lunes, 10 de octubre de 2022
MEDITACIÓN LUNES XXVIII TIEMPO ORDINARIO C (P. Damián Ramírez)
domingo, 9 de octubre de 2022
ORACIÓN POR LA GRACIA DE LA SALVACIÓN
MEDITACIÓN DOMINGO XXVIII TIEMPO ORDINARIO C (P. Damián Ramírez)
Lectura del santo Evangelio según San Lucas 17, 11-19
sábado, 8 de octubre de 2022
PALOMA BLANCA (Juan de Dios Peza, 1900)
MEDITACIÓN SÁBADO XXVII TIEMPO ORDINARIO C (P. Damián Ramírez)
Lectura del santo evangelio según san Lucas 11, 27-28
viernes, 7 de octubre de 2022
ORACIÓN PARA SALVARME DEL FUEGO DEL INFIERNO
MEDITACIÓN VIERNES XXVII TIEMPO ORDINARIO C - NTRA. SRA. DEL ROSARIO (P. Damián Ramírez)
Lectura del Santo Evangelio según san Lucas 1, 26-38
ORACIÓN A SANTA JUSTINA (1)
jueves, 6 de octubre de 2022
FELIZ IGNORANCIA (Dolora CCVI de Ramón de Campoamor)
MEDITACIÓN JUEVES XXVII TIEMPO ORDINARIO C (P. Damián Ramírez)
Lectura del santo evangelio según san Lucas 11, 5-13
miércoles, 5 de octubre de 2022
MEDITACIÓN MIÉRCOLES XXVII TIEMPO ORDINARIO C - TÉMPORAS DE OTOÑO (P. Damián Ramírez)
Lectura del santo evangelio según san Mateo 7, 7-11
martes, 4 de octubre de 2022
DEBEMOS CONFIAR EN SALVARNOS AUNQUE PEQUEMOS
Aunque no seas como deberías ser, no debes desesperar. Ya es bastante malo el que hayas pecado; ¿por qué, además, haces a Dios erróneo considerándole en tu ignorancia tan impotente? ¿Es Él, quien por amor creó el gran universo que contemplas, incapaz de salvar tu alma? Pues si afirmas este hecho, así como su encarnación, solo haces peor tu condenación. Por lo tanto, arrepiéntete, y Él recibirá tu arrepentimiento, como aceptó el del hijo pródigo (Lucas 15:20), y el de la pecadora (Lucas 7:37-50). Pero si el arrepentimiento es demasiado para ti, y pecas habitualmente, incluso cuando no quieres, muestra humildad al igual que el publicano (Lucas 18:13): esto es suficiente para asegurar tu salvación. Y de igual modo, el que peca sin arrepentirse, puesto que no desespera, debe considerarse como la peor de las criaturas, y no se atreverá nadie a juzgarlo o censurarlo. Más bien, se maravillará de la compasión de Dios, y estará lleno de gratitud hacia su Benefactor, y así podrá recibir muchas otras bendiciones. Incluso si está sometido al maligno por el cual peca, aún así, en el temor de Dios, desobedece al enemigo cuando este último intenta hacerlo desesperar. A causa de esto tiene su porción en Dios; pues es agradecido, da gracias, es paciente, teme a Dios y no juzga para que no sea juzgado. Todas estas son cualidades cruciales. Es lo mismo que dice San Juan Crisóstomo sobre la Gehena: es casi de mayor beneficio para nosotros que el reino de los cielos, ya que a causa de esto muchos entran en el Reino de los cielos, mientras que pocos entran por el bien del mismo cielo; y si entran en él, esto es en virtud de la compasión de Dios. La Gehena nos persigue con temor; el reino nos abraza con amor, y con ambos somos salvados por la gracia de Dios (Homilía sobre la 1ª Carta de Timoteo, cap 15:3)
Pues si los que son atacados por muchas pasiones del alma y del cuerpo, lo soportan todo pacientemente, no descuidando renunciar a su libre voluntad, y no desesperando, entonces serán salvados. De forma similar, el que ha alcanzado el estado libre de la pasión, de la libertad del temor, y de la ligereza del corazón, rápidamente cae si no confiesa continuamente la gracia de Dios, no juzgando a nadie. En efecto, si se atreve a juzgar a alguien, hace evidente que, habiendo adquirido la riqueza, ha confiado en su propia fuerza, como testifica san Máximo. San Juan Damasceno dice que si alguien, aun sujeto a las pasiones y aun privado del conocimiento espiritual, es puesto a cargo de alguien, este está en gran peligro; y también la persona que ha recibido el desapego y el conocimiento espiritual de Dios pero no ayuda a su prójimo.
Nada beneficia tanto al débil como el alejamiento al silencio, o al hombre sujeto a las pasiones y sin conocimiento espiritual, como la obediencia combinada con el retiro. Ni hay nada mejor como reconocer la propia debilidad e ignorancia, ni nada peor que no reconocerlas. Ninguna pasión es tan detestable como el orgullo, o tan ridícula como la avaricia, “Pues es la raíz de todos los males” (1ª Timoteo 6:10): pues aquellos que con gran trabajo encuentran plata, y la esconden de nuevo en la tierra, permanecen sin beneficio. Esto es por lo que el Señor dice: “No os amontonéis tesoros en la tierra” (Mateo 6:19), y otra vez: “Porque allí donde está tu tesoro, allí también estará tu corazón” (Mateo 6:21). Pues la inteligencia del hombre es arrastrada por la nostalgia de las cosas en las que se ocupa habitualmente, ya sean cosas terrenales, o pasiones, o bendiciones celestiales y eternas. Como dice San Basilio el Grande, ‘un hábito persistente adquiere toda la fuerza de la naturaleza’.
Una persona débil debe prestar atención, sobre todo, a las inspiraciones de su conciencia, para que pueda liberar su alma de toda condenación. De lo contrario, al final de su vida se arrepentirá en vano y llorará eternamente. Aquel que no pueda soportar, por amor a Cristo, una muerte física como la de Cristo, debería, al menos, soportar una muerte espiritual. Así, será un mártir con respecto a su conciencia, no sometiéndose a los demonios que lo asedian, o a sus propósitos, sino que los vencerá, como hicieron los santos mártires y los santos padres. Los primeros fueron martirizados corporalmente, los últimos espiritualmente. Forzándose uno a sí mismo, se puede derrotar al enemigo; por un leve descuido, cualquiera es cubierto de oscuridad y es destruido.
MEDITACIÓN MARTES XXVII TIEMPO ORDINARIO C (P. Damián Ramírez)
Lectura del santo evangelio según san Lucas 10, 38-42
ORACIÓN A SAN FRANCISCO DE ASÍS PARA PEDIR UN MILAGRO
Pide también a la Inmaculada Virgen María, de la que fuiste devoto fiel y entregado y proclamaste Patrona de todas tus obras, nos cuide y ampare con sus bondades y sea la que nos acreciente el amor a Dios y a los hombres.
San Francisco, imagen viva de Jesús, ora por nosotros; san Francisco, alma humilde, hombre alegre y paciente, amante de Dios y de todas las criaturas de la tierra, ruega sin cesar por nosotros que te necesitamos; san Francisco, patriarca de los pobres, no nos abandones; san Francisco, milagroso en el amor, aleja nuestros pesares; san Francisco, poderoso ante el Señor y la Virgen, ayúdanos.
Yo (di tu nombre) hoy, con mi esperanza puesta en ti y con el corazón lleno de confianza, quiero pedir tu ayuda en mis dificultades, tu consuelo en mi dolor y tu esfuerzo en mi desaliento. Tú, bendito santo que anduviste por caminos de humildad, tú que te entregaste a Dios tan generosamente, tú que creíste firmemente y obraste con perfecta sinceridad, intercede por mí para que todo me resulte más fácil.
Pon a mi alcance los medios que preciso para que pueda salir victorioso en este mal trance, que llegue a mí la sabiduría y la fuerza para que tome las decisiones correctas; en estos momentos preciso ser asistido con urgencia. Te ruego con todo mi ser no me dejes solo, pide por mis difíciles problemas y sufrimientos a Dios, consigue de Él este especial favor que solicito: (hacer ahora con gran fe la petición).
Dile que con su generosidad tenga a bien concedérmelo, pues Él puede mover montañas y puede hacer llegar los bienes y los favores por los caminos menos esperados, pues Él todo lo puede, Él todo lo alcanza.
Llena mi vida de tranquilidad y felicidad, mándame algo de tu caridad y bondad, haz que sepa ser mejor persona y no olvide tender una mano a quienes lo necesiten, que tu ejemplo sea quien guíe mis pasos y el amor que sentiste hacia Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo sea el que me acompañe en mis caminos. Por Jesucristo, nuestro hermano y Señor. Así sea.












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