Murió Julia, maldecida
por un hombre a quien vendió,
y en el punto en que dejó
el presidio de la vida
por un hombre a quien vendió,
y en el punto en que dejó
el presidio de la vida
le dijo Dios: -¡Inconstante!,
ve al Purgatorio a sufrir,
y reza hasta conseguir
que te perdone tu amante.
-¡Oh, cuán grande es mi alegría
-dijo ella- en sufrir por él!
¡Quien no perdona a una infiel,
es que la ama todavía!
Y al purgatorio bajó
contenta, aunque condenada,
pensando que aún era amada
del hombre a quien ofendió.
Y cuando, al fin, con pesar,
le dio su amante el perdón,
se le oprimió el corazón
hasta romper a llorar.
Y Julia, ya absuelta, es fama
que, llena de desconsuelo,
decía, entrando en el cielo:
-¡Me perdona!... ¡Ya no me ama!...

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