sábado, 22 de agosto de 2026

SÁBADO XX T.O. A



Hoy sábado por la mañana las lecturas nos muestran que la gloria de Dios quiere llenar el mundo, y la primera lectura es una visión del profeta que anuncia la reconstrucción del Templo, pero la gloria que el profeta ve sólo tiene los pies en ese nuevo trono porque sale de ahí para habitar de una forma nueva en los que han convertido su corazón de piedra en carne. Por eso Jesús en el evangelio advierte contra los fariseos y escribas que tienen que enseñar la Ley pero que en su interior no la viven y no están dispuestos a cumplir con lo que predican. Jesús propone un camino más profundo, somos todos hermanos que tenemos la obligación de ayudarnos y servirnos, no con superioridad moral, sino con humildad. Seamos buenos, confiemos en Dios y que Santa María Reina nos ayude a dejar que la gloria de Dios nos convierta en templos del Espíritu Santo. 



1ª Lectura (Ez 43, 1-7): En aquellos días, el ángel me condujo a la puerta oriental: vi la gloria del Dios de Israel que venía de oriente, con estruendo de aguas caudalosas: la tierra reflejó su gloria. La visión que tuve era como la visión que había contemplado cuando vino a destruir la ciudad, como la visión que había contemplado a orillas del río Quebar. Y caí rostro en tierra. La gloria del Señor entró en el templo por la puerta oriental. Entonces me arrebató el espíritu y me llevó al atrio interior. La gloria del Señor llenaba el templo. Entonces oí a uno que me hablaba desde el templo —el hombre seguía a mi lado, y me decía: «Hijo de Adán, este es el sitio de mi trono, el sitio de las plantas de mis pies, donde voy a residir para siempre en medio de los hijos de Israel».


Salmo responsorial: 84

R/. La gloria del Señor habitará en nuestra tierra.

Voy a escuchar lo que dice el Señor: «Dios anuncia la paz a su pueblo y a sus amigos». La salvación está ya cerca de sus fieles, y la gloria habitará en nuestra tierra.

La misericordia y la fidelidad se encuentran, la justicia y la paz se besan; la fidelidad brota de la tierra, y la justicia mira desde el cielo.

El Señor nos dará la lluvia, y nuestra tierra dará su fruto. La justicia marchará ante él, la salvación seguirá sus pasos.


Versículo antes del Evangelio (Mt 23, 9.10): Aleluya. Uno solo es vuestro Padre, el del cielo, y uno solo es vuestro consejero, Cristo. Aleluya.


Texto del Evangelio (Mt 23, 1-12): En aquel tiempo, Jesús dijo a la gente y a los discípulos: «En la cátedra de Moisés se han sentado los escribas y los fariseos. Haced, pues, y observad todo lo que os digan; pero no imitéis su conducta, porque dicen y no hacen. Atan cargas pesadas y las echan a las espaldas de la gente, pero ellos ni con el dedo quieren moverlas. Todas sus obras las hacen para ser vistos por los hombres; se hacen bien anchas las filacterias y bien largas las orlas del manto; quieren el primer puesto en los banquetes y los primeros asientos en las sinagogas, que se les salude en las plazas y que la gente les llame “Rabbí”.
Vosotros, en cambio, no os dejéis llamar “Rabbí”, porque uno solo es vuestro Maestro; y vosotros sois todos hermanos. Ni llaméis a nadie “Padre” vuestro en la tierra, porque uno solo es vuestro Padre: el del cielo. Ni tampoco os dejéis llamar “Guías”, porque uno solo es vuestro Guía: el Cristo. El mayor entre vosotros será vuestro servidor. Pues el que se ensalce, será humillado; y el que se humille, será ensalzado».





Santa María, Reina del Cielo y de la Tierra, Madre de Dios y Madre nuestra. 

Hoy nos acercamos a tu trono de gracia con el corazón lleno de confianza, sabiendo que tu reinado no es de poder terrenal, sino de amor, servicio y misericordia infinita.

Tú que fuiste elevada a los cielos y coronada como Reina de todo lo creado, intercede por nosotros ante tu Hijo Jesús. 

Te pedimos que reines en nuestros corazones, para que sepamos apartar el egoísmo, el orgullo y todo aquello que nos aleja del camino de la salvación.

Reina de la Paz, mira con compasión a un mundo dividido por los conflictos. 

Trae armonía a los hogares, consuelo a los enfermos y fortaleza a quienes han perdido la esperanza. 

Enséñanos a imitar tu humildad, para que comprendamos que reinar es servir a los más necesitados.

Bajo tu amparo entregamos nuestras vidas, trabajos y familias. 

Sé nuestro refugio en las dificultades y nuestra guía segura hacia la patria celestial. 

Que por tu intercesión maternal, la gracia de Cristo habite siempre en nosotros.

 Amén.











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