Hoy miércoles la Palabra nos invita a descubrir al Resucitado. María Magdalena busca al Señor, pero busca su imagen de Dios, un hombre que ha muerto en la Cruz. Este dolor la lleva a buscar un cuerpo muerto. Será necesario para encontrar al Resucitado oír su voz, que nos llama por nuestro nombre, y eso significa que nos conoce; si somos de sus discípulos también nosotros le diremos Rabuni, Maestro, y comenzaremos, como María, la tarea de llevar a otros la experiencia que tenemos en nuestra alma. Seamos buenos y confiemos en Dios, que es quien responde a todas nuestras necesidades.
1ª Lectura (Cant 3, 1-4a): Así dice la esposa: «En mi cama, por la noche, buscaba al amor de mi alma: lo busqué y no lo encontré. Me levanté y recorrí la ciudad por las calles y las plazas, buscando al amor de mi alma; lo busqué y no lo encontré. Me han encontrado los guardias que rondan por la ciudad: ‘¿Visteis al amor de mi alma?’. Pero, apenas los pasé, encontré al amor de mi alma».
O bien: 2Cor 5, 14-17:
Hermanos: El amor de Cristo nos apremia, al pensar que si uno murió por todos, todos murieron. Cristo murió por todos para que los que viven ya no vivan para sí mismos, sino para aquel que murió y resucitó por ellos. Por eso nosotros ya no juzgamos a nadie con criterios humanos. Si alguna vez hemos juzgado a Cristo con tales criterios, ahora ya no lo hacemos. El que vive según Cristo es una criatura nueva; para él todo lo viejo ha pasado. Ya todo es nuevo.
Salmo responsorial: 62
R/. Mi alma está sedienta de ti, mi Dios.
Oh Dios, tú eres mi Dios, por ti madrugo, mi alma está sedienta de ti; mi carne tiene ansia de ti, como tierra reseca, agostada, sin agua.
¡Cómo te contemplaba en el santuario viendo tu fuerza y tu gloria! Tu gracia vale más que la vida, te alabarán mis labios.
Toda mi vida te bendeciré y alzaré las manos invocándote. Me saciaré como de enjundia y de manteca, y mis labios te alabarán jubilosos.
Porque fuiste mi auxilio, y a la sombra de tus alas canto con júbilo; mi alma está unida a ti, y tu diestra me sostiene.
Versículo antes del Evangelio: Aleluya. ¿Qué has visto de camino, María, en la mañana? A mi Señor glorioso, la tumba abandonada. Aleluya.








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