Buenos días. Hoy viernes de penitencia, recemos para que el Señor nos ayude a convertir nuestro corazón. Las lecturas hoy nos muestran que Dios escribe derecho con renglones torcidos. La primera lectura cuenta la historia de una injusticia cometida por los propios hermanos. La envidia lleva a oscurecer el corazón y lo venden como esclavo, pero Dios conduce la historia y esa piedra desechada se convierte en salvación para el pueblo de Israel salvándolos del hambre. Y en el evangelio Jesús nos muestra con la parábola que Dios ha arrendado una viña al pueblo de Israel, pero los labradores no dan frutos y se quedan con la viña matando al heredero. Pero Dios utiliza esa muerte injusta para traer la salvación, Cristo será la piedra desechada. Y nosotros deberíamos reflexionar si descubrimos que a pesar de nuestro pecado Dios reescribe nuestras vidas y trata de llevarnos a la salvación. Pidamos hoy a Cristo que convierta nuestra miseria en vida. Seamos buenos y confiemos en Dios, que hace maravillas si le dejamos.
1ª Lectura (Gén 37, 3-4.12-13a.17b-28): Jacob amaba a José más que a todos los otros hijos, porque le había nacido en la vejez, y le hizo una túnica con mangas. Al ver sus hermanos que su padre lo prefería a los demás, empezaron a odiarlo y le negaban el saludo.
Sus hermanos trashumaron a Siquén con los rebaños de su padre. Israel dijo a José: «Tus hermanos deben de estar con los rebaños en Siquén; ven, que te voy a mandar donde están ellos». José fue tras sus hermanos y los encontró en Dotán. Ellos lo vieron desde lejos y, antes de que se acercara, maquinaron su muerte. Se decían unos a otros: «Ahí viene el soñador. Vamos a matarlo y a echarlo en un aljibe; luego diremos que una fiera lo ha devorado; veremos en qué paran sus sueños».
Oyó esto Rubén, e intentando salvarlo de sus manos, dijo: «No le quitemos la vida». Y añadió: «No derraméis sangre; echadlo en este aljibe, aquí en la estepa; pero no pongáis las manos en él». Lo decía para librarlo de sus manos y devolverlo a su padre. Cuando llegó José al lugar donde estaban sus hermanos, lo sujetaron, le quitaron la túnica, la túnica con mangas que llevaba puesta, lo cogieron y lo echaron en un pozo. El pozo estaba vacío, sin agua.
Luego se sentaron a comer y, al levantar la vista, vieron una caravana de ismaelitas que transportaban en camellos goma, bálsamo y resina de Galaad a Egipto. Judá propuso a sus hermanos: «¿Qué sacaremos con matar a nuestro hermano y con tapar su sangre? Vamos a venderlo a los ismaelitas y no pongamos nuestras manos en él, que al fin es hermano nuestro y carne nuestra». Los hermanos aceptaron. Al pasar unos mercaderes madianitas, tiraron de su hermano; y, sacando a José del pozo, lo vendieron a unos ismaelitas por veinte monedas de plata. Estos se llevaron a José a Egipto.
Salmo responsorial: 104
R/. Recordad las maravillas que hizo el Señor.
Llamó al hambre sobre aquella tierra: cortando el sustento de pan; por delante había enviado a un hombre, a José, vendido como esclavo.
Le trabaron los pies con grillos, le metieron el cuello en la argolla, hasta que se cumplió su predicción, y la palabra del Señor lo acreditó.
El rey lo mandó desatar, el señor de pueblos le abrió la prisión, lo nombró administrador de su casa, señor de todas sus posesiones.
Versículo antes del Evangelio (Jn 3, 16): De tal manera amó Dios al mundo, que dio a su Hijo Unigénito; todo aquel que cree en Él, tiene la vida eterna.





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