miércoles, 11 de marzo de 2026

MIÉRCOLES 3º DE CUARESMA A

 

Buenos días. Feliz miércoles. Las lecturas nos muestran que las leyes de Dios son distintas a las humanas. Por eso Moisés pide al pueblo que no olvide nunca las acciones de Dios, que los acompañó en el desierto haciendo grandes obras para que llegasen a la tierra prometida y ahora les regala una ley que llevarán en el corazón, ley natural y divina que convierte a esta nación en sabia y grande entre todos los pueblos. Jesús no ha venido a derogar esta ley, sino a recordar al pueblo cuál es la ley divina y que podamos cribar las normas humanas que hemos querido hacer pasar por divinas. Seamos buenos y confiemos en Dios, que nos ha bendecido con una ley que nos permite llegar a la tierra definitiva.



1ª Lectura (Dt 4, 1.5-9): Moisés habló al pueblo, diciendo: «Ahora, Israel, escucha los mandatos y decretos que yo os enseño para que, cumpliéndolos, viváis y entréis a tomar posesión de la tierra que el Señor, Dios de vuestros padres, os va a dar. Mirad: yo os enseño los mandatos y decretos, como me mandó el Señor, mi Dios, para que los cumpláis en la tierra donde vais a entrar para tomar posesión de ella. Observadlos y cumplidlos, pues esa es vuestra sabiduría y vuestra inteligencia a los ojos de los pueblos, los cuales, cuando tengan noticia de todos estos mandatos, dirán: ‘Ciertamente es un pueblo sabio e inteligente esta gran nación’. Porque ¿dónde hay una nación tan grande que tenga unos dioses tan cercanos como el Señor, nuestro Dios, siempre que lo invocamos? Y ¿dónde hay otra nación tan grande que tenga unos mandatos y decretos tan justos como toda esta ley que yo os propongo hoy? Pero, ten cuidado y guárdate bien de olvidar las cosas que han visto tus ojos y que no se aparten de tu corazón mientras vivas; cuéntaselas a tus hijos y a tus nietos».


Salmo responsorial: 147

R/. Glorifica al Señor, Jerusalén.

Glorifica al Señor, Jerusalén; alaba a tu Dios, Sión. Que ha reforzado los cerrojos de tus puertas, y ha bendecido a tus hijos dentro de ti.

Él envía su mensaje a la tierra, y su palabra corre veloz; manda la nieve como lana, esparce la escarcha como ceniza.

Anuncia su palabra a Jacob, sus decretos y mandatos a Israel; con ninguna nación obró así, ni les dio a conocer sus mandatos.


Versículo antes del Evangelio (Jn 6, 64.69): Tus palabras, Señor, son espíritu y vida; tú tienes palabras de vida eterna.



Texto del Evangelio (Mt 5, 17-19): En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «No penséis que he venido a abolir la Ley y los Profetas. No he venido a abolir, sino a dar cumplimiento. Sí, os lo aseguro: el cielo y la tierra pasarán antes que pase una i o una tilde de la Ley sin que todo suceda. Por tanto, el que traspase uno de estos mandamientos más pequeños y así lo enseñe a los hombres, será el más pequeño en el Reino de los Cielos; en cambio, el que los observe y los enseñe, ese será grande en el Reino de los Cielos».














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