viernes, 20 de febrero de 2026

VIERNES DESPUÉS DE CENIZA A


Buenos días. Es viernes después de Ceniza y primer viernes de Cuaresma. Hoy nos pide la Iglesia la unión en un gesto de ayuno y penitencia, y las lecturas nos enseñan qué significa el ayuno agradable para Dios: soltar las cadenas injustas o partir tu pan con el hambriento. Qué grande es Dios, que se fija en los que más sufren y nos llama a poner en ellos nuestro corazón. Y es que Dios nos muestra que quien tiene a Dios en su vida no necesita el ayuno porque vive con alegría. El verdadero ayuno significa que nuestro corazón se fije en nuestro prójimo, que necesita que le acerquemos a Dios. Seamos buenos, confiemos en Dios y que nuestro ayuno sirva para acordarnos de tener un corazón misericordioso como el de Cristo. 



1ª Lectura (Is 58, 1-9a): Esto dice el Señor Dios: «Grita a pleno pulmón, no te contengas; alza la voz como una trompeta, denuncia a mi pueblo sus delitos, a la casa de Jacob sus pecados. Consultan mi oráculo a diario, desean conocer mi voluntad. Como si fuera un pueblo que practica la justicia y no descuida el mandato de su Dios, me piden sentencias justas, quieren acercarse a Dios. ‘¿Para qué ayunar, si no haces caso; mortificarnos, si no te enteras?’. En realidad, el día de ayuno hacéis vuestros negocios y apremiáis a vuestros servidores; ayunáis para querellas y litigios, y herís con furibundos puñetazos. No ayunéis de este modo, si queréis que se oiga vuestra voz en el cielo. ¿Es ese el ayuno que deseo en el día de la penitencia: inclinar la cabeza como un junco, acostarse sobre saco y ceniza? ¿A eso llamáis ayuno, día agradable al Señor?

Este es el ayuno que yo quiero: soltar las cadenas injustas, desatar las correas del yugo, liberar a los oprimidos, quebrar todos los yugos, partir tu pan con el hambriento, hospedar a los pobres sin techo, cubrir a quien ves desnudo y no desentenderte de los tuyos. Entonces surgirá tu luz como la aurora, enseguida se curarán tus heridas, ante ti marchará la justicia, detrás de ti la gloria del Señor. Entonces clamarás al Señor y te responderá; pedirás ayuda y te dirá: ‘Aquí estoy’».


Salmo responsorial: 50

R/. Un corazón quebrantado y humillado, tú, Dios mío, no lo desprecias.

Misericordia, Dios mío, por tu bondad, por tu inmensa compasión borra mi culpa; lava del todo mi delito, limpia mi pecado.

Pues yo reconozco mi culpa, tengo siempre presente mi pecado. Contra ti, contra ti sólo pequé, cometí la maldad en tu presencia.

Los sacrificios no te satisfacen: si te ofreciera un holocausto, no lo querrías. El sacrificio agradable a Dios es un espíritu quebrantado; un corazón quebrantado y humillado, tú, oh, Dios, tú no lo desprecias.


Versículo antes del Evangelio (Am 5, 14): Buscad el bien, y no el mal, para que viváis; y será con vosotros el Señor.



Texto del Evangelio (Mt 9, 14-15): En aquel tiempo, se le acercan los discípulos de Juan y le dicen: «¿Por qué nosotros y los fariseos ayunamos, y tus discípulos no ayunan?». Jesús les dijo: «Pueden acaso los invitados a la boda ponerse tristes mientras el novio está con ellos? Días vendrán en que les será arrebatado el novio; entonces ayunarán».




Señor Jesús, el Evangelio de hoy es una llamada de atención a los que estamos iniciando este camino de gracia y conversión, camino justo y necesario hacia la Pascua. El ayuno que Tú quieres no es tan fácil y tan superficial como dejar de comer esto o lo otro, o el de practicar ciertos ritos y repetir ciertas fórmulas. El profeta Isaías nos lo dice claro hoy: “Este es el ayuno que yo quiero: soltar las cadenas injustas, desatar las corras del yugo, liberar a los oprimidos, quebrar todos los yugos, partir tu pan con el hambriento, hospedar a los pobres sin techo, cubrir a quien ves desnudo y no desentenderte de los tuyos”. 

Señor Jesús, nos lo puedes decir más alto pero no más claro: el ayuno de verdad, el que rasga y escruta el corazón, el que nos hace pequeños y necesitados, el que nos posibilita convertir en profundidad el corazón, el que a ti te agrada, pasa por poner por obra lo que en nuestra mente y en los mandamientos está puesto por escrito. No se trata de elucubrar sobre el ayuno, sino practicar la justicia y en primera persona conjugar el mandamiento del amor, sin condiciones. 

Por eso, Señor Jesús, en este primer viernes de cuaresma te pido que me liberes de tantas ideas y tantas teorías correctas y me capacites para vivir para los demás. Ese es el mejor ayuno de todo lo que me ata, justifico y me acomoda espiritualmente. Ayúdame a vivir todo esto, sin más. 

Y Señor Jesús, que no olvide pedir por la paz en este momento en el que se escuchan nuevamente tambores de guerra. Recuerda a los enfermos y a cuantos les cuidan y acompañan. 

Así te lo pido. Así sea.









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