jueves, 30 de julio de 2026

JUEVES XVII T.O. A


Hoy las lecturas nos presentan dos imágenes: el barro y la red que está llena de peces buenos y malos. El barro nos ayuda a imaginar que Dios quiere hacer de nosotros una vasija preciosa con nuestras vidas, y que cada vez que el barro sale mal, el alfarero lo vuelve a rehacer. Por otra parte tenemos la imagen de la red llena de peces malos y buenos, que es el mundo donde vivimos con la libertad que Dios nos ha regalado: 
1. Para escuchar su palabra y dejarnos moldear en nuestras debilidades y pecados, para llegar a ser una vasija preciosa. 
2. Pero esa libertad también significa que podemos rechazar su Palabra y no dejarnos modelar, pero al final de los tiempos ya no podremos llegar a vivir la felicidad. 

Seamos buenos y confiemos en Dios, Creador de todo y que quiere moldearnos para la Gloria. 



1ª Lectura (Jer 18, 1-6): Palabra del Señor que recibió Jeremías: «Levántate y baja al taller del alfarero, y allí te comunicaré mi palabra». Bajé al taller del alfarero, que estaba trabajando en el torno. A veces, le salía mal una vasija de barro que estaba haciendo, y volvía a hacer otra vasija, según le parecía al alfarero. Entonces me vino la palabra del Señor: «¿Y no podré yo trataros a vosotros, casa de Israel, como este alfarero? —oráculo del Señor. Mirad: como está el barro en manos del alfarero, así estáis vosotros en mi mano, casa de Israel».

Salmo responsorial: 145
R/. Dichoso a quien auxilia el Dios de Jacob.
Alaba, alma mía, al Señor: alabaré al Señor mientras viva, tañeré para mi Dios mientras exista.

No confiéis en los príncipes, seres de polvo que no pueden salvar; exhalan el espíritu y vuelven al polvo, ese día perecen sus planes.

Dichoso a quien auxilia el Dios de Jacob, el que espera en el Señor, su Dios, que hizo el cielo y la tierra, el mar y cuanto hay en él.

Versículo antes del Evangelio ((Cf. Hch 16, 14)): Aleluya. Abre, Señor, nuestros corazones para que comprendamos las palabras de tu Hijo. Aleluya.


Texto del Evangelio (Mt 13, 47-53):
 En aquel tiempo, Jesús dijo a la gente: «También es semejante el Reino de los Cielos a una red que se echa en el mar y recoge peces de todas clases; y cuando está llena, la sacan a la orilla, se sientan, y recogen en cestos los buenos y tiran los malos. Así sucederá al fin del mundo: saldrán los ángeles, separarán a los malos de entre los justos y los echarán en el horno de fuego; allí será el llanto y el rechinar de dientes. ¿Habéis entendido todo esto?» Le dijeron: «Sí». Y Él les dijo: «Así, todo escriba que se ha hecho discípulo del Reino de los Cielos es semejante al dueño de una casa que saca de sus arcas lo nuevo y lo viejo». Y sucedió que, cuando acabó Jesús estas parábolas, partió de allí.




















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