros. Porque cumplir la Ley y enseñarlo es hacer presente a Dios en medio de este mundo. Cristo dice que no viene a derogar esa Ley sino a darle plenitud. Pidamos a Dios que tengamos memoria agradecida por todo lo que nos da, porque quienes olvidan la historia están condenados a repetirla, en vez de seguir avanzando y aprendiendo. Seamos buenos y confiemos en Dios, que nos dio a conocer sus promesas.
1ª Lectura (Dt 4, 1.5-9): Moisés habló al pueblo, diciendo: «Ahora, Israel, escucha los mandatos y decretos que yo os enseño para que, cumpliéndolos, viváis y entréis a tomar posesión de la tierra que el Señor, Dios de vuestros padres, os va a dar. Mirad: yo os enseño los mandatos y decretos, como me mandó el Señor, mi Dios, para que los cumpláis en la tierra donde vais a entrar para tomar posesión de ella. Observadlos y cumplidlos, pues esa es vuestra sabiduría y vuestra inteligencia a los ojos de los pueblos, los cuales, cuando tengan noticia de todos estos mandatos, dirán: ‘Ciertamente es un pueblo sabio e inteligente esta gran nación’. Porque ¿dónde hay una nación tan grande que tenga unos dioses tan cercanos como el Señor, nuestro Dios, siempre que lo invocamos? Y ¿dónde hay otra nación tan grande que tenga unos mandatos y decretos tan justos como toda esta ley que yo os propongo hoy? Pero, ten cuidado y guárdate bien de olvidar las cosas que han visto tus ojos y que no se aparten de tu corazón mientras vivas; cuéntaselas a tus hijos y a tus nietos».
Salmo responsorial: 147
R/. Glorifica al Señor, Jerusalén.
Glorifica al Señor, Jerusalén; alaba a tu Dios, Sión. Que ha reforzado los cerrojos de tus puertas, y ha bendecido a tus hijos dentro de ti.
Él envía su mensaje a la tierra, y su palabra corre veloz; manda la nieve como lana, esparce la escarcha como ceniza.
Anuncia su palabra a Jacob, sus decretos y mandatos a Israel; con ninguna nación obró así, ni les dio a conocer sus mandatos.
Versículo antes del Evangelio (Jn 6, 64.69): Tus palabras, Señor, son espíritu y vida; tú tienes palabras de vida eterna.
Texto del Evangelio (Mt 5, 17-19): En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «No penséis que he venido a abolir la Ley y los Profetas. No he venido a abolir, sino a dar cumplimiento. Sí, os lo aseguro: el cielo y la tierra pasarán antes que pase una i o una tilde de la Ley sin que todo suceda. Por tanto, el que traspase uno de estos mandamientos más pequeños y así lo enseñe a los hombres, será el más pequeño en el Reino de los Cielos; en cambio, el que los observe y los enseñe, ése será grande en el Reino de los Cielos».
"He venido a dar plenitud" (Mt 5, 17-19)
Señor Jesús, cuándo entenderemos que has venido a dar vida, a dar cumplimiento a la Ley, que has venido a dar plenitud. Eso y nada más. Eso y nada menos. Haznos entender que todo lo tuyo es para nosotros y que todo lo nuestro es para mayor gloria tuya. Hazme consciente de la misión que me encomiendas y hazme parte de esa plenitud de la que hablas.
Señor Jesús, da plenitud a nuestros sencillos intentos de alabarte, de conocerte cada día un poco más y mejor, a nuestro deseo de conocer tu voluntad, a nuestras búsquedas de sentido y felicidad verdadera, a nuestro “en todo servir y amar”, a nuestro querer ser ante Ti, eso y no más, a nuestras ganas de ser buenos y de hacer el bien, a nuestro preguntarte qué quieres de nosotros y a nuestro atrevernos a escuchar tu respuesta. Da plenitud a nuestro servir.
Señor Jesús, da plenitud a nuestra vida. Haznos plenamente humanos, plenamente buscadores, plenamente agradecidos, plenamente serviciales, plenamente fraternos, plenamente esperanzados, plenamente sencillos y sencillamente plenos.
Así te lo pido. Así sea.
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