Buenos días. Hoy miércoles por la mañana las lecturas dan un mensaje de esperanza. El profeta nos dice que Dios no se olvida de su pueblo: “¿Puede una madre olvidar al niño que amamanta, puede no tener compasión del hijo de sus entrañas? Pues aunque ella se olvidase, yo no te olvidaré”. Cristo en el evangelio nos muestra que ha venido a dar la vida y los fariseos y escribas van buscando pruebas para darle muerte. Aunque nosotros traicionemos a Cristo Él ha venido a darnos vida. Seamos buenos y confiemos en Dios, que su misericordia es eterna y nos llama a vivir con Dios.
1ª Lectura (Is 49, 8-15): Esto dice el Señor: «En tiempo de gracia te he respondido, en día propicio te he auxiliado; te he defendido y constituido alianza del pueblo, para restaurar el país, para repartir heredades desoladas, para decir a los cautivos: ‘Salid’, a los que están en tinieblas: ‘Venid a la luz’. Aun por los caminos pastarán, tendrán praderas en todas las dunas; no pasarán hambre ni sed, no les hará daño el bochorno ni el sol; porque los conduce el compasivo y los guía a manantiales de agua. Convertiré mis montes en caminos, y mis senderos se nivelarán. Miradlos venir de lejos; miradlos, del Norte y del Poniente, y los otros de la tierra de Sin. Exulta, cielo; alégrate, tierra; romped a cantar, montañas, porque el Señor consuela a su pueblo y se compadece de los desamparados». Sion decía: «Me ha abandonado el Señor, mi dueño me ha olvidado». ¿Puede una madre olvidar al niño que amamanta, no tener compasión del hijo de sus entrañas? Pues, aunque ella se olvidara, yo no te olvidaré.
Salmo responsorial: 144
R/. El Señor es clemente y misericordioso.
El Señor es clemente y misericordioso, lento a la cólera y rico en piedad; el Señor es bueno con todos, es cariñoso con todas sus criaturas.
El Señor es fiel a sus palabras, bondadoso en todas sus acciones. El Señor sostiene a los que van a caer, endereza a los que ya se doblan.
El Señor es justo en todos sus caminos, es bondadoso en todas sus acciones. Cerca está el Señor de los que lo invocan, de los que lo invocan sinceramente.
Versículo antes del Evangelio (Jn 11, 25-26): Yo soy la resurrección y la vida, dice el Señor; el que cree en mí, no morirá jamás.








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