Hoy sábado por la mañana meditamos el evangelio de la parábola del hijo pródigo. Aunque lo que más destaca es la actitud de perdón y acogida incondicional del Padre. En la primera lectura el profeta nos da la clave: ¿qué Dios hay como Tú que perdonas y acoges y quieres eliminar el pecado y no al pecador? Esto señala la parábola: un padre que respeta la libertad de sus hijos a pesar de que ellos no se sienten hijos y se rebelan creyendo que la libertad está en los bienes materiales. El evangelista quiere que descubramos cómo actúa Dios-Padre, acoge a los publicanos y pecadores (hijo menor) y quiere que los fariseos y escribas (hijo mayor) descubran el amor que libera y acoge siempre. Y la pregunta que nos plantean las lecturas es si nosotros nos sentimos hijos amados y respetados capaces de amar o todavía buscamos otra libertad distinta de la que nos ofrece Dios a través del Amor. Seamos buenos y confiemos en Dios, que no nos trata como merecen nuestros pecados, sino con AMOR.
Lectura de la profecía de Miqueas 7, 14-15. 18-20
¿Qué Dios hay como tú, capaz de perdonar el pecado, de pasar por alto la falta del resto de tu heredad?
No conserva para siempre su cólera, pues le gusta la misericordia.
Volverá a compadecerse de nosotros, destrozará nuestras culpas, arrojará nuestros pecados a lo hondo del mar.
Concederás a Jacob tu fidelidad y a Abrahán tu bondad, como antaño prometiste a nuestros padres.
Salmo 102, 1-2. 3-4. 9-10. 11-12 R/. El Señor es compasivo y misericordioso
Lectura del santo evangelio según san Lucas 15, 1-3. 11-32
El padre les repartió los bienes.
No muchos días después, el hijo menor, juntando todo lo suyo, se marchó a un país lejano, y allí derrochó su fortuna viviendo perdidamente.
Cuando lo había gastado todo, vino por aquella tierra un hambre terrible, y empezó él a pasar necesidad.
Fue entonces y se contrató con uno de los ciudadanos de aquel país que lo mandó a sus campos a apacentar cerdos. Deseaba saciarse de las algarrobas que comían ¡os cerdos, pero nadie le daba nada.
Se levantó y vino adonde estaba su padre; cuando todavía estaba lejos, su padre lo vio y se le conmovieron las entrañas; y, echando a correr, se le echó al cuello y lo cubrió de besos.
Y empezaron a celebrar el banquete.
Su hijo mayor estaba en el campo. Cuando al volver se acercaba a la casa, oyó la música y la danza, y llamando a uno de los criados, le preguntó qué era aquello.
Él se indignó y no quería entrar, pero su padre salió e intentaba persuadirlo.




No hay comentarios:
Publicar un comentario