Hoy viernes la Palabra nos explica por qué es importante tener un corazón que es capaz de acogerla y dar fruto. Como nos señala en el evangelio: por sus frutos los conoceréis. En la primera lectura el profeta explica que Dios no quiere que el pueblo escogido se pierda, sino que convierta su corazón y viva la alegría de sentir que todo lugar es sagrado, porque Dios se manifiesta en todo momento, pero descubrir su presencia significa que nuestro corazón acoja la Palabra como tierra buena, porque si estamos sin raíces o nuestros corazones se preocupan más por las cosas materiales o pasajeras, no podemos dar fruto. Seamos buenos y confiemos siempre en Dios, que quiere cuidarnos como un Pastor para que nos sintamos capaces de vivir en su Reino.
1ª Lectura (Jer 3, 14-17): Volved, hijos apóstatas —oráculo del Señor—, que yo soy vuestro dueño; cogeré a uno de cada ciudad, a dos de cada tribu, y os traeré a Sión; os daré pastores a mi gusto que os apacienten con saber y acierto; entonces, cuando crezcáis y os multipliquéis en el país —oráculo del Señor—, ya no se nombrará el arca de la alianza del Señor, no se recordará ni mencionará, no se echará de menos ni se hará otra. En aquel tiempo, llamarán a Jerusalén “Trono del Señor”, acudirán a ella todos los paganos, porque Jerusalén llevará el nombre del Señor, y ya no seguirán la maldad de su corazón obstinado.
Salmo responsorial: Jer 31
R/. El Señor nos guardará como un pastor a su rebaño.
Escuchad, pueblos, la palabra del Señor, anunciadla en las islas remotas: «El que dispersó a Israel lo reunirá, lo guardará como un pastor a su rebaño».
«Porque el Señor redimió a Jacob, lo rescató de una mano más fuerte». Vendrán con aclamaciones a la altura de Sión, afluirán hacia los bienes del Señor.
Entonces se alegrará la doncella en la danza, gozarán los jóvenes y los viejos; convertiré su tristeza en gozo, los alegraré y aliviaré sus penas.
Versículo antes del Evangelio (Cf. Lc 8, 15): Aleluya. Bienaventurados los que con corazón bueno y sano retienen la palabra de Dios y dan fruto con la paciencia. Aleluya.
Texto del Evangelio (Mt 13, 18-23): En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «Vosotros, pues, escuchad la parábola del sembrador. Sucede a todo el que oye la Palabra del Reino y no la comprende, que viene el Maligno y arrebata lo sembrado en su corazón: éste es el que fue sembrado a lo largo del camino. El que fue sembrado en pedregal, es el que oye la Palabra, y al punto la recibe con alegría; pero no tiene raíz en sí mismo, sino que es inconstante y, cuando se presenta una tribulación o persecución por causa de la Palabra, sucumbe enseguida. El que fue sembrado entre los abrojos, es el que oye la Palabra, pero las preocupaciones del mundo y la seducción de las riquezas ahogan la Palabra, y queda sin fruto. Pero el que fue sembrado en tierra buena, es el que oye la Palabra y la comprende: éste sí que da fruto y produce, uno ciento, otro sesenta, otro treinta».





No hay comentarios:
Publicar un comentario