A doña Emilia Pardo Bazán
Dio el cielo a la mujer miles de encantos,
y a pesar de ser tantos,
son estos de un poder irresistible;
además de lo buena y lo sensible,
une al pudor, en cuya fuente pura
todos beben su copa de locura,
el dejo celestial de sus acentos
y unos ojos que ven los pensamientos.
y a pesar de ser tantos,
son estos de un poder irresistible;
además de lo buena y lo sensible,
une al pudor, en cuya fuente pura
todos beben su copa de locura,
el dejo celestial de sus acentos
y unos ojos que ven los pensamientos.
Leyendo esto, al gran Lope recordaba
nuestra insigne escritora, y replicaba:
- y ¿a qué olvidar nuestro mayor encanto?
Para ablandar lo duro del destino
ha dado Dios a la mujer el llanto,
que es lo que hay en lo humano de divino.

No hay comentarios:
Publicar un comentario