Buenos días. Es miércoles. Hoy destacamos una realidad: el hombre justo padece en el mundo la maldad y el pecado. ¿Cómo los superamos? Confiando en Dios, único que comprende lo que significa la injusticia. El profeta se pregunta: ¿Es que se paga el bien con el mal? Y Cristo anuncia el desenlace de su camino a Jerusalén con la Pasión, muerte y Resurrección. ¿Entendemos y confiamos en que Dios nos dará parte de su gracia y vida? ¿O todavía no hemos entendido que el poder de Cristo nace del bien y la entrega sin medida? Seamos buenos y confiemos en Dios, que nos libra de todo mal si confiamos y esperamos en su promesa.
1ª Lectura (Jer 18, 18-20): Algunos dijeron: «Venga, tramemos un plan contra Jeremías porque no faltará la ley del sacerdote, ni el consejo del sabio, ni el oráculo del profeta. Venga, vamos a hablar mal de él y no hagamos caso de sus oráculos». Hazme caso, Señor, escucha lo que dicen mis oponentes. ¿Se paga el bien con el mal?, ¡pues me han cavado una fosa! Recuerda que estuve ante ti, pidiendo clemencia por ellos, para apartar tu cólera.
Salmo responsorial: 30
R/. Sálvame, Señor, por tu misericordia.
Sácame de la red que me han tendido, porque tú eres mi amparo. A tus manos encomiendo mi espíritu: tú, el Dios leal, me librarás.
Oigo el cuchicheo de la gente, y todo me da miedo; se conjuran contra mí y traman quitarme la vida.
Pero yo confío en ti, Señor; te digo: «Tú eres mi Dios». En tu mano está mi destino: líbrame de los enemigos que me persiguen.
Versículo antes del Evangelio (Jn 8, 12): Yo soy la luz del mundo, dice el Señor; el que me sigue tendrá la luz de la vida.




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